viernes, 26 de septiembre de 2014

EUSTAQUIO MORCILLÓN Y BABALÍ, UNA PEQUEÑA EVASIÓN PARA LA INFANCIA DE LA POSGUERRA

Sigo cubriendo etapas u objetivos, y voy plasmando mis particulares éxitos en este blog; sí porque en este espacio tan ilimitado como es Internet, en el que tiene presencia esta página, gratuita al hacerla y al recibirla, sin entrar en el gasto de conexiones, voy logrando encontrar algo que experimenté en el pasado, alguna película, serie de televisión, personaje..., tampoco es que consiga hallar todo, pero quizá con el tiempo.

Pues sí, sin la existencia de Internet a lo mejor estaría más tranquilo pero menos estimulado, y lo cierto es que aunque cuando comenzó a despuntar el uso generalizado de esta gran Red, ya se decía que por una parte, lo que no está en Internet no existe y, por otra, que si no lo has encontrado es que no has buscado bien, realmente estos dos asertos no son ciertos del todo, es verdad que en Internet está casi todo, pero aun así, no todo es gratis, hay contenidos que hay que pagar y, por tanto, no garantiza el acceso global; aparte de ello, hay que decir que multitud de contenidos inéditos se hallan, por ejemplo, en las miles de bibliotecas que hay en el mundo y que, entre otros motivos, por una razón logística, es inabordable su escaneado.

Bueno, pues sin enrollarme más mí último éxito llevaba en mi mente como propósito desde hace un tiempo, a ver, las premisas eran la de un tebeo muy antiguo en el que una especie de explorador de raza blanca estaba en África y se dedicaba a cazar fieras salvajes, ayudado por un colaborador de raza negra, y este último se refería al primero como «amito mosilón». Lo cierto es que en mis primeros intentos fracasé estrepitosamente porque, en realidad, mi memoria me decía que lo que el negrito decía era «amito motilón», es decir, que variaba en una letra, una letra de diferencia que me impedía completar mi objetivo. Fui a la tremenda y ya directamente colocaba en el buscador de turno, definitivamente yo casi siempre busco en Google, el argumento del tebeo, y ya di con la tecla.

Efectivamente, se trataba de Eustaquio Morcillón y Babalí, aquella historieta me traía buenísimos recuerdos, porque mis padres en un sábado de compras en Úbeda me habían comprado un tebeo con bastantes páginas dedicadas a estos personajes, en una lectura que la rememoro como enormemente grata.

La historieta nacida de la mano del dibujante menorquín Marino Benejam (siempre firmaba como Benejam y así era conocido), hay que encuadrarla en el momento histórico en que se creó, en torno a 1946, y en ese escenario de posguerra, probablemente había que desactivar todo lo vivido o lo que se vivía en España, tratando asuntos banales, nada polémicos ni politizados (ya estaba la censura ahí para cortar) o que transportaran al lector a otros mundos que lo hicieran imaginar por un momento que leyendo aquello podían pensar que su vida no era tan mala. Algo más de veinte años estuvo esta historieta funcionando de la mano de la revista TBO, coincidiendo con los años de esplendor de esta y de las historietas en general, que fueron decayendo con el tiempo, y que hoy sólo sobreviven contra el viento y la marea de los muchos recursos de que disponen nuestros niños y jóvenes.

Quien haya podido acercarse a las páginas de estos personajes tal vez quiera buscarle las vueltas a Eustaquio Morcillón como el blanco que oprime al negro, o que el negrito es el pobre, salvaje y sin educación, y el blanco el listo, poderoso y civilizado. Como he dicho antes, debemos analizar esto con la concepción de una época pretérita y muy diferente a la actual, aunque apenas haya pasado poco más de medio siglo. En la figura de Eustaquio, cuyo apellido es congruente con su oronda figura, no hay más que una posición de superioridad que es la que dicta la edad. Así, el señor Morcillón se comporta con Babalí como un ascendiente, un padre o un tío que vela por su hijo y que riñe cuando tiene que hacerlo pero también lo protege; hay evidentes muestras de cariño paterno, y filial también, en sus viñetas. Por cierto, Morcillón se define como un valiente, aunque se mete en líos, y Babalí es el cobarde que saca no pocas veces la valentía de donde no la tiene para ayudar a desentrañar esos enredos en los que se mete su amigo.

Tal vez llame más la atención el fundamento principal de sus aventuras, el hecho de que esta pareja se dedique a cazar a animales salvajes para mandarlos a zoológicos de Europa, a veces las trampas no resultan y las peripecias por las que transitan les conducen a matar a esos animales para defenderse, para proporcionarse alimento o para simplemente conseguir un prestigioso trofeo. La muerte y el sacrificio están presentes, y eso hoy no estaría bien visto, aunque evidentemente todo fuera una ficción.

Por cierto que la historieta estaba hecha al alimón entre Benejam que dibujaba y Joaquim Buigas (el que fuera director y alma mater de TBO durante muchos años) que hacía los guiones. Desde esta perspectiva hay que señalar que es una historieta en la que se da mucha importancia al texto, al diálogo, que ocupa una buena parte de los espacios de las viñetas y, en este sentido, hay opiniones que coinciden en señalar que esta dinámica hacía que el dibujo se supeditara al texto y le hacía perder vistosidad o entrar en demasiados detalles, con lo que se desperdiciaba el talento de Benejam por el valor textual de las historias. Y hablar de coartar la pluma de Benejam, uno de los dibujantes de cabecera de TBO (es el autor de «La familia Ulises»), por aquello de que el fin justifica los medios, no era cuestión gratuita.

Del mismo modo, también correspondía a su ingenio, seguramente también con la colaboración de su inseparable Buigas, el hecho de que nuestro explorador Eustaquio Morcillón se valiera de infinidad de ingenios y trampas ad hoc para sus propósitos, un poco estrafalarios, que tenían su aquel y que, pensándolo fríamente, no dudo que alguna pudiera funcionar de verdad.

Esa serie de ingenios tenían relación exacta con uno de las secciones con más predicamento de la revista TBO, como era «Los grandes inventos de TBO», al parecer había más de un perito mecánico en la redacción de TBO que también contribuía a la causa, lo que sí que es cierto es que aquellos prototipos hacían sonreír a mucha gente, y es uno de los recuerdos más entrañables que tengo de aquella revista, que pese a que no sea concretamente de mi época, conseguí muchos ejemplares de niño, los cuales devoré con ansia.

Aquel TBO, los Benejam, Buigas y otros muchos ya no están entre nosotros, con escaso reconocimiento póstumo, fagocitados bien es cierto por sus propios personajes, pero que tendrán, para todos, el grato honor de haber elevado el ánimo de niños y no tan niños a lo largo de varias décadas.

viernes, 19 de septiembre de 2014

WAYNE GRATZ, EL PIANO QUE ENAMORA

Cuán inexplorado está el mundo de la música New Age y que limitadísima relevancia tienen muchos de sus actores, que hacen unas composiciones magistrales y que no son mediáticos, viven de la música pero no les da para ser ricos. Si hubiera un algoritmo que permitiera otorgar una puntuación por la calidad de la música en función de muchos parámetros, a buen seguro que la New Age estaría muy arriba, y nos llevaríamos grandes sorpresas con músicos populares y canciones calificadas como grandes éxitos, cuya calidad sería, y es, ínfima.

En ese acotado alcance de la New Age, uno se fija en determinados detalles para saber si al artista de turno le va bien el negocio, si vive holgadamente o si por el contrario, es una profesión como otra más que sólo le da para ir al día. Entonces miro a Wikipedia y observo si existe, compruebo las páginas web que hay en español, y si no hay entrada en Wikipedia y las web españolas son escasas, mal asunto.

Pues hoy tengo un claro ejemplo de un compositor que no está en Wikipedia, que tiene unas breves alusiones en mínimas webs escritas en español, y tampoco demasiadas en inglés, se trata de Wayne Gratz.

