domingo, 17 de junio de 2018

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE (IX)

Si hace unos años, cuando empecé la andadura de este blog y me fui haciendo con «mis temas favoritos», hubiera pensado que el pequeño deseo que ahora relataré se iba a hacer realidad, casi seguro que me hubiera llamado a mí mismo loco o tal vez iluso, aunque tal vez haya sido un definitivamente un loco visionario.

Lo cierto es que el seguimiento de las competiciones internacionales de selecciones en hockey sobre hielo y sobre todo lo que se cuece en España tanto a nivel de combinados nacionales como de clubes, es algo que me mantiene al día de la actualidad buena parte del año, y esa afición la he ido cebando con el tiempo, hasta el límite de cierto friquismo.

Y aquel deseo lejano cuajó; yo podría estar esperanzado en que algún siglo de estos algún Mundial cayera por España (alguna vez lo anunciaba en mis entradas cuando se programaba en Granada) y acudir al menos a un partido. Lo de Granada fue un fiasco tras otro, porque la gestión previa a la Universiada de 2015 fue un poco nefasta y esos intentos por preparar las instalaciones de cara a ese evento como una especie de pistoletazo de salida o puesta de largo con un Mundial de categorías inferiores sub 20 o sub 18 fue cayendo en saco roto. La fortuna es que al menos tras la Universiada se quedó una estructura permanente, el Igloo Granada Ice Arena en el Centro Comercial Kinépolis que, en realidad, pertenece al término municipal de Pulianas.

Yo ya sabía que el Mundial absoluto sénior masculino de este año en el que participaba España, el de la división IIB se iba a celebrar en Granada, aunque no las tenía todas conmigo ante los fiascos anteriores, pero esta vez fue que sí y pude cumplir el sueño, además acompañado de la mejor manera posible, con mi hijo. Al Igloo Arena fuimos el sábado 14 de abril con bandera patria en ristre para presenciar la disputa del España contra Corea del Norte y mi alegría en la previa, durante y el postpartido era tal que no cabía en mí, y sí lloré, soy así de friqui.

Esta vez puedo decir y enorgullecerme de ello que todas las fotos de esta entrada fueron hechas por mí y, por supuesto, tengo que empezar por este partido, puesto que aunque yo ya había ido una vez en Noruega a un partido de hockey, verlo en un escenario más pequeño y coqueto como el Igloo Arena era todo un lujo, porque en el tercer tiempo mi hijo y yo nos bajamos a la pista y pudimos hacer fotos pegados a las mamparas, sintiendo los golpes de los jugadores contra ellas, el estremecerse las protecciones ante la descomunal velocidad de lanzamiento de los discos.

Antes de eso, justo cuando aparcamos el coche, casi en la misma puerta de la instalación, estaba toda la selección española calentando en los aledaños, y también saqué unas buenas fotos; toda una suerte, toda una emoción, allí estaban los Pablo Puyuelo, Oriol Rubio, Patricio Fuentes, Ander Alcaine…, esos a los que he seguido durante años por Internet y ahí estaba yo, anónimamente, disfrutando como un niño, como nadie disfrutó aquella noche en este evento, estoy convencido; no creo que los jugadores se dieran cuenta de que tenían ante sí a un fanático incondicional.

Fue también casualidad que ese partido cayera en fin de semana, el que nos venía bien para ir, porque los otros fueron un domingo y días laborables, y que fuera ante una selección teóricamente asequible; yo aventuraba a mi vástago que ganaríamos anotando en torno a una decena de goles, y no iba descaminado, porque la diferencia de calidad entre españoles y norcoreanos fue tal que se sucedieron no solo los goles, sino muchas ocasiones, lanzamientos, acciones espectaculares, con lo que podemos decir que el partido fue muy entretenido; la victoria final por 15 a 1 lo dice todo.

Como curiosidades puedo señalar que nos compramos un disco de verdad, en el stand que había dentro del palacio de hielo y que en el primer tiempo se sentó a mi lado casualmente el ayudante de entrenador de la selección mexicana Rodrigo Gutiérrez Porter, con el que pude conversar durante un rato mientras este tomaba notas y los números de las camisetas de determinados jugadores norcoreanos.

Aquel partido fue el inicio de una semana exitosa, tal y como se preveía, porque hay que decir que España había fallado el año anterior, perdiendo la categoría IIA de forma estrepitosa, esa que por nivel le corresponde sin lugar a dudas, y continúo una racha victoriosa en la que encadenó victorias ante Luxemburgo (10-1), México (14-0) e Israel (4-0); prácticamente seguí todos los partidos por Internet, o en la transmisión en directo por streaming, es decir, emisión en directo del partido por el canal de la IIHF; o hice el seguimiento a través de su web, que actualiza la información minuto a minuto, algo buenísimo y que muchos deportes debieran copiar. La gran final estaba servida y aunque España sudó más de lo debido, pues Nueva Zelanda está elevando su nivel en los últimos años, siempre fue mandando en el resultado y al final se impuso por 6 a 4 culminando un torneo y una temporada exitosos para el hockey hielo de nuestro país.

Una selección interesante para el futuro que ya contó este año con jugadores sub 20 e incluso un sub 18; la media del equipo dirigido por el italiano Luciano Basile fue de 23 años y con este dato y con la cantera que viene por detrás podemos soñar con que el hockey sobre hielo en España siga creciendo en los próximos años.

Casi he comenzado por el final porque con el ascenso de España en categoría absoluta no hacía más que culminar una temporada histórica, porque ya desde la campaña pasada nuestro país compite, con el debut del combinado sub 18 femenino en todas las categorías posibles de la IIHF; pues bien, en categoría masculina las tres selecciones han conseguido el ascenso, el de los absolutos era más que previsible, pero en sub 18 y sub 20 lo han logrado brillantemente partiendo de la categoría que nos corresponde por nivel, por lo que el año que viene nos toca codearnos con rivales mucho más duros, va a ser apasionante. Pero es que en categoría femenina las sénior también conseguían un ascenso más que perseguido y anhelado durante varias temporadas; las únicas que fallaron fueron las sub 18, todo se andará.

Tamaño éxito concentrado no ha pasado desapercibido a la IIHF que sacó una noticia en su web destacando los avances del hockey hielo en España en esta temporada, cuatro ascensos en cinco Mundiales es un logro que jamás se había dado en la historia reciente de este deporte en todo el mundo. Sí, ya sé que estamos en unas divisiones donde puede haber cierta asequibilidad por los rivales a los que te enfrentas, pero no hay lugar a dudas de que no es fruto de la casualidad que justo este año 2018 hayamos conseguido este impulso, por eso hoy o este curso reivindico con más fuerza que ningún año el título con el que denominé esta entrada anual fue más certero, o sea, que el hockey sobre hielo en España crece y esta vez sí que sí.

Bien, pues por concluir con la información sobre nuestra selección absoluta masculina, en la próxima temporada tiene que empezar a recoger algún fruto de las nuevas generaciones y, por lo menos, debe intentar no fallar, un año o un par de años de transición no estarían mal, hasta que los chavalines que vienen desde abajo (algunos ya han actuado este año) empiezan a madurar. Para ir perfilando el futuro, el próximo Mundial IIA se celebrará en abril de 2019 en Belgrado (Serbia) y nos veremos las caras con los anfitriones más Croacia, China, Bélgica y Australia. En teoría hay que aspirar a no complicarse la vida y que chinos y australianos se diriman el último puesto.

Continuando con el análisis de las selecciones masculinas, más potentes como ya he apuntado, fueron los logros de las selecciones sub 20 y sub 18, porque jugamos contra rivales de «nuestra liga» y los superamos; el ascenso es dar un salto cualitativo fundamentalísimo para crecer en nivel y enfrentarse a rivales de más entidad. En un deporte tan deficitario en España como este casi más importante que ganar es de vez en cuando perder, porque estoy convencido de que a estos niveles en hockey hielo se aprenden más de las derrotas que de las victorias, siempre y cuando el rival que tengas enfrente sea mejor que tú.

