viernes, 13 de julio de 2018

LAS CASAS DE LOS BORBONES Y LOS AUSTRIAS, DOS SERIES CLÁSICAS PARA DESEMPOLVAR LA HISTORIA

Ahora que me he puesto definitivamente a organizar todos los sellos matasellados que he venido acumulando a lo largo de un montón de años, con intención de colocarlos en álbumes para exponerlos, cambiarlos, venderlos, etc.; uno llega a sacar ciertas conclusiones.

En este recorrido que abarca prácticamente todo el siglo XX y lo poquito que tenemos gastado de este siglo XXI, la primera deducción es sencilla, tengo muy pocos sellos matasellados del siglo XXI y muchísimos del siglo XX. Y concretamente hay determinados años en los que la frecuencia de repetición de sellos es enorme, es el caso de los sellos que se emitieron con la entrada de la democracia y muy especialmente tengo un volumen bestial de sellos de los años 1977 a 1981.

Para los profanos en la materia es obvio que necesitarán una explicación, para los que están relativamente puestos en filatelia seguro que saben la razón. Veamos, que no haya mucha circulación de sellos en el siglo XXI es algo que de vez en vez he comentado en este blog en las diversas entradas de la etiqueta «coleccionismo». Correos no cree desde hace años en los sellos dentados porque no son económicamente rentables y eso hace que ni se ofrezca este signo de franqueo en las oficinas postales porque es mucho más rápido (rapidez es dinero) pesar y cobrar. De esto se deriva que ante la escasez de demanda las tiradas son cortísimas, apenas se hacen medio millón o un millón de sellos de cada motivo, probablemente sea demasiado optimista, y la mayoría de las tiradas no circulan, una buena parte nos las quedamos los coleccionistas que estamos suscritos al Servicio Filatélico Nacional, y el resto van a estancos donde casi no se piden y en las oficinas postales donde casi no se ofrecen. A todo esto con la liberalización de los servicios postales hace unos años, surgieron un sinfín de empresas de transporte que le restaron cuota de mercado a Correos.

Esta realidad no siempre ha sido tal, fundamentalmente porque había sellos dentados y ya está, y poca competencia, esa es la verdad. Hace cuarenta años tú veías una carta en tu buzón, muchas cartas cada día para ser sinceros, que ya sabías que había sellos pegados. Efectivamente en esos primeros años de la democracia la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre junto con Correos, decidieron intentar quitarle protagonismo a las denominadas series básicas (antes la efigie de Franco, después la de Juan Carlos I y hoy la de Felipe VI) y hacer otras muchas series con motivos variados, así como realizar tiradas tan grandes que casi era tan o más común ver un sello con cualquier motivo que uno de la serie básica.

Las tiradas entre esos años que he referido antes, aproximadamente de 1977 a 1981 fueron extensísimas, sin afirmarlo taxativamente fueron los años en que más sellos dentados se emitieron en las imprentas de la Fábrica Nacional de la Moneda y Timbre en toda la historia postal española. Algunas tiradas, sin considerar la serie básica, llegaban hasta los veinte millones de ejemplares, ahí es nada, cómo no ver uno de esos sellos si por cada dos españoles había un sello concreto que muy probablemente algún día aparecería en tu buzón.

Aquellos años sirvieron para apuntalar una de las grandes funciones del sello postal, amén de la propia de servir como signo de franqueo, y que no era otra que la de ser un vehículo cultural, un elemento para culturizar a la población. Precisamente en los años 1978 y 1979 hay dos series muy interesantes que cumplían esa función y que luego tenían otras razones de fondo para su emisión. El día 22 de noviembre de esos dos años se emitieron la serie de los reyes de la Casa de los Borbones y de la Casa de los Austrias respectivamente.

Había una latente razón de fondo, y es que la referencia a monarcas había sido casi prohibitiva en la dictadura de Franco, con lo que en ese razonable afán por desempolvar algo de la historia de nuestro país surgieron estas dos series. La primera, la de 1978, mostraba la Casa de los Borbones, de forma cronológica y de menor a mayor valor eran los siguientes monarcas, diez concretamente: Felipe V, Luis I, Fernando VI, Carlos III, Carlos IV, Fernando VII, Isabel II, Alfonso XII, Alfonso XIII y terminaba con Juan Carlos I, con el valor más alto, nada menos que cien ptas. La tirada y referida a cada uno de esos valores fue de diez millones, o lo que es lo mismo cien millones de Borbones estuvieron en disposición de ser lamidos y pegados en una carta para ser llevados en sacas de Correos por todos los confines de nuestro país y llegar hasta nuestras casas.

Y no he querido subrayar esta serie simplemente por su interés político o cultural, no, su calidad artística es muy buena. El sistema utilizado en imprenta fue la calcografía y esta se basó en dibujos hechos a pluma, desconozco su autoría o autorías, aunque seguro que vino de la mano de alguno de los excepcionales grabadores que por entonces se estilaban mucho en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Estamos ante unos sellos de una calidad artística magnífica y cada uno de ellos emitido en lo que es la efigie a una sola tinta y con un color diferente. Eran sellos de disposición vertical.

Desconozco si ya estaba programado de antemano, pero como ya he señalado al año siguiente, 1979, tocó el turno de los Austrias, cuando eran obviamente anteriores en el tiempo, pero se hizo y con unas connotaciones bastante similares, igualmente de forma cronológica se mostraron los siguientes monarcas (5): Carlos I, Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Tenían una estética parecida a la de su pariente de la anualidad precedente, pero en este caso mientras que con los Borbones se mostraba a cada rey desde abdomen hacia arriba con los Austrias fue solo el busto. Curiosamente con cada Austria se representa un escudo que probablemente, no estoy nada puesto en asuntos heráldicos, fuera el sello personal de cada rey.

La disposición de los sellos era horizontal a diferencia de los Borbones, y también se emitieron diez millones de ejemplares de cada uno de ellos. En mi opinión esta serie es un pelín inferior en el apartado artístico, a mí siempre me gustó más la serie de los Borbones, pero seguro que es solo eso, una opinión personal.

Sin duda, como curiosidad, en ambas series podemos observar la imaginación de los grabadores al interpretar los diferentes monarcas, basándose en cuadros, libros de historia, etc. La efigie de Juan Carlos I está bastante bien lograda y, merece la pena echar un vistazo al sello de Carlos II, más conocido como «el Hechizado». Si damos un paseo por Internet los cuadros e imágenes de este monarca son algo sobrecogedores, y en este sello aun representando unos rasgos duros, de un tipo poco agraciado, hay cierta intención de mostrar un rostro algo amable.

Por cierto, tristemente cabe señalar que la función cultural se ha minimizado mucho en este siglo XXI y hoy Correos y la FNMT se han plegado mucho a intereses comerciales rayanos con lo publicitario y con diseños tan mediocres que ensalzan más si cabe las cualidades artísticas de los grabadores y diseñadores de hace cuarenta o cincuenta años, algo que se demuestra en estas dos series clásicas.

domingo, 8 de julio de 2018

CONSEGUIR UN GOL EN UN MUNDIAL, LA HISTORIA DE UN SOPLO EN MEDIO DE LA TEMPESTAD

Ahora que estamos a vueltas con el Mundial, no me resisto a hablar de fútbol. Sí, ya sé que por el perfil de mi blog mucho hablo de deportes y el fútbol es algo circunstancial, minoritario; pero la influencia mediática del Mundial es tal que al final uno cae y ve partidos y hasta se emociona.

Aunque es muy fácil analizar las cosas a toro pasado y pese a que no es el propósito de esta entradilla, tampoco me resisto a comentar brevemente el fracaso de España. Hace ocho años, yo escribí una entrada en este blog en la que afirmaba rotundamente que nuestro país no ganaría el Mundial, algo que por fortuna sí ocurrió y me sentí muy a gusto de tragarme mis propias palabras.

Desde luego, los antecedentes que había tenido España en su participación en Mundiales previos a 2010 eran tan pobres que se podía concluir con que eran impropios de un país con la tradición futbolística del nuestro. Pero la realidad me vuelve a dar la razón, quitando esa isla entre 2008 y 2012, con el encadenamiento de Eurocopa – Mundial – Eurocopa, el resto es un desierto, un desierto plagado de fracasos y sinsabores.

