domingo, 31 de julio de 2011

OXIMESA Y EL MILAGRO DEL BALONCESTO

No es extraño que alguna mañana, cuando me dirijo a mi trabajo, a eso de las ocho menos diez, veo surcar las calles de Bailén una camioneta de la empresa Oximesa, dedicada al transporte y distribución de bombonas de oxígeno a domicilio para tratamientos sanitarios. Y no puedo por menos que recordar la singular historia de esta empresa que la ves por todos lados, que tiene una fenomenal implantación en Andalucía Oriental y que dispuso una vez de una dimensión deportiva a través de Club Baloncesto Oximesa de Granada, que llegó a militar varias temporadas en la Liga ACB.

Sin conocer en profundidad el intríngulis y las motivaciones que llevaron al dueño de esta empresa, José Antonio Murado, a conseguir un equipo que se codeara con los mejores de España, lo cierto es que esta es una más de las historias singulares de personas o entidades que son capaces de sacar a un conjunto deportivo de las catacumbas y colocarlo en los altares en unos pocos años.

Es una de esas historias de empresarios avispados y con visión de futuro que han sabido ver en el deporte, una vía para administrar adecuadamente y con eficiencia a clubes deportivos desde una perspectiva empresarial y por qué no, desarrollar en estos proyectos el potencial que los buenos empresarios tienen para la dirección de grupos humanos, presupuestos económicos, relaciones públicas…

Y todo ello sin desdeñar la magnitud mediática y promocional que tiene el deporte. Realmente no sé si fue la gallina antes que el huevo, pero la verdad es que antes de la existencia de ese club de baloncesto jamás había oído hablar de Oximesa, y desde aquel entonces rara es la semana que no veo algún vehículo de esta empresa circulando por nuestras calles o carreteras.

Como decía, buena parte de aquel milagro tuvo un nombre propio y es el de José Antonio Murado; el club como tal se fundó en 1979, desconozco si ya desde un inicio con este empresario granadino aunque nacido en Barcelona al frente; el caso es que este proyecto creció como la espuma, en apenas cuatro años ya se había aupado a la categoría de plata del baloncesto español, y tres temporadas le bastaron en aquella denominada Primera B para ascender a la ACB.

Aquel histórico momento ocurrió en la temporada 1986-87 y justo ese año 86 yo comenzaba mis estudios universitarios en la bella Granada. Tuve la fortuna de que mi tío, con el que vivía en dicha ciudad, trabajaba en un colegio que formaba parte de la estructura deportiva de Oximesa como conjunto de base. Al colegio le daban con cierta asiduidad invitaciones para ver los partidos de casa, y mi tío se acordaba de su querido sobrino, así me tiré las dos primeras temporadas de Oximesa en la ACB viendo bastantes partidos en el Pabellón del Polígono Juncaril en Albolote, localidad del extrarradio de la capital granadina.

Precisamente en ese detalle del recinto deportivo estribaba otra de las singularidades de este proyecto deportivo, y es que en esta historia que tiene mucho de personal, el mismo José Antonio Murado mandó construir su propio Pabellón, incrustado entre naves industriales, como si de un negocio más se tratara, el escenario perfecto para este sueño hecho realidad. Y, a fe que fue perfecto el lugar, porque sin ser demasiado grande la cancha, recuerdo que las gradas eran altas y estrechas, con lo que parecía que estabas encima de la pista. A eso había que unir la ruidosa afición granadina y, por supuesto, la alboloteña, porque realmente la cancha de juego estaba en su término municipal, que convertían aquel coqueto feudo en una auténtica olla a presión. De hecho, los sucesivos años que este proyecto, primero como Oximesa Granada y después como Puleva Granada, estuvo en la máxima categoría del baloncesto, la clave fundamental para mantenerse en la clase media de los equipos de la ACB fue el tener una cancha que era un fortín sin igual. Por cierto, que el Pabellón no podía llevar otro nombre que el de su hacedor, José Antonio Murado.

