sábado, 1 de agosto de 2015

AZUL Y NEGRO, EL TRISTE OLVIDO DE UN GRUPO GENIAL

Es, sin duda, uno de los grupos musicales más olvidados de nuestro país, tal vez el más injustamente desplazado de la historia musical de España, dada la calidad de sus producciones y de lo que supuso en su momento para el panorama artístico nacional e incluso internacional.

No sé muy bien cuáles fueron o cuáles son las causas por las que esto es una realidad, lo que es cierto es que no menos de cinco temas si se los pusiéramos hoy en el siglo XXI, en el año 2015, a un joven o a un adolescente, a buen seguro que los reconocerían, y a la par serían incapaces de saber quiénes son los autores, al igual que sería imposible que pudieran descifrar que eso que están escuchando tiene más de treinta años.

No obstante, hurgando en la memoria de este grupo hay que decir que, de algún modo, es un proyecto que desde dentro no se ha tratado bien a sí mismo. Y me explico, el grupo que en sus inicios fue un dúo compuesto por los cartageneros Carlos García-Vaso y Joaquín Montoya, tuvo una época dorada que duró prácticamente una década, la de los 80 del siglo pasado y principios de los 90. Allí vinieron sus principales éxitos y sus sintonías no sólo se oían en todas las radios, chiringuitos, piscinas, discotecas, sino que además era cabecera de programas de televisión, música ambiental de documentales y producciones varias, y como emblema del grupo cabe destacar aquel célebre «Me estoy volviendo loco» que fue la canción de la Vuelta Ciclista a España de 1982.

Sin embargo, la gallina de los huevos de oro se quebró y Joaquín Montoya abandonó el proyecto. Su compañero Carlos pasó a liderar el grupo y en teoría sigue funcionando, pero con tan pésima popularidad y difusión que realmente pareciera que ya no funciona. De hecho, los de mi época pensarán que aquel grupo murió hace mucho pero que mucho tiempo. Y lo que es peor, siendo un recurso de segunda o tercera fila que deja en mal pie todo el legado de aquella etapa de ensueño.

Pese a ello yo me quedo con aquella década, con ese Azul y Negro, que ya digo, no sólo sonó en España sino que fue un impacto a nivel mundial. Estamos no sólo ante el primer grupo de música tecno en España, sino también uno de los primeros a nivel mundial. Aunque pioneros fueron los Jean Michel Jarre o los alemanes de Kraftwerk, como estandartes más icónicos o conocidos, no es nada arriesgado concluir en que Azul y Negro impuso un sello propio, mucho ritmo, sintetizadores, con predominio de la música pero sin desdeñar alguna letra no demasiado elaborada para adornar el sonido.

Cuando digo que a un joven le puedes poner ahora cinco temas y es posible que los reconozca, a los de mi época nos pueden poner diez o quince y nos van a sonar sí o sí. Particularmente entrañable me resulta aquel programa de la tarde de los sábados en TVE llamado «Los sabios», cuya sintonía de cabecera era aquel mítico «Hitchcock makes me happy». Qué buenas tardes con aquel programa de los que ya no se ven, para adolescentes y de cultura, ¿cuántos hay ahora? La presentadora era una Isabel Gemio (por aquel entonces se hacía llamar Isabel Garbí) un tanto modosita y algo verde, y aquel M.I.M. (Mi Inteligente Muñeco) que hacía las delicias de todos los jóvenes que nos acercábamos a ese escaparate del conocimiento general, devastado a lo largo de los años y cubierto como muchos programas interesantes por la basura de chicos y chicas tatuados de Mujeres Hombres y Viceversa o comoquiera que se llame, o la bazofia de los Sálvames y programas del corazón afines de cada cadena televisiva.

Y es que al hilo de lo anterior, Azul y Negro trataba de trascender el ámbito doméstico, no solamente con sintonías pegadizas, rítmicas, sino que sus temas se cantaban originalmente en inglés e incluso en alemán, eran muy cosmopolitas, y a buen seguro que hicieron sus pinitos allende nuestras fronteras, celebrando algún que otro concierto.

Del mismo modo que Azul y Negro pretendía ser un pionero de esta música del futuro, esta tendencia también la proyectaban en su producto final, no en vano se dice que fue el primer grupo español en editar un disco en digital, concretamente en 1984 sacaron unas doscientas copias de su álbum «Suspense», cuando por entonces existían muy pocos aparatos que reprodujeran CD (la primera vez que yo vi uno fue en 1985), tal y como lo concebimos hoy día, tecnología por otra parte más que superada.

En cualquier caso, mi homenaje, como ya he comentado antes va para el Azul y Negro primigenio, y es que en música no ocurre como en otros ámbitos de la vida, donde has de renovarte o morir. En música no, en música si un proyecto ha funcionado no lo cambies ni hagas aventuras, porque no sólo te cargas el grupo, sino que también te cargas su historia.

Y con esto no quiero quitar mérito a los dos creadores del grupo, ambos con una sólida formación musical, el más «moderno», García-Vaso, que en los 80 era muy llamativo con su pelo tintado de rubio y que mantiene vivo el grupo, y Joaquín Montoya, que nunca ha abandonado la música aunque desde un aspecto privado y pedagógico, un artista que es doctorado en música y que tuvo un Premio Extraordinario Fin de Carrera, casi nada al aparato.

Por cierto y para concluir este breve y humilde panegírico, parece ser que el nombre del grupo tiene un origen un tanto friki, y es que al productor musical le gustaba mucho el fútbol y quiso plasmar en el nombre los colores del equipo italiano del Inter de Milán, el conjunto Nerazzurro.

domingo, 26 de julio de 2015

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA HALTEROFILIA, EL CUERPO Y LA MENTE AL LÍMITE

Hossein Rezazadeh
No puedo negar que, como buen amante del deporte, hay deportes que me gustan más y otros que me gustan menos. Aunque bien es cierto que los que me gustan menos, son valga la redundancia, los menos. Nunca he hablado en este blog de la halterofilia y eso que me parece un deporte muy atractivo, que apenas veo en las retransmisiones en abierto más allá de los Juegos Olímpicos, pero no estoy al margen de las evoluciones de nuestros deportistas patrios en competiciones internacionales, y suelo estar conectado cuando hay campeonatos mundiales o europeos.

Lamentablemente la halterofilia es uno de esos deportes que está siempre bajo la sombra de la duda, acuciado por esa mancha del dopaje que enrarece tanto al sano deporte practicado en condiciones de igualdad. Probablemente el ciclismo sea el deporte al que más daño le ha hecho el dopaje, igualmente al atletismo, y en la halterofilia y en general en los deportes de fuerza, raro es el campeonato en el que no se descubre a algún impostor, por nombrar con una palabra fina al referido tramposo.

