sábado, 29 de agosto de 2015

"BAGDAD CAFÉ", DE PERCY ADLON

Tal vez alguien pensará que soy un paleto cinematográfico, pero es verdad, demasiado tiempo ha pasado hasta que he visto esta película que tenía en mi colección, grabada desde hace algunos años. Y para recalcar lo anterior, también soy un cateto musical, porque la canción central de esta película es precisamente un tema que llevaba buscando desde hace mucho tiempo, y en apariencia la respuesta era más fácil de lo que yo imaginaba.

Pues he cerrado un círculo que es una de esas cosas que me reconfortan en la vida, una de esas pequeñas necesidades que tiene uno de ir resolviendo nimios misterios. Ese «Calling you» que suena en varios momentos de esta cinta había sido una pesadilla para mí, hacía mucho que no la escuchaba y no encontraba pistas para saber quién la compuso, quién la cantaba. No lo puedo negar, recientemente estuve indagando en mi teléfono móvil alguna aplicación de esas que te adivinan una canción con tan sólo tararearla, pero nada de lo que se ofrecía de forma gratuita me convenció.

Y ahí estaba, justo al empezar la película, sonó esa deliciosa canción, paré la grabación y busqué en Internet, no sólo era mi canción soñada sino que además se había compuesto expresamente para esa película, es más, la letra de la canción refleja el argumento fundamental de la misma. Toda mi calentura mental relativa tuvo su resolución este pasado domingo, y es que además podría haber tenido una salida desde hace mucho tiempo ya que se la puse a mi hermana y en apenas cinco segundos ya sabía cuál era, o sea, que si se la hubiera tarareado cuando empecé a buscarla, ella me hubiera dado la respuesta, pero muchas veces me encierro demasiado en mí.

Llámenla producción diferente, cine independiente, cine de autor..., lo que sí es verdad es que Bagdad Café es uno de los más claros ejemplos que demuestran que un buen guión y un presupuesto limitado pueden conseguir obras de arte como esta. Es una película entrañable y deliciosa, prácticamente sin maldad alguna que nos hace pasar un rato muy agradable, cumpliendo pues, el que yo diría el principal objetivo del cine, el entretenimiento, y aquí tenemos hora y media de esencia del séptimo arte.

Curiosamente por azares del destino es una producción alemana, pero hecha en inglés y con la mayoría de los actores americanos y, por supuesto, ambientada en los Estados Unidos. Y, sin embargo, por ese extraño chovinismo estadounidense, esta película de 1987 recorrió de pasada los Óscars del año siguiente, sólo estuvo en la nominación a mejor canción original.

El director, el también alemán Percy Adlon, ya había emprendido otros proyectos cinematográficos y televisivos antes, pero con este se encumbró; suyo es el guión, escrito al alimón junto a su mujer Eleonore y Christopher Doherty.

El inicio un tanto tórrido no es indicativo de lo que va a ocurrir a continuación, una extraña pareja alemana en mitad de una desértica carretera estadounidense, manifiesta sus desavenencias en una atmósfera soporífera, con una cámara que no para de hacer encuadres que provocan y con unos filtros que nos hacen sentir calor y agobio. Aunque esos colores cálidos se mantienen en toda la película su desarrollo nos permitirá ir respirando cada vez mejor y los medidos devaneos de la cámara dejarán de ser relevantes para el espectador.

Los teutones tomarán su camino cada uno por su lado, y la señora Münchgstettner llegará a un extraño café de carretera que también es motel y gasolinera. Previamente la dueña del negocio, la señora Brenda acaba de tener también una fuerte discusión con su marido, el cual ha optado por marcharse, una calculada coincidencia.

En ese extraño lugar la no menos extraña turista alemana comenzará poco a poco a meterse con mucha inteligencia en la vida de la dispar familia que convive en Bagdad Café, un veterano pintor, Rudi Cox (interpretado genialmente por el duro Jack Palance); los dos hijos de Brenda (una joven un tanto ligerita de cascos y un chico amante de la música clásica y el piano con un bebé a su cargo); Debbie, una tatuadora parca en palabras; el camarero indio del café, también de diálogo reducido; o un joven mochilero que pasaba por allí se instaló y se dedicó a enseñar a todo el mundo a lanzar su bumerán.

Brenda que vive en una locura de mundo, presionada por todos lados, pero al que al fin y al cabo casi se ha acostumbrado, no puede soportar que la señora alemana, cuyo nombre de pila es Jasmin, se proponga a la chita callando realizar tareas que no le competen, para empezar el mismo hecho de quedarse en un inmundo motel de carretera y después limpiar su propia habitación, la recepción e intimar con sus hijos y con los moradores habituales del lugar.

Pese al cabreo de Brenda, Jasmin persitisrá con sus pequeños gestos (como una especie de Amelie de la llanura norteamericana) e ir metiéndose en el bolsillo a todo el mundo, incluso a la terca Brenda que irá cediendo. Jasmin será la musa de Rudi Cox, valorará la música del joven hijo de Brenda, aplacará a todos y hasta tendrá tiempo también para lanzar el bumerán.

Y, por supuesto, la personalidad creciente y arrolladora de Jasmin, y su magia, su delicada magia, generará una corriente de éxito en el local, que inopinadamente será el local de referencia para todos los lugareños.

Ya nada será igual, Jasmin ha traído luz y color donde antes había suciedad y desasosiego; Jasmin también se sentirá otra mujer, ha dejado atrás a un marido cuadriculado y se lanza a un mundo donde es valorada en todos sus aspectos.

Sensacionales todos los actores en esta agradabilísima comedia, sorprendente para el que no la haya visto; pero si tuviera que resaltar a alguien, desde luego me fijaría en la propia Jasmin, la actriz alemana Marianne Sägebrecht que hace un papel fantástico, expresivo y lleno de matices; y no por ser el más importante de la película pero sí por ser el único artista conocido del elenco actoral, hay que resaltar al mítico Jack Palance, en una interpretación que se sale de la dureza de su perfil, y que refleja la categoría profesional de un actor encasillado hasta la saciedad en papeles de malo.

Demasiado he dicho ya de esta película, que es muy recomendable y que cada cual saque sus propias conclusiones, tampoco voy a desvelar el final, pero realmente lo bonito es el desarrollo de su guión, además pienso que muy poca gente se puede sentir defraudada.

Sí que voy a terminar por lo que decía al principio, no me resisto a hablar un poco del tema central de la película. Compuesto por Bob Telson y cantado en la película por Jevetta Steele una cantante de gospel de raza negra, no podía ser de otro modo. Posteriormente yo he podido escuchar esta canción interpretada igualmente por Barbra Streisand, Celine Dione, y también una cálida voz masculina como la de Paul Young nos deleita con esta balada que ya para mí será inolvidable, y que aún va a sonar más en la banda sonora de mi vida.

Aunque he contado tal vez más que lo que merece una película tan tierna como esta, no me resisto, sin embargo, a incluir la letra de esta canción, algo que no hago nunca, pero que por lo bien que define la película voy a tomarme esa licencia: «Una carretera desierta desde Las Vegas hacía ninguna parte,/ un lugar mejor que donde has estado./ Una máquina de café que necesita algún arreglo/ en un pequeño café a la vuelta de la curva./ Te estoy llamando./ ¿No puedes oírme?/ Te estoy llamando./ Sopla un viento seco y caliente a través de mí./ El bebé está llorando y no puedo dormir,/ pero ambos sabemos que un cambio está llegando,/ cada vez más cerca de la dulce liberación./ Te estoy llamando./ Sé que me escuchas./ Te estoy llamando.»

sábado, 22 de agosto de 2015

¿POR QUÉ SE BATEN CON MÁS FACILIDAD LOS RÉCORDS MUNDIALES EN NATACIÓN QUE EN ATLETISMO?