Imagino que la trascendencia del fenómeno Oximesa, estribó en las ganas de José Antonio Murado y el haber estado bien rodeado en el apartado de la gestión técnica deportiva. Sí porque otro factor de enorme importancia para el éxito de este equipo se fundamentaba en una serie de jugadores nacionales que no eran grandes estrellas, pero que rendían mucho y muy bien; en este sentido, los gestores de Oximesa buscaban más jugadores de equipo, esforzados, luchadores, defensores de sus colores, que grandes figuras que podían desestabilizar el nivel del conjunto. Era un verdadero bloque por encima de sus individualidades y se podía disfrutar mucho viendo su juego, porque hacían muy buen baloncesto. Así recuerdo jugadores míticos como los hermanos Álvarez, Ibáñez, Clavero, Suárez, Criado…

Por aquel entonces, estoy hablando de hace unos veinticinco años, no existía la Ley Bosman, y los clubes de baloncesto y demás deportes sólo podían contar con dos jugadores extranjeros en sus filas, con lo que Oximesa trataba de rebuscar concienzudamente en el mercado para encontrar sus dos refuerzos en consonancia con el sólido grupo de nacionales que ya tenía y que tan buen rendimiento ofrecían, generalmente se requería un pívot y un alero - pívot. Y ese era el escenario habitual para la mayoría de los equipos de la ACB, es más por aquel entonces no era muy complicado saberse de memoria el nombre de la pareja de extranjeros (mayoritariamente de Estados Unidos) que había en cada equipo. Sí, en Oximesa también hubo acierto con los extranjeros, y así de primeras se me vienen a la cabeza el que fuera un ídolo en Granada, Larry Spicer, o los Joe Cooper, Danny Hartshorne, Goran Grbovic…

Así que pude disfrutar de ese proyecto de Oximesa y de ver a buenos equipos del baloncesto español durante sus dos primeras temporadas en esa categoría, algo hasta ese momento impensable para mí, pudiendo ver al Gin MG Sarriá, Clesa Ferrol, CAI Zaragoza, Breogán Lugo, Estudiantes, Cacaolat Granollers o Fórum Filatélico.

Justo en la primera temporada ocurrió un pequeño milagro dentro del gran milagro, corría la cuarta jornada de liga, y hasta ese preciso instante Oximesa sufría los avatares de un equipo recién ascendido, había perdido sus tres compromisos previos, dos fuera y uno en casa. Era su segundo partido en casa recibía nada más y nada menos que al FC Barcelona, que a la postre se proclamaría Campeón de Liga aquella temporada, y con un equipazo cuyos nombres hoy todavía nos asombrarían (Solozábal, Epi, Sibilio, Andrés Jiménez, Trumbo, Kenny Simpson, Wallace Bryant, Juanito de la Cruz, Ferrán Martínez…); pues como se puede imaginar el milagro consistió en superar al todopoderoso conjunto catalán por dos puntos de diferencia, 76 – 74, merced a dos tiros libres que anotó Larry Spicer en los últimos segundos del encuentro. Fue la sorpresa más sonada de aquella Liga 86/87.

En fin, me traía buenos recuerdos aquel Oximesa y he querido compartirlos. Ahora he oído por ahí que José Antonio Murado sigue siendo incombustible y que quería hacer un equipo grande de fútbol sala en Granada, pero esa es otra historia, desde luego nunca olvidaré aquel pabellón, ese equipo que me hizo vibrar y una afición que como si fuera una sola voz, fue capaz de ser un factor determinante para que el primer proyecto de baloncesto ACB en Granada durará más de un lustro.

domingo, 24 de julio de 2011

EL JUEGO DE LA PITA, DIVERSIÓN A RAUDALES

Tengo una cierta debilidad por los juegos y, de vez en cuando, saco en esta bitácora alguno de los que me han acompañado en la vida y que más interesantes, atractivos o curiosos me han resultado, y ello porque parto de la base de que el juego es un elemento de fundamental importancia para el desarrollo integral del niño, y en adultos nos ayuda a avanzar en nuestra sociabilidad.