Y es que esto del dopaje es de lo que peor me sienta en el deporte, porque aparte de jugar con ventaja, supone una invasión en el organismo humano que, en no pocos casos, se ha cobrado víctimas cuando se ha dejado con posterioridad la profesionalidad. El saber si los resultados deportivos que vemos cada día son reales o están mediatizados o manipulados por ayudas externas en forma de inyecciones, transfusiones, pastillas..., es una cuestión que no sé si en un futuro resolveremos, a día de hoy todos sabemos que hay deportes donde esto se trabaja a distintos niveles, y lo peor de todo, es que es indetectable, o lo que es lo mismo, que los malos siguen yendo por delante de los buenos, y que las investigaciones para solapar o borrar las huellas del dopaje avanzan con más rapidez y precisión que los mecanismos para averiguar de forma fidedigna si tal deportista se ha dopado.

Por cierto, para muestra un botón, hace apenas unos meses conocimos la experiencia de un periodista de la BBC que quiso poner a prueba el pasaporte biológico, se sometió a inyecciones de EPO, o eritropoyetina (sustancia natural que producen los riñones), consiguiendo un evidente avance en resultados deportivos como aficionado; en este sentido, las pruebas de detección de esta sustancia resolvieron que no se había inyectado. Y hay que subrayar que todo esto fue realizado de forma un tanto chapucera y con la ayuda de médicos no especialistas en la materia, siguiendo instrucciones a través de manuales por Internet. Por cierto que la eritropoyetina fue conseguida también en Internet, de forma fácil, comercializada desde China, es decir, al alcance de todo el mundo, muy barata para un deportista que pretende incrementar de forma sustancial sus resultados deportivos.

La halterofilia podríamos decir que es el deporte de fuerza por excelencia, no hay músculo, hueso, tendón, articulación del cuerpo humano que no esté comprometido cada vez que se levanta la barra con sendas colecciones de pesas a cada lado de la misma. Pero aparte de eso, el aspecto mental es esencialísimo, muchos deportistas llevan en su cabeza la confianza de que lo van a conseguir, como lo duden lo más mínimo, eso puede poner en riesgo su intento. A este respecto, resulta tan interesante como la competición deportiva, el ver lo que se cuece entre bambalinas, en la sala aledaña al espacio principal de competición donde los deportistas se encuentran calentando, siguiendo las instrucciones de sus preparadores, escuchando música..., cada cual se relaja y se motiva a su manera. En los instantes previos al levantamiento se sucede toda un ceremonial muy particular en cada deportista, es como que si no se hiciera esto te falta algo, el toque final. Unos huelen alguna sustancia muy penetrante, suelen ser sales de amoníaco, para activarles del todo; otros reciben severas palmadas en brazos, piernas o espalda de sus entrenadores; otros gritan...

La halterofilia es un deporte que por su propia esencia es barato, basta con disponer del equipo inicial, barras, pesas y otros materiales propios de un gimnasio, y ese equipo puede durar muchísimos años. Para los deportistas el material más costoso seguro que es las zapatillas, son especiales, pues se hacen casi a medida, con alzas en una parte del pie para contribuir a la estabilidad del haltera cuando ha de levantar cargas tan pesadas.

Podemos decir que la halterofilia, con sus singularidades en cada época, ha existido casi desde el inicio de la humanidad, el levantamiento de peso ha sido la prueba más palpable para medir la fuerza de un ser humano. De hecho, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna ya estuvo presente este deporte. Entonces se llevaba a cabo el levantamiento con una sola mano y con dos manos, este último es similar al actual levantamiento en dos tiempos.

En los Juegos de 1920 prácticamente la configuración competitiva de este deporte quedó tal como hoy la conocemos, es decir, hay dos tipos de levantamiento. El primero es el de arrancada, el deportista levanta la carga en un solo esfuerzo desde el suelo hasta por encima de su cabeza, agachándose del todo, situando sus brazos con una abertura más amplia que en los dos tiempos, y manteniendo la barra estabilizada arriba durante unos tres segundos y sin desplazarse en la tarima con los pies, tiempo en el que los jueces determinan la validez del levantamiento, pulsando verde en caso de intento válido y rojo al contrario, puede que alguno decida en contra de los otros, pero se prioriza la decisión de los otros dos. Este mecanismo opera en los dos tiempos o envión (clean & jerk en inglés), la diferencia en este tipo de levantamiento, es que el haltera lleva en el primer tiempo la barra entre la barbilla y los hombros (abertura de brazos más estrecha que en la arrancada) y en el segundo tiempo la levanta por encima de la cabeza, dando el empujón final moviendo las piernas con rapidez, una delante y otra atrás, aunque últimamente hay levantadores, sobre todo muchas féminas que abren piernas en paralelo, para igualar a continuación.

Es curioso, pero para los que no somos duchos en la materia, si tuviéramos que levantar una barra lo haríamos cubriéndola con nuestro pulgar por fuera y los cuatro dedos restantes a continuación, sin embargo, la mayoría de los levantadores realizan la técnica de enganche, que consiste en cubrir la última articulación del pulgar con los otros dedos de la misma mano al momento de agarrar la barra.

Por cierto, la barra en sí no es moco de pavo, la masculina pesa sola sin discos, veinte kilos, y cinco kilos menos para mujeres. Con todo y con eso, pese a esa resistencia y solidez aparente de la barra, en las categorías de más peso es normal observar como la barra se arquea por el centro, lógicamente sin llegar a partirse nunca.

Lo que sí se pueden partir son articulaciones e incluso huesos, las exigencias de la competición son tales que muchas veces los deportistas llegan a intentar levantar pesos para los que no están física y psicológicamente preparados, y en el momento crítico el peso se les viene encima, generando consecuencias funestas. La última incidencia la vi hace apenas quince días con ocasión de los Juegos Panamericanos cuando una haltera venezolana se desmayó en plena cargada.

A propósito, la competencia en Juegos Olímpicos es mayor que en campeonatos mundiales y continentales, toda vez que en los Juegos solo se reparten medallas para el total olímpico, o sea, tres medallas por categoría de peso, mientras que en los otros campeonatos se opta a medallas en arrancada, dos tiempos y también para el total olímpico.

La elección del peso a superar es una estrategia vital para la competición y esto se decide en el momento. Se dispone de tres intentos y se suele decir que el primer intento es para asegurar, es decir, para lograr un peso que se domina, que estás convencido de que lo vas a levantar. El segundo intento es para alcanzar tu marca, esa que es tu límite hasta ese momento, un peso factible aunque duro. El tercer intento (siempre y cuando los otros se hayan superado) es el del éxito, el de superar tu mejor marca de siempre, algo que tus competidores también quieren llevar a cabo pero que si tú consigues tensa la cuerda al resto. Y dicho esto, la cuerda está tensa siempre, porque uno no decide peso hasta que no ha superado un intento, y va viendo lo que piden los otros que ya han superado, considerando que se empieza por pesos pequeños y a la barra se van sumando discos a cada lado, hasta alcanzar el máximo peso pedido por un competidor.

