sábado, 28 de febrero de 2015

"DOCTOR EN ALASKA", UNA GRAN SERIE CON UN FINAL POCO DIGNO

Cuando algo funciona bien en una serie lo mejor es perseverar y no desviarse mucho de lo que tiene éxito y gusta a la gente; pero a veces las series de televisión, sobre todo las de largo recorrido no pueden abstraerse de los inevitables vericuetos personales por los que atraviesan sus actores, que amén de profesionales también tienen sus vidas y sus vicisitudes correspondientes. De tal guisa que cuando algún personaje decide marcharse de la serie, pues hay que matarlo, mandarlo a un largo viaje, provocarle un accidente para que esté en el hospital como un vegetal de por vida, etc.

Más o menos eso fue lo que pasó en esta serie, un producto televisivo genial que funcionaba muy bien en Estados Unidos y que tuvo que echar el cierre después de que la «eliminación» del personaje principal rompiera la esencia de la serie, de lo que hasta ese momento estaba funcionando bien. El verdadero Doctor en Alaska, el doctor Fleischman, en la realidad el actor Rob Morrow, pensó que si la serie registraba tan elevados índices de audiencia eso tenía que reflejarse en su nómina, es decir, que pidió un aumento de sueldo y no se lo concedieron, con lo que sobre el final de la quinta temporada los guionistas fueron preparando el terreno para su salida. Fleischman tiene una inspiración y se va a vivir a lo salvaje con un grupo de nativos a las orillas de un río. Sus apariciones van siendo cada vez más espaciadas y su claustro indígena definitivo terminará sin pena ni gloria.

Para entonces ya habían sustituido a Fleischman con un nuevo doctor, en este caso el doctor Kapra y su atractiva esposa. Tratan de que sea una incorporación paulatina, tratando de que el espectador no se diera cuenta de que desparecía uno y venían los otros, pero cuando la gente plantó sus pies sobre la tierra, se dio cuenta de que aunque Rob Morrow no estaba en todas las tramas, la serie nació con él y, de algún modo, era el eje sobre el que se articulaban el resto de personajes. Así que la serie, que podía haber durado más tiempo, porque el formato era apetecible, se quedó en seis temporadas.

Y eso que «Doctor en Alaska» nació como un entretenimiento pasajero de verano (en Estados Unidos), considerando que las televisiones suelen sacar en verano productos de bajo presupuesto, desenfadados, incluso de peor calidad, dado que en teoría las audiencias flojean. No soy sinceramente de esta corriente de pensamiento, y creo que es más bien al contrario, sí que es cierto que se ve menos la tele en verano, pero las patochadas que colocan las cadenas generalistas, al menos en España, te ayudan a tomar la decisión de apagar la caja tonta.

El caso es que nació, así, siendo una ocurrencia veraniega y caló, vaya sin caló. Doctor en Alaska, fue el título en España en una interpretación libre del nombre original «Northern Exposure», algo así como Exposición norteña, y que en una interpretación más ajustada, a tenor del desarrollo y contenido, podría ser en mi modesto criterio «Reclusión en Alaska» y en una reinterpretación mucho más libre y un poco jocosa por mi parte también pudiera haber sido perfectamente «Reclusión en A tomar por cu...».

El doctor Fleischman es un joven judío recién egresado de una prestigiosa universidad neoyorquina, y acepta un contrato en Alaska de corta duración, como un modo de adquirir una experiencia y dar definitivamente el salto con posterioridad a una plaza de lustre en la misma Nueva York o alguna metrópoli similar.

Sin embargo, cualquier idea que hubiera albergado en su mente es rápidamente desmontada, porque Alaska es algo inimaginable y más concretamente el pueblo de Cicely, una localidad que no llega a los mil habitantes y donde hay más animales salvajes que humanos. Fleischman comenzará a trabajar a regañadientes en una despacho clínico adonde acuden personajes de lo más extravagantes y tendrá que hacer uso de paciencia y buen juicio.

Esa reclusión provocará un malestar permanente en el impetuoso doctor que comprenderá que ese exilio obligado poco le va a aportar en su vida personal y profesional, aislado, cerrado, sin alicientes y abocado a convivir con personas raras de por sí que, por si fuera poco, ni suelen cursar enfermedades comunes ni tampoco se dejan curar mucho con métodos convencionales.

