domingo, 30 de junio de 2013

¿CÓMO PUEDO SABER LO QUE VALE UN SELLO DE CORREOS ANTIGUO?

Hace unas semanas apareció por mi trabajo un señor al que le habían referido que yo era coleccionista de sellos, se encontraba en una situación económica precaria y me pedía que le comprara su colección porque tenía cierta urgencia.

Le miré la colección con cariño y comprobé que había poco que rascar, los sellos más antiguos estaban pegados en una libreta escolar con la charnela correspondiente en su parte trasera, recurso este de los filatélicos de hace más de medio siglo, que estropean los sellos y que a mí particularmente no me gusta. Esos sellos, junto con otros más recientes que venían en bolsitas, la mayoría de España, eran bastante vulgares y, por ser sincero y consecuente, de escaso valor.

Obviamente no tuve que mirar un catálogo para saber su valor, tasar un sello es una operación bastante sencilla, incluso para un simple aficionado como yo; el hecho de haber manejado durante años algún catálogo “unificado”, el haber comprado en el pasado y hacerlo ahora con cierta habitualidad me permiten saber qué tengo que pagar por tal o cual sello, en especial aquellos comunes, nada de rarezas. Y ello porque si tuviera que tasar un sello español del siglo XIX no me consideraría capacitado, pues habría que mirar aparte de las supuestas cotizaciones existentes en el mercado, el estado del papel, su autenticidad, y su fisonomía general, entre otros detalles.

Aquella historia terminó con un sabor agridulce, desde el punto de vista de la cotización, los sellos no costaban ni cinco euros, haciendo un breve ejercicio mental, valoré cada sello a cinco céntimos, y a lo sumo y siendo formal diez euros tampoco sería una cantidad desorbitada. No obstante, al señor que me los ofreció le comenté que si le gustaban los sellos, que por muy mal que estuviera económicamente, no debiera desembarazarse de ellos, porque yo podría acercarme a pagarle una cantidad justa, pero jamás podría pagar el valor moral que supone haber dedicado tiempo a una pasión tan bonita; y es que ver a alguien de este mundillo, mirar a sus sellos como el hijo que se va a la guerra para no volver, me dio mucha pena, sobre todo porque lo hacía a causa de esta horrible crisis. El hombre entendió lo que yo le decía, que ese valor moral era impagable, pero me insistió en su delicada situación económica y decidí ofrecerle veinte euros, ampliando mi tasación en la que introducía un plus moral, por aquello de que uno está por suerte trabajando y cobrando, y hay que apoyar a los que menos tienen.

Ni que decir tiene que este hombre, un aficionado puntual del coleccionismo de sellos poco sabía de cotizaciones, y le daba un valor enorme a cada una de sus estampillas, es lógico, yo tengo esa sensación con todos mis sellos, porque sé cómo los conseguí y porque no tengo intención de venderlos jamás. El hombre se fue cabizbajo con su billete, y yo con una sensación rara de que había adquirido una colección de sellos vulgares pero de una persona que los había tratado con cariño; yo podía pagar la colección pero el aspecto sentimental se me escapaba, más allá de echarle una mano a su apurada situación.

Hoy en día no es, como digo, nada difícil tasar unos sellos, a decir verdad la inexistencia de demanda de sellos vulgares hace que literalmente se vendan al peso. A mi inopinado vendedor no lo convencí, aunque lo dejé algo tranquilo cuando le señalé alguna página web más o menos especializada de venta de sellos (Delcampe, Todocolección o Ebay), y le encontré con rapidez el precio de un kilo de sellos variados del mundo por apenas dieciocho euros, y ofertas similares de cinco mil o de diez mil sellos por poco menos de veinte euros.

Dicho esto, disponemos los filatélicos de algunos recursos para averiguar el precio de un sello. El tradicional y con el que yo me he manejado desde que era pequeño, así me lo enseñaron, es valerse de un catálogo unificado. Antes existían de varias marcas, no muchos, pero el más popular y extendido es el que saca anualmente Edifil, que como ellos mismos se autoproclaman es “la marca de prestigio de la filatelia española”.

El catálogo está muy bien, a todo color, con una revisión pormenorizada de los sellos que se han emitido en España en toda su historia, también están las antiguas colonias españolas, Andorra, se incluyen tarjetas postales, entero postales, aerogramas... Todo ello, con una meticulosa información acerca de la tirada, fecha de emisión, valor facial, tipo de impresión, medidas del sello, colores..., y por supuesto, el valor de cotización.

