sábado, 27 de junio de 2015

"LA PROMESA DE GERTRUDA", DE RAM OREN

Ya lo he comentado en alguna ocasión cuando he traído a este blog algún libro, de los que asiduamente devoro, relativo al exterminio que ejerció la Alemania nazi contra la población judía durante la 2ª Guerra Mundial, que salvarse, escapar de aquella barbarie fue una cuestión de suerte, de picardía o de oportunidad, además, ni por este orden ni necesariamente todas juntas. Podemos decir que la maquinaria de devastación no controlaba en su totalidad esto, porque los avatares del ser humano son inescrutables y simplemente hay gente que sobrevivió por una serie de circunstancias y gracias a Dios nos ofreció su testimonio para que no olvidáramos jamás lo que ocurrió.

Un poco de suerte, oportunidad e incluso de picardía, sí que se unieron para que los protagonistas de esta bella historia, la historia de Gertruda Babilinska y Michael Stolowitzky, pudieran salir de aquel infierno.

Varias notas muy particulares separan esta historia de otras que he leído sobre la misma temática en los últimos tiempos. Para empezar hay que decir Michael era el hijo de una potentada familia judía polaca, su padre Jacob Stolowitzky tenía fábricas por toda Europa y cientos de trabajadores a su cargo, sus negocios florecían y eso le permitía llevar un gran nivel de vida, residiendo en una mansión en el centro de Varsovia donde se daban cita de vez en vez lo más granado de la aristocracia, política y empresariado de aquel país antes del conflicto bélico. Gertruda, por otro lado, era una joven católica, culta y de procedencia humilde y de una zona rural, que será la cuidadora del pequeño Michael.

Por otro lado, paralelamente a la historia de Gertruda y Michael, se cuenta también la de un oficial nazi, Karl Rink, un hombre bueno, casado con una judía, a la que sus propios compañeros liquidan, y con una hija a la que en el inicio de la guerra, manda a un campo de refugiados en Palestina. Rink comete un terrible error en su vida que es el de adherirse al partido nazi en un momento en el que estaba parado; lo hace como una salida laboral y porque en los primeros momentos del nazismo, este partido proclamaba una serie de mejoras en Alemania en un momento de crisis económica (¿nos suena?). La deriva posterior fue la que todos conocemos, y Rink convertido en oficial de las SS, busca poder vengar a su mujer, volver a ver alguna vez a su hija, y a la par intentar desde su privilegiada situación el trato honesto, cuando no la salvación, de un buen número de judíos.

Se tiene como el principal detonante del inicio de la 2ª Guerra Mundial la invasión de Polonia por el ejército nazi, y aun cuando ya se vivía cierto tufo en Europa de odio a los judíos, el punto de mira hacia este pueblo se ajustó. A esta familia la obligada huida le llega en el peor momento, pues el Sr. Stolowitzky está cerrando un negocio en París y se ve impedido de volver a su país y no sólo eso, sino que es imposible establecer comunicación con los suyos.

Con las lógicas prisas y la locura imperando en las calles de Varsovia, la familia Stolowitzky, Michael y su madre (Lydia Stolowitzky), Gertruda y el chófer de la familia (Emil), cogen unas pocas pertenencias, dinero en metálico y joyas. Su destino la capital lituana, Vilna, donde al poco de llegar conocerán la crudeza de la condición humana, pues el chófer se revela como un traidor e incluso confirma que ya lo era antes, y deja a la familia prácticamente tirada en la calle.

Las dos mujeres y el niño se ven abocadas a la miseria y Lydia Stolowitzky fallecerá al poco tiempo, aparte de enfermar, víctima también de una pena irremediable. En su lecho de muerte Gertruda le prometerá llevar a su hijo a la tierra prometida de los judíos, a Palestina, y no separarse de él.

Mientras, la vida del padre, Jacob Stolowitzky, caminará por otros derroteros, desolado, casi sin esperanza de volver a ver a los suyos, llegará a contraer matrimonio con una joven italiana, trasladándose a un pueblo recóndito de ese país, donde se enclaustrará, aunque finalmente será encontrado por los nazis y asesinado por estos.

Los esfuerzos y malabarismos de Gertruda para mantener al pequeño Michael se redoblarán, no sólo para conseguir su sustento y cuidar de su salud, sino para preservar el secreto de su origen, lo cual que se desvelaría con algo tan simple como desnudar al niño, pues por su condición de judío estaba circuncidado; precisamente un buen día paseando por las calles de Vilna se tropezarán con un grupo de las SS, comandado por Karl Rink, el cual termina por conminar a sus huestes para que no los incordien y muy seguramente salvaría la vida del pequeño.

Gertruda se convertirá en la madre adoptiva, sin papeles, de Michael Stolowitzky y después de muchas vicisitudes, y la feliz noticia del fin de la guerra y de su supervivencia, es cuando Gertruda debe dar cumplimiento a su promesa. Sus penurias no acabarán, pues formarán parte del contingente de emigrantes ilegales que a bordo del Exodus en 1947 tratan de entrar en el que muy pronto se convertiría en el nuevo estado de Israel. Otro testimonio histórico digno de repasar, de hecho, hay una película sobre esta odisea que vi una vez a trozos y tengo intención de visionar en breve.

