domingo, 26 de agosto de 2012

"LA HOJA ROJA", DE MIGUEL DELIBES

Creo que el primer escritor del que me hice un incondicional fue de Miguel Delibes, seguramente porque en el Bachillerato, antes simplemente denominado el Instituto, nos hacían leer algunas de sus obras; pienso que lecturas acertadas porque la literatura de este vallisoletano fue siempre de prosa rica pero fácil a la vez y con historias sencillas, cotidianas y llenas de encanto y atractivo.

He leído mucho de Delibes, es más, pensé que en mi juventud casi lo había leído todo, aunque tampoco es que llevara un control exhaustivo. El caso es que el otro día, revisando la amplia biblioteca de mi suegro, di con este libro, “La hoja roja”, y estuve un buen rato hojeándolo para comprobar si en el pasado ya había dado yo buena cuenta de él. Me pareció que por la temática, no había tenido la oportunidad de engullirlo, así que me dispuse a revivir la experiencia de leer una novela de Delibes.

Y la experiencia volvió a ser como la de antaño, un Delibes contador de historias de la calle, que con su lenguaje llano y sus personajes del pueblo te envuelve de tal manera que quieres seguir hoja tras hoja para saber del desenlace.

“La hoja roja” no es ni más ni menos que la historia de una cuenta atrás. Antes en los librillos de papel de fumar que se utilizaban para envolver tabaco, y que ahora se están viendo nuevamente a causa de la crisis, se insertaba una hoja roja para indicar al consumidor que sólo quedaban cinco hojas. Es el símil que utiliza el protagonista don Eloy para señalar que tras su reciente jubilación, ya está en el descuento, o como diríamos ahora “le quedan tres telediarios”.

En este período del ocaso de la vida de don Eloy, que fuera funcionario de un ayuntamiento de una ciudad mediana, los estímulos diarios se van simplificando, así los paseos cotidianos con los amigos, el presenciar qué conocido va entregando la cuchara, los recuerdos del pasado y, sobre todo, una callada melancolía acerca de su familia, de sus vivencias y de todo lo que hicieron de este hombre, un buen ciudadano sin más, sin tener un gran carisma, pero trabajador abnegado y sufridor con todos los problemas que un adulto podría tener, al igual que ahora, hace sesenta años (la novela es de 1959).

El apartado familiar tal vez es el más agridulce del relato, pues don Eloy es viudo, su mujer lo dejó hace unos años, esa típica mujer a la que uno quiere pero que se mete en todo lo que importa y en lo que no. De sus dos hijos uno murió prematuramente, era demasiado apasionado, y el otro con 42 años es notario en Madrid, pero es casi como si no tuviera hijo, y eso le duele a don Eloy que tuvo que hacer un esfuerzo suplementario para que su hijo llegara adonde está.

Y a todo esto, la historia se llena de humor y chispa y también de algo de amargura con el otro personaje importante de la novela, con la Desi, una chica de pueblo de veinte años, que se ocupa de las tareas domésticas en casa de don Eloy, y que verdaderamente es la que activa su pensamiento y su obra. Y no es plana la vida de la Desi, no, tiene que lidiar con sus amigas, también empleadas del hogar, empeñadas en meterse donde no las llaman, y también tiene que barajar a El Picaza, su novio, un tipo con las manos y la boca más largas que su cabeza. Don Eloy tratará de educarla, que lea y escriba, que se culturice, que abandone su pátina rural, y a cambio la Desi, le da la alegría, las ganas de vivir, el cariño sin maldad.

Y al hilo de todo esto, esta amena lectura que tomando un poquito de tiempo cada día se lee perfectamente en una semana, no pensemos en este relato como un texto dramático, Miguel Delibes fue siempre un genio para arropar o velar una situación triste en una oportunidad para la esperanza, en un guiño para la felicidad.

Pues nada, novela con enjundia pero no para complicarnos la vida, ya está la crisis haciendo su papel para ello; libro que se lee con rapidez y nos permitirá sonreír con las andanzas de don Eloy, la Desi y otros personajes subyacentes.

lunes, 20 de agosto de 2012

PERO, ¿QUIÉNES LLENAN NUESTRAS CÁRCELES?