Ese estado permanente tiene sus altibajos, pues pese a que Fleischman quiere largarse en cuanto termine su contrato, por oscuros designios siempre terminan ampliándole unilateralmente y por ende su reclusión, aunque también es cierto que poco a poco se adapta al lugar, a sus gentes y a sus extrañas costumbres. De hecho, en esta serie mal terminada por sus productores lo único que se resuelve, por la rescisión del contrato del actor que lo encarna, es la decisión de Fleischman de vivir definitivamente de cara a la naturaleza, apartado incluso de la mínima civilización de Cicely.

Siendo como era una desenfadada serie de verano y aunque el elemento raíz era la llegada del joven doctor neoyorquino, poco a poco los personajes principales de la serie irán tomando protagonismo en las tramas, de tal forma que se entrelazan con el devenir de su doctor local.

Sin duda el personaje con el que más interactúa Fleischman es con Maggie O´Connell (Janine Turner), una atractiva piloto de avionetas, mujer de armas tomar, aparantemente dotada de un halo de mala fortuna o gafe, pues los novios que han pasado por su vida han muerto en extrañas circunstancias. Mantiene con Fleischman una relación de amor – odio, que finalmente no llegará a término, y probablemente fue algo que mató la serie en su última temporada, porque creo que el gran público, yo también, deseaba que esa tensión sexual no resuelta, tuviera su adecuado desenlace, pero no fue tal.

No obstante lo anterior, tal vez el rasgo diferenciador de esta serie era que a pesar de ser un pueblo pequeñito, sus personajes tenían unas personalidades muy acentuadas a los que las vicisitudes de sus existencias los habían llevado allí y se revelaba que en ese lugar recóndito del mundo, en realidad, había mucha vida social, muchas cuitas, mucho mensaje, poesía, controversia, guerra y paz; en definitiva, todos ellos conformaban una gran familia.

No sólo eran personalidades muy acentuadas, sino que directamente ellos eran personajes muy curiosos, uno entre un millón, como la vida misma, pero con características que los hacían incluso fuera de la normalidad.

De otro modo, no se explica que el terrateniente del pueblo Maurice Minnifield (Barry Corbin) sea un astronauta jubilado, nacionalista, déspota y algo atrabiliario, el cual presume de millonario, lo es, y anda a la gresca siempre contra todo y contra todos, siempre y cuando no le lleven la contraria; no obstante, en el fondo no es mala gente y es bastante generoso.

Uno con los que más se pelea es con Holling Vincoeur (John Cullum), pronunciado en francés que es como se hace en la serie es como «banquer», es de origen canadiense, de Quebec concretamente; regenta The brick, la cafetería – bar – pub – salón social – restaurante de la localidad, con apariencia de buena persona, de vez en cuando se le cruzan los cables y la lía. Tiene la cualidad de haberle robado la chica a Minnifield, cuando este iba a casarse con ella.

La chica en cuestión es la atractiva y simpática Shelly Tambo (Cynthia Gery), que llega a la localidad con Maurice tras haber ganado un concurso de belleza, pero se enamora de Holling que es cuarenta años mayor que ella, como poco. Es una chica muy sensible, con la apariencia de tontita, pero luego se revela como una chica con valores más profundos que los que muestra de primeras. Durante la serie tendrá una niña fruto de su relación con Holling.

Uno de los personajes más curiosos es el del locutor de radio Chris Stevens (John Corbett) es, de algún modo, la voz del pueblo y la voz del sentir de todos sus habitantes. Trabaja en la radio KBHR (la K-OSO se pronunciaba en la serie, que era la transcripción que las letras originales querían decir verdaderamente), que es propiedad de Maurice Minnifield. Este ex presidiario emerge a la sociedad tras su estancia carcelaria como un hombre nuevo y bueno. Entre canción y canción, clama mensajes filosóficos de gran calado. Su inmaculado don de palabra le permitirá ser, de algún modo, el psicoanalista de todos. Amén de ello, es el pastor del pueblo, no se sabe de qué confesión religiosa, pero sí que oficia todo lo oficiable, y sus habitantes le dan validez a lo que él dicta y proclama. Vive en una caravana, de cara a la naturaleza más que ninguno de sus convecinos. Terminará con Maggie.