Estamos en año preolímpico, un hito clave y sobre todo un verano en letras mayúsculas para un montón de deportes y deportistas que pretenden asistir al gran acontecimiento deportivo mundial que tiene lugar cada cuatros años, los Juegos Olímpicos, que en 2016 tendrán como sede Río de Janeiro, la primera vez que unos Juegos se celebran en Sudamérica.

Desde siempre se ha dado por hecho que los dos grandes deportes en unos Juegos son la natación y el atletismo; hay otros muchos y muy atractivos, pero estos dos son los que más medallas ponen en juego, los que congregan más deportistas, los que más horas de retransmisiones televisivas producen y los que más noticias generan. De hecho, nunca se solapan, la primera semana es para la natación, la segunda para el atletismo.

Fieles a esta cita, estos dos grandes deportes celebran sus campeonatos mundiales en este año preolímpico, aunque los campeonatos son con una periodicidad bienal, lo cierto es que el mundial bueno es el que se celebra en el año previo a la cita olímpica, donde los deportistas de ambos deportes buscan sus mejores prestaciones para colarse en el deseado sueño para todos, que es asistir a unos Juegos; luego las aspiraciones serán distintas, para unos el hecho de llegar a Río ya es la meta, para otros superar sus marcas, otros buscarán la plaza de finalista y para un selecto grupo su mente estará puesta en la gloria de las medallas.

Ambos deportes como si estuvieran perfectamente coordinados, que de hecho creo que lo están, también celebran sus competiciones este verano sin solaparse, y con la misma cronología, primero la natación y después el atletismo. Ahora mismo estamos en el intervalo, ya ha concluido la cita natatoria, y justo el día que publico esta entradilla recién habrá comenzado el Mundial de atletismo en Pekín.

Una gran duda le acechará al aficionado al deporte en general y es que amén de las superficies donde se practican ambos deportes, en un campeonato se baten muchos récords del mundo y en el otro no. Siete nuevos topes mundiales han quedado impuestos en el último Campeonato Mundial de natación celebrado en Kazán (Rusia). Sin embargo, en los catorce campeonatos mundiales de atletismo al aire libre se han establecido únicamente veinte récords mundiales. La diferencia entre un deporte y otro a nivel de superación de marcas mundiales es abismal.

No soy un experto en la materia pero como buen aficionado seguro que mucha gente como yo se ha preguntado esta razón tan singular que diferencia ambos deportes, considerados como las grandes vedettes de los Juegos Olímpicos. Por eso, como persona amante del deporte, mucho del atletismo y menos de la natación, he querido dar luz en este articulillo a la pregunta que aquí se formula.

La respuesta obviamente no está basada en una única razón, sino que es multifactorial, y que yo he ido recabando de lo que he leído y escuchado, y también de mi propia cosecha. Porque es cierto que la sensación y la realidad es que los récords mundiales en el atletismo son difíciles de batir, de hecho la media de edad en la persistencia de los récords mundiales de natación está en torno a los 3 – 4 años, mientras que en atletismo yo diría que aproximadamente la media data de los 15 años. Es decir, una razón de uno a cinco, que no resulta baladí y que deja mucho margen al análisis.

No siendo pues una única razón, hasta a los profanos en la materia se les podrían ocurrir algunas y seguro que acertarían. Lamentablemente voy a empezar por la más insoportable de las razones y es el dopaje. Muchos récords y marcas de atletismo están teñidos con la sombra de la duda. Tal vez no los actuales donde cada vez los controles son más férreos, y quiero creer que el atleta tramposo tiene las horas contadas (aunque como he dicho en alguna ocasión en este blog los malos siguen yendo por delante de los buenos). Hay una serie de récords atléticos de la década de los 80 y 90 del siglo pasado que algunos expertos dudan en que puedan ser superados como poco en los próximos cincuenta años. En esa década de los 80, atletas de la extinta Alemania Oriental realizaron unos registros asombrosos en diversas disciplinas que todo el mundo da por hecho que fueron conseguidos con ayudas externas, la política deportiva que se llevaba a cabo en ese país y que provocó incluso la muerte de deportistas en este y en otros deportes era muy férrea y brutal, con selección temprana de deportistas y entrenamientos sobrehumanos (se habla de que en China está ocurriendo ahora lo mismo con la mayoría de los deportes). Aunque no fuera alemana, queda aún en la retina de los aficionados aquella checoslovaca llamada Jarmila Kratochvilova con un cuerpo muy masculinizado que ostenta un récord de 800 m. con una marca que a muchos atletas masculinos de nivel medio les costaría hacer hoy. En la década de los 90 la explosión vino de la mano de un batallón de atletas chinas que en fondo y medio fondo destrozaron récords que se pensaba que serían eternos y aún hoy sobrevive el de 10.000 m.

Junto con estos récords sospechosos otros tantos salpican la tabla de topes mundiales actual, especialmente llamativo es el de salto de altura del cubano Javier Sotomayor, atleta este que en el ocaso de su carrera fue suspendido por dopaje.

Todo esto nos pone de relieve que los récords en atletismo pudieran ser difíciles de batir porque están alterados a causa de ayudas externas.

En natación no está tan asentado como en el atletismo, aparentemente, el consumo de sustancias dopantes, o tal vez los controles son más exhaustivos, desde luego en los medios de comunicación salen pocos casos. De hecho, igual que en atletismo hay una triste generalización de uso de sustancias extradeportivas que afecta a muchos atletas y muy conocidos, como si fuera una corriente de éxito, en natación los dopados son la excepción.

Tal es la posibilidad real de que haya récords en natación que constantemente nos muestran en las retransmisiones televisivas unas rayas virtuales con el tope mundial para que el telespectador se guíe acerca de si puede haber ruptura de récord o no; en atletismo sería impensable, aparte de que la posibilidad de récord (en carreras) es lejana, hay que considerar que en natación se nada a tope y en las carreras de medio fondo y fondo, salvo en mítines internacionales donde hay liebres y objetivos de batir récords, en torneos oficiales se corre con estrategia.

Tal vez exista una razón física e histórica en esta evolución de ambos deportes. El atletismo se practica desde siempre y es fácil de practicar, la natación es un deporte moderno donde la evolución no ha terminado, no se practica en todos los países, no hay piscinas en todos sitios y eso hace que sea un deporte muy especializado.

Un atleta puede ser cualquiera que pase corriendo por delante de mi casa en un pueblo del interior de España, para poder nadar y entrenar tengo que desplazarme varios kilómetros y no hablemos de países del tercer mundo. Esto quiere decir que hay muchos talentos naturales válidos para la natación que no están explotados y la mayor implantación de este deporte a nivel mundial y el incremento del número de practicantes ha de provocar en el futuro que los topes natatorios puedan seguir siendo batidos. En atletismo la globalización es mayor aunque bien es cierto que no llega a todo el mundo, los lanzamientos por ejemplo son una rareza en África y el primer atleta negro en África que se ha puesto en serio a practicar (la jabalina), el keniano Julius Yego, es actualmente un superserie.

