sábado, 28 de mayo de 2016

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE (VII)

En mi anual compromiso con el hielo en España, toca repasar lo acontecido tras la temporada terminada que se computa y así lo tengo como referencia, una vez finalizado el Campeonato Mundial absoluto masculino de hockey sobre hielo que este año se ha celebrado en Rusia, y que ha tenido como digno vencedor a Canadá, ¿cómo no?, que superaba en la gran final a Finlandia; siendo la medalla de bronce para los anfitriones que se imponían a Estados Unidos en la final de consolación, en lo que otrora era cuestión de estado y ahora, todo mucho más despolitizado, es un choque que apenas trasciende a los medios de comunicación que antes se interesaban mucho por el morbo que traía implícito.

El hielo que en España, más allá del deporte de equipo del que yo me ocupo, sigue teniendo como figura rutilante la del patinador Javier Fernández que en esta temporada ha vuelto a ser campeón europeo y mundial, demostrando no sólo a propios, los de este mundillo, sino a extraños, es decir, la mayoría de españoles, que nada es imposible en el deporte si se tiene un buen entrenamiento y financiación, por más que en nuestro país las pistas de hielo apenas lleguen a la decena.

Entrando en materia, la temporada a nivel de selecciones sin ser brillante tampoco se puede decir que haya sido negativa. Ha habido muy buenas prestaciones por parte de nuestros equipos pero ha faltado la guinda del ascenso en nuestras participaciones, de hecho, parece que las cuatro selecciones se han puesto de acuerdo para clonar no solo su posición sino también su trayectoria, cuatro segundos puestos, o lo que es lo mismo cuatro platas que, en algún caso, dejan un regusto amargo sobre todo por cómo se desarrollaron las competiciones.

Por lo que respecta al apartado masculino, en primer lugar, hay que hacer mención a la competición doméstica, cabe recordar que en la campaña 2014/15 se decidió por parte de la Federación hacer un ensayo para juntar en una sola la Superliga y la 2ª División pero el experimento no funcionó, y eso que yo era partícipe de que se intentara; a la postre se verificó que los equipos de la Superliga tenían muchísima mayor calidad y presupuesto que sus hermanos pequeños, hasta el punto de que ni siquiera sirvió a los grandes para ejercitarse ni a los pequeños para bregarse y aprender, y todo lo más lo que hizo fue incrementar el apartado de gastos con los consiguientes viajes de los equipos.

Así que en este año se ha vuelto al formato habitual de Superliga con la participación de los cinco grandes equipos de nuestro país en la actualidad: Jaca, Txuri Urdin, FC Barcelona, Puigcerdà y Majadahonda. A este respecto hemos de congratularnos porque el CHH Txuri Urdin uno de los equipos más laureados de la historia del hockey hielo en nuestro país, de hecho, el segundo por detrás del gran referente, el CH Jaca, pues ha dado un salto de calidad y ha sido uno de los gallitos esta temporada, algo que se echaba en falta por parte de la afición donostiarra toda vez que el club vasco llevaba mucho más de una década sin tocar pelo.

Esta temporada, sin duda, ha sido una de las más competidas de los últimos años, y esa es una muy buena noticia para este deporte, porque más competición equilibrada y con lucha hasta el último suspiro implica la lógica elevación en el nivel deportivo de los equipos. Al final de la competición regular se llegaba con el primer puesto del CHH Txuri Urdin y el segundo lugar para el CH Jaca, cada uno se imponía en la eliminatoria semifinal a Majadahonda y FC Barcelona respectivamente con cierta facilidad; por cierto hay que subrayar el importante bajón de nivel este año del CG Puigcerdà que solo ha ganado un partido en la competición regular.

En la eliminatoria final hubo de todo y emoción a raudales, con el factor cancha favorable a los de San Sebastián, el primer partido era para los locales aunque veinticuatro horas más tarde en el segundo choque, serían los jacetanos los que se impusieran. Invertido el factor cancha, favorable ahora para los aragoneses, estos no supieron aprovecharlo, pues si bien ganaban el tercer encuentro, en el cuarto los vascos les devolverían la moneda y se llevaban la serie a su cancha para rematar la faena en el quinto y definitivo encuentro. Pero allí los oscenses darían una vuelta de tuerca y en esta loca eliminatoria final arrollaron por un claro 2 a 6 que les proporcionaba un nuevo título liguero para sus vitrinas.

Curiosamente una semana más tarde en la Final a 4 de la Copa del Rey, Jaca y Txuri Urdin se volverían a ver las caras en la gran final disputada en San Sebastián y los locales se pudieron sacar la espina del título liguero perdido tras haberlo saboreado tan de cerca y se imponían, esta vez sí, por un inapelable 4 a 1.

Por lo que respecta a la liga de 2ª División llegan buenas noticias. Sí es cierto que se echa en falta más competidores que en las temporadas precedentes, habiendo sido de la partida Majadahonda II, Boadilla, Valdemoro y Logroño; tras una competición regular en la que quedaba primero CH Boadilla, posteriormente no pudo reflejar su regularidad en las series finales perdiendo contra Milenio Logroño Panthers, y esta es la buena noticia, que la labor desarrollada desde hace años en la capital riojana empieza a dar sus frutos y esperemos que estas buenas sensaciones permitan en el futuro un posible ascenso a la liga grande. En España no hay ascensos ni descensos obviamente, y una inclusión en la Superliga, por cierto, este año denominada Liga Nacional de Hockey Hielo, sólo vendría determinada por los méritos deportivos acreditados y otras garantías, es decir, jugando y ganando o estando cerca de los de arriba, mostrar un presupuesto solvente y disponer de una plantilla con algún fichaje foráneo que asegure un incremento de nivel.

En cuanto a las competiciones europeas de clubes, esta campaña nuestro representante fue CH Jaca como campeón de la liga 2014/15 y no desentonó en el pasado mes de octubre en el grupo de la Continental Cup que le correspondió y que esta vez tenía a rivales de países con muchísima tradición de este deporte. Acudió a tierras húngaras para enfrentarse con los campeones letón, esloveno y húngaro, casi nada al aparato, considerando que estos países juegan habitualmente a nivel de selección en el Campeonato del mundo absoluto. Los jacetanos perdían sus tres partidos, ante el Mogo Riga por un digno 6 a 3 (el equipo letón fue el vencedor del grupo clasificatorio y además hay que señalar en el primer período se fueron los aragoneses venciendo 2 a 0, algo que nos hizo soñar), por un meritorio 3 a 1 contra los eslovenos del Acroni Jesenice, y finalmente por un más abultado 10 a 2 frente a los locales del Miskolci Jegesmedvek.

Por lo que respecta a las competiciones de selecciones nacionales masculinas en las diversas categorías, la campaña se iniciaba bastante temprano en esta ocasión, pues a principios de noviembre celebrábamos en la localidad madrileña de Valdemoro un Preolímpico (de los muchos previos que hay que celebrar para llegar a unos Juegos y donde a día de hoy es impensable que España acceda), con la intención para nuestra selección de ganar el sector y poder seguir adquiriendo experiencia en la siguiente ronda preliminar que sería más dura y ante equipos con más enjundia. Y no pudo ser, el seleccionador nacional, el italiano Luciano Basile, conformó una selección muy joven, con una media de edad de 23 años, tal vez con el objetivo de ir probando sistemas y acoplamiento de jugadores de cara a objetivos mucho más plausibles en este temporada. El invento no salió y pese a que nos impusimos con bastante claridad a China y de forma más apretada a Islandia, en el partido decisivo se perdía contra Serbia por 5 a 3 (una Serbia a la que unos meses más tarde se batiría en el Mundial de nuestra categoría).

La selección masculina absoluta participaba en el Mundial de la división II A que tenía lugar en la catedral del hockey español, en Jaca, una muy buena oportunidad para lograr el oro ante la probablemente mejor y más fiel afición de nuestra selección. Desde luego tenía un difícil reto, pues aparte de selecciones habituales de la categoría como Bélgica, Islandia, China y Serbia, estaba Holanda que de forma algo sorpresiva había descendido la temporada anterior.

Con una selección muy similar a la del preolímpico, Basile pudo contar con los mejores jugadores de la actualidad, incluyendo un ramillete de chavales que han salido de nuestro país para disfrutar más de este deporte, para ser más competitivos, mientras simultanean con estudios universitarios o con trabajo. En el debut se imponían a China por 2 a 0 (ojo con los chinos que aunque finalmente descendieron, están empezando a meter dinero en su competición nacional con jugadores de la NHL en el ocaso de su carrera, y a poco que mantengan esta tendencia van a crecer exponencialmente en la próxima década). El segundo partido ante el principal rival, Holanda, llegó tal vez demasiado pronto, y los nuestros casi lo tuvieron, pues a prácticamente ocho minutos del final se ganaba por 2 a 0, pero los tulipanes marcarían en ese momento y también a apenas minuto y medio del tiempo reglamentario, en la prórroga con el gol de oro finalmente los holandeses nos privaron de un gran sorpresa que hubiera sido casi histórica, esta es la señal más clara e inequívoca de que se puede.

Con el objetivo de obtener medalla los nuestros hicieron los deberes ante esos rivales con los que se ven las caras cada año, con sendas victorias sobre Serbia (4 – 3 tras el lanzamiento de penaltis), Bélgica (4 – 1, el año pasado los belgas nos habían apabullado) e Islandia (5 – 2).

En la campaña venidera tendremos el Mundial en Rumanía, difícil adversario, más el concurso de las consabidas Serbia, Bélgica e Islandia, y Australia que ha sido la selección ascensora. La obtención de una medalla es un objetivo alcanzable, el batir a Rumanía en su propia casa sería un logro maravilloso pero incierto.