Tras no pocas peripecias finalmente se instalarán en Israel, donde Gertruda y Michael llevarán una vida humilde y tranquila, aunque quedaban dos asuntos pendientes, uno era el recuperar la inmensa fortuna de la familia Stolowitzky que estaría en tres bancos suizos, y el otro, el de rendir tributo a aquel oficial de las SS que tuvo un gesto de humanidad y que los salvó de una muerte prácticamente segura.

Un joven Michael Stolowitzky acudiría a Suiza para reclamar su fortuna, pero la mucha ilusión sin papeles que le avalaran, puso freno a sus expectativas; se enfrascó en todo un laberinto burocrático, en el que finalmente llegaría a conocer a la segunda mujer de su padre, y con su ayuda llegarían a conseguir una mínima cantidad de aquella fortuna; los bancos suizos le pusieron infinidad de trabas (Suiza, ese país tan idílico en el que sus bancos acogen hoy las fortunas de medio mundo procedentes de la corrupción, qué curioso).

Por otro lado, Karl Rink se le reconocería su valor y humanidad, tristemente falleció poco antes de reencontrarse con su hija, pero Michael y Gertruda sí la llegarían a conocer. Gertruda que siempre fue católica pero que ya vivió para siempre en Israel, fue nombrada Justa entre las Naciones en 1963, por Yad Vashem, institución creada en memoria de las víctimas del holocausto.

Aquella terrible guerra sepultó las almas de aquella acaudalada familia polaca, de hecho, la grandiosidad de la mansión en la que vivían se denota en que la misma fue utilizada como sede de un ministerio tras el fin del conflicto.

En definitiva, una bella historia del corazón, dura también, que para los que somos padres adoptivos nos llega muy adentro, y un testimonio que, como siempre intento que así sea, nos tiene que seguir dejando poso para entender todavía mejor la realidad actual en determinados aspectos.

Por cierto, Gertruda Babilinska fallecería en 1995 y Michael Stolowitzky, instalado actualmente en Estados Unidos, ha sido profesional del turismo, y hay muchas entrevistas suyas en Internet que recalcan aquella aventura de muerte, terror y esperanza.

domingo, 21 de junio de 2015

LA DICHOSA SELECTIVIDAD SIGUE SIENDO UNA INADAPTADA

Corría el año 1986 y yo pasaba por el trance o por el trámite de la Selectividad, ya ha llovido un poco. Era como una especie de rito iniciático, el viajar a la capital (Jaén) no muy común para mí, el hacerlo en un autobús de dos plantas repleto de estudiantes y el afrontar por primera y única vez en mi vida esta prueba que por la propia raíz de la palabra, venía y viene a ser como una especie de criba o tamiz para el acceso a la universidad.

Las pruebas se desarrollaban con relativa normalidad y con los nervios propios de una prueba en la que te jugabas tu futuro, aunque en el peor de los casos y salvo hecatombe, perdías un año. Y ahí llegó la anécdota que siempre que puedo rememoro cuando se habla de este asunto; no sé qué prueba se estaba haciendo, si era inglés o lengua, pero en todo caso era una asignatura de letras, porque yo hice letras en el Instituto, y un alumno o alumna levantó la mano y quiso hacer una pregunta al profesor – controlador que en ese momento se encontraba en el aula, un aula inmensa donde podríamos estar perfectamente 100 personas. Aquel profesor, lo recuerdo bien, tenía barba, mediana edad y aspecto de ser un tío afable y cercano a su alumnado, antes de que el preguntante dijera esta boca es mía, respondió que no podía ayudarle porque él era especialista en Física.

Aquella anécdota, hasta cierto punto irritante en aquel momento, fue muy comentada por todos los que estábamos por allí, es decir, no era de recibo que en una prueba que duraba dos días y aun asumiendo que había mucha gente examinándose, pero también muchos profesores controlando, no era de recibo que la coordinación entre ellos no previera que en las aulas hubiera profesores especialistas de la materia sobre la que se estaba examinando, más que nada para resolver algunas dudas formales que pudieran surgir en el desarrollo de la prueba. Total que aquel alumno o alumna no recibió debida respuesta a su duda y desconozco si aquello fue clave para que superara la Selectividad y decidir su futuro.

Ya por entonces tenía mis dudas acerca de la utilidad y escasa justicia de la Selectividad, y mi experiencia durante aquellos dos días corroboró mis pensamientos. El incidente de aquel profesor de Física fue la gota que colmó el vaso, era un dato muy expresivo del desinterés con el que se tomaban los controladores la prueba, como un esfuerzo suplementario, imagino que pagado, en los últimos estertores de un curso lectivo duro y sacrificado (que yo siempre he tenido mucho respeto por el profesorado y jamás he dudado de su labor). Por otro lado, no me pareció que los temas que nos ponían fueran muy rebuscados, no estaban hechos para «pillar», aun así quiero recordar que hubo gente que suspendió, muy poquitos.