A todo esto hay que añadir que el atletismo parece andar un poco a la zaga de la natación en cuestiones tecnológicas. El uso de ordenadores es algo básico en la natación, al atletismo le hace falta una vuelta de tuerca en mi opinión. La natación busca la máxima eficiencia en cada brazada, en cada extensión abdominal, giro de cabeza, posición de los pies, patada o respiración. El agua es un medio constante y permite robotizar los movimientos para obtener el máximo rendimiento. En atletismo puedes intentar buscar esa eficiencia pero no sólo tienes que luchar contra tu propio cuerpo sino que las condiciones ambientales son variables (temperatura, viento, humedad...) y a veces decisivas para la obtención de récords, amén de la lucha cuerpo a cuerpo, en las carreras, contra otros atletas. Digamos que en un ordenador puedes recrear los movimientos de un nadador en unas condiciones siempre inalterables y en atletismo aunque puedas hacer una simulación las condiciones siempre son relativas.

Y, por supuesto, cuando hablamos de tecnología también nos referimos al equipamiento deportivo. En natación el agua es la que es, además con las mismas condiciones físicas, sanitarias y de temperatura en cualquier lugar del mundo, la ganancia se consigue, entre otros elementos, con entrenamiento específico y con lo que te acompaña en la piscina, los gorros y bañadores. No creo que importe mucho el gorro, ya que nadadores masculinos se rapan el pelo para suplirlo. Sin embargo, con los bañadores cualquier avance supone una mejora ostensible. En atletismo esas ganancias son ínfimas tanto por el calzado deportivo utilizado como por el material de la pista en la que se compite.

Curiosamente hace apenas algo menos de una década hubo una revolución en la natación con los bañadores de paneles de poliuretano, cuyas características eran la ausencia de costuras y uniones soldadas con ultrasonido, mayor resistencia al agua y mayor flotabilidad, núcleo estabilizador que sostenía a los nadadores e incremento de la impulsión de estos. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 fue el boom y se batieron veintitrés de las veinticinco marcas mundiales. La Federación Internacional de Natación (FINA) tomó cartas en el asunto, no homologó esas marcas y prohibió el uso de estos bañadores. De hecho a las marcas conseguidas en esos años con dichos bañadores se les llama «récords textiles».

Que se prohibieran esos bañadores de última generación no quiere decir que se hayan frenado las innovaciones en los bañadores clásicos, de hecho, cualquier nuevo perfeccionamiento (legal) sigue produciendo sustanciales mejoras y esto va a seguir siendo la tónica habitual en el futuro.

En otro orden de cosas, aparte de que los récords mundiales en atletismo se puedan haber conseguido, en algunos casos, con ayudas externas, y en otros, en condiciones ambientales óptimas, también es cierto que se observa que ha habido en las últimas dos décadas una cierta decadencia de este deporte, en los 80 y 90 los mítines ofrecían mucho dinero a los atletas, se organizaban carreras muy competidas, en el fondo y medio fondo con grandes «liebres»; y ahora las bolsas que ofrecen los organizadores no son tan atractivas.

Es cierto que en la natación los mítines no son tan habituales y los récords se suelen producir en competiciones oficiales, además, no hay tanta presión de organizadores sobre la superación de récords, por lo que la cantidad que se ofrece en unos mundiales es más apetecible que lo que te da un organizador privado, de ahí también que los registros se rompan con una regularidad extraordinaria.

En este Mundial de atletismo de Pekín la federación internacional, la IAAF, premiará con 100.000 dólares a quien bata algún récord mundial, aun así y pese a que la cuantía es apetecible, los atletas en disposición de asaltar alguna de las carísimas plusmarcas mundiales se limita a un grupo muy reducido, y en principio, habrá que fijarse en aquellos que ya han batido esas marcas en 2015 y que, en consecuencia, son los vigentes y recientes plusmarquistas mundiales: El japonés Yusuke Suzuki en 20 km. marcha, la etíope Genzebe Dibaba en 1.500 m. (será difícil porque obtuvo el récord en un mitin hace apenas un mes, corriendo con liebres), la polaca Anita Wlodarczyk en lanzamiento de martillo y la china Liu Hong en 20 km. marcha.

sábado, 15 de agosto de 2015

LAS REDES SOCIALES Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS AL MAL SERVICIO DEL IDIOMA ESPAÑOL

Intento ser bastante respetuoso con este idioma que me enseñaron mis padres y los diferentes maestros y maestras que tuve a lo largo de mi vida, un proceso de enseñanza que yo diría que está vivo y que se mantendrá mientras esté en este mundo; los que me conocen saben lo celoso que soy con este asunto y los rebotes que a veces pillo con esto.

Ya hace años escribí en esta bitácora acerca de este asunto y criticaba a los medios de comunicación por ensuciar el idioma con faltas de ortografía y expresiones que denotaban escasa rigurosidad en sus producciones. Lamentablemente esto se mantiene y de vez en vez te explota en los ojos cualquier gazapo o pifia que pone de relieve que no hay visos de solución, la cual vendría con algo tan simple como disponer de personas, en el mismo seno de las empresas dedicadas a comunicar (televisión, prensa, radio...) que se dedicaran a la corrección anticipada de lo que se va a difundir, ni siquiera sería necesario aumentar las plantillas.

Pero nada, todo sigue igual, la semana pasada vi este titular en el ABC que abre esta entrada, versión digital, en el que aparecía la palabra «discursión», algo que realmente quemaba la vista. Al poco rato, alguien lo advirtió y lo modificó con celeridad, aunque actualmente cualquier puede acceder a la web finanzas.com que lo mantiene a día de hoy. Pensé rápidamente que debiera haber sido algún becario o becaria de estos veraniegos a los que se les da demasiada manga ancha, tal vez pensando que es una época en la que todo se puede relajar. También he escuchado otros becarios en espacios radiofónicos y parecen salidos de primaria más que de la universidad, muy triste.

El otro día fui a la farmacia donde trabaja una cuñada mía y había una promoción no recuerdo muy bien de qué, en un cartel sacado de la impresora (típica hoja A4 en formato apaisado y con esa odiosa letra Comic Sans), ponía «escoje» o «recoje». Se lo dije a mi cuñada, que no había sido la autora, y me señaló que nadie se había dado cuenta hasta ese momento. Yo le dije que no sólo lo había advertido sino que además me hacía daño a la vista.

La informática y después las redes sociales han surgido para hacernos la vida más rápida y placentera, pero también tienen sus perjuicios no suficientemente mesurados. Si el que perpetró el cartel de la farmacia hubiera vivido hace 50 años no habría tenido la facilidad actual para hacer el anuncio de una promoción, ni tan bonito como ahora, ni mucho menos con la comodidad de sacar en cualquier momento las copias que desea.

Tal facilidad es la que opera en esa manía tan cutre que ha proliferado desde hace no menos un lustro en las farolas y semáforos de nuestras ciudades de anunciar la boda de los amigos con fotos con poses o indumentarias desafortunadas y con una manifiesta colección de faltas de ortografía y/o sintaxis. A buen seguro que muchos de los actores, son telespectadores de esos Sálvame de Telecinco que tiene audiencia mayoritaria en cualquier tarde del año, ¡qué país! No es baladí decir, pues, que así nos va.

Hoy tiene ordenador todo el mundo y las impresoras son baratísimas, lo son tanto que casi son de usar y tirar pues en muchas de ellas la reposición de los cartuchos cuesta como una nueva. Así que hoy hace carteles todo el mundo y para cualquier cosa, con lo que a más facilidad de difusión más oportunidad hay para que uno exponga sus miserias educativas y le dé sucesivas patadas al diccionario; aunque bien es cierto que observo que a mucha gente, no voy a decir la mayoría, le da lo mismo esto.

El pujante fenómeno de las redes sociales es también una oportunidad de mostrar no sólo nuestra vida privada, nuestros gustos y el compartir las chorradas que nos mandan, sino nuestro pulso con el lenguaje, en una batalla donde el que sale casi siempre malparado es el idioma español.