Comencemos por el sub 20, España jugaba a principios de enero en Belgrado y el rival a batir era en teoría Croacia. Iniciamos la competición con un plácido triunfo ante México por 4 a 0 y en esa primera jornada ya se dio la relativa sorpresa del triunfo de los anfitriones ante los croatas, por lo que nuestro partido de la siguiente jornada ante Serbia casi se convirtió en una final anticipada.

Aquel partido fue durísimo, comenzamos adelantándonos en el electrónico al filo de la conclusión del primer período y el marcador no se movió hasta el tercer tiempo cuando los serbios nos hicieron un gol de esos que hacen mucho daño, un gol en inferioridad numérica, y a nueve minutos del final otro tanto, esta vez en superioridad. Con todo el equipo volcado sobre la portería centroeuropea, en el último suspiro del encuentro, a un minuto del final y con situación de superioridad anotábamos merced al madrileño Alfonso García para empatar la contienda. Hubo prórroga sin goles y en los penalties también la igualdad fue la nota predominante, tras los cinco lanzamientos de cada equipo, como en el fútbol, solo se anotó un gol por cada seleccionado (a diferencia del fútbol en el hockey hielo esta es una suerte donde la estadística señala que es más habitual fallar que marcar); hasta que en los lanzamientos el jugador del FC Barcelona Jordi Cerdá daba el triunfo por 3-2 a nuestro seleccionado.

En el tercer encuentro nuestros chicos se deshacían de Turquía por un cómodo 7 a 2, y en el cuarto también superaban a Bélgica por 9 a 3.

En el último encuentro todo estaba por decidir, los croatas ya no podían luchar por el ascenso, pero una derrota nuestra pondría en bandeja la medalla de oro para los serbios que tenían un encuentro fácil ante Turquía. Los nuestros no se amilanaron y salieron a la pista a ganar desde el principio, no fue fácil, pero los croatas sucumbieron ante el poderío hispano que lanzó a portería el doble de veces que su rival, dominio abrumador que no se reflejó de forma proporcional en el resultado final, nos fuimos con 1 a 0 en el primer período, en el segundo empatarían los croatas y en el tercero anotaríamos nosotros a trece minutos del final. Los croatas forzaron la máquina y en el último minuto vaciaron la portería para tener un jugador más de ataque, el riesgo es que como pierdas el disco, ya sabes que la meta está franca y fue lo que sucedió, a los pocos segundos de la nueva situación nuestros contendientes cometieron un error y nuestro joven Dorian Donath Sánchez (forjado en tierras suecas), atentos a este nombre en el futuro, marcó a placer para establecer un definitivo 3 a 1 en el luminoso, que cerraba un torneo fantástico, oro y ascenso.

Este ascenso implica codearse con duros rivales, pero el reto está aceptado y lo vamos a luchar; el Mundial IIA del próximo año se celebrará en Dumfries (Reino Unido), y aparte de los anfitriones tendremos que enfrentarnos a Lituania, Corea del Sur, Estonia y Rumanía. Con una victoria podría ser posible mantener la categoría si se dan otros resultados, y nuestras opciones pasan por superar a estonios o rumanos, que son los que están más cerca de nuestro nivel.

Los sub 18 no quisieron ser menos que sus hermanos mayores y dos meses después se presentaban con ilusión en el Mundial IIB que se celebraba en Zagreb (Croacia) en una competición que se avecinaba sumamente apasionante. Iniciamos el torneo con una clara victoria ante Islandia por 8 a 3, y en la segunda jornada, casi por arte de magia, y como ocurriera en el Mundial sub 20 nos vimos las caras con Serbia y ocurrió casi lo mismo, o al final el mismo resultado. Al final de la primera parte se llegó con empate a uno, en la segunda se adelantarían los serbios y España empataba a diez minutos del final. Nos fuimos a la prórroga y no hubo goles, así como en el sub 20 acudimos a los penalties, y esta vez en la tanda de cinco lanzamientos para cada equipo España lograría perforar la portería en dos ocasiones por una de los serbios, así que resultado final de 3-2.

Un pequeño gran paso para seguir orientando de forma positiva la clasificación. En la tercera jornada no tuvimos problemas para desembarazarnos de China por un solvente 7 a 3. En la cuarta jornada se presagiaba un partido complicado contra Holanda (una Holanda fuera de sitio en esta categoría pero que en los últimos años está bajando su nivel), y lo bueno es que fuimos por delante casi todo el encuentro, nos adelantamos 2 a 0 en la primera parte, en la segunda empatarían los neerlandeses, pero antes de acabar esta nos volveríamos a poner con 3 a 2. En el último período hubo intercambio de goles, gol de España (4-2), Holanda (4-3), España (5-3) y finalmente gol de Holanda para un favorable resultado de 5 a 4 para nuestros intereses. El último partido ante Croacia, los anfitriones, era una especie de gran final, aunque matizada, porque con los resultados previos que se habían dado a España le valía cualquier victoria, pero también cualquier derrota que se produjera después del minuto 60, sí porque en hockey se otorgan tres puntos por victoria en tiempo reglamentario y cero para el perdedor, pero dos puntos por victoria en tiempo añadido o penalties y uno para el perdedor. Como España ya tenía en esa jornada once puntos y Croacia ocho, sumando uno más ya le valía. Nuestros chicos, sin embargo, no tuvieron que acudir a tales cábalas e hicieron un encuentro primoroso, dominando de principio a fin, 1 a 0 al final del primer período, se aumentó la distancia en el segundo con 3 a 0 en el marcador, y un parcial de empate a uno en la última parte dejaba el marcador en el 4 a 1 definitivo. Otro oro, el segundo, que con el que conseguido en Granada por los grandes, han dejado esta temporada histórica de plenos para los conjuntos masculinos.

El próximo Mundial IIA tendrá lugar en Elektrenai (Lituania), junto con los locales nuestros chicos tendrán que medirse a Corea del Sur, Polonia, Rumanía y Estonia. Nuevamente como ocurre con los sub 20 nuestros rivales a superar serán rumanos y estonios.

Pasando a las selecciones femeninas, tuvimos también el éxito de la selección absoluta que disputaba un Mundial IIB algo a la medida pues se trajo a Valdemoro (Madrid). Con algún que otro escollo se fueron superando rivales, 2 a 1 a Islandia, 4 a 1 a Turquía, 12 a 0 a Rumanía, 6 a 1 a Taiwán y finalmente 5 a 2 ante Nueva Zelanda, que otrora el rival más fuerte, pero que en esta ocasión la plata correspondió a las taiwanesas. Un ascenso muy deseado para una selección que lo ha buscado ansiadamente durante años y que sí tiene posibilidades reales de mantener una categoría superior a esta. Las cosas en categoría femenina se están haciendo razonablemente bien y la cantera está creciendo.

El Mundial IIA, categoría donde debutarán nuestras chicas el próximo año, se celebrará en Dumfries (Reino Unido), y nuestras contrincantes serán amén de las británicas, Corea del Norte, Australia, Eslovenia, México, y a excepción de norcoreanas y británicas, nuestro seleccionado tiene potencial para pelear los otros tres partidos restantes, por lo que las posibilidades de permanecer en la categoría son absolutamente reales.

El único borrón, lógico por otra parte, de esta temporada fue el de la selección sub 18 femenina en la denominada División IB (calificación); en su segunda incursión tras el debut de la temporada pasada. El Mundial se disputó en México y ya se empezó con una decepcionante derrota ante Holanda por 4 a 2. En la segunda jornada volvíamos a perder, esta vez con México por 4 a 1, con lo que cualquier posibilidad de ascenso ya se había esfumado. No obstante, maquillamos bastante bien nuestra participación con sendas victorias ante Turquía (10-0) y Kazajistán (3-1), para lograr una valiosa medalla de bronce.