Por lo que respecta a la selección masculina sub 20, participaba en su Mundial de la división II B, que se disputaba en Novi Sad (Serbia), y casi enseñaron el camino a sus hermanos mayores porque también estuvieron a punto de dar la campanada, cayendo en el partido decisivo y en los instantes finales. El seleccionador español, el finlandés Timo Tuomi alineó a un conjunto de jugadores con una media de edad de 18 años, interesante para seguir picardeando a estas selecciones de base tan importantes para el desarrollo de este deporte en nuestro país. Los rivales eran los de siempre, o sea, Serbia, Bélgica, Islandia, Australia y los anfitriones.

En el primer partido ante los locales, los nuestros dejaron bien claras sus intenciones de luchar hasta el final, y los derrotaban con claridad por 4 a 1. Los australianos no fueron rivales y se les vencía por 9 a 3. Ante los chinos otra victoria contundente por 10 a 1. Y finalmente antes del choque decisivo ante los rumanos, los belgas también caerían ante nuestras huestes 6 a 1.

El partido ante los rumanos fue de tú a tú, el primer período acabó con victoria parcial de nuestros contendientes por 2 a 1, un empate a uno en el segundo período dejaba todo por decidir para el tercer período. Y este fue una locura, una hemorragia atacante de la que los nuestros fueron los damnificados, pues a poco que se hubieran centrado en defensa la historia hubiera sido otra. Comenzaba el período y antes del minuto 6 nuestros chavales le habían dado la vuelta al luminoso que reflejaba un momentáneo 4 a 3 para nuestros intereses. Empatarían los rumanos, responderían los nuestros a poco más de ocho minutos para el final, volverían a empatar los rumanos casi al instante, y en los últimos minutos, que fueron un correcalles, nuestros chavales cayeron en la trampa del juego desordenado rival y con una inferioridad de dos jugadores fue prácticamente imposible aguantar el asedio a la portería y se recibía el gol mortal a tres minutos y medio del final. Con los rumanos atrás y la moral por las nubes no dejaron escapar el triunfo por 6 a 5 y el ascenso de categoría. En este caso una nueva medalla de plata que estuvo muy cerca del oro y que también tiene un regusto algo amargo por lo que se dejó de ganar.

En este curso venidero el Mundial de la categoría tendrá su sede en España y ¡atención!, ya que puede ser especial pues las localidades propuestas son Valdemoro o Granada, en caso de que sea la ciudad de la Alhambra ya me estoy apuntando para ver el previsible encuentro decisivo. En liza estarán juntos a nuestros seleccionados, Bélgica, Australia, Serbia, México y Corea del Sur, estos últimos serán, sin duda, el rival a batir.

En la categoría sub 18 en el Mundial de la división II B, también disputado en España, en Valdemoro (la Federación intenta que se celebren aquí los eventos por facilidad de comunicaciones, por ahorro económico y por interés deportivo), teníamos enfrente a Bélgica, China, Islandia, Serbia y los favoritos, Estonia. Además el reto estonio no era moco de pavo, la vecindad con Finlandia, el compartir un idioma parecido y los lazos de unión entre ambos países hacen que la realidad del hockey hielo en Estonia esté más rodada y encauzada, de hecho, algunos de sus jugadores de todas sus categorías compiten en Finlandia.

En todo caso, el plan salió como estaba previsto, es decir, vencer en todos los partidos y jugárselo todo en una especie de gran final ante los estonios, y a este respecto nuestros jóvenes liquidaron a China (7 – 2), Serbia (4 – 2), Islandia (3 – 0) y Bélgica (8 – 5). La cita con los estonios tuvo todos los ingredientes de los partidos decisivos de esta temporada, o sea, choque equilibrado, alternativas en el marcador, derrota por la mínima y decidida en el último período. Al término del primer período los nuestros se fueron con un esperanzador 2 a 1, en la segunda parte los bálticos le darían la vuelta al electrónico colocándose 3 – 2 arriba, y un doble intercambio de goles dejaba el 5 a 4 en el marcador. Con algo más de cinco minutos por jugar nuestros chicos no pudieron perforar la portería rival con el objetivo de forzar la prórroga y disponer de opciones para la victoria. Los estonios demostraron tener más fondo físico y buena calidad individual, patinaban muy rápido y con bastante destreza.

Esta próxima temporada nuestros chavales tendrán que viajar a Serbia donde se jugará los cuartos ante los anfitriones más Bélgica, Islandia, Australia y Holanda, esta última será el rival a batir.

Desde luego no va mal la cantera aunque nos estamos quedando demasiados años con la miel en los labios y sí se percibe cierto estancamiento. Alguna noticia positiva se puede entresacar de lo que está por venir, de hecho, la selección sub 16, en esa categoría no hay competiciones oficiales, ya ha disputado amistosos en 2016 con equipos tan relevantes como Gran Bretaña (dos divisiones por encima) a la que ha conseguido batir; vamos a ver si esos mimbres se siguen trabando adecuadamente para salir de esa zona plana.

Pasando a analizar lo acontecido en el hockey hielo femenino español, hay que decir que la competición nacional también está de enhorabuena pues al tradicional dominio de las chicas de Majadahonda, este año le ha surgido unas competidoras bastante fuertes con el conjunto del ASME Ice Blue Cats de Barcelona que se impusieron en la liga y copa. Una liga que, por cierto, este año ha tenido siete equipos, uno menos que la pasada campaña, pero yo creo que hay que congratularse por ello ya que el hockey femenino en España sí que crece a pasos agigantados.

En Europa estuvo la SADH Majadahonda y acudieron a aprender a Letonia para competir contra las campeonas de ese país, de Noruega y Dinamarca. En ese aprendizaje tampoco desentonaron, perdiendo contra Jordal Oslo 4 a 1, las danesas del Herlev Hornets por 10 a 4 (las que se llevarían el torneo) y las letonas del Laima Riga por un meritorio 2 a 0. Esta temporada venidera cambian el testigo y tendrán su oportunidad de foguearse por esas pistas europeas las chicas del ASME Barcelona.

En cuanto al crecimiento de nuestro hockey femenino, lo hace de forma tan visible que verdaderamente pensaba que este año nuestras chicas de la selección absoluta iban a ascender, y curiosamente luego estuvieron más lejos que los chicos. El rival a batir estaba más disperso, las mexicanas, siendo unas completas desconocidas, dieron la sorpresa el año anterior, pero también estaban las neozelandesas que son las que habían descendido y tenían más experiencia en divisiones superiores. El Mundial de la División II B se celebraba en casa, nuevamente en Jaca, oportunidad de oro para conseguir ese preciado metal que se materializa en un atractivo ascenso de categoría. Las rivales, aparte de México y Nueva Zelanda, eran islandesas, australianas y turcas.

El nuevo seleccionador nacional, el sueco Per Christian Yngve, confeccionó un equipo muy joven con una media de edad de 20 años, una apuesta arriesgada pero que tiene que dar sus frutos en los próximos cursos.

Empezaron nuestras deportistas muy fuertes ante Nueva Zelanda, que no fue ni sombra de lo que había demostrado en anteriores campañas y se la vapuleaba por un sorprendente 11 a 1. Más duro fue el choque ante México, rival que doblegó a España la pasada temporada, y que en esta ocasión tuvo que hincar la rodilla tras un solvente 3 a 0. Con las islandesas se ganaba con un apurado 3 a 2. Daba la ligera impresión de que las nuestras se estaban desinflando, y así fue porque ante Australia directamente no se tuvo opción, y eso que en un amistoso celebrado unos días antes se las había batido por 6 a 3, pero nada funcionó, nervios, cansancio, incluso en situaciones de superioridad (power play) las nuestras no eran capaces de sacar el disco controlado (puck) desde campo propio; se perdía por 4 a 1 y todas las esperanzas depositadas se fueron al traste. En el último choque se vencía a las turcas por un intrascendente 8 a 1.

El próximo mundial para nuestras chicas tiene muchos alicientes y bastantes dudas por resolver, para empezar en la planificación de eventos para la próxima temporada está previsto que el Mundial se celebre en Turquía, las turcas habían descendido pero las croatas que vendrían de la División II A han desaparecido del mapa y han dejado la plaza a las turcas y a las ascensoras de la división inferior, Rumanía. En definitiva, con España, Islandia, Nueva Zelanda, Turquía, México y Rumanía, las nuestras volverán a tener una magnífica oportunidad para colgarse el oro, y yo voy a apostar firmemente porque sí.

Por cierto que nuestras chicas no han jugado todavía su preolímpico, va más retrasada la clasificación que en los hombres; una competición que servirá para rodarse porque es misión imposible para nuestras chicas pensar en unos Juegos a día de hoy. Esta tendrá lugar en noviembre de este año en Italia, y jugaremos contra las transalpinas, eslovenas y holandesas, más aprendizaje.

Recientemente se ha conocido la magnífica noticia de que nuestro país competirá por primera vez en la campaña venidera en la competición mundial sub 18 femenina, en la que se ha denominado calificación para el Mundial de la división I B, donde se enfrentarán nuestras jóvenes contra rumanas, australianas y mexicanas, en una competición que también tendrá sede en nuestro país, inicialmente designadas las localidades de Logroño o San Sebastián. Ese torneo será toda una incógnita, solo Australia y Rumanía han competido en la categoría, por parte de nuestro combinado, hubo buenas experiencias en el pasado mundial absoluto y, de hecho, algunas jugadoras que fueron ya de la partida pese a su juventud fueron de las más aguerridas, en especial, las hermanas Danielsson Borrasca, que no sé si por edad llegarán a tiempo para concurrir, pero que serían las piezas clave pues ya en el Mundial absoluto estuvieron entre las mejores.

La Federación Internacional sigue funcionando bien, la web fantásticamente y ya casi todos los torneos se pueden ver gratuitamente en Internet, de hecho, he visto muchos partidos de España o al menos los decisivos, una experiencia vibrante donde no siendo unas retransmisiones con grandes medios, o sea, no tienen una enorme calidad, pues a veces cuesta trabajo ver dónde esta el puck, sin duda que te ayudan mucha a evaluar el avance de este deporte en nuestro país.