A esto hemos de unir el elemento que más ha contribuido a democratizar el mundo en el siglo XXI, el teléfono móvil. No, ya no es el ordenador, que hace una década era el sueño de cualquier familia española fuera de la clase social que fuera, promociones y ofertas por todos lados, hasta la Junta de Andalucía regalaba uno a todo el alumnado matriculado de 5º de Primaria si no recuerdo mal (ahora ya no, vino la crisis y ahora es menos importante que antes). Desde que la telefonía móvil quedó implantada definitivamente en nuestras vidas, el móvil comenzó a perfeccionarse de cara a ese mercado casi infinito. De hecho, ha crecido exponencialmente en sus prestaciones manteniendo un precio asequible, cuando no te lo regalan en cualquier promoción. Las compañías de telefonía se han convertido en las mayores alimañas comerciales del planeta y su poder es inmenso, más allá de tener una tropa de teleoperadores cansinos que te asaltan sin piedad a cualquier hora del día y cualquier día de la semana. Esas prestaciones son un bocado apetecible de tal cariz que no eres nadie si no tienes un móvil con acceso a Internet, o con posibilidad de acceso Wifi (que ya hay muchos puntos gratuitos) y con la aplicación WhatsApp; y que me perdone quien se sienta ofendido, aunque no tengas para comer y tengas que ir a Bienestar Social a pedir ayuda.

Y dicho esto con la aplicación WhatsApp, que absurdamente ha desplazado a la llamada de teléfono de toda la vida, con el Facebook o con el Twitter, por este orden en cuanto al número de usuarios, tu exposición al lenguaje también ha crecido, pero como la mayoría de la gente ha vuelto a escribir (y a leer) después de mucho tiempo, pues lo que sembraste en el pasado da ahora sus frutos, sus patéticos frutos en muchos casos. El examen al que te enfrentas diariamente no es moco de pavo, mucha gente le tiene tal cariño al WhatsApp y a las redes sociales que el teclado del móvil hierve, y deja una mancha indeleble en la «nube» de todo lo que escribes.

A través de las redes sociales se suceden diálogos de besugos, auténticos combates para ver quién comete más faltas de ortografía en menor número de renglones. Precisamente del perfil de personas que suelen enviar o difundir esas cadenas tontunas que te prometen toda suerte de éxitos si las sigues y toda una vida de calamidades si las cortas. Apenas las suelo leer, pero si encima llevan faltas de ortografía las mando con celeridad a las cloacas más profundas de la papelera de reciclaje.

Difícil solución tiene esto, por no decir imposible, pero tampoco es cuestión de que a los/as chonis del barrio marginal de cada ciudad les exijas que escriban con la escrupulosidad de Lope de Vega, pero hay otros a los que sí les debiéramos exigir mayor rigor, especialmente personajes públicos o personas que son profesionales de la educación, o sea, los que enseñan las reglas del idioma a nuestros hijos.

Ahora que estamos en época estival, repaso con mi hijo algo de lenguaje y matemáticas, para que ni se acostumbre a vaguear ni se le olvide lo que tiene «aprehendido». Una de las tareas que nos han recomendado es la de la lectura comprensiva a través de unos textos que bajamos de Internet, concretamente de la página cuadernosdigitalesvindel.com. Los textos tienen unas aberrantes y monstruosas faltas de ortografía, por ejemplo, un «porque» de una respuesta va separado, tildes que faltan, ayer al pobre Juan Eslava Galán le cambiaron el apellido de su padre y se lo pusieron con b. Un despropósito detrás de otro.

Y no es casualidad, todo lo que se aleja de los libros de texto, que ortográfica y sintácticamente están bien, aunque a veces encuentro frases ambiguas, ya comienza a tambalearse, cualquier otro material externo, generalmente sacado de Internet, deja mucho que desear.

De todas maneras, lo de la educación en este país es como para escribir un libro y seguramente en varios tomos. Nuestras mentes pensantes (políticas) no se conforman con cambiar las leyes educativas en cuanto derrocan al gobernante del signo contrario, sino que se han empeñado en que los planes curriculares, que tiene bemoles la palabreja, sean absurdos. Se sigue dando una importancia extrema a la caligrafía más que al contenido. En las matemáticas se pierde el tiempo en innecesarios e inexplicables ábacos pintados. Y en conocimiento del medio pues conocen más el río Guadalquivir, por no decir el mismo arroyo que pasa por delante de sus casas o a Juan Eslava Galán más que el Nilo o Cervantes, es que es muy importante saber lo que está más cerca de ti.

Y no entremos a valorar, o sí, a los que no saben ni escribir su propio nombre y apellidos, algo demencial. Por mi trabajo suelo recibir a mucha gente y observas que hay personas que tienen en el DNI un nombre, en el Padrón varían una letra o dos, en el INEM también difiere..., sin la más mínima preocupación. Y una anécdota de hace unos días y no es la primera vez que me ocurre, se presentó el sr. Cazurro o la sra. Cazurra, era otro apellido obviamente, y me dijo el apellido y a continuación me advirtió: «se escribe con dos erres», sin comentarios, ¿cómo si no?

Equivocarse es humano, yo me equivoco y me seguiré equivocando, pero intento poner cuidado. De todas maneras por concluir esta tormenta de ideas un tanto desordenada, desde aquí lanzo un grito callado para que periodistas que no son periodistas, políticos, deportistas, gente pública..., cuiden un poquito el idioma español, que se tarda tanto en escribir mal como bien. Decía Fernando Lázaro Carreter «El lenguaje nos ayuda a capturar el mundo, y cuanto menos lenguaje tengamos, menos mundo capturamos. O más deficientemente. Una mayor capacidad expresiva supone una mayor capacidad de comprensión de las cosas. Si se empobrece la lengua se empobrece el pensamiento.»

sábado, 8 de agosto de 2015

"MI COLOR FAVORITO ES VERTE", DE PILAR EYRE

Creo que alguna vez lo he comentado, que el leer un libro con el oropel del éxito no es sinónimo de que este necesariamente sea bueno. Ya me ha pasado en alguna ocasión y me vuelve a pasar ahora, el que la novela en cuestión venga avalada por un premio, o finalista como es este caso del Planeta de 2014, me impulsó a adquirir el libro, convencido de que gente mucho más cualificada que uno, expertos en literatura actual y conocedores al detalle de los intríngulis de la profesión editorial, te garantizan que lo que vas a leer no es bueno sino mucho más.

Pero no, esta novela sinceramente no me ha convencido, a medida que iba leyendo pensaba que iba a pasar algo, algo más, y la autora se embarca en una historia un tanto anodina, difícil de creer (aunque a la postre descubrí que la historia es cierta, es autobiográfica, lo cual sorprende más), que no termina de enganchar, demasiado personalista, íntima, y finalmente aburrida a ratos y con ramalazos en otros tantos de algún interés.

Tampoco me voy a rasgar las vestiduras, era una lectura de verano, que yo también he leído a salto de mata, y como historia un tanto simplona pues ha sido un entretenimiento sin mayor trascendencia, una de esas novelas que con el tiempo terminaré olvidando porque el poso que me va a dejar va a ser escaso.

Y hay que agradecerle a Pilar Eyre precisamente eso, que haya sido capaz de plasmar en papel una historia que ella dice que es real, algo tan sorprendente de creer por cómo se sucede, y también como digo, por anodino, y que al menos no sea un pestiño de considerables proporciones. En este sentido, lo bueno es que la obra es fácil de leer, es perfectamente entendible, la puedes aparcar en la sombrilla de playa, en la mesita de noche, en el brazo del sofá mientras echas la siesta y no te pierdes.