Hace no mucho, trataba de soportar la canícula veraniega, viendo en el patio de mi casa ya de madrugada, un programa de investigación, creo que de Antena 3, en el que se ponía de relieve toda una serie de inversiones megalómanas que se habían hecho en España: autopistas de peaje por las que no circulan coches, aeropuertos donde no aterrizan aviones, ciudades de la cultura, campos de fútbol a medio hacer, pueblos de 5.000 habitantes con varios museos, piscina olímpica y viajes gratis al Caribe… Después de ese reportaje que ponía los pelos de punta, por la cantidad de dinero público invertido, mal invertido y ver cómo esas infraestructuras se caen a pedazos, vino otra entrega del mismo programa, en la que se llamaba la atención acerca de una serie de personajes que habían surgido con la crisis y que prometían trabajos a cambio de dinero, cuando lo que había detrás era una estafa.

Observando ambos reportajes uno detrás de otro, de primeras uno se siente mosqueado por la ingente cantidad de dinero público gastado sin miramiento, mucho de ello tirado a la basura; pero me sentía más cabreado incluso, por esos estafadores que, en horas bajas, se aprovechan de la necesidad y de la angustia del personal.

Al día siguiente me desperté y comencé a analizar la situación, esos estafadores que con hábiles triquiñuelas se las ingeniaban para engañar a la gente, ya estaban en el punto de mira de la Policía, y por otra parte, sus estafas no eran cuantiosas, podían llegar como mucho a los 60.000 euros. Sin duda, deplorables sus artimañas, pero al final te das cuenta que son delincuentes de medio pelo, a los que tarde o temprano terminan pillando, y otra cosa será ver si pueden devolver lo que han robado.

Pero sobre los desmanes de las infraestructuras, ese dinero público lanzado a la cloaca, parece como si todos tuviéramos una cierta indulgencia, casi acostumbrados a ver en cada pueblo algo en lo que se gastó mucho dinero y ha servido para poco o nada. Con esto de la crisis ya miramos más con lupa estas situaciones, pero seamos sinceros, los políticos que hacen semejantes tropelías no van a la cárcel, los estafadores de medio pelo sí.

Es decir, que hacen los aeropuertos de Ciudad Real o Castellón, al hálito de las vacas gordas, que no sé qué estudios de mercado se hicieron para justificar la implantación de esas infraestructuras, y que ahí están para siempre hechas las inversiones con difícil o nula recuperación o amortización futura. Y lógicamente, ni los políticos de turno, ni los especuladores, ni cualquiera inmerso en estas tramas de derroche han ido ni van a ir a la cárcel.

Por tanto, ¿qué es más grave el dinero tirado al estercolero por nuestros políticos o el estafador de medio pelo que se ríe de unos pobres insensatos? Elucubrando más, uno percibe que con el dinero público mal invertido, se podían haber pagado muchas otras necesidades, que ahora mismo nos parecen latentes; ese dinero deficientemente desviado ha privado a la ciudadanía de otros servicios perentorios, ese dinero tirado ha contribuido a acelerar y endurecer esta crisis, ha favorecido que muchísimas familias españolas reduzcan su bienestar, su calidad de vida, y aunque esto es intangible y difícil de probar, no sabemos cuánta gente indirectamente ha desviado su camino o directamente ha fallecido porque, por ejemplo, la droga es una salida para el “ahora mismo”, o porque no les dio para comprar tal o cual medicina.

Decía recientemente el ex gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, “…se han hecho mal muchas cosas, y sobre todo no se hicieron muchas cosas que se deberían haber hecho, fundamentalmente para la resolución del problema bancario". Entiendo que con estas declaraciones mete a todos en el saco, a políticos y a banqueros, y no dudo que también una parte de responsabilidad la tiene el propio Banco de España. Es decir, que se han hecho mal muchas cosas, y que eso ha agudizado la crisis y ha afectado al bolsillo de la mayoría de los españoles. Pero ¿qué pasa? Pues no pasa nada, aquí en España ningún político o banquero va a la cárcel y ni tan siquiera es imputado. Aquí en España ningún político dimite ni renuncia a sus privilegios posteriores, ni ningún banquero mira cómo ha dejado el jardín antes que cobrar sus sustanciosas indemnizaciones.