Como siempre podremos encontrarlo en muchas páginas de música, de venta de música, que realmente no sé el impacto que tendrán con este tipo de compositores. Quiero imaginar que son un gran cajón de sastre, donde por norma meten lo comercial y lo no comercial, porque no cuesta nada rellenar. Dicho esto, no seré yo quien critique la existencia de estas páginas, pues si están ahí es porque venden música, aunque bien es verdad que con la multitud de espacios de descarga gratuita, aun conculcando la legalidad, la gente sigue bajándose discos la mayoría y comprando los menos.

Es cierto, no lo voy a negar, yo formo parte de esa mayoría que transgrede, aunque intento compensar esa especie de poco honrosa aprehensión, con alguna que otra mención en este humilde blog, algo que puede contribuir mínimamente a que se conozca un poco más a su autor, lo que puede reportarle un átomo de ventas y contratos. Desde luego que esto último es sumamente pretencioso por mi parte porque doy menos que lo que recibo, y seguramente si Wayne Gratz accediera alguna vez a este blog a lo mejor opinaría que todo esto está muy bien, pero que con esto él no llena el carro. En todo caso, yo me quedo más tranquilo con estas reseñas musicales de vez en cuando, con objeto de elevar el nivel de conocimiento de la New Age y de sus artífices, porque a buen seguro, aunque sea como una gota en el mar, prefiero seguir haciéndolo porque algo deja. Emulando al célebre Dalí, viene al pelo aquella frase suya que decía «Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien», pues eso.

Pero por qué pararse hoy en Wayne Gratz, pues porque su música emociona y hechiza a la vez, desde la simplicidad de un piano, es capaz de hacernos soñar, de imaginar escenarios deseados, su música enamora y es para enamorados, es para escucharla en compañía, o para escucharla solo pensando en esa otra persona.

Nacido en Carolina del norte (EE.UU.) en 1954, apenas con seis años ya sabía tocar el piano, prosiguiendo con su formación durante su juventud, a la vez que aprendió a tocar la guitarra. Ese bagaje con el piano le permitió llevar los teclados en varios grupos juveniles.

Hasta 2002 Gratz hizo varios álbumes a través de diversos sellos musicales, uno de ellos Narada una de las empresas más especializadas en New Age, pero nuestro protagonista necesitaba más, no quería estar amarrado a unas condiciones mercantiles en las que se veía obligado a componer donde y cuando le decían. Aunque en esos años previos realiza composiciones fantásticas, a partir de ese año él comienza a producir y grabar sus propios trabajos hasta la fecha.

Su música trasciende a su nombre, la hemos podido escuchar en Juegos Olímpicos, en anuncios de radios y televisión, en documentales, en museos; a buen seguro que la recordamos pero jamás sabríamos qué compositor había detrás.

La música de este pianista ha ido siempre alternando, dentro de un tenor muy suave y casi conservador, desde el piano como único instrumento, a la incorporación muy tenue de teclados y voces, que no distorsionan al absoluto protagonista de su música, que es obviamente el piano.

El propio Gratz reconoce en su web que su música es tranquila, sin pretensiones, no pretende mover masas, simplemente inspirar, llevarte por ejemplo a un océano sin mojarse ni recibir arena entre los pies. Aunque podamos avistar una carrera bastante prolífica (una veintena de discos), nunca ha primado en su estrategia la cantidad sobre la calidad.

Lo curioso en la actividad musical de este músico es que su estela pública es muy limitada, tanto que es accesible al común de los mortales, ya que curiosamente Gratz encontró un placer único en la realización de conciertos privados. Al parecer todo surgió de una casualidad, un amigo lo invitó a cenar a su casa y también para que, de paso, amenizara la velada con su talento. Le resultó una gratísima experiencia y puesto en contacto con la compañía «Conciertos en su hogar» (www.concertsinyourhome.com), a través de esta, se pueden contratar sus servicios, en un nuevo concepto de la difusión musical que nos permiten hoy las nuevas tecnologías de la comunicación.

De hecho, Wayne nos ofrece ser el concertista de una boda, el amenizador de una convención o un congreso, o el hombre espectáculo para una fiesta privada, adaptándose eso sí a lo que el público le solicite, siempre dentro del género tenue de su música, lo que incluye peticiones musicales de canciones que él mismo puede interpretar con su estilo propio. Eso sí, el instrumento musical lo ponemos nosotros, tiene que ser un piano de cola medianamente afinado. En fin, un capricho que seguro más de uno se puede permitir... en Estados Unidos.

La música de Gratz es un poema hecho susurro en los oídos, es una forma de planear suavemente por los pensamientos propios y ajenos, para ser esperado y tener esperanza a la vez, para soñar despierto con lo imposible, para poder definitivamente leer entre líneas.

Si me tuviera que inclinar por una recomendación concreta de un tema de Gratz yo propondría este fantástico «A silent wind» dentro de su disco «Four steps to the ocean», un verdadero canto al amor.

viernes, 12 de septiembre de 2014

EL USO POLÍTICO DE LAS LENGUAS Y ALGUNAS CURIOSIDADES SOBRE LAS MISMAS

Desde luego qué apasionante es la historia de las diferentes lenguas del mundo, sus evoluciones, sus cambios, su ámbito geográfico... El aprender idiomas, aparte del mío materno, será una espinita que siempre tendré clavada, pero me va a faltar tiempo, me faltarían varias vidas para aprender unos cuantos idiomas.

Es curioso que cuando comenzamos a abordar las vicisitudes de un idioma, tarde o temprano nos encontramos con el poder, con la política, esa que quiere imponer sus designios por razones que para nada miran las necesidades de su población.

Desde que tenemos datos documentados de la historia del mundo, aunque seguramente desde siempre, los gobernantes fueron sabedores de que no había herramienta más fuerte para sojuzgar a los pueblos, para colonizar otras tierras, que la marca del idioma, más allá incluso que la sangre (no era un capricho que a las tropas en los conflictos bélicos se las invitara a cometer desmanes y violaciones para implantar su raza). Por poner un ejemplo gráfico, la colonización de América tenía un potente componente cultural en tanto en cuanto los miembros de la Iglesia que acudían a «domesticar» a los indígenas, no sólo lo hacían para enseñarles el camino hacia Dios, sino para dejar la huella indeleble del español.

Los políticos saben que la inmersión lingüística es un procedimiento fácil, relativamente barato y, sobre todo, muy rápido, para veladamente atraer súbditos hacia sus ideas, es un modo de adoctrinamiento. Y digo que es un procedimiento rapidísimo porque yo he visto muy de cerca cómo mi hijo al que adopté hace apenas dos años, borró de su disco duro mental los dos idiomas que hablaba en su país de origen (me hubiera gustado que los siguiera hablando pero era logísticamente imposible) y adoptó el castellano con tremenda rapidez; algo de lo que me siento artífice, pues hoy día habla con una muy buena dicción, no es perfecta todavía, y tiene un vocabulario que no se diferencia en nada con un niño de su edad. Remedando al rey Juan Carlos, desde luego es algo que me llena de orgullo y...

Esa inmersión a gran escala tiene una estrategia evidente, cortar los vasos comunicantes por donde fluye el idioma y generar un nuevo árbol vigoroso con la savia nueva del idioma que queremos insuflar a la población. Hay también muchos ejemplos, pero uno cercano es el de Filipinas. A finales del siglo XIX la mayoría de los nativos de aquella que fue nuestra colonia dominaban el español, llegaron los estadounidenses en aquel «desastre del 98», y no sólo nos quitaron nuestros valores estratégicos, nuestro impulso económico, sino de un zarpazo, nuestro influjo cultural y, con mayor celeridad aún, nuestras raíces idiomáticas, y hoy todo el mundo habla inglés en Filipinas. En algo más de un siglo el español ha desaparecido de Filipinas, ahora se aprende de nuevas en los colegios, pero como se aprende en cualquier lugar del mundo, no porque esté en la calle. Sí quedaron y quedan una minoría de familias filipinas (unos dicen que unas 2.000 personas, algunos piensan que pueden llegar a las 10.000) que por tradición siguen hablando el español de sus antepasados, que es el español que hablamos hoy en día, pero curiosamente con un acento mexicano, pues los administradores de esta colonia procedían de allí, y ese influjo estaba presente en todo: administración, escuelas, sanidad, iglesia..., es decir, donde importaba.

