sábado, 14 de octubre de 2017

UN CÓRDOBA QUE LE QUITÓ UNA LIGA AL BARÇA, UNA QUINIELA Y UNA HISTORIA CURIOSA

Formación del Córdoba C.F. en la temporada 1971/72
No sé por qué, pero el fútbol, que me ha gustado siempre, hoy apenas me interesa, salvo algún partido de la liga muy interesante o las competiciones de selecciones. Porque lo que realmente me llena es el fútbol de antaño, el que yo viví cuando era joven y niño, cuando me sabía las alineaciones de prácticamente todos los equipos de 1ª División.

Mira tú por dónde que un tío de mi mujer me ha referido al menos en un par de ocasiones, una historia de esas épicas y curiosas que, en parte, se podría repetir hoy en la liga, porque trata sobre una liga que se le escapó a un grande en el último suspiro, en concreto al Barça y que tuvo como protagonista a un rival que nada se jugaba, el Córdoba C.F.

El tío de mi mujer es, a la sazón, cordobés y como buen hijo de esa tierra lleva el nombre del arcángel Rafael, que en contra de lo que pueda parecer no es el patrón oficial de Córdoba, pero como si lo fuera pues es un nombre muy popular en esa ciudad; tiene tanta raigambre que el propio campo de fútbol se llamaba «El Arcángel» y hoy en su nueva ubicación se llama «El Nuevo Arcángel».

El tito Rafalín es, a todo esto, un hombre cabal y honrado, que siempre está en su sitio, serio cuando hay que serlo y cachondo si la situación lo requiere; y me refería en la última ocasión en que rememoró aquella historia que a continuación pasaré a exponer, que en su vida laboral, ya está jubilado, cotizó durante más de cincuenta años y en su haber cuenta con cero días de baja, todo un ejemplo.

La historia que apenas hace un mes que me volvió a contar tiene tanto de novelesco que me pareció interesante acudir a Internet que es una fuente del saber para perfilarla, no porque no me la creyera sino porque quería disponer de los datos precisos.

Él refiere que era la última jornada de la liga española de 1971/72 y estaba viendo el partido Córdoba – Barcelona desde el balcón de un bloque de pisos aledaño al antiguo estadio de «El Arcángel», y que en los compases finales del encuentro hay un penalti a favor del Córdoba que se encarga de transformar Fermín, y que aquel postrero triunfo por 1 a 0 le daba aquel campeonato al Real Madrid. Pero eso no quedaba ahí, porque el tito Rafa llevaba una quiniela con trece aciertos y si el Córdoba rompía el empate haría el pleno (entonces la quiniela solo contenía catorce partidos) y previsiblemente una buena cantidad de pesetas.

Y como he comentado antes, no por desconfiar del tito Rafa, lo cierto es que quería ilustrar esta historia que me pareció que tenía mucha enjundia, muchos ingredientes atractivos, porque yo sé que pasado el tiempo muchas veces la realidad se puede distorsionar.

Y la historia es casi igual, pero es como sigue, en realidad, no se trataba de la última jornada de liga sino de la penúltima. El Real Madrid tenía el objetivo en esa temporada de resarcirse de las dos anteriores en las que había tenido una actuación bastante mediocre, un 4º y un 6º puesto, algo bastante indigno para las huestes del mítico don Santiago Bernabéu que por aquella época aún señoreaba en el palco del estadio que tenía y tiene su nombre, si los chinos no lo impiden.

Después de un buen inicio liguero, en contraposición a su gran rival de siempre el F.C. Barcelona, lo cierto es que acercándose el desenlace del campeonato el Madrid comenzó a desfondarse y el Barça a resurgir de entre las cenizas, algo que no es extraño en la historia de la liga y que casi cada temporada se produce tanto en un lado como en otro. De hecho, el Madrid venía de perder en la antepenúltima jornada ante el Deportivo de La Coruña por 1 a 0 y el canguelo ya era patente.

Antes de afrontar esa penúltima jornada el Real Madrid disponía de dos puntos de diferencia con respecto al Barcelona y cuatro con el Valencia, y cuatro puntos por disputar, a todo esto cabe recordar que entonces la victoria valía dos puntos y no tres como ahora.

Pero el calendario le era propicio al Barça y no tanto al Madrid, en tanto en cuanto los catalanes le tenían el golaveraje ganado a su rival, y en dicha jornada el Barcelona visitaba al Córdoba que ya estaba matemáticamente descendido, mientras que el Real Madrid tenía una complicada visita al Vicente Calderón en el derbi madrileño.

Los "madridistas" del Córdoba, Fermín, Del Bosque y Sanchís
Así las cosas, el Barcelona se presentó el 7 de mayo de 1972 en El Arcángel con un ilustre cordobés bajo palos como era Reina, padre del icónico Pepe Reina, el cual recibió una sonora ovación por parte de sus paisanos; enfrente un Córdoba que no se jugaba nada, la honrilla o quién sabe si algo más. En las filas cordobesistas estaba un chavalín llamado Vicente del Bosque, y también otro madridista como Fermín, de hecho, el Córdoba seguía la estela de los modestos clubes de hoy día que contaban en sus filas con jugadores jóvenes de las canteras de equipos grandes para foguearse. El conjunto local tenía como estrella al joven Manolín Cuesta, que a la postre triunfaría unas temporadas después en el R.C.D. Español. Ese año también militaba en el Córdoba Sanchís, el padre de Manolo Sanchís, ya en el ocaso de su vida deportiva, pero ese partido no lo jugó.

Las noticias que venían del Vicente Calderón no podían ser más favorables para los intereses del Barcelona, el At. Madrid estaba destrozando al Real Madrid, y los tantos curiosamente eran coreados por la grada (interminables ovaciones relataba un reportero de la época) que llenaba El Arcángel. Pero el caso es que no solo valía la derrota del Madrid, sino que el Barça tenía que hacer sus deberes, y ganar, el empate no le valía, pero los Asensi, Marcial, Juan Carlos o Rexach no acertaban con la portería defendida por Molina.

En el minuto 54, luego no fue al final de partido sino prácticamente en el comienzo de la segunda mitad, tras una internada de Manolín Cuesta en el área, este cae derribado y se salda con un penalti; penalti que se encarga de materializar el «madridista» Fermín. Después fue un quiero y no puedo por parte del Barça que veía como se le escapaba la Liga, y también contó con el ingrediente polémico de que los barcelonistas reclamaron hasta tres penas máximas en el área del Córdoba, muy típico.

Los diarios de la época acentúan el excesivo celo de los jugadores del Córdoba, que no se jugaban nada, o que no demostraran ser un equipo de 2ª, o el caserismo del trencilla de turno que no era otro que el colegiado vallisoletano Pascual Tejerina con el que «no se pudo hablar». «Nuestro equipo ha sido víctima de un descabello», afirmó el presidente blaugrana en esas fechas D. Agustí Montal, aludiendo a todo lo acontecido.

¿Maletines? Existieron, existen y existirán. Cabe recordar que el Madrid también perdió dos ligas en sendas temporadas en Tenerife cuando los canarios tampoco nada se jugaban, y resultados extraños y esfuerzos inopinados de equipos que no se juegan nada van a seguir ocurriendo. En el Córdoba, al menos, es importante reseñar que militaban jugadores de la cantera madridista y no me imagino a Del Bosque levantando el pie del acelerador, cuando el que se jugaba la Liga de esa temporada era su Madrid, parece obvio.

