martes, 25 de enero de 2011

ACERCA DE "BURIED" Y OTRAS PELÍCULAS ARRIESGADAS

Cuando me apresto a hacer algún comentario acerca de alguna película que he visionado recientemente lo hago desde el punto de vista de un aficionadillo al cine; poco tengo de crítico sesudo, visceral, de esos que se fijan en todo, en la posición de las cámaras, en el montaje, en la música..., Dios me libre.

Tengo, eso sí, la buena costumbre de leer las críticas de las películas antes o después de haberlas visto. No es que me considere un espectador compulsivo, pero intento rescatar joyas del pasado sin perder de vista la actualidad de las carteleras. Lo que sí es cierto es que con tantísima producción cinematográfica y siendo la mayor parte mediocre o de temática un tanto plana o de mal gusto (qué le vamos a hacer, ya sabemos cómo están nuestras salas de cine), estoy más atento a interesarme por producciones que se salgan de lo normal.

Apareció hace unos meses una película con un título y una puesta en escena sugerente, “Buried” (Enterrado). Se trata de la arriesgada propuesta del director orensano Rodrigo Cortés, en la que toda la película se desarrolla en un ataúd.

Pues para empezar llama la atención una producción de semejante calibre, en una apuesta en la que a buen seguro que los productores habrán meditado muy mucho sus inversiones, en un trabajo que jamás se había hecho hasta ahora y cuyo resultado final en las taquillas sería una incógnita.

Preferí ver la película primero y mirar la crítica después para no sentirme influido por la opinión de los expertos. Y me expuse a verla con la ilusión de estar ante un trabajo fuera de lo común, extraordinario en su planteamiento. Sólo tenía una premisa, para que una película cuya acción se desarrolla en unas dimensiones limitadísimas, con un solo actor lógicamente (Ryan Reynolds) y una duración de algo más de una hora y media, el guión tendría que ser sensacional, sorprendente, fuera de serie, una historia genial y que enganchara desde el principio hasta el final. Igualmente me planteaba que si en algún momento fallaba alguno de estos requisitos y/o la película me aburría o me hacía desconectar por un momento, no tendría mi indiscutible aprobación.

En la trama, el protagonista, un transportista estadounidense enterrado vivo en algún lugar de Iraq, se vale de un móvil para conectar con el espacio exterior e ir informando de su situación. Y pocos elementos más, un encendedor, una linterna y el tiempo que corre en su contra. Y ocurrió, me aburrió a ratos, bostecé, se me hizo larga, pesada, estaba pensando en que acabase. La idea era genial pero el guión no; me dio la impresión de que para cortometraje hubiera sido una obra maestra, pero alargar hasta la extenuación un guión que para mi gusto tampoco es para echar cohetes, me pareció un ejercicio fútil y banal.

Luego leí las críticas y me quedé sorprendido, porque la mayor parte de ellas la califican como una gran película, casi comparable a las del maestro Hitchcock, llena de suspense y con una trama de las que atrapan. Bien, prefiero desmarcarme de las críticas y seguir pensando que la película me aburrió y que, en mi opinión, esos expertos y sesudos críticos han sobrevalorado esta producción, acentuando más el peso en la idea y la puesta en escena, más que en el propio desarrollo de la acción sin que, de verdad, el guión sea genial, rebuscado, ni de los que enganchan y atrapan.

Puede que haya sido el primer largometraje realizado en un ataúd, pero no es la primera vez que la historia del cine nos deleita con trabajos, con guiones algo arriesgados, en los que hay limitación de espacio, tiempo o reparto. No pretendo hacer aquí una tesis doctoral sobre este tipo de películas, porque no he visto tantas, pero si voy a ofrecer mi reflexión sobre algunas de las que he tenido el placer de paladear que tenían este perfil y que me llenaron mucho más que “Buried”.

Pues para empezar y para poner en consonancia con la casi irreverente comparativa que algún crítico hacía de este trabajo con Hitchcock, hay un par de películas del director inglés muy conocidas que tienen alguna de estas limitaciones.

Quizá la más conocida sea “La ventana indiscreta”, en ella el protagonista, postrado en una butaca a causa de una pierna escayolada, se encarga de controlar al vecindario desde el amplio ventanal de su terraza. Prácticamente toda ella se desarrolla desde esa habitación en la que el actor James Stewart escruta todo lo que ocurre a su alrededor desde un aparente anonimato. Una rítmica sinfonía que va creciendo en emoción, en suspense y que culmina con un sensacional final.

Hitchcock también dirigió otra obra maestra que me gusta aún más que la anterior, “La soga”, una película que dura solamente ochenta minutos pero que se te pasan de momento. Esta tenía limitación temporal y de espacio, toda ella tiene lugar en una casa y además la acción se produce igualmente a tiempo real, es decir, no hay cortes en el tiempo. Un asesinato cometido y un muerto escondido en el salón de dicha casa fabrican una malla, un entramado que se va urdiendo poco a poco, con un reparto que va creciendo en tensión hasta otro final apoteósico.

Hay un clásico de los años 70 que es “La huella” de Joseph L. Mankievicz, sin duda, la que más me encanta de todas las que he nombrado hasta ahora. Sólo dos actores, no hay más reparto, una mansión inglesa y una batalla dialéctica, preñada de intriga. Se enfrentan en un duelo casi ajedrecístico dos actorazos como Michael Caine y Laurence Olivier. Por si alguien quiere todavía verla, no quiero desvelar muchos detalles, pero es una especie de juego. Se trata de dos magistrales interpretaciones, con un guión sencillamente enorme, y ahí da igual que no haya reparto, da igual que prácticamente no salgan de la mansión; la puesta en escena, la historia que se cuenta no da lugar al respiro, a pestañear, y el final es congruente a todo lo dicho.

Para películas donde el reparto está atrapado vivo, nada mejor que la célebre “El ángel exterminador” de Buñuel, donde la burguesía mexicana queda encerrada en una mansión sin poder salir de ella de forma inexplicable durante días. Una de las grandes cintas del surrealismo cinematográfico, en la que se suceden esos mensajes deliberados que no paras de meditar mucho tiempo después de haber visto la película. Lo siento, me encanta Buñuel, pero no digo más porque me reservo una entradilla en el futuro para hablar de su cine.

Soy de la opinión de que a falta de películas en las que el guión sea profundo y te haga pensar, lo menos que espero cuando me siento para ver cine es que por lo menos lo que estoy viendo me entretenga, algo que “Buried” no ha provocado en mí. Por ello y para concluir sin mayores alardes por este breve recorrido por el cine con limitaciones voluntaria y consentidamente provocadas por directores y productores, voy a terminar con una película española, para que no se diga que no se hace buen cine y arriesgado en nuestro país (porque lo de “Buried” huele más a producto multinacional), se trata de la cinta “La habitación de Fermat”.

Ya se sabe que soy un poco aficionado y algo obseso con los números, las matemáticas y, por ende, por los acertijos y los juegos mentales. De eso trata esta película dirigida por Luis Piedrahita (sí, el mediático mago que antes salía en el divertido programa de Cuatro “El hormiguero”) y Rodrigo Sopeña, en la que cuatro matemáticos se encuentran durante la mayor parte de la película encerrados en una habitación que va menguando progresivamente y que sólo se detiene a medida que van solucionando diferentes acertijos y enigmas. Una producción que no tuvo muy buena crítica, pero que para mí cumplió las expectativas, me entretuvo y me divirtió, merece la pena.

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