Es absolutamente accesible visionar en Internet los récords del mundo de cada categoría, así resulta impresionante ver el levantamiento del plusmarquista mundial en dos tiempos, el iraní Hossein Rezazadeh en la categoría de +105 kg., que fue capaz de alzar sobre su cuerpo nada menos que 263 kg. Todo un ídolo en su país por ser el primer deportista iraní en conseguir dos medallas de oro en unos Juegos Olímpicos, Sydney 2000 y Atenas 2004.

Halil Mutlu
Si impresionante resulta ver a este gigantón persa levantando tal peso, con esa barra que visiblemente se dobla ante la presión de sus extremos, no menos sorprendente es ver a los del peso «pluma», esos que no sobrepasan los 60 kg. y que son capaces de levantar tres veces su propio cuerpo; por citar alguno de los más famosos, está el célebre turco Naim Suleimanoglu, apodado el Hércules de bolsillo, o el también turco Halil Mutlu, también muy bajito (probablemente con problemas de crecimiento en su niñez).

Este Mutlu ha sido uno de los más laureados en la historia de este deporte siendo tres veces campeón olímpico en menos de 56 kg. y, sin embargo, en 2005 fue suspendido por dos años por consumo de esteroides anabolizantes, ¿se dopó en ese momento y antes no? Lamentablemente es como comentaba al principio, no sabemos muy bien la legitimidad de las medallas que se vienen consiguiendo en este deporte.

¿Quiénes son los dominadores actuales de este deporte? Pues deportistas chinos y chinas, ¿les suena? Es sospechoso, que en un país donde las leyes contra el dopaje son tan suaves y el acceso a medicamentos prohibidos en Occidente sea tan factible, se controle tanto un deporte en la más alta competición. Esto es lo de siempre, vencerá el que más invierta en esta carrera, por el momento los malos van ganando.

Lidia Valentín
Mientras tanto, no miremos a esto demasiado y disfrutemos de este antiquísimo deporte y tan propio de la naturaleza humana, la medición del ser humano de su fuerza, de su propio poderío físico.

En España no vamos mal situados, lógicamente destacamos más en Europa, a nivel mundial es otro cantar. La deportista más brillante en la actualidad es la leonesa Lidia Valentín, y en categoría masculina el joven sevillano Josué Brachi, con mucho futuro por delante. En Linares existía y existe tradición con el club San Juan Bosco, recuerdo que llegamos a tener hace años algún deportista en la élite española, e incluso hace unos treinta años llegué a ver allí un Campeonato de España.

viernes, 17 de julio de 2015

LA MOTORETTA Y LA PEQUEÑA HISTORIA DE MIS BICICLETAS

MI VIEJA MOTORETTA
Pues debía correr el año 1981 o 1982 no recuerdo bien, pero en todo caso, principios de aquella mítica década de los 80 del siglo pasado (plena juventud para mí) y después de mucho insistir a lo largo de los años, mi padre accedió a comprarnos la tan ansiada bici. Era el sueño de cualquier niño de mi época, era el súmmum de los regalos de Reyes. Se hizo de rogar, imagino que porque mi padre era muy reticente a asumir el riesgo que corríamos, porque esto es implícito a la bicicleta, que tarde o temprano te pegas un golpe más o menos gordo.

En cualquier caso, aunque tuviera unos doce años tampoco vino tardía a decir verdad, porque el modelo que nos compró era ya una bici grande, de modo que valiera para mí, para mi hermano mayor y para mi hermana que venía por detrás de mí, o sea, visión de futuro. Cualquier otra opción prematura, hubiera implicado adquirir alguna bici infantil que más pronto que tarde se nos haría pequeña.

Seguro que si le pregunto a mi padre sostendrá que apenas la utilizamos, o sea, que ni siquiera se llegó a amortizar. Yo puedo afirmar que sí, no fueron muchos años verdaderamente, pero los que estuvo conmigo en aquellas temporadas, a pleno rendimiento, sí que me permitieron hacer muchos kilómetros, le saqué mucho partido.

LA MÍTICA RABASA DERBI
Y he querido recordar este agradable hueco de mi pasado porque aquella bici que mi padre nos compró tenía su encanto, tenía un no sé qué, era de esas de las que hablaba todo el mundo, y eso hacía que pareciéramos más importantes, era la Motoretta de G.A.C., ahí es nada. ¡Estábamos en la cresta de la ola!, la Motoretta competía con otras míticas bicicletas de características similares que se hicieron muy populares en aquella época, la Rabasa Derbi, la Torrot, la Bicicross de BH... Yo ya sabía montar en bici, fue una Semana Santa en casa de mis primos de Villanueva de la Serena (Badajoz), me caí varias veces, pero terminé por controlar el artefacto mecánico.

También la rememoro por dos razones más, la primera es que no hace mucho vi en Internet a un individuo que subía y bajaba puertos con una bicicleta de estas en plan rompepiernas, porque caber recordar que esas bicicletas no tenían cambio alguno, es decir, un plato y un piñón, y nada de amortiguadores como ahora, más gráfico imposible. La otra razón es que mi Motoretta sigue viva en Begíjar (se muestra en la foto que inicia esta entradilla), arrumbada junto con un montón de trastos. La rueda delantera estaba por allí, me confirmó mi padre, y eso quiere decir que si tuviera un subidón retro alguna vez, el arreglo sería simple, engrasar la cadena, ponerle cable de frenos, cámaras nuevas y ¡a correr!

La estética de aquellas bicicletas contrasta con la actual, entonces eran unas bicis pesadas, con ruedas gorditas, un sillín grande y mullido, y un manillar alto, todo para llevar una postura relativamente cómoda, bastante erguido, al más puro estilo «Verano azul» que obviamente es de mis hierbas. Ya se sabe, las de hoy, las de montaña, son más livianas, ruedas algo más finas pero con un radio mayor, sillín de carreras y estructura que te obliga a doblar más la espalda, algo que afecta sí o sí a tu integridad. Las bicicletas de paseo son las menos en las tiendas especializadas, y prácticamente no ves a nadie con una bici de ese tipo, la bicicleta de montaña se impuso hace ya veinte años y mantiene ese liderazgo, con numerosos avances que cada vez la hacen más ligeras, con más cambios, amortiguación, frenos de disco...

No obstante, la Motoretta pese a su apariencia estética de bici de paseo, en realidad, tenía una acusada deriva hacia el motocross y, de hecho, esa posición erguida te permitía echar hacia atrás el cuerpo y conseguir los célebres caballitos que tanto gustan a niños y jóvenes. Por entonces, había detrás del bloque de enfrente de donde vivía un amplio descampado, en el mismo se sucedían de forma caprichosa promontorios de varias alturas en los que yo hacía mis pinitos y lograba hacer unos saltos muy respetables. Después me «especialicé» en ciclocrós en el mismo lugar y, salvando las distancias, quería emular a esos belgas y holandeses que con su bici de carreras subían y bajaban montañitas y se ponían perdidos de barro. Allí me hice mi propio circuito en el que disfrutaba durante muy buenos ratos en solitario queriendo ser en un futuro una estrella de esa disciplina deportiva en la que España jamás había sido nadie.