Lógicamente todo esto está de actualidad, porque cuando llega a esta época los medios de comunicación se hacen eco de la Selectividad y este año le he prestado más atención que de costumbre, y con ligeras diferencias me temo que poco ha cambiado en la esencia de esta prueba que yo hice hace casi tres décadas.

Vayamos por partes, Selectividad, o lo que es lo mismo seleccionar, pero seleccionar ¿para qué?, filtrar ¿para qué? Antes, en mi época, la nota de la Selectividad te hacía media con el conjunto de las notas de C.O.U. y no recuerdo bien si del resto del bachillerato, desde luego era de lo más injusto y era una especie de tiro en el pie que se disparaba el propio sistema educativo. Hoy sigue siendo prácticamente igual, me parece que la nota final se compone en un 60 % de las notas de bachillerato y en un 40 % del resultado de Selectividad. De tal guisa que en dos días te examinas de lo que has estudiado en los nueve meses precedentes, para comprobar que sabes lo que dicen tus profesores habituales que sabes, para verificar que esas notas son las que más o menos te mereces y para reafirmar que eres digno de seguir estudiando. Siempre me he cuestionado si no es suficientemente selectivo un curso completo, si tus profesores no son auténticos profesionales que en el día a día y en las pruebas que regularmente te hacen, conocen de primera mano cuál es tu nivel, en muchos casos podrían ponerte la nota casi sin hacerte exámenes.

De hecho, soy muy partidario de los no exámenes. Tuve vocación en mi juventud de ser docente y luego mi vida derivó en otros derroteros, pero tenía en mente algunos métodos para evitar esos exámenes y mantener siempre al alumno en activo. Esto tampoco es posible a toda costa, en aulas con 40 alumnos en EGB y en mi Instituto era impensable, y en la Universidad ni te cuento, pero con los ratios actuales sería algo más factible.

Aquella, mi Selectividad, confirmó con bastante certeza que mis profesores no se equivocaban y que mis notas en el curso regular se correspondieron con el resultado de la Selectividad, y que en consecuencia, podía si quería, acceder a la Universidad; pero ¡ojo!, porque mis reservas y algún cabreo que otro tuve. Y es que yo venía de un Instituto de bachillerato de carácter público, estricto, serio, duro incluso, y verdaderamente selectivo, algunos amigos míos se quedaron en el camino, sin embargo, veías en Selectividad a otros jóvenes de tu edad que pertenecían a Institutos privados y cuyas notas en conjunto eran más elevadas que la media de las de mi Instituto, por ejemplo, y a la hora de la verdad la Selectividad les rebajó mucho a muchos esa nota. A los chicos del Instituto público, los que teníamos menos recursos, eso nos cabreó bastante, porque por muy mediocre que fuera la nota de Selectividad de los más pudientes (y no se interprete esto de forma peyorativa), al tener una nota alta de partida en el curso escolar hacía que acabaran con mejor nota que tú.

Es decir, injusto todo esto se mirase por donde se mirase, esos chicos podían estudiar la carrera que quisieran, y así nos lo reconocieron algunos; sus profesores preferían sobredimensionar sus notas en la «temporada regular», con la idea de que aunque la nota de Selectividad les bajara la media, pudieran optar a las carreras más atractivas, o lo que es lo mismo a itinerarios universitarios deseados y donde la motivación del alumno (porque estudiaba lo que quería), podría suplir la posible mediocridad de su expediente académico.

Yo no tuve unas notas excelsas y, desde luego, no me las regalaron en el Instituto, por lo que al final me fue humanamente imposible, aunque lo intenté, acceder al INEF (Instituto Nacional de Educación Física), una balbuciente carrera universitaria orientada al deporte y que en la década de los 80 estaba solicitadísima.

Pues eso, que han pasado ya treinta años y no veo que el panorama haya cambiado demasiado, prácticamente nada en realidad, resiste los avatares de la modernidad y sigue llamándose Selectividad, antes se llamaba Reválida, y ahora se pretende, más o menos para 2017/18 volver a cambiarle el nombre y generar una prueba final de 350 preguntas tipo test; en definitiva, mismo perro con diferente collar, y lo que es más flagrante, que significa que seguimos confiando poco en nuestro propio sistema cuando tenemos que validar en dos días lo que ya se ha superado en un curso entero. No sé cómo le sentará esto a la comunidad educativa, porque no creo que lo pasen muy bien cuando, es un suponer, las notas de Selectividad difieren sustancialmente de lo que ellos han corregido, imagino que no les molestará cuando sus discípulos han superado sus notas y podrán decir que estos están bien preparados, o tal vez los alumnos puedan decir que sus profesores eran muy estrictos y que puteaban bastante al personal y las notas de Selectividad los ponen en su sitio. Lo que desde luego puede ser un auténtico bofetón a los profesores es, lo que he comentado más arriba, que alumnos con notas sobredimensionadas tengan unos resultados mucho más bajos, ¿una corrupción encubierta de notas?