No obstante, para la última jornada no estaba decidido el título liguero, pero ya era menos factible para el Barcelona y para el Valencia (el Valencia había aprovechado los tropiezos de los dos grandes y se había acercado a dos puntos del Madrid), porque ambos tenían que esperar una carambola, y básicamente el pinchazo del Real Madrid, al que le valía con el empate, para proclamarse campeón. Ese último choque se disputaría en el Santiago Bernabéu ante un Sevilla que ocupaba el antepenúltimo puesto de la clasificación y que todavía tenía esperanzas de mantener la categoría, aunque dependía de terceros, de lo que hicieran Burgos y Deportivo de La Coruña que jugaban entre sí (y que empatarían). El Madrid apenas alimentó la tensión y a los dieciocho minutos anotaba el 1 a 0 para irse al descanso con dos goles en su casillero. En la segunda mitad culminaba su buena temporada con un triunfo por 4 a 1. A todo esto el Valencia haría sus deberes ganando a la Real Sociedad 2 a 1, y el Barcelona perdería, se ve que le afectó el varapalo de la semana anterior en la ciudad de la Mezquita, y cayó en su feudo del Camp Nou por 0 a 1 a manos del Málaga.

Ahora bien, se me había quedado en el tintero la segunda parte de esta simpática historia, y es ¿qué pasó con la quiniela del tito Rafa? La verdad es que tampoco recuerdo con exactitud si me dijo que había conseguido algo más de 200.000 pesetas, pero sí que rememora que la quiniela ni siquiera la hizo él, sino su mujer, al azar.

Nuevamente he acudido a los registros de la época para saber lo que tocó, hubo una recaudación de unos 303 millones de pesetas, de los que se repartían el 55 % en premios y el resto para las arcas del Estado, buen negocio, no sé si este reparto se mantendrá en la actualidad. Hubo una cifra importante de máximos acertantes, 358 que recibieron cada uno 155.653 pesetas. La ausencia de variantes en aquella quiniela (solo tres) hizo que fuera relativamente fácil o lógica, pese al inesperado 1 del Córdoba. Es curioso pero, a título de ejemplo, la última quiniela de la pasada jornada registró menos recaudación que aquella de 1972, y es que antes la quiniela era popularísima, y ahora con la avalancha de juegos y apuestas existentes se divide mucho el mercado.

El tío Rafa refiere que con esa cantidad pudo hacer muchas cosas: comprarse un piso, un coche, montar un taller mecánico que la familia mantiene hoy día y, en definitiva, lo necesario para casarse. Aquella cantidad que tal vez él la recuerde más generosa, también él la calculó en el valor que tendría hoy por el volumen de inversiones que hizo y no estaría por debajo de los 300.000 euros, y ese sí que es un cálculo muy acertado.

En definitiva, que aquel Córdoba que era un convidado de piedra le quitó la Liga 1971/72 al F.C. Barcelona y prácticamente se la regaló al Real Madrid, mientras que el tío de mi mujer lo veía en un lugar de excepción y comprobaba que aquel gol de Fermín le ayudaba prácticamente a impulsar una vida familiar y laboral esforzada pero también satisfactoria, desde luego aquella quiniela hizo justicia y cayó en quien se la merecía e hizo méritos posteriores para ser digno de un regalo tan especial.

sábado, 7 de octubre de 2017

"LOS TATUAJES NO SE BORRAN CON LÁSER", DE CARLOS MONTERO

Con la etiqueta o subtítulo de «El libro que tus hijos no querrán que leas...», a modo de eslogan para captar la atención del lector, se nos presenta esta novela de temática actual que, precisamente por esa frase captó mi atención y saqué de la biblioteca de mi localidad. He de decir que la he leído en tiempo récord, primero porque es fácil de leer y segundo porque es una temática que efectivamente llama la atención, aunque tengo ciertas reservas.

Previamente hay que señalar que el autor es un habitual guionista de series de televisión, entre ellas, «Al salir de clase» y «Física y química», de esta última fue su creador. Y la novela se enmarca en esta estela, las historias de jóvenes interactuando con adultos, donde la moral se relativiza a raudales.

Si he de ser sincero la obra está muy bien escrita y engancha, lo hace porque es una especie de culebrón fino, en el que tienes que seguir leyendo porque quieres enterarte de todos los trapos sucios, de todo lo que va a suceder, de cuál va a ser el final; pero no me gusta tanto el enfoque que se le da a los personajes, con esa moral muy laxa.

Cabe explicar esto y hacer una reflexión que no es sencilla, ni probablemente breve, esas series y otras más actuales, llámese «La que se avecina», gravitan sobre una sociedad irreal, no digo que las conductas que en ellas se reflejan no ocurran en la sociedad, pero se trata de una imagen exagerada, no todo el mundo se acuesta con todo el mundo, no todo el mundo tiene como principal «valor humano» el egoísmo o no todo el mundo se dedica todo el tiempo a rajar de su vecindad.

Bien es cierto que la realidad supera muchas veces la ficción, pero es algo puntual, por más que los informativos nos hagan pensar que porque una mujer muera a manos de su esposo, existe un virus generalizado en la sociedad de violencia hacia la mujer. Por más que parezca que los niños de «Física y química» estaban de juerga (de orgía) más que estudiando o asistiendo a clase, eso no ocurre ni todos los días ni los muchachos y muchachas de esas edades están en esa tesitura.

Que no me haya gustado la temática, aunque me haya enganchado el libro por el morbillo y también por su lectura fácil y ágil, sería claramente desmontado por el escritor que podría argumentar que en su libertad de ejecutor de la obra puede generar la realidad que le dé la gana.

¿Escenarios irreales? No digo que sean irreales, sí que afirmo que con la trama que nos presenta Carlos Montero, esta es extrema: los personajes tienen una amplísima libertad sexual; las drogas están presentes; algunos personajes no son de una clase media como tal, no son hijos de fontaneros u obreros, surgiendo profesiones poco habituales, tales como aviador, profesor de universidad, guionista de televisión, productor de televisión, actores; y también, por ejemplo, los nombres, no son Pepe, Antonio o Juan, hay una Asia, un Rómulo, un Dámaso, un Mauro, un Sergi; ah, y Asia la principal protagonista, no juega al fútbol o al baloncesto, es nadadora, y buena, es de Madrid.

Sin ánimo de destripar el libro, por si alguien quiere leerlo, Asia es una joven de 16 años que decide tatuarse un revolver en su zona inguinal, como la actriz de su serie favorita, ese día de fin de semana junto con su amiga Nerea acude a una fiesta en la que se encuentran otros compañeros del Instituto.

Queriendo emular a los protagonistas de la serie de moda «Tabula rasa», casi sin comerlo ni beberlo, que sí quiero que no quiero, se encuentra inmersa en una espiral de alcohol, drogas y sexo. La noche ha sido tan larga que Asia amanece desnuda en el fondo de la piscina vacía de una vivienda del extrarradio de Madrid que la familia de Mauro no utiliza, y junto a ella está un compañero de clase que va en silla de ruedas.

La desesperación de los padres (divorciados) de Asia no puede ser más patente, y hacen lo que unos padres harían, llamar a los amigos, buscar por todos sitios y finalmente acudir a la Policía. Asia volverá a casa tras más de 24 horas fuera de ella, vagando por Madrid y tratando de que la bola no sea muy gorda e intentando recordar qué ha ocurrido.