El juego que hoy traigo a colación se denomina, o yo lo conozco así, al menos en buena parte de la provincia de Jaén y Granada como “juego de la pita”. Puede resultar confusa esta denominación por un doble motivo, hay otros juegos que se llaman de la pita, pero que no son el que yo refiero aquí, y por otra parte, este que hoy analizo puede ser conocido en otros sitios con un nombre distinto.

Por eso, lo más inteligente es describirlo para que salgamos de dudas. Desde luego, es una modalidad lúdica que viene muy bien en este tiempo estival, por eso aprovecho este momento, ya que es un juego que se desarrolla al aire libre, a ser posible en una zona seca y sin vegetación, el lugar ideal es lo que toda la vida hemos conocido como descampado, de esos que todavía podemos encontrar en localidades medias y pequeñas, y que en grandes ciudades podría sustituirse por un parque.

Es un juego que requiere muy pocos medios y la diversión está asegurada, básicamente una pita es un palo de unos 30 cm. de largo aproximadamente que, si puede ser, terminará en punta en cada uno de sus extremos, o de lo contrario habrá que afilarlo manualmente, y el segundo y último elemento que se necesita es un palo más largo que se encarga de golpear la pita, como si de una especie de bate (de béisbol) se tratara.

La dinámica del juego es bien sencilla, se golpea con el palo largo a uno de los extremos de la pita con objeto de levantarla un poco y golpearla nuevamente con fuerza y habilidad para que salga despedida a la mayor distancia posible.

Sobre la base de este simple esquema, imagino que en este juego tradicional que es muy antiguo y que seguro que han jugado muchas generaciones antes que la nuestra, se pueden establecer diversas reglas de carácter local. Yo, cuando he jugado de pequeño y adolescente, recuerdo que se podía jugar individualmente o por equipos, y ganaba el que mandaba la pita a más distancia una vez realizados tres lanzamientos. Para cada uno de esos lanzamientos había tres intentos, es decir, que había tres posibilidades para levantar la pita y, a su vez, golpear en el aire.

Precisamente ahí estriba la clave de este juego y es ser lo suficientemente eficiente en esos intentos, porque a veces uno no puede golpear bien la punta de la pita, por falta de pericia o porque el terreno donde ha caído no permite muchos alardes (se me ocurre que tiene similitudes con las bolas de golf cuando caen en un bunker). Es posible que logremos levantar la pita pero no acertemos a darle bien, en mi época teníamos un cierto margen, una cierta flexibilidad y si golpeabas y prácticamente no dabas a la pita y había avanzado apenas unos centímetros o se había quedado en el mismo sitio se consideraba como un intento fallido y se permitía repetir siempre que no se hubieran agotado los intentos. La mala suerte es que le des a la pita pero con tan escasa destreza que no la alcances de lleno (cuanto más en el centro mejor) y apenas hayas avanzado unos metros.

Sin duda, la mayor descarga de adrenalina es cuando consigues atizarle bien a la pita y ésta vuela en el aire como si de un pájaro se tratara, imagino que es algo parecido a lo que sienten los bateadores cuando consiguen un jonrón.

Por último, y en cuanto a la sistemática del juego para facilitar el primer lanzamiento y no frustrar demasiado a los menos diestros se solía colocar la pita en alto entre dos piedras, con un hueco por debajo, por el que se metía el palo largo para elevar la pita de forma más controlada que cuando simplemente está en el suelo de plano, y desde ahí existen más posibilidades de golpear con acierto.

Como ya he comentado es un juego muy antiguo que lamentablemente hace tiempo que he dejado de verlo en Andalucía, me consta eso sí que en Galicia sí sigue existiendo afición entre personas mayores, también en Canarias y las dos Castillas. Lo que sí he podido confirmar es que es un juego nativo de nuestro país y, sin embargo, no emigró ya que en otros países hispanohablantes, por ejemplo, parece que no se conoce.

