domingo, 10 de julio de 2011

EL PENTATLÓN MODERNO SE "MODERNIZA"

Podía haber titulado esta entrada tal como está o “El pentatlón moderno, el menos moderno de los deportes”, y es que pese a ser una disciplina olímpica desde hace casi un siglo, es tan poco popular como escasamente practicada.

Y es un deporte olímpico desde 1912, cuando el Barón Pierre de Coubertin, el padre del Olimpismo Moderno, ideó esta disciplina que, de algún modo, venía a identificar al deportista total o deportista completo, pues se conjugan las especialidades de carrera, natación, esgrima, tiro e hípica. Se basó en su concepción en la odisea de un oficial francés en época napoleónica que tuvo que atravesar las líneas enemigas para llevar un mensaje a sus tropas, y tuvo que soportar vicisitudes de todo tipo: correr, disparar, batirse en duelo con espada, cruzar un río a nado y montar a caballo.

Por tanto, estamos ante un deporte que es esencia de los Juegos Olímpicos y poco más. Poco más en el sentido de que nunca ha sido un deporte muy atractivo para el gran público ni para los medios de comunicación, ni ha deparado estrellas que hayan trascendido. De hecho, siendo la clave para que un deporte pueda ser susceptible de ser olímpico, debe estar ampliamente implantado en al menos tres continentes, algo que a duras penas cumple esta modalidad deportiva.

Las dificultades de entrenar un deporte con tantas disciplinas, tan heterogéneas y con elevadas exigencias en cuanto a infraestructuras y medios (se necesita una piscina, una galería de tiro, una pista hípica y lógicamente caballos, el material para esgrima), han hecho que el Comité Olímpico Internacional se plantee repetidamente su eliminación del programa olímpico. Hoy el mayor valedor de este deporte es su propio componente sentimental, el hecho de que forma parte del legado del Barón de Coubertin. Si dejara de ser olímpico este deporte casi obtendría su sentencia de muerte.

Por si fuera poco en la última década ha surgido otra disciplina deportiva combinada, esta sí verdaderamente moderna, como es el triatlón, mucho más atractiva para los espectadores, más fácil y menos gravosa de practicar y con una sistemática que permite sus retransmisiones por televisión, al disputarse las tres pruebas, natación, ciclismo y carrera sucesivamente con las consiguientes transiciones que también son todo un espectáculo, y todo en apenas un par de horas.

Las comparaciones aun siendo odiosas, no pueden ser más elocuentes. Es muy probable que hayamos visto en algunas ocasiones el triatlón en televisión y nunca o casi nunca el pentatlón moderno. Del mismo modo, que no es extraño nombrar a algún buen triatleta de la actualidad (sobre todo porque en España los tenemos muy buenos) y no conocer a un pentatleta moderno de toda su historia.

Además, el pentatlón moderno fue inicialmente una disciplina de relativa aceptación por los militares, al tratarse de especialidades con una cierta raigambre en los ejércitos, y disponer de instalaciones para ello, por lo que hace medio siglo tenía más tirón que ahora. La propia noción de un ejército moderno ha desplazado sus rutinas de entrenamiento y el pentatlón ha quedado, en muchos casos, como una reliquia. Hoy en día tiene una cierta raigambre en los países del Este de Europa (Hungría, Rusia, Lituania, Ucrania), por pura tradición de este deporte y aprovechamiento de infraestructuras deportivas, más que por la influencia de los estamentos militares. A propósito, las mujeres también lo practican aunque sólo desde mediados de los años 70.

He querido aprovechar esta reseña al hilo de la Final de la Copa del Mundo que se disputa este fin de semana en Londres, tanto en categoría masculina como femenina, precisamente en el escenario que, dentro de un año, se disputarán los Juegos Olímpicos. A partir de esta semana y en unos pocos meses se decidirán que 72 pentatletas (36 hombres y 36 mujeres) tendrán billete para la cita de 2012.

Este deporte lucha a contracorriente, por lo que ha optado en el último lustro por reinventarse, para empezar el número de deportistas convocados a los Juegos Olímpicos es muy reducido para suponer el mínimo gasto a la organización. De igual modo, hasta hace unos años la competición se disputaba en cinco días, uno por cada deporte; después se pasó a dos días y ya está reglamentado que sólo se dispute en una jornada, nuevamente con el objetivo de economizar estancias de deportistas y jueces.

Pero en mi opinión el cambio más significativo lo ha supuesto el cambio de formato de las pruebas, aunque se mantiene su singularidad, se ha pasado de cinco pruebas a cuatro, pues la última prueba la de carrera campo a través y tiro con pistola se realiza conjuntamente.

Hagamos una breve cronología, la competición se inicia con 200 metros libres en piscina; después la esgrima en la especialidad de espada, donde se enfrentan todos contra todos en duelos de un minuto; se sigue con la hípica con doce obstáculos y quince esfuerzos (en todas las competiciones la organización pone los caballos, todos de características similares, que los deportistas no conocen previamente, se asignan por sorteo y estos tienen apenas unos minutos para familiarizarse con la monta).

Con los resultados en estas disciplinas y un sistema de puntuación bastante complejo, se establece una clasificación que se traduce en tiempo de salida, el que mejor puntuación lleve sale el primero con la diferencia en segundos con respecto a su inmediato perseguidor (a razón de un segundo por cuatro puntos de ventaja), y así sucesivamente. Se trata de una carrera campo a través de tres kilómetros, en la que se tienen que hacer tres paradas para hacer cinco disparos, si se falla en algún lanzamiento, se penaliza en tiempo, hay que esperar diez segundos por cada blanco errado. Luego, lo atractivo de este nuevo formato, es que el que llega el primero a la meta obtiene medalla de oro y así sucesivamente.

Esta sustancial modificación de las reglas, junto con la reciente implantación de pistolas láser, se han convertido en una pequeña gran revolución, una modernización en este deporte tan venido a menos.

España no está muy bien situada en este deporte, hace dos o tres décadas había más presencia de deportistas. Hoy apenas hay trescientas licencias en nuestro país y poco más de ochocientos practicantes. Muy difícil lo van a tener nuestros representantes para obtener plaza para esos Juegos Olímpicos, en los próximos meses como ya he comentado, se dilucida todo, pero lo dicho, muy complicado.

En fin, este singular deporte mantiene un componente simbólico importante que le permite salvar los muebles en cada ciclo olímpico, y es aventurado imaginar que pasará en el futuro. Lo que sí es cierto es actualmente que no se asocia al pentatleta como el deportista total, desde luego, los que practican el triatlón tienen más fama y más reconocimiento y, sin duda, los auténticos superatletas yo los identifico en las modalidades combinadas del atletismo, el decatlón para los hombres y el heptatlón para las mujeres.

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