En fin, no sé hacia dónde desembocará esto, pero por el momento es más de lo mismo y me da igual lo que se haga en otros países, yo sinceramente no estuve de acuerdo jamás con la Selectividad y mantengo mi criterio. Y, por cierto, aquella desgana o falta de rigor que yo encontraba en el pasado, también se adivina ahora, porque en estos días he leído que en un examen de la asignatura de Filosofía en Madrid entró un tema que no pertenecía al temario oficial, o sea, la ceremonia de la confusión.

sábado, 13 de junio de 2015

"ARRIBA Y ABAJO", UNA SERIE IMPRESCINDIBLE Y DE ENORME VALOR HISTÓRICO

Imagino que habrá un montón de listas en las que esta serie aparezca como una de las mejores, más importantes, e incluso influyentes de la historia de la televisión, para otros quizá no. En mi opinión, más allá de su indudable calidad artística, sin duda esta es una de las diez series clásicas en la historia de la televisión que yo recomendaría ver, una producción imprescindible para entender la evolución de las series televisivas.

Pues eso, una clásica entre las clásicas, que no pierde ni un ápice de valor por mucho que el tiempo transcurra, y es que a muchos les sonara o habrán visionado en alguna ocasión algún episodio de esta grandiosa serie británica, que como su propio título indica, trata acerca de las aventuras y desventuras de una familia de clase alta en Londres del primer tercio del siglo XX (los de «Arriba»), y sus sirvientes (los de «Abajo»).

Como no podía ser de otro modo, pese a que ambos grupos tenían vidas e intereses muy distintos, no es menos cierto que sus vicisitudes en no pocas ocasiones les hacían unirse, convivir con alegrías, desgracias, eventos, crisis y todos los avatares de unos convulsos años. Y es que, a todo esto, no sólo tiene la serie un gran valor dramático sino que goza de un manifiesto bagaje histórico que la hace aún más potente de cara a mostrar a nuestras generaciones una forma de vivir de aquella Inglaterra y, de paso, los acontecimientos históricos más relevantes de aquella época (de 1908 a 1930): la 1ª Guerra Mundial, el ascenso de los laboristas, el hundimiento del Titanic, las huelgas, la caída de la Bolsa de Nueva York en 1929.

En la parte de arriba se tratan asuntos trascendentales: política, economía, negocios, viajes..., y en la parte de abajo se tratan asuntos, tal vez más mundanos, pero trascendentes para ellos también, tales como los movimientos obreros, los chismes, el precio de los productos y, de igual modo, la política aunque con sus matices.

Sorprende después del visionado de la serie que la gente de abajo, se sometía a sus patronos en una especie de esclavitud moderna, con un servilismo y fidelidad sin límites, en determinados momentos, con un arrastramiento tan indigno que daba la impresión de que los jefes eran dioses, incapaces de cometer errores, aun cuando eso fuera en contra de la voluntad y los intereses de la servidumbre.

Como contrapunto a ese servilismo exagerado, también es cierto que vivir en la planta baja de una casa aristocrática implicaba un estatus de protección que casi compensaba esa pérdida de personalidad e independencia, algo que se constata en los escasos ratos libres que tienen o el ingente trabajo que supone una mansión en el centro de Londres, concretamente en Eaton Place, uno de las calles más exclusivas del distinguido barrio de Belgravia.

También tenía su positiva contraprestación, el hecho de que los de abajo estuvieran todo el día en la mansión, casi sin margen de maniobra ni de libertad, hacía que estuvieran muy unidos (el roce hace el cariño) y eran realmente como una familia, comandada por los dos cargos más relevantes del servicio en dicha casa, el correctísimo e impertérrito mayordomo Angus Hudson (Gordon Jackson) y la algo huraña pero entrañable a la vez cocinera Sra. Bridges (Angela Baddeley). Sus «hijos», algunos permanentes y otros que entran y salen de la serie en las cinco temporadas de la serie, son como personajes más relevantes, el de la tierna ama de llaves Rose (Jean Marsh), la torpe pinche de cocina Ruby (Jenny Tomasin), el chófer Edward (Christopher Beeny) y su esposa, subalterna de la casa, Daisy (Jacqueline Tong).

La manera de articular el guión de la serie hacía que, aunque los personajes de abajo fueran a veces tan arrastrados, tuviéramos que tomar partido por ellos; en realidad, representaban al pueblo, son imperfectos, se hacen eco de lo que sucede arriba y en la calle, son el termómetro de la sociedad, a veces son críticos, y como humanos que son meten la pata.

Los de arriba no es que fueran esos típicos ricos, despiadados con sus súbditos, redichos y estirados; estaban en su lugar, eso es cierto, sabían lo que se esperaba de ellos y trataban a sus subalternos con superioridad, pero también con respeto y educación, salvo momentos críticos.

Al igual que los de abajo, con los de arriba también hay entradas y salidas a lo largo de la serie. El patriarca es Sir Richard Bellamy (David Langton), aristócrata y político conservador. Su esposa Lady Marjorie Bellamy (Rachel Gurney), bella y de porte distinguido, es la verdadera hacendada de la familia, morirá en la tercera temporada en el hundimiento del Titanic. Sir Richard Bellamy contraerá nuevo matrimonio con Virginia Hamilton (Hannah Gordon), correcta y apropiada para el estatus de Sir Bellamy y la familia. Los hijos de esta pareja son Elizabeth (Nicola Pagett), un tanto díscola y casi renegada de su condición social que pronto se trasladará, y desaparecerá en la serie, a Estados Unidos, y James (Simon Williams), veleta de joven y más centrado con la madurez, será militar de alto rango y después dedicado a los negocios, los cuales le costarán la vida. Desde la tercera temporada se incorpora la guapísima Georgina Worsley (Lesley-Anne Down), un prima lejana de la familia, tal vez de manera forzada para sustituir a Elizabeth, y que será la alegría de la casa.

La serie vino a España, a finales de los 70 y continuó también en los comienzos de los 80, unos años después de haberse producido en Inglaterra, en concreto las fechas de grabación fueron entre 1971 y 1975. Y, como he comentado al principio, fue enormemente popular, incluso muy seguida por los niños, porque se entendía muy bien, y los de abajo le daban un tono ameno e incluso humorístico que hacía que la serie enganchara a todos los públicos. Por otro lado, aunque la serie tenía un hilo discursivo que trascendía de capítulo en capítulo, cada uno tenía su independencia, de tal guisa, que te podías perder uno o muchos y ver la serie y comprenderla aunque no hubieras visto lo anterior.

Precisamente tal popularidad me recuerda una simpática vivencia que atesoro desde que era niño, en el cole (sobre 7º u 8º), teníamos un maestro muy avanzado que organizaba bibliotecas en la clase con la siguiente dinámica, cada alumno traía un libro, y a lo largo del curso te podías llevar alguno de esos treinta y cinco o cuarenta libros para leerlo en casa. Había uno de un compañero mío, originario de Teruel, que era de esta serie, editado por la Caja de Ahorros de Aragón, o de la Inmaculada, si no recuerdo mal, y el cual no tuve la oportunidad de pillar durante el curso, porque estaba prestado siempre, así que esperé a que terminara el curso y se lo pedí para leerlo en verano, jamás se lo devolví y creo que debe andar todavía en casa de mis padres, lo siento Eugenio.

La serie cuidaba muchísimo todos los detalles costumbristas, la decoración de la casa, utillaje, mobiliario, rudimentarios útiles y máquinas de la época, la indumentaria del servicio y de los patronos... Esta producción, por cierto, no se prodigaba mucho en exteriores, todo se grababa en estudio, pero cuando había que salir a las calles de Londres, también se esmeraban mucho en buscar espacios abiertos adecuados, con su atrezo propio, con vehículos de época, todo hecho con mucho gusto y con gran rigor histórico.

Se echa mucho de menos en algunas series que el final sea digno de la serie, algo en lo que yo me fijo mucho. Esta serie tiene un final apropiado, de todos los personajes se habla de cuál va a ser su futuro, en principio bueno. La familia Bellamy, herida por la muerte de James, el hijo, (lo ha perdido todo en el «Jueves negro» de la Bolsa neoyorquina), que era el que tenía la herencia y las posesiones más importantes, debe hacer frente a las deudas con la mansión de Eaton Place y lógicamente mudarse a algo más modesto. Hudson y la Sra. Bridges, como si hubieran hecho un pacto no escrito con sus señores de mantener la decencia en la casa, deciden ante los nuevos acontecimientos, casarse e iniciar una nueva vida. La última en irse de la casa es Rose, y con ella se abrirá una especie de secuela de esta serie producida años después, llamada del mismo modo, la cual no he visto, y en la que la propia «Rose» renace con una nueva familia y en unos nuevos tiempos.

Una gran serie, muy didáctica, de la que merece ver algún capítulo para pulsar un poquito la esencia de una obra de arte de la televisión.

sábado, 6 de junio de 2015

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE (VI)

Cuando hace unas temporadas me dispuse a hacer un hueco para acercar en una única entrada anual lo que había deparado la campaña en el hockey sobre hielo en nuestro país, quería por un lado, subrayar mi afección por los deportes minoritarios y, por otro lado, a tenor del auge que yo aparentemente divisaba en España, titulé esta entrada como «El hockey sobre hielo en España crece».

Aunque bien es cierto que este título se va a quedar para los restos, salvo que yo mismo en sesión asamblearia unipersonal decida otro cariz, también es verdad que habrá temporadas, como la que acaba de concluir, en la que el título no haga verdaderamente honor a la realidad de los hechos, especialmente por lo que respecta a nuestras selecciones, que llevan estancadas unas temporadas y bien pudieran abanderar el verbo «mantener» para significar la tendencia en la que se ha entrado en los últimos años.