Este Mundial nos lo traemos en 2019 para España, en concreto a Jaca, va a ser una competición muy reñida y apasionante, se juntarán siete equipos, imagino que se hará un grupo de tres y otro de cuatro. Las participantes serán aparte de nuestras jóvenes, Australia, Turquía, Kazajistán, México, Corea del Sur y Taiwán. Australia será el rival a batir porque es el descendido y las mexicanas sin el factor cancha deben ser asequibles, del resto de selecciones es una incógnita, a Kazajistán y Turquía ya las superamos este año, pero de las dos selecciones asiáticas debutantes es difícil de presagiar su nivel, máxime cuando esta categoría está en constante renovación de generaciones.

Pasando ya a las competiciones internas de clubes en la Liga Nacional volvimos a tener cinco equipos, en la liga regular dominó con cierta solvencia el Txuri Urdin de San Sebastián, seguido de cerca por Jaca, tercero y cuarto fueron FC Barcelona y Majadahonda; el quinto fue un Puigcerdà que está en horas bajas. En el playoff semifinal Txuri y Jaca se deshicieron por 2 a 0 de FC Barcelona y Majadahonda. En la gran final los vascos no dieron opción alguna venciendo por 3 a 0, ganando el primer partido en casa y los dos a domicilio en tierras aragonesas y con cierta contundencia, revalidando así el título de la pasada campaña.

En cuanto a la Copa del Rey si en la temporada pasada los jacetanos se resarcieron de su derrota en la Liga, esta vez sucumbieron ante el poderío del conjunto donostiarra del Txuri Urdin que venció en la Final a 4 disputada en su propia pista. Con este doblete el club vasco se convierte en el dominador sin discusión del hockey hielo en nuestro país en la actualidad.

Dicho equipo disputó la competición europea de la Continental Cup grupo C en Brasov (Rumanía) y como siempre el objetivo era aprender y no desentonar. En el primer partido se midió a los húngaros del Jegesmedvek Miskolc perdiendo por 5 a 0 (estos serían los vencedores del torneo). En el segundo encuentro caerían por 4 a 1 ante el Corona Brasov rumano. Y en el tercer y último choque se impondrían a los serbios del Estrella Roja de Belgrado por 3 a 2.

En la segunda competición masculina, la Liga Nacional Junior, tuvo como vencedor a La Nevera Majadahonda, los madrileños están haciendo muy buena cantera y en los próximos años van a sonar sin duda, aunque más si cabe que ellos el FC Barcelona, y preveo que en un lustro los catalanes volverán a comandar las competiciones absolutas. El conjunto majariego se impondría, del mismo modo, en la competición copera. Un muy buen doblete para sus vitrinas.

Por lo que respecta a las féminas, la Liga Nacional repitió con siete equipos ya consolidados, que no esta nada mal y aquí las claras dominadoras, al igual que ocurriera en la temporada 2016/17 fueron las madrileñas de la SAD Majadahonda venciendo a CH Huarte en el playoff final, y superando al ASME Barcelona en la Copa.

Por último, siempre me gusta hacer una breve mención de las competiciones absolutas en categoría absoluta, esta vez no solo con un interesantísimo Mundial jugado en Dinamarca, sino con la competición olímpica donde también hubo una competición trepidante.

Parece que, de algún modo, algo se mueve en este deporte a nivel élite. En los Juegos Olímpicos ya percibimos que los favoritos fallaban, especialmente decepcionante Canadá y Estados Unidos, y en la final se presentarían rusos y alemanes, estos últimos la grandísima revelación. Este año Teledeporte ha optado con acierto con retransmitirnos partidos de Juegos y del Mundial y, por supuesto, entre ellos las dos finales.

En la final olímpica de Pyeonchang (Corea del Sur), nunca los alemanes tendrán más cerca el oro, se pondrían 3 a 2 a tres minutos y quince segundos del final, las cosas se les pondrían más de cara porque obtendrían superioridad a dos minutos y diez segundos del final; pero cuando todo parecía estar hecho, los rusos vaciarían la portería para volver a tener equilibrio en el campo, aunque con el riesgo de tener la portería franca, y fueron capaces de perforar la portería teutona por medio de su jugador franquicia Nikita Gusev cuando quedaba menos de un minuto para el término. En la prórroga los rusos volverían a anotar el gol de oro y dejaron a los alemanes con la miel en los labios.

En el Mundial volverían a fallar canadienses y estadounidenses, algo no frecuente, especialmente por los primeros, y la final la disputarían suecos y suizos, en este caso, la revelación fue la selección suiza que se había deshecho de Canadá en la semifinal. También acarició el oro Suiza pues el partido en su tiempo reglamentario más la prórroga concluyó en empate, y solo pudieron los suecos, también llamados selección Tre Kronor, imponerse en el lanzamiento de penalties.

Estaremos atentos a ver lo que nos depara la temporada 2019, va a estar plena de actividad y emoción.

sábado, 9 de junio de 2018

EL COLECCIONISMO DE MINERALES, RECUERDOS DE UN PASADO GLORIOSO

Llevaba mucho tiempo con ganas de hacer esta entrada, creo que casi desde que nació este blog; cuando empecé esta andadura quería orientar bastante mi bitácora hacia el mundo del coleccionismo y lo cierto es que los inicios fueron prometedores, pero con el tiempo mi empeño se ha ido desinflando.

No solo quería abordar mi coleccionismo particular, lo que yo tenía más o menos a la mano, sino otras formas de coleccionismo de gente que conocía, y en este sentido, mis incursiones han sido limitadísimas, aun cuando son de las más leídas por mis visitantes. Pues casi desde ese inicio quise hacer una entradilla relativa al coleccionismo de minerales, haciendo coincidir la tradición minera de Linares y su comarca y el hecho de que un compañero de trabajo que había trabajado en los últimos años de las explotaciones mineras linarenses, el cual me había comentado en más de una ocasión que tenía una colección de minerales y muchos de ellos sacados directamente por él de la mina.

Una casualidad no buscada por mí, aunque ya en estas semanas más o menos perfilada, ha querido que esa visita a su casa para ver la colección se haya dilatado tanto que al final la he realizado unos pocos días antes de su jubilación, no porque vaya a dejar de verlo tras un merecido retiro laboral, sino porque ahora ya no lo veré con la asiduidad del trato casi diario.

De algún modo, pues, es este mi humilde homenaje a Gabriel Muñoz Espinosa, compañero de trabajo, que tras el trato de muchos años puedo considerar un maestro amigo, y después de las vivencias que he tenido con él me ha valido muchas veces como padre, como hermano y, en definitiva, como confidente.

Gabriel estuvo trabajando como Ingeniero Técnico en las minas de Linares y por mucho que se pudiera pensar que su titulación lo habría mantenido a cierta distancia de la inhumana labor minera, estar en la mina de una manera o de otra siempre implicaba riesgo y esfuerzo; magnitudes difícilmente apreciables hoy día para los que hemos conocido tan de pasada lo que se cocía debajo de nuestros pies, en un universo paralelo en el que aun nos cuesta trabajo imaginar que cientos de seres humanos estuvieran trabajando para extraer esos minerales que, de algún modo, proporcionarían bienestar a toda la sociedad. Gabriel fue en las minas y ha sido en la Administración local un impecable gestor de personas con ese difícil equilibrio que hay que tener entre la autoridad y la camaradería, habilidad que él consiguió dominar a la perfección.

El coleccionismo de minerales ha sido algo relativamente extendido en Linares y su comarca. En mi infancia todavía funcionaban a duras penas las últimas minas de esta comarca y teníamos cierto tráfico de minerales, no había niño de la localidad que no tuviera en su casa bien un trozo de galena (plomo) o de calcopirita (el oro de los tontos). Aún recuerdo cuando en 1º de BUP mi profesor de Ciencias Naturales premiaba con un punto positivo en la evaluación a todo aquel que trajera un mineral que tenía que tener al menos el tamaño de un puño. Muchos compañeros míos sé que acudían los sábados a tal propósito para rebuscar en las montañas de escoria de los alrededores de los pozos mineros que todavía hoy son testigos mudos de un pasado esplendoroso, por si conseguían el ansiado tesoro de ese mineral que permitiera ese punto extra que graciosamente otorgaba Don Pepe Martínez, más conocido como Pepe el Sonrisas.