Por último, y atendiendo a una parte sentimental de este blog, cada año tanteo cómo va Granada. Curiosamente en la entrada que hice sobre este deporte en 2015 tuve una de esas sorpresas agradables o inopinadas casualidades que de vez en vez te proporciona esta bitácora. Un antiguo jugador del hockey hielo Sevilla (de la década de los 70) que era a la sazón oriundo de Andújar, me indicó que en Granada, tras la Universiada, sí que había quedado una infraestructura permanente para la práctica de los deportes de hielo, en concreto, el Igloo Granada Ice Arena donde ya está trabajando el Club Hielo Granada, que ya va teniendo cantera con los más pequeñitos. Cabe recordar que apenas hace cinco años ya hubo equipo sénior en la 2ª División, y por lo que he podido leer en las redes sociales tienen intención en breve de volver a competir en esa categoría, a ver si es verdad.

Por otro lado, en unas recientes declaraciones el actual Presidente de la Federación española de deportes de hielo señaló que se está ultimando una segunda infraestructura de hielo en Granada, con lo que ahora ya sí estoy convencido de que el hockey sobre hielo con esfuerzo y tesón terminará por implantarse en la ciudad de la Alhambra, y eso generará un club sólido, torneos internacionales, alguna final a 4 de la Copa del Rey, y yo intentaré escaparme con el permiso de mi mujer.

sábado, 21 de mayo de 2016

¿ES LA FILATELIA UN VALOR REFUGIO?

Este modesto blog que empezó como un entretenimiento de fin de semana y al que yo autocalifico como bitácora escrita por un anónimo chico de provincias, pues me va dando de vez en cuando alguna que otra sorpresa agradable; así, algún famoso se da por aludido, alguien que te escribe diciéndote que le encanta el contenido y que le trae buenos recuerdos, o lo que me ocurrió la pasada semana que no tiene otro atributo que el de insólito.

Sí porque Euskadi Radio (la radio pública de esa comunidad autónoma) me invitó a participar en su programa de tarde «Graffitti» para entrevistarme sobre filatelia pues habían visto una entrada en mi blog que le ofrecía respuestas a una serie de preguntas que se habían planteado, de algún modo, como elemento de discusión en torno a la década que se cumplía del escándalo de Fórum Filatélico y Afinsa, por cierto, destapado por profesionales de la filatelia.

He de decir que el coleccionismo en general y la filatelia en particular es uno de los temas que trato en mi blog, aunque tampoco es que sea el que más pasión despierta en mí. Puedo manifestar que alimento mi afición por los sellos de vez en cuando y me mantengo más o menos actualizado en torno a lo que ocurre en este mundillo.

Dicho esto tuve que acudir a la entrada en el blog a que hacía referencia la periodista que entró en contacto conmigo para refrescar lo que yo había escrito y, aparte de ello, para explicarme cómo una emisora relevante de este país había conseguido llegar hasta mí, un bloguero aficionado y coleccionista de sellos no profesional. Ahí obtuve otra sorpresa, uno escribe porque le gusta, tengo escaso afán de protagonismo e intento compartir mis experiencias, sensaciones y, a veces, algo de modesto conocimiento con el que he ido enriqueciendo mi bagaje personal. Cuando hice unos cuantos test de búsqueda en Google tales como «valor de un sello», «cotización de un sello», «valor de una colección de sellos», «tasación de una colección»..., expresiones que pueden ser muy comunes y que se puede plantear mucha gente, pues resulta que ahí está al menos uno de los artículos de mi blog entre las páginas mejor posicionadas, en algunos casos la primera, por encima de prestigiosísimas tiendas de filatelia de España e Hispanoamérica.

Esto me llevó a la conclusión de que tristemente no es que mis artículos puedan ser buenos o interesantes, sino que lo que se escribe de filatelia en la Red es poco relevante, amén de que adolece de cierta falta de modernidad o actualidad. He creído deducir, en este sentido, que mis artículos son relativamente recientes y que doy una visión actual de la filatelia, por lo menos para los españoles y americanos de habla hispana. Desgraciadamente la media de edad de los coleccionistas de este país yo diría que sobrepasa los sesenta años, con lo que yo que tengo doce años menos me puedo considerar casi un querubín, o lo que es lo mismo, un joven hablando de filatelia.

La entrevista en Euskadi Radio de la que no salí a disgusto pese a mi lógica bisoñez en intervenciones radiofónicas, dejó algunas cuestiones en el tintero, cuestiones que yo interpreté como aquellas que demanda la ciudadanía de a pie que no tiene ni idea de filatelia y no obtiene respuesta en Internet. Dicho esto, y dado el progresivo declive de la filatelia en España y me consta que en muchos países del mundo, la filatelia supone para una amplísima mayoría de los ciudadanos algo desconocido, casi decimonónico.

Siempre me estoy preguntando cuántos coleccionistas de sellos hay en España, pero no simples acumuladores de sellos, sino aquellos que mínimamente mueven su colección, cambian, compran, renuevan... Es posible que en esta bitácora haya hecho un cálculo en alguna ocasión, pero la sensación que tengo es que seguramente aún hay menos de lo que imaginaba, probablemente haya un coleccionista de sellos por cada mil habitantes.

En otro momento habrá tiempo para refrescar las causas de este declive brutal, ahora toca otra cuestión que Euskadi Radio me planteó y que titula esta entrada, ¿es la filatelia un valor refugio?

Si acudimos a Internet, prácticamente todas las fuentes que he consultado, concretadas en diversos artículos que son los más relevantes en la búsqueda del motor de Google, todos se manifiestan abiertamente, yo diría que en algunos casos de forma contundente, con mayores o menores razones o argumentos a señalar que sí que es un valor refugio. Es lógico pensar que la filatelia que pese a su decadencia es un negocio del que siguen viviendo familias, tenga en esos profesionales a unos defensores a ultranza de este coleccionismo, al fin y al cabo son sus habichuelas.

A mí me parece una postura loable porque sinceramente no está exenta de razón, el problema es que en economía de mercado donde funciona la oferta y la demanda, el descenso en el número de coleccionistas (a la vista está que recibo correos con mucha frecuencia de personas que han heredado colecciones de familiares fallecidos y no saben qué hacer con las colecciones) hace que la demanda sea tan escasa que pensar que mi colección de hoy puede ser un tesoro dentro unas cuantas décadas es muy aventurado, básicamente porque no se dan las circunstancias en la actualidad para entender que la tendencia pueda invertirse.

A este respecto y cumplo con un deber moral, hace unos meses una familia de Mallorca se puso en contacto conmigo porque no sabía qué hacer con la colección que una tía suya recientemente fallecida les había dejado. Esta familia, seguidora puntual de mi blog, a la que aconsejé el destino de la misma, decidió en un altruista gesto, dármela a mí, basándose en esos valores intangibles que ellos entendieron ver en mi persona a través de mis publicaciones. Desde aquí mi más sincero agradecimiento a Margalida Sastre y su familia, de Puerto de Pollensa en Mallorca.

No contribuyen tampoco a aclarar las cosas los encargados de elaborar año tras año los catálogos unificados, esos catálogos a los que acude el sector para saber las cotizaciones oficiosas de los sellos de España y del resto del mundo, de cara a eventuales tasaciones, ya que si bien es cierto que la oferta se restringe cada año (porque en teoría desaparecen colecciones por las pérdidas lógicas del paso del tiempo), no consiguen romper la dinámica del incremento moderado cada año, como si hubiera que aplicar por obligación el IPC, cuando ellos mismos saben que la demanda ha descendido de tal forma que los valores orientativos de los catálogos sirven como baremo para ser bajados de un tirón un 50 % en un montón de filatelias que conozco.

El decir abiertamente que el sello es un valor refugio es, permítaseme la expresión, pensar que todo el monte es orégano, es tanto como afirmar que todas las colecciones de sellos que hay en el mundo, por vulgares que sean (y como siempre digo vulgares no significa que sean interesantes desde el punto de vista sentimental) son un valor refugio.

Desde luego yo lo tengo bastante claro, mi colección completa, que es vulgar y donde prima la cantidad sobre la calidad, dudo que pudiera costar más de 3.000 €, y eso pensando que alguien me la quisiera comprar, pero es que pueden pasar cincuenta años más, a los que aspiro a vivir, y seguirá valiendo lo mismo, incluso si pasaran dos siglos.

Una colección muy buena no es sinónimo de valor refugio, de hecho, las colecciones no son necesariamente buenas por su valor, lo son por su valor emocional, por su pulcritud y presentación, por la cultura que destila y por las horas de entretenimiento que proporciona. De hecho, yo no cambio mi colección buena pero vulgar por una colección de mucho valor destinada a estar encerrada en una cámara de seguridad.

Magenta de un penique de la Guayana Británica
Dicho esto, es cierto que existen determinadas colecciones que sí que pueden ser un valor refugio, al fin y al cabo existen sellos y colecciones que son únicas, muy escasas o especialmente singulares, en poder de grandes coleccionistas a nivel mundial, muchas de ellas en esas cámaras de seguridad. Sin ir más lejos, y como le refería a Euskadi Radio, el sello más caro vendido en la historia fue en una subasta de la casa Sotheby's en Nueva York y alcanzó algo más de seis millones y medio de euros, en concreto «el Magenta de un penique de la Guayana Británica», se trata de un sello único en el mundo con una curiosa y romántica historia detrás que se revalorizará por su exclusividad en el futuro.