Los padres de Asia no quieren que esto se quede en una aventura pasajera de una adolescente y pondrán la correspondiente denuncia por violación a una menor. Los cuatro implicados quedarán absueltos, pero la relación de Asia con sus compañeros quedará muy dañada o casi, porque Asia aún se desvive por Mauro.

Paralelamente tenemos la historia de Quique, el creador y guionista de «Tabula rasa», que tiene sus cuitas con los actores de la serie, con la productora, con la cadena que la emite y con el sursum corda, nos mete de lleno en los intríngulis de una serie de televisión y probablemente sea algo muy real. Quique, a todo esto, es homosexual, de vida alegre, amante del polvo blanco..., y curiosamente tiene una aventura con Sergi (uno de los protagonistas de la otra historia), y ambas historias funcionan prácticamente en paralelo hasta que al final se fusionan. Se podría resumir esto en que Sergi conoce al creador de la serie que encanta a los jóvenes y que «inspiró» la fiesta local de aquel marcado fin de semana.

El divorcio de los padres de Asia choca con el problema que tienen encima, cómo actuar, cómo gestionar la adolescencia complicada de su hija. Por cierto, en una clara manifestación de lo forzado del argumento en ocasiones para hacerlo más grandilocuente, los padres en mitad del jaleo y de la gravísima tesitura en la que se encuentran, no tienen mejor cosa que hacer que tener escarceos en la cama.

El padre de Asia dará parte de los acontecimientos de aquel día de autos a un periodista, y lo que estaba limitado a un ámbito reducido de personas, pasará a ser conocido por toda la opinión pública, e incluso tendrá su debido reporte en un típico programa de debate rosa, al que tendrá que acudir Quique como responsable indirecto de influir negativamente en la juventud.

Todo se va precipitando y se va esclareciendo lo que realmente ocurrió, también casi al final, como un destello de esperanza se percibe que hay algunos personajes rectos, muy pocos, y que la mayoría, tristemente la mayoría (quiero imaginar que no es un reflejo de la sociedad) carecen de valores, son egoístas, se mueven por sus instintos más básicos, son rastreros...

Curiosamente, por lo que cuenta el libro es evidente que tiene bastantes tintes autobiográficos, no sé cuánta parte de Carlos Montero habrá en el Quique de «Los tatuajes no se borran con láser», pero puede que mucha; por cierto fue la primera novela de este autor.

«El libro que tus hijos no querrán que leas...», mi hijo se acerca a la adolescencia, y no la afronto con miedo, huyo de ese tópico de muchos padres, mi hijo fue deseadísimo, esto hay que afrontarlo con mucha educación y con diálogo.

domingo, 1 de octubre de 2017

JOHN CAGE Y SU 4'33'', ¿ELEGÍA AL SILENCIO, ARTE APARTE O BROMA DE MAL GUSTO?

Sé que no debería profundizar en terrenos donde no estoy avezado, y fundamentalmente en la música, donde mis conocimientos de la técnica son casi vanos y me tengo por un simple observador y aficionado a esta.

Lo cierto es que estos últimos meses me ha dado el gusto de indagar en músicas que rompen clichés, ya he puesto alguna referencia en esta bitácora, pero el hecho de descubrir cada día nuevas formas de hacer música, por absurda que pueda ser su ejecución, por increíble que nos pueda parecer, no es que me llene, porque mucho de lo que escucho es un petardo, sino que me abre la mente. En la música todo es posible, y todo es prácticamente todo.

El personaje que hoy traigo a colación, John Cage, creo que lo estudié en la asignatura de Música en 1º de BUP que, en contra de lo que pueda parecer, a mí me sirvió de mucho; en esa materia no se impartía nada de partituras de música, sino Historia de la música, y especialmente se incidía en los compositores del siglo XIX y XX, con las innovaciones que traían y que fueron preludio, en cierto sentido, de muchas de las músicas que hoy suenan a nivel comercial.

Cage fue uno de esos músicos experimentales, teóricos de la música, influido por otros pioneros de su época (segundo tercio del siglo XX), que intentaba buscar nuevos horizontes; sus estudios sobre la música aleatoria y la improvisación son sumamente reconocidos.

Pero Cage que a lo largo del siglo XX se hizo un nombre en el panorama musical, quiso dar un paso más, y se preguntó si el silencio podría tener música. Y se planteó interrogantes que tal vez nadie se había hecho hasta ese momento. La música o el sonido son conceptos humanos y propios del planeta Tierra, si viajáramos al exterior, no habría que irse más que unos kilómetros fuera de la atmósfera, entonces el silencio sería absoluto.

La naturaleza tal y como la conocemos genera sonidos, el ser humano, que es el que más influye sobre esta, también, y cuando el homo tuvo la conciencia de modular el sonido es cuando nació la música. Esto que en apariencia es simple nos deja otras cuestiones en el aire, ¿es la música la ruptura del silencio?

Probablemente en la vida de muchas personas, yo diría que de la mayoría, hay más momentos para el silencio que para el sonido, nuestros sueños se hacen en silencio y si los hay en el exterior nuestras fases oníricas nos ayudan a no tener conciencia de ellos, y a lo largo del día también hay muchos silencios. En este sentido la música solapa el silencio, pero también solapa otros sonidos.

En la música el concepto de silencio no es ajeno, el silencio es tan importante como las notas en sí, le da armonía, sonoridad, el contrapunto; la música sin silencios no tendría la concepción que hoy tenemos de ella. Y Cage se planteó qué pasaría si esos silencios fueran la propia música, o básicamente ¿cuál sería la música del silencio?

Parece que este concepto del silencio intrigó sumamente a Cage a lo largo de su vida. El silencio sería la ausencia de sonido, siempre y cuando no estuviéramos en la Tierra, algo imposible por obvio, por tanto, para el ser humano el silencio nunca podría ser esa ausencia de sonido. Esta obviedad dio paso a otro enigma que se planteó, entonces ¿a qué suena el silencio? Cage accedió a una cámara anecoica (técnicamente es una sala diseñada para absorber en su totalidad las reflexiones producidas por ondas acústicas o electromagnéticas, una especie de burbuja) en busca de ese silencio y descubrió ¡oh sorpresa!, que el silencio no se lograba, él respiraba, escuchaba los latidos de su corazón, su sistema nervioso en movimiento, era otra obviedad, de no sentirse a sí mismo estaría muerto.

Así que llegó Cage a la conclusión, que no por evidente también podemos calificar de audaz por la forma en que llegó a la misma, de que el silencio no existe (en la Tierra), este se llena con algo con sonidos, por tenues o imperceptibles que estos sean, salvo que estemos dormidos o inconscientes. Y yo añado, la percepción del ser humano del silencio absoluto no se conseguiría jamás ni en la Tierra ni fuera de ella, fuera de ella también se escucharía a sí mismo, su respiración, su pulso...

De esa audacia por buscar respuestas Cage pasó en 1952 a rizar el rizo, por decir algo que es difícilmente calificable. Este compuso una obra del silencio con silencio. Según se cuenta este músico se tiró varios años dándole vueltas a la cabeza y fue su composición más elaborada para trabar una elegía al silencio, y fue así como nació su obra cumbre 4'33'', o cuatro treinta y tres, cuatro minutos y treinta y tres segundos que básicamente es la duración de la obra. ¿Y qué hay en la obra? Nada. Bueno, no es eso, están todos esos sonidos que fluyen durante el silencio terráqueo.