Desde la más absoluta bisoñez puedo decir que el coleccionismo de minerales tiene varios niveles, hay un nivel básico, inicial, incluso involuntario, y es el de aquellas personas que tienen esa colección desde siempre (les ha venido por herencia), tenían los minerales desde chicos o han comprado alguna colección de esas que salen en la tele por coleccionables y la han alimentado con algunas adquisiciones hechas en puestecillos de feria donde, de vez en cuando, alguien vende piedrecillas de colores venidas de todos los confines del mundo.

Seguro que hay mucho más niveles de coleccionismo, pero tras ese coleccionismo básico, yo percibo uno más profesional o avanzado que se fundamenta en un ejercicio más juicioso de contar con piezas de valor intrínseco y belleza objetiva incluso para un profano como yo y conocer, a la par, cómo se llaman esos minerales, su composición química, el lugar de su extracción y su rareza compositiva o geométrica.

En este caso, Gabriel cuenta con una buena colección de minerales, seguramente llegan a la centena, los más especiales para él son los extraídos directamente de los yacimientos donde trabajaba bien porque él mismo los procuró o porque alguno de sus operarios le advirtió de su existencia. Son típicos minerales de Linares pero con formas tan caprichosas que los hacen únicos.

Junto con esas «joyas de la corona», bien mediante cambios o adquisiciones cuenta con otros minerales foráneos que hacen más rica su colección.

Enfrentarnos a una colección de minerales ha de despertar en el visitante un torrente de curiosidad a la hora de observar, al menos así me lo tomo yo a día de hoy. Se trata de ver su estructura, su limpieza, su geometría, sus incrustaciones, la ausencia de defectos como consecuencia de golpes, y casi lo más importante, debe inspirarnos la necesidad de conocer cuál es su composición y el lugar de su extracción. Por cierto, Gabriel, en su cuenta de Facebook, se ha preocupado de fotografiar sus piezas e indicar estos extremos, algo de sumo interés. Para mí ver un mineral de bellas formas, una piedra en su esencia que ha vivido la mayor parte de su existencia bajo el suelo que pisamos, me merece cuestionarme cuántas bellezas siguen ahí, como un testigo mudo del paso del tiempo y de los avatares de la geología forjados durante millones de años.

Gabriel me comenta que algunos de sus minerales, por aquello de esas formas caprichosas, porque confluyen dos o más minerales en una misma pieza, forman parte del capítulo de las rarezas, esas piezas codiciadas por los coleccionistas más avezados que estarían dispuestos a pagar una cierta cantidad de dinero por tener esas piezas en sus vitrinas; pero mi amigo no vende, hay en su colección una parte de él y de su pasado, y vale mucho más ver tu colección cada día, disfrutarla, rememorar momentos pasados y, por supuesto, seguir mostrándola a sus amistades como testimonio de un pasado inimaginable hoy día en la comarca de Linares y del propio pasado de Gabriel, ya inserto en una nueva etapa de su vida que estoy seguro que la va a rentabilizar merecidamente.

sábado, 2 de junio de 2018

"GATO NEGRO, GATO BLANCO", DE EMIR KUSTURICA

Siempre que me apresto a visionar una película tengo en el subconsciente la necesidad de buscar por qué razones la ha hecho su director, qué buscaba, qué crítica pretende mostrarnos. Y a veces, las respuestas pueden resultar estériles, y es que probablemente pierda la perspectiva de que el cine es ante todo entretenimiento y puede que en ello hayan influido muchas películas que tienen otras prioridades superiores a la del entretenimiento.

Y es que Emir Kusturica nos propone una película que no tiene una razón muy especial, no busca un gran mensaje y no tiene un trasfondo crítico potente, y sin embargo, tiene lo mejor de todo es que es una obra maestra del entretenimiento.

Se trata de una comedia romántica con toques costumbristas, tan perfectamente ambientada que los geniales personajes que nos muestra más parecerían personas reales que actores, salvo por la hilarante historia que se cuenta, tan histriónica, surrealista y desenfrenada que puede parecernos increíble y, sin embargo, es tan cercana que tampoco te extraña, a medida que se sucede, lo que va ocurriendo a cada momento. Probablemente la crítica de Kusturica es que el exceso forma parte de la vida misma, el ser humano es capaz de sacar de quicio todo lo que se encuentra a su paso.

La película empieza dándonos la sensación de que es un tanto marginal y en principio puede descolocar, pero en cuanto comienza a construirse la trama y te va envolviendo te vas preguntando «pero esto qué es», y ya te comienzas a reír, a sorprenderte y a desear que siga y que siga, más y más, y que no acabe, porque a cada momento surge un nuevo golpe, una nueva imagen, un giro graciosísimo.

La historia se sitúa a orillas del Danubio y la trama gira en torno a una serie de clanes gitanos y sus trapicheos. Matko y Zare Destanov, padre e hijo, se ganan la vida con los pequeños trueques y negocios que hacen a la orilla del río, pero no consiguen salir de la marginalidad. Matko tendrá la «genial» idea de asaltar un tren con depósitos de gasolina, pero para la logística necesitará algo de dinero y decide pedírselo a un viejo amigo de su padre, Grga Pitic, un abuelete parapléjico excéntrico y potentado que le dará el dinero toda vez que Matko ablandará su corazón diciéndole que su padre ha muerto, lo cual no es cierto.

Para su asalto al tren necesitará el apoyo y lo busca en su amigo de la infancia Dadan Karambolo, un maestro del trapicheo que se activa con cocaína y cuenta con un séquito de chicas y una panda de matones que superan en torpeza a los ladrones de «Solo en casa». Pero Dadan no es tonto, engañará a Matko y le hará creer que el plan ha sido un fiasco y encima se quedará con su dinero, poniendo en deuda a Matko con él.

En estas aparece en escena el padre de Matko y abuelo de Zare, Zarije Destanov, al que su nieto rescata del hospital acompañado de una pequeña orquesta que toca música festiva (la música festiva es la tónica en la película).

Dadan tiene la necesidad de casar a su hermana «la enana», una joven de baja estatura que es la única hermana soltera, para cumplir la promesa hecha a sus padres fallecidos y propone a Matko saldar la deuda casándola con Zare. Pero el pobre Zare, con toda seguridad el personaje más centrado de la película, inocente y noble, está enamorado de Ida una camarera de un chiringuito a orillas del Danubio; y «la enana» tampoco quiere contraer matrimonio con Zare.

La boda de compromiso será el no va más de la película, adonde se centran todos los personajes de la misma. A todo esto, Zare le pide a su abuelo que haga lo que sea para que no se celebre la boda y este muere pocas horas antes. No obstante, Dadan obliga a Matko a esconder al abuelo para que la ceremonia y el festín posterior se puedan celebrar.

Sí, todo parece un lío, pero aquella persona que vea la cinta estoy seguro de que la sigue perfectamente, porque pese a toda la locura existente, la historia está muy bien configurada, muy comprensible y muy divertida.

Y todo se seguirá enredando más y más, hasta casi el infinito, y no dejarás de reír ante las ocurrencias de Kusturica en esta película yugoslava de la parte serbia, producida en 1998. Una película un tanto desconocida para el gran público y que si la hubiera protagonizado algún director norteamericano seguro que estábamos hablando de una obra de arte. Pero está hecha en Europa, por otro lado, porque este tipo de películas solo se podrían hacer en Europa, y ese humor negro casi sórdido se da aquí y el que la vea lo entenderá.