Salvando esa isla, ¿a quién le ha ganado España en los Mundiales? Somos unos verdaderos cobardes, porque para ganar un Mundial hay que ganar a Brasil, Alemania (solo lo hicimos en Sudáfrica 2010), Argentina, Italia o Francia. Queremos caer en la parte del cuadro más débil para llegar más lejos, cuando nuestra historia nos dice que lo teóricamente fácil no se nos da bien, hemos caído con Rusia, y en el pasado perdimos con Chile, Corea del Sur, Bélgica, Nigeria, Austria… Seamos sensatos, el gen competitivo, que tuvimos durante aquel pequeño ciclo glorioso, se ha perdido y se ha vuelto a la mediocridad histórica. Eso sí, hemos heredado el buen trato de balón pero con una diferencia notable con respecto a la generación capitaneada por Xavi Hernández, ayer había pase con calidad, desborde, intencionalidad y desmarques, y hoy hay pase estéril y ya. Y, en mi opinión, da igual a qué entrenador pongamos, en aquel ciclo brillante, tuvimos a dos, a Luis Aragonés y Del Bosque, pero los mimbres eran fantásticos, y nadie se rasgó las vestiduras cuando Don Luis se fue de forma prematura.

Lo del gen competitivo es para mirárselo, porque jugadores que brillan mucho con sus clubes, hacen buenas clasificaciones con la selección, mueren clásicamente en un partido de eliminatoria directa, ¿qué falta? Probablemente la respuesta sea multifactorial.

Precisamente el hecho de que tengamos en España una liga muy competitiva y de las dos o tres mejores del mundo que, además, cuenta con clubes que brillan en las competiciones europeas y mundiales, en la última década con un dominio casi insultante, es un efecto que cala en la afición, en la opinión pública y en los medios de comunicación, esto es, el pensar que los éxitos del Real Madrid, Barcelona, Sevilla o At. Madrid son extrapolables a la selección española. Nos acostumbramos a ver ganar a estos equipos en Europa y pensamos que en un Mundial el paseo militar va a ser semejante.

A esto hemos de unir que los medios de comunicación no son precisamente comedidos a este respecto, no tienen los pies en el suelo, nuestra historia de éxitos se resumen en una final de un Mundial jugada y ganada, después de eso un 4º puesto en 1950 y ya, el resto es muy pobre, aunque quizá muy real para el nivel de nuestro país. Es decir, no somos de las seis o siete mejores selecciones de la historia, por lo que nuestras aspiraciones de estar en cuartos al menos cada dos participaciones ya sería un éxito y de estar en una final cada cuarenta o cincuenta años, pero no. Cada cuatro años, ya sea Mundial o Eurocopa nos venden la moto, nos tildan de favoritos, cada vez, y eso cala en los aficionados, que luego se desilusionan cuando no se está a la altura de esas expectativas. Esa venta de humo se la deberían hacer mirar, ir de favoritos no nos ha servido prácticamente nunca, y tal vez con más humildad y menos favoritismo quizá descargaríamos de presión a los seleccionados. Está claro que los medios de comunicación viven de los clubes y lo de las selecciones como que les viene grande, y necesitan carnaza y que España abandone pronto el Mundial para volver a a su ser, a su seno materno, donde se sienten a gusto, con los fichajes, los torneos de verano, y si Messi es mejor que Cristiano y viceversa.

Y marcado este preámbulo un tanto larguito, ya he comentado al principio que este no era el objetivo de esta entrada. Y es que sí que quería reflexionar, como ya hacía ocho años, acerca de determinados aspectos del fútbol, estamos ante un deporte donde el índice de incertidumbre, imprevisibilidad y el factor sorpresa es de los más altos de cualquier deporte, ¿por qué?, pues porque el tanteo es muy corto y el dominio y posesión de balón, incluso la mayor calidad de un equipo no garantiza la victoria; y es que un equipo de calidad media puede meter el autobús atrás y puede garantizar que no los abrumen, y si son disciplinados pueden sacar un empate (en los Mundiales, con un empate y los penaltis las posibilidades de victoria del conjunto más débil se incrementan).

Como se suele decir la salsa del fútbol es el gol y no es precisamente una suerte sencilla, partiendo de la base de que es un deporte colectivo, las dos grandes estrellas de la actualidad Messi y Cristiano no han sido capaces en todas sus participaciones en Mundiales de anotar en partido alguno de eliminatoria directa, y no están en selecciones mediocres, y han tenido varias oportunidades (Messi llegó con Argentina a la final en Brasil 2014, o sea, cuatro partidos en los que no consiguió gol).

Cuando uno madura y le gustan los deportes, el fútbol comienza a parecerle uno de los deportes más aburridos, porque muchos partidos son insulsos, tediosos, sin goles o con escasas ocasiones, con mucho centrocuentismo y un exceso de pasecitos inanes (como España en el Mundial), y se decanta por otros donde la frecuencia de anotación es superior, el baloncesto o el balonmano son claros ejemplos, puede que el partido sea más o menos brillante, pero cada pocos segundos tienes el caramelito de una canasta o un gol.

Creo ser sincero cuando afirmo que lo que me gusta más de un Mundial es tanto la fase de clasificación previa la fase final de 32 equipos, aunque creo que en el próximo pasan a una barbaridad de 48; como la primera fase del Mundial, donde comparecen las selecciones más débiles. Es un contrasentido, lo sé, pero cuando el Mundial llega a octavos o a cuartos prácticamente deja de interesarme y solo veo la final; y es que me apasiona ver jugar a Islandia, Panamá o Arabia Saudí más que a las grandes potencias.

En este sentido, y si las selecciones tienen los pies en el suelo, muchas los tienen, es importante que se marquen unos objetivos ciertos: ganar un partido, empatar, o simplemente conseguir un gol.

En este Mundial se ha producido una paradoja que no era la primera vez que ocurría en un Mundial, Panamá debutaba en una fase final de la Copa del Mundo y en el partido Inglaterra contra Panamá, que era su segunda cita, cuando los centroamericanos perdían por 6 a 0, anotaron por medio de Felipe Baloy y lo celebraron con enorme alegría, era un gol en medio de la adversidad, era como soplarle a una tormenta, pero hubo risas, hubo júbilo, habían cumplido con su primer objetivo, marcar (la salsa del fútbol) era casi más importante que haber empatado un partido a cero. Por cierto, en su tercera comparecencia volverían a marcar.

Y es que no hay decepción más grande para un debutante en una Copa Mundial que volverse de vacío, y ese precisamente era el objetivo de la selección de El Salvador que se presentó en el Mundial 82 de España (otro sonado fracaso de nuestras huestes). Aquella selección salvadoreña ya tenía la experiencia de haber participado en México 70 y se volvió de vacío, ningún gol y ningún punto; por lo que en España sabían muy bien lo que tenían que hacer, conseguir un gol, en un seleccionado que tenía como punta de lanza al mítico jugador del Cádiz, C.F., y máxima estrella que ha dado el fútbol de ese país en toda su historia, «Mágico» González.

Empezaron jugando en Elche contra Hungría, y los magiares no tuvieron piedad de los centroamericanos, en la primera parte los europeos ya se imponían por 3 a 0, y en la reanudación los húngaros seguirían a lo suyo, consiguiendo dos goles más. Corría el minuto 64 y Luis Ramírez Zapata, también conocido por «el Pelé Zapata» lograría en una jugada embarullada perforar la portería rival. Fue anotar ese gol y este se fue corriendo celebrándolo como si hubiese conseguido la victoria del Mundial y sus compañeros detrás con una alegría desmedida. Poco importó que aquel partido pasara a la historia no por el gol salvadoreño sino porque los húngaros continuarían martilleando hasta el 10 a 1 final, en la que es hasta el momento la mayor goleada de la historia de los Mundiales.