La obra, sabiendo a posteriori que es autobiográfica, todavía me chirría en algunos aspectos. Probablemente me ha molestado inconscientemente el hecho de que muestra una sociedad y unos personajes de clase media alta, o alta, un tanto impostados y muy al margen de la realidad social actual. Pero no nos engañemos esta no es una novela social, ni mucho menos. Es una historia de amor muy endeble, o pretende ser una historia de amor apasionado, que quiere envolverse en una trama de misterio que bajo mi punto de vista no intriga ni un ápice.

Tal vez lo bueno de la obra esté al principio, justo lo contrario de lo que debería ser, en el desenlace, y es que sin destripar el final, no hace honor a lo que se espera de ella. La propia Pilar vive un idilio de tres días un tanto inesperado y salvaje. El hombre de sus sueños, un francés, se postula como el icono del idilio perfecto y deseado para una mujer madura. Pero con la pulcritud con que apareció el galán, su partida hacia un teórico viaje como periodista de guerra a Siria, comienza a despertar la angustia en la protagonista, sumida en su propia soberbia, hedonismo, y la búsqueda de la identidad real de su amante.

Y ya está, lo interesante está hasta ahí, hasta el momento en el que los dos personajes principales están presentes, en cuanto el galo Sébastien Pagés hace mutis por el foro, no sin antes haberse llevado de Pilar el reconocimiento, de que lo ocurrido había sido un rollo veraniego (chocante por otro lado, porque la escritora no parará de lamentarse en todo el relato), pues esperas algo más, más acción, viajes, una conspiración internacional, pero no, la autora se enfrasca en un camino lento de conmiseración e investigación que aburre a ratos, a muchos ratos.

Es curioso como se orquestan actualmente los premios literarios, algunos premios literarios, desde luego lo que acaece en el Planeta es bien visible, no pasa tanto con el Nadal. Al jurado del Planeta le encanta que sus premiados sean conocidos y si han salido en la tele mejor, el perfil de periodista es muy apreciado, incluso si tiene ramalazos con la prensa del corazón tampoco es desdeñable (Boris Izaguirre fue finalista en 2007), basta con que la historia sea actual, bien escrita (ortográfica y estilísticamente correcta) y que hable de la gente, es algo muy recurrente. No tienen cabida autores desconocidos, un anónimo por muy bueno que sea aun contando la misma historia no tendría cabida. Pero tampoco veo a Isabel Allende o Pérez-Reverte ganando este galardón literario básicamente porque no se presentarán a tan populista certamen, sobre todo en esta última década.

Casualmente la escritora Pilar Eyre no es una novata de la literatura, y aunque esto es lo primero que yo leo de ella, se había especializado en novelas históricas. No nos engañemos, lo que vende más en la literatura de nuestro país en la última década es este género, a mí sinceramente no me termina de convencer, porque inventar o suponer acerca de lo que pudiera haber sucedido en el pasado se me hace cuesta arriba, no me llena, no me resulta creíble, y por mucho que una novela sea eso, una invención, cuando se trata de novela histórica deseo que haya visos de realidad, y en este género hay mucha trola, y mucho historiador dotado de la verdad absoluta e irrebatible. En mi humilde opinión no debiera haberse apartado esta escritora de lo que le funciona, aunque haya obtenido este triunfo, a todas luces sobrevalorado.

Pero ya está, el libro se deja leer, es facilito y nada enrevesado, las fases de aburrimiento se suceden cual «Ojos del Guadiana», y si tienen la voluntad e interés de saber cuál es la auténtica personalidad de Sébastien Pagés, lleguen hasta el final, no es abultado el libro y se llega con no demasiado esfuerzo, si se enganchan pues lo pausan y miren el teletexto de la televisión. Eso sí, no busquen un desenlace de película de misterio, al final el personaje del francés hace que se desmorone un poco lo que se va construyendo en las páginas precedentes; lo mismo hay gente, seguro que mucha gente, que opina distinto que yo, en particular, el jurado del Planeta y sus mentores.

Y, por cierto, lo del título de la obra es el remate del tomate, porque no tiene sentido alguno, no hace alusión, salvo una sola vez, a lo que trata de expresar. Con un título diferente y habiendo inventado un final mejor, hubiera ganado muchos enteros, a lo mejor el premio no.

sábado, 1 de agosto de 2015

AZUL Y NEGRO, EL TRISTE OLVIDO DE UN GRUPO GENIAL

Es, sin duda, uno de los grupos musicales más olvidados de nuestro país, tal vez el más injustamente desplazado de la historia musical de España, dada la calidad de sus producciones y de lo que supuso en su momento para el panorama artístico nacional e incluso internacional.

No sé muy bien cuáles fueron o cuáles son las causas por las que esto es una realidad, lo que es cierto es que no menos de cinco temas si se los pusiéramos hoy en el siglo XXI, en el año 2015, a un joven o a un adolescente, a buen seguro que los reconocerían, y a la par serían incapaces de saber quiénes son los autores, al igual que sería imposible que pudieran descifrar que eso que están escuchando tiene más de treinta años.

No obstante, hurgando en la memoria de este grupo hay que decir que, de algún modo, es un proyecto que desde dentro no se ha tratado bien a sí mismo. Y me explico, el grupo que en sus inicios fue un dúo compuesto por los cartageneros Carlos García-Vaso y Joaquín Montoya, tuvo una época dorada que duró prácticamente una década, la de los 80 del siglo pasado y principios de los 90. Allí vinieron sus principales éxitos y sus sintonías no sólo se oían en todas las radios, chiringuitos, piscinas, discotecas, sino que además era cabecera de programas de televisión, música ambiental de documentales y producciones varias, y como emblema del grupo cabe destacar aquel célebre «Me estoy volviendo loco» que fue la canción de la Vuelta Ciclista a España de 1982.

Sin embargo, la gallina de los huevos de oro se quebró y Joaquín Montoya abandonó el proyecto. Su compañero Carlos pasó a liderar el grupo y en teoría sigue funcionando, pero con tan pésima popularidad y difusión que realmente pareciera que ya no funciona. De hecho, los de mi época pensarán que aquel grupo murió hace mucho pero que mucho tiempo. Y lo que es peor, siendo un recurso de segunda o tercera fila que deja en mal pie todo el legado de aquella etapa de ensueño.

Pese a ello yo me quedo con aquella década, con ese Azul y Negro, que ya digo, no sólo sonó en España sino que fue un impacto a nivel mundial. Estamos no sólo ante el primer grupo de música tecno en España, sino también uno de los primeros a nivel mundial. Aunque pioneros fueron los Jean Michel Jarre o los alemanes de Kraftwerk, como estandartes más icónicos o conocidos, no es nada arriesgado concluir en que Azul y Negro impuso un sello propio, mucho ritmo, sintetizadores, con predominio de la música pero sin desdeñar alguna letra no demasiado elaborada para adornar el sonido.

Cuando digo que a un joven le puedes poner ahora cinco temas y es posible que los reconozca, a los de mi época nos pueden poner diez o quince y nos van a sonar sí o sí. Particularmente entrañable me resulta aquel programa de la tarde de los sábados en TVE llamado «Los sabios», cuya sintonía de cabecera era aquel mítico «Hitchcock makes me happy». Qué buenas tardes con aquel programa de los que ya no se ven, para adolescentes y de cultura, ¿cuántos hay ahora? La presentadora era una Isabel Gemio (por aquel entonces se hacía llamar Isabel Garbí) un tanto modosita y algo verde, y aquel M.I.M. (Mi Inteligente Muñeco) que hacía las delicias de todos los jóvenes que nos acercábamos a ese escaparate del conocimiento general, devastado a lo largo de los años y cubierto como muchos programas interesantes por la basura de chicos y chicas tatuados de Mujeres Hombres y Viceversa o comoquiera que se llame, o la bazofia de los Sálvames y programas del corazón afines de cada cadena televisiva.