El análisis muy somero de cualquier idioma nos deja peculiares detalles, singularidades donde, en muchos casos, se detecta la mano del poder, a veces sibilina, pero que denota que detrás ha habido una estrategia clara y concienzuda.

Kemal Atatürk, el que fue primer presidente de la república de Turquía, recordado y aclamado en su país por ser un importante estratega militar, auténtico prohombre y artífice de su modernidad, también sabía de las estrategias lingüísticas y de un plumazo, en los años 20 del siglo pasado, el idioma turco que se escribía con caracteres árabes, pasó a adoptar el alfabeto latino, como una medida para occidentalizar su país. Y a fe que lo consiguió, porque el efecto deseado era el que sus habitantes pudieran acercarse más a Europa que no a Asia, gracias a las similitudes y facilidad que por lectura y escritura pudieran encontrar en la mayoría de idiomas europeos.

Precisamente hoy en día la minúscula Chipre es un escenario de esos donde los ecos de una historia pasada aún están presentes, un país tan pequeño que está separado con una frontera que amén de ser política, también lo es social, los del norte hablan turco, los del sur griego, y son enemigos irreconciliables por el momento, aparte de que no pueden hablar entre sí sin traductor.

Se me viene a la memoria ahora el evidente ejemplo que nosotros tenemos en nuestro país con Gibraltar, los llanitos hablan inglés, y la mayoría hablan español con un rajado acento gaditano. Ese reducto es también una reliquia histórica de hace más de tres siglos, y en esos tres siglos los británicos han procurado que el español coexista con el inglés, pero lo que es más importante, que este último jamás se pierda.

Pero sigamos con las historias curiosas de los idiomas, por si no lo saben en Serbia y Croacia, y en otros países (micropaíses) de la antigua Yugoslavia, se habla el serbocroata, aunque unos lo llaman serbio y otros croata, ¿pueden entenderse entre sí?, perfectamente, ahora bien, un serbio no podrá leer un libro croata, y viceversa, porque los serbios tienen el alfabeto cirílico y los croatas el latino.

El caso radicalmente opuesto ocurre en China donde el idioma normalizado es el mandarín, que ya está extendido por todas las escuelas del país y es el que utilizan los medios de comunicación, pero como base hay que decir que el chino tiene una gran multitud de variantes y que muchos no se entienden entre sí. Sin embargo, el idioma mandarín es ante todo un sistema de símbolos que permite que un chino del norte y otro del sur puedan leer un periódico y entenderlo, aunque no puedan entenderse en una conversación. Por cierto, la fonética del chino es poco inteligible para un español y, sin embargo, no ocurre así con el japonés que fonéticamente es relativamente fácil de pronunciar para un hispanoparlante.

De algún modo, es lo que ocurre con el árabe, también con diversas especificidades geográficas, un árabe occidental, de Marruecos por ejemplo, no se entiende con un árabe del otro extremo islámico, por ejemplo de Omán. El árabe normalizado o moderno es un intento de cohesionar todas esas variedades dialectales, el cual se utiliza en muchas escuelas islámicas y en los medios de comunicación oficiales.

Me da mucha pena cuando escucho o leo la noticia de que ha muerto la última persona que hablaba tal o cual idioma. Este es un hecho irrefrenable, con este mundo global, se calcula (dato UNESCO) que en cien años habrán desaparecido entre el 90 y el 95 % de las lenguas del mundo.

Cuando hablo de globalización en relación con una lengua, me fijo en la realidad de pequeños países que saben que su idioma no se habla más allá de sus reducidas fronteras. En Luxemburgo se habla el luxemburgués, pero nadie habla ese idioma exclusivamente, porque en cuanto cualquiera de sus ciudadanos mira apenas al horizonte ya está viendo otro país. Esa apertura tiene que ver mucho con razones socio-económicas, si uno pretende trabajar fuera necesitará un idioma potente aparte del materno.

Creo que lo he comentado alguna vez en este blog, en España tenemos una muy mala política educativa en cuanto a la enseñanza de los idiomas se refiere, lo de los colegios bilingües es sólo un cartel, te tiras media vida aprendiendo un idioma, en mi caso el inglés, y te cuesta mantener una conversación sobre cualquier asunto cotidiano, porque en nuestra vida diaria todos hablamos español, la tele es en español y nuestro entorno también. Y todo esto se basa en que tenemos una lengua fuerte, pero nuestras nuevas generaciones ya se están dando cuenta que sólo con este idioma no es suficiente.

También lo he referido en otra ocasión en este blog que en mi breve estancia en África, en Etiopía, pude comprobar que aun siendo un país más extenso que España y con más habitantes, todo el mundo tiene asumido que hay que tener otra lengua (el inglés) es un pasaporte para el futuro: más oportunidades laborales, mejor posicionamiento en cuanto al contacto con extranjeros, es un salvoconducto para el emigrante y supone acceso al conocimiento.

No obstante, continuemos con las curiosidades de los idiomas, tal vez nos hayamos preguntado en alguna ocasión si en una selección suiza de cualquier deporte sus integrantes se entienden. Hay que considerar que en ese pequeño país coexisten tres idiomas importantes en Europa, como son el francés, italiano y alemán. Lo cierto es que su sistema educativo superó ese reto desde hace muchísimas décadas, se da mucha importancia a la impartición de las lenguas nacionales en todas las regiones lingüísticas del país, lo que hace que casi todos los suizos conozcan al menos otro idioma oficial. En este sentido, la comunicación entre los suizos de diferentes regiones lingüísticas no supone, por lo tanto, un problema en el día a día.

¿Y en Bélgica? Se habla el flamenco en la zona norte (65 % de la población), el francés en el sur (35 %) y en las zonas fronterizas con Alemania hablan el germano; básicamente el flamenco y el francés son los dos idiomas vehiculares. En Bruselas se reparte casi por igual la población francófona y flamencófona. ¿Se entienden en la selección de fútbol? Probablemente sí, pues todos están acostumbrados a relacionarse y a viajar por el país. No obstante, Bélgica es un país más convulso que lo que aparentemente nos puede parecer, los del norte y los del sur tienen siempre sus rifirrafes de poder, el idioma no es un elemento cohesor, y eso no se ha impulsado debidamente en las escuelas, donde la enseñanza del otro idioma del país según la parte en que uno viva es endeble (sospecho que como en España con el idioma extranjero). Se calcula que el 48 % de los flamencos habla francés y sólo el 15 % de los valones (los francófonos) habla flamenco; de hecho hay una anécdota que ocurrió hace unos pocos años, en 2007 concretamente, cuando a la miss Bélgica, una rubia procedente de la zona francófona, la abuchearon en la gala final, porque no supo responder a las preguntas que le hacían en flamenco. Por cierto, que por buscar algún elemento unificador en este escenario tan rarillo, se dice que sus signos identitarios son Bruselas, que sí es bilingüe, la Casa Real y... la cerveza, ahí es nada.

¿Se entienden un portugués y un brasileño? Se entienden sin ningún problema, no obstante, hay que decir que por el número de hablantes, Brasil ocupa la proa de las evoluciones de este idioma, con la incorporación de vocabulario (se calcula que un 0,5 % del vocabulario coloquial de un brasileño se diferencia del de su hermano portugués), pronunciación peculiar, giros, etc. Esta diferencia, para que nos hagamos una idea, es más acentuada que la que podemos encontrar entre el español hablado en Valladolid y el hablado en Buenos Aires. Eso sí, la diferencia del brasileño y el portugués para un español es más rotunda que para ellos, tengo un amigo que estuvo en Uruguay hace unos años y estuvo unos días en Brasil, y me comentó que no se enteraba de nada, que parecía que hablaban polaco.