En lo que respecta a la denominación de juego de la pita, también se conoce como juego de la tala, este último debía ser el nombre original, de hecho, se puede buscar en el diccionario de la RAE, en una de sus acepciones “tala” y nos explicará en unas líneas en qué consiste el juego. Y tiene sentido, lo de tala porque, es una suposición mía, las personas que crearan el juego hace siglos pudieron ser leñadores que aprovecharían restos de madera para entretenerse en sus ratos libres y lógicamente cogían lo que tenían más a mano, palos de madera y, ¡a garrotazo limpio! para aliviar tensiones y todo eso.

Ya digo que estos pueden ser los nombres más comunes, pero también está extendido el nombre de billalda o billarda por el norte de España y, en algunos sitios también se conoce como el juego de la estornela, el mocho o la chirumba.

Tengo un grato recuerdo de este juego porque hace unos años, en mi época universitaria en Granada tuve la oportunidad de proponer esta actividad a un grupo de niños de un barrio periférico, no se trataba de niños de familias desestructuradas, pero sí estaban algo asilvestrados y rebeldes, digamos que colaboraba como voluntario en un proyecto social, y estuvimos jugando toda una mañana y los niños se lo pasaron pipa y todos disfrutamos mucho.

En fin, de vez en cuando voy por la calle o el campo y veo un palito de determinadas características, y siempre estoy imaginándome que es el tamaño ideal para ser una pita, y lástima que no llevo otro más largo encima, que si no...

Sin desdeñar los juegos actuales electrónicos, a los que he estado siempre muy vinculado desde joven y aún juego desde mi casa a alguno en Internet, es una lástima que se abandonen estos juegos al aire libre que pueden ofrecernos ratos agradabilísimos y con un punto de diversión muy intenso.

domingo, 17 de julio de 2011

"CUERNO DE CABRA", DE METODI ANDONOV

Muy a menudo estamos inmersos en la dictadura del cine comercial y todo lo que vemos a nuestro alrededor, mayoritariamente es cine de Estados Unidos, salvo un pequeño porcentaje que se lleva nuestro país y otro pequeño alguna película del resto del mundo. Esta tendencia no es ni mucho menos actual sino que lleva implantada desde hace muchos años.

Y ni las televisiones ni nosotros mismos reparamos en que hay producciones muy valiosas que han caído en el olvido y en la ignorancia, injustamente y sin motivo. Esto es lo que ocurre con esta película búlgara de 1972, considerada una joya, tal vez la mejor, de la cinematografía de aquel país.

Cuerno de cabra (Kozijat rog en búlgaro, traslación fonética del alfabeto cirílico) narra las duras peripecias de una familia de pastores en la Bulgaria rural del siglo XVII, por aquel entonces dichas tierras estaban asediadas y dominadas por los turcos que imponían un imperio de terror, opresión y despotismo.

La familia protagonista sufre un durísimo episodio que marcará toda la historia. La misma está formada por el matrimonio y una niñita de apenas siete u ocho años. Cuando el padre se va a pastorear por unos días con su rebaño de cabras, un grupo de turcos asalta su hogar violando y matando a su mujer ante los ojos aterrados de su hija.

Pasarán los años y padre e hija se impondrán un severísimo plan, y es el de vengar aquella muerte ajusticiando a sus causantes. Para ello el padre educará a su hija como si fuera un varón, vistiéndola y peinándola como un hombre.

Ambos irán ejecutando su venganza de forma concienzuda y dejando en cada muerte su sello de identidad, un cuerno de cabra afilado.

A medida que avanza el tiempo, la chica comienza a sentirse mujer y la atracción por el otro sexo la lleva a tener ciertas desavenencias con su padre, cansada ya de impartir justicia como si de una bandolera eslava se tratara.

En un final potente y lleno de simbolismo se produce una tragedia que es el contrapunto a una historia dura y que no nos deja en ningún momento indiferentes.