Luego tiene ese punto de cierto surrealismo, de imágenes o escenas, que se te quedan grabadas como fotografías y que emulan a su manera a «Un perro andaluz», y es que tenemos, por poner algunos ejemplos de los muchos que hay, a los músicos tocando mientras permanecen grapados literalmente en el tronco de un árbol de arriba a abajo, un cerdo que se va comiendo un coche poco a poco, Dadan quitándose excrementos del cuerpo utilizando un ganso como toalla…, y la presencia constante de los gatos, dos gatos macho y hembra, negro y blanco, que se hacen presentes en todos los escenarios de la película, para poner ese pátina de extravagancia que tiene toda la cinta. ¿Qué reflejan los gatos? Me aventuro a pensar que simplemente los gatos ofrecen ese toque de irreverencia propio de este felino, como cada caótico personaje de este filme.

Una historia que, sin adelantar nada de su desenlace porque en sus más de dos horas de duración tiene mucho jugo, como Emir Kusturica señala, tiene un final feliz, y es que no hay personaje que te puedas tomar en serio, todos son muy entrañables aunque sean un tanto miserables, bueno todos no Zare e Ida parecen ser los más centradillos.

En fin, una película divertidísima, fácil de conseguir en español, muy recomendable para pasar un rato agradable en este fin de semana, saboreando el universo genial de un mago de la cinematografía europea como es Kusturica.

sábado, 26 de mayo de 2018

DE CÓMO DESDE HACE MÁS DE UN CUARTO DE SIGLO EXPONGO UN CUADRO DE FORMA PERMANENTE. LA INTRAHISTORIA

Voy a relatar una de las historias más rocambolescas de mi vida de la que acabo de obtener el reporte necesario tras más de un tercio de siglo de desconocimiento intrínseco de la misma.

Vayamos por partes, tenía desde hace mucho tiempo la curiosidad de saber dónde estaba un cuadro que yo pinté allá por 1984 en Instituto Huarte de San Juan de Linares, que en su momento se colgó en una pared subiendo hacia la Sala de profesores. Hace poco se me ocurrió preguntarle a una buena amiga que es profesora allí en la actualidad, si le sonaba que ese cuadro siguiera allí colgado como testigo mudo del paso de varias generaciones de estudiantes. No le sonaba a bote pronto, pero al día siguiente ya tenía la foto en mi móvil y la confirmación de que mi cuadro seguía allí expuesto, en un lugar preeminente de mi Instituto, aunque mi amiga confirmó que habiendo pasado por allí casi a diario, no se había percatado.

Lo de que «yo pinté» o «mi cuadro» es sinceramente todo un alarde por lo que voy a contar ahora, pero no deja de haber parte de mí ahí, y puedo decir que no puedo estar más orgulloso de tal privilegio a la par que abrumado, toda vez que habrá millones de personas que tienen y habrán tenido muchísimas más cualidades artísticas que yo, y no conocieron tamaño honor.

Aquí empieza la intrahistoria de ese cuadro taurino de estilo impresionista moderno, por decir algo, porque no entiendo demasiado de arte. Como digo, corría el año 1984, y yo iba a cursar 3º de BUP, por entonces había una asignatura un tanto rocambolesca llamada EATP, una especie de cajón de sastre donde cabía todo, pero que en mi Instituto se limitaba a Hogar o Dibujo técnico, es decir, para mí era yuyu o la muerte, porque a Hogar solo iban las chicas y a ningún machote se le ocurriría meterse en Hogar aunque nuestras compañeras aseveraran que en sus clases no se hacía ni el huevo. Así que tenía que elegir muerte sí o sí, porque a mí que se me da fatal pintar tanto si es recto como curvo, no solo tenía que lidiar con la perspectiva caballera sino además pelearme con las tintas chinas; menos mal que en esa época ya no te obligaban a usar el famoso Rotring, el summum de la maestría y herramienta casi inaccesible para la mayoría de los estudiantes que éramos hijos de obreros, y nos permitieron utilizar unos rotuladores negros de punta finita que, a falta de pericia por mi parte, al menos evitaron que los trabajos se llenaran de lamentables borrones. De todas maneras lo del Dibujo técnico no dejaba de ser un calvario.

Cuando iba a empezar ese año 3º de BUP se nos informó de que se incorporaba una nueva opción a la EATP, que no era otra que Dibujo artístico, y lo elegí, y a día de hoy, por más que lo pienso no sé qué razones me impulsaron a tomar esa decisión, puesto que mis ganas de haber sabido dibujar son directamente proporcionales a mi nula capacidad para este arte; de verdad, añoro la capacidad que tiene mucha gente de saber pintar, dibujar, y yo soy muy malo, dibujo fatal…, si pudiera hacer un pacto con el diablo por un solo día pediría que me dejara dibujar, aprovecharía la jornada para pintar cien cuadros y quedarme a gusto. Quiero imaginar que en mi decisión estaría coincidir con la elección de mis compañeros, el hecho de que fuera el primer año y que no nos tratarían mal, yo qué sé.

A la hora de la verdad aquel año no fue tan mal, es más, yo diría que me lo pasé genial, porque hice cosas que jamás había hecho, aun con mi perfil de chapucero, aprendí fotografía y a revelar en blanco y negro, a hacer mosaicos muy chulos y de forma muy fácil, y también realicé un pedazo de viaje a Madrid donde vi el Museo del Prado, el Guernica, el Museo Nacional de Arte moderno y la Fundación Juan March.

Quiero imaginar que fue un poco antes de terminar el curso, cuando el profesor que teníamos un tal Lechuga de apellido y que era de Úbeda, un tipo muy afable, nos propuso que nos dividiéramos en grupos (de cuatro) con objeto de realizar un trabajo de envergadura para culminar ese primer año de debut de la asignatura en el Instituto. En esa clase que era por las tardes, quizá un par de días a la semana, coincidíamos con gente de otros grupos de 3º, por lo que no fue difícil concretar nuestro cuarteto.

Yo sé que partíamos con una ventaja, puesto que de los cuatro de la partida, contábamos con un genio de la pintura y de muchos otros saberes, probablemente un superdotado que por aquel entonces el sistema era incapaz de extraer del rebaño de borregos y tuercebotas que éramos el resto, no era otro que Antonio Agustín Rodríguez Rodríguez, más conocido por los amigos como Rodri.

Rodri tenía esa virtud de la excelencia, tal vez de la excentricidad propia de gente con su capacidad; sublimes eran aquellas sevillanas en griego clásico, sí en griego clásico, que muchas mañanas cubrían la pizarra antes de empezar la susodicha clase. Ni que decir tiene que Rodri no solo se permitía el lujo de corregir a nuestra profesora, sino que ella misma le preguntaba cuando esta tenía alguna duda, con eso lo digo todo.

Rodri vivía en una casa que rezumaba arte por todos lados, su hermana era una excelente pintora y sus cuadros estaban por toda la casa (hace unos años la vi en «Andaluces por el mundo», dedicada profesionalmente a la pintura y viviendo en Toronto), su padre era un mañoso carpintero que le había hecho, entre otras genialidades, un futbolín de madera que era cien mil veces mejor que cualquiera de los que había en los billares, estaba en EGB conmigo y todos queríamos ir a su casa a jugar al futbolín.

Así que no fue difícil para Rodri decidir nuestro trabajo fin de curso. A todo esto, creo que ya va siendo hora de nombrar a los otros dos componentes del grupo aparte de un servidor; no eran otros que Vicente Fraile y Mateo Izquierdo. Vicente es íntimo amigo mío y vive en Jaén, y justo cuando me enviaron la foto se la envié por Whatsapp y se quedó tan asombrado como yo. Mateo creo que vive en Linares y hace tiempo que no lo veo, pero siempre que hemos coincidido nos hemos saludado, así que falta cada día menos para que lo vuelva a ver.

¿Y Rodri? Pues no puedo negar que hace unos años me picó la curiosidad de saber qué había sido de él, y vi algún vídeo suyo, fotos (había sufrido un cambio físico radical) y sé que vivía en Sevilla, se dedicaba al mundo literario, por supuesto, completamente opuesto a la mucho más prosaica y probablemente aburrida vida de los otros tres miembros del grupo.