Y es que al hilo de lo anterior, Azul y Negro trataba de trascender el ámbito doméstico, no solamente con sintonías pegadizas, rítmicas, sino que sus temas se cantaban originalmente en inglés e incluso en alemán, eran muy cosmopolitas, y a buen seguro que hicieron sus pinitos allende nuestras fronteras, celebrando algún que otro concierto.

Del mismo modo que Azul y Negro pretendía ser un pionero de esta música del futuro, esta tendencia también la proyectaban en su producto final, no en vano se dice que fue el primer grupo español en editar un disco en digital, concretamente en 1984 sacaron unas doscientas copias de su álbum «Suspense», cuando por entonces existían muy pocos aparatos que reprodujeran CD (la primera vez que yo vi uno fue en 1985), tal y como lo concebimos hoy día, tecnología por otra parte más que superada.

En cualquier caso, mi homenaje, como ya he comentado antes va para el Azul y Negro primigenio, y es que en música no ocurre como en otros ámbitos de la vida, donde has de renovarte o morir. En música no, en música si un proyecto ha funcionado no lo cambies ni hagas aventuras, porque no sólo te cargas el grupo, sino que también te cargas su historia.

Y con esto no quiero quitar mérito a los dos creadores del grupo, ambos con una sólida formación musical, el más «moderno», García-Vaso, que en los 80 era muy llamativo con su pelo tintado de rubio y que mantiene vivo el grupo, y Joaquín Montoya, que nunca ha abandonado la música aunque desde un aspecto privado y pedagógico, un artista que es doctorado en música y que tuvo un Premio Extraordinario Fin de Carrera, casi nada al aparato.

Por cierto y para concluir este breve y humilde panegírico, parece ser que el nombre del grupo tiene un origen un tanto friki, y es que al productor musical le gustaba mucho el fútbol y quiso plasmar en el nombre los colores del equipo italiano del Inter de Milán, el conjunto Nerazzurro.

domingo, 26 de julio de 2015

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA HALTEROFILIA, EL CUERPO Y LA MENTE AL LÍMITE

Hossein Rezazadeh
No puedo negar que, como buen amante del deporte, hay deportes que me gustan más y otros que me gustan menos. Aunque bien es cierto que los que me gustan menos, son valga la redundancia, los menos. Nunca he hablado en este blog de la halterofilia y eso que me parece un deporte muy atractivo, que apenas veo en las retransmisiones en abierto más allá de los Juegos Olímpicos, pero no estoy al margen de las evoluciones de nuestros deportistas patrios en competiciones internacionales, y suelo estar conectado cuando hay campeonatos mundiales o europeos.

Lamentablemente la halterofilia es uno de esos deportes que está siempre bajo la sombra de la duda, acuciado por esa mancha del dopaje que enrarece tanto al sano deporte practicado en condiciones de igualdad. Probablemente el ciclismo sea el deporte al que más daño le ha hecho el dopaje, igualmente al atletismo, y en la halterofilia y en general en los deportes de fuerza, raro es el campeonato en el que no se descubre a algún impostor, por nombrar con una palabra fina al referido tramposo.

Y es que esto del dopaje es de lo que peor me sienta en el deporte, porque aparte de jugar con ventaja, supone una invasión en el organismo humano que, en no pocos casos, se ha cobrado víctimas cuando se ha dejado con posterioridad la profesionalidad. El saber si los resultados deportivos que vemos cada día son reales o están mediatizados o manipulados por ayudas externas en forma de inyecciones, transfusiones, pastillas..., es una cuestión que no sé si en un futuro resolveremos, a día de hoy todos sabemos que hay deportes donde esto se trabaja a distintos niveles, y lo peor de todo, es que es indetectable, o lo que es lo mismo, que los malos siguen yendo por delante de los buenos, y que las investigaciones para solapar o borrar las huellas del dopaje avanzan con más rapidez y precisión que los mecanismos para averiguar de forma fidedigna si tal deportista se ha dopado.

Por cierto, para muestra un botón, hace apenas unos meses conocimos la experiencia de un periodista de la BBC que quiso poner a prueba el pasaporte biológico, se sometió a inyecciones de EPO, o eritropoyetina (sustancia natural que producen los riñones), consiguiendo un evidente avance en resultados deportivos como aficionado; en este sentido, las pruebas de detección de esta sustancia resolvieron que no se había inyectado. Y hay que subrayar que todo esto fue realizado de forma un tanto chapucera y con la ayuda de médicos no especialistas en la materia, siguiendo instrucciones a través de manuales por Internet. Por cierto que la eritropoyetina fue conseguida también en Internet, de forma fácil, comercializada desde China, es decir, al alcance de todo el mundo, muy barata para un deportista que pretende incrementar de forma sustancial sus resultados deportivos.

La halterofilia podríamos decir que es el deporte de fuerza por excelencia, no hay músculo, hueso, tendón, articulación del cuerpo humano que no esté comprometido cada vez que se levanta la barra con sendas colecciones de pesas a cada lado de la misma. Pero aparte de eso, el aspecto mental es esencialísimo, muchos deportistas llevan en su cabeza la confianza de que lo van a conseguir, como lo duden lo más mínimo, eso puede poner en riesgo su intento. A este respecto, resulta tan interesante como la competición deportiva, el ver lo que se cuece entre bambalinas, en la sala aledaña al espacio principal de competición donde los deportistas se encuentran calentando, siguiendo las instrucciones de sus preparadores, escuchando música..., cada cual se relaja y se motiva a su manera. En los instantes previos al levantamiento se sucede toda un ceremonial muy particular en cada deportista, es como que si no se hiciera esto te falta algo, el toque final. Unos huelen alguna sustancia muy penetrante, suelen ser sales de amoníaco, para activarles del todo; otros reciben severas palmadas en brazos, piernas o espalda de sus entrenadores; otros gritan...

La halterofilia es un deporte que por su propia esencia es barato, basta con disponer del equipo inicial, barras, pesas y otros materiales propios de un gimnasio, y ese equipo puede durar muchísimos años. Para los deportistas el material más costoso seguro que es las zapatillas, son especiales, pues se hacen casi a medida, con alzas en una parte del pie para contribuir a la estabilidad del haltera cuando ha de levantar cargas tan pesadas.

Podemos decir que la halterofilia, con sus singularidades en cada época, ha existido casi desde el inicio de la humanidad, el levantamiento de peso ha sido la prueba más palpable para medir la fuerza de un ser humano. De hecho, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna ya estuvo presente este deporte. Entonces se llevaba a cabo el levantamiento con una sola mano y con dos manos, este último es similar al actual levantamiento en dos tiempos.

En los Juegos de 1920 prácticamente la configuración competitiva de este deporte quedó tal como hoy la conocemos, es decir, hay dos tipos de levantamiento. El primero es el de arrancada, el deportista levanta la carga en un solo esfuerzo desde el suelo hasta por encima de su cabeza, agachándose del todo, situando sus brazos con una abertura más amplia que en los dos tiempos, y manteniendo la barra estabilizada arriba durante unos tres segundos y sin desplazarse en la tarima con los pies, tiempo en el que los jueces determinan la validez del levantamiento, pulsando verde en caso de intento válido y rojo al contrario, puede que alguno decida en contra de los otros, pero se prioriza la decisión de los otros dos. Este mecanismo opera en los dos tiempos o envión (clean & jerk en inglés), la diferencia en este tipo de levantamiento, es que el haltera lleva en el primer tiempo la barra entre la barbilla y los hombros (abertura de brazos más estrecha que en la arrancada) y en el segundo tiempo la levanta por encima de la cabeza, dando el empujón final moviendo las piernas con rapidez, una delante y otra atrás, aunque últimamente hay levantadores, sobre todo muchas féminas que abren piernas en paralelo, para igualar a continuación.