Hay varios detalles que trabajó con bastante interés el director, por una parte, la escasa presencia de diálogos, aunque la película está en español, no sería nada complicado visionarla en su idioma original para no perder ni un detalle de la misma. El director juega con la propia intensidad y realismo de la trama, y con muchos primeros planos de los actores en los que a través de sus gestos y expresiones se perciben sus pensamientos y sus inquietudes.

Para hacer más poderosa la trama, una sintonía, una especia de canto tribal se repite en los momentos cruciales de la misma, que yo mismo identificaría como el grito de resistencia de las mujeres en una sociedad donde estaban en un más que segundo plano, y tratan de reivindicar una posición más preponderante.

En definitiva, una película de la que es posible que nunca hayamos oído hablar de ella pero que no merece quedar en el anonimato para los buenos cinéfilos. Y es que no necesariamente todo lo que reluce tiene que ser lo que conocemos.

Magnífico trabajo de Andonov, una joya que no sería de incautos rescatar en una tarde de verano.

domingo, 10 de julio de 2011

EL PENTATLÓN MODERNO SE "MODERNIZA"

Podía haber titulado esta entrada tal como está o “El pentatlón moderno, el menos moderno de los deportes”, y es que pese a ser una disciplina olímpica desde hace casi un siglo, es tan poco popular como escasamente practicada.

Y es un deporte olímpico desde 1912, cuando el Barón Pierre de Coubertin, el padre del Olimpismo Moderno, ideó esta disciplina que, de algún modo, venía a identificar al deportista total o deportista completo, pues se conjugan las especialidades de carrera, natación, esgrima, tiro e hípica. Se basó en su concepción en la odisea de un oficial francés en época napoleónica que tuvo que atravesar las líneas enemigas para llevar un mensaje a sus tropas, y tuvo que soportar vicisitudes de todo tipo: correr, disparar, batirse en duelo con espada, cruzar un río a nado y montar a caballo.

Por tanto, estamos ante un deporte que es esencia de los Juegos Olímpicos y poco más. Poco más en el sentido de que nunca ha sido un deporte muy atractivo para el gran público ni para los medios de comunicación, ni ha deparado estrellas que hayan trascendido. De hecho, siendo la clave para que un deporte pueda ser susceptible de ser olímpico, debe estar ampliamente implantado en al menos tres continentes, algo que a duras penas cumple esta modalidad deportiva.

Las dificultades de entrenar un deporte con tantas disciplinas, tan heterogéneas y con elevadas exigencias en cuanto a infraestructuras y medios (se necesita una piscina, una galería de tiro, una pista hípica y lógicamente caballos, el material para esgrima), han hecho que el Comité Olímpico Internacional se plantee repetidamente su eliminación del programa olímpico. Hoy el mayor valedor de este deporte es su propio componente sentimental, el hecho de que forma parte del legado del Barón de Coubertin. Si dejara de ser olímpico este deporte casi obtendría su sentencia de muerte.

Por si fuera poco en la última década ha surgido otra disciplina deportiva combinada, esta sí verdaderamente moderna, como es el triatlón, mucho más atractiva para los espectadores, más fácil y menos gravosa de practicar y con una sistemática que permite sus retransmisiones por televisión, al disputarse las tres pruebas, natación, ciclismo y carrera sucesivamente con las consiguientes transiciones que también son todo un espectáculo, y todo en apenas un par de horas.

Las comparaciones aun siendo odiosas, no pueden ser más elocuentes. Es muy probable que hayamos visto en algunas ocasiones el triatlón en televisión y nunca o casi nunca el pentatlón moderno. Del mismo modo, que no es extraño nombrar a algún buen triatleta de la actualidad (sobre todo porque en España los tenemos muy buenos) y no conocer a un pentatleta moderno de toda su historia.