Y es que no es cuestión menor, como digo, esto de meter gol en un Mundial, es una especie de premio de consolación, como un homenaje particular que se dan los jugadores de cualquier selección, sobre todo si es humilde, para con ellos y con su país. Y, con independencia de las futuras participaciones de selecciones debutantes, como puede ser en 2022 la propia selección de Catar que organiza el Mundial (un Mundial con muchas incógnitas por el tremendo calor habitual que se espera en ese país en las fechas de su celebración, creo que octubre y noviembre), hay cinco selecciones que históricamente jugaron un Mundial y se fueron sin meter la pelotita en la portería: Indonesia en Francia 1938, cuando se llamaba Indias Orientales Neerlandesas; Zaire, hoy República Democrática del Congo, en Alemania 1974; Canadá en México 1986; China en Corea del Sur - Japón 2002; y finalmente Trinidad y Tobago en Alemania 2006. Todas ellas perdieron sus respectivos partidos aunque la de Trinidad y Tobago obtuvo el premio menor de haber logrado un empate, obviamente a cero, ante la selección de Suecia.

En este Mundial las debutantes consiguieron anotar, pero el futuro nos deparará nuevos escenarios y selecciones que jamás habrían soñado con jugar un Mundial, pero que con el nuevo cupo verán premiado su anhelo, y en esa participación como mínimo aspirarán a probar el dulce sabor del gol, la salsa del fútbol.

domingo, 1 de julio de 2018

"FARIÑA", DE NACHO CARRETERO

Con este libro de Nacho Carretero he hecho un camino extraño hacia su lectura. No obstante, hay que empezar señalando algunos datos sobre lo que yo sabía de este fenómeno apenas hace unos meses, y es que fue anunciarse la emisión de la serie televisiva Fariña y se conoció el «secuestro» (que suena feo que en el siglo XXI todavía exista esta figura en España para prohibir y limitar la divulgación de una publicación) de la edición del libro de este periodista por un juez madrileño a instancias del exalcalde de O Grove, para que hubiera una reacción social y el libro y la serie alcanzaran una inopinada popularidad.

El libro se vendía en plataformas online y en las redes sociales se difundía dónde adquirirlo o descargarlo; el primer capítulo de la serie de televisión tenía todos los mimbres para ser un pelotazo de audiencia, como así fue. Por supuesto, y como no puede ser de otro modo, el secuestro precipitó el efecto contrario y si el exalcalde de O Grove podía haber sido un personaje más o menos anónimo, ahora ya todo el mundo sabe que se pringó las manos con el narcotráfico. Mi extraño recorrido viene porque comencé a ver la serie y no la pude terminar de ver por circunstancias que no vienen al caso, serie excelente por otro lado, pero sí que me sirvieron esas primeras entregas para desear disponer de ese libro en que se había inspirado la serie.

Siendo esta una entradilla relativa al libro y no a la serie, he de señalar que el libro no es más que una espoleta para haber fabricado una serie sobre un inmenso material documental y testimonial que aporta Carretero, esto es, el libro no es ni mucho menos un guion de nada, pero ofrece tanta riqueza de historias que se ha podido construir un argumento trepidante que no es otro que el de la historia del narcotráfico en Galicia desde sus orígenes hasta hoy día, porque el narcotráfico sigue existiendo en Galicia, solo que ahora es más discreto, menos mediático.

Nacho Carretero no escribe una novela, en realidad es una especie de ensayo periodístico que más podría haber inspirado un documental televisivo de investigación, pero la solución ideada ha sido brillante y efectista. En su libro Nacho hace una radiografía del narcotráfico, su historia, sus personajes, sus estructuras, sus fundamentos, las historias más relevantes y su futuro, existente e inquietantemente vivo.

Sin ser una novela con una trama concreta, cada capítulo es una carrera extenuante y sumamente entretenida, porque Carretero realiza un relato ameno basado en historias, anécdotas y todos los tejemanejes del narcotráfico. No hay lugar para la divagación, todo es una sucesión de testimonios, entrevistas y datos pormenorizados que ofrecen, en mi opinión, el mayor y mejor ensayo escrito que se haya llevado a cabo en nuestro país sobre este asunto.

Ciertamente que el libro tiene un cierto desorden discursivo, sus capítulos son independientes y hay saltos temporales y de temática, pero esa pequeña tacha para mí ha resultado una virtud a la hora de leerlo, puesto que me planteaba mi dieta de lectura diaria por capítulos completos y no hacía falta recordar exactamente lo que habías leído hasta ese momento.

El narcotráfico se imbrica en la particular idiosincrasia gallega, su clima, su orografía, la estructura de su economía, el espíritu de sus gentes y su origen está en el estraperlo y en el tráfico de muy diversos abastos en la frontera entre Portugal y Galicia. Esa experiencia acumulada de muchos años unida a la que también se unió la pericia de sus gentes de mar propiciaría que Galicia fuera un foco ideal para el tabaco de contrabando, todo un sistema de vida para un montón de familias, un régimen socialmente aceptado e incluso no mal visto por las autoridades.

Con el tráfico de tabaco de contrabando se generaron toda una serie de clanes que se hicieron de oro; antes de que la opinión pública española supiera nada de este fenómeno ilegal, los Terito, Oubiña, Charlín o Miñanco ya campaban a sus anchas. No obstante, hubo un punto de inflexión en esta historia, y fue aquel en la que los cárteles sudamericanos de la droga pusieron su foco en esos clanes gallegos, con sus estructuras sólidas a todos los niveles, logístico, humano, económico, legal, incluso social. Fue el momento en que se pasó de traficar con tabaco, lo que les dejaba unos inmensos beneficios, a vender droga (fariña, harina en gallego, esto es, cocaína) lo que les generaba unos ingresos estratosféricos.

Pero claro una cosa era introducir tabaco, llamémosle droga legal, a llenar de droga España y el resto de Europa. Y ya sabemos lo que trae consigo la droga: delincuencia, desarraigo, una dependencia de la que es difícil salir y, sobre todo y finalmente, muertes.

Cuando todos esos elementos y muchos más comenzaron a asentarse en la opinión pública, fundamentalmente la gallega; cuando los políticos se dieron cuenta de que estaban ante un problema de proporciones desmedidas, y los cuerpos y fuerzas de seguridad de Estado advirtieron que sus medios eran insuficientes y que estaban a años luz de los traficantes; fue el momento en que se comenzó a reaccionar, muy poco a poco ciertamente, pero años de lucha procuraron estrechar el cerco de los traficantes gallegos más importantes.

No fue una lucha fácil, al principio fue bastante desigual, porque los narcotraficantes tenían un entramado muy bien diseñado, aun cuando no pecaran de discretos, lo cierto es que controlaban no solamente los alijos, sino que basándose en la máxima de que el dinero lo puede todo y a sabiendas de que todo el mundo tiene un precio, sus tentáculos llegaban a partidos políticos, abogados, guardias civiles, personas anónimas (a los que por ejemplo les construían un chalé a cambio de que custodiaran unos «paquetitos»); en definitiva, el dinero del contrabando hacía tanto bien en una comarca deprimida que no se veía bien ir en contra de esos grandes señores de la droga. Hasta la Iglesia católica recibía suculentos donativos, cómo no iban a cambiar el día de celebración de una procesión para favorecer a los que los subvencionaban. Para un joven en la década de los 80 era fácil encontrar trabajo en este fenómeno, consiguiendo mucho dinero por realizar labores puntuales.

Pero surgieron grupos de presión en la sociedad gallega, determinados jueces se empeñaron en comenzar a meter mano al narcotráfico a todos los niveles, los políticos locales ya no fueron tan de la mano de los narcotraficantes, el poder legislativo facilitó la modificación de leyes que hasta ese momento permitían que estos delincuentes dispusieran de todo tipo de triquiñuelas legales para eludir la justicia, y finalmente, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado se especializaron y ganaran en discreción, en mayores herramientas y en personal para realizar grandes operaciones que fueron achicando al narcotráfico.

Y siguió sin ser fácil aun cuando los narcotraficantes más famosos dieron con sus huesos en las cárceles españolas, porque desde ahí seguían moviendo sus hilos, y continuaban organizando sus tropas vía telefónica, seguían ganando dinero aun estando entre rejas. El Estado trabajaba pero ellos continuaron trabajando para especializarse más aun en todos los niveles de sus estructuras. Resulta curioso que con el dinero de la droga, los narcotraficantes no solo adquirieran lo obvio, coches, casas (algunos pazos o palacios significativos) o fincas, sino que crearon un sinfín de empresas pantalla, legales en su concepto, y todos sus capitales separados a una distancia considerable de sus propias identidades, lo que viene siendo una labor de ingeniería financiera sumamente concienzuda.

