sábado, 19 de enero de 2013

LA HISTORIA DE LOS SELLOS DE LA VISITA DE FRANCO A CANARIAS EN 1950: LOS SELLOS MÁS FEOS DE ESPAÑA, O CASI

En el mundo de la filatelia los sellos más bonitos no tienen que ser necesariamente los más cotizados, a contrario sensu, un sello muy feo puede valer una pasta si la tirada fue muy corta o si el mismo tiene alguna propiedad especial que lo hace diferente (mal centrado, con tara de color, dentado desigual, con defecto de impresión…), es decir, como pasa en tantos escenarios de nuestra vida, singularmente en el coleccionismo, todo se cotiza en función de la rareza, del número de ejemplares y, en teoría, de la demanda existente.

Ocurre en muchas ocasiones, en la historia de la filatelia, que se da la circunstancia de que coinciden tiradas cortas de sellos nítidamente feos y realmente malos. Esto es más frecuente cuanto más atrás vamos en el tiempo; los primeros sellos históricos de cualquier país suelen ser muy cotizados. Si nos remontamos a mitad del siglo XIX donde empiezan a comercializarse los sellos clásicos como hoy los conocemos en muchos países del mundo, nos encontraremos con sellos de papel frágil, tintas de poca calidad y diseños muy básicos. Tal es así que mantener un sello de aquella época en buenas condiciones supone haberlo preservado siempre de las condiciones ambientales y sin prácticamente haberse manipulado, casi un milagro.

Pero bueno, esta es la filatelia, ya digo, si el sello es feo pero hay pocos, pues ese vale mucho; y si el sello es muy bonito, es una joya pero hay un montón, su cotización valdrá un pimiento.

En España, como no podría ser de otro modo ocurre esto, tenemos sellos muy bellos, incluso algunos ya bastante veteranos, donde la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y los tradicionales grabadores, impresores y calcógrafos se inspiraron; que al tener una tirada muy voluminosa, hoy tenemos el placer de tener en nuestras colecciones a un módico precio. Tal es el caso, por ejemplo, de la preciosa emisión de 1960 dedicada a la “Fiesta Nacional: Tauromaquia”, todo un clásico que, en mi opinión, es un claro demostrativo de que había un trabajo profesional proveniente de la pluma de prominentes artistas, donde resalta el grabador madrileño Sánchez-Toda.

Para no ser menos que nadie y por esas suertes del destino, también tenemos sellos, no feos, sino muy feos que encabezan las listas de sellos más cotizados, este es el caso de la serie a la que voy a hacer mención, como es la de los sellos con sobretasa que se emitieron en España en 1950 y 1951 con ocasión del viaje que Franco cursó a Canarias en octubre de 1950.

Empecemos por el mero análisis visual de los sellos, se trata de sellos tomados de tiradas de años anteriores con una sobreimpresión (sobretasa) que ocupa la mayor parte del sello, cubriendo las figuras que hay debajo de forma ciertamente burda.

En concreto se trata de tres sellos, uno el que más valor tiene es la de la efigie de Manuel de Falla, emisión destinada al correo aéreo cuyo valor era 25 pesetas y que comenzó a circular en nuestro país en 1947. Los otros dos son de 1948 con la figura de Franco vestido de General y con valor de 50 céntimos y 1 peseta respectivamente. La sobretasa tenía como fin marcar la penalización que sufrían los ciudadanos canarios que querían mandar algo fuera de las islas por avión y que costaba aparte de la tarifa habitual en la Península, 10 céntimos más en aquella época, es decir, en 1950.

Sorprende, y aquí viene la primera parte del misterio de estos sellos, que el magno acontecimiento que se supone que se conmemoraba no estaba planificado por Correos para una emisión convencional, o sea, el primer viaje triunfal a Canarias de Franco como Jefe del Estado, volviendo a la tierra donde estaba destinado cuando sucedió el golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil.

Y es que se ve que los rectores de la F.N.M.T. no fueron hábiles en ese momento y como las noticias no fluían con la inmediatez que ahora lo hacen, los del Grupo Filatélico de Tenerife unas semanas antes del viaje de Franco propusieron a las autoridades militares que elevaran su propuesta a Madrid. La lentitud con que se sucederían los trámites (burocracia, cartas manuscritas, formularios y los nada raudos desplazamientos del entramado postal), harían que el tiempo se echara encima y que no fuera posible diseñar una emisión nueva y especial para el histórico evento.