El caso es que Rodri lo ideó todo, no sé de dónde salió el panel de madera en el que pintamos, ni cómo se negociaron las pinturas, lo cierto es que Rodri dispuso lo siguiente, oteando el perfil de sus secuaces, perfiló a lápiz el dibujo de un torero haciendo una verónica o una media verónica, no llego a más en los lances taurinos, probablemente lo sacó de una lámina, pero dividido todo él en secciones de diferentes tamaños, y a cada una de ellas le asignó un número, del uno al seis si no recuerdo mal, y a cada uno de nosotros nos dio un bote de pintura, era pintura para madera, es decir, de la que se utilizaba en las casas antiguas para pintar las ventanas. Las seis zonas, por tanto, tenían asignadas seis pinturas distintas que iban del blanco al negro pasando por diferentes capas de grises.

El trabajo era bien sencillo, apropiadísimo para melones del pincel como yo, bastaba con pintar la zona y no salirse demasiado con un pelín de pulso, como un trabajo de niños de preescolar de esos de no te salgas del área, amén de que si había algún error, Rodri estaba ahí.

Fue muy agradable realizar aquel trabajo, máxime cuando a medida que Vicente, Mateo y yo hacíamos nuestro trabajo y Rodri dirigía con maestría todo él, aquello que al principio no tenía sentido y eran poco más que manchas, comenzó a tener una presencia espectacular. Rodri había obrado el milagro, el de hacer algo grande con pintores mediocres, el de convertir todas esas partes en un todo con sentido y cierto valor artístico.

Está claro que Rodri remató todo el cuadro, si en su terminación era vulgar él lo convertiría en excelso; repasando la foto actual tengo dudas sobre si fue el propio Rodri el que utilizó esos colores fuera del blanco, negro y escala de grises, porque mi recuerdo es el de ver el cuadro tal cual se terminó, pero también es verdad que nunca le presté demasiado atención a la obra, y es ahora cuando ha despertado en mí un interés inusitado.

Aquel cuadro se colgó en el Instituto, pero yo no me sentía un privilegiado ni orgulloso de aquello, probablemente porque en la adolescencia uno no le presta demasiada atención a estas acciones, y sí ahora mucho más cuando uno es un pureta que cada vez vive más de añoranzas.

Hoy tampoco debo sentirme especialmente responsable de este cuadro, toda vez que mi contribución y la de Vicente y Mateo fue un 0,01 % del valor artístico de la obra que, obviamente, le corresponde a Rodri, y dejo a duras penas ese valor residual por aquello de que, por lo menos, no incordiamos demasiado ni nos sublevamos y cumplimos con docilidad lo que Rodri nos mandó.

En fin, con cierta sorna, todo hay que decirlo, si alguna vez el Instituto quiere hacernos un homenaje, los tres de aquí estamos controlados y a Rodri, con esto de las redes sociales creo que sería relativamente fácil de localizar.

Pues nada, que siga allí por mucho tiempo la única obra de arte que inopinadamente he expuesto en mi vida, aunque mi colaboración fuera tan mínima fue lo suficiente para decir que yo pinté aquel cuadro, o por lo menos no lo estropeé.

sábado, 19 de mayo de 2018

"MI DIETA COJEA", DE AITOR SÁNCHEZ

Sorprende que en esta sociedad en la que vivimos, el mundo de los alimentos gire mayoritariamente en torno a la gastronomía y muy poco alrededor de la nutrición. El desconocimiento de un ciudadano medio acerca de conceptos básicos de nutrición es inversamente proporcional a la pasión con la que se asume la gastronomía como un valor cultural, con independencia de la consideración de si lo bueno o malo que estamos comiendo está afectando a nuestro cuerpo.

Y es que uno ya está en una edad donde debe mirar un poquito lo que come, partiendo de nuestra finita existencia, no está mal de vez en cuando «pegarse un homenaje», pero a medida que pasan los años hay que reflexionar sobre lo que comemos cada día y el impacto que a medio y largo plazo producen determinados hábitos alimenticios en nuestro organismo. Sabemos cuál es nuestro destino, pero es muy cierto que a través de la comida podemos viajar por lo que nos resta de la vida con cierto bienestar. O sea, que toca cuidarse un poquito y la comida, siendo esencia de nuestro propio ser, tiene que ser una parcela que no se puede dejar llevar por una sociedad que se pliega más a lo popular, a lo cultural, que a lo sano o lo más nutritivo.

Partiendo de esta reflexión, sin ser hasta hora un obseso de la nutrición, llevo desde hace varios años pensando en experimentar durante una parte de mi vida cómo se lleva lo de ser vegetariano o vegano (incluso flexitariano, es decir, seguir una dieta vegetal con algunas incorporaciones puntuales de carne y pescado), más que nada porque me abruma mucho el mal que se infringe a los animales que son explotados y maltratados, no digo todos, en explotaciones intensivas; y cada día estoy más cerca de cumplir ese objetivo.

Y también es verdad que sin comerlo ni beberlo, estoy cada vez más atento a programas de radio y televisión en los que se habla de la nutrición. Particularmente interesante se revela la colaboración que hace una vez a la semana el nutricionista Aitor Sánchez en el programa radiofónico de las tardes en Radio Nacional de España «Esto me suena», que comanda el periodista Ciudadano García. Aitor me pareció casi desde el primer día que lo escuché un extraordinario divulgador, dice las cosas claras, precisas y para que todo el mundo lo entienda.

Pese a su juventud, apenas tiene 30 años, Aitor se ha hecho con un nombre y casi una estela de pensamiento en el mundo de la nutrición en nuestro país, colaborando también en medios escritos y habiendo participado en algunos espacios televisivos. No sé si le corresponde el honor a él, pero esa especie de nuevo mantra de la nutrición equilibrada que dice «Más mercado y menos supermercado», lo tiene a él como uno de sus grandes impulsores.

En sus intervenciones radiofónicas ofrece unos conceptos de nutrición que además repite casi siempre y que marca lo que tiene que ser una alimentación equilibrada y nutritiva, a la par que pone el dedo en la llaga en relación con modelos divulgados que son claramente malsanos; en este sentido, dentro de su colaboración en RNE tiene un microespacio denominado «Nutrichorradas», en el que desmonta toda una serie de dietas ridículas y salvajes que tratan de convencer a gente desesperada en este siempre complicado mundo del sobrepeso y el adelgazamiento exprés.

Pues bien, desde que lo vengo escuchando se había referido a este libro escrito por él, «Mi dieta cojea», que venía a poner en tela de juicio toda una serie de mitos que circulan por la calle y que están en nuestro subconsciente, en nuestro acerbo cultural, casi desde que tenemos uso de razón. Que la carne provoca cáncer, que hay que comer cinco veces al día, que los vegetarianos sufren anemia, que el desayuno es la principal comida del día…, con una exquisita y quirúrgica explicación, Aitor Sánchez pormenoriza qué de cierto hay en todo lo que se dice.

No lleva a cabo sus minuciosos pero no extensos análisis con meras opiniones personales, sino que todo lo basa en los estudios que se han llevado a cabo hasta ahora y nos ilustra sobre la realidad de lo que se comenta en la calle; y es que a todas luces, todos esos mitos no dejan de ser eso, mitos.

Es especialmente crítico con la industria alimentaria, todo un lobby que por clarísimos intereses económicos es capaz de influir sobre autoridades y gobiernos para proteger su opíparo negocio. Un negocio, el de la comida procesada y ultraprocesada, en el que se produce con poca calidad nutricional y con un gran margen de beneficio; y que presiona para que las normativas sean muy laxas: etiquetados que no informan, campañas de publicidad engañosas, patrocinio de eventos deportivos…, toda una serie de jugadas que pretenden hacerse con un buen nombre y que sus alimentos sigan consumiéndose eternamente, por encima de cualquier ética o de la propia salud de sus consumidores.

Una industria alimentaria que produce a precios bajos con materia prima muy barata y que provoca en muchos sectores de población una creciente obesidad. Se razona en el libro con sesudo análisis el porqué vemos cada vez más gente de clases bajas y medias bajas con notable obesidad. Y es que es gratificante y más cómodo comerse muchos dulces con poco dinero, porque obtienes una recompensa inmediata con el sabor, que acudir a productos naturales o no procesados.

Este nutricionista reconoce que vivimos en una sociedad obesogénica, donde es difícil no solo no caer en tentaciones, sino que directamente tienes que entrar por el aro, porque no hay otra cosa. En este sentido, podrás ir a un restaurante de postín y es muy probable que no te encuentres ni una sola opción de comida equilibrada.

Una de las razones por las que adquirí este libro fue para confirmar lo que Aitor pregonaba en su espacio radiofónico, y sin que ofrezca una programación de comidas tal cual, que no dieta, a través de sus páginas se infiere qué debemos comer para mantener una dieta equilibrada y para que los excesos o la mala alimentación no nos jueguen una mala pasada. Alimentos naturales (de mercado), frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, algo de carne (mejor blanca), pescado azul…, con solo eso ya obtenemos un abanico casi infinito de menús tanto para niños como para mayores.

Como digo, es tremendamente pedagógico, y en varios capítulos hace mención al concepto de calorías, puesto que nos deja claro que no es relevante saber qué número de calorías consumimos diariamente, sino de dónde las obtenemos, lo cual es muchísimo más importante, por no decir crucial para mantenernos sanos. Siempre será más sano obtener calorías y azúcares de una pieza de fruta que comiéndose dos pastelitos, aunque el balance de calorías sea exactamente el mismo.

Y, por cierto, aunque de vez en cuando nos guste compartir una conversación y echar unas cañas, deja claro, y eso lo sabemos todos, que el alcohol incluso tomado con moderación es perjudicial para nuestra salud.

El libro no tiene ningún desperdicio, con un lenguaje muy accesible, toda una biblia de la nutrición moderna, sin dejarse llevar por corrientes de opinión, sino por datos objetivos. Y que, además, ya tiene una secuela que es «Mi dieta ya no cojea», en el que imagino que irá más directo a la diana, señalando planificaciones alimenticias para llevar en condiciones un apartado tan importante en nuestra vida como es la alimentación y en el que, por supuesto, pretendo seguir indagando.

domingo, 13 de mayo de 2018

LA PETANCA, EL GENUINO DEPORTE JUEGO DEL PUEBLO

Me pasó recientemente algo curioso relacionado con un deporte y esto me ha dado pie a hablar de esta disciplina que vemos practicar muy asiduamente en nuestros parques, como es la petanca y que me merece alguna reflexión al respecto.

La curiosidad es que yo estaba con un grupo de amigos en el Campeonato de Andalucía de balonmano infantil en Almería en un macrohotel cuando desayunábamos y había más densidad de personas que en el metro de Tokio, por lo que tampoco abundaban las mesas libres, en esas estábamos cuando un señor nos pidió si podía sentarnos con nosotros y rápidamente nos comentó que era el presidente de la Federación Andaluza de petanca.

Aquel buen señor propició que la sobremesa se desviara de nuestras habituales conversaciones relativas al deporte que nos traía allí, y nos dispusimos a ingresar en el mundo menos explorado de la petanca.

Tiene la petanca la virtud en España de ser un deporte bastante popular, pero tal vez escasamente mediático. Este hombre que debe llamarse, por lo que he visto en Internet, Antonio Pérez García, aunque no lo tengo muy claro porque no están muy actualizadas las web de este deporte, refería que al tratarse de un deporte lento en su desarrollo, esto no invitaba a que pudiera retransmitirse por televisión y eso limitaba su progresión o quizá cierta estigmatización y ahora lo explicaré.

Del mismo modo, él comentaba con cierto disgusto que se asociaba la petanca con la tercera edad, lo cual no es incierto, dado que basta darse una vuelta por alguna plaza o parque de Andalucía y ver gente que juega a este deporte para comprobar que efectivamente muchos de lo que lo practican son gente mayor. Es más nos recordaba con cierta sorna que cuando la televisión hace referencia a la aprobación de los presupuestos del Estado y, por ende, acerca de la subida de las pensiones, siempre sale de fondo un grupo de abueletes jugando a la petanca.

En aquel hotel había gente mayor y gente de mediana edad, gente joven yo no vi. Este hombre defendía lógicamente su deporte, como tal deporte, y reconocía la actividad física que se desarrollaba practicando este deporte, por la tensión psicológica, por el hecho que estaban levantándose y agachándose durante varias horas...

Evidentemente yo siendo benevolente pondría este razonamiento en solfa, aunque uno de mis amigos, con alguna mala idea decía que los de la petanca se comían ese hotel y también el de al lado. Lo cierto y, yo razonaba con el presidente, es que gente pasada de peso había, pero también es verdad que seguro que los mejores tienen una forma física envidiable.

Lo de la estigmatización y sin que esto se tome como peyorativo, se ha asociado la petanca a las clases media y media baja, y hay varias razones, como es lo accesible económicamente del material y que las pistas de juego se pueden ubicar en cualquier sitio y no solo parques y jardines, y muchas zonas de extrarradio o a las afueras de pueblos y ciudades. Y ya digo, esto no quiere presuponer nada, pero sí que es cierto que esta seña de identidad hace que sea un deporte muy popular, porque es del pueblo pueblo.

Considerando todo esto, quién no ha jugado alguna vez a la petanca, o al menos quién no ha visto jugar y sabe mínimamente sus reglas, reglas que por otra parte en lo básico son bastante sencillas. En mi particular experiencia vital yo he jugado en la playa con mi sobrino, aunque bien es cierto que con una petanca de juguete (con bolas de colores rellenas de agua), y también he visto campeonatos locales.

El concepto básico de este deporte juego es que tienes que lanzar una bolita de madera sobre tierra y en un terreno irregular (ahí es donde decía el presidente de la Andaluza se ve quiénes son los buenos, en los terrenos difíciles) y luego dispones de un número tasado de bolas metálicas según el modo de juego, individual, dupletas y tripletas, que lanzas también con objeto de que al acabarse todas las bolas tengas el mayor número de ellas cerca de la bolita de madera y que no haya ninguna del contrario; es una especie de curling, donde el objetivo es el mismo quedar lo más cerca posible del objetivo, en el caso de este deporte de invierno se trata de un punto inmóvil.

La gracia de este juego es que el boliche se puede mover, con lo que la estrategia cambia radicalmente si lo mueves en un momento decisivo y lo que parecía ir a mi favor puede pasar a estar radicalmente en contra. De hecho, por lo que yo sé hay tres tipos de lanzamientos, el de acercamiento al boliche (que es el más obvio), el de eliminación que pretende quitar del juego una bola contraria peligrosa, aun sacrificando la tuya, y de aproximación que trata de acercar tu bola al objetivo o incluso acercar alguna tuya o de algún compañero que se hayan lanzado ya.

Luego hay algunas singularidades del juego que tampoco quiero detallar, pero lo que sí es verdad, es que a pesar de lo tranquilo que es el juego, también tiene su cierto dinamismo, porque las partidas se pueden desarrollar con bastante rapidez, y uno juega y juega para pasar la tarde, es decir, que puede resultar un deporte tremendamente entretenido, y en ese sentido, también le otorga una importante función social que es la que vemos a diario en nuestros parques. Y sí, nuestros mayores se mueven, se entretienen y pasan un rato relajado entre amigos, hablando de este deporte o de cualquier otro asunto.