Es decir, que en la cárcel, donde habrá terroristas, violadores, asesinos, también habrá muchos ladronzuelos de medio pelo a los que les fue mal la vida, y les pilló en un mal momento en el sitio menos indicado. Esos pagan, pero ¿y los otros?, ¿y los verdaderos responsables de esta crisis? Nada, absolutamente nada, todas esas cosas que se han hecho mal a nivel político, a nivel bancario, todo eso que ha generado endeudamiento, malestar y angustia en la población española, no es perseguido. Desde luego los que llenan nuestras prisiones no merecen mi perdón, pero ¿no hay sinceramente gente en la calle que merecería tanto o más que muchos pobres diablos estar entre rejas?

Vale, vale que la crisis no es sólo cosa de banqueros y políticos, también es cierto que los ciudadanos de a pie hemos contribuido a la misma, basados en una falta de previsión generalizada. La gente firmaba gravosas hipotecas, a nadie le obligaron a punta de pistola a firmarla, sin mirar su futuro, sin valorar lo que ganaban en ese momento y la estabilidad futura de su puesto de trabajo. Algunos estaban asomados a un precipicio y aun así accedieron a hipotecas para casi toda la vida.

Por eso lo del robo o asalto al Mercadona de Écija por miembros del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), o como ellos dicen “expropiación forzosa”, con Sánchez Gordillo por detrás, es una nimiedad que no merece el bombo que se le está dando, nueve carros con productos de primera necesidad valen cuatro perras, que cualquiera podía haber salido para decir “los pago yo”. Era una acción orquestada, desde luego, estaban los medios de comunicación, y era más un gesto que otra cosa. No comparto la forma, sobre todo porque el SAT es demasiado beligerante y no lo hace de forma acertada, podrían ser mucho más imaginativos, aunque sí comparto el fondo. Y, por supuesto, Sánchez Gordillo es un Hugo Chávez a la española que mejor haría dejando su escaño en el Parlamento Andaluz si es que con su voz en esa Institución no es capaz de defender lo que propugna a punta de carrito de supermercado.

Es decir, que en esta crisis hay muchas personas que no sufren, los ricos, los especuladores, los banqueros, no confundamos con los trabajadores de un banco, y muchos políticos poco honestos, tampoco todos; cuando le quitas a uno que tiene mucho una parte sigue teniendo mucho, cuando se lo quitas al que tiene poco se queda en menos o en nada.

Del mismo modo, hay un buen número de causantes de estas crisis que han “hecho las cosas mal”, que han sorteado la ley, que han engañado, que han robado y no están en la cárcel ni se les espera, ¿o es que todo el que tiene poder es un aforado? En fin, no sé hacia dónde va el país, bueno sí lo sé, va mal y peor, pero sería muy ejemplarizante que alguno de los que se benefició con el Aeropuerto de Ciudad Real o Castellón, alguno de los que tomó la decisión de ejecutarlo, durmiera en chirona durante largo tiempo, con eso no arreglaríamos España, pero sería un refuerzo moral para la mayoría de los españoles que se levantan cada día para intentar levantar el país honradamente.

sábado, 11 de agosto de 2012

ROQUETAS DE MAR, CIUDAD MODERNA, BUENOS SERVICIOS, DELICIOSO TAPEO, PERO...

Pues estos últimos años llevo haciendo pequeñas incursiones en la costa almeriense, concretamente en Roquetas de Mar, o como todo el mundo suele llamar a un pueblo cuando su nombre es compuesto, simplemente Roquetas. Para ser sinceros, decir que es una ciudad bonita sería como quitarle el privilegio a centenares de localidades españolas que lo son por méritos propios y sobre todo por bagaje histórico. No obstante, tiene esta moderna Roquetas otras virtudes que la hacen ser una ciudad acogedora, dinámica y muy cómoda.