No obstante, ¿cuántas de esas colecciones exclusivas o sellos únicos existen en el mundo o en España? Realmente muy pocas, si consideramos que en España hay un coleccionista de sellos por cada mil habitantes, me atrevería a pensar que colecciones muy buenas y elitistas para ser consideradas un valor refugio, dudo que haya más de doscientas en toda España, yo particularmente no conozco ninguna, por si sirve de algo el dato. En consecuencia, la trascendencia de esas doscientas colecciones que yo he calculado a mocho, sobre el conjunto de los filatélicos de este país y sobre el conjunto de la población española es tan exiguo que no se puede concluir tan alegre y tajantemente con que los sellos son un valor refugio. Para comprar o vender esas colecciones estamos hablando de palabras mayores, hay que tasarlas por profesionales, comprobar su calidad, su legitimidad (estamos hablando de que el sello es un papel sin ningún elemento de seguridad intrínseco, como el de un billete, y sería fácilmente falsificable)...

Ahora bien, que nadie piense que no tiene ningún sentido coleccionar sellos, de hecho, en los beneficios auténticos del coleccionismo es donde nos deberíamos centrar los enamorados de la filatelia, los profesionales de este mundo y particularmente aquellos que en la Red proclaman como argumento el valor refugio del sello como forma de atraer clientela potencial.

El sello es un fantástico vehículo cultural, nos habla de la economía de los países, de sus monedas, de sus mandatarios, de política, de historia y, sobre todo, de geografía; un buen coleccionista de sellos sabe dónde ubicar los países en un mapamundi con más acierto que la media de la población.

Pero entonces si quiero invertir, ¿qué valor refugio es seguro? Si repasamos la ingente literatura existente, apreciaremos que tal vez uno de los valores más seguros es el oro, lo es porque se ha mantenido estable a lo largo del tiempo y su valor se incrementa cada año, bastante ajeno a especulaciones y bastante ajeno curiosamente a los vaivenes de la oferta y la demanda. Y digo curiosamente, ya que en una economía de mercado el oro no es un bien escaso, es más se sigue extrayendo oro en minas de todo el mundo, pero la convención social de que el oro proporciona dinero inmediato y básicamente el hecho de que la demanda sigue ávida del metal precioso permite que el oro a día de hoy sea ese valor seguro.

No obstante, nadie, ni el más experto de los economistas mundiales puede garantizar que esto sea así toda la vida. Cualquier economista sensato recomendará siempre diversificar nuestras inversiones: inmuebles, acciones y todo tipo de productos financieros, oro, etc. ¿Y sellos? Los sellos son para entretenerse para la mayoría de los mortales, no mezclemos churras con merinas, que si no pasa lo de Fórum Filatélico y Afinsa, donde se jugó con la inocencia de la gente, sobre unos sellos que no existían en las cantidades y el valor que se decían, sobre unas valoraciones interesadas para engañar al personal (por encima del 1.300 % sobre el valor de tasación según catálogos internacionales de reconocida solvencia) y sobre una demanda imaginada de esas colecciones que en ningún caso existía, y que tal y como va la filatelia en este país jamás existirá.

Por cierto, de lo último que sé es que la mejor opción que había conseguido los administradores concursales de Fórum era el de la oferta de una empresa alemana de subastas para vender las colecciones a 3,2 millones de euros, llevándose una comisión del 25 %, esto da idea de la impresionante burbuja que existía al respecto. En consecuencia, de la venta de esos sellos se podrían repartir apenas 2 millones de euros; más sacarán desde luego con los inmuebles y otros activos que tenía esta sociedad y los mangarrianes de sus administradores, para saldar tristemente en un mínimo porcentaje los más de tres mil millones de euros que invirtieron tantas personas. Visto el volumen invertido no extraña que se gastaran cada año un millón de euros cada año en el equipo de baloncesto de Valladolid, era casi una limosna.

sábado, 14 de mayo de 2016

PRIMERA COMUNIÓN: ÚNICA COMUNIÓN (III)

Tenía una obligación moral conmigo mismo y, de algún modo, con los habituales lectores de este blog, y especialmente respecto de aquellos que leyeron dos articulillos míos ya antiguos, escritos en 2012 y 2013, referidos a la Primera Comunión, en ellos ponía en solfa muchas de las magnitudes que mueven la gestión de este santo sacramento en España. Ahora me ha tocado a mí, es decir, mi hijo ha hecho la Primera Comunión, y ciertamente que es diferente ver los toros desde la barrera que estar en mitad del ruedo, así que como me mojé en su momento sin haberlo vivido, debo ahora ofrecer mi particular opinión después de la experiencia acontecida.

En aquellos dos artículos yo criticaba con cierta dureza a la Iglesia Católica y a partes iguales a la mayoría de las familias que llevaban a sus hijos a hacer la primera comunión, unos por alimentar la parafernalia no impulsando suficientemente el sentido espiritual, los otros por avenirse en la incoherencia más absoluta a pasar por la Iglesia para llevar a cabo un acto que no tiene convalidación después, de ahí que tales entradas y esta de hoy se titularan gráficamente «Primera comunión, única comunión».

No pretendo justificarme con esto por el hecho de que mi hijo fuera a hacer su primera comunión, en el momento en que escribo esto ya han pasado unas tres semanas y él ya ha hecho la segunda y la tercera comunión, y confío en que no se pare ahí.

Los que me conocen saben que adopté a un niño que tenía seis años y medio de edad cuando fuimos a por él a Etiopía en un viaje maravilloso de amor que mi mujer y yo protagonizamos hace ahora casi cuatro años. Fuimos bastante cautos en su momento con su adaptación social y especialmente en aquello que tenía que ver con su educación personal, teniendo en cuenta que vino sin entender ni papa de español. La adaptación con su entorno fue fabulosa y la adaptación escolar más difícil y continúa sin estar adaptado completamente; aunque no ha perdido ningún curso, tiene todavía cierto retraso con respecto a sus compañeros, que ahora estando en 4º se materializa fundamentalmente en la escritura y en la lectura (en el español hablado es donde mejor se defiende, con un vocabulario que con orgullo tengo que decir que es mejor que el de la media de sus compañeros de clase), lo que lo frena en casi todas las asignaturas.

Ya avanzada su vida con nosotros nos planteamos su catequesis, hay que decir que nos pareció descabellado que iniciara la misma a la par que los niños de su curso escolar, toda vez que él tardó al menos dos años completos en adquirir un buen conocimiento del español. De tal guisa que cuando consideramos que estaba en condiciones de poder entender los conceptos abstractos que se manejaban en la catequesis, así como el significado del sacramento de la comunión desde el punto de vista espiritual para un niño de su edad y, por supuesto, atendiendo también a su libertad como persona, fue cuando activamos los resortes para que iniciara el ciclo catequético. A todo esto hay que decir que mi hijo fue en el colegio desde que entró a clase de religión (católica obviamente), por lo que, en cierto modo, no resultaba sospechosa nuestra intención, toda vez que desde su nacimiento oficial para nosotros siempre quisimos que estuviera recibiendo la educación en similitud a la del resto de sus compañeros de clase.

Yo he criticado con cierta vehemencia que resulta excesivo el ciclo catequético que reciben los niños de nuestro país, tres años es mucho, y no se trata de cantidad, lo he dicho y lo repito, se trata de calidad, hay que intentar que los niños conozcan la esencia y que la catequesis no se convierta en una extensión más del cole, donde los niños van a dibujar o a hacer deberes, debe ser algo más íntimo y personal, y menos institucionalizado.

Gracias a Dios y afortunadamente para mí que asisto con habitualidad los fines de semana a misa en la localidad de Bailén, la actual configuración de párrocos y curas que rigen los destinos de este municipio permite subrayar que está en buenas manos. Dos sacerdotes de la nueva escuela, abiertos a las redes sociales y a transmitir mensajes que calen en la feligresía, por encima de homilías aburridas que no llegan ni al mejor de los devotos.

Cuando mi mujer y yo acudimos explicándole la especial situación de mi hijo a uno de los párrocos in solidum de Bailén, no le impusimos que hiciese la primera comunión este año, en la inteligencia de que no pretendíamos un ahorro de dos años en su formación religiosa, que en todo caso, no sería ahorro para nosotros sino para él que sería el que tenía que asistir a los cursos de catequesis que la parroquia entendiera. Lo que sí transmitimos es que queríamos que hiciese la comunión cuando estuviera preparado y el cura que nos atendió, observando sus especiales características y sus antecedentes escolares concluyó que con un año de catequesis era más que suficiente.

Para mí que reconozco que la parte espiritual de la catequesis y el santo sacramento de la comunión eran lo sustancial, la primera comunión de mi hijo fue un acto muy emotivo. Si quería que hiciese la comunión era por lo espiritual pero también por una razón social. Mi hijo es negro y adoptado, esto no cambiará nunca, él no tiene problemas de adaptación, ni sufre rechazo alguno, es un niño feliz y absolutamente normal. Yo no pretendo que sea mejor que nadie, tampoco peor, simplemente que crezca y que se desarrolle como un ciudadano educado, buena persona y con valores, no obstante, partiendo de su condición racial, lo que también quería con el acto de la comunión es que hiciera lo mismo que hace un niño de su edad (la mayoría); él será diferente al resto en su vida, es posible que tenga complicaciones con ello y yo lo educo para afrontar esa tesitura, pero no querría segregarlo de algo por lo que no tiene que ser distinto al resto.

Por eso, el día de su primera comunión, en el que caí en las redes de la emoción, cautivado por esa parafernalia que tanto he denostado y a la que te ves enfrentado sin más remedio, fue para mí un acto espiritual pero también un acto de reconocimiento de que mi hijo es un igual entre sus iguales, y ese sentimiento fue lo que hizo que no parara de lloriquear durante la ceremonia y unas horas después.

Dicho esto tal vez toque por coherencia y también por decencia que matice algunas de las afirmaciones que hice en 2012 y 2013 en las referidas entradas de mi blog.