Vamos a ser sinceros, el valor de cotización de este catálogo (imagino que de otros también) ha estado siempre sobrevalorado, las razones por las que no se ajusta a la realidad del tráfico filatélico las desconozco, tal vez para no quedarse cortos jamás, más vale echarle un “chorreón” para favorecer a los vendedores que es, en teoría, el gremio al que pertenecen las editoriales filatélicas.

Rescato un catálogo que tengo de 1999 y dice Edifil a modo de prólogo entre otros detalles “Las cotizaciones del presente catálogo son orientativas y como tales deberá emplearlas el filatelista a la hora de comprar y vender (…). El coleccionista deberá utilizar este catálogo como guía y orientación, pero deberá tener en cuenta los diversos factores que motivan el alza o la baja de los sellos, como son el interés por un cierto tema o época, en un determinado momento, las ofertas especiales de comerciantes, la aparición de algún stock importante, etc. (…) el precio mínimo de un sello se fija en quince pesetas (…), es evidente que cien ejemplares de un mismo sello cuya cotización en catálogo es de quince pesetas, no valen quinientas pesetas. Su valor es mínimo.”, puedo estar en parte de acuerdo con el espíritu con el que se hace, aparte la forma de justificar los valores es un poco ambigua. Por lo que respecta al valor de un sello básico, creo que se equivocan y pueden confundir, un sello básico no vale (valía) quince pesetas, no vale nada, si yo me hubiera tenido que decantar por un precio este sería el menor posible, a día de hoy un céntimo. De todo esto podemos concluir que cuanto más básicos son los sellos más sobrevalorados están y quizás el catálogo hay que tomarlo como referencia para sellos de un cierto valor, por ejemplo, cuando superan cifras de tres ceros, hablando de euros, por supuesto; como ocurrirá en una buena parte de los sellos españoles del siglo XIX.

Realmente no critico que se siga este criterio, aunque puede despistar un poco y no sé si esto influyó en las desmesuradas cotizaciones de las colecciones de sellos que realizaban esas sociedades reconocidas como piramidales Fórum Filatélico y Afinsa (como ya he comentado en más de una ocasión, los filatélicos no compraron estos productos financieros sino gente normal que apenas sabía del valor de un sello, no fueron culpables del engaño, es obvio).

Cuando compro algún sello, algún año completo en nuevo (sin matasellar), o bien compro a algún coleccionista al que conozco personalmente, que me hace directamente un 50% de descuento sobre el valor de catálogo (Edifil), con lo que nos podemos hacer una idea mesurada de la realidad de las cotizaciones; o bien me meto en alguna página web, por la comodidad que supone comprar directamente desde el sillón de tu casa, y siempre por debajo del valor de catálogo aunque no con el descuento de mi contacto, se puede conseguir lo que se quiera.

Por tanto, mi recomendación es bien simple, es bueno disponer de un catálogo de referencia, básicamente porque esos son los valores tope sobre los que vamos a comprar, nunca paguemos más. Si tenemos algún amigo o algún contacto dedicado a la filatelia de forma profesional y nos parece honrado y de confianza, esa es una buena opción, dependerá de lo que queramos comprar y del dinero que vayamos a gastar. La otra opción es hacerlo vía Internet, comparando dos o tres páginas web, y también considerando qué es lo que vamos a gastar. Si quiero comprar un par de años completos de la década de los 50 del siglo pasado, yo miraría tres o cuatro sitios y donde fuera más barato; e incluso a veces voy a tiro fijo, porque a lo mejor en un gasto de sesenta euros, apenas te ahorras dos o tres euros comparando filatelias online y si tu tiempo es oro, no te merece la pena. Yo compro últimamente en una web que se llama Filatelia Talavera, ubicada en Madrid, muy profesional, no he tenido ni un problema jamás y, es más, cuando he requerido algún sello que no estaba colgado en la web, le he mandado un correo al gestor de la página e inmediatamente ha colgado mi petición.

Y qué duda cabe, que si ya nos vamos a gastar una suma considerable, habrá que hacer una labor de análisis concienzudo: debemos contar con el catálogo en la mano, consultar precios con los coleccionistas de la zona y mirar las web especializadas. Mi recomendación es que partiendo de la opción más económica, es conveniente regatear una sola vez (no me gusta el regateo puro y duro), pero en esta materia es justo y necesario, es decir, sobre la cifra más barata hay que pedir una rebaja del 10% porque a día de hoy, los sellos de valor no están demandados (y los comunes tampoco), y estoy convencido de que el comprador no encuentra mercado y está deseando vender aunque tenga que reducir sus exigencias.