Antes de pasar a analizar la temporada de nuestras distintas selecciones nacionales, hay que decir que el curso liguero a nivel de clubes vino con importantes novedades que, a toro pasado, no contribuyeron a mejorar el nivel de nuestro hockey.

Aunque ya se anticipó el año pasado, todos los aficionados a este deporte estuvimos esperando hasta el último momento que no desapareciera uno de los seis proyectos deportivos de la Superliga española masculina, el del Escor BAKH - Hielo Bipolo de Vitoria; y es que habiendo tan poquitos clubes con un cierto nivel, es como si de repente en un deporte importante se esfumaran de un plumazo el 20 % de los equipos. Los vitorianos, un equipo hecho a golpe de talonario, lo cual fue al final su tumba, se habían paseado por la Superliga en las temporadas 2012/2013 y 2013/2014.

No obstante, nuestra Federación Española quiso darle una vuelta de tuerca a las competiciones nacionales, lo poco que hay, y unificar por primera vez en la historia a todos los clubes en un solo formato, con la idea de, por un lado, proporcionar más competición a los grandes y, por otro, elevar el nivel de los pequeños. Lo que en la teoría podría haber sido una buena solución, que yo en mi ignorancia respaldaba, en la realidad fue un intento fallido, porque la diferencia entre grandes y pequeños resultó abismal, con resultados escandalosos, que aparte de las reticencias de buena parte de los mismos (de hecho hubo problemas para empezar la liga en sus fechas, y realmente empezó más tarde) dejaron más efectos negativos que positivos. Para los cinco grandes, más desembolso económico y unos partidos que pasaban por entrenamientos o menos; para los pequeños, también un gasto excesivo, unas conclusiones deportivas que poco mejorarían su nivel y, por ende, unas goleadas contundentes que a los jugadores nada agradarían por poca que sea la repercusión de este deporte. Desconozco si la Federación, a estas alturas, habrá decidido ya volver al formato tradicional en la próxima temporada.

En Europa, tras la desaparición del Hielo Bipolo, el segundo de la liga pasada, C.G. Puigcerdà adquirió el derecho, y no desentonó en el grupo de calificación que se celebró en la capital búlgara, en ella se verían las caras con los campeones de Turquía, Serbia y la propia Bulgaria. Dieron buena cuenta de los dos primeros, perdiendo por la mínima (3-2) contra los locales del CSKA de Sofía, que jugaban en casa y encima contaban con una quincena de jugadores foráneos entre rusos, eslovacos y suecos.

Pese a la primera fase unificada, la fase final en la Superliga sí que fue competida, llegándose en algunas eliminatorias hasta el quinto partido y proclamándose campeón el CH Jaca Jacetania, el club más laureado de nuestro país.

Un soplo de aire fresco supuso, y a mí me llenó más que el triunfo en la liga de los jacetanos, la victoria en la Copa del Rey del FC Barcelona que llevaba dieciocho año sin obtener ese galardón (desde 1997), y logrando este hito nada menos que en el Pabellón de hielo de Jaca, la catedral de este deporte en nuestro país.

Por lo que respecta a las competiciones de selecciones tocaré en primer lugar los Campeonatos mundiales anuales, y dejaré un apartado al final para la Universiada que se disputó a finales de 2014 en nuestro país, en Granada.

La selección absoluta venía este año del ascenso cosechado en la anterior desde la división IIB; y en esta ocasión encuadrado en la IIA debía verse las caras con belgas, islandeses, serbios, australianos y rumanos en el torneo que se celebró en la capital de Islandia. A priori la selección de Rumanía era la más potente. Nuestro conjunto tuvo una competición un tanto errática, empezó ganando a Australia, perdiendo de forma contundente (6-2) contra Bélgica en partido que, por cierto, pude ver en directo por Internet y donde los nuestros no estuvieron a la altura. Posteriormente ganaría en el mejor partido disputado, a los anfitriones, Islandia. Llegaba a la cuarta jornada con posibilidades matemáticas de conseguir el oro y el ascenso, para lo que deberían vencer a los favoritos, Rumanía, pero la sorpresa no saltó y estos nos ganaron por un claro 7 a 1. En la última jornada, tal vez con algo de moral perdida, el equilibrado partido contra Serbia se decidiría tras el tiempo reglamentario en los penaltis. Al final, ni siquiera tocamos metal, quedando en cuarto lugar.

En la próxima temporada el Campeonato se albergará en nuestro país, en Jaca, y será una buena oportunidad para intentar el asalto a una categoría superior, que aunque en teoría no nos corresponde, a buen seguro que nos ayuda a crecer como equipo. En la cita jacetana tendremos a Serbia, Islandia, Bélgica, junto con los holandeses, descendidos de la IB, y que serán los rivales a batir, y chinos, ascendidos de la categoría inferior.