Junto con todo esto, alternaba mi amortización de la Motoretta con excursiones fuera del barrio y fuera de Linares, y sin miedo me metía decenas de kilómetros entre pecho y espalda, con la bici tocho, sin cambios ni amortiguadores, casi a la aventura.

Y ocurrió, mis padres no las tenían todas consigo con el asunto de la bicicleta y yo insistía en que sus temores eran infundados, porque yo manejaba bien, pero al final se fundaron, es decir, que me la pegué. Fue un sábado de invierno por la mañana, y la Motoretta que tenía mucha tralla y muchos golpes, andaba con el pedal derecho medio partido. Íbamos un amigo del barrio y yo a Vilches, para el que no lo sepa para subir a Vilches que está en una loma viniendo de Linares, hay una cuesta considerable para llegar con rampas muy serias. A la vuelta el pedal se terminó de romper, y optamos por seguir de forma algo más penosa apoyando mi pie derecho en los apenas dos o tres centímetros de hierro que antes fue pedal y que había quedado vivo y, sobre todo, haciendo el mayor gasto con la pierna izquierda. Pero en una bajada, intentando meterle caña a mi bici-tocho, pues se me escapó el pie derecho del mini trozo de metal y metí el pie en la rueda delantera, la Motoretta saltó por los aires y yo aterricé con todos los morros.

Total, la cara hecha un cristo, lo más significativo es que mis dos incisivos centrales superiores me los había partido, uno de forma horizontal y otro en diagonal, aparte de heridas en manos, brazos y piernas. Pasaron por allí unos con un Land Rover y remolque y echaron atrás las bicicletas (la de mi amigo también) y nos llevaron a Linares. Aparte del susto inicial, mis padres confirmaron lo que nunca querrían que hubiera pasado: «Te lo dije». Me tuvieron que arreglar los dientes cuando terminé de crecer y seguro que mis padres se gastaron el dinero de tres Motorettas y a fuer de ser sincero que desembolsaron una buena suma, porque el dentista que me arregló la boca en Úbeda me estuvo mandando cartas a mi casa durante muchos años en el día de mi cumpleaños. Hizo un buen trabajo y, de hecho, mis incisivos de arriba antes eran más grandes, era algo dentón, y me los apañó estéticamente.

LA MOTORETTA 2
La Motoretta sirvió después, pero menos, aunque siempre tuve un grato recuerdo pese a aquel luctuoso incidente del que tengo testigos en mi boca. Y ese tipo de bicis evolucionaron en muy poco tiempo, de hecho, los competidores de la Motoretta (por cierto, bici fabricada en la localidad guipuzcoana de Éibar por G.A.C., siglas de Garate, Anítua y Compañía), con esos modelos de bicis que he referido con anterioridad llevaron a cabo la modificación principal en el asiento, en forma de L, al más puro estilo de las clásicas motocicletas Chopper, y rápidamente G.A.C. se puso las pilas y también se sumó a la onda, por lo que sacó al mercado la Motoretta 2 con ligeros cambios en la horquilla, pero con un sillín más deportivo y molón.

Por cierto, una curiosidad más de la Motoretta 1, el sillín, propio de un ciclomotor, era en realidad muy similar al de su hermano mayor y, de hecho, en la parte trasera de este sillín se leía Mobylette, y es que este ciclomotor con licencia francesa se fabricaba en G.A.C. desde los años 60, un clásico entre los clásicos que forma parte de la historia y el costumbrismo de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX.

Ahorraría después y con 24 años sucumbiría y me compré una bici de montaña que le saqué más partido si cabe que a la anterior. Una bici de marca estadounidense, aunque seguramente hecha en China. También me hacía muchas rutas en solitario por ahí. Fueron muchos años de ciclismo aficionado, carretera, montaña, caminos... Del mismo modo que con la vetusta Motoretta, tuve un golpe relativamente gordo con ella, iba por un camino a las afueras de Linares y bajaba una pendiente pronunciada, el camino era estrecho, y al girar en una curva y a buena velocidad que iba, me encontré un Mercedes verde que ocupaba todo el ancho del camino, no me dio tiempo a nada, sólo a lanzarme a la cuneta para no estrellarme contra el coche. Consecuencia, magulladuras por todo el cuerpo y rotura del metacarpiano del pulgar de la mano izquierda.

MI ACTUAL ORBEA
Ahora llevo algo más de un año saliendo con otra bici de montaña, una Orbea, que me tocó hace unos años en un sorteo de un grupo ciclista de mi pueblo y que, sin embargo, la tenía casi nueva, ya que prefería salir con mi perra a correr y ella me seguía muy bien el ritmo, con la bici era imposible. Lamentablemente mi perra me dejó en junio del año pasado y entonces desempolvé aquella bici que no me costó ni un duro, y ahora pedaleo más que corro. El riesgo está ahí, lo que pasa es que ahora lo limito mucho más que antes, tengo varias rutas fijas, sin sorpresas, y suelo no explorar caminos o carreteras que he rastreado poco o en las que directamente no he pasado.

Sin duda, puedo decir que el deporte al que más horas he dedicado en mi vida ha sido al atletismo, a correr, aunque por número de kilómetros seguro que he recorrido más con la bicicleta por obvias razones, y bueno, mucha parte de culpa la tuvo aquella Motoretta tan chula que hoy habita, un tanto descuidada y olvidada, en el desván de un pueblito de la provincia de Jaén.

viernes, 10 de julio de 2015

Y EL CAMPEÓN DE LA LIGA MASCULINA DE VOLEIBOL ES... EL REAL MADRID

Sí, sí, no es broma lo que reza en este titulillo, para los que son de mis hierbas tal vez puedan recordar que este titular hace poco más de treinta años era muy habitual y que el Real Madrid de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, no sólo ganaba las ligas de fútbol, baloncesto, sino también la de voleibol.

Voy a empezar por el final, tristemente la sección de voleibol del Real Madrid desapareció en la temporada 1982/83, y lo hizo, como se suele decir, en gloria, es decir, con el éxito a cuestas, pues se hizo con el doblete, Liga y Copa del Rey. Al parecer esta sección era deficitaria y los rectores del club, con Luis de Carlos a la cabeza en ese momento, decidieron dar el cerrojazo al voleibol y centrarse en exclusiva en el fútbol y baloncesto. Mala política a mi entender, considerando que el deporte tiene que ser necesariamente rentable, cuando en todo caso, tiene que ser autosuficiente, y si se perdía dinero había que adelgazar y ya está, pero no morir.