Es curioso, pero para los que no somos duchos en la materia, si tuviéramos que levantar una barra lo haríamos cubriéndola con nuestro pulgar por fuera y los cuatro dedos restantes a continuación, sin embargo, la mayoría de los levantadores realizan la técnica de enganche, que consiste en cubrir la última articulación del pulgar con los otros dedos de la misma mano al momento de agarrar la barra.

Por cierto, la barra en sí no es moco de pavo, la masculina pesa sola sin discos, veinte kilos, y cinco kilos menos para mujeres. Con todo y con eso, pese a esa resistencia y solidez aparente de la barra, en las categorías de más peso es normal observar como la barra se arquea por el centro, lógicamente sin llegar a partirse nunca.

Lo que sí se pueden partir son articulaciones e incluso huesos, las exigencias de la competición son tales que muchas veces los deportistas llegan a intentar levantar pesos para los que no están física y psicológicamente preparados, y en el momento crítico el peso se les viene encima, generando consecuencias funestas. La última incidencia la vi hace apenas quince días con ocasión de los Juegos Panamericanos cuando una haltera venezolana se desmayó en plena cargada.

A propósito, la competencia en Juegos Olímpicos es mayor que en campeonatos mundiales y continentales, toda vez que en los Juegos solo se reparten medallas para el total olímpico, o sea, tres medallas por categoría de peso, mientras que en los otros campeonatos se opta a medallas en arrancada, dos tiempos y también para el total olímpico.

La elección del peso a superar es una estrategia vital para la competición y esto se decide en el momento. Se dispone de tres intentos y se suele decir que el primer intento es para asegurar, es decir, para lograr un peso que se domina, que estás convencido de que lo vas a levantar. El segundo intento es para alcanzar tu marca, esa que es tu límite hasta ese momento, un peso factible aunque duro. El tercer intento (siempre y cuando los otros se hayan superado) es el del éxito, el de superar tu mejor marca de siempre, algo que tus competidores también quieren llevar a cabo pero que si tú consigues tensa la cuerda al resto. Y dicho esto, la cuerda está tensa siempre, porque uno no decide peso hasta que no ha superado un intento, y va viendo lo que piden los otros que ya han superado, considerando que se empieza por pesos pequeños y a la barra se van sumando discos a cada lado, hasta alcanzar el máximo peso pedido por un competidor.

Es absolutamente accesible visionar en Internet los récords del mundo de cada categoría, así resulta impresionante ver el levantamiento del plusmarquista mundial en dos tiempos, el iraní Hossein Rezazadeh en la categoría de +105 kg., que fue capaz de alzar sobre su cuerpo nada menos que 263 kg. Todo un ídolo en su país por ser el primer deportista iraní en conseguir dos medallas de oro en unos Juegos Olímpicos, Sydney 2000 y Atenas 2004.

Halil Mutlu
Si impresionante resulta ver a este gigantón persa levantando tal peso, con esa barra que visiblemente se dobla ante la presión de sus extremos, no menos sorprendente es ver a los del peso «pluma», esos que no sobrepasan los 60 kg. y que son capaces de levantar tres veces su propio cuerpo; por citar alguno de los más famosos, está el célebre turco Naim Suleimanoglu, apodado el Hércules de bolsillo, o el también turco Halil Mutlu, también muy bajito (probablemente con problemas de crecimiento en su niñez).

Este Mutlu ha sido uno de los más laureados en la historia de este deporte siendo tres veces campeón olímpico en menos de 56 kg. y, sin embargo, en 2005 fue suspendido por dos años por consumo de esteroides anabolizantes, ¿se dopó en ese momento y antes no? Lamentablemente es como comentaba al principio, no sabemos muy bien la legitimidad de las medallas que se vienen consiguiendo en este deporte.

¿Quiénes son los dominadores actuales de este deporte? Pues deportistas chinos y chinas, ¿les suena? Es sospechoso, que en un país donde las leyes contra el dopaje son tan suaves y el acceso a medicamentos prohibidos en Occidente sea tan factible, se controle tanto un deporte en la más alta competición. Esto es lo de siempre, vencerá el que más invierta en esta carrera, por el momento los malos van ganando.

Lidia Valentín
Mientras tanto, no miremos a esto demasiado y disfrutemos de este antiquísimo deporte y tan propio de la naturaleza humana, la medición del ser humano de su fuerza, de su propio poderío físico.

En España no vamos mal situados, lógicamente destacamos más en Europa, a nivel mundial es otro cantar. La deportista más brillante en la actualidad es la leonesa Lidia Valentín, y en categoría masculina el joven sevillano Josué Brachi, con mucho futuro por delante. En Linares existía y existe tradición con el club San Juan Bosco, recuerdo que llegamos a tener hace años algún deportista en la élite española, e incluso hace unos treinta años llegué a ver allí un Campeonato de España.

viernes, 17 de julio de 2015

LA MOTORETTA Y LA PEQUEÑA HISTORIA DE MIS BICICLETAS

MI VIEJA MOTORETTA
Pues debía correr el año 1981 o 1982 no recuerdo bien, pero en todo caso, principios de aquella mítica década de los 80 del siglo pasado (plena juventud para mí) y después de mucho insistir a lo largo de los años, mi padre accedió a comprarnos la tan ansiada bici. Era el sueño de cualquier niño de mi época, era el súmmum de los regalos de Reyes. Se hizo de rogar, imagino que porque mi padre era muy reticente a asumir el riesgo que corríamos, porque esto es implícito a la bicicleta, que tarde o temprano te pegas un golpe más o menos gordo.

En cualquier caso, aunque tuviera unos doce años tampoco vino tardía a decir verdad, porque el modelo que nos compró era ya una bici grande, de modo que valiera para mí, para mi hermano mayor y para mi hermana que venía por detrás de mí, o sea, visión de futuro. Cualquier otra opción prematura, hubiera implicado adquirir alguna bici infantil que más pronto que tarde se nos haría pequeña.

Seguro que si le pregunto a mi padre sostendrá que apenas la utilizamos, o sea, que ni siquiera se llegó a amortizar. Yo puedo afirmar que sí, no fueron muchos años verdaderamente, pero los que estuvo conmigo en aquellas temporadas, a pleno rendimiento, sí que me permitieron hacer muchos kilómetros, le saqué mucho partido.

LA MÍTICA RABASA DERBI
Y he querido recordar este agradable hueco de mi pasado porque aquella bici que mi padre nos compró tenía su encanto, tenía un no sé qué, era de esas de las que hablaba todo el mundo, y eso hacía que pareciéramos más importantes, era la Motoretta de G.A.C., ahí es nada. ¡Estábamos en la cresta de la ola!, la Motoretta competía con otras míticas bicicletas de características similares que se hicieron muy populares en aquella época, la Rabasa Derbi, la Torrot, la Bicicross de BH... Yo ya sabía montar en bici, fue una Semana Santa en casa de mis primos de Villanueva de la Serena (Badajoz), me caí varias veces, pero terminé por controlar el artefacto mecánico.