Sí, esa es la realidad, el mercado filatélico en España en este siglo XXI está muy estático, ya ocurría antes de la crisis y ahora todavía más. Las filatelias sobreviven a duras penas y la edad media de los coleccionistas es cada vez más elevada. Las ventas de importancia son cada vez más espaciadas en el tiempo, así que los vendedores están necesitados de liquidez antes que tener muertos de risa sus sellos durante décadas sin que vean salida alguna.

A todo esto, nunca he entendido muy bien o no le encuentro lógica a que un sello nuevo tenga más valor que un sello usado o matasellado. Hace medio siglo lo puedo entender, todo el tráfico postal se realizaba con sellos, hoy no; hoy el sello matasellado puede suponer menos del 10% de todo ese tráfico, siendo muy benevolente. Por tanto, si es fácil obtener todos los sellos nuevos que se emiten en nuestro país, basta con estar suscrito al Servicio Filatélico Nacional y los tengo en mi casa cada trimestre perfectamente empaquetados, genial. Puedo comprar una colección en nuevo, dos o tres o las que quiera. Ahora bien, el conseguir los sellos del último año concluso, el 2012, usados, ya es más complicado, no voy a decir imposible, pero será más laborioso de conseguir, por lo que entiendo que debería costar algo más que en nuevo, ya que existen menos en el mercado. Esto no es así y creo que ya se debería modificar en los catálogos, porque el criterio de hace cincuenta años ya no nos vale y honestamente creo que los sellos emitidos en este siglo XXI debieran equipararse en cuanto a valor de cotización tanto si son nuevos como si están usados.

Y hablando de todo un poco, cuántos coleccionistas de sellos hay en España, mi número de suscriptor del Servicio Filatélico Nacional es el 250.507, llevaré abonado unos quince años y ese número no se habrá incrementado excesivamente, pongamos que ha llegado a 270.000, muy aventurado por cierto. Sospecho que ese 270.000 es un número corrido, o sea, que son las suscripciones realizadas en toda la historia desde la fundación del Servicio, por lo que, habrá habido bajas y defunciones, con lo que calculo que en la actualidad no habrá más de 100.000 abonados. Igualmente sospecho que un buen porcentaje de ellos serán extranjeros, pongamos que un 20% (vista la afición que hay fuera de España es posible que haya más). Por otro lado, hay estancos habilitados como expendedurías filatélicas y otros coleccionistas que se valen de otros para obtener sus sellos nuevos. Total que en un cálculo muy magnánimo seguro que no hay más 125.000 coleccionistas de sellos en España, es decir, sobre un 0'27% de la población, la minoría que me imaginaba.

Pero no me terminan de salir las cuentas, ese porcentaje implicaría que en la población donde vivo (Bailén) que tiene casi 19.000 habitantes, deberíamos estar unos cincuenta coleccionistas, y que yo sepa suscritos al Servicio Filatélico apenas llegamos a quince, y puede que haya alguno por ahí “esturreado”, pero no tanto para llegar a cincuenta. Imagino que esta reducción un tanto al absurdo se compensará con las grandes ciudades que, por una cuestión cultural o tradicional, por cercanía a las tiendas filatélicas que aún resisten, contarán con más coleccionistas.

Por último, me gustaría finalizar esta tormenta de ideas un tanto dislocada, con una diferenciación que es importante plasmar, no es lo mismo un coleccionista de sellos que un filatélico ni que un filatelista. No me baso en lo que dice el diccionario de la RAE sino en mi visión personal y mi experiencia en este ámbito. El coleccionista a secas es aquel que acumula sellos sin más, puede ser suscriptor del Servicio Filatélico pero tampoco le da un tratamiento especialmente organizado a sus sellos. Un filatélico, así me considero yo, es aquel que ha subido un peldaño y que colecciona, cambia, mueve sus sellos, evoluciona y tiene una colección viva, más o menos; y la filatelia está entre las mejores de sus aficiones. El filatelista sería aquel que se dedica profesionalmente a la filatelia o sin ser profesional, tiene una actividad que le ocupa buena parte de la jornada; para esta persona este arte es algo más que ocio. Cada uno que se ubique donde quiera, pero a ver si la filatelia no muere, me conformo con que se mantenga como hasta ahora, con cuatro gatos, un poco raretes, que nos apasionamos mirando estos papelillos de colores.