Para empezar el mayor atractivo que tiene, huelga decir que son sus playas, de otro modo para qué acudiríamos los del interior allí. Pero, además, se conjuga que el término de Roquetas no se sitúa en una línea de costa abrupta, por lo que tiene un surco de playa inmenso, de varios kilómetros, juntándose con su pedanía de Aguadulce.

No son precisamente las playas que están en las zonas urbanizadas las mejores, como en muchos otros lugares de nuestro país, la erosión y el clima han hecho que tengan que ser ayudadas con arenas “artificiales”, es decir, de canteras de interior. Por eso, mi recomendación es acudir, no sólo por la tranquilidad, sino para el mayor disfrute del contacto con un medio natural, como es la arena de la playa y el agua misma, tanto a la zona no explotada que hay aún entre Roquetas y Aguadulce, o en la zona de Punta Entinas – Sabinar, también para gozar de un bello lugar donde el hombre no ha metido demasiado la mano.

Pero lo dicho, no es, sería faltar a la verdad, una bonita ciudad Roquetas, su legado histórico casi se focaliza en el Castillo de Santa Ana, bien restaurado y con un cuidado entorno; pero más allá de eso y de algún detalle que me haya faltado por visitar o descubrir; Roquetas de Mar se ha convertido en una gran y moderna ciudad de servicios, y especialmente de servicios al turista.

Y cuando hablo de ciudad moderna, ahí sí que me puedo descubrir, porque la dotación de infraestructuras de que dispone es fabulosa. Las construcciones que se han erigido en este último cuarto de siglo son dignas de admiración y de sana envidia también. También es cierto, como le ocurre a muchas localidades de costa, que han tenido la suerte de su ubicación y una buena promoción turística a tiempo, lo que ha favorecido que un humilde pueblo de pescadores que a principios del siglo XX apenas contaba con 3.000 habitantes, ahora supera con amplitud los 80.000 habitantes, incluyendo sus populosas pedanías.

El esplendor urbanístico – turístico desde luego imprime unos ingresos extra a su Ayuntamiento y a su vecindad; esos 80.000 habitantes se pueden multiplicar perfectamente por tres y por cuatro en verano, con lo que dispones de un caudal dinerario bárbaro, y puedes dotar a tus ciudadanos de mayores y mejores servicios e infraestructuras que en una pobre e inhóspita localidad de interior, así es esta realidad. Por eso disfrutan de un teatro – auditorio precioso (con un diseño que me gusta), palacio de congresos, magníficas instalaciones deportivas, moderna plaza de toros – museo, parques y jardines bien cuidados, las rotondas bien decoradas…, en fin, imagino que en invierno puede que haya zonas de expansión en Roquetas que en invierno se vean algo fantasmales sin presencia humana, sería como pasear por una gran ciudad poco después de haber estallado una bomba de neutrones, de hecho digo esto porque una vez estuve en noviembre, entre semana, y tuve esa sensación, amplias avenidas sin nadie en la calle y uno parecía que era el último habitante del planeta.

La oferta de servicios comerciales es ideal, un bueno número de grandes superficies e hipermercados de diferentes sectores que pueden hacer temblar la tarjeta de cualquier contribuyente. A mí me gusta en contadas ocasiones, lo confieso, pero eso de ir de tiendas no va conmigo.

Y, por cierto, el programa cultural, al menos el veraniego, es excelente; esa es una magnífica manera de cuidar a uno de los valores más importantes del municipio como es el turismo.

Para rematar una buena faena, no podría olvidar otro atractivo que para un hombre de interior y de Jaén, representa el maravilloso mundo de las tapas. En este sentido, la provincia de Almería es un poco como la mía, saben cuidar lo que me gusta denominar la “gastronomía de miniatura”. Eso de salir a tapear y que te vayas comido o cenado a tu casa y contento, es un lujo y un disfrute al alcance de los españoles y de todo aquel que se quiera impregnar de nuestro espíritu. El mundo está hecho de casualidades y a mí me tocó conocer “Er Pancho”, cerca del Puerto, es el que yo recomiendo, quizás haya otros mejores, muy buen tapeo, abundante y variadísimo, los dueños muy amables, aunque tal vez los días gordos el personal le venga chico, ya sea porque son pocos o porque alguno es despistado/a y/o poco simpático/a.