Alabo mucho y no me escondo, al referir en esta bitácora en alguna ocasión, la política de club del FC Barcelona, porque realmente es «más que un club», manteniendo otras disciplinas amén del fútbol, baloncesto y balonmano que son las más conocidas, también tienen otras, tanto profesionales como amateur, tales como hockey hielo, hockey patines, atletismo, fútbol sala, rugby, patinaje... E incluso, en el fútbol mantienen una sección femenina que ha sido este año campeona de Liga y es la base principal de la selección española que hemos podido ver en el Mundial de Canadá a principios de verano, y que ha generado tantos titulares. Creo que me siento un poco del Barcelona como amante del deporte, pero la utilización política de un sentimiento deportivo, y la ambigüedad con la que se mueven por toda España sus dirigentes es deplorable. Precisamente en el resto de España el club tiene más seguidores que en toda Cataluña y no quieren escuchar hablar de independencia (porque ya serían aficionados de un equipo extranjero), hace que no me representen, aun cuando me congratulo con los éxitos deportivos de muchas de sus secciones.

El Real Madrid mantiene un señorío en el fútbol y baloncesto que, sinceramente, contrasta con la falta de escrúpulos con la que han ido deshaciéndose de un montón de sus míticas secciones. Es más, cuando hay un nuevo período electoral no escucho a ningún candidato que quiera reactivar estas secciones, ni siquiera intentando hacerlo además desde el amateurismo, que es lo más fácil, y que es desde donde se construyen los auténticos proyectos deportivos, auspiciando convenios de colaboración con clubes existentes, donde el potencial de la masa social del Real Madrid daría una vuelta de tuerca a un montón de esos proyectos que hoy día son humildes y prácticamente anónimos. Para colmo, he escuchado que para la próxima temporada querían deshacerse definitivamente de su tercer equipo de fútbol, el Real Madrid C, algo que me parece fuera de lugar. Y es que no sé hacia dónde camina este club del que soy aficionado pero cada vez menos.

Aún recuerdo ver en algún Estudio Estadio, de esos que te echaban durante toda la tarde retransmisiones en directo y no programas enlatados o repeticiones de competiciones, como ahora, algún partido en el que el Real Madrid de voleibol era el protagonista, y como yo era del Real Madrid de fútbol y de baloncesto, por ende, también lo era de este.

Y para el que sea un incrédulo o tal vez un desconocedor de la realidad de esta sección madridista que con cierto bombo he querido llamar la atención a través del titulito de esta entrada, hay que decir que aun después de más de treinta años de su desaparición, el Real Madrid de voleibol sigue siendo el club más laureado de este deporte en España. Hasta hace un par de meses en solitario, pero con la consecución del Unicaja Almería de su décima Liga más nueve Copas del Rey, iguala los diecinueve títulos del Real Madrid que logró siete Ligas y doce Copas (entre Generalísimo y Rey). Eso sí, el Real Madrid de voleibol aún mantiene la conquista de seis dobletes, que por el momento sigue sin ser superado por ningún club.

En los últimos años de existencia donde mantuvo un gran nivel competitivo no sólo disponía de una nómina de reconocidos jugadores españoles, sino que contaba con uno o dos jugadores extranjeros de gran nivel que le otorgaban mayor calidad, si cabe, al equipo. Tal vez los nombres más sonados de aquel equipo que expiró en 1983 fueron Fernández Barros y Sánchez Jover, y he subrayado estos, porque para los amantes de este deporte, aunque sean jóvenes, quizá los hayan oído nombrar en los últimos años en algún club, pues se han mantenido vinculados al voleibol en su faceta directiva o como entrenadores.

El equipo jugó hasta mediados de los 60 en el Frontón Fiesta Alegre de Madrid, y después con la construcción del Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid (luego llamado Pabellón Raimundo Saporta), fue allí donde disputaría sus encuentros como local.

El Real Madrid era el estandarte del voleibol nacional en la década de los 60, 70 y principios de los 80, y lo hacía en el nivel en el que se movía y se mueve este deporte en este país, es decir, en la clase media europea, y yo diría que media baja a nivel mundial, salvo alguna época dorada entre finales de los 90 y 2007, año en el que sorprendentemente se logró el Campeonato de Europa de selecciones, aprovechando una gran generación representada muy especialmente por Rafa Pascual el mejor jugador de voleibol español de la historia y uno de los mejores del mundo en su momento. Pues eso que el Real Madrid era el líder en España y en las competiciones europeas no destacó demasiado, no tiene ningún logro digno de mención, ante el empuje de países balcánicos y centroeuropeos que siguen siendo los referentes de este deporte en nuestro continente.

La verdad es que aún mantengo en mi retina el recuerdo de esos jugadores con camisetas del Real Madrid pero jugando y ganando al voleibol, un deporte plástico y estético como pocos, siempre espectacular, y que además, tiene un carácter que lo separa de otros deportes y es que en el voleibol no hay contacto físico entre los equipos, existe mucha deportividad, escasa marrullería y las mayores disputas son siempre protestas por decisiones arbitrales.

Cuando un proyecto muere, sobre todo si es deportivo, nunca cesan las voces que pretenden resucitar lo que está muerto. Al hilo de esto siempre se ha oído hablar del reflotamiento de antiguas secciones del Real Madrid, entre ellas el voleibol, pero también el atletismo, hasta hay una cuenta de Twitter de la que yo he sido seguidor (dejé de seguirla porque nadie la movía), y en la que un grupo de aficionados pretenden hacer emerger esta sección con los colores y la enseña madridista.

Reitero que lejos de la megalomanía que asalta los deportes de masas, en especial el fútbol, construir otros deportes desde la base no es costoso, y es muy fructífero desde el punto de vista social, tal y como hace el FC Barcelona. Yo abogo por que el Real Madrid, fuera verdaderamente más que un club y pudieran ver la luz algunos de las muchos deportes que antaño llevaban este escudo tales como balonmano, lucha, béisbol, rugby, remo, piragüismo, tenis, halterofilia, ajedrez, lucha..., por citar algunos de los más de treinta deportes que se potenciaron desde la entidad blanca.

sábado, 4 de julio de 2015

NIGHTNOISE, LA MEJOR FUSIÓN DE JAZZ Y MÚSICA CELTA

Hace veinticinco años que me metí en este mundillo de la música New Age, y por aquel entonces apenas unos pocos éramos los que compartíamos los escasos discos que intentaban hacerse hueco en las tiendas del ramo, que en aquella época gozaban de un éxito arrollador, casi olvidado hoy día donde apenas subsisten en las grandes ciudades o en hipermercados y grandes almacenes.

Esa música nos la traían gurús de la comunicación tan camaleónicos como Ramón Trecet, con su mítico programa Diálogos 3, a la hora de la siesta; y también recuerdo otro espacio, este en M80 Radio, que se llamaba Música privada, y que se emitía en las primeras horas de la madrugada.