Se dice que los argentinos son italianos que hablan español, un español y un argentino nos vamos a entender siempre, y observo con un poco de disgusto que en algunos supermercados (DIA) ponen en los productos los ingredientes en español, en otros idiomas y también en argentino (¿?). Del mismo modo, he visto y me parece una exageración en algunos programas argentinos de televisión que subtitulen lo que dicen sus protagonistas, entiendo que lo hagan cuando el sonido no es bueno, pero no por norma con todas las personas.

Por cierto que para los que critican al dialecto andaluz, el hecho de hablar andaluz no implica que la persona que lo habla sea más inculta, y de eso se abusa muchas veces en la televisión y en la radio, que suelen utilizar el habla andaluza cuando tienen que identificar a una persona de clase baja o con escasa educación. Una cosa es hablar comiéndose las terminaciones, seseando o ceceando (según qué zonas) y otra muy diferente que un andaluz con una educación media no sepa discriminar la fonética de la escritura.

Es más, la ligereza al hablar del andaluz, las licencias que nos tomamos, provocan que nuestra variedad idiomática sea pegadiza y que las fronteras se sigan prolongado cada vez más. El andaluz es prácticamente igual que el extremeño y que el murciano, en muchas zonas de Castilla-La Mancha también se comen las terminaciones y se aspira la «s» final; el español hablado en Madrid tiende ya a tener muchas aportaciones del andaluz y la parte sur de Alicante habla prácticamente murciano.

Por cierto que para los que confieren al dialecto andaluz de forma despectiva, hay que decir que en América se sesea porque los primeros pobladores de la nueva América procedían en un importante porcentaje de Andalucía y también de Extremadura; y tiene su lógica pues los tradicionales puertos de embarque hacia la tierras recién descubiertas estaban en el sur de nuestro país y, por ende, buena parte de las tripulaciones de las naves.

A este respecto hay que decir que el español de América es enormemente rico y cada país le da su tono, su melodía, que reconocemos sobre todo en los grandes países, aunque los pequeños también tienen sus variantes. Es decir, que es fácil reconocer el español de Argentina (con la influencia sonora del italiano), el español de México y el español de Cuba; pero si escucháramos durante un tiempo a otros hispanoamericanos sabríamos reconocer y diferenciar a un chileno, costarricense o guatemalteco.

Las lenguas son organismos vivos, ¿alguien lo duda?, en el pueblo donde vivo, Bailén en la provincia de Jaén, hay una importante implantación del seseo, es un seseo seco, no cantarín, de tipo cordobés. Lo curioso es que en una misma familia te encuentras a hermanos que sesean y otros que no, o el padre sí y la madre no y viceversa (mi mujer no sesea y dos de sus hermanos sí). ¿Por qué en algún momento de sus vidas esas personas que seseaban o tenían el influjo del seseo dejaron de hacerlo o no adquirieron ese fenómeno lingüístico? No hay seguramente una causa, aunque la más importante tal vez sea el círculo de relaciones que uno entabló desde pequeño (compañeros de clase, de juegos, otros familiares, maestros), así como el influjo de la televisión. Lamentablemente el seseo se perderá en Bailén o quedará minimizado con el tiempo, no será pronto desde luego, los jóvenes cada vez sesean menos que sus padres, y a su vez esos tendrán otros hijos que terminarán de perder la referencia del seseo.

Voy a ir terminando para no cansar mucho con el argumento principal con el que comencé, la lengua como herramienta política, hablemos de Cataluña y el País Vasco.

En el País Vasco no todo el mundo habla euskera, ni por extensión en ese teórico territorio que los independentistas llaman Euskal Herria. Las ikastolas se han configurado como la base de la educación en ese idioma, muy apoyada desde Ajuria Enea, y en mi opinión más allá del componente pedagógico. El escenario en el País Vasco no es sencillo, la mayoría de la población tiene al castellano como lengua materna y, salvo en dichas ikastolas, adonde asisten niños de familias que tienen el euskera como primera lengua, el bilingüismo es complicado, primero porque salvo en zonas rurales el español sigue siendo la lengua común y en segundo lugar, porque el euskera y el castellano no tienen ninguna raíz común y es difícil pasar mentalmente de una lengua a otra, tal y como hacen de forma automática los gallegos o los catalanes.

La complejidad en la enseñanza del euskera es tal para alguien que no lo ha mamado desde chico que, salvo esas personas que tienen la fortuna de ser completamente bilingües y que dominan ambas lenguas de igual forma, el aprendizaje desde cero es un camino largo y, para mucha gente, tortuoso (me consta porque lo he hablado con algún vasco). Para poder acceder a determinados puestos de trabajo públicos en la comunidad autónoma vasca están reglamentados una serie de perfiles lingüísticos, cuatro en concreto, desde el básico al avanzado, que definen las competencias básicas que debe manejar cada empleado público en función de ese perfil.

Los partidos integristas que hay en el País Vasco siguen denostando a aquellos que no saben euskera y/o no tienen los ochos apellidos vascos. De hecho, ha surgido una muy reciente polémica con el nombramiento de Pablo Berástegui como director del Patronato San Sebastián 2016 (capital europea de la cultura), pues este navarro no habla euskera y rápidamente los de Sortu y Bildu han pedido su destitución.

El escenario en Cataluña es bien diferente, las similitudes entre el castellano y el catalán son tales que cualquier español no nacido en Cataluña podría aprenderlo y hablarlo con bastante corrección con la estancia allí durante un tiempo y un pequeño esfuerzo. El bilingüismo es, pues, una realidad tangible. Igual que las ikastolas son los puntos de apoyo de la educación en el País Vasco en una región donde todos hablan castellano como lengua principal, en Cataluña se ha estado buscando políticamente desequilibrar la balanza hacia el catalán por todos los medios, con la liquidación del castellano de las escuelas, en los medios de comunicación, con leyes que obligan a los comercios a rotular en catalán, con parte de la sociedad que impregnada por sus gobernantes denosta a los que no somos catalanes ni lo hablamos...

Y cuando hablo de esa balanza me baso en fuentes de reconocida solvencia. A pesar de toda la propaganda existente con el «hecho diferenciador catalán» o como se le quiera llamar, en 2010 la Fundació Audiències de la Cultura i la Comunicació (FUNDACC) en colaboración con el Institut d'Estudis Catalans (IEC), realizó un estudio en el que determinó que el catalán era la lengua materna del 39,4% de la población catalana, mientras que el castellano lo era para el 55,1% de los catalanes, y el 5,2% restante tenía como idioma materno otra lengua distinta a las otras dos ya mencionadas. A buen seguro que la Generalitat recibió estos datos con preocupación y habrá seguido trabajando para voltear esta estadística.

Lo comenté hace no mucho en este blog, no estoy en contra de la independencia de Cataluña, tampoco a favor, tengo ideas encontradas, ni sí ni no, sino todo lo contrario; pero con lo que no estoy de acuerdo es con esa estrategia propagandística y adoctrinadora impulsada por CiU, basada en muchos enteros en el valor de la lengua catalana (algo que es muy honesto), pero que sirve de resorte para fundamentar el independentismo, y este independentismo tiene partes de fundamentalismo, de segregación y de xenofobia. Y sinceramente no sé si les compensa a Mas y los suyos hacer este camino en el desierto.