También la rememoro por dos razones más, la primera es que no hace mucho vi en Internet a un individuo que subía y bajaba puertos con una bicicleta de estas en plan rompepiernas, porque caber recordar que esas bicicletas no tenían cambio alguno, es decir, un plato y un piñón, y nada de amortiguadores como ahora, más gráfico imposible. La otra razón es que mi Motoretta sigue viva en Begíjar (se muestra en la foto que inicia esta entradilla), arrumbada junto con un montón de trastos. La rueda delantera estaba por allí, me confirmó mi padre, y eso quiere decir que si tuviera un subidón retro alguna vez, el arreglo sería simple, engrasar la cadena, ponerle cable de frenos, cámaras nuevas y ¡a correr!

La estética de aquellas bicicletas contrasta con la actual, entonces eran unas bicis pesadas, con ruedas gorditas, un sillín grande y mullido, y un manillar alto, todo para llevar una postura relativamente cómoda, bastante erguido, al más puro estilo «Verano azul» que obviamente es de mis hierbas. Ya se sabe, las de hoy, las de montaña, son más livianas, ruedas algo más finas pero con un radio mayor, sillín de carreras y estructura que te obliga a doblar más la espalda, algo que afecta sí o sí a tu integridad. Las bicicletas de paseo son las menos en las tiendas especializadas, y prácticamente no ves a nadie con una bici de ese tipo, la bicicleta de montaña se impuso hace ya veinte años y mantiene ese liderazgo, con numerosos avances que cada vez la hacen más ligeras, con más cambios, amortiguación, frenos de disco...

No obstante, la Motoretta pese a su apariencia estética de bici de paseo, en realidad, tenía una acusada deriva hacia el motocross y, de hecho, esa posición erguida te permitía echar hacia atrás el cuerpo y conseguir los célebres caballitos que tanto gustan a niños y jóvenes. Por entonces, había detrás del bloque de enfrente de donde vivía un amplio descampado, en el mismo se sucedían de forma caprichosa promontorios de varias alturas en los que yo hacía mis pinitos y lograba hacer unos saltos muy respetables. Después me «especialicé» en ciclocrós en el mismo lugar y, salvando las distancias, quería emular a esos belgas y holandeses que con su bici de carreras subían y bajaban montañitas y se ponían perdidos de barro. Allí me hice mi propio circuito en el que disfrutaba durante muy buenos ratos en solitario queriendo ser en un futuro una estrella de esa disciplina deportiva en la que España jamás había sido nadie.

Junto con todo esto, alternaba mi amortización de la Motoretta con excursiones fuera del barrio y fuera de Linares, y sin miedo me metía decenas de kilómetros entre pecho y espalda, con la bici tocho, sin cambios ni amortiguadores, casi a la aventura.

Y ocurrió, mis padres no las tenían todas consigo con el asunto de la bicicleta y yo insistía en que sus temores eran infundados, porque yo manejaba bien, pero al final se fundaron, es decir, que me la pegué. Fue un sábado de invierno por la mañana, y la Motoretta que tenía mucha tralla y muchos golpes, andaba con el pedal derecho medio partido. Íbamos un amigo del barrio y yo a Vilches, para el que no lo sepa para subir a Vilches que está en una loma viniendo de Linares, hay una cuesta considerable para llegar con rampas muy serias. A la vuelta el pedal se terminó de romper, y optamos por seguir de forma algo más penosa apoyando mi pie derecho en los apenas dos o tres centímetros de hierro que antes fue pedal y que había quedado vivo y, sobre todo, haciendo el mayor gasto con la pierna izquierda. Pero en una bajada, intentando meterle caña a mi bici-tocho, pues se me escapó el pie derecho del mini trozo de metal y metí el pie en la rueda delantera, la Motoretta saltó por los aires y yo aterricé con todos los morros.

Total, la cara hecha un cristo, lo más significativo es que mis dos incisivos centrales superiores me los había partido, uno de forma horizontal y otro en diagonal, aparte de heridas en manos, brazos y piernas. Pasaron por allí unos con un Land Rover y remolque y echaron atrás las bicicletas (la de mi amigo también) y nos llevaron a Linares. Aparte del susto inicial, mis padres confirmaron lo que nunca querrían que hubiera pasado: «Te lo dije». Me tuvieron que arreglar los dientes cuando terminé de crecer y seguro que mis padres se gastaron el dinero de tres Motorettas y a fuer de ser sincero que desembolsaron una buena suma, porque el dentista que me arregló la boca en Úbeda me estuvo mandando cartas a mi casa durante muchos años en el día de mi cumpleaños. Hizo un buen trabajo y, de hecho, mis incisivos de arriba antes eran más grandes, era algo dentón, y me los apañó estéticamente.

LA MOTORETTA 2
La Motoretta sirvió después, pero menos, aunque siempre tuve un grato recuerdo pese a aquel luctuoso incidente del que tengo testigos en mi boca. Y ese tipo de bicis evolucionaron en muy poco tiempo, de hecho, los competidores de la Motoretta (por cierto, bici fabricada en la localidad guipuzcoana de Éibar por G.A.C., siglas de Garate, Anítua y Compañía), con esos modelos de bicis que he referido con anterioridad llevaron a cabo la modificación principal en el asiento, en forma de L, al más puro estilo de las clásicas motocicletas Chopper, y rápidamente G.A.C. se puso las pilas y también se sumó a la onda, por lo que sacó al mercado la Motoretta 2 con ligeros cambios en la horquilla, pero con un sillín más deportivo y molón.

Por cierto, una curiosidad más de la Motoretta 1, el sillín, propio de un ciclomotor, era en realidad muy similar al de su hermano mayor y, de hecho, en la parte trasera de este sillín se leía Mobylette, y es que este ciclomotor con licencia francesa se fabricaba en G.A.C. desde los años 60, un clásico entre los clásicos que forma parte de la historia y el costumbrismo de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX.

Ahorraría después y con 24 años sucumbiría y me compré una bici de montaña que le saqué más partido si cabe que a la anterior. Una bici de marca estadounidense, aunque seguramente hecha en China. También me hacía muchas rutas en solitario por ahí. Fueron muchos años de ciclismo aficionado, carretera, montaña, caminos... Del mismo modo que con la vetusta Motoretta, tuve un golpe relativamente gordo con ella, iba por un camino a las afueras de Linares y bajaba una pendiente pronunciada, el camino era estrecho, y al girar en una curva y a buena velocidad que iba, me encontré un Mercedes verde que ocupaba todo el ancho del camino, no me dio tiempo a nada, sólo a lanzarme a la cuneta para no estrellarme contra el coche. Consecuencia, magulladuras por todo el cuerpo y rotura del metacarpiano del pulgar de la mano izquierda.

MI ACTUAL ORBEA
Ahora llevo algo más de un año saliendo con otra bici de montaña, una Orbea, que me tocó hace unos años en un sorteo de un grupo ciclista de mi pueblo y que, sin embargo, la tenía casi nueva, ya que prefería salir con mi perra a correr y ella me seguía muy bien el ritmo, con la bici era imposible. Lamentablemente mi perra me dejó en junio del año pasado y entonces desempolvé aquella bici que no me costó ni un duro, y ahora pedaleo más que corro. El riesgo está ahí, lo que pasa es que ahora lo limito mucho más que antes, tengo varias rutas fijas, sin sorpresas, y suelo no explorar caminos o carreteras que he rastreado poco o en las que directamente no he pasado.

Sin duda, puedo decir que el deporte al que más horas he dedicado en mi vida ha sido al atletismo, a correr, aunque por número de kilómetros seguro que he recorrido más con la bicicleta por obvias razones, y bueno, mucha parte de culpa la tuvo aquella Motoretta tan chula que hoy habita, un tanto descuidada y olvidada, en el desván de un pueblito de la provincia de Jaén.