No menos curioso es Ed Chigliak (Darren E. Burrows), un joven nativo, abandonado de bebé y criado por la comunidad, amante del cine y cuyo sueño es dirigir una película (de hecho sus sugerencias cinematográficas han supuesto verdaderos hallazgos para mí). Es una persona inocente, jovial y sencilla. Trabaja entre la casa de Minnifield, donde realiza trabajos de mantenimiento y en la tienda – supermercado de Ruth Anne Miller. Durante la serie descubrirá que tiene otra acendrada vocación, la de chamán, y con cierta displicencia hará sus pinitos.

Precisamente Ruth Anne Miller (Peg Phillips), una entrañable ancianita, llena de vitalidad y carisma, aún conserva redaños para formar parte activa de la vida de Cicely, metida en un montón de fregados. Y sí, suya es la única, en la serie no se aparece otra, tienda del pueblo, adonde puedes encontrar de todo: comida, bebida, ferretería, munición, ropa, muebles... Tiene un fuerte carácter y es proverbial su enfrentamiento con Maurice, aunque también en el fondo son buenos amigos.

El capítulo de personajes principales termina con otro ser irrepetible, Marilyn Whirlwind (Elaine Miles), también nativa como Ed, es la ayudante en la consulta del doctor Fleischman, se trata de una joven rellenita que se caracteriza por su parquedad en las palabras, no habla más que lo justo. Su extraño modo de actuar exasperará no pocas veces al doctor, que en el fondo ama y respeta a esta mujer que es la esencia de Alaska, pura naturalidad.

Había otros personajes que fueron tachonando la actividad de este minúsculo punto de Alaska y que a veces eran recurrentes en la serie, y que no hacían más que confirmar ese universo tan plural y excéntrico que lo gobernaba: un chef con pinta de pordiosero, un titiritero mudo por convicción, un virtuoso violinista tarado...

Pues bien, se han escrito ríos de tinta sobre la serie que dio para mucho en esas seis temporadas y ciento diez capítulos, se podría hablar de la cocina de la serie, de las enfermedades de la serie, de los deportes, de la música (la que ponía Chris en la radio y la que ponía el punto final a cada capítulo), de fauna, de cine (las recomendaciones de de), hasta de los afamados vinos que Maurice Minnifield atesoraba en su bodega...

Sin duda lo que le dio carácter a la serie fueron sus guiones, muy elaborados, con mucha enjundia, trataban asuntos del día a día, universales, para nada centrados en Estados Unidos, se hablaba de la vida y de la muerte, del amor, de la esperanza, de la frustración, de la naturaleza, del extremismo, de la violencia, todo ello con diálogos y tramas muy acertadas, por cierto, casi invariablemente tres en cada capítulo. Podía parecer un poco pastelosa la serie, con poca acción y mucha interactuación de sus personajes, pero para los grandes amantes de esta producción era una gozada recurrente.

La lástima es que en España esta serie fuera y sigue siendo maltratada. Televisión Española compró sus derechos y la comenzó a echar en abril de 1993, casi tres años después del inicio de la producción y emisión en Estados Unidos. Además se hizo en un día y una hora malísimos, a las 23.30 y encima en La 2, es decir, condenada al fracaso o al paraíso de los frikis, aun así tuvo su público y merecía un mejor tratamiento que el que tuvo. De hecho, creo que ha habido algunas reposiciones y en horarios desafortunados.

La sintonía de cabecera David Schwartz era genial y resultaba curioso ver a un alce caminando por la calles de Cicely, algo que es manifiestamente complicado porque este es un animal que no se deja domesticar. Y dicho esto, jamás llegó esta serie a Alaska pues las grabaciones se realizaban en el pueblo de Roslyn, en el estado de Washington, que por lo que tengo entendido se convirtió desde entonces en un atractivo turístico para los apasionados de la serie, ya que se mantienen algunos símbolos de la misma.

En fin, una serie que para los que la apreciaban está entre las mejores de la historia. A mí me gustó mucho, la he revisado últimamente y puedo decir que había capítulos mejores y otros algo más aburridos, aunque reconozco que un mejor final, es decir, un final redondo hubiera sido lo óptimo.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buen análisis

Cris dijo...

A mi me gusta el final...el verdadero amor de Joel es NY y el de Maggie Alaska... creo que el verdadero protagonista es la cotidianidad del pueblo, su vida seguirá y parte el alma el sentimentalismo de la canción final y saber que ya no los verás más en su día a día...y yo también me quedaría con Chris... un saludo

Héctor Paz dijo...

De acuerdo con Cris, Maggie pega más con Chris que con Joel, que en el fondo era un urbanita incurable...