Así que ni cortos ni perezosos, pero con la rapidez y entiendo que la falta de criterio, se eligieron los tres sellos que he comentado antes al azar, porque sí o porque fueron las primeras planchas que tenían a mano, para sobrecargarlos a lo bestia y poner la siguiente leyenda: “VISITA DEL CAUDILLO A CANARIAS OCTUBRE 1950 SOBRETASA: DIEZ CTS”, en el caso del sello de 25 pesetas se añadía “Correspondencia por avión” al inicio. Y digo a lo bestia porque ni siquiera se preocuparon de ponerle algún signo de puntuación para darle algún sentido, que parecía más del estilo de un “sms” de los de ahora.

Es evidente la premura de esta chapuza, tanto es así que me imagino un frenético trabajo en poquísimos días, incluso en horas, para que los sellos pudieran estar en Canarias, por lo menos el primer día de la visita de Franco y su comitiva, que no era otro que el domingo 22 de octubre de 1950, por cierto, llegaba de un periplo por las colonias que teníamos en el África Occidental. Los sellos llegaron el día 21 por la noche y entiendo que el reparto y las expendedurías no trabajaban el domingo, así que hubo que esperar al 23, el segundo día del viaje.

Tan afanosa y precipitada aventura se ve reflejada en la necesaria publicación de los correspondientes nuevos efectos postales en el Boletín Oficial del Estado, y tuvo que hacerse a las prisas, cuando es evidente que ya habían salido de imprenta con la correspondiente sobretasa y ya estaban siendo enviados por avión a nuestras Afortunadas Islas. La disposición vio la luz en el Boletín del sábado 21 de octubre de 1950 y decía lo siguiente: «Decreto por el que se aprueba la sobretasa de los sellos que se señalan en conmemoración de la visita a Canarias del Jefe del Estado. Por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre se procederá con la máxima urgencia a sobrecargar en diez céntimos 21.000 sellos de cincuenta céntimos de peseta, con la leyenda: “Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. De igual modo se procederá a sobrecargar 20.000 ejemplares de una peseta con sobretasa de igual cuantía de diez céntimos y leyenda: “Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. Y sobrecargándose, además, 3.000 ejemplares de Correo aéreo de 25 pesetas, con sobretasa igual de diez céntimos y leyenda: Correspondencia por avión. Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. Dicha sobretasa será obligatoria y los valores afectados por ella servirán para franquear la correspondencia que, teniendo su raíz, en las Islas Canarias, circulen entre éstas y la Península o el extranjero.»

Algunas detalles podemos analizar de la disposición anterior, primero, es obvio que en la leyenda ideada al efecto sí aparecían signos de puntuación que luego no se reflejaron en los sellos, lo cual me hace pensar que primero se hicieron los sellos y después el Decreto; en segundo lugar, la falta de previsión no indica ni tan siquiera qué sellos iban a ser sobrecargados, en el de 25 pesetas tendría un pase porque el de Manuel de Falla era el único existente en la época y de reciente emisión, por lo que era fácil de localizar las planchas, pero en los otros dos no, había muchos sellos con ese valor y aquí no se indican; por último, y ya para salir de dudas en la propia disposición se desvela lo que es más que una sospecha que “se procederá con máxima urgencia”, pues claro que se procedió con urgencia, precisamente con aquella que permite que los sellos estuvieran hechos y viajando a Canarias cuando el BOE saliera a la calle.

No contentos los mandamases, el colmo del despropósito se ampliaría unos meses después, ya que parece que la escueta tirada se agotó y decidieron ampliarla, imprimiéndose 80.000 sellos más de 50 céntimos y 1 peseta, así como 38.000 sellos nuevos de 25 pesetas (estos con número de control al dorso). Ello ocurrió el 22 de febrero de 1951, cuando hasta hubiera sido estratégicamente interesante para la propaganda de la época hacer una emisión del acontecimiento con alguna foto de la época (donde podía estar la mujer de Franco también, como decían los medios del régimen su “egregia esposa”) trabajada en cartulina por algún buen grabador y sacarla convenientemente. Pero se ve que ni ahora hay atención a la filatelia ni antes tampoco.