Empecemos por el traje de la comunión, realmente no sé si fue primero la gallina o el huevo, pero en 2016, los curas asumen sin remedio que los niños y niñas van a ir vestidos de marineros o de princesas, ¿forzaron en el pasado muy antiguo a que los niños y niñas fueran de esa manera? Lo desconozco, la realidad es que es un hecho tangible, difícil de cambiar y los curas dan por hecho lo que es, aunque también es cierto que no mandan ningún mensaje señalando que los niños podrían ir vestidos de calle, pulcros pero no disfrazados. Yo intenté que mi hijo fuera vestido de domingo sin más, no lo conseguí, también hui inicialmente del famoso traje de marino pero mi mujer lo impuso en contra de mi opinión y la de mi hijo, que quería otro traje; he de decir que luego reconsideré mi postura, más que nada por lo argumentado más arriba, si la mayoría de los niños llevan traje de marino, pues él también, o sea, igual entre iguales.

En la parroquia donde hizo mi hijo la comunión no se nos exigió una cantidad concreta para el día de la ceremonia, simplemente nos dieron un sobre donde cada cual puso lo que creyó oportuno, ni imposición de un mínimo ni nada, y yo di con arreglo a lo que mi corazón me dictó y mis posibilidades económicas permitían. En el apartado flores tampoco se nos obligó ni a decorar por parte de alguien concreto, ni la cantidad ni calidad de los ornamentos; por lógica de la ceremonia se decora todo de una manera más especial que un domingo normal, pero lo que se puso en la comunión de mi hijo estuvo correcto, suficiente y nada recargado, y la contribución de cada una de las seis familias que llevaban a niños a la comunión ese día fue poco más de quince euros.

Más crítica sí que merece el hecho de que se agrupen las primeras comuniones en unos pocos domingos y, además, a criterio de las familias la elección del día. En la localidad donde vivo hay parroquias y los cuellos de botellas se esperan en los días más señalados, en este sentido, el día 1 de mayo, que para más inri cayó en domingo permitiendo que el lunes fuera fiesta, habrá supuesto el día más votado por las familias, eso garantiza unas fastuosas ceremonias donde escuchar misa, dado el follón adyacente se convierte en misión imposible; y ahí sí que recalco lo que dije hace unos años, siendo la primera comunión, única y última comunión para muchos, también lo es para los invitados que acuden a una iglesia con mínimo o nulo respeto, desconocen el protocolo básico eclesial y aquello se convierte en un sarao de considerables proporciones donde la actuación sacerdotal pasa a un segundo plano por detrás de, y no necesariamente en ese orden, el traje de los niños, la pamela de la madre, los zapatos de la tita, el traje del novio de la hermana, el maquillaje de la abuela, el trajecillo del bebé, el ir y venir de los fotógrafos...

A todo esto casi hay que agradecer que muchos de los invitados no aparezcan en la misa para no colapsar el asunto que ya está convenientemente apretado. Es curioso pero la pasada semana acompañé a mi hijo a la primera comunión de un amigo del cole, y la ceremonia para tres niños tuvo tal recogimiento y educación por parte de los asistentes que el discurso social y directo del sacerdote, preñado de mensajes impactantes fue realmente conmovedor, culminó con un agradecimiento a todos por nuestro comportamiento dado que en algunas primeras comuniones multitudinarias subrayaba que llegaba a los lunes deprimido. Es cierto que hubo educación y respeto, aunque también hubo gente que asistía a una iglesia como un acto excepcional, de hecho, cuando nos pusimos de rodillas para la consagración mi hijo y yo, algunas personas no lo hicieron y mi hijo me preguntó que por qué a lo que yo respondí que tal vez era la primera vez después de muchísimo tiempo que venían a misa.

Pues eso que partiendo de la base de que para los curas lo de las comuniones genera sensaciones encontradas, es grato pero también es un coñazo por el lío que se forma, bien estaría que las celebraciones multitudinarias se pudieran minimizar, proporcionando más días y no necesariamente domingos, reafirmando el protagonismo de menos niños, una mayor calidad y menos jaleo en la ceremonia, y por qué no, también para dar más margen a los padres para buscar el dichoso restaurante donde dar el festín.

Y ahí viene la segunda parte y no menos importante de toda esta historia, aunque recalco que para mí no lo fuera aunque sí un trámite necesario y no exento de vericuetos y complicaciones: el banquete. Ya dije recientemente en una entrada de mi blog que el banquete es un mal necesario, una obligación social que se hace tengas o no tengas posibles, y yo por fortuna me lo podía permitir, partiendo de la base de que todo esto no es más que una devolución programada o diferida de intereses, o sea, yo te doy un sobre equiparable al que tú me diste hace unos años, o te doy el sobre porque ya me lo devolverás tú en un futuro.

Por otro lado, tampoco sé en qué momento esto de las comuniones fue algo más que un simple y socorrido regalo económico para pasar a ser eso y también un regalo más. Creo recordar que cuando yo hice la primera comunión los invitados casi no aportaban nada porque los niños de mi época celebrábamos el convite en la casa de cada uno en plan muy familiar (aún recuerdo cuando fuimos mi padre y yo a alquilar sillas para la primera comunión de mi hermana), y todo lo más, los más cercanos te regalaban un reloj, una medalla o ese insulso libro de comunión.

Ahora no, ahora recibimos el correspondiente sobre y al niño se le obsequia con un presente que es un regalo personalísimo para él, en el caso de mi hijo, algunos útiles y otros más prosaicos. La lista de los que ha recibido mi Sami ha sido inagotable, entre ellos: una cruz de plata, dos relojes, juegos de Lego, una televisión, un inmenso coche teledirigido, una fuente eléctrica de chocolate, dos juegos de la Wii, un portafotos, un puzle 3D, dos pares de zapatillas de deporte, una gorra y, aunque seguro que olvido alguno, tres libros de comunión por falta de uno. De todo esto se deduce que, por supuesto, con esta reseña más o menos extensa, mi hijo recibió en una jornada los mismos regalos que mis hermanos y yo pudimos recibir en los Reyes Magos de una década entera. Y a todo esto, cada vez que entran regalos en mi casa a mí ya me entra cierto canguelo, dado que siempre me hago la misma pregunta: «¿Pero dónde metemos esto ahora?», y la cuestión sigue sin respuesta.

En fin, que la vida continúa que ni la Iglesia ni los padres, ni la sociedad en su conjunto, somos capaces de romper la dinámica generada; a corto y medio plazo esto no va a cambiar, porque hasta los que estaban en el lado crítico como yo, hemos colaborado para que esto se perpetúe, montados en la ola de la costumbre y de los convencionalismos sociales.

domingo, 8 de mayo de 2016

"LÁPIZ Y PAPEL" O EL CONCURSO DEL QUE CONOCÍ A UNO DE SUS GANADORES

Últimamente me dedico a repasar series o programas de la tele de cuando era niño o joven, esos espacios que me traen buenos recuerdos, que rememoran agradables ratos enfrente de la pequeña pantalla, y ya sé que sólo había una televisión pero como era la que había, pues pasa como con la familia, la de cada cual es la mejor del mundo, y los programas de aquella tele pues también.

No obstante, he de decir que este programa concurso que hoy traigo a colación tiene un especialísimo recuerdo para mí, porque me pasó en mi vida algo muy curioso y es que conocí a un protagonista y no precisamente anónimo, del mismo.

Vamos por partes, el programa que yo recuerdo se hacía los sábados por la tarde entre los años 1981 y 1982, y estaba destinado a jóvenes, yo por aquel entonces tenía catorce años, así que nos movíamos en esa franja de edad; no obstante, quiero pensar que al principio los concursantes no eran jóvenes sino adultos, a tenor de la hora y el día en que se emitía inicialmente, a las 10 de la noche de los lunes, información recabada de las hemerotecas digitales de algunos diarios de tirada nacional.

Empiezo por ese dato anecdótico, y es que si hoy salir en la tele no te garantiza ningún estrellato dada la hemorragia de canales que se acumulan en nuestros receptores de televisión, a cual peor, antes ocurría todo lo contrario, siendo una única televisión podías dar por seguro de que si salías en algún programa fueras adonde fueras te iban a reconocer.

Y eso le ocurrió a un joven de Beas de Segura, Paco, que tuvo la fortuna de salir en varios programas de «Lápiz y papel» y encadenar victorias; estuvo en el lugar deseado en el momento justo, y es que creo que en el primer programa se le dio bien y superados los nervios iniciales le cogió el tranquillo a la dinámica del mismo y se convirtió en casi invencible.

El programa culminó en enero de 1982, y yo en el curso 1981/82 terminaba 8º de la antigua EGB, por lo que de cara a mi ingreso en el también antiguo BUP, entre mis padres, mi tío Pedro y yo, decidimos que hiciera un curso de iniciación al BUP que se llamaba literalmente CIBUP, y que tenía como fin precisamente el de preparar a sus debutantes en técnicas de estudio, asignaturas, preparación de exámenes... El curso lo hice en Úbeda y he de decir que estaba organizado por el Opus Dei, institución religiosa con la que he tratado en bastantes ocasiones y en mi bagaje vital manifiesto públicamente que mi experiencia con sus miembros y con el propio ente ha sido buena.

El caso es que en aquel curso del verano del 82, que para más señas empezó el día de la final del Mundial 82 entre Italia y Alemania, allí estaba Paco de Beas de Segura, que de momento se convirtió en la auténtica atracción del curso al menos a priori. A la hora de la verdad no hice demasiadas migas con él y sí con otros chicos de su pueblo; daba la impresión de que se lo tenía un poco creído, pero a lo mejor también me hubiera pasado a mí en su circunstancia.

Hace unos años hubiera sido imposible saber de la vida de este tal Paco, hoy con Internet todo es más fácil, se llama Francisco Juan Torres Higueras, sigue viviendo en la Sierra de Segura y se dedica al periodismo (prensa y radio) y toca en la banda de música de su pueblo, casado y tiene dos vástagos.

El programa, del que ahora leo críticas sobre lo cutrecilla que era su mecánica, realmente lo era, se fundamentaba en pruebas que tenían que hacer los participantes con dos elementos tan simples como un lápiz y un papel.