Además, el pentatlón moderno fue inicialmente una disciplina de relativa aceptación por los militares, al tratarse de especialidades con una cierta raigambre en los ejércitos, y disponer de instalaciones para ello, por lo que hace medio siglo tenía más tirón que ahora. La propia noción de un ejército moderno ha desplazado sus rutinas de entrenamiento y el pentatlón ha quedado, en muchos casos, como una reliquia. Hoy en día tiene una cierta raigambre en los países del Este de Europa (Hungría, Rusia, Lituania, Ucrania), por pura tradición de este deporte y aprovechamiento de infraestructuras deportivas, más que por la influencia de los estamentos militares. A propósito, las mujeres también lo practican aunque sólo desde mediados de los años 70.

He querido aprovechar esta reseña al hilo de la Final de la Copa del Mundo que se disputa este fin de semana en Londres, tanto en categoría masculina como femenina, precisamente en el escenario que, dentro de un año, se disputarán los Juegos Olímpicos. A partir de esta semana y en unos pocos meses se decidirán que 72 pentatletas (36 hombres y 36 mujeres) tendrán billete para la cita de 2012.

Este deporte lucha a contracorriente, por lo que ha optado en el último lustro por reinventarse, para empezar el número de deportistas convocados a los Juegos Olímpicos es muy reducido para suponer el mínimo gasto a la organización. De igual modo, hasta hace unos años la competición se disputaba en cinco días, uno por cada deporte; después se pasó a dos días y ya está reglamentado que sólo se dispute en una jornada, nuevamente con el objetivo de economizar estancias de deportistas y jueces.

Pero en mi opinión el cambio más significativo lo ha supuesto el cambio de formato de las pruebas, aunque se mantiene su singularidad, se ha pasado de cinco pruebas a cuatro, pues la última prueba la de carrera campo a través y tiro con pistola se realiza conjuntamente.

Hagamos una breve cronología, la competición se inicia con 200 metros libres en piscina; después la esgrima en la especialidad de espada, donde se enfrentan todos contra todos en duelos de un minuto; se sigue con la hípica con doce obstáculos y quince esfuerzos (en todas las competiciones la organización pone los caballos, todos de características similares, que los deportistas no conocen previamente, se asignan por sorteo y estos tienen apenas unos minutos para familiarizarse con la monta).

Con los resultados en estas disciplinas y un sistema de puntuación bastante complejo, se establece una clasificación que se traduce en tiempo de salida, el que mejor puntuación lleve sale el primero con la diferencia en segundos con respecto a su inmediato perseguidor (a razón de un segundo por cuatro puntos de ventaja), y así sucesivamente. Se trata de una carrera campo a través de tres kilómetros, en la que se tienen que hacer tres paradas para hacer cinco disparos, si se falla en algún lanzamiento, se penaliza en tiempo, hay que esperar diez segundos por cada blanco errado. Luego, lo atractivo de este nuevo formato, es que el que llega el primero a la meta obtiene medalla de oro y así sucesivamente.

Esta sustancial modificación de las reglas, junto con la reciente implantación de pistolas láser, se han convertido en una pequeña gran revolución, una modernización en este deporte tan venido a menos.

España no está muy bien situada en este deporte, hace dos o tres décadas había más presencia de deportistas. Hoy apenas hay trescientas licencias en nuestro país y poco más de ochocientos practicantes. Muy difícil lo van a tener nuestros representantes para obtener plaza para esos Juegos Olímpicos, en los próximos meses como ya he comentado, se dilucida todo, pero lo dicho, muy complicado.

En fin, este singular deporte mantiene un componente simbólico importante que le permite salvar los muebles en cada ciclo olímpico, y es aventurado imaginar que pasará en el futuro. Lo que sí es cierto es actualmente que no se asocia al pentatleta como el deportista total, desde luego, los que practican el triatlón tienen más fama y más reconocimiento y, sin duda, los auténticos superatletas yo los identifico en las modalidades combinadas del atletismo, el decatlón para los hombres y el heptatlón para las mujeres.

domingo, 3 de julio de 2011

DE ÉXITOS Y FRACASOS DEL DEPORTE ESPAÑOL

Culminaba la pasada semana nuestra selección de fútbol sub-21 una excelente Eurocopa y levantaba el preciado trofeo, uno más para las vitrinas últimamente muy dinámicas de la Federación Española de Fútbol. Muchos medios de comunicación ya se atrevían a comparar este título con los dos anteriores (de Europa y del Mundo) logrados por la selección absoluta, Triple Corona decían.

