domingo, 25 de abril de 2010

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE

Ea, parece que este tiíllo está en todos sitios, concretamente aquí en el Palacio de Hielo de Lillehammer (Noruega), donde se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994, y en concreto la competición de hockey sobre hielo. No, no es que me quiera tirar el pegote de que he sido viajero, lo que si es verdad es que en los pocos lugares donde he estado, he intentado asistir a algún acontecimiento deportivo poco común por nuestras tierras y, por supuesto, hacerme la foto de rigor (creo que tengo alguna más en escenarios deportivos exóticos).

Me viene esta introducción al dedillo para poner sobre la mesa un hito deportivo ocurrido en nuestro país la pasada semana y que ha pasado prácticamente desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación, salvo alguna breve reseña en algún periódico o radio. Y es que la selección española de hockey sobre hielo ha conseguido la medalla de oro en el Campeonato del Mundo de la División II A que terminó el pasado fin de semana en México y con este triunfo logra el ascenso por primera vez en su historia a la División I, la antesala de la Top Division, donde juegan las potencias de este deporte; es decir, que nos colocamos un escalón por debajo de la élite.

Esto puede sonar a nada, pero para los bravos y esforzados jugadores españoles tiene un mérito enorme, considerando la escasa tradición de este deporte en nuestro país. La División II, es como la 2ª B en fútbol y ahora hemos ascendido a la categoría de plata, que nos va a costar mucho trabajo mantener porque ahí tenemos selecciones que han sido potencias de este deporte y que ahora quizá no están en su mejor momento, naciones con unas latitudes que favorecen la proliferación de este tipo de hockey y, en consecuencia, de las pistas de hielo. Así quizá nos veamos las caras con históricas selecciones que han estado en Campeonatos del Mundo absolutos y Olimpiadas, tales como Japón, Polonia, Ucrania, Austria, Hungría, Lituania, Holanda...

Y como digo tiene mérito, porque en España hay contabilizadas catorce pistas de hielo con dimensiones reglamentarias que son las de Jaca en Aragón; Barcelona, Viella y Puigcerdá en Cataluña; Majadahonda, Boadilla, Leganés, Hortaleza y Valdemoro en Madrid; San Sebastián y Vitoria en el País Vasco, una en Logroño, otra en Huarte al ladito de Pamplona y ¿en Andalucía?, pues hay una y muy bonita por lo que he visto en fotos, en Benalmádena (Málaga). Luego hay otras pistas de dimensiones no reglamentarias que sirven para entrenar, hacer patinaje o curling, hay una en Valladolid y otras que no están operativas como la de Collado Villalba en Madrid y, claro, luego están esas que son portátiles y que algunas veces se colocan en Navidad al lado de grandes centros comerciales.

Con estos mimbres es complicado hacer un cesto, la Liga de hockey sobre hielo en España es reducidísima con sólo cinco equipos esta temporada (Majadahonda, Txuri Urdin de San Sebastián, Puigcerdá, C.H. Jaca, que a la postre ha sido el Campeón y el siempre ubicuo F.C. Barcelona); existe una liga de 2ª División con tres equipos que podrían ascender automáticamente pero imagino que no tienen presupuesto ni el nivel de los otros, que ya se gastan sus dinerillos en tener algún que otro extranjero con una cierta calidad. La liga femenina es balbuciente y este año ha contado con sólo tres clubes inscritos.

Pero volviendo al triunfo de España, es todo un éxito porque en este ascenso logrado en México comenzamos apabullando a selecciones que otrora nos mojaban la oreja como Australia y Bélgica, y en las dos primeras jornadas los poníamos en su sitio con un 6 - 0 y un 6 – 1 respectivamente, luego superaríamos a Bulgaria, México y en la última jornada a Turquía.

A mí siempre me ha parecido un deporte espectacular, bello y plástico a la vez, con unas reglas muy facilitas, donde sobresale la permisividad en las cargas. En la televisión puedes perder la visión del disco (el puck), como bien me aseveraba mi amigo Pedro Guerrero, pero en directo lo ves mejor.

Y bueno, puestos a enamorarse de este deporte, qué tal si dentro de unos años tenemos una pista de hielo a apenas 100 km. de aquí…, pues dicho y hecho porque Granada va a albergar la Universiada de Invierno de 2015 y está previsto que se generen varias pistas de hielo para las diferentes modalidades deportivas y al menos dos infraestructuras se van a quedar de forma permanente en la ciudad de la Alhambra, con lo que es de esperar que se creen las adecuadas estructuras deportivas que le den vida, que no sólo se queden los edificios sin luego disponer de operatividad posterior, algo a lo que estamos desafortunadamente acostumbrados en Andalucía.