Y ahora sí, ya acabo, y lo voy a hacer con otra curiosidad simpática de los idiomas en este caso del alemán que suele tener palabras compuestas largas, que son frases completas con sus preposiciones y todo; pues aquí está un ejemplo, no sé si será la más larga pero tiene bemoles, se trata de fussbodenschleifmaschinenverleih (foto de arriba), algo verdaderamente impronunciable para un español y que significa alquiler de máquinas pulidoras de suelo, que si nos ponemos a comparar casi nos salen más letras a nosotros que a ellos.

viernes, 5 de septiembre de 2014

LA HISTORIA DE JULIUS YEGO, PORQUE LOS NEGROS TAMBIÉN LANZAN

Estuve este pasado fin de semana nada más y nada menos que en una despedida de soltero, da desde luego para escribir un libro, y con el calor de las copillas allí estuvimos hablando de todo un poco y, por supuesto, solucionando el mundo.

A las tantas de la tarde o de la noche, que ya no me acuerdo por lógicas razones, no tuvimos otra ocurrencia más sana que hablar de atletismo, en concreto, de las evoluciones de mi hijo en el atletismo infantil. Para los que no me conocen, he de decir que mi hijo es negro, y hablamos por extensión del término «negro», cuando en realidad, mi hijo y yo coincidimos en que el color más exacto es el marrón, color chocolate con mayor concreción, pero como digo, por uso habitual y sin entenderlo necesariamente despectivo lo daremos por válido.

El objeto de nuestra tertulia era el de valorar y admirar en sus justos términos la idoneidad de la raza negra para la práctica del atletismo y casi, por ende, para la mayoría de los deportes. Pero nos centramos en concreto en su superioridad en el atletismo, muy especialmente en las disciplinas de carrera. Si tomáramos las quince mejores marcas en fondo y medio fondo, sin atender a la restricción de tres atletas por país en un Mundial o en unos Juegos Olímpicos, sería muy complicada la participación de algún corredor no negro.

Ese predominio, coincidíamos, no puede ser fruto de la casualidad, ni siquiera el hecho de que los países punteros estén situados a cientos de metros sobre el nivel del mar, y su aclimatación los hace superiores al resto cuando hay que competir donde las condiciones de demanda de oxígeno en sangre cambian de forma notable.

Y repasamos, carreras de velocidad, medio fondo, fondo, marathón, saltos, combinadas y ¿lanzamientos? Ahí nos paramos, mis compañeros de tertulia argumentaban que los negros comenzaban a fallar en aquellas pruebas donde el peso de la técnica era mayor que el factor físico y antropométrico. Sin embargo, en un conversación más que constructiva yo les argumenté que había buenos lanzadores negros con los cuatro artefactos y les puse el ejemplo de Julius Yego, un keniano que casi de forma autodidacta se había hecho un hueco entre los mejores jabalinistas del mundo, curiosamente aprendiendo con vídeos colgados en Internet.

Ciertamente si analizamos con algo de detenimiento, podemos comprobar que hay lanzadores negros en disco, peso, martillo (los menos) y jabalina, e igualmente lanzadoras. El caso más evidente tal vez sea el de los/as atletas cubanos/as; son buenos en todo y tienen unas marcas magníficas, y el atletismo cubano, como otros muchos deportes en ese país se nutre de la raza negra, considerando ¡ojo! que dos tercios de su población es blanca, y estamos hablando de un país que tiene una cuarta parte de habitantes que España, o sea, que sólo puede tirar teóricamente de unos tres o cuatro millones de negros y mulatos, aunque muchos menos por razones de edad.

Igualmente ha habido y hay muy buenos lanzadores de peso estadounidenses que son de color, y como la técnica rotatoria puede ser transferible al disco, también son buenos con este artefacto.

Pues sin entrar demasiado en detalle no es habitual ver a lanzadores de jabalina de raza negra en competiciones masculinas. Es verdaderamente una prueba muy técnica donde es común que haya en finales de los grandes campeonatos muchos atletas de Europa del Este e igualmente de países escandinavos, donde existe una enorme tradición por esta disciplina.

Casi como si hubiera surgido de la nada, al menos para el gran público, entre el que me encuentro, en 2012 pudimos presenciar cómo se colaba en la final de jabalina de los Juegos Olímpicos de Londres el referido Julius Yego, ocuparía la última posición de esa final (12º) con una marca de 77,15 m. (aunque para lograr acceder a esa final lo haría sobrepasando los 81 m.), pero ya supuso una nota diferente, casi exótica en una prueba dominada históricamente por los blancos. Curiosamente, no fue el único lanzador de color en la final, siendo además el oro con 84,58 m. para el atleta de Trinidad y Tobago Keshorn Walcott que aprovechó con suerte su gran momento de forma y la flaqueza de los favoritos.

La confirmación de que este peculiar jabalinista no estaba ahí por casualidad vino con el Mundial de 2013 en Moscú, donde esta vez no sólo se clasificó para la final, sino que en uno de sus lanzamientos se fue a los 85,40 m. superando su tope personal hasta ese momento. Hasta la última ronda de lanzamiento estuvo tocando metal, pero un postrero esfuerzo del ruso Dimitri Tarabin le privó del bronce. Y sí, con ese lanzamiento hubiera podido ser campeón olímpico un año antes, pero esta vez los lanzadores europeos estuvieron más acertados.

Con ese cuarto puesto Yego comenzó a acaparar páginas de periódicos, reportajes en Internet, y quizá también alguna reseña en las televisiones. La cuestión fundamental era obvia, ¿qué hacía un keniano lanzando cuando en su país todo el mundo corría?

Y la historia de este jabalinista es muy simpática, comenzó practicando bien joven con jabalinas de madera casi construidas por él mismo, porque en Kenia pocas jabalinas homologadas existían y viendo que progresaba comenzó a perfeccionar su técnica. Pero cómo progresar en un país donde todo es correr, los medios son escasos y entrenadores de lanzamiento no había, pues ni corto ni perezoso nuestro protagonista se puso a ver vídeos de los mejores. Hay varios vídeos en Internet en los que él mismo narra cómo aprendió la técnica viendo lanzar, entre otros, a uno de los mejores jabalinistas de la historia, el noruego Andreas Thorkildsen, el cual tiene la triple corona, campeón olímpico, mundial y continental. En uno de los vídeos Yego comenta cómo observó que Thorkildsen realizaba el latigazo sacando la jabalina desde la altura de sus ojos. Del mismo modo, también vio vídeos en Internet para aprender las técnicas de entrenamiento, en este caso, qué tipo de rutinas de musculación debía seguir en un gimnasio, que a buen seguro tuvo que improvisar también.

La trascendencia mediática de Julius Yego ha sido tal en su país que todos le conocen como Mr. Youtube Man, por obvias razones; popularidad que ha arrastrado a muchos confines de este planeta donde su historia no ha pasado desapercibida.

La lectura primera de esta pintoresca historia es la de la capacidad de superación y compromiso de un deportista, que puede vencer a las adversidades y convertirse en un atleta de élite a base de esfuerzo y de rebasar cualquier obstáculo.

La segunda lectura tiene que ver con la conversación que mantuve con mis amigos y que me motivó a escribir esta entradilla, y es el hecho de que los atletas negros en general lo pueden hacer muy bien en cualquier disciplina incluso en aquellas donde influye más la técnica. Este es, además, un caso palmario, un tío con pocos recursos e instalaciones es capaz de llegar a lo más alto, teniendo un físico envidiable y con un apoyo técnico muy precario (vídeos de Internet).

Dicho esto, para los que quieran aprender lo que sea, Internet es la fuente de sabiduría más grande que el ser humano haya creado jamás; tienes al alcance de un clic, toda la información que desees, la mejor, y sus límites aún no los hemos asumido.

Y ya por extensión lo voy a decir, considero que los negros están más capacitados que cualquier otra raza en todos los deportes, la única diferencia es la disponibilidad y acceso a esa técnica. Se dice que no hay muchos nadadores negros, tal vez la potencia muscular los limite, aunque los corredores etíopes son muy estilizados y nada musculosos. Lo cierto es que en condiciones normales un deportista negro compitiendo en cualquier disciplina es más musculoso que un compañero suyo con el que entrena todos los días, basta con mirar el brazo de un negro que lanza un tiro libre y un blanco del mismo equipo, algo que podemos comprobar estos días con ocasión del Mundial de baloncesto en nuestro país.

Por cierto que en España el récord nacional de jabalina en categoría masculina es muy barato (78,78 m. de Julián Sotelo y data de 1992), probablemente el más barato tanto en categoría femenina como masculina de cualquier disciplina atlética de carácter olímpico, y no hay visos de que se bata a corto plazo. Basta con echar un vistazo a las convocatorias de la selección española en los últimos diez años y la alternancia de nombres en la consecución de los campeonatos de España, no hay un claro dominador. Varios atletas consiguen superar los 70 metros, pero no ha habido ninguno recientemente que por sensaciones y proyección pueda superar el tope y rebasar los 80 metros que es una distancia ya de una cierta relevancia.

Los kenianos tienen un sistema de proyección de sus atletas de élite muy interesante, y es que los hacen funcionarios del cuerpo de policía, Yego ya lo es, con lo que pueden entrenar al nivel que requieren y tienen asegurado su futuro posterior; y qué mejor que contar en la policía con gente que puede correr detrás de un delincuente como nadie.

A todo esto, Julius Yego ya no vuela solo, ya ha estado entrenando en Finlandia, casi la cuna de la jabalina moderna (hay más de cincuenta finlandeses que tienen mejor marca que nuestro récord de España), y ahí ha seguido perfeccionando su técnica. Así que esperemos que en futuras citas lo veamos en lo más alto y, además, rompiendo moldes y estereotipos, es joven, tiene 25 años, y no tiene límites.

viernes, 29 de agosto de 2014

"ALLO ALLO", UNA VISIÓN SIMPÁTICA DE LA 2ª GUERRA MUNDIAL

Realmente es una casualidad que hoy comente esta serie de televisión, pues en nada tiene que ver con mi deriva hacia películas y libros de temática histórica contemporánea, fundamentalmente de la 2ª Guerra Mundial, esta es una serie británica ambientada en aquella época, pero es una sátira completa, una comedia que no tiene mayor valor histórico, es sólo un recurso, y simplemente fue un clásico en su época por sus caóticos y desternillantes personajes.

Así es porque «Allo allo», utiliza como reclamo una época y una situación concreta para construir la típica comedia inglesa de situación, con algún matiz histórico, que la acerca probablemente como uno de los escasos proyectos que se mofan de algún aspecto de la 2ª Guerra Mundial.

Ni que decir tiene que la serie tuvo mucho éxito y en paralelo a ello, no hubo voces discordantes ni críticas hacia la misma, pues en ningún momento se mete en ningún asunto escabroso (me recuerda en este sentido, con sus diferencias, a la estadounidense MASH, ambientada en la guerra de Corea).

Aquí el escenario se situaba en una pequeña villa francesa, Nouvion, ocupada por los alemanes, y donde los locales tratan de defenderse con los medios a su alcance y a través de la Resistencia. A este respecto, la serie tiene como punto gravitatorio el Café René, donde René Artois (Gorden Kaye), regenta este negocio, pero a la par colabora con dicha Resistencia y con los ingleses, gracias a que cuenta con un equipo de comunicaciones bajo la cama de su suegra, con el que entabla conversación e intercambia informaciones con Londres, y cada comunicación se iniciaba precisamente con el nombre de la serie.

Sus personajes, como digo, no pueden ser más disparatados, y aquí no hay bicho que salga vivo: los franceses son tomados por pueblerinos, alegres y alocados; los británicos son tontos e insensatos; y los alemanes son bobos, cabezas cuadradas en grado sumo e infantiles. Es decir, todo parecido con la realidad era pura coincidencia.

A la par que bulle la vida en el Café René, surgen los personajes de los tres bandos, que tratan prácticamente desde el principio de la serie (serie que se grabó de 1982 a 1992, nueve temporada, con ochenta y cinco capítulos en total) de resolver sus muy personales planes.

René Artois se ve siempre inmerso en todo tipo de enredos, su accesible personalidad de buenazo consumado, hace que todo el mundo confíe en él, y eso le llevará a continuos problemas. La Resistencia lo tiene por líder, los alemanes lo ven como un aliado y los ingleses desean que les dé soporte. En cada capítulo René se dirigía a la audiencia explicando cómo iban las cosas, y normalmente refiriendo qué había sucedido en el capítulo anterior.

A todo esto existe un elemento clave en el argumento y es la presencia de «La madonna caída (de los grandes melones)», de Van Klomp, una valiosa aunque insulsa obra pictórica que ha de reportar pingües beneficios a aquel que lo tuviere en su poder al fin del conflicto y que va y viene durante toda la serie entre falsificaciones y un sinfín de escondrijos.

En medio de eso, una pareja de histriónicos paracaidistas británicos que también se esconden en el Café René y ven como se frustran una vez tras otra todos sus intentos de ser rescatados, ya sea por su torpeza o por los disparatados planes que les montan a tal efecto.

Por el lado alemán, tenemos a varios corruptos oficiales, son los máximos interesados en la tela de Van Klomp; pero tendrán el contrapunto del oficial de la Gestapo Herr Flick (Richard Gibson) que intenta torpemente desbaratar esos planes y a la par hacer suyo también dicho cuadro.

Pero había más, René regentaba ese Café que era una especie de cabaret donde de vez en cuando cantaba, mejor vociferaba, su mujer Edith (Carmen Silvera), y que también disponía de camas arriba donde sus dos camareras ofrecían otros servicios. Dicho esto, la serie era para todos los públicos, muy blanca, y esos detalles picantillos lo eran muy leves y casi inocentes. A este respecto hay que decir que el cénit de la sátira en la serie es que el personaje de René era feo, gordo y bizco, y sin embargo, se erigía en el galán de la misma, querido y deseado por todas: su mujer, las camareras, las de la Resistencia, y hasta por el teniente Gruber (Guy Siner), uno de los oficiales germanos, que era un poco «tierno».

El gran éxito de la serie que era capítulo tras capítulo un enredo donde se sucedía caos, surrealismo, disfraces y escenas cómicas, radicaba básicamente en que sus personajes eran fijos, que había continuidad en la historia, no había varias subtramas, sino un solo hilo conductor. Dichos personajes aparecían siempre todos en cada capítulo, no obstante, esa fidelidad a lo largo de más de una década, lo que da idea del alcance de este proyecto televisivo, y partiendo también de la edad de sus actores, en algunos bastante avanzada, hizo que hubiera que sustituir a dichos actores, bien por cansancio o porque iniciaron otra andadura o bien porque fallecieron en el transcurso de la producción, tal fue el caso de monsieur LeClerc (Jack Haig). La sustitución no implicaba el cambio de personajes sino que se buscaban a otros actores con cierto parecido con los anteriores.

También acusó la longevidad de la serie el equipo de dobladores español que a partir de la sexta temporada cambió por completo. A mí particularmente no me agradó, porque escuchar una voz diferente en unos personajes que casi eran de la casa, dio la impresión de que eran otros completamente diferentes, fue como quitarles parte de su alma.

Y, en fin, la serie aguantó y aguantó, duró más que la propia 2ª Guerra Mundial y mucho más que la ocupación francesa por los alemanes, y tarde o temprano tenía que tener un final, porque los guionistas podrían haber seguido enredando eternamente, pues ya digo que el escenario bélico era un excusa sin más, servía de ambientación, así que cuando entiendo que flojeó la audiencia le dieron el corte final, que fue drástico; en un solo capítulo, aparecen los liberadores estadounidenses, los franceses se alegran, los británicos también y los alemanes a su pesar son detenidos. Apenas los últimos diez minutos de ese último capítulo reflejan el Café René muchos años después, regentado por el hijo de René y también aparece un anciano René asistido por una de sus antiguas camareras, Yvette (Vicki Michelle), los visitan sus amigos alemanes y mira por dónde, por mera casualidad aparece el famoso cuadro de «La madonna caída», lo que permite al viejo René huir en un Mercedes con su camarera.