Sinceramente un poco aventurados, por no decir pretenciosos. Para completar dicha triada, yo diría que el tercer título en discordia sería la medalla de oro olímpica, oportunidad que tendrá la base de esta selección sub-21 el verano del año que viene en Londres y que, de algún modo, demostrará que seguirá habiendo cantera para la absoluta.

En todo caso, buenas noticias para el fútbol español, o para casi todo, porque yo suelo mirar el cuadro en toda su inmensidad y no sólo me fijo en la escena central. Porque mucho hablamos de los hombres y poco o nada del fútbol femenino, que ya va haciendo falta que nuestras féminas eleven su nivel y aunque no se pongan a la altura de los de “la roja”, por lo menos que avancen; aunque para eso haga falta el dinero y la atención de los medios de comunicación, que ahora o no tienen o de forma escasa. Y, por supuesto, cuando hablamos del fútbol de regional o de preferente, las dificultades y malabarismos financieros a los que tienen que hacer frente los clubes, están a la orden del día.

El efecto multiplicador de estos triunfos sí que tiene una lectura perversa y malvada, y es que por si fuera poca publicidad, estos éxitos futbolísticos provocan más horas de radio, de televisión, más páginas de periódicos y más sitios web. Dicho de otro modo, ese mayor espacio o atención desplaza a los otros deportes, en algunos casos, hasta la omisión más absoluta. De hecho, basta ver ya cualquier telediario de la cadena que sea para comprobar que el apartado de deportes es cada vez más amplio, pero en realidad porque se habla más de fútbol. De esos espacios en las noticias, el 90 o 95% se dedica al fútbol, y el resto va de relleno, rápidas reseñas de algún éxito deportivo y, poco más, salvo que haya algún asunto controvertido, donde los medios de comunicación acuden a la carnaza, véase el caso Marta Domínguez o Alberto Contador.

Y hay que tener los pies en el suelo en cuanto al fútbol. España va bien en el balompié masculino, pero por desgracia no estaremos eternamente en esta nube. Ese es el principal error en el que podemos incurrir. Algún día caeremos contra una selección inferior y el batacazo será de órdago. Desde luego no hemos estado nunca también como ahora, pero aun teniendo buenas rachas en el pasado, los fracasos han sido sonados. Se me vienen a la memoria, sin contar los sucesivos y casi sempiternos, hasta ahora, fiascos en los Mundiales, una vez que perdimos en Islandia 2 – 0, en partido de la clasificación para la Eurocopa 92, que no jugamos, fue un momento crítico del fútbol español; o también recuerdo el primer partido de la clasificación de la Eurocopa 2000, cuando sucumbíamos trágicamente en Chipre por 3 a 2, ahí si tuvimos tiempo de rectificar y nos clasificaríamos para la fase final.

Para colmo de laureles y desencanto del resto de deportes, la hegemonía en el fútbol del Barça y Real Madrid, por este orden, se está convirtiendo cada vez más en una encrucijada norte – sur, donde los ricos son cada vez más ricos y los pobres más pobres. Esa brecha es aprovechada por estos dos clubes para enriquecer sus arcas, favorecidos por la gratuita publicidad que le conceden los medios de comunicación. Así, pueden vender más camisetas, y los niños sólo son del Madrid o del Barcelona. Lamentablemente este virreinato ha cercenado la afición a otros clubes; en mi época escolar tenía compañeros de colegio que eran del Betis, de la Real Sociedad, del Valencia, del Valladolid y, por supuesto, del Linares, ahora ver a un niño que no lleve una camiseta blanca o azulgrana es casi un bicho raro.