No llegaron a ser mafiosos pero casi, aunque los ajustes de cuentas no eran como en Italia, pero las luchas de clanes también dejaban muertes en el camino, por errores, deudas, traiciones, etc.

Y lo que Nacho nos presenta acerca del narcotráfico hoy es que sigue vivo, pero con mucha más discreción, en cuanto el Estado baja la guardia ellos saben como aprovechar ese agujero. Tal vez mientras el foco de atención está ahora en la provincia de Cádiz, otros nombres menos conocidos, otros clanes que han trabajado toda la vida desde la más absoluta discreción, siguen amasando fortunas e introduciendo en España y Europa toneladas de droga que seguirán alimentando un infinito enjambre de organizaciones delictivas.

sábado, 23 de junio de 2018

CUANDO JUGAR CON URALITA ERA UN JUEGO DE NIÑOS

Comentando el otro día con un compañero de trabajo que se habían caído algunas porciones de tejas de fibrocemento de la pared donde estaban alojadas y permanecían a poca distancia de su mesa de trabajo, rápidamente coincidimos en la demonización de este material, con toda razón, en los últimos años, pero también que cuando éramos niños era algo con lo que jugábamos de forma muy habitual, sin conocer el peligro inherente.

No es que sea una demonización el uso del fibrocemento, sino que es realmente un problema de enorme calado, toda vez que muchísimas construcciones de nuestro país (también de buena parte de América Latina, ya que España era un productor muy importante y exportaba allí) tenían en sus estructuras este tipo de material, que se colocó, como lugar más visible en tejados aunque también en depósitos y tuberías, hasta principios de los 90, cuando se detectó que un elemento empleado en su fabricación el asbesto o amianto era tremendamente nocivo para el ser humano; nocivo no solo en su manipulación sino también por su sola presencia, en lo que se denomina exposición ambiental, que hoy seguimos sufriendo.

Los niños de mi época, me remonto a la década dorada de los 70, vivíamos en la felicidad intrínseca de no haber conocido el hambre o las estrecheces que nos comentaban nuestros padres y aunque no vivíamos con excesos nada faltaba, y en mi caso, creo que en el de muchos niños, el vivir en un país que estaba por hacer, en vías de desarrollo, permitía que nuestra relación con el entorno fuera más amable que ahora, ni había tantos coches, ni había tantos peligros y lo que es más importante para el asunto que me ocupa, morábamos en casas o bloques donde no muy lejos te encontrabas un descampado, un solar o directamente las afueras de la ciudad o pueblo.

En mi caso, en el bloque donde aún hoy viven mis padres podía mirar por una de sus ventanas y no veía más que campo y ninguna edificación hasta donde alcanzaba mi vista en el horizonte. Hoy esa misma visión se tapa a pocos metros con otro bloque que sustituyó la imagen, no era idílica, de una gran campa sin valor natural ni agrícola que era candidata a ubicar una futura construcción.

Aquel descampado inmenso que incluso permitía con toda seguridad que mi madre me perdiera de vista, aunque tampoco me controlaba porque no he sido especialmente travieso, era un elemento de socialización de los niños de mi época; teníamos una explanada para jugar al fútbol y también todo un parque temático de la diversión y los juegos en forma de terreno yermo para hacer los juegos que nos diera la gana, y mira que antes se jugaba en la calle, no como ahora.

No puedo decir que en mi infancia fuera un gamberro, pero sí es cierto que participé en alguna que otra pillería, algo propio de un niño que necesita explorar un mundo que se le abre con un sinfín de posibilidades. Y tampoco puedo negar que no hay niño de mi época que se precie que no haya participado en un fuego, o para ser más exactos en una hoguera, en una lumbre. Los descampados de los años 70, aunque en algunos sitios casi también podría ser hoy, tenían una característica sustancial y es que servían de escombrera, de estercolero, de vertedero, ya que antes ni había vertederos controlados como hoy, ni tampoco existía un celo especial por perseguir a quien depositaba restos de una obra en una zona alejada del casco urbano.

Esos restos de obra, esos vertidos incontrolados eran para nosotros una fuente de tesoros, y el principal hallazgo era madera para hacer una buena fogata, ¿por qué?, pues por gusto, sin más. Ni que decir tiene que aquellos fuegos eran un auténtico banco de pruebas, sobre todo para ver cómo reaccionaba ante… lo que fuera. Los plásticos eran un clásico, ver cómo el fuego consumía el material como si fuera una vela e incluso hacerte una antorcha con un palo rodeado con plástico incandescente que escupía gotas que si te caían en la piel te hacían pasar un mal rato. Y, por supuesto, no nos importaba demasiado inhalar los vapores de aquellos plásticos quemados, algo que olía a rayos, y que muy saludable no debía ser, no.

No obstante, había una estrella rutilante en el mundo de los experimentos incendiarios, era la uralita. En algún momento, sin funcionar las redes sociales como hoy, y sí el boca a boca, nos enteramos de que quemar uralita provocaba una interesante reacción y, por supuesto, ni que decir tiene que manipulábamos ese material sin miedo alguno ni hemos tenido secuelas, que se conozcan. Por supuesto, que no se entienda esto como una frivolización de un riesgo contra la salud real y patente, lo único que quiero remarcar es que el desconocimiento de ese riesgo nos facultaba para tocar ese material y a buen seguro que con esas mismas manos nos comíamos después un bocadillo sin haber pasado en ese ínterin por el lavabo. Y la característica de esa uralita que encontrábamos en los escombros de restos de obra era que colocada sobre un fuego potente, después de un buen rato de calentarse y estar directamente sobre las llamas, estallaba como una pequeña bomba. Los niños poníamos la uralita y esperábamos a una distancia prudencial observando la lumbre y ansiando ese momento, que era un suspiro, en que la uralita saltaba por los aires.

Desconozco, en mi absoluta ignorancia acerca de las reacciones químicas, por qué aquello estallaba, además cuando estaba compuesto de amianto, un material que durante mucho tiempo se utilizaba en trajes de bombero por su capacidad ignífuga; tal vez porque hacía eso, solo estallar y limitaba la propagación del fuego.

Recuerdo que la manipulación que hacíamos era tal que lo mismo utilizábamos trozos grandes de tejas de uralita o que la machacábamos con piedras para hacer trozos más pequeños y multiplicar el espectáculo, en fin, todo un juego de niños.

Con el tiempo también descubrimos que tirar al fuego los espráis que hoy siguen siendo de uso muy cotidiano, también tenían su efecto. Tanto si tenían líquido como si no, ya sabíamos que dentro había gas y que al calentarse a grandes temperaturas también explotaba, pero es más, si todavía quedaba líquido entonces por la parte superior se escapaba ese líquido en forma de lanzallamas. Convenía pues, para mayor alarde del experimento, que aquello se hiciera de noche para que esa suerte de inopinado fuego artificial gozara de mayor espectacularidad.

Con los años, y he de decir que siendo adulto, un chaval me enseñó cómo hacer un cóctel molotov, me pareció una barbaridad lo fácil que era su elaboración, con materiales tan asequibles, obvio hacer indicaciones aquí aunque imagino que habrá millones de páginas en Internet que informarán con pelos y señales de estas barbaridades y otras más gordas. Ni que decir tiene que hoy me parece un exceso intolerable, lo cual no quita que ese camino lo hubiéramos andado cuando éramos niños si hubiéramos sabido cómo hacer un cóctel de estos, porque con la inocencia de la inexistencia de riesgo, a buen seguro que también lo habríamos experimentado, tal y como jugábamos con esa uralita que aún hoy nos acompaña en infinidad de sitios.

domingo, 17 de junio de 2018

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE (IX)

Si hace unos años, cuando empecé la andadura de este blog y me fui haciendo con «mis temas favoritos», hubiera pensado que el pequeño deseo que ahora relataré se iba a hacer realidad, casi seguro que me hubiera llamado a mí mismo loco o tal vez iluso, aunque tal vez haya sido un definitivamente un loco visionario.