También en esta temporada jugaremos por la clasificación, imposible, para los Juegos Olímpicos de 2018, pero en el primer torneo de calificación, en noviembre, jugaremos en Serbia, contra los locales, más Islandia y China, una buena oportunidad para disputar partidos de nuestro nivel y jugar un torneo más, si conseguimos ser primeros, con rivales más complicados donde ya será mucho más difícil.

Por lo que respecta a la selección sub 20 enclavada en la división IIB, esta temporada ha quedado demostrado que nuestros jóvenes superan las prestaciones de los grandes, pues prácticamente se han enfrentado a las mismas selecciones de nuestro nivel en la absoluta, y se ha estado muy cerca, cerquísima del ascenso. Se celebró en Jaca, y se trituró con victorias holgadas a islandeses, belgas, serbios y australianos. Pero en el último partido se falló ante Croacia, con todo a favor, en partido que también pude seguir por Internet; los nervios atenazaron a nuestros chicos, que en el primer período ya perdían por 3 a 0, y todo fue remar a contracorriente, en el segundo período el marcador no se movió, y sólo en el último período, pero muy al final, se lograrían dos tantos, el segundo a cinco minutos y medio para la conclusión, ya casi sin tiempo para culminar la remontada. Finalmente nos quedamos con una plata que sabe a poco por la forma en que transcurrió la competición.

El próximo año habrá oportunidad de resarcirse, aunque tal vez sea más complicado, ya no jugaremos en casa, será en esta ocasión en Serbia, y allí tendremos como rivales a los anfitriones más Bélgica, Islandia, Rumanía que desciende y que será el coco del torneo, y China, ascendida, y que ha de ser el rival más asequible.

En cuanto a la selección sub 18 es, en mi opinión, la que más nivel ha demostrado este año, acudió a la competición que se disputaba en Serbia para verse las caras con serbios, chinos, australianos, belgas y rumanos. Aun no jugando en casa, disputó todos los encuentros en buena lid, no fueron resultados contundentes, salvo la cita contra Australia, pero batió bien al conjunto local, deshaciéndose también de chinos y belgas. En la última jornada se la jugaba contra Rumanía, y los nuestros pusieron contra las cuerdas a un país con muchísima más tradición en el hockey que el nuestro. Se adelantaron nuestros chavales en el marcador, empatarían en el segundo período los rumanos, y en el tercer período se adelantarían nuestro contendientes hasta dos veces y las mismas veces nuestros jóvenes lograron igualar el choque. En la prórroga un gol de oro echó por tierra nuestras aspiraciones. Este encuentro también lo pude ver por Internet, y fue apasionante, el mejor partido que pude ver esta temporada dentro de nuestras selecciones nacionales. En fin, una buena plata y que habla mucho de los mimbres con los que se tienen que construir nuestros cestos de la sub 20 y absoluta para el año que viene y sucesivos.

La temporada venidera vamos a jugar el Mundial en casa, la sede está aún por decidir, pero en esa cita en la que podemos ser optimistas, tendremos como rivales a Estonia (equipo descendido y al que sí que podemos batir), China, Serbia, Bélgica e Islandia, equipo ascendido.

En lo que respecta a la competición femenina, sí que nos trajo la buena noticia de que la liga nacional se amplió de forma muy importante, casi exponencial; y es que si hace apenas tres o cuatro años, solamente había tres equipos en la competición, el año pasado ya hubo cinco, y ahora tenemos ocho (también se ha unificado), y además con un nivel mucho más equilibrado que en los hombres. De hecho, en dura pugna se imponían en la Liga Nacional las chicas del SAD Majadahonda, ante el ASME Barcelona; las catalanas achucharon y mucho, y a poco que se refuercen un pelín van a ser el contrapunto adecuado en esta competición para la próxima campaña.

Precisamente las madrileñas disputarían esta temporada, como privilegio por su título en el curso liguero previo, una clasificatoria de la Copa de Europa de Campeonas. Acudieron a Letonia y no desentonaron, perdieron los tres encuentros, pero en ningún caso fueron resultados escandalosos, cayendo ante Jordal Oslo por 4-1, únicamente por 2 a 0 ante las anfitrionas del Laima Riga y ante las que se adjudicarían el torneo, las danesas del Herlev Hornets perderían por 10-4. Sinceramente con que se reforzaran nuestros equipos un poco el salto de calidad sería enorme.

En cuanto a la competición a nivel de selecciones, fue algo decepcionante. El impulso a la competición nacional no se traduce en mejores resultados de nuestra selección absoluta, considerando que en los dos primeros años que participó en Mundiales, hace apenas cuatro temporadas, casi estuvo a punto de ascender del tirón. Este año ha sido el que peores resultados se han logrado. Nuestras chicas enclavadas en la División IIB jugarían en casa, en Jaca, y después de un inicio prometedor, fueron desinflándose e incluso cosechando alguna derrota sorprendente. En la inauguración se imponían con un valioso 4 a 1 a Australia, selección que ha estado jugando varias temporadas en categorías superiores; para caer después contra Eslovenia por 3 a 1, ganar en los penaltis a Islandia por 5 a 4, superar a Bélgica por 3 a 0 y en la despedida perderían ante México, algo muy meritorio para las norteamericanas, toda vez que esta era la segunda vez que jugaban un Mundial, el año pasado fue su debut, y de buenas a primeras, en esta se han se colado con una medalla de plata (que bien pudo ser de oro, ya que ganaron a Eslovenia, las favoritas, perdiendo ante rivales más asequibles como Islandia y Australia). Nuestras chicas se tuvieron que conformar con la medalla de bronce.