Por suerte, el fútbol es sólo una parte del mundo del deporte, es más, la consideración de este y el resto de los deportes colectivos en los Juegos Olímpicos equivale a una sola medalla para todo el equipo. O lo que es lo mismo, si en fútbol masculino y femenino en los Juegos se entregan seis medallas, en cualquier otro deporte minoritario se entregan muchas más: judo, lucha, boxeo, tenis de mesa... Por no hablar de deportes que son esencia de los juegos tales como natación (¿cuándo demonios vamos a pintar algo en la natación mundial?), gimnasia o atletismo, en este último se entregan cuarenta y siete medallas de oro que si multiplicamos por tres (contando las preseas menores) asciende a la nada despreciable cifra de ciento cuarenta y una medallas, o sea, ¡veintitrés veces más medallas que en el fútbol!

Y, ¿adónde voy a parar con esto? Pues que está muy bonito ser el mejor del mundo en el fútbol, gran deporte de masas por excelencia en buena parte de las naciones de la Tierra, pero luego llegan los Juegos Olímpicos y hay más de una decena de países que están por encima de nosotros, porque o bien trabajan los deportes de forma más genérica y planificada, pondría el ejemplo de China, o porque se centran en una serie de disciplinas minoritarias que les reportan muchas medallas, sería el caso de Cuba.

Podremos criticar el régimen político en Cuba, pero es innegable que su política deportiva tiene importantes virtudes y estrategias a clonar en otros países. Recordemos que es un país de apenas once millones de habitantes y que suele ganar más medallas que España en los Juegos. Sólo con el boxeo, el judo y la lucha hicieron en Pekín las mismas que nuestro país en todos los deportes.

El caso de China es más elocuente y claramente identificador de la planificación deportiva bestial y aceleradísima que pretendía llevar a la cumbre a este país en los Juegos que se celebraron en Pekín en 2008. Curiosamente hasta 1984 la presencia de la gran nación china en las Olimpíadas había sido prácticamente inédita, ni una sola medalla en casi noventa años de historia olímpica, y a partir de ahí comenzó una escalada que culminó hace tres años. Los chinos aparecieron con fuerza en disciplinas en las que hasta esa fecha prácticamente no tenían ninguna tradición. Crearon las mejores infraestructuras deportivas, hicieron una campaña intensísima de captación y forja de talentos, y ficharon a los mejores entrenadores mundiales de cada deporte. A la vista está que el resultado final otorgó crédito a quien o quienes realizaron tal planificación: China superó a Estados Unidos y Rusia en el medallero final, cambiando la hegemonía que hasta ese momento imperaba en los Juegos. Es más, se llegó a señalar que en términos económicos cada medalla conseguida por China había costado unos 4'5 millones de euros, ahí es nada.

Dicho esto, no queda más que reflexionar que el fútbol, siendo una brillante parte del deporte patrio, no es más que eso, una parte. Los Juegos Olímpicos nos suelen poner en nuestro lugar y lamentablemente no estamos tan bien como pensamos. Con los Juegos de Barcelona tuvimos un pico de superación, o lo que es lo mismo, inversiones deportivas a todos los niveles que a la vista está que no se mantuvieron en los mismos términos después. Sólo hay un camino para conseguir esos éxitos deportivos más allá de que los medios de comunicación nos digan que con la selección de fútbol, Pau Gasol, Fernando Alonso, Rafa Nadal, Alberto Contador o Jorge Lorenzo está todo conseguido. Yo prefiero inversión en deportes minoritarios, en esos es donde hacen falta y no poca la inversión, estoy hablando de dotar económicamente a los núcleos de esos deportes poco favorecidos. En Torredelcampo, sin ir más lejos, me consta que hay una buena escuela de lucha y que han salido, sobre todo, buenas luchadoras, por qué no incidir ahí, mejorando sus infraestructuras e incentivando a sus monitores. Mejor nos iría y es que no sólo del fútbol se vive.