Lo cierto es que el seguimiento de las competiciones internacionales de selecciones en hockey sobre hielo y sobre todo lo que se cuece en España tanto a nivel de combinados nacionales como de clubes, es algo que me mantiene al día de la actualidad buena parte del año, y esa afición la he ido cebando con el tiempo, hasta el límite de cierto friquismo.

Y aquel deseo lejano cuajó; yo podría estar esperanzado en que algún siglo de estos algún Mundial cayera por España (alguna vez lo anunciaba en mis entradas cuando se programaba en Granada) y acudir al menos a un partido. Lo de Granada fue un fiasco tras otro, porque la gestión previa a la Universiada de 2015 fue un poco nefasta y esos intentos por preparar las instalaciones de cara a ese evento como una especie de pistoletazo de salida o puesta de largo con un Mundial de categorías inferiores sub 20 o sub 18 fue cayendo en saco roto. La fortuna es que al menos tras la Universiada se quedó una estructura permanente, el Igloo Granada Ice Arena en el Centro Comercial Kinépolis que, en realidad, pertenece al término municipal de Pulianas.

Yo ya sabía que el Mundial absoluto sénior masculino de este año en el que participaba España, el de la división IIB se iba a celebrar en Granada, aunque no las tenía todas conmigo ante los fiascos anteriores, pero esta vez fue que sí y pude cumplir el sueño, además acompañado de la mejor manera posible, con mi hijo. Al Igloo Arena fuimos el sábado 14 de abril con bandera patria en ristre para presenciar la disputa del España contra Corea del Norte y mi alegría en la previa, durante y el postpartido era tal que no cabía en mí, y sí lloré, soy así de friqui.

Esta vez puedo decir y enorgullecerme de ello que todas las fotos de esta entrada fueron hechas por mí y, por supuesto, tengo que empezar por este partido, puesto que aunque yo ya había ido una vez en Noruega a un partido de hockey, verlo en un escenario más pequeño y coqueto como el Igloo Arena era todo un lujo, porque en el tercer tiempo mi hijo y yo nos bajamos a la pista y pudimos hacer fotos pegados a las mamparas, sintiendo los golpes de los jugadores contra ellas, el estremecerse las protecciones ante la descomunal velocidad de lanzamiento de los discos.

Antes de eso, justo cuando aparcamos el coche, casi en la misma puerta de la instalación, estaba toda la selección española calentando en los aledaños, y también saqué unas buenas fotos; toda una suerte, toda una emoción, allí estaban los Pablo Puyuelo, Oriol Rubio, Patricio Fuentes, Ander Alcaine…, esos a los que he seguido durante años por Internet y ahí estaba yo, anónimamente, disfrutando como un niño, como nadie disfrutó aquella noche en este evento, estoy convencido; no creo que los jugadores se dieran cuenta de que tenían ante sí a un fanático incondicional.

Fue también casualidad que ese partido cayera en fin de semana, el que nos venía bien para ir, porque los otros fueron un domingo y días laborables, y que fuera ante una selección teóricamente asequible; yo aventuraba a mi vástago que ganaríamos anotando en torno a una decena de goles, y no iba descaminado, porque la diferencia de calidad entre españoles y norcoreanos fue tal que se sucedieron no solo los goles, sino muchas ocasiones, lanzamientos, acciones espectaculares, con lo que podemos decir que el partido fue muy entretenido; la victoria final por 15 a 1 lo dice todo.

Como curiosidades puedo señalar que nos compramos un disco de verdad, en el stand que había dentro del palacio de hielo y que en el primer tiempo se sentó a mi lado casualmente el ayudante de entrenador de la selección mexicana Rodrigo Gutiérrez Porter, con el que pude conversar durante un rato mientras este tomaba notas y los números de las camisetas de determinados jugadores norcoreanos.

Aquel partido fue el inicio de una semana exitosa, tal y como se preveía, porque hay que decir que España había fallado el año anterior, perdiendo la categoría IIA de forma estrepitosa, esa que por nivel le corresponde sin lugar a dudas, y continuó una racha victoriosa en la que encadenó victorias ante Luxemburgo (10-1), México (14-0) e Israel (4-0); prácticamente seguí todos los partidos por Internet, o en la transmisión en directo por streaming, es decir, emisión en directo del partido por el canal de la IIHF; o hice el seguimiento a través de su web, que actualiza la información minuto a minuto, algo buenísimo y que muchos deportes debieran copiar. La gran final estaba servida y aunque España sudó más de lo debido, pues Nueva Zelanda está elevando su nivel en los últimos años, siempre fue mandando en el resultado y al final se impuso por 6 a 4 culminando un torneo y una temporada exitosos para el hockey hielo de nuestro país.

Una selección interesante para el futuro que ya contó este año con jugadores sub 20 e incluso un sub 18; la media del equipo dirigido por el italiano Luciano Basile fue de 23 años y con este dato y con la cantera que viene por detrás podemos soñar con que el hockey sobre hielo en España siga creciendo en los próximos años.

Casi he comenzado por el final porque con el ascenso de España en categoría absoluta no hacía más que culminar una temporada histórica, porque ya desde la campaña pasada nuestro país compite, con el debut del combinado sub 18 femenino en todas las categorías posibles de la IIHF; pues bien, en categoría masculina las tres selecciones han conseguido el ascenso, el de los absolutos era más que previsible, pero en sub 18 y sub 20 lo han logrado brillantemente partiendo de la categoría que nos corresponde por nivel, por lo que el año que viene nos toca codearnos con rivales mucho más duros, va a ser apasionante. Pero es que en categoría femenina las sénior también conseguían un ascenso más que perseguido y anhelado durante varias temporadas; las únicas que fallaron fueron las sub 18, todo se andará.

Tamaño éxito concentrado no ha pasado desapercibido a la IIHF que sacó una noticia en su web destacando los avances del hockey hielo en España en esta temporada, cuatro ascensos en cinco Mundiales es un logro que jamás se había dado en la historia reciente de este deporte en todo el mundo. Sí, ya sé que estamos en unas divisiones donde puede haber cierta asequibilidad por los rivales a los que te enfrentas, pero no hay lugar a dudas de que no es fruto de la casualidad que justo este año 2018 hayamos conseguido este impulso, por eso hoy o este curso reivindico con más fuerza que ningún año el título con el que denominé esta entrada anual fue más certero, o sea, que el hockey sobre hielo en España crece y esta vez sí que sí.

Bien, pues por concluir con la información sobre nuestra selección absoluta masculina, en la próxima temporada tiene que empezar a recoger algún fruto de las nuevas generaciones y, por lo menos, debe intentar no fallar, un año o un par de años de transición no estarían mal, hasta que los chavalines que vienen desde abajo (algunos ya han actuado este año) empiezan a madurar. Para ir perfilando el futuro, el próximo Mundial IIA se celebrará en abril de 2019 en Belgrado (Serbia) y nos veremos las caras con los anfitriones más Croacia, China, Bélgica y Australia. En teoría hay que aspirar a no complicarse la vida y que chinos y australianos se diriman el último puesto.

Continuando con el análisis de las selecciones masculinas, más potentes como ya he apuntado, fueron los logros de las selecciones sub 20 y sub 18, porque jugamos contra rivales de «nuestra liga» y los superamos; el ascenso es dar un salto cualitativo fundamentalísimo para crecer en nivel y enfrentarse a rivales de más entidad. En un deporte tan deficitario en España como este casi más importante que ganar es de vez en cuando perder, porque estoy convencido de que a estos niveles en hockey hielo se aprenden más de las derrotas que de las victorias, siempre y cuando el rival que tengas enfrente sea mejor que tú.

Comencemos por el sub 20, España jugaba a principios de enero en Belgrado y el rival a batir era en teoría Croacia. Iniciamos la competición con un plácido triunfo ante México por 4 a 0 y en esa primera jornada ya se dio la relativa sorpresa del triunfo de los anfitriones ante los croatas, por lo que nuestro partido de la siguiente jornada ante Serbia casi se convirtió en una final anticipada.