Cualquier dato al respecto de estas nuevas músicas, suponía para los jóvenes que nos adentrábamos en esta movida, un cúmulo de comentarios y ante todo un deseo de poder contar en un futuro con alguno de esos discos, que los rectores de esos programas decían traer de Estados Unidos.

El caso es que circulaba entre nosotros una especie de mafia buena, de la que se derivaba que alguien que había conseguido un disco se lo grababa a otro, ese otro a un tercero, y así sucesivamente, cuando no se grababa directamente de la radio, con la escasa calidad que aquello tenía. Ese mercadeo de cintas de casete nos trasladaba una jerga que si hoy nos la escucharan nuestros jóvenes creerían que hablamos en chino. Las cintas de hierro, baratas y populares; las de cromo, más caras pero para algo más sofisticado que querías que fuera duradero; y las metálicas, estas eran profesionales y de precios prohibitivos para los jóvenes (yo nunca las vi). Todavía tengo en mi casa una bolsa con decenas de cintas, de las que no me deshago por cariño, porque, de vedad, jamás volveré a escuchar.

Uno de esos grupos que sonó en mis primeros años de accesión a la New Age fue este Nightnoise, realmente su música me parecía la quintaesencia de estos nuevos sonidos que aparecían como una revolución musical, una especie de revisión de sinfonías clásicas actualizadas. Aun asumiendo que, reitero mis calificativos, era una música suave, dulce, sedosa, alegre, vital. Te daba la sensación de ser algo elaborado con mucho gusto. Fabricada sin letra en la mayor parte de las composiciones, para provocar en el oyente un cúmulo de sensaciones; me imaginaba y me imagino que la música sin letra es como un libro sin imágenes, en el que tu mente debe hacer un esfuerzo para evocar lo que se transmite, al igual que imaginas la cara de los personajes de una novela por su descripción física.

Por cierto que en aquella época, aparte de dominar el nombre de no menos de veinte grupos, de ciudades estadounidenses en las que se vivía el movimiento con mayor presencia, también controlábamos algunos vocablos o expresiones propias. Por ejemplo «Windham Hill», se trataba de un sello discográfico que se había especializado en música New Age, y en aquellos tiempos (finales de los 80) apenas nadie era alguien si no se había acercado a aquella casa. De hecho, yo tengo todavía algún disco en cinta, que es algo así como «lo mejor de Windham Hill». A propósito, Windham Hill, hoy bajo el paraguas de Sony Music, fue creada por el guitarrista William Ackerman, uno de los padres de la New Age tal y como la concebimos actualmente y su antigua esposa Anne Robinson.

Pronto se hizo eco Windham Hill de la oportunidad de explotar a Nightnoise. El grupo nació fruto de la fusión de estilos, algo que en los 80 se atisbaba como la verdadera piedra filosofal de la New Age. Previamente a ello, hay que decir que se vivió en los años 70 en el mundo musical una especie de moda por la música popular irlandesa (celta), cuyo encumbramiento se vivió con el mítico grupo Clannad, del que salió la mediática Enya. Como consecuencia de ello otros grupos en Europa también se hicieron eco de ese gusto por la música étnica y en España también tuvimos nuestras secuelas, Celtas Cortos, salvando las diferencias, fue tal vez el proyecto más reconocible aunque formado ya en los 80. Hay que decir que la música celta, por su sonoridad y armonía, ofrece el perfil de mezclable y adaptable a otros estilos musicales.

El guitarrista irlandés Micheal O'Domhnaill participó en muchos proyectos musicales y era, de algún modo, uno de los estandartes de la música gaélica en esa década de los 70. Fue en una gira por Estados Unidos cuando Micheal quiso dar una vuelta de tuerca a su vida profesional y conoció al violinista estadounidense Billy Oskay especializado en jazz. Y ahí nació la fusión de música irlandesa y jazz en Nightnoise que tanto éxito les reportó, y en el que participaron Triona, la hermana de Micheal, vocalista, flautista y pianista, el flautista irlandés Brian Dunning, así como el violinista escocés Johnny Cunningham.

Como he referido, tuvieron unos años brillantísimos en la década de los 80, gracias a esa fusión bellísima que no tenía altibajos, y sí guiños a otros estilos tales como la música clásica, folk norteamericano, música cósmica y world music. Fueron evolucionando, bien es cierto, como cualquier otro grupo, pero nunca perdieron el norte de su estética.

Yo particularmente me decanto por un disco recopilatorio llamado «A Windham Hill Retrospective – Nightnoise» editado en 1992, con algo más de una hora de deliciosa música, muy bien tratada, con delicadeza y que estoy convencido de que el escuchante que acceda a oírla no quedará defraudado.

Aunque técnicamente este proyecto musical no se disolvió de manera formal nunca, tristemente sus emblemas fallecieron prematuramente, en particular Micheal O'Domhnaill en 2006 con 54 años, y antes Cunningham de un ataque al corazón en 2003 con 46 años.

Nightnoise estuvo de gira en España en 1997 y son muy gráficas unas declaraciones de Brian Dunning en las que señalaba a medios de comunicación de nuestro país, al hilo del éxito que tenía su grupo que «la gente está harta de música prefabricada para el consumo».

En definitiva, el recuerdo imborrable de un grupo inolvidable para la gente de mi época que nació casi a la par que yo a estas nuevas músicas.

sábado, 27 de junio de 2015

"LA PROMESA DE GERTRUDA", DE RAM OREN

Ya lo he comentado en alguna ocasión cuando he traído a este blog algún libro, de los que asiduamente devoro, relativo al exterminio que ejerció la Alemania nazi contra la población judía durante la 2ª Guerra Mundial, que salvarse, escapar de aquella barbarie fue una cuestión de suerte, de picardía o de oportunidad, además, ni por este orden ni necesariamente todas juntas. Podemos decir que la maquinaria de devastación no controlaba en su totalidad esto, porque los avatares del ser humano son inescrutables y simplemente hay gente que sobrevivió por una serie de circunstancias y gracias a Dios nos ofreció su testimonio para que no olvidáramos jamás lo que ocurrió.

Un poco de suerte, oportunidad e incluso de picardía, sí que se unieron para que los protagonistas de esta bella historia, la historia de Gertruda Babilinska y Michael Stolowitzky, pudieran salir de aquel infierno.

Varias notas muy particulares separan esta historia de otras que he leído sobre la misma temática en los últimos tiempos. Para empezar hay que decir Michael era el hijo de una potentada familia judía polaca, su padre Jacob Stolowitzky tenía fábricas por toda Europa y cientos de trabajadores a su cargo, sus negocios florecían y eso le permitía llevar un gran nivel de vida, residiendo en una mansión en el centro de Varsovia donde se daban cita de vez en vez lo más granado de la aristocracia, política y empresariado de aquel país antes del conflicto bélico. Gertruda, por otro lado, era una joven católica, culta y de procedencia humilde y de una zona rural, que será la cuidadora del pequeño Michael.