Por cierto que existe un deporte similar en Hispanoamérica llamado las bochas que, en realidad se disputa sobre plano, en pabellones de deportes o similares, y si es difícil acercar una bola a un boliche en un terreno con hoyos, piedrecitas y desniveles, con cierta diferencia a modo de lo que ocurre en el golf, la ventaja es que el propio terreno te frena la bola; sin embargo, en las bochas tienes que lanzar con suma delicadeza porque el rozamiento al ser un terreno plano ya no es tanto, y la bola se te puede ir al carajo. Las bochas tienen su variante paralímpica y, de hecho, está en el programa paralímpico.

Y a todo esto, ¿la petanca es un juego o es un deporte? Antes de responder a esto, querría hacer alusión a un articulito que firmó hace algo menos de dos años un tal Pablo Lolaso, una especie de alter ego jocoso del mítico entrenador de baloncesto del Real Madrid Pablo Laso, el cual en el periódico digital esdiario.com, escribe todas las semanas una columna un tanto desvergonzada como concepto pero muy juiciosa como fin. En este enlace refiere la amalgama de deportes a los que llamamos como tal cuando muchos de ellos tienen unas connotaciones más de divertimento que de actividad física, más de pericia que de esfuerzo, básicamente una serie de deportes que sobran.

Muchos deportes están en el programa olímpico y son de puntería, o incluso puramente artísticos; en los Juegos de invierno tenemos el curling donde la actividad física más acentuada se ciñe a mover con fuerza una escoba, pero hasta ahí.

Y entonces, ¿podríamos considerar a la petanca como un deporte? Yo diría que es más juego que deporte, pero oficialmente deporte es, y no dudo que con la afición con la que está difundiéndose por los cinco continentes opte a tener su momento de gloria en el futuro; sobre todo porque en los Juegos Olímpicos se meten cada vez más y más deportes, y algunos te das cuenta que no encajan (saltos sobre cama elástica que más parece una competición circense).

Estamos ante un deporte que nació en Francia, país donde existen jugadores profesionalizados, y está ampliamente extendido en todo el Mediterráneo, tal es así que es un deporte fijo en los Juegos del Mediterráneo. Pero su extensión va creciendo y en países tan alejados del nuestro como Tailandia, se practica con bastante interés, al igual que en países de influencia francófona.

Cada cual que opine al respecto, pero que nadie dude que jugar a la petanca es siempre muy divertido.

domingo, 6 de mayo de 2018

"LOS PACIENTES DEL DOCTOR GARCÍA", DE ALMUDENA GRANDES

Sé que llevo varias entradas dedicadas a los libros que leo, en las que hago la misma reflexión que se resume en lo siguiente: libro gordo, algo sobra. Y no sé si es por mí o es realmente por el libro, tal vez sea lo primero. Me pasa esto cada vez y, sin embargo, vuelvo como si fuera una droga a caer y siento una especial atracción por los relatos voluminosos; es como una especie de reto personal, de que pese a que la densidad y la sucesión de páginas presumen una larga travesía de horas de lectura, una vez más lo voy a superar, y la lectura no va a poder conmigo, voy a vencer yo.

En este libro de Almudena Grandes me ha vuelto a pasar, sé que puede ser un poco obsesivo, pero muchos pasajes del libro son directamente superfluos, omisibles.

La otra cuestión que también me abruma de los libros gordos es el exceso de personajes, que si no lees el libro de corrido, sino que lo haces a ratos y a veces te tiras días o semanas sin tocar papel, pues te pierdes un poco, y puede resultar un poco trabajoso ir hacia atrás para tomar datos (es lo que pasa con los libros, por fortuna, que no son como las telenovelas que te pierdes veinte episodios y no te has perdido nada porque todo sigue igual).

Pero en este caso la profusión de personajes tiene una causa bien justificada y que me merece total indulgencia para con su autora. Y es que Almudena Grandes construye una novela de ficción sobre hechos reales y personajes reales, y no quiere dejarse a nadie, o mejor expresado, quiere que los personajes investigados y estudiados, tengan su presencia más o menos relevante en la novela, y se ha ilustrado ampliamente.

El relato que se fundamenta en unas historias personales que recorren casi medio siglo, tiene un trasfondo histórico de enorme trascendencia, como es el papel de la España franquista tras la 2ª Guerra Mundial, asumiendo el rol de refugio de nazis. Esta historia, de la que yo conocía detalles muy leves, por no decir que era bastante desconocida para mí, es tremendamente significativa para entender cómo se conformó el mundo en el período de posguerra.

No obstante, vayamos por partes, los dos personajes principales y sus adyacentes son de ficción, pero sobre ellos interactúan una pléyade de personajes reales, y estos últimos, en un buen porcentaje, bastante despreciables desde el punto de vista humano.

Uno de ellos es el doctor García, el que forma parte del título del libro, su nombre es Guillermo García Medina, republicano, y que está al pie del cañón en la Guerra Civil salvando vidas y poniendo en riesgo la suya.

El otro es Manuel Arroyo Benítez, también republicano, un hombre hecho a sí mismo, de extracción humilde y rural, se convierte en diplomático con muy corta edad.

Ambos se conocerán en la Guerra Civil, ambos se salvarán la vida mutuamente, y ambos correrán un futuro distinto pero con paralelas coincidencias. Ambos son perdedores en la Guerra Civil y se verán obligados a abandonar sus identidades para ser otras personas.

Desde ese punto de partida se van a entrelazar las vidas de los protagonistas, sus familias, los personajes reales, así como parte de la historia de España y del período de posguerra en buena medida del mundo occidental. También, y no es baladí, las historias paralelas de otros personajes cuya identidad es «suplantada» por nuestros protagonistas.

La trama poco a poco viene a centrarse en un episodio sorprendente de la historia de España. Una serie de personajes secundarios y no tan secundarios del Imperio nazi fueron aterrizando en nuestro país, al amparo de una dictadura tan peculiarísima como la que teníamos; era una isla en medio de una Europa occidental que vivía mirando a Estados Unidos como referente político y económico.

Lo que subyace en la novela es que el inicial interés de la potencia estadounidense y de sus aliados por aislar, presionar y derrocar a la postre a Franco, se tornó en una especie de dejar hacer. A este respecto resulta interesante subrayar que en la lectura de la historia de la 2ª Guerra Mundial, el mundo occidental soslayó el papel de los soviéticos, y en nuestra opinión pública subyace que quien ganó esta Guerra fue Estados Unidos y sus aliados, cuando es importante recordar que fueron los soviéticos los que entraron y liberaron Berlín y con ello la Gran Guerra concluyó.

En esta tesitura, Estados Unidos terminará considerando que le venía mejor tener una España controlada por una dictadura de derechas que se mantendría impermeable ante todas las potencias, pero especialmente ante el bloque comunista que era mucho más peligroso para el mundo occidental, dada la posición estratégica de nuestro país.

Y así el doctor García y Manuel Arroyo se dedicaron a su manera, en un esfuerzo vano por pasar información acerca de todos los nazis que utilizaron España como refugio o como nave nodriza de la que iban saliendo hacia otros puntos del mundo, fundamentalmente hacia Hispanoamérica.

Ambos avanzan en sus misiones, mientras que sus vidas se van construyendo de una forma pacífica; García en España y en su nuevo horizonte profesional fuera del mundo médico, aunque clandestinamente seguía haciendo sus pinitos; y Arroyo en Argentina controlando el destino de muchos nazis que se naturalizaron allí, mientras se dedicaba oficialmente a ser profesor de idiomas. De algún modo, sus vidas siguen avanzando paralelas, ambos con la convicción de que a medida que se sucedían los años sus misiones cada vez tendrán menor sentido. Al final volverán a encontrarse.

Tal vez la única parte irreal de la novela es que García, aun con su nueva identidad, y siendo un personaje público, cambiara de identidad y no fuera reconocido por nadie, pero bueno, esto es una ficción y hay que echarle un poco de imaginación.

Una gran historia que es un buen testimonio de una historia real que debiéramos conocer más para entender cómo se configuró, incluso hoy, el mundo en que vivimos.