Dentro de esas pruebas se encontraba por ejemplo la del célebre juego de las palabras encadenadas, donde los niños se esmeraban, los muy ladinos, en decir palabras que terminaban en «-ción», para fastidiar al siguiente (en español ninguna palabra empieza en «cion») lo que recuerdo que obligó al programa a prohibirlas para no machacar la prueba casi desde la segunda palabra.

No obstante, hay que señalar que el programa comenzaba con seis o siete concursantes, y tantas pruebas como ellos, de tal forma que en cada una se eliminaba a un aspirante, hasta que quedaba uno que era el ganador del programa y que recibía el premio más suculento, nada del otro mundo visto por un habitante actual del siglo XXI.

A todo esto cabe destacar que en cada prueba había que acumular tres errores para ser eliminado definitivamente, para el primero se le daba un adjunto (ahora explicaré qué era esto) al que había fallado, en el segundo fallo una sirena y en el tercero se le daba puerta, sin más ambages.

El programa lo presentaba un tal Ángel Quesada con un fuerte acento sevillano que era el que llevaba la voz cantante, personaje no muy conocido y que dedicó parte de su vida al teatro y al doblaje; más conocido y de mayor actualidad era su ayudante, el «adjunto» que le llamaban y que no era otro que el inefable e insustituible Pepe Carabias, ese pequeñito actor, ya veterano, que es historia viva de la televisión de este país. De ahí lo de adjunto, cuando alguien fallaba por primera vez, se le entregaba el «adjunto» que era un muñeco clon del tal Pepe Carabias.

En las pruebas había que tener sobre todo inteligencia y cultura general, aderezadas estas con buenas dosis de fortuna, puesto que también había una carrera de caracoles donde el factor libre albedrío estaba muy presente. Precisamente en las pruebas de cultura general es donde yo, de algún modo, me veía reflejado, aunque he de decir que nunca escribí para participar en el programa, mi temor al ridículo estaba presente y me temo que continúa.

Por último, hay que subrayar que en cada eliminación se generaba un dato de fecha y año de nacimiento, lugar de residencia, sexo, estado civil, etc., de tal manera que al final se buscaba un perfil de persona que cumpliera esos seis o siete datos, que imagino que terminarían siendo bastante excluyentes, de tal guisa que sólo unos pocos españoles cumplirían el perfil, y a uno de ellos, imagino que por sorteo, se le daba un premio económico, básicamente por su cara bonita.

En fin, he tenido oportunidad de revisar el programa estos días y sí que resulta un poco cutrecillo, aunque como digo la dinámica no estaba mal, sí que se observan muy añejos los estudios, el decorado, las ropas ochenteras que hoy nos parecen muy catetas y esa manera de producir con falso directo, donde incluso los pequeños errores se asumían y no se cortaba la grabación por ello. En fin, un «Lápiz y papel» para mi recuerdo por su temática y por aquel chaval que fue fugazmente famoso y al que yo conocí.

sábado, 30 de abril de 2016

LA ESPAÑA DE LAS ESTAFAS

Que en este país no aprendemos o quizás en este mundo, es una realidad palpable; cuando esta semana me acerqué a una agencia de viajes para apalabrar un modesto caprichillo en honor a mi hijo que recientemente hizo la Primera Comunión, el vendedor, genial en su negocio, con verborrea y simpatía a raudales, para tratar de convencerte de que una estancia en un hotel de la costa valía x, sacó el recurso de que gracias a él y a sus sólidos contactos te lo había dejado en x-1, una ganga, cuando en honor a la verdad podría haberte dado ese precio desde el principio sin tantas alharacas.

Lo curioso es que el vendedor, más allá de su pericia embaucadora, me subrayó que a tenor de sus ventas en los primeros meses de este año se estaba viendo una alegría económica que no recordaba, yo deduje que ya nos estábamos acercando a un estadio anterior al inicio de la crisis económica, lo cual es ciertamente aventurado, puesto que no es así y porque aparte, vivo en una localidad especialmente azotada por la crisis y muy dependiente del sector de la construcción e hija de la burbuja inmobiliaria por su estructura productiva.

Entiendo que haya gente que se pueda permitir hacer un viaje, algo muy loable, si tiene dinero para hacerlo, pero me pregunto cuánta de esa gente que se va una semana a la playa en verano está haciéndolo porque puede o porque es un postureo social por encima de sus posibilidades económicas.

Con ocasión de la Primera Comunión de mi hijo, parafernalia social donde las haya para muchos españoles (y a la que dedicaré una entradilla dentro de poco), descubres que muchas personas que no son practicantes acceden a esta convención social, y aunque no tengan dinero y lleven mucho tiempo desempleados son capaces de ponerse a la misma altura que aquellos que se lo pueden permitir, no escatiman en gastos: trajes, regalos, restaurante, tal vez viaje con el niño o la niña..., aunque ello suponga tirarse un tiempo infame, permítaseme la expresión, a pan y agua.

Y es que no aprendemos, cuando estábamos en los peores meses de la crisis y percibías que ya había afectado incluso a familias que jamás lo hubieras imaginado por su estatus, cuando a los servicios sociales comunitarios accedían personas que otrora hacían signos evidentes de ostentación; surgieron sesudas y cualificadas voces que señalaban que esta crisis iba a marcar el futuro del mundo contemporáneo, que las burbujas y los mundos de fantasía aparente que nos habíamos marcado jamás volverían a acaecer, que habíamos captado la esencia, habíamos aprendido la lección por los siglos de los siglos.

Es tan evidente que España es un país en el que olvidamos tan pronto nuestra historia que los asesinos de diverso pelaje, en cuanto pasan unos años tienen su minuto de gloria en algún medio de comunicación y no precisamente son entrevistados por amor al arte, sino que reciben fuertes sumas de dinero para narrar sus espeluznantes impresiones o para envolver una petición de perdón o un arrepentimiento que pasado tanto tiempo es fuego de artificio más que otra cosa.

Pero eso, no aprendemos, desde que yo era bien chico y vi la película «Los tramposos» de Pedro Lazaga (1959), aprendí de la mano de Tony Leblanc cómo se maquinaban los timos del «tocomocho» y «la estampita», pero por más que esta película reside en el imaginario colectivo español y que la mayor parte de la gente sabe de qué va el engaño, no es menos cierto que de vez en vez surge la noticia de que en tal o cual pueblo o ciudad a alguien se la han metido doblada.

Pero no sólo eso, los trileros siguen existiendo y continúan aprovechándose del personal, que o bien es tonto, o bien está tan apurado económicamente que ve una oportunidad donde con serenidad no se vería más que engaño.

Del mismo modo, las autoridades, empresas solventes y medios de comunicación nos advierten, entre otras fuentes, que existen otros amigos de la trampa, que buscan entrar en tu domicilio, un poco a saco, para hacerte sobre la marcha una revisión del gas. Se acreditan levemente, te meten el miedo en el cuerpo con cierta palabrería y te sacuden sobre la marcha un albarán para que les sueltes sesenta euros por todo el morro.

Como son muy listos y siempre se dice que los malos siempre van por delante de los buenos, sus estrategias cada vez son más sutiles, tan sutiles que te embolan de tal manera que cuando quieres acordar ya has pasado la raya que no deberías haber pasado. Ocurre cuando te llaman (te asedian) para venderte cualquier cosa aprovechando que tienen tus datos: una compañía de teléfonos, las eléctricas y hasta el Círculo de lectores, dedicadas todas ellas a venderte productos que no son suyos (seguros de todo tipo, cámaras de vídeo o hasta un crucero); las cuales te anuncian telefónicamente que la llamada va a ser grabada para la tranquilidad del usuario, cuando es todo lo contrario, te graban por si cometes el error de decir sí, y ya estás perdido porque el contrato verbal se perfecciona, y luego para revocar eso tienes que pasar por decenas de filtros, y por supuesto, tu voz que vale para firmar ahora no vale para echarte atrás con lo que tienes que pelearte con media empresa y al final hacer un escrito mandado por correo certificado con acuse de recibo.

Son tan listos los malvados que uno ya no se fía de nadie, ahora tenemos la moda de que te visitan de vez en cuando en casa los vendedores de electricidad, cada uno te ofrece su servicio y te asegura que es el mejor del mercado. El otro día sin comerlo ni beberlo estaba enseñándole mi factura a un individuo que no conocía de nada, cuando conseguí largarlo porque no me quiero cambiar (permítaseme la bordería, yo sé que las eléctricas nos dan por culo, pero prefiero que a mí me lo dé la que siempre he tenido), me di cuenta de que había accedido a algunos datos relevantes, tales como mi nombre y apellidos y mi D.N.I.

¿Y las estafas piramidales? Medio legales medio perseguidas, hay que considerar que Fórum Filatélico estuvo funcionando en nuestro país durante varios años sin que las autoridades hicieran nada, cuando la bola engordó en demasía fue cuando se reaccionó, y rota la cadena todo el mundo que había invertido cayó.

De algún modo la economía de mercado tiene algunos elementos del sistema de ventas piramidal, pero todo está controlado, porque hay un consumidor final que paga y que no recibe contraprestación económica alguna más que la adquisición del producto y la satisfacción personal que le produce, toda la cadena de fabricantes, productores e intermediarios, va ganando dinero con ese tráfico. La estafa piramidal la conozco desde niño, entonces aparecían en mi buzón cartas anónimas prometiéndome todo tipo de beneficios y milagros si mandaba una postal al primero de una lista y si fotocopiaba diez veces la carta y se la dejaba en el buzón anónimamente a diez personas, con el tiempo, mi nombre inserto ya en la nueva lista yo también recibiría una postal; y ojo con romper la cadena porque una fuerza también anónima te anunciaba todo tipo de males.