Por último, la pequeña intrahistoria de esta serie es que en España fue adquirida por la FORTA, la federación de televisiones autonómicas, y aquí en Andalucía la pudimos ver obviamente a través de Canal Sur, un canal que iniciaba su andadura hace unos treinta años y que, en su momento, ofrecía producciones de calidad como esta. Luego el objetivo de aquella televisión autonómico como muchas otras, se travistió y ya se sabe lo que ha ocurrido, algunas han cerrado por su sobredimensionamiento, y otras como Canal Sur son muy vulgares y mundanas, a base de adelgazar sus plantillas y de reducir drásticamente la calidad de su programación.

sábado, 23 de agosto de 2014

VOLVIENDO A COTO RÍOS, LUCES Y SOMBRAS DE UN LUGAR ICÓNICO

He vuelto a la sierra de Cazorla estos días pasados y hacía más de treinta años que no había estado allí pasando unos días de disfrute y relajación, aunque me parece que fue ayer. Y que conste que soy un enamorado de la montaña, aunque en los últimos años me he decantado más por la sierra de Segura, mucho más virgen y desconocida, y sinceramente más bella.

Si hay un punto que une a todos los que hemos ido alguna vez a la sierra de Cazorla, probablemente el centro neurálgico de todas nuestras visitas, creo que no hay lugar a dudas de que es Coto Ríos, y desde la última vez que estuve allí la primera sensación que me ha dejado el lugar ha sido la decepción. Probablemente muchos de los habitantes de la provincia de Jaén (aunque también de otras provincias cercanas), en un importante porcentaje, han estado alguna vez en Coto Ríos con ocasión de su visita a esa sierra, y los que estuvieron allí hace mucho tiempo como yo y han vuelto después, a buen seguro que también experimentaron mi disgusto.

Pues sí, porque aquello de Coto Ríos era, para un niño o para un joven como yo, el paraíso de Cazorla, una piscina natural fabulosa, aunque artificialmente delimitada gracias a unas compuertas, si no recuerdo mal de madera, que cerraban casi por completo el paso del agua en verano, y que convertían aquello en una gigantesca piscina con profundidad para todos los gustos, los pequeños podían disfrutar de zonas donde no cubría, los más avanzados podían meterse en el centro donde cubría, y hasta los abuelos podían acercarse tranquilamente a la orilla para mojarse los pies.

Por otro lado, una densa y amplia masa arbórea permitía que las familias de domingueros, como la mía, pudiéramos instalar una mesa y unas sillas, sacáramos nuestras fiambreras y disfrutáramos del mejor día posible.

Hoy por hoy eso no es posible, no como antes, la zona está muy cambiada. Para empezar aquella potente masa de arbolado, la que estaba en el margen izquierdo del río Guadalquivir, fue convertida en un camping, según me dicen hace veinticinco años, buena inversión no lo niego; aunque sospecho que la inauguración de aquella nueva infraestructura pudo tener una consecuencia en la eliminación de aquellas célebres compuertas, no sé si para descargar la presión turística en esa zona y que los campistas de dicho camping, llamado a la sazón Coto Ríos, pudieran disfrutar de su parcela de río, sin intromisiones de fin de semana; realmente es lo que ocurre y así lo percibo yo.

Sí ha quedado en el otro margen, una zona pequeña de merendero con sillas y mesas de piedra, a todas luces muy descuidada, con escasas instalaciones y servicios: nada de césped, un quiosco que no funciona, el arbolado recientemente plantado, sin unos mínimos vestuarios o aseos y ni una pasarela o escaleras en lugar alguno para que puedan acceder al agua minusválidos o personas mayores.

No creo que esto sea auténticamente interesante para el propio poblado de Coto Ríos, una aldea perteneciente al municipio de Santiago-Pontones, aunque puede que por carretera diste de su cabecera más de cien kilómetros. Y no es interesante porque la aldea que puede contar en condiciones normales con algo menos de trescientos habitantes (por el número de calles y casas que calculé), vive amén de sus mayores que ya son muchos, básicamente del turismo, con algunas tiendas y sobre todo con varios bares, restaurantes y hotelitos; si el atractivo del río domesticado ya no lo es tanto, es muy probable que con el tiempo la gente haya diversificado sus opciones serranas.

A todo esto, fue la primera vez que pisé Coto Ríos pueblo propiamente, porque en mis visitas juveniles, yo sólo me limité a bañarme y a comerme los bocatas que generosamente preparaba mi madre. El pueblo en sí está muy bien, nada le falta de lo imprescindible a sus moradores, aparte de los servicios ya citados, cuentan con servicio de Correos, centro de salud y un colegio rural; para los acostumbrados a aquello es mucho más de lo que se puede tener en otros puntos más perdidos de Cazorla y sierras aledañas.

Bueno, hay que decir que he estado por allí, ya que estuvimos en un camping cercano (lo que es probable que me permita elaborar una entradilla futura sobre los devenires de un campista en el siglo XXI), y nos acercábamos a Coto Ríos para avituallarnos.

En todo caso, el entorno de Coto Ríos tiene un atractivo principal por encima de todo, y es el río Guadalquivir, por encima de las comodidades de un camping, con su respectiva piscina, un río es un río y fascina a grandes y pequeños. No sé si será porque es un entorno natural, porque también nos gusta rebozarnos como enanos en el fango, porque nos relaja el suave rumor del agua fluyendo o porque siempre es un reto meterse en agua fría (no estaba tan fría este año); el caso es que por la mañana y por la tarde era parada obligada, para despertar, para intentar pescar con una caña rudimentaria, para tirar piedras o para hacer excursiones río arriba o abajo, y es un disfrute inexplicable.

El río en esa zona está un poco alterado, con cierta suciedad, y restos de inundaciones invernales que nadie se preocupa por limpiar, a veces un poco salvaje, en cualquier caso lo doy por bueno, aunque se podrían cuidar estos detalles un poco más por las autoridades.

A todo esto también he decir que la modernidad también ha llegado a los usuarios del río, cuando yo era chico te metías en el agua con el pie desnudo, y no pasaba nada, ahora todo el mundo lleva zapatillas de agua, no lo veo mal, pero bien es cierto que libramos a nuestros pies de una manera natural de fortalecerlos, no sólo los músculos sino nuestras plantas que son tan endebles que se hacen heridas con una simple piedrecilla.

En conclusión, la vuelta a Coto Ríos tuvo sus luces y sus sombras, de todas maneras, ahí sigue esta aldea y este entorno, ahí queda para siempre, para que de vez en cuando volvamos y recordemos nuestras andanzas infantiles; la vida cambia y este lugar también.

viernes, 15 de agosto de 2014

LA SELECCIÓN PARALÍMPICA DE BALONCESTO EN SIDNEY 2000, EL COLMO DE LA PILLERÍA

No es que en España seamos los más pillos del mundo pero, de vez en cuando, nuestro carácter un tanto travieso sale a relucir y, ya se sabe, siempre habrá algún vecino nuestro (Francia) que se quejará, la mayor parte de las veces sin razón, de que conseguimos los éxitos (deportivos) a base de ayudas externas. Y no estoy hablando de políticos, porque la corrupción es una cosa, y la pillería a baja escala es otra, aunque todos se valgan de una cierta posición de privilegio para cambiar el curso de los acontecimientos a su antojo.