Aquel partido fue durísimo, comenzamos adelantándonos en el electrónico al filo de la conclusión del primer período y el marcador no se movió hasta el tercer tiempo cuando los serbios nos hicieron un gol de esos que hacen mucho daño, un gol en inferioridad numérica, y a nueve minutos del final otro tanto, esta vez en superioridad. Con todo el equipo volcado sobre la portería centroeuropea, en el último suspiro del encuentro, a un minuto del final y con situación de superioridad anotábamos merced al madrileño Alfonso García para empatar la contienda. Hubo prórroga sin goles y en los penaltis también la igualdad fue la nota predominante, tras los cinco lanzamientos de cada equipo, como en el fútbol, solo se anotó un gol por cada seleccionado (a diferencia del fútbol en el hockey hielo esta es una suerte donde la estadística señala que es más habitual fallar que marcar); hasta que en los lanzamientos el jugador del FC Barcelona Jordi Cerdá daba el triunfo por 3-2 a nuestro seleccionado.

En el tercer encuentro nuestros chicos se deshacían de Turquía por un cómodo 7 a 2, y en el cuarto también superaban a Bélgica por 9 a 3.

En el último encuentro todo estaba por decidir, los croatas ya no podían luchar por el ascenso, pero una derrota nuestra pondría en bandeja la medalla de oro para los serbios que tenían un encuentro fácil ante Turquía. Los nuestros no se amilanaron y salieron a la pista a ganar desde el principio, no fue fácil, pero los croatas sucumbieron ante el poderío hispano que lanzó a portería el doble de veces que su rival, dominio abrumador que no se reflejó de forma proporcional en el resultado final, nos fuimos con 1 a 0 en el primer período, en el segundo empatarían los croatas y en el tercero anotaríamos nosotros a trece minutos del final. Los croatas forzaron la máquina y en el último minuto vaciaron la portería para tener un jugador más de ataque, el riesgo es que como pierdas el disco, ya sabes que la meta está franca y fue lo que sucedió, a los pocos segundos de la nueva situación nuestros contendientes cometieron un error y nuestro joven Dorian Donath Sánchez (forjado en tierras suecas), atentos a este nombre en el futuro, marcó a placer para establecer un definitivo 3 a 1 en el luminoso, que cerraba un torneo fantástico, oro y ascenso.

Este ascenso implica codearse con duros rivales, pero el reto está aceptado y lo vamos a luchar; el Mundial IIA del próximo año se celebrará en Dumfries (Reino Unido), y aparte de los anfitriones tendremos que enfrentarnos a Lituania, Corea del Sur, Estonia y Rumanía. Con una victoria podría ser posible mantener la categoría si se dan otros resultados, y nuestras opciones pasan por superar a estonios o rumanos, que son los que están más cerca de nuestro nivel.

Los sub 18 no quisieron ser menos que sus hermanos mayores y dos meses después se presentaban con ilusión en el Mundial IIB que se celebraba en Zagreb (Croacia) en una competición que se avecinaba sumamente apasionante. Iniciamos el torneo con una clara victoria ante Islandia por 8 a 3, y en la segunda jornada, casi por arte de magia, y como ocurriera en el Mundial sub 20 nos vimos las caras con Serbia y ocurrió casi lo mismo, o al final el mismo resultado. Al final de la primera parte se llegó con empate a uno, en la segunda se adelantarían los serbios y España empataba a diez minutos del final. Nos fuimos a la prórroga y no hubo goles, así como en el sub 20 acudimos a los penaltis, y esta vez en la tanda de cinco lanzamientos para cada equipo España lograría perforar la portería en dos ocasiones por una de los serbios, así que resultado final de 3-2.

Un pequeño gran paso para seguir orientando de forma positiva la clasificación. En la tercera jornada no tuvimos problemas para desembarazarnos de China por un solvente 7 a 3. En la cuarta jornada se presagiaba un partido complicado contra Holanda (una Holanda fuera de sitio en esta categoría pero que en los últimos años está bajando su nivel), y lo bueno es que fuimos por delante casi todo el encuentro, nos adelantamos 2 a 0 en la primera parte, en la segunda empatarían los neerlandeses, pero antes de acabar esta nos volveríamos a poner con 3 a 2. En el último período hubo intercambio de goles, gol de España (4-2), Holanda (4-3), España (5-3) y finalmente gol de Holanda para un favorable resultado de 5 a 4 para nuestros intereses. El último partido ante Croacia, los anfitriones, era una especie de gran final, aunque matizada, porque con los resultados previos que se habían dado a España le valía cualquier victoria, pero también cualquier derrota que se produjera después del minuto 60, sí porque en hockey se otorgan tres puntos por victoria en tiempo reglamentario y cero para el perdedor, pero dos puntos por victoria en tiempo añadido o penaltis y uno para el perdedor. Como España ya tenía en esa jornada once puntos y Croacia ocho, sumando uno más ya le valía. Nuestros chicos, sin embargo, no tuvieron que acudir a tales cábalas e hicieron un encuentro primoroso, dominando de principio a fin, 1 a 0 al final del primer período, se aumentó la distancia en el segundo con 3 a 0 en el marcador, y un parcial de empate a uno en la última parte dejaba el marcador en el 4 a 1 definitivo. Otro oro, el segundo, que con el conseguido en Granada por los grandes, han dejado esta temporada histórica de plenos para los conjuntos masculinos.

El próximo Mundial IIA tendrá lugar en Elektrenai (Lituania), junto con los locales nuestros chicos tendrán que medirse a Corea del Sur, Polonia, Rumanía y Estonia. Nuevamente como ocurre con los sub 20 nuestros rivales a superar serán rumanos y estonios.

Pasando a las selecciones femeninas, tuvimos también el éxito de la selección absoluta que disputaba un Mundial IIB algo a la medida pues se trajo a Valdemoro (Madrid). Con algún que otro escollo se fueron superando rivales, 2 a 1 a Islandia, 4 a 1 a Turquía, 12 a 0 a Rumanía, 6 a 1 a Taiwán y finalmente 5 a 2 ante Nueva Zelanda, que otrora el rival más fuerte, pero que en esta ocasión la plata correspondió a las taiwanesas. Un ascenso muy deseado para una selección que lo ha buscado ansiadamente durante años y que sí tiene posibilidades reales de mantener una categoría superior a esta. Las cosas en categoría femenina se están haciendo razonablemente bien y la cantera está creciendo.

El Mundial IIA, categoría donde debutarán nuestras chicas el próximo año, se celebrará en Dumfries (Reino Unido), y nuestras contrincantes serán amén de las británicas, Corea del Norte, Australia, Eslovenia, México, y a excepción de norcoreanas y británicas, nuestro seleccionado tiene potencial para pelear los otros tres partidos restantes, por lo que las posibilidades de permanecer en la categoría son absolutamente reales.

El único borrón, lógico por otra parte, de esta temporada fue el de la selección sub 18 femenina en la denominada División IB (calificación); en su segunda incursión tras el debut de la temporada pasada. El Mundial se disputó en México y ya se empezó con una decepcionante derrota ante Holanda por 4 a 2. En la segunda jornada volvíamos a perder, esta vez con México por 4 a 1, con lo que cualquier posibilidad de ascenso ya se había esfumado. No obstante, maquillamos bastante bien nuestra participación con sendas victorias ante Turquía (10-0) y Kazajistán (3-1), para lograr una valiosa medalla de bronce.

Este Mundial nos lo traemos en 2019 para España, en concreto a Jaca, va a ser una competición muy reñida y apasionante, se juntarán siete equipos, imagino que se hará un grupo de tres y otro de cuatro. Las participantes serán aparte de nuestras jóvenes, Australia, Turquía, Kazajistán, México, Corea del Sur y Taiwán. Australia será el rival a batir porque es el descendido y las mexicanas sin el factor cancha deben ser asequibles, del resto de selecciones es una incógnita, a Kazajistán y Turquía ya las superamos este año, pero de las dos selecciones asiáticas debutantes es difícil de presagiar su nivel, máxime cuando esta categoría está en constante renovación de generaciones.