El negocio piramidal, que no está prohibido en todos los países, se estructura en una amplia base social que va alimentando al origen y a los más antiguos, si tú eres de los últimos en llegar, estarás en el último eslabón de la cadena y tendrás que generar nuevos eslabones que a su vez hagan lo mismo. A priori el esquema no muere mientras no hay una generalidad de personas que solicitan el finiquito o las retribuciones previstas, algo que los golfos creen estadísticamente improbable, o cuando la red fuera tan amplia que llegara al total, a todo el mundo, y esa globalidad lógicamente no tuviera un mercado potencial.

En la práctica, las estructuras piramidales se rompen porque empiezan a tener incumplimientos en las retribuciones asignadas, porque hay menos líquido que lo solicitado por sus socios. También puede ocurrir que la estructura muera por la atonía de sus rectores, cuando alguien se torna inmensamente rico no toma el más mínimo cuidado de que el negocio perdure, sabe que tiene fecha de caducidad, y hay que dejarlo morir antes de que se destape todo. De ahí que los que idean estos negocios se cuidan de hacerse un patrimonio en paraísos fiscales a través de sociedades fantasma y desaparecen antes de que el pastel se destape.

Incluso están saliendo otros negocios denominados multinivel que tampoco gozan del absoluto beneplácito de los economistas, aunque no es tan acusada la progresión en escala, sí basa la estructura en la multiplicación de sus socios. No obstante, uno de los organismos mundiales más solventes en materia de comercio, la Federal Trade Comission de los Estados Unidos que actúa con independencia del gobierno de este país y vela muy fundamentalmente en favor de los derechos de los consumidores, señala al respecto que «Es mejor no involucrarse en planes donde el dinero que ganas está basado principalmente en el número de distribuidores que reclutas y sus ventas, en lugar de en tus ventas a personas fuera del plan que deseen usar los productos».

Bueno, pues ni por esas, ni por mucho que se hable de esto, ni por la gente que ha sido estafada en alguna de estas tramas, siempre seguirán saliendo listillos o salvadores que esperan a que tengas un desliz o a que tengas una posición económica crítica para engañarte y quedarse con tu honrado dinero.

Y a todo esto, ¿no es un auténtico timo que hayamos ido a votar hace unos meses y que nuestros políticos nos obliguen a ir a las urnas otra vez porque no saben ponerse de acuerdo? Pues eso, España.

domingo, 24 de abril de 2016

LA REINVENCIÓN DEL VOLEIBOL, UN HOMENAJE AL DEPORTISTA DESCONOCIDO

Estamos en un país donde el deporte se resume de la siguiente manera: El fútbol y después todo lo demás. El dinero que se mueve, la atención de los medios de comunicación, la afición que arrastra y sus practicantes, deja un triste escenario: calculo yo que el fútbol es un 95 % de todo lo anterior y un triste 5 % el resto.

Por cierto que en vísperas de unos Juegos Olímpicos, muchos de los llamados aficionados al deporte en España, probablemente también en otros países, presenciarán algún deporte que no han visto ni seguido en estos cuatro años y se erigirán en voces cualificadas y críticas para recriminar el que algún deportista patrio no supere ni la fase previa, ¿sabrán lo que es el esfuerzo anónimo?

Amén de los que se han quedado en el camino, buena parte de esos deportistas españoles olímpicos no son profesionales, son gente joven que sacrifican sus años mozos, su familia, su bienestar, incluso su salud, para dedicarse en cuerpo y alma a un deporte; se nutren de una beca que les permite vivir con cierta holgura (mientras la tienes), pero está basada en el rendimiento deportivo y, por supuesto, no garantiza el futuro, es decir, que el día que caes o el día que te retiras si no te has buscado una alternativa, un oficio o unos estudios que te permitan reintegrarte a la sociedad, eres un juguete roto, y tenemos tristes ejemplos de deportistas españoles que han terminado suicidándose.

Este preámbulo viene a cuento porque otro gallo cantaría si en la balanza del deporte, del platillo del seguimiento y la inversión en el fútbol se pudiera trasvasar algo al resto de los deportes. Y los ejemplos son fáciles al respecto, ¿cuántos clubes de cualquier deporte se podrían mantener con lo que cobran Messi o C. Ronaldo en un solo mes?

Por otro lado, en esta deprimente balanza la opinión pública retroalimentada con los medios de comunicación no entiende de rendimientos, «tanto vales tanto ganas», aquí el sueldo se mide por lo mediático que es el deporte, por lo mediático que tú eres y evidentemente porque eres el mejor entre iguales. Pero si la valía realmente se midiera por el esfuerzo, la dedicación, el sufrimiento y otros valores análogos, a buen seguro que ni Messi ni Ronaldo serían los más ricos, habría muchísimos deportistas (desconocidos) que merecerían el máximo reconocimiento y desde luego un sueldo acorde a su entrega.

Siendo lo dicho en el párrafo anterior una utopía, la realidad nos destapa, de vez en cuando, historias alucinantes que no por repetidas dejan de asombrarnos. Hace unos días leí que uno de los jugadores españoles de voleibol más conocido de las últimas décadas, Alexis Valido, había superado un cáncer y con cuarenta años seguía jugando en la máxima competición de nuestro país, y compaginaba este deporte con un trabajo en una gasolinera. Un tipo que tiene más de trescientas internacionalidades y que ha sido el prototipo del «líbero» moderno en España, en el ocaso de su carrera y aun con sus dificultades físicas no habrá podido hacer un patrimonio suficiente porque el voleibol no vende y sus merecimientos se quedan para él y los suyos, cuando a buen seguro tiene más valía su esfuerzo que el que desarrollan las grandes estrellas mediáticas del fútbol. Y dicho esto, de este currante anónimo la mayoría de los que leen esto jamás habrán oído hablar de él.

No quería dedicar esta entradilla expresamente a Alexis Valido, sino más bien al voleibol en general, pero la alusión a este jugador canario me llevó a volver a tratar de este deporte (ya lo hice unos meses atrás con ocasión de la extinta sección de voleibol del Real Madrid), ya que como he señalado, la figura del líbero es relativamente reciente en este deporte y tiene mucho que ver con el cambio de configuración que este deporte sufrió al final del siglo XX.

Tengo la sensación de que el voleibol en España, que tuvo una época dorada entre finales de los 90 y 2007, no goza de mucha atención de los medios de comunicación y de las televisiones porque hemos sufrido un bajón de nivel. Todo esto también se retroalimenta, como no hay éxitos deportivos no hay seguimiento público y no te retransmito. Hoy por hoy, vemos bádminton en la tele porque Carolina Marín es Campeona del mundo, esto es obvio, cuando ella competía en torneos africanos, que lo hizo, para subir de nivel no la conocía ni Dios.

También tengo la sensación de que el voleibol a nivel global sufre un poco de complejo de inferioridad con respecto a otros deportes de equipo y sucumbe, por ejemplo, en Europa, aparte del fútbol ante otras disciplinas que alimentan mejor al gran público, como pueden ser baloncesto, balonmano o rugby.

El voleibol está en una constante reinvención, no sólo de reglas sino de formatos competitivos. La Liga Mundial o la Liga Europea pretender ser focos de atención mediáticos que intentan acercarse a otros eventos deportivos que arrastran a mucho público. No obstante, hay que decir que dichas competiciones no terminan de ser el motor ideal para que el voleibol sea más relevante a nivel mundial, pues se percibe que acoge poco más que el interés de los países participantes o del lugar donde se celebra la fase final.

Curiosamente yo que me siento muy vinculado al deporte, he decir que la primera formación académica que tuve de cualquier disciplina fue de este, hace treinta años hice un curso de monitor escolar en la Federación granadina del que nunca obtuve diploma, aunque hace un par de años les mandé un correo electrónico que nunca respondieron. El caso es que aquel curso me ayudó mucho a entender este deporte.

Si hay un hándicap que condiciona los espectáculos deportivos televisivos es el tiempo. O eres un deporte muy grande donde se mueve mucho dinero, por ejemplo, el tenis, donde no importa asistir a una partido de Nadal contra Djokovic durante cinco horas porque la audiencia no decae, es más va sumando televidentes a medida que se acerca el desenlace; o decididamente tienes que tener una hora de inicio y una hora prevista de conclusión.

Con este problema del tiempo partía el voleibol hasta finales del siglo XX, pues sólo ganaba punto el equipo que sacaba. Partiendo de que en este deporte el equipo que defiende saque tiene estadísticamente más probabilidad de obtener punto, los cambios de saque sin fruto en el marcador hacía que los partidos se eternizaran y podían durar perfectamente más de tres horas.

La Federación Internacional de este deporte no era ajena a esta problemática y con ocasión del Mundial masculino de Japón en 1998 modificó el sistema de puntuación, naciendo la fase de punto total, o sea, cada jugada vale un punto con independencia del saque, saque que por otra parte que tiene que realizar el equipo que ha ganado el último punto.

La puntuación también cambió, al haber más agilidad en anotar los sets que antes terminaban en los 15 tantos (con una diferencia de 2 con el rival) pasó a los 25, salvo el quinto set, en el caso de que se llegara, que acaba en 15, igualmente siempre con una diferencia de 2 con el rival.

Alexis Valido, un currante del voleibol
Por otro lado, también se creó la figura del líbero, demarcación del citado Alexis Valido, con la idea de ganar en espectáculo, plasticidad y favorecer el montaje de jugadas de ataque, nació esta figura que es un jugador especialista en defensa, siempre juega en la parte de atrás, no puede rematar y, para diferenciarlo del resto lleva una camiseta de otro color diferente al resto, es como si fuera técnicamente un portero, por hacer un símil aproximado.