Todo lo más, tal vez se explique el desaguisado, precisamente para colaborar en la especulación de algunos, porque si la tirada especial con la sobretasa era una emisión local, nada extraño en el tráfico postal, como de la primera tirada había pocos ejemplares (3.000 en el caso del sello de 25 pesetas), tal vez se hizo para que los coleccionistas que se habían quedado sin los anteriores se vieran obligados a comprar ahora estos por el módico precio de 25 pesetas con 10 céntimos. Y ello porque las crónicas de la época nos hablan de que la mitad de la nueva emisión se había vendido en Madrid y la otra mitad en Canarias. La venta en Canarias tiene su lógica, pero la venta en Madrid no tiene más sentido que el de hacer caja por parte de las arcas estatales y colaborar en la especulación de los coleccionistas de sellos de la época. La diferencia entre ambas tiradas está en el número de control al dorso y porque hay ligeros cambios de tonalidad.

Por otro lado, hay que plantearse si una emisión oficial con sobretasa debe aparecer en un catálogo como emisión convencional y no como una rareza o una variedad filatélica, entre otras razones, porque la sobretasa es algo común en cualquier institución postal; se ha hecho recientemente en muchos países con ocasión del cambio de monedas nacionales al euro, y en España hay varios ejemplos de sobretasa en la Guerra Civil, cuando el bando llamado nacional realizó la correspondiente sobrecarga en los sellos oficiales de la República. Fueron los catálogos unificados de sellos los que en los años 60 del pasado siglo confirmaron su oficialidad.

Pues bien, si esa oficialidad significa pasar por el aro, yo no trago con ello. Es decir, que estamos ante tres sellos multiplicados por dos con la nueva tirada de febrero de 1951, que pasan por ser los sellos más feos de España, o casi, con una calidad ínfima, que valen una mina de oro y que no están en poder de cualquier mortal, sino en manos de grandes coleccionistas y de tiendas de filatelia, las cuales están en su legítimo derecho, y hacen muy bien, de ofertarlos y si pueden de venderlos. Obviamente, si hablamos de sellos matasellados, que no habrá demasiados de estos, la sensación de que es tinta sobre tinta será aún mayor, pero habrá menos que nuevos, lo cual es un contrasentido que nunca he terminado de comprender en toda su dimensión; pues si en filatelia cuantos menos ejemplares haya de alguna emisión más cara será, pero si hay menos matasellados que nuevos, ¿no deberían valer más los primeros? En fin, es posible que algún día haga una reflexión sobre esto y la inserte en este blog.

Y a todo esto valen un pastón, hablemos pues de la cotización de estos sellos. Para empezar hay que decir que el mercado filatélico ya estaba mal antes de la crisis, las autoridades no prestigian esta manifestación cultural, encima llegó lo de Fórum Filatélico y Afinsa para confundir más a la gente y dar mala prensa a la filatelia; con todo lo cual estos sellos están a la venta, la oferta existe pero dudo mucho que haya demanda, o lo que es lo mismo, habrá poca o muy poca.

Dicho esto, he de señalar por experiencia propia que las cotizaciones que ofrecen los catálogos especializados distan mucho de ser las reales. No entiendo qué sentido tiene poner unas cotizaciones que sirven de poco a los profesionales, más allá de tomar el precio de referencia para realizar descuentos que razonablemente pueden ir del 40% al 70%, dependiendo de las series y los años. En el caso que nos ocupa, siempre hablo en nuevo sin señal de fijasellos o charnela, en cuanto al sello de Manuel de Falla de 25 pesetas con sobretasa emitido en octubre de 1950, el 1083, el precio de catálogo (miro varios) está en torno a los 7.000 €, y yo creo que en un honesto regateo con un profesional podría quedarse en la mitad, y si se me apura pienso que se podría conseguir por 3.000 €, pese a la rebaja estamos ante el sello más cotizado de nuestro país de los emitidos desde 1950 hasta la actualidad. En cuanto a los dos sellos de 50 céntimos y 1 peseta con sobretasa, el 1083A y 1083B (Franco vestido de militar), el precio de la serie estaría sobre los 550 € y fácilmente se sacaría por 250 €.

Los emitidos en febrero 1951, al realizarse una tirada mayor, tienen una cotización más reducida; el de Manuel de Falla no creo que pudiera venderse por más allá de los 400 o 450 € y los de Franco por algo menos de 90 € alguien se podría dar un capricho.

En fin, esas son las cotizaciones y cada uno hace con su dinero lo que quiere, yo lo que digo es que la historia ha elevado a rareza estos sellos, se ha catalogado cuando tal vez no debiera hacerse, fueron fruto de un conjunto de meteduras de pata y todo esto no quita que sean los sellos más feos de España, o casi.

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