Pues sí, en este sentido, los italianos no nos van a la zaga, y me viene a la memoria aquella anécdota que surgió hace unos años, cuando con ocasión de la reforma del régimen de subvenciones en el olivar, los transalpinos se dedicaron a llenar enormes extensiones de campo con maquetas de olivos dibujadas, al objeto de que aparecieran correctamente en la foto aérea. Aunque luego contraatacamos nosotros y sacamos a un joven que para poder circular por un carril donde era obligatorio ir acompañado en el coche, montó a un maniquí a su lado de acompañante, toda ella muy puesta con su maquillaje, peluca y gafas de sol, ahí es nada.

Y todo esto viene como preámbulo simpático de la que puede haber sido una de las historias más rocambolescas y surrealistas de la historia del deporte, que saca a relucir la picaresca española que rememora, de algún modo, a nuestros clásicos del Siglo de Oro.

Es bien sabido que España es una potencia paralímpica, o lo que es lo mismo, no siéndolo a nivel olímpico, porque hay muchos países que con menos población que la nuestras nos superan, lo cierto es que se perciben inversiones en deportes para discapacitados en nuestro país, que no se clonan en otros lugares de nuestro mundo, donde la delicadeza y el tacto hacia este importante grupo de personas y deportistas no es equitativo con respecto al de sus competidores «normales». Y, este sentido, hay que decir que el grupo ONCE tiene buena parte de la culpa de esto, siendo una de las empresas más pujantes de nuestro país, y todo ello basado primordialmente en la venta de un cupón de azar del que existe predilección por los cuatro puntos cardinales de nuestra geografía.

Pues corría el año 2000 y allí acudimos a los Juegos Paralímpicos de Sidney, con una importante delegación española, entre la que se encontraba el equipo de baloncesto de discapacitados intelectuales. El equipo español arrasó en la competición y se trajo el oro. Pero al aterrizar en España llegaron los problemas. Hasta ese momento el equipo había coronado un trío de éxitos, con oros en el Europeo, el Mundial y estos Juegos.

Al parecer el diario Marca sacó una curiosa fotografía a la llegada de nuestros héroes en la que aparecían con gafas de sol, barba de varios días y tocados con gorra. El destape de la imaginable travesura paralímpica no se hizo esperar, porque efectivamente la mayor parte de la selección no tenía discapacidad alguna, eran baloncestistas de segunda fila e incluso entrenadores de equipos de base, pero con suficiente calidad como para desbancar a cualquier selección con deportistas realmente discapacitados.

Parece ser que fue este diario deportivo el primero que puso el grito en el cielo, aunque honestamente trascendió a la mayoría de los medios de comunicación, en especial a la televisión, cuando un redactor de la revista Capital, Carlos Ribagorda, confirmaba no sólo la veracidad del fraude, sino que él mismo había formado parte de esa selección fantasma.

Cuando se desvelaron los entresijos del asunto, dio para mucho, la historia era alucinante, increíble, y casi sacada de una novela de intriga.

Amasado desde todo lo alto por la Federación Española de Deporte para Discapacitados Intelectuales (FEDDI), con su presidente a la cabeza, Fernando Martín Vicente, amén de la trascendencia de los logros deportivos, la consecución de los mismos, reportaría beneficios económicos en forma de subvenciones, patrocinios, becas y publicidad. Se cifra en unos 180.000 euros el montante que se embolsaría esta Asociación con este fraude, y que según cuentan los voluntarios deportistas que accedieron a montar la triquiñuela, apenas percibieron contraprestación alguna, difícil de creer. A Ribagorda le llegaron a preguntar si entre ellos se hablaba del asunto, a lo que respondió negativamente, porque es claro que todos sabían a lo que iban.

En el terreno deportivo hay que decir que en la final, nuestros artistas batieron a Rusia por 87-63 y, según cuentan, les costó trabajo porque se deduce que también debían tener a algún competidor no discapacitado. Los nuestros eran, además, tan superiores a todos sus rivales que en un partido de la fase preliminar iban ganando de una burrada a China o Japón, y el entrenador les dijo en un tiempo muerto que bajaran el pistón porque el resultado final no sólo hubiera sido escandaloso sino sospechoso.

Para entender el porqué de esta trapacería habría que remontarse unos años antes, con ocasión de un torneo amistoso con Portugal, en el que nuestra auténtica selección de discapacitados intelectuales perdía con estrépito. Parece ser que los portugueses contaban con jugadores «de élite», y comenzó a extenderse la idea de que era algo habitual, no sólo en esta deporte sino en otras disciplinas paralímpicas, el falsear datos y certificados para introducir deportistas sin discapacidad en las competiciones, por la razón más ruin de la Tierra, poderoso caballero es don Dinero.

Para más inri, difícilmente se podía mantener el engaño, cuando los auténticos deportistas paralímpicos y auténticos merecedores de haber estado en Sidney, comenzaron a dejar de ser convocados por otros nuevos, que obviamente nadie conocía, y eso era muy raro, porque en ese mundillo de ligas y competiciones nacionales, todos se conocían. De hecho, sólo dos deportistas paralímpicos auténticos conformaron la selección de baloncesto en Sidney, habiéndose quedado en su casa, entre otros, el máximo anotador de la liga nacional, muy sospechoso.

Por cierto que aquellos dos paralímpicos reales llegaron a relatar el ambiente festivo con el que se tomaron sus otros compañeros aquellas vacaciones en tierras australianas, sabedores estos últimos de su superioridad, con lo que ello les permitía afrontar excesos extradeportivos que en condiciones normales no hubieran sido de recibo.

Una de las curiosidades de esta historia es que los máximos dirigentes de la citada federación deportiva, ante los primeros visos de que se estaba destapando el pastel, intentaron defenderse aludiendo a que un minusválido no va pregonando por ahí que lo es, dando a entender que sus fichajes eran auténticos discapacitados aunque socialmente lo habían escondido. Después, ya viendo las dimensiones del volcán que se había generado, el presidente llegó a justificar la jugada aludiendo a la necesidad de incorporar efectivos para equilibrar el equipo, y que con los éxitos obtenidos se conseguirían ingresos que revertirían en una labor social como era la promoción del deporte para minusválidos y, por ende, a sus practicantes; o sea, una especie efecto multiplicador, vergonzante por supuesto.

Obviamente para poder llevar el plan hasta sus últimas consecuencias debía tener su necesaria estratagema administrativa, es decir, que hubo que falsificar certificados de minusvalías, con todo lo que ello conlleva, y ¡ojo!, eso no es asunto baladí, porque estamos hablando, en todo caso, de falsificación de documento público, lo que viene siendo un ilícito penal en toda regla.

De hecho, hay que decir que tras una instrucción del proceso ultramaratoniana, el asunto se resolvió el pasado año 2013, amén de las auditorías internas, cuando la Audiencia Provincial de Madrid condenó al entonces presidente de la susodicha Federación, Fernando Martín Vicente, al pago de 5.400 euros por organizar la trama, y se aceptó un documento en el que ya había depositado previamente casi 150.000 euros para atender las responsabilidades civiles derivadas del delito. Después de todo, no acabó tan mal.

Ni que decir tiene que con esta trama se entresacaba una cierta facilidad para burlar los controles nacionales e internacionales y eso provocó una serie de consecuencias. A nivel nacional obviamente porque a partir de ese momento esos controles serían más rigurosos, pero a nivel internacional también; aparte de que la primera consecuencia y drástica fue la de la supresión por parte del Comité Paralímpico Internacional del baloncesto para discapacitados intelectuales del programa paralímpico, supresión que se mantiene en la actualidad. O sea, que ya es triste que por esta estratagema hispana nos cargamos la ilusión de un montón de honrados deportistas de todo el mundo. Ah, y como no podía ser de otro modo, nos desposeyeron de la medalla de oro.

El alboroto que se montó fue de tales dimensiones que el diario británico The Guardian o la cadena televisiva estadounidense ESPN Sports, lo llegaron a calificar como uno de los mayores escándalos de la historia del deporte, comparable con el dopaje del atleta canadiense Ben Johnson.