Lejos de que esto pudiera parecer un chiste, esta obra compuesta en tres movimientos se interpretó por primera en dicho año por el pianista David Tudor como parte de un recital de música contemporánea para piano. Probablemente fuera en mitad de la actuación, para que tuviera su debido protagonismo, aunque algunos señalan que fue lo primero que hizo. Se sentó al piano y cerró la tapa del teclado, después lo abrió un poco para señalar el final del primer movimiento; el proceso se repitió para el segundo y tercer movimiento, y ello durante esos cortos o largos 273 segundos, ni uno más ni uno menos.

¿Y se quedó tan pancho? El atrevimiento de esta composición curiosamente es el que la dio la máxima fama a John Cage, que nadie lo olvide, su 4 33 es una obra que cualquier director que se precie conoce, otra cuestión bien diferente es que la haya ejecutado. La clave de la composición es que mientras se lleva a la práctica esta se compone aleatoriamente de todos los sonidos que están presentes: un movimiento, el crujido de un mueble, el canto de un pájaro en el exterior, una brisa...

Huelga decir, y que nadie se lo tome a coña o sí, que es una composición que puede ser ejecutada por un solista o también multiinstrumental. Y también cabe señalar que el 4 33 se ha interpretado en numerosas ocasiones y ejemplos en Internet hay y no pocos.

Después de todo esto lo que queda preguntarse es si esto es serio, si es una broma o es arte aparte. Yo tengo mi propia opinión y estoy convencidísimo de que John Cage iba completamente en serio, se dice que lo que hace una persona que es de fiar es fiable, y Cage no fue precisamente un músico chusquero, sus composiciones de hace más de medio siglo, de música aleatoria y ambiental están plenamente presentes, son magníficas, era un adelantado a su tiempo. Y, por supuesto, si el 4 33 nos puede parecer hoy día un sacrilegio, hace ya casi tres cuartos de siglo sería una bomba.

sábado, 23 de septiembre de 2017

¿CAMBIO DE CICLO? LOS LOGROS RECIENTES DEL BALONCESTO ESPAÑOL

Puede que alguien que siga habitualmente este blog me califique de oportunista por esta entrada, porque suelo ser bastante atemporal, pero puedo jurar que tenía intención de haber hablado del baloncesto en general y del español en particular hace algunos años; ahora con el bronce en el último Eurobasket masculino me ha surgido la necesidad de restaurar aquel pensamiento aparcado y reverdecer los laureles del baloncesto español y, en particular, de aquella generación de oro que consiguió el Mundial Junior de 1999 en Lisboa y que fue el comienzo de una larga historia de éxitos posteriores. Y, sobre todo, porque me da mucha penita que Juan Carlos Navarro, todo un clásico, ya se haya retirado de la selección, algo que por la lógica de la edad tenía que llegar tarde o temprano.

Aunque en el blog he tratado puntualmente sobre baloncesto un par de veces, lo he hecho para referir algunas curiosidades, sin haber hablado propiamente de las características de este deporte en sí. Y tengo que señalar que aunque no haya sido el deporte que más he practicado en mi vida, de joven fue el fútbol, y ahora de maduro el atletismo y el ciclismo, casi puedo decir que con el baloncesto conseguí una destreza que nunca logré con el fútbol, donde era bastante patoso.

En mi juventud jugué mucho al baloncesto y los que lo practicábamos encontrábamos en él un aliciente distinto al fútbol. En el fútbol grande con veintidós personas en el terreno de juego, podías tirarte bastantes minutos de un partido sin rascar bola, algo que se atemperaba si jugabas al fútbol sala, pero aun así la satisfacción de anotar, de marcar, llegaba pocas veces o casi nunca, como era mi caso.

Tenía un amigo que recuerdo que decía que ver un partido de baloncesto era siempre entretenido, por la facilidad de la anotación, es un deporte en el que claramente los ataques se imponen a las defensas, por muy sólidas que estas sean; por otro lado, dispone de un versátil sistema de puntuación que permite alargar o acortar diferencias con cierta rapidez si se consigue una racha buena; y en definitiva, la clave estaba en que sin ser excesivamente bueno, yo o cualquiera, se podía anotar de vez en cuando e intervenir con cierta asiduidad dado que el juego se lo reparten diez personas.

Dicho esto, jamás olvidé las palabras de aquel amigo en cuanto a la referencia del entretenimiento y es cierto que objetivamente el baloncesto es mucho más entretenido que el fútbol, en el baloncesto siempre pasan cosas juegue quien juegue y sea del nivel que sea, siempre hay canastas, acciones de juego interesantes, lances espectaculares...; en comparación con el fútbol que puede llegar a ser aburrido aunque el partido lo estén disputando los mejores jugadores del mundo, muchos partidos terminan con empate a cero y estadísticamente el resultado más repetido de la historia es el uno a cero. Y esto tiene su razón, porque igual que el baloncesto es un deporte con marcado cariz ofensivo, el fútbol es ultradefensivo por definición y no es fácil meter goles; bueno y existe otra razón, llamémosla físico-anatómica, y es que la mano es infinitamente más hábil que el pie, y cabe aludir aquí a la expresión «tiene una mano en el pie», cuando el futbolista tiene tanta pericia que sus extremidades inferiores son casi una extensión de las superiores, algo que nadie consigue, salvo Messi.

El baloncesto es un deporte bastante artificial en su configuración, es uno de los grandes deportes modernos por antonomasia; correr, saltar, lanzar hacia una portería, nadar..., tienen su relativa lógica, pero lanzar un balón a un cesto suspendido en el aire es una idea que vista de forma aislada podría resultar un tanto forzada, una ocurrencia absurda, una ocurrencia sí, pero que ha supuesto que sea uno de los deportes más practicados del mundo. Podía haberse inventado cualquier otra cosa parecida, el quidditch por ejemplo, pero el baloncesto fue un juego que permitía hacer un ejercicio físico multidisciplinar, era muy participativo y que se podía desarrollar en espacios cerrados, preservado de las inclemencias meteorológicas, y caló.

En España el baloncesto se ha configurado como el segundo deporte en relevancia, bien es cierto que a mucha distancia del fútbol, porque el fútbol es abusivo en todo. Pero en el último cuarto de siglo hay que decir que las altas instancias de nuestro baloncesto se han manejado muy bien y se han sabido vender magníficamente, mejor por ejemplo que el balonmano, deporte con el que tengo la mayor de las afinidades desde hace varios años. También es cierto que la dimensión internacional del baloncesto no la tiene el balonmano, en este sentido, la NBA ejerce un papel estelar en cuanto a la difusión de este deporte.

Pues visto el entretenimiento del baloncesto y que me gusta mucho casi cualquier deporte en general, yo siempre, desde chiquitito, he seguido partidos de baloncesto de la selección española o del Real Madrid; con el Real Madrid de antaño, las dosis de orgullo estaban cubiertas, pero con la selección, los años 70 y 80 fueron una época complicada, ahí estaban soviéticos, yugoslavos o italianos que nos mojaban la oreja. Sufríamos mucho, llegar al final de un campeonato era casi una quimera, y a duras penas con jugadores del calibre de Epi, Fernando Martín, Brabender, Corbalán..., ni siquiera conseguíamos estar entre los mejores.

Este último Eurobasket de 2017 ha revelado un montón de estadísticas relativas a los logros recientes de la selección española masculina de baloncesto, el más relevante, que lleva diez campeonatos seguidos accediendo a semifinales, desde 1999, nueve sin bajarse del podio y de ellos tres oros, y entre medias, a nivel global, varias medallas olímpicas y el oro en el Mundobasket de 2006. Estos datos tienen aun más brillantez si consideramos que el nivel del baloncesto es mucho mayor que el de hace veinticinco años y que la competitividad ha crecido enormemente, la diferencia entre los de arriba y los de abajo se ha reducido.