Sí, todo muy bien, pero… Pero este año coincidió que en los días que estuve se celebraban las Fiestas de Santa Ana y la Virgen del Carmen. Todo comenzó un lunes, el lunes 23 de julio, cuando sonó el cohete que anunciaba el inminente inicio de las fiestas, hasta ahí todo bien, luego vino otro y otro y otro, y no sé cuantos cientos y no exagero. Cada poco, un señor al que localicé y que no tendrá culpa del caprichoso trabajo que le habían encargado, se disponía para tirar un nuevo cohetito. Y fue in crescendo, al siguiente día comenzó a las 9 de la mañana, que los miles de turistas que vivimos en la zona del Puerto, y que acostumbramos a trasnochar, nos tuvimos que despertar, y para que no fuera un aviso sin más, a los pocos minutos otro, y así sucesivamente. ¡Vaya!, descansó el señor a mediodía, buen momento para echar la siesta, pero a las cuatro volvió a tirar otro, y a las cinco otro, y así sin parar. Un día, otro y otro, tres días seguidos de cohetes, repito, de cientos de cohetes.

No sé sinceramente qué gana el Ayuntamiento de Roquetas (si es que es el artífice) con generar una molestia tan grande a los turistas, que hablábamos con la vecindad y todos coincidíamos, aparte de que bien vale un cohetito, pero dudo que haya una sola persona en Roquetas o en el cualquier confín de este mundo, más allá que el que los tira, y lo dudo, que le agrade, apetezca o disfrute, oyendo una sinfonía de cohetes a todas horas en plan barriobajero, o mejor en plan niños malos de barrio marginal. Para el o los autores de esta genial idea de molestar y mosquear a la gente, he de decir que en mi vida he visto un alarde explosivo tal, y que me parece de catetos, de incultos, de bobos y de pueblerinos, pero no de pueblerinos del siglo XXI, no, es al más puro estilo de la España de charanga y pandereta de hace más de medio siglo. Y que más de uno de los que ingresa en Roquetas se puede plantear no ir esos días por allí o simplemente no ir nunca.

sábado, 4 de agosto de 2012

"VEN, SÉ MI LUZ", DE MADRE TERESA DE CALCUTA

Hace no muchos años leí el libro de Kathryn Spink “Madre Teresa”, quizá la mejor biografía escrita hasta la fecha sobre esta religiosa; llamado por la apabullante personalidad de una de las mujeres más influyentes del siglo XX, que lo hizo desde la bajeza y humildad más absolutas, como es fundando una obra divina que vino al mundo con la nomenclatura de Misioneras de la Caridad y cuyo fin primordial fue y es, la atención a los más pobres entre los pobres.

Siguiendo un poco con la apasionante existencia de esta religiosa, llena de múltiples escenas humanas que llenarían miles de páginas, me hice con este libro, que es una recopilación de cartas que la Madre Teresa de Calcuta escribió a lo largo de su vida en el seno de sus dos grandes instituciones religiosas, la primera, las Hermanas de Loreto adonde entró con poco más de veinte años, y las Misioneras de la Caridad, congregación que ella misma inauguró a sus cuarenta años.

Muchas de ellas fueron recibidas por varios sacerdotes y directores espirituales que se cruzaron en la vida de Madre Teresa, y otras son misivas a sus hermanas para las que siempre brindaba unas palabras de amor y confianza, con mayor presencia cuanto más grande se hacía su obra y no podía llegar a todas.