La cita del año que viene será en la capital turca, y junto con las anfitrionas, recién ascendidas, estará Nueva Zelanda que ha descendido, Australia, Islandia y México. Las neozelandesas serán las rivales a batir, aunque no descarto que México vuelva a confirmar la sorpresa y vapulee a más de una.

También habrá clasificatorias para los Juegos Olímpicos de Pyeongchang, pero el grupo en el que estarán encuadradas nuestras chicas aún no está definido, porque se jugará en agosto de 2016.

Y ahora vamos con la pesadilla de la Universiada de 2015 en Granada, tengo que aclarar que estaba muy ilusionado con que el Mundial IIB sub 20 se celebrara allí como estaba previsto y anunciado por la IIHF, y así podría haberme escapado para ver algún partido de la selección española, pero el desastre morrocotudo de este evento, como venía aventurando años atrás, impidió que se celebrara en alguna de las pistas de hielo que se iban a habilitar.

Pero vayamos por partes, la Universiada ha sido un fracaso organizativo, hasta el punto de que han tenido que suprimirse determinadas disciplinas deportivas, y otras las han tenido que realizar en Eslovaquia, ante la falta de inversiones que requería un evento de este carácter que llevaba muchos años concedido y que, una vez más, los políticos y sus cuitas se han encargado de machacar.

A duras penas se salió del paso de una competición de todo punto deficitaria y con mínima proyección mediática. Es más, si nos centramos en la repercusión que ha tenido en nuestro país yo diría que ha sido de risa, con ninguna retransmisión en directo, con apenas noticias de prensa y una difusión tan escasa que salvo los muy aficionados, prácticamente nadie que sea amante del deporte en nuestro país ha seguido mínimamente esta competición menor (y hablo con el corazón en la mano).

Si a finales de diciembre no había ninguna infraestructura para albergar el Mundial IIB sub 20, precisamente por eso hubo que buscar el relevo de Jaca para este evento. Aprisa y corriendo se fueron generando en mi querida Granada, que no tiene culpa como ciudad ni sus gentes de este desaguisado, para que en febrero se pudieran disputar los diferentes deportes de hielo (hockey, curling, patinaje artístico y patinaje de velocidad en pista corta). Hasta cuatro escenarios se proveyeron en distintos lugares de la ciudad, una pasta, que a tenor de mis informaciones han servido para nada, porque nada se va a quedar de forma permanente.

En el terreno deportivo, hay que decir que la selección universitaria masculina, disputó seis partidos, perdiendo cuatro y venciendo, los choques ganados fueron ante China por 8-0 y 8-2. En el cruce de cuartos se cayó por un apretado 3 a 4 contra Corea del Sur y no se desentonó en las derrotas, 2-5 contra Rep. Checa, 2-5 contra Eslovaquia y 1-5 contra Suecia. Al final quedamos décimos de once escuadras.

En cuanto a nuestro combinado femenino, fueron séptimas de siete equipos y sí que perdieron de forma más holgada ante Japón, China, Kazajistán y Estados Unidos por dos veces.

Lo triste, deplorable e irritante de la Universiada es que ya sabía que no serviría para nada, económicamente, infraestructuralmente y divulgativamente hablando, pero a mí si me hubiera gustado que la capital de la Alhambra hubiera apostado por tener un pabellón de hielo permanente, o al menos operativo en la temporada invernal, unos seis meses al año como ocurre en los palacios de hielo del norte de España (Vitoria, Logroño, Valladolid, San Sebastián, Huarte...).

Por cierto y como se suele decir, «para muestra un botón», el funcionamiento de la Universiada a nivel organizativo ha sido tan pobre que quise mandar a través de la web de la misma, en el formulario habilitado, una pregunta acerca de cuántas de esas infraestructuras que se habían preparado para este evento se quedarían para la ciudad de Granada y los amantes del hielo. La respuesta fue ninguna, o para ser más preciso, todavía la estoy esperando.

Por lo demás, que valga este humilde articulillo para animar a los clubes de hockey sobre hielo en nuestro país, para que perseveren en su empeño, nadando contra viento y marea, con escasez de recursos y teniendo que afrontar gastos que no son moco de pago, tales como desplazamientos, desembolso en materiales (que valen un pico, a más de un directivo se le rompe el alma cuando se rompe un stick, que puede valer una media de 300 euros), fichaje de jugadores y jugadoras que eleven el nivel, arbitrajes, pago de fichas... En fin, esperemos que el año que viene haya algún guiño que nos pueda ratificar el título de esta entrada.