Aparte de este cambio reglamentario la verdadera revolución ya había llegado en la década de los años 80 cuando el saque en salto potente comenzó a generalizarse entre casi todos los jugadores, primero masculinos y un poquito más tarde en la categoría femenina. Lo que en los años 60 y 70 era una rareza, un recurso practicado eventualmente por un puñado de jugadores, una suerte de ruleta rusa por su baja efectividad, comenzó a ser todo un componente del entrenamiento y de la práctica de este deporte, hasta el punto de que hoy día el saque en salto potente es lo común y otros tipos de saques, el saque en salto sin potencia, el saque flotante o el saque en apoyo son ahora las rarezas y los recursos de algunos jugadores para cambiar estrategias o dinámicas en los partidos.

La figura del líbero ha ido cobrando mayor protagonismo con el paso del tiempo, precisamente por la incidencia de los saques potentes. La efectividad es tal que se ha pasado de hacer ese saque como una genialidad y, por tanto, muy sujeto a riesgo, a un elemento más del juego; por tanto, no sólo ese especialista defensivo como es el líbero se encarga de contrarrestar ese saque, sino que todos los jugadores están entrenados para combatirlo.

Por otro lado, la vuelta de tuerca para los sacadores ya no es tanto el lanzar fuerte para ver lo que sale sino que ya son capaces de colocar el balón en el campo contrario justo en la zona que desean, generalmente en las áreas críticas o de interferencia entre dos jugadores.

Para los que no conozcan mucho este deporte hay una característica muy interesante y es la rotación, cuando un equipo recupera el saque todos sus jugadores tienen que rotar en el sentido de las agujas del reloj, esto implica que todos los jugadores juegan en todas las posiciones delanteras y zagueras, y también provoca que haya numerosos cambios en los partidos, de hecho, el líbero rota pero cuando le correspondería llegar a la delantera es cambiado para no perder capacidad atacante; y del mismo modo, cuando los jugadores atacantes más altos se colocan de zagueros, también se les suele cambiar porque se supone que no tienen un perfil específicamente defensivo.

En fin, un deporte bello como pocos, muy plástico, espectacular en cada jugada, y con el aliciente de que es de los más caballerosos que existen, pues hay que tener en cuenta que los jugadores de ambos bandos no se tocan (no pueden simular lesiones), y las protestas arbitrales se limitan a reclamar si una pelota ha entrado o no.

Por cierto, asistiremos en estos Juegos Olímpicos a un punto de inflexión en cuanto a la asistencia y seguimiento in situ, toda vez que en Brasil si el fútbol es una religión el voleibol tanto masculino como femenino no le va a la zaga, de hecho, sus dos selecciones patrias, que han obtenido medallas de todos los metales en pasados eventos olímpicos, son claras favoritas por el hecho de jugar en casa, lo que le va a proporcionar un plus de emoción a esta competencia que yo intentaré presenciar por Internet, porque en la tele echarán muy poco.

sábado, 16 de abril de 2016

"LA PLAZA DEL DIAMANTE" O UNA INOLVIDABLE COLOMETA

Serie clásica entre las clásicas de TVE en los años 80 del pasado siglo, puedo decir que fue una producción que siempre se me quedó grabada en mi memoria, esa Colometa (voz catalana que significa palomita en castellano), y aquel «vuela Colometa, vuela», son una especie de mantras que de vez en cuando me asaltan y me recuerdan con simpatía aquella serie que fue prototipo de su clase en cuanto a temática contemporánea, argumento serio, buena ambientación y mucha sensibilidad.

Quizá con los años, como me ocurre con otras producciones, el halo de que gozaban para mí, decae un poco, se aprecian detalles, algunos errores y básicamente la constatación de un presupuesto limitado que, comparado con lo que se gasta hoy, deja un cierto poso que baja la nota de mi consideración, aunque más que nada se trataría de una valoración técnica.

Por poner en antecedentes, «La plaza del Diamante» narra una historia que se inicia en los años previos a la Guerra Civil, en la que dos jóvenes, Natalia y Quimet (a la postre la Colometa) se enamoran en un baile que se celebra en dicha plaza, perteneciente al popular barrio de Gracia de Barcelona. Ambos se podría entender que forman parte de familias obreras y humildes, con sus idas y venidas terminarán por casarse y formar una familia de dos hijos, un niño y una niña. Llegará la Guerra Civil y Quimet combatirá en el bando republicano pereciendo en la contienda. Comenzará una nueva vida para Natalia que nunca podrá olvidar a su amado.

La serie dirigida por el director catalán Francesc Betriu está basada en la novela del mismo nombre, escrita por la autora catalana Mercè Rodoreda y que la escribió en el exilio, en Ginebra, allá por 1960; y curiosamente y esto lo he conocido ahora, habiendo visto la serie en mi casa en cuatro ratos, resulta que aunque inicialmente se configuró como serie de cuatro capítulos de unos cincuenta minutos de duración, antes de su emisión televisiva se llevó a la gran pantalla, reduciendo su metraje y dejándola en ciento dieciséis minutos, algo más de la mitad de su contenido original.

De hecho, la película fue proyectada en las salas de cine de nuestro país, me temo que no con demasiado éxito, en 1982, y fue en enero de 1984 cuando vino a la pequeña pantalla. Previamente en diciembre de 1983 había pasado por el circuito catalán de TVE. Creo, casi con toda seguridad, que la obra está originalmente hecha en castellano y que si se proyectó en dicho circuito, los propios actores la debieron doblar al catalán. En todo caso, varios personajes tienen un acusado acento catalán que es lógico por otra parte.

Si aventuro que en los cines «La plaza del Diamante» pasó sin pena ni gloria, en la televisión, que como siempre digo en este punto era entonces la única y partía de esa ventaja del éxito garantizado, sí que gozó de una gran aceptación, incluso para un joven como yo, que por entonces tenía quince años y ya empezaba a tener ciertas inquietudes. De hecho, tal vez ese primer acercamiento a las vivencias de la gente llana en la Guerra Civil, me ayudó a empezar a entender el mundo que me rodeaba, a comprender la importancia de la democracia y cómo aquel acontecimiento bélico tampoco estaba tan lejano y aún quedaban muchos españoles que no solo eran testigos directos de lo que ocurrió, sino que además instaurada la democracia algunos otros pudieron volver a su país tras el exilio.

No obstante, pese a que Mercè Rodoreda fue una escritora en el exilio y no porque estuviera especialmente vinculada con el bando republicano, sino por colaboraciones periodísticas en publicaciones afines a ese sector, lo cierto es que la serie es más una historia de amor que una historia de reivindicación política. No sé si en la novela dará esa sensación, pero la serie no omite hechos esenciales del conflicto bélico, pero no hurga en la herida; tampoco apunta a buenos o malos, algo que es muy de agradecer por parte de la autora y de los guionistas que hicieron la adaptación, simplemente se limita a plasmar una realidad que pudo suceder en muchos lugares de España, es decir, un amor roto por la guerra, las necesidades de una familia amputada y los modos de salir adelante.

Como no he leído la novela no sé realmente si la adaptación es óptima y se ha mostrado de la forma más fiel posible el espíritu con el que quiso inspirar su obra la autora. Es lógico que un libro de 250 páginas transportado a unos 200 minutos de emisión deje muchos detalles fuera, pero me da la impresión de que hay algunos pasajes que no terminan de hilar bien, hay unos saltos temporales que parecen dejar cojas algunas líneas argumentales.

Ante todo es una novela intimista, eso parece que está fuera de toda duda, escrita en primera persona, ello se refleja en la serie, en la que las reflexiones y pensamientos de la Colometa jalonan todo el relato, a veces hacen que la serie tenga un desarrollo lento, como si no fuera a ocurrir nada relevante, y realmente no tiene una trama que pueda depararnos grandes sorpresas, es un relato costumbrista que radiografía en especial el ambiente de postguerra. A todo esto hay que decir que con Quimet muerto, Natalia se ve desesperada, incluso llega a pensar en el sacrificio de sus hijos y de ella misma, pero surgirá Antoni, un tendero, mutilado en la Guerra (sin posibilidad de ser padre) y que buscará una relación de intereses, en la que la familia, la compañía y la estabilidad económica juegan como monedas de cambio, y que a la postre se convertirá en una amplia amistad que yo diría que termina siendo amor; experiencia esta que a buen seguro que le tocó vivir a muchas personas, la de los apaños familiares para evitar la soledad, porque la familia es fuerte como núcleo aunque sus piezas sean débiles en sí mismas.

Por lo que respecta al elenco, ahí sí hay que decir que reside buena parte de la fuerza de la serie, como intimista que era la obra y vivida desde el plano femenino por su estructura, había que buscar a una actriz que encarnara los valores de sensibilidad, ternura y cierta debilidad física, y se eligió a una intérprete que quedó grabada para siempre en el imaginario de muchos españoles como la Colometa sin más, se trataba de Silvia Munt, una chica de belleza serena, que si bien tiene una dilatada trayectoria en cine y teatro, este papel realmente la encumbró, la dio a conocer para siempre, y después no la he visto yo en un papel tan estelar y relevante como este. En todo caso, Silvia Munt está brillante en esta interpretación, transmite con sus gestos, en esos muchos primeros planos que hay en la película, las angustias y las alegrías del personaje; buena parte del éxito de la serie habría que arrogárselo a aquella joven actriz en ese momento.

En el papel de Quimet está Lluis Homar, un actor mucho más conocido y bastante presente en la pequeña pantalla en la actualidad, que observando su trayectoria actual, un actor veterano, de muchas tablas y de los que llena la pantalla con su sola presencia, hay que decir que en esta interpretación deja un sabor agridulce, tal vez el personaje que encarna no le permitió más alardes, un personaje lleno de contrasentidos, sensible a la par que celoso; el caso es que no me termina de convencer como Quimet.

En definitiva, una serie guardada a buen recaudo en la memoria de muchos españoles, con un imponente contenido poético, que la hacen ser una joyita televisiva, muy sencilla, fácil de ver y, a pesar del ritmo lento en ocasiones, sus cuatro capítulos se dejan ver con bastante alegría, antes incluso de que sospeches cuál será el devenir de sus personajes.