Por otro lado, paralelamente a la historia de Gertruda y Michael, se cuenta también la de un oficial nazi, Karl Rink, un hombre bueno, casado con una judía, a la que sus propios compañeros liquidan, y con una hija a la que en el inicio de la guerra, manda a un campo de refugiados en Palestina. Rink comete un terrible error en su vida que es el de adherirse al partido nazi en un momento en el que estaba parado; lo hace como una salida laboral y porque en los primeros momentos del nazismo, este partido proclamaba una serie de mejoras en Alemania en un momento de crisis económica (¿nos suena?). La deriva posterior fue la que todos conocemos, y Rink convertido en oficial de las SS, busca poder vengar a su mujer, volver a ver alguna vez a su hija, y a la par intentar desde su privilegiada situación el trato honesto, cuando no la salvación, de un buen número de judíos.

Se tiene como el principal detonante del inicio de la 2ª Guerra Mundial la invasión de Polonia por el ejército nazi, y aun cuando ya se vivía cierto tufo en Europa de odio a los judíos, el punto de mira hacia este pueblo se ajustó. A esta familia la obligada huida le llega en el peor momento, pues el Sr. Stolowitzky está cerrando un negocio en París y se ve impedido de volver a su país y no sólo eso, sino que es imposible establecer comunicación con los suyos.

Con las lógicas prisas y la locura imperando en las calles de Varsovia, la familia Stolowitzky, Michael y su madre (Lydia Stolowitzky), Gertruda y el chófer de la familia (Emil), cogen unas pocas pertenencias, dinero en metálico y joyas. Su destino la capital lituana, Vilna, donde al poco de llegar conocerán la crudeza de la condición humana, pues el chófer se revela como un traidor e incluso confirma que ya lo era antes, y deja a la familia prácticamente tirada en la calle.

Las dos mujeres y el niño se ven abocadas a la miseria y Lydia Stolowitzky fallecerá al poco tiempo, aparte de enfermar, víctima también de una pena irremediable. En su lecho de muerte Gertruda le prometerá llevar a su hijo a la tierra prometida de los judíos, a Palestina, y no separarse de él.

Mientras, la vida del padre, Jacob Stolowitzky, caminará por otros derroteros, desolado, casi sin esperanza de volver a ver a los suyos, llegará a contraer matrimonio con una joven italiana, trasladándose a un pueblo recóndito de ese país, donde se enclaustrará, aunque finalmente será encontrado por los nazis y asesinado por estos.

Los esfuerzos y malabarismos de Gertruda para mantener al pequeño Michael se redoblarán, no sólo para conseguir su sustento y cuidar de su salud, sino para preservar el secreto de su origen, lo cual que se desvelaría con algo tan simple como desnudar al niño, pues por su condición de judío estaba circuncidado; precisamente un buen día paseando por las calles de Vilna se tropezarán con un grupo de las SS, comandado por Karl Rink, el cual termina por conminar a sus huestes para que no los incordien y muy seguramente salvaría la vida del pequeño.

Gertruda se convertirá en la madre adoptiva, sin papeles, de Michael Stolowitzky y después de muchas vicisitudes, y la feliz noticia del fin de la guerra y de su supervivencia, es cuando Gertruda debe dar cumplimiento a su promesa. Sus penurias no acabarán, pues formarán parte del contingente de emigrantes ilegales que a bordo del Exodus en 1947 tratan de entrar en el que muy pronto se convertiría en el nuevo estado de Israel. Otro testimonio histórico digno de repasar, de hecho, hay una película sobre esta odisea que vi una vez a trozos y tengo intención de visionar en breve.

Tras no pocas peripecias finalmente se instalarán en Israel, donde Gertruda y Michael llevarán una vida humilde y tranquila, aunque quedaban dos asuntos pendientes, uno era el recuperar la inmensa fortuna de la familia Stolowitzky que estaría en tres bancos suizos, y el otro, el de rendir tributo a aquel oficial de las SS que tuvo un gesto de humanidad y que los salvó de una muerte prácticamente segura.

Un joven Michael Stolowitzky acudiría a Suiza para reclamar su fortuna, pero la mucha ilusión sin papeles que le avalaran, puso freno a sus expectativas; se enfrascó en todo un laberinto burocrático, en el que finalmente llegaría a conocer a la segunda mujer de su padre, y con su ayuda llegarían a conseguir una mínima cantidad de aquella fortuna; los bancos suizos le pusieron infinidad de trabas (Suiza, ese país tan idílico en el que sus bancos acogen hoy las fortunas de medio mundo procedentes de la corrupción, qué curioso).

Por otro lado, Karl Rink se le reconocería su valor y humanidad, tristemente falleció poco antes de reencontrarse con su hija, pero Michael y Gertruda sí la llegarían a conocer. Gertruda que siempre fue católica pero que ya vivió para siempre en Israel, fue nombrada Justa entre las Naciones en 1963, por Yad Vashem, institución creada en memoria de las víctimas del holocausto.

Aquella terrible guerra sepultó las almas de aquella acaudalada familia polaca, de hecho, la grandiosidad de la mansión en la que vivían se denota en que la misma fue utilizada como sede de un ministerio tras el fin del conflicto.

En definitiva, una bella historia del corazón, dura también, que para los que somos padres adoptivos nos llega muy adentro, y un testimonio que, como siempre intento que así sea, nos tiene que seguir dejando poso para entender todavía mejor la realidad actual en determinados aspectos.

Por cierto, Gertruda Babilinska fallecería en 1995 y Michael Stolowitzky, instalado actualmente en Estados Unidos, ha sido profesional del turismo, y hay muchas entrevistas suyas en Internet que recalcan aquella aventura de muerte, terror y esperanza.

domingo, 21 de junio de 2015

LA DICHOSA SELECTIVIDAD SIGUE SIENDO UNA INADAPTADA

Corría el año 1986 y yo pasaba por el trance o por el trámite de la Selectividad, ya ha llovido un poco. Era como una especie de rito iniciático, el viajar a la capital (Jaén) no muy común para mí, el hacerlo en un autobús de dos plantas repleto de estudiantes y el afrontar por primera y única vez en mi vida esta prueba que por la propia raíz de la palabra, venía y viene a ser como una especie de criba o tamiz para el acceso a la universidad.

Las pruebas se desarrollaban con relativa normalidad y con los nervios propios de una prueba en la que te jugabas tu futuro, aunque en el peor de los casos y salvo hecatombe, perdías un año. Y ahí llegó la anécdota que siempre que puedo rememoro cuando se habla de este asunto; no sé qué prueba se estaba haciendo, si era inglés o lengua, pero en todo caso era una asignatura de letras, porque yo hice letras en el Instituto, y un alumno o alumna levantó la mano y quiso hacer una pregunta al profesor – controlador que en ese momento se encontraba en el aula, un aula inmensa donde podríamos estar perfectamente 100 personas. Aquel profesor, lo recuerdo bien, tenía barba, mediana edad y aspecto de ser un tío afable y cercano a su alumnado, antes de que el preguntante dijera esta boca es mía, respondió que no podía ayudarle porque él era especialista en Física.