Pasando ya a las competiciones internas de clubes en la Liga Nacional volvimos a tener cinco equipos, en la liga regular dominó con cierta solvencia el Txuri Urdin de San Sebastián, seguido de cerca por Jaca, tercero y cuarto fueron FC Barcelona y Majadahonda; el quinto fue un Puigcerdà que está en horas bajas. En el playoff semifinal Txuri y Jaca se deshicieron por 2 a 0 de FC Barcelona y Majadahonda. En la gran final los vascos no dieron opción alguna venciendo por 3 a 0, ganando el primer partido en casa y los dos a domicilio en tierras aragonesas y con cierta contundencia, revalidando así el título de la pasada campaña.

En cuanto a la Copa del Rey si en la temporada pasada los jacetanos se resarcieron de su derrota en la Liga, esta vez sucumbieron ante el poderío del conjunto donostiarra del Txuri Urdin que venció en la Final a 4 disputada en su propia pista. Con este doblete el club vasco se convierte en el dominador sin discusión del hockey hielo en nuestro país en la actualidad.

Dicho equipo disputó la competición europea de la Continental Cup grupo C en Brasov (Rumanía) y como siempre el objetivo era aprender y no desentonar. En el primer partido se midió a los húngaros del Jegesmedvek Miskolc perdiendo por 5 a 0 (estos serían los vencedores del torneo). En el segundo encuentro caerían por 4 a 1 ante el Corona Brasov rumano. Y en el tercer y último choque se impondrían a los serbios del Estrella Roja de Belgrado por 3 a 2.

En la segunda competición masculina, la Liga Nacional Junior, tuvo como vencedor a La Nevera Majadahonda, los madrileños están haciendo muy buena cantera y en los próximos años van a sonar sin duda, aunque más si cabe que ellos el FC Barcelona, y preveo que en un lustro los catalanes volverán a comandar las competiciones absolutas. El conjunto majariego se impondría, del mismo modo, en la competición copera. Un muy buen doblete para sus vitrinas.

Por lo que respecta a las féminas, la Liga Nacional repitió con siete equipos ya consolidados, que no está nada mal y aquí las claras dominadoras, al igual que ocurriera en la temporada 2016/17 fueron las madrileñas de la SAD Majadahonda venciendo a CH Huarte en el playoff final, y superando al ASME Barcelona en la Copa.

Por último, siempre me gusta hacer una breve mención de las competiciones absolutas en categoría absoluta, esta vez no solo con un interesantísimo Mundial jugado en Dinamarca, sino con la competición olímpica donde también hubo una competición trepidante.

Parece que, de algún modo, algo se mueve en este deporte a nivel élite. En los Juegos Olímpicos ya percibimos que los favoritos fallaban, especialmente decepcionante Canadá y Estados Unidos, y en la final se presentarían rusos y alemanes, estos últimos la grandísima revelación. Este año Teledeporte ha optado con acierto con retransmitirnos partidos de Juegos y del Mundial y, por supuesto, entre ellos las dos finales.

En la final olímpica de Pyeonchang (Corea del Sur), nunca los alemanes tendrán más cerca el oro, se pondrían 3 a 2 a tres minutos y quince segundos del final, las cosas se les pondrían más de cara porque obtendrían superioridad a dos minutos y diez segundos del final; pero cuando todo parecía estar hecho, los rusos vaciarían la portería para volver a tener equilibrio en el campo, aunque con el riesgo de tener la portería franca, y fueron capaces de perforar la portería teutona por medio de su jugador franquicia Nikita Gusev cuando quedaba menos de un minuto para el término. En la prórroga los rusos volverían a anotar el gol de oro y dejaron a los alemanes con la miel en los labios.

En el Mundial volverían a fallar canadienses y estadounidenses, algo no frecuente, especialmente por los primeros, y la final la disputarían suecos y suizos, en este caso, la revelación fue la selección suiza que se había deshecho de Canadá en la semifinal. También acarició el oro Suiza pues el partido en su tiempo reglamentario más la prórroga concluyó en empate, y solo pudieron los suecos, también llamados selección Tre Kronor, imponerse en el lanzamiento de penaltis.

Estaremos atentos a ver lo que nos depara la temporada 2019, va a estar plena de actividad y emoción.

sábado, 9 de junio de 2018

EL COLECCIONISMO DE MINERALES, RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO

Llevaba mucho tiempo con ganas de hacer esta entrada, creo que casi desde que nació este blog; cuando empecé esta andadura quería orientar bastante mi bitácora hacia el mundo del coleccionismo y lo cierto es que los inicios fueron prometedores, pero con el tiempo mi empeño se ha ido desinflando.

No solo quería abordar mi coleccionismo particular, lo que yo tenía más o menos a la mano, sino otras formas de coleccionismo de gente que conocía, y en este sentido, mis incursiones han sido limitadísimas, aun cuando son de las más leídas por mis visitantes. Pues casi desde ese inicio quise hacer una entradilla relativa al coleccionismo de minerales, haciendo coincidir la tradición minera de Linares y su comarca y el hecho de que un compañero de trabajo que había trabajado en los últimos años de las explotaciones mineras linarenses, el cual me había comentado en más de una ocasión que tenía una colección de minerales y muchos de ellos sacados directamente por él de la mina.

Una casualidad no buscada por mí, aunque ya en estas semanas más o menos perfilada, ha querido que esa visita a su casa para ver la colección se haya dilatado tanto que al final la he realizado unos pocos días antes de su jubilación, no porque vaya a dejar de verlo tras un merecido retiro laboral, sino porque ahora ya no lo veré con la asiduidad del trato casi diario.

De algún modo, pues, es este mi humilde homenaje a Gabriel Muñoz Espinosa, compañero de trabajo, que tras el trato de muchos años puedo considerar un maestro amigo, y después de las vivencias que he tenido con él me ha valido muchas veces como padre, como hermano y, en definitiva, como confidente.

Gabriel estuvo trabajando como Ingeniero Técnico en las minas de Linares y por mucho que se pudiera pensar que su titulación lo habría mantenido a cierta distancia de la inhumana labor minera, estar en la mina de una manera o de otra siempre implicaba riesgo y esfuerzo; magnitudes difícilmente apreciables hoy día para los que hemos conocido tan de pasada lo que se cocía debajo de nuestros pies, en un universo paralelo en el que aun nos cuesta trabajo imaginar que cientos de seres humanos estuvieran trabajando para extraer esos minerales que, de algún modo, proporcionarían bienestar a toda la sociedad. Gabriel fue en las minas y ha sido en la Administración local un impecable gestor de personas con ese difícil equilibrio que hay que tener entre la autoridad y la camaradería, habilidad que él consiguió dominar a la perfección.

El coleccionismo de minerales ha sido algo relativamente extendido en Linares y su comarca. En mi infancia todavía funcionaban a duras penas las últimas minas de esta comarca y teníamos cierto tráfico de minerales, no había niño de la localidad que no tuviera en su casa bien un trozo de galena (plomo) o de calcopirita (el oro de los tontos). Aún recuerdo cuando en 1º de BUP mi profesor de Ciencias Naturales premiaba con un punto positivo en la evaluación a todo aquel que trajera un mineral que debía tener al menos el tamaño de un puño. Muchos compañeros míos sé que acudían los sábados a tal propósito para rebuscar en las montañas de escoria de los alrededores de los pozos mineros que todavía hoy son testigos mudos de un pasado esplendoroso, por si conseguían el ansiado tesoro de ese mineral que permitiera ese punto extra que graciosamente otorgaba Don Pepe Martínez, más conocido como Pepe el Sonrisas.

Desde la más absoluta bisoñez puedo decir que el coleccionismo de minerales tiene varios niveles, hay un nivel básico, inicial, incluso involuntario, y es el de aquellas personas que tienen esa colección desde siempre (les ha venido por herencia), tenían los minerales desde chicos o han comprado alguna colección de esas que salen en la tele por coleccionables y la han alimentado con algunas adquisiciones hechas en puestecillos de feria donde, de vez en cuando, alguien vende piedrecillas de colores venidas de todos los confines del mundo.