Es una compilación que con muchísimo cariño ha reunido el sacerdote canadiense Brian Kolodiejchuk (digamos que es el coautor del libro, con unos comentarios al hilo de las cartas llenos de un profundo cariño y una buena carga de teología fácil de entender y aprehender), que estuvo cerca de Madre Teresa en las dos últimas décadas de su vida y que es congruente que haya visto la luz en este siglo XXI y no antes; no en vano, como es presumible son cartas, muchas de ellas, muy personales e íntimas, y la propia Madre, instó a sus contactos para que se deshicieran de ellas (por fortuna han sobrevivido), pues contenían muchos sentimientos y experiencias interiores, y no parecía conveniente que se revelaran hasta que no hubieran pasado unos años de su muerte.

Podemos dividir el libro en dos partes, la primera extrae las cartas que esta religiosa fue escribiendo desde el momento en que recibió la llamada divina para crear su congregación, ante lo que ella percibía que era una necesidad en la India de atender a un colectivo al que las congregaciones europeas, por su organización y sistema, no llegaban adecuadamente. Ella percibió una llamada insistente de arriba, y esa misma insistencia es la que transmitió en sus escritos a sus superiores en la Iglesia Católica para que la dejaran abandonar su congregación primitiva y fundar una nueva con el objetivo esencial de llegar a los más pobres entre los pobres.

La segunda parte es mucho más íntima, en esos años que duró la llamada divina, ella se sintió tocada por Jesús constantemente, pero a partir del inicio de su obra comenzó a tener un profundo vacío interior, que contrastaba con su fe y su confianza ciega en Dios; no obstante, esto le hacía tener un anhelo de tener más presencia de Jesucristo y constantemente reclamaba a los sacerdotes que alimentaban su vida espiritual, el necesario consejo para soportar una cruz tan pesada como la que llevaba a cuestas en vida, y todo ello desde el secreto y la discreción más absoluta hacia sus hermanas que jamás supieron este hueco que atormentaba a Madre Teresa.

Y todo este peso interior lo compaginaba con su dedicación más humilde a la obra divina que pudo llegar hasta donde ese momento ninguna congregación, ninguna religiosa había llegado. En sus cartas también se reflejan esas vivencias, el acceder a inhumanos agujeros donde es imposible la vida que conocemos y donde estas religiosas fueron y siguen siendo la luz.

Era tal la sensación de abandono que tenía Madre (como le gustaba hacerse llamar) que en una carta señala “sólo tengo la alegría de no tener nada”. Pero su obra le llenaba por otro lado, iba más allá, como ella misma señaló “la situación física de mis pobres dejados en la calle, despreciados, no amados, desamparados, es la verdadera imagen de mi vida espiritual, de mi amor a Jesús, y sin embargo, nunca he deseado que este terrible dolor fuese diverso. Al contrario quiero esto sea así tanto tiempo como Él lo quiera”.

Tanto trabajo y dureza en la vida y, no obstante, ella reclamaba que “la vida interior es más dura de vivir”, ¡menuda declaración de coraje!, y envidia para un triste pecador como yo. Y es que ella misma sugería, casi desvelando su gran secreto a sus hermanas que “a menudo sucede que aquellos que pasan su tiempo dando luz a otros, permanecen ellos mismos en la oscuridad”. En fin, qué palabras más bonitas, las cuales encierran el sufrimiento interno que seguro que Madre tuvo que sobrellevar en muchos momentos de su vida.

“Madre, fuiste una fuente de luz en este mundo de tinieblas”, rezaba una de las muchas pancartas que despedían a Madre Teresa en Calcuta con ocasión del funeral por su muerte. Murió como una santa (actualmente beata desde 2003), irradiando la luz que siempre iluminó tantos hogares y a tanta gente. Espero y deseo que más pronto que tarde, se confirme lo que ya mucha gente tiene asumido que Madre Teresa es una Santa, y ha de darse prisa la Iglesia Católica para anunciarlo más pronto que tarde, pues este mundo, mediocre y vil, más allá de la crisis económica que en muchos casos es espiritual, necesita de agarraderos como Madre Teresa para entender la trascendencia de nuestras vidas. Por cierto que la Iglesia Católica no percibió ningún inconveniente para elevar a Madre Teresa a los altares una vez que se desvelaron estas cartas privadas, y su profundo vacío interior.