Aquella anécdota, hasta cierto punto irritante en aquel momento, fue muy comentada por todos los que estábamos por allí, es decir, no era de recibo que en una prueba que duraba dos días y aun asumiendo que había mucha gente examinándose, pero también muchos profesores controlando, no era de recibo que la coordinación entre ellos no previera que en las aulas hubiera profesores especialistas de la materia sobre la que se estaba examinando, más que nada para resolver algunas dudas formales que pudieran surgir en el desarrollo de la prueba. Total que aquel alumno o alumna no recibió debida respuesta a su duda y desconozco si aquello fue clave para que superara la Selectividad y decidir su futuro.

Ya por entonces tenía mis dudas acerca de la utilidad y escasa justicia de la Selectividad, y mi experiencia durante aquellos dos días corroboró mis pensamientos. El incidente de aquel profesor de Física fue la gota que colmó el vaso, era un dato muy expresivo del desinterés con el que se tomaban los controladores la prueba, como un esfuerzo suplementario, imagino que pagado, en los últimos estertores de un curso lectivo duro y sacrificado (que yo siempre he tenido mucho respeto por el profesorado y jamás he dudado de su labor). Por otro lado, no me pareció que los temas que nos ponían fueran muy rebuscados, no estaban hechos para «pillar», aun así quiero recordar que hubo gente que suspendió, muy poquitos.

Lógicamente todo esto está de actualidad, porque cuando llega a esta época los medios de comunicación se hacen eco de la Selectividad y este año le he prestado más atención que de costumbre, y con ligeras diferencias me temo que poco ha cambiado en la esencia de esta prueba que yo hice hace casi tres décadas.

Vayamos por partes, Selectividad, o lo que es lo mismo seleccionar, pero seleccionar ¿para qué?, filtrar ¿para qué? Antes, en mi época, la nota de la Selectividad te hacía media con el conjunto de las notas de C.O.U. y no recuerdo bien si del resto del bachillerato, desde luego era de lo más injusto y era una especie de tiro en el pie que se disparaba el propio sistema educativo. Hoy sigue siendo prácticamente igual, me parece que la nota final se compone en un 60 % de las notas de bachillerato y en un 40 % del resultado de Selectividad. De tal guisa que en dos días te examinas de lo que has estudiado en los nueve meses precedentes, para comprobar que sabes lo que dicen tus profesores habituales que sabes, para verificar que esas notas son las que más o menos te mereces y para reafirmar que eres digno de seguir estudiando. Siempre me he cuestionado si no es suficientemente selectivo un curso completo, si tus profesores no son auténticos profesionales que en el día a día y en las pruebas que regularmente te hacen, conocen de primera mano cuál es tu nivel, en muchos casos podrían ponerte la nota casi sin hacerte exámenes.

De hecho, soy muy partidario de los no exámenes. Tuve vocación en mi juventud de ser docente y luego mi vida derivó en otros derroteros, pero tenía en mente algunos métodos para evitar esos exámenes y mantener siempre al alumno en activo. Esto tampoco es posible a toda costa, en aulas con 40 alumnos en EGB y en mi Instituto era impensable, y en la Universidad ni te cuento, pero con los ratios actuales sería algo más factible.

Aquella, mi Selectividad, confirmó con bastante certeza que mis profesores no se equivocaban y que mis notas en el curso regular se correspondieron con el resultado de la Selectividad, y que en consecuencia, podía si quería, acceder a la Universidad; pero ¡ojo!, porque mis reservas y algún cabreo que otro tuve. Y es que yo venía de un Instituto de bachillerato de carácter público, estricto, serio, duro incluso, y verdaderamente selectivo, algunos amigos míos se quedaron en el camino, sin embargo, veías en Selectividad a otros jóvenes de tu edad que pertenecían a Institutos privados y cuyas notas en conjunto eran más elevadas que la media de las de mi Instituto, por ejemplo, y a la hora de la verdad la Selectividad les rebajó mucho a muchos esa nota. A los chicos del Instituto público, los que teníamos menos recursos, eso nos cabreó bastante, porque por muy mediocre que fuera la nota de Selectividad de los más pudientes (y no se interprete esto de forma peyorativa), al tener una nota alta de partida en el curso escolar hacía que acabaran con mejor nota que tú.

Es decir, injusto todo esto se mirase por donde se mirase, esos chicos podían estudiar la carrera que quisieran, y así nos lo reconocieron algunos, sus profesores preferían sobredimensionar sus notas en la «temporada regular», con la idea de aunque la nota de Selectividad les bajara la media, podrían optar a las carreras más atractivas, o lo que es lo mismo a itinerarios universitarios deseados y donde la motivación del alumno (porque estudiaba lo que quería), podría suplir la posible mediocridad de su expediente académico.

Yo no tuve unas notas excelsas y, desde luego, no me las regalaron en el Instituto, por lo que al final me fue humanamente imposible, aunque lo intenté, acceder al INEF (Instituto Nacional de Educación Física), una balbuciente carrera universitaria orientada al deporte y que en la década de los 80 estaba solicitadísima.

Pues eso, que han pasado ya treinta años y no veo que el panorama haya cambiado demasiado, prácticamente nada en realidad, resiste los avatares de la modernidad y sigue llamándose Selectividad, antes se llamaba Reválida, y ahora se pretende, más o menos para 2017/18 volver a cambiarle el nombre y generar una prueba final de 350 preguntas tipo test; en definitiva, mismo perro con diferente collar, y lo que es más flagrante, que significa que seguimos confiando poco en nuestro propio sistema cuando tenemos que validar en dos días lo que ya se ha superado en un curso entero. No sé cómo le sentará esto a la comunidad educativa, porque no creo que lo pasen muy bien cuando, es un suponer, las notas de Selectividad difieren sustancialmente de lo que ellos han corregido, imagino que no les molestará cuando sus discípulos han superado sus notas y podrán decir que estos están bien preparados, o tal vez los alumnos puedan decir que sus profesores eran muy estrictos y que puteaban bastante al personal y las notas de Selectividad los ponen en su sitio. Lo que desde luego puede ser un auténtico bofetón a los profesores es, lo que he comentado más arriba, que alumnos con notas sobredimensionadas tengan unos resultados mucho más bajos, ¿una corrupción encubierta de notas?

En fin, no sé hacia dónde desembocará esto, pero por el momento es más de lo mismo y me da igual lo que se haga en otros países, yo sinceramente no estuve de acuerdo jamás con la Selectividad y mantengo mi criterio. Y, por cierto, aquella desgana o falta de rigor que yo encontraba en el pasado, también se adivina ahora, porque en estos días he leído que en un examen de la asignatura de Filosofía en Madrid entró un tema que no pertenecía al temario oficial, o sea, la ceremonia de la confusión.