Seguro que hay muchos más niveles de coleccionismo, pero tras ese coleccionismo básico, yo percibo uno más profesional o avanzado que se fundamenta en un ejercicio más juicioso de contar con piezas de valor intrínseco y belleza objetiva incluso para un profano como yo y conocer, a la par, cómo se llaman esos minerales, su composición química, el lugar de su extracción y su rareza compositiva o geométrica.

En este caso, Gabriel cuenta con una buena colección de minerales, seguramente llegan a la centena, los más especiales para él son los extraídos directamente de los yacimientos donde trabajaba bien porque él mismo los procuró o porque alguno de sus operarios le advirtió de su existencia. Son típicos minerales de Linares pero con formas tan caprichosas que los hacen únicos.

Junto con esas «joyas de la corona», bien mediante cambios o adquisiciones cuenta con otros minerales foráneos que hacen más rica su colección.

Enfrentarnos a una colección de minerales ha de despertar en el visitante un torrente de curiosidad a la hora de observar, al menos así me lo tomo yo a día de hoy. Se trata de ver su estructura, su limpieza, su geometría, sus incrustaciones, la ausencia de defectos como consecuencia de golpes, y casi lo más importante, debe inspirarnos la necesidad de conocer cuál es su composición y el lugar de su extracción. Por cierto, Gabriel, en su cuenta de Facebook, se ha preocupado de fotografiar sus piezas e indicar estos extremos, algo de sumo interés. Para mí ver un mineral de bellas formas, una piedra en su esencia que ha vivido la mayor parte de su existencia bajo el suelo que pisamos, me merece cuestionarme cuántas bellezas siguen ahí, como un testigo mudo del paso del tiempo y de los avatares de la geología forjados durante millones de años.

Gabriel me comenta que algunos de sus minerales, por aquello de esas formas caprichosas, porque confluyen dos o más minerales en una misma pieza, forman parte del capítulo de las rarezas, esas piezas codiciadas por los coleccionistas más avezados que estarían dispuestos a pagar una cierta cantidad de dinero por tener esas piezas en sus vitrinas; pero mi amigo no vende, hay en su colección una parte de él y de su pasado, y vale mucho más ver tu colección cada día, disfrutarla, rememorar momentos pasados y, por supuesto, seguir mostrándola a sus amistades como testimonio de un pasado inimaginable hoy día en la comarca de Linares y del propio pasado de Gabriel, ya inserto en una nueva etapa de su vida que estoy seguro que la va a rentabilizar merecidamente.

sábado, 2 de junio de 2018

"GATO NEGRO, GATO BLANCO", DE EMIR KUSTURICA

Siempre que me apresto a visionar una película tengo en el subconsciente la necesidad de buscar por qué razones la ha hecho su director, qué buscaba, qué crítica pretende mostrarnos. Y a veces, las respuestas pueden resultar estériles, y es que probablemente pierda la perspectiva de que el cine es ante todo entretenimiento y puede que en ello hayan influido muchas películas que tienen otras prioridades superiores a la del entretenimiento.

Y es que Emir Kusturica nos propone una película que no tiene una razón muy especial, no busca un gran mensaje y no tiene un trasfondo crítico potente, y sin embargo, tiene lo mejor de todo es que es una obra maestra del entretenimiento.

Se trata de una comedia romántica con toques costumbristas, tan perfectamente ambientada que los geniales personajes que nos muestra más parecerían personas reales que actores, salvo por la hilarante historia que se cuenta, tan histriónica, surrealista y desenfrenada que puede parecernos increíble y, sin embargo, es tan cercana que tampoco te extraña, a medida que se sucede, lo que va ocurriendo a cada momento. Probablemente la crítica de Kusturica es que el exceso forma parte de la vida misma, el ser humano es capaz de sacar de quicio todo lo que se encuentra a su paso.

La película empieza dándonos la sensación de que es un tanto marginal y en principio puede descolocar, pero en cuanto comienza a construirse la trama y te va envolviendo te vas preguntando «pero esto qué es», y ya te comienzas a reír, a sorprenderte y a desear que siga y que siga, más y más, y que no acabe, porque a cada momento surge un nuevo golpe, una nueva imagen, un giro graciosísimo.

La historia se sitúa a orillas del Danubio y la trama gira en torno a una serie de clanes gitanos y sus trapicheos. Matko y Zare Destanov, padre e hijo, se ganan la vida con los pequeños trueques y negocios que hacen a la orilla del río, pero no consiguen salir de la marginalidad. Matko tendrá la «genial» idea de asaltar un tren con depósitos de gasolina, pero para la logística necesitará algo de dinero y decide pedírselo a un viejo amigo de su padre, Grga Pitic, un abuelete parapléjico excéntrico y potentado que le dará el dinero toda vez que Matko ablandará su corazón diciéndole que su padre ha muerto, lo cual no es cierto.

Para su asalto al tren necesitará el apoyo y lo busca en su amigo de la infancia Dadan Karambolo, un maestro del trapicheo que se activa con cocaína y cuenta con un séquito de chicas y una panda de matones que superan en torpeza a los ladrones de «Solo en casa». Pero Dadan no es tonto, engañará a Matko y le hará creer que el plan ha sido un fiasco y encima se quedará con su dinero, poniendo en deuda a Matko con él.

En estas aparece en escena el padre de Matko y abuelo de Zare, Zarije Destanov, al que su nieto rescata del hospital acompañado de una pequeña orquesta que toca música festiva (la música festiva es la tónica en la película).

Dadan tiene la necesidad de casar a su hermana «la enana», una joven de baja estatura que es la única hermana soltera, para cumplir la promesa hecha a sus padres fallecidos y propone a Matko saldar la deuda casándola con Zare. Pero el pobre Zare, con toda seguridad el personaje más centrado de la película, inocente y noble, está enamorado de Ida una camarera de un chiringuito a orillas del Danubio; y «la enana» tampoco quiere contraer matrimonio con Zare.

La boda de compromiso será el no va más de la película, adonde se centran todos los personajes de la misma. A todo esto, Zare le pide a su abuelo que haga lo que sea para que no se celebre la boda y este muere pocas horas antes. No obstante, Dadan obliga a Matko a esconder al abuelo para que la ceremonia y el festín posterior se puedan celebrar.

Sí, todo parece un lío, pero aquella persona que vea la cinta estoy seguro de que la sigue perfectamente, porque pese a toda la locura existente, la historia está muy bien configurada, muy comprensible y muy divertida.

Y todo se seguirá enredando más y más, hasta casi el infinito, y no dejarás de reír ante las ocurrencias de Kusturica en esta película yugoslava de la parte serbia, producida en 1998. Una película un tanto desconocida para el gran público y que si la hubiera protagonizado algún director norteamericano seguro que estábamos hablando de una obra de arte. Pero está hecha en Europa, por otro lado, porque este tipo de películas solo se podrían hacer en Europa, y ese humor negro casi sórdido se da aquí y el que la vea lo entenderá.

Luego tiene ese punto de cierto surrealismo, de imágenes o escenas, que se te quedan grabadas como fotografías y que emulan a su manera a «Un perro andaluz», y es que tenemos, por poner algunos ejemplos de los muchos que hay, a los músicos tocando mientras permanecen grapados literalmente en el tronco de un árbol de arriba a abajo, un cerdo que se va comiendo un coche poco a poco, Dadan quitándose excrementos del cuerpo utilizando un ganso como toalla…, y la presencia constante de los gatos, dos gatos macho y hembra, negro y blanco, que se hacen presentes en todos los escenarios de la película, para poner ese pátina de extravagancia que tiene toda la cinta. ¿Qué reflejan los gatos? Me aventuro a pensar que simplemente los gatos ofrecen ese toque de irreverencia propio de este felino, como cada caótico personaje de este filme.

Una historia que, sin adelantar nada de su desenlace porque en sus más de dos horas de duración tiene mucho jugo, como Emir Kusturica señala, tiene un final feliz, y es que no hay personaje que te puedas tomar en serio, todos son muy entrañables aunque sean un tanto miserables, bueno todos no Zare e Ida parecen ser los más centradillos.

En fin, una película divertidísima, fácil de conseguir en español, muy recomendable para pasar un rato agradable en este fin de semana, saboreando el universo genial de un mago de la cinematografía europea como es Kusturica.