En este tránsito se ha tomado como referencia el año en que nuestra joven España logró el Mundobasket junior de 1999 en Lisboa, también llamado Mundial sub-19. Curiosamente en aquel torneo y en aquella final, que vi en directo en la tele, Pau Gasol no era la estrella del equipo, era más bien un segundo espada.

La final se ganó a Estados Unidos, lo cual siempre da más caché al logro, aunque en honor a la verdad un equipo estadounidense con los mejores jugadores universitarios de su generación difícilmente sería batido por ninguna otra selección (el deporte universitario estadounidense está muy bien organizado y debería ser un modelo a seguir, en menor escala, en España y en otros países). La competición no fue inmaculada porque en la segunda fase se perdió contra Grecia, pero lo curioso es que, como he referido, Gasol no era la estrella, por estadísticas del torneo, casi se podría decir que era «el sexto hombre». En aquella selección el referente era Juan Carlos Navarro y luego estaban a cierta distancia otras sonoras figuras como Felipe Reyes, Raúl López, Germán Gabriel, Antonio Bueno o los andaluces Carlos Cabezas y Berni Rodríguez. También había otros jugadores que aspiraban a ser algo en el baloncesto y que en su ascenso a la categoría absoluta se quedaron en agua de borrajas por diferentes motivos Drame, Herráiz, Julio González y Francesc Cabeza. En la final que se venció por 94 a 87, Gasol solo hizo tres puntos y Navarro veinticinco.

La explosión de Pau Gasol fue casi inmediata, en la temporada siguiente ya comenzó a ser dominante en el FC Barcelona y en su primera campaña en la NBA con los Memphis Grizzlies, 2001/02, sería nombrado rookie del año. Desde entonces se ha ganado a pulso la denominación (tácita) de Mejor jugador FIBA de la historia, al menos así lo refieren muchos periodistas españoles. Tratándose de un honor que realmente no existe sí que es cierto que es y ha sido un jugador determinante y uno de los mejores jugadores blancos de la historia.

Con Gasol, aunque probablemente el cambio de ciclo lo inició Toni Kukoc, se palpó un cambio en las estructuras del juego: jugadores de más de 2,10 que podían ejercitarse bien como aleros. El siglo XX nos dejó la imagen de pívots de esa estatura o incluso menos muy tochos y poco móviles, ahí tenemos el ejemplo de Fernando Romay, que no es más alto de Gasol.

Con Pau Gasol e integrantes de aquella generación se ha ido gestando estas casi dos décadas de éxitos, no solo ha estado Navarro, sino que afortunadamente el baloncesto patrio ha ido viendo nacer muchas figuras de diferentes que se han ido incorporando al proyecto y que muchas han recalado en la NBA, Marc Gasol, Ricky Rubio, Mirotic, Llull, Chacho Rodríguez...

A Pau Gasol, por edad, aunque está jugando a gran nivel pese a los años que tiene, también le llegará tarde o temprano el momento de que deje la selección, y es probable que se resienta algo la plantilla, pero los mimbres se han seguido trabajando muy bien en la base. Cada año en Europa se celebran Eurobasket en categorías sub-16, sub-18 y sub-20, tanto masculino como femenino, y los resultados prevén el mantenimiento futuro del nivel, o sea, un relevo generacional.

Pues eso, que me ha dado mucha pena que Navarro se vaya, que no lo volvamos a ver con la elástica de la selección española. Con Juan Carlos Navarro, la Bomba, me pasa y nos pasa como con mucha gente famosa, que lo hemos visto tanto que parece como si fuera tu amigo, un tipo que te cae muy bien, y es evidente que esta relación no es bidireccional.

Desde luego, también ha influido mucho en el mantenimiento de resultados de la selección absoluta el disponer del carisma de un buen seleccionador, ha habido ocho en estas casi dos décadas, aunque yo creo que con el que más se ha acertado es con Sergio Scariolo, un tipo con personalidad y presencia, capaz de convencer a los jugadores de la NBA a que se animen en su proyecto FIBA; un tipo que sabe de baloncesto, pero sabe más de relaciones sociales, lo cual es casi más importante para un seleccionador; un italiano con alma de español, o sea, un argentino, un cóctel necesario.

Dicho esto, Pau Gasol es un señor, no se puede negar que es todo un señor, absolutamente implicado con la selección española y con España. Un catalán que no ha cometido el error de meterse en aguas turbulentas independentistas, sabedor de que su figura es universal y que su fama y su buen nombre se acrecientan cuanto más moderado es en sus declaraciones. Tanto él como Rafa Nadal han sido y son estandarte del deporte de nuestro país y jamás han sacado los pies del plato.

Debo terminar señalando que aunque no es deliberado, el blog siempre tiene una deriva hacia el deporte masculino, puede que sea un poco injusto; lo cierto es que si las noticias en el baloncesto masculino español son buenas, lo son mejores si cabe en el femenino, porque tras la retirada de otro emblema como era Amaya Valdemoro, ahora es cuando estamos en la cresta de la ola, con el punto de inflexión en la plata olímpica en Río y creo aventurar que lo mejor está por llegar. Ahora es cuando tenemos una generación de chicas muy buenas: Sancho Lyttle, Xargay, Nichols, Anna Cruz, Torrens..., pero hay toda una pléyade que va a llegar, y es que los logros por abajo son más brillantes que en hombres, por poner un ejemplo, en los últimos nueve años en el Eurobasket sub-20, siete oros y dos platas, es decir, un dominio casi inapelable.

Seguiré y seguiremos deleitándonos con el baloncesto, porque a falta de mayor espectáculo con otros deportes, este siempre cumple.

sábado, 16 de septiembre de 2017

"MISTERIOSO ASESINATO EN CASA DE CERVANTES", DE JUAN ESLAVA GALÁN

Confieso que nunca había leído nada de mi paisano comprovinciano Juan Eslava Galán, y después comentaré por qué, aunque siempre lo he tenido como un divulgador de la historia ameno y sagaz, al que he escuchado en la tele, pero especialmente en la radio, porque yo sigo siendo muy afín a este medio de comunicación.

Eslava Galán nos propone un viaje a los inicios del siglo XVII, a Valladolid que se había convertido con los albores del inicio de la nueva centuria en la capital de España y, por ende, en la de todo un inmenso imperio, comandado por Felipe III y que comenzaba a hacer aguas por todos sus costados.

El popular escritor urgavonense aprovecha unos hechos reales para construir una novela que tiene un poco de todo, humor, tensión, historia, costumbrismo..., y que cuenta como foco gravitatorio con D. Miguel de Cervantes, aunque el mito de nuestras letras sirve como excusa para construir una trama detectivesca con múltiples variables que hacen muy amena su lectura.

Lo primero que me sorprendió de la novela es que la trama no se presenta enrevesada, es clara y directa, en apenas veinte páginas, las primeras, sin mayores preámbulos y vericuetos que muchos autores suelen utilizar para engordar sus obras y dilatar pesadamente el meollo, ya se nos ha presentado el intríngulis de la misma. Miguel de Cervantes y «las cervantas» (familiares directas del célebre escritor del Quijote que conviven con él) son enviados a prisión acusados de la muerte de un caballero, Gaspar de Ezpeleta, por la cercanía a la vivienda donde ocurre el óbito y por las habladurías y sospechas de una vecina cotilla y malcarada.

El bueno de Eslava, que es un erudito de la historia, y en la divulgación de la misma, ratón de biblioteca que siempre me ha llamado la atención por descubrirnos curiosidades de la vida de nuestros ancestros hace siglos; se pone en la piel de un morador del siglo XVII, y este es el segundo dato que sorprende agradablemente ya que adapta con ciertos matices su lenguaje que tiene innumerables giros de la época y palabras en cierto desuso. Pero no es una adaptación radical y eso permite que no desconectemos de la lectura, a veces ciertamente profusa en adjetivos y sinónimos. Yo siempre he sido de la opinión de que la lectura debe instruir y ha de ser rica, ¿de qué sirve un texto plano con un vocabulario simplón y casi infantil?, y el caso es que los hay; a mí me llena más un texto de cierto nivel y que te obligue de vez en cuando a mirar el diccionario. Además, hace una especie de guiño al Quijote de Cervantes cuando cada capítulo lo titula con un nombre largo e historiado.

En este sentido, en la novela el escritor ha tenido el acierto de proporcionar un justo equilibrio entre los giros de la época, lenguaje llano y palabras cultas, estas últimas se sacan con el contexto o se acude sin ningún problema a la RAE, que yo intento utilizar casi a diario, ahora con mayor inmediatez gracias a las posibilidades que las herramientas digitales nos proporcionan.

Don Teodoro llega a Valladolid con el encargo de la Duquesa de Arjona de intentar esclarecer el asesinato cometido y muy particularmente tratar de que Cervantes y su parentela abandonen la cárcel y se limpie su nombre. Don Teodoro, todo un detective de la antigüedad, es en realidad Doña Dorotea, una mujer culta y adelantada a su tiempo, que urde esa doble identidad para manejarse mejor en según qué lugares, donde una mujer en esa época sería imposible que pudiera acceder.

Con esa dualidad de personalidades, su educación y las monedas que lleva en su bolsa Doña Dorotea y Don Teodoro, curioso el juego de palabras, irán abriendo puertas y desmadejando la maraña. La liberación de Miguel de Cervantes y sus hermanas y sobrinas se logrará pronto, dada la endeblez de las pruebas en su contra, más fruto de la maledicencia que de otra cosa; y la búsqueda del autor o autores del asesinato ocupará la mayor parte de la trama.

La astucia de nuestro doble protagonista irá poco a poco descubriendo chanchullos, líos de faltas y hasta conspiraciones al más alto nivel, que obviamente no voy a desvelar para no destripar el desenlace, confiriendo a la trama una riqueza mayor, pero siempre de forma entretenida, en la que Eslava juega con habilidad con el tono cómico a veces, que permite tomar la obra con cierta simpatía. Tal vez el final me decepcionó un pelín, aunque seguro que es porque yo esperaba otro desenlace.

Se retrata muy bien la época y se pone de relieve por qué se venía nuestra nación abajo; los ricos y la aristocracia acostumbrados a vivir de las rentas y preocupados en mantener ese estatus contra viento y marea, los de abajo con el ansia de no dar un palo al agua y vivir de los de arriba; y finalmente una estrecha clase media de obreros, artesanos y agricultores que a duras penas tiraban del carro nacional, cuando no aspiraban a llenar la talega para vivir como los ricos.

Me voy a parar a título de curiosidad en una alusión que hace el autor hacia nuestra tierra jiennense, pues habla de la natura de Poyagorda el hornero, la natura se refiere a un sustantivo en desuso (obsérvese la tercera acepción en el diccionario de la RAE), que hace referencia a los atributos masculinos. En Bailén, donde resido, había escuchado la comparación, y hasta pensé sin mayores indagaciones que era algún personaje local, dado que en esta localidad hay y han habido muchos hornos (de cerámica). No obstante, rastreando un poco más, el tal Poyagorda no era otro que un personaje de la capital del Santo Reino, titular de un horno cercano al Pilar del Arrabalejo, que realizaba masas de pan muy generosas (atiéndase de igual modo al significado de «poya» en el diccionario y del «pan de poya»), luego en nada tenía que ver el nombre del tal Poyagorda con su miembro viril sino que era una característica propia de su oficio de panadero. Eso es lo que yo, en principio, he visto en Internet, por lo que Eslava Galán pudiera estar confundido en este punto, banal por otra parte, aunque es posible que él tenga otras fuentes. En fin, una curiosidad sin más.

No tendré inconveniente en el futuro en leer más de Eslava Galán, y lo que comentaba al principio, una vez pertenecí a una asociación cultural, y quisimos darle un premio, pero el autor pidió ciertos emolumentos por su asistencia no sé si con mayor o menor razón y criterio, aunque bien es verdad que este escritor arjonero ya lleva años en la Liga de campeones de la literatura y no quiere perder dinero en minucias, no sé. La asociación la abandoné hace años, también es verdad, por personalista y algo corrupta.

En fin, esta es una buena novela, a la que yo otorgaría una calificación de notable, y no es de extrañar que haya merecido idénticas consideraciones por parte de la crítica, no en vano es el Premio Primavera de Novela en 2015 que concede la Editorial España junto con El Corte Inglés.

sábado, 9 de septiembre de 2017

JUGANDO Y COLECCIONANDO CON LOS ASTROS DE LA LIGA DE LOS AÑOS 70 Y 80

En mi niñez, el final del verano y las semanas previas al inicio del nuevo curso escolar tenían un denominador común en las calles de mi barrio, que se convertían en el escenario del intercambio y juegos diversos con los cromos de la Liga de la temporada que se avecinaba como protagonistas, por cierto, que el sustantivo «cromo» a mí me suena muy cursi, porque en mi calle siempre le dijimos estampas.

En honor a la verdad yo nunca fui coleccionista de estampas de futbolistas, y conmigo yo creo que la mayoría de los niños de mi época, estoy hablando de finales de los 70 y principios de los 80, porque lo que nos apetecía era jugar con ellas. Yo tuve pocos álbumes de futbolistas, por no decir casi ninguno, no me llenaba hacer la colección, y sobre todo porque vagaba una especie de leyenda urbana que decía que había algunos futbolistas que nunca te salían en los sobres, por lo que te obligaban a pedirlos a la casa editorial que los hacía para completar los huecos, y esos cromos faltantes te los vendían a precio de oro.

Imagino que aquellos que tuvieron la delicadeza y la visión de guardar sus colecciones o cromos sueltos, ahora hacen sus pinitos en las páginas de compraventa de estos efectos en Internet, donde puedes encontrar de todo, aunque eso sí, para tener a aquel futbolista del que estabas enamorado tendrás que pagar hoy cierta cantidad.

A propósito de esto, antes los cromos no eran autoadhesivos como creo que son ahora, así que te tenías que comprar el pegamento de turno (enfrente de mi casa había una droguería que no vendía pegamento Imedio, que era más caro, sino pegamento Entero, juro que así se llamaba la marca o mi memoria me está traicionando) o en su defecto, que era lo más habitual, acudíamos a ese engrudo que se hacía con agua y harina.

La actividad de los cromos en esas semanas previas de la vuelta al cole, tenían más de juego que de intercambio, era fantástico jugar teniendo como excusa las fotos de los futbolistas que más o menos conocías, aunque también tenías el trasfondo de poder conseguir la plantilla completa de tu equipo favorito, tal vez ese jugador que salía nunca o muy poco, o sobre todo, aquellos cromos de la recentísima hornada, que se llamaban «Últimos fichajes» y que imagino que a los que coleccionaban de verdad les haría un lío tremendo, porque jamás sabían cuándo su colección iba a estar completa.

Creo que la temporada que más estampas acumulé fue la 1981-82, seguramente me hice con más de mil cromos, aunque es evidente que muchos eran repetidos. Entonces la casa que los fabricaba no era Panini, como son los que ahora circulan entre las (pocas) manos de los niños del siglo XXI, sino la Editorial Este, que desde Barcelona nos traía la emoción de rememorar año tras año una moda que nos gustaba, y que coincidía con esta época del año que a mí sinceramente es de las que más me gusta, el calor se reprime, se añora la vuelta a la rutina, hay aceitunas de cornezuelo…

Los de la Editorial Este se afanaban también en cada campaña con hacer los cromos de mayor calidad; recuerdo que la mayor innovación para los niños de mi época fue la de pasar de tener cromos donde solo se veía el busto de los jugadores, a otros más modernos donde se veía la foto de los mismos en una acción de juego y el busto en una esquina. Hay que decir que también hacían sus chapucillas, en aquella época donde el Photoshop no existía, a aquellos jugadores que se fichaban de última hora les repintaban burdamente una foto con la camiseta de su equipo anterior y lanzaban el cromo sin mayores miramientos.

El cómo llegué a juntar ese millar de estampas es algo que siempre me he estado preguntando, y es que igual que siempre tuve cromos de futbolistas en casa (y alguno he guardado) yo nunca compré muchos sobres. Aquel 1981 creo que conseguí cambiar estampas de jugadores «difíciles de que salieran», a razón de «yo te entrego la mía y tu me das diez a cambio». Y luego jugando y apostando, el juego más clásico era el de los montones; generalmente jugábamos dos, el que las barajaba, algunos con cierta destreza (vicio que yo tuve y que seguro que no he perdido), terminaban haciendo tres montones, el otro elegía uno de los tres y apostaba una cantidad variable, si la carta de abajo correspondía con el jugador cuyo nombre tenía más letras ganaba, si era el que menos perdía, si estaba en medio pues empate. Creo que era bastante justo, la victoria, el empate y la derrota se repartían exactamente en un 33,3 %. Había otros juegos, pero este era el que más se jugaba en mi calle.

Lo que pasa es que había jugadores habilidosos que sabían colocarlas, es decir, eran capaces de mandar a Jesús (portero del Cádiz) y con pocas letras, al final, lo cual era una tontería, porque una cosa era que supieras colocarlas, que yo sabía, y otra bien distinta que el otro jugador eligiera el montón donde tú habías puesto a Jesús.

También había un pequeño truco o engaño que consistía en despegar el cartón de la parte trasera y delantera, en la delantera colocabas a un jugador con pocas letras, Mayé de Las Palmas y por detrás alguno con muchas letras, los jugadores vascos eran geniales para eso, así Cortabarría o Satrústegui, ambos de la Real Sociedad. Pero este truquito tenía las patas muy cortas, porque lo normal es que tú levantaras las estampas por la parte de atrás, así que el extraerlas para que solo se viera la foto era un procedimiento raro y de momento te pillaban.

Se ve que aquel año gané muchas apuestas y me vi con una caja de zapatos casi llena de estampas, que hoy día tendría un cierto valor económico, pero sobre todo un gran valor sentimental porque me hubiera encantado recordar a aquellos futbolistas de inicios de los 80. Aquel arsenal de cromos se lo doné a un primo mío que tenía unos años menos que yo, e imagino que la colección tarde o temprano terminó en la basura. A mí siempre me llamaron la atención los jugadores friquis, los desconocidos antes y hoy, Ibeas o Pascual Beltrán del Castellón, el tal Jesús del Cádiz...

Por cierto que también recuerdo que en una temporada la estampa más codiciada era la del Ratón Ayala del Atlético Madrid, no sé si porque efectivamente era la rara de la colección o porque la apariencia melenuda del astro lo hacía más apreciado (yo siempre tuve una camiseta del At. de Madrid aunque soy del Real Madrid, pero me gustaba más la colchonera en contraposición del soso color blanco de la merengue); el caso es que siendo ese el cromo más deseado por todos, se la conseguí robar a un primo segundo mío y mis pésimas habilidades quedaron al descubierto porque ese primo descubrió la falta en menos de cinco minutos, y tuve que confesar. A todo esto hay que decir que si en el inicio del siglo XXI predominan en los futbolistas las barbas de varios días y los tatuajes, en la década de los 70 la moda era las melenas, las greñas.

También me pregunto cuál es el primer recuerdo que tengo de juntar con estampas, y con el Mundial del 74 en Alemania Federal aparece, sí yo tenía seis años y ya manejaba aquellos cromos de los que me acuerdo de unos pocos futbolistas, pero sobre todo de los de Zaire y Haití, que eran las selecciones pintorescas de aquel Mundial. Y no sé por qué pero recuerdo al jugador de Haití Jean Joseph con cierto cariño, me caía bien ese cromo, y jamás he olvidado su nombre.

En fin, esta es la historia de un coleccionismo que no lo era tal en mi caso, pero que generaba mucha afición. Hoy paradójicamente con la mayor avalancha y presión de los medios de comunicación que han provocado que el fútbol sea más que el deporte rey, un espectáculo con el deporte como excusa, los niños actuales no necesitan tantos cromos, aunque existan, porque a golpe de móvil tienen cincuenta mil fotos y vídeos de su futbolista favorito. Y esa es otra falacia del fútbol actual, los de mi época no soñábamos con llegar a ser estrellas, ahora cualquiera piensa que puede llegar a ser Messi, y eso tarde o temprano frustra enormemente.

domingo, 3 de septiembre de 2017

EL POSTUREO EN NUESTRO IDIOMA, ESCRIBIR MUCHO PARA NO DECIR NADA

Si leo revistas, que lo hago con habitualidad, lo suelo hacer con aquellas de temática tipo magacín, es decir, que tienen un poco de todo; de hecho soy suscriptor de Muy Interesante desde hace más de veinte años que es, en teoría, una revista de ciencia, aunque tiene de todo un poco. Pues cuando llego en esta revista o en otras a la sección de Motor se aventura un momento de relajación.

Me gusta leer publicaciones que tengan enjundia, que te hagan pensar y reflexionar, así que después de unas cuantas páginas en las que la cabeza ha estado dando vueltas no viene mal unos instantes de relax con noticias que aportan poco y que son como comer pipas, un entretenimiento sin sustancia.

Y es que después de tantos años llegando a las páginas de Motor de diversas revistas y medios digitales, me he dado cuenta de que los periodistas que las escriben se empeñan cada vez con más ahínco en que definitivamente no se diga nada en ellas y que la aportación técnica sea nula, porque se limitan a exponer las bondades de un vehículo de forma genérica, pues lo que expresan podría ser de ese o de otro parecido.

Expresiones como: «diseño juvenil», «suspensión innovadora», «estilo deportivo y musculoso», «imagen contundente», «tecnología optimizada para ofrecer un nivel de practicidad diaria que va más allá de las exigencias de los trayectos puramente urbanos», «conducción divertida», «permite un estilo de conducción personal», «es un coche rápido, directo, implacable», «conducción dinámica y segura», «experiencia de conducción agresiva y confortable», «vehículo extremadamente práctico que permite una experiencia al volante más activa»..., son vanas. Es evidente que podría llenar párrafos y párrafos de retahílas de calificativos de un coche, da igual el que sea, que apenas significan nada.

Los hacedores de estas páginas de Motor deben estar muy agradecidos a las marcas porque puedes leer de un coche lo mismo que de otro aunque físicamente tú veas que son dos vehículos completamente diferentes. En las revistas generalistas y medios digitales jamás he visto una mala opinión de un vehículo, todos son buenos lo cual seguramente es cierto.

Yo tengo un Kia Sportage que ahora cumple tres años y en la publicidad que me traje del concesionario antes de comprarlo apenas era una sucesión de páginas con expresión de las bondades del vehículo, qué menos. Sobre el mismo reporto: «creado para no dejar de sorprenderte», «suficiente espacio para ti y para tu imaginación», «tacto suave y cómodo del volante», «asientos robustos y confortables», «sensación de amplitud y visión muy correcta», «agilidad en carretera», «rapidez en la dirección», «vehículo muy capaz», «uno de los SUV compactos más atractivos del mercado»... En fin, pura palabrería. Por cierto que lo del tacto suave y cómodo es una chorrada porque el volante es igual de duro que el de mi antiguo de Volkswagen Polo de 1998, que además entiendo que es lo que tiene que ser un volante, duro para agarrarlo bien.

Creo que mi padre me lo decía y la gente mayor lo comenta también que en el siglo XXI ya no hay coche malo, efectivamente cada vehículo lleva detrás un importante bagaje de I + D, por lo que el objetivo principal de desplazarte de un lugar a otro con seguridad lo cumplen todos. Pero es que se echa de menos que todas estas páginas de motor con contenidos bastante planos, como se ha podido comprobar, te ayuden un poco más en tu elección.

Y es que dudo mucho que alguien mire estas páginas a la hora de decidirse, de hecho, el mundo del motor es ahora más rico en cuanto a marcas que hace cuarenta años. Antes había siete u ocho marcas con sus distintos modelos, ahora hay cincuenta y la diversificación de modelos es inacabable, inaccesible para un lego en la materia como yo.

Yo, e imagino que conmigo, cualquier común de los mortales, solemos tener las cosas claritas: cuánto me voy a gastar, tipo de coche (grande, chico, todoterreno, furgoneta...), diseño, potencia, color y poco más... Con el dinero que te vas a gastar encontrarás lo menos diez coches diferentes con características muy similares y al final te fijas en detalles casi intangibles, en mi caso: el diseño exterior parecía chulo, siete años de garantía, un buen maletero y que a la familia le gustó. Me daba igual la potencia, algo que hoy no se necesita, el acabado interior o si llevaba o no navegador de a bordo...

Es obvio que no me refiero en este punto a revistas especializadas del motor, que ni leo ni compro, pues reconozco que no soy un apasionado del volante y conduzco por obligación, donde entiendo que se entra con más detalle en lo que no se aprecia en la referida palabrería.

A esas revistas y medios digitales generalistas sí que les pediría que no fueran tan pagados de sí mismos y de las marcas, y que se mojaran un poco, que pusieran alguna pega, algún defecto, porque igual que todos los coches son buenos, todos tienen también sus cosillas, ruidos, prevalencia en ir al taller, consumos reales y no los ficticios o ideales que son los que se realizan cuando se elabora la ficha técnica (se llevan a cabo en circuitos cerrados y con condiciones idóneas, tales como pocas curvas, en llano, con nulo viento y sin carga)...

Por cierto que el sector del motor no es el único que hace postureos con sus opiniones, en el mundo de la gastronomía, donde no hay que olvidar que se han aposentado los nuevos gurús del siglo XXI, hace ya tiempo que el vocabulario ha quedado afectado por una notable carga de adjetivos calificativos que tratan de adornar lo que un plato tal vez es imposible que diga por su mediocridad por su ridícula vanguardia.

Ya llevamos muchos años encontrándonos en las cartas de menús de los restaurantes con estrambóticos títulos de platos que tardas más en leerlos que en comértelos, pero es que ahora con la proliferación de esos gurús, los programas de cocina en las televisiones y los concursos para descubrir nuevas estrellas de los fogones se ha generado un submundo donde envolver con una historia fantástica un plato se ha vuelto tan importante como su elaboración.

Pero claro entre tanta esferificación, tanto infusionar, el hidrógeno líquido, el arginato o la deconstrucción, creo que a veces perdemos el norte. Porque, a ver si nos enteramos, que aquí lo importante no es la técnica utilizada ni el rollo que el cocinero de turno suelte sobre un plato, que cuando nos sentamos a una mesa queremos comer (y no quedarnos con hambre) y, en la medida de lo posible, que esté rico, pero siempre por este orden.

No obstante, muchos cocineros con programas propios en la televisión, se atreven con todo e incluso hasta tomarnos el pelo, por cierto que he hecho una recopilación este verano de platos extravagantes y no tienen desperdicio, o a lo mejor son todo desperdicio: un platito realizado encima de un cojín, otro servido en unas sandalias de playa y, finalmente, un desafortunado engendro que incluía tierra auténtica.

Huelga decir que si esos platos y otros de supuesta vanguardia no los vistes con un buen discurso no te comes un rosco, porque los urbanitas que están a la última esperan precisamente eso, comerse algo diferente y que te suelten un rollo para convencer tus sentidos más allá de tus papilas gustativas; un arte al que esos gurús se han acostumbrado de tal forma que, como digo, ya han perdido el norte, porque la gastronomía, que sí que puede ser un arte, debe dar de comer, una necesidad vital para el ser humano.

Y, por último, el vino, otro campo donde el vocabulario sirve para bien poco, o sobre todo para el autobombo de enólogos, catadores y de los que, por escuetas que sean, redactan las etiquetas. ¿Qué es un vino redondo, estructurado? ¿O un vino armónico con los taninos bien pulidos? ¿O un vino pleno, potente, agradable y con personalidad? Pues que esto es como los coches, pero casi peor, porque igual que todos los coches son buenos, en los vinos hay buenos y no tan buenos, y lo gracioso es que ni los que se las dan de expertos son capaces de diferenciar un vino bueno de uno de tetrabrik de euro el litro y si no observen lo que le ocurrió a «El comidista» hace un par de años con ocasión de una feria para profesionales del vino.

Señores y señoras que se dedican a escribir sobre vinos, bájense un poco a la arena; a mí me gusta el vino, pero soy incapaz de apreciar el sabor a cereza, a regaliz, a pimiento o a café, ¿por qué no tratan de ser más didácticos y nos facilitan las cosas en las etiquetas visto que en este país la mayoría somos incapaces de diferenciar un vino bueno del malo?

Claro que se sobreentiende que el que elabora las etiquetas o el que informa en las revistas no se va a tirar piedras sobre su propio tejado, pues nada, nos montaremos en un coche que tenga conducción dinámica y porte elegante y al llegar al restaurante nos comeremos filetes de lenguado de la bahía con mantequilla fundida, aromas cítricos, sobre almohada de patatas torneadas; de postre tierra de brownie de queso de cabra y tomate cremoso con núcleo de frambuesa, bordeado de doradas hojas de cacao, micro margaritas y pétalos de clavellina con piedra de coco y mariposa de mango; y todo ello bien regado con un caldo bien estructurado, delicado en boca, con matices florales y retrogusto suave. En definitiva, ahí llevas Villegas.