En fin, que me alegro un montón de este triunfo que he seguido casi en directo, algún día me quedé hasta altas horas de la madrugada siguiendo los partidos en Internet, y mereció la pena porque en un país donde el sol casca de lo suyo es casi un milagro que algunos valientes puedan triunfar sobre el hielo.

domingo, 18 de abril de 2010

LA FILATELIA CADA VEZ INTERESA MENOS

Este pasado jueves tuve la grata oportunidad de asistir por primera vez en mi vida y espero que no la última, a la presentación institucional de dos sellos de Correos, que homenajean a su manera a nuestras bellas localidades de Úbeda y Baeza por ser Patrimonio de la Humanidad. Una experiencia nueva para mí y que se celebró en sendos actos protocolarios, por la mañana en Úbeda y por la tarde en Baeza. El cómo se sucedió esta jornada merece una reflexión en mi bitácora.

Puede ser que a la inmensa mayoría de los españoles la filatelia no les interese y que algunos nos vean como bichos raros, o como esos seres encorbatados, decimonónicos que tienen una afición decadente y añeja. Puedo aceptar todo esto, pero de ahí a que nos consideren como locos, tontos, improductivos estómagos agradecidos y nos falten, de algún modo, el respeto, eso no lo puedo tolerar.

Está claro que esto de la filatelia sigue en caída continua y las instituciones que deben propugnar su difusión no colaboran en ello. Correos, para empezar, nos saca dos sellos de Úbeda y Baeza con una calidad en su diseño que deja mucho que desear. Dicen que se trata de dos huecograbados, cuando en realidad son dos fotografías sin prácticamente ningún retoque ni filtro, montadas sin más en un formato de sello convencional; dos fotos peladas y mondadas, tomadas de algún archivo, quizá del propio Internet (lo que sería una barbaridad) y que representan en Úbeda al Patio de la Casa de las Dos Torres, y en Baeza la fachada del Palacio de Jabalquinto.

Tuvimos la idea mis amigos del Grupo Filatélico Virgen del Carmen de Jaén y yo, de visitar la Casa de las Dos Torres y lo cierto es que habrá decenas de sitios en Úbeda más dignos que ese Patio, al que por cierto, merecería que le pegaran una buena mano de pintura, porque había unos desconchones impresionantes, que por lo menos en el sello no se ven porque buscaron una foto en la que no apareciera esa parte.

Por lo que respecta al sello de Baeza, pues tampoco acierta Correos, porque la foto que ha tomado del Palacio de Jabalquinto está realizada de forma oblicua y es de antes de la reciente restauración, con lo que el sello no da la imagen exacta actual del singular edificio baezano, sede de la Universidad Internacional Antonio Machado.

Es decir, Correos cubre el expediente de hacer dos sellos con Úbeda y Baeza, con un par de fotos de aficionado y, poco más. Luego, además, en cada acto de presentación fueron muy exiguos en los obsequios para los asistentes, quizá el regalo de algún pliego de sellos hubiera sido más decente y no una pobre carpetilla con los sellos y un sobre, demasiado de andar por casa. Por si fuera poco, en cada acto protocolario cada uno personalmente se pudo poner su matasellos, en mi opinión hubiera sido más adecuado que hubiera habido un funcionario de Correos procediendo a matasellar de forma profesional o al gusto de los que estábamos allí, tanto los aficionados como los que pasaban por allí y no sabían de qué iba la película.

Por otro lado, la disposición de los ayuntamientos respectivos fue dispar. En Úbeda el Alcalde D. Marcelino Sánchez, actuó al estilo “Juan Palomo”, sólo ante el peligro, sin ningún representante más de la Corporación, sin corbata, en una mesa presidencial, donde él era el único que iba sin tal atavío. Para rematarlo le sonó el móvil en dos ocasiones en una clara falta de respeto hacia los que estábamos allí. En definitiva, una muestra más de que a ese Alcalde le importaba un pimiento el sello y se quitó el muerto de encima en cuanto pudo. Ni siquiera tuvo un recuerdo para mi Grupo Filatélico, verdadero artífice de que se hayan concedido estos sellos para nuestra provincia. Y, por cierto, al Salón de Plenos del Ayuntamiento ubetense le hace falta que se acerque por allí un mecánico para reparar los asientos del público, un buen número de ellos medio rotos y que daban la sensación de que allí se había producido una batalla campal.

El acto de la tarde en Baeza fue algo más digno, partiendo de la base de que para los políticos esto de presentar un sello no es algo que los desviva, al menos el Alcalde baezano, D. Leocadio Marín procuró que estuviera allí su Corporación Local de forma mayoritaria ¿qué menos?, y llevando a cabo el acto en el interior del Palacio de Jabalquinto, por sintonía con lo que representaba el sello, eso estuvo bien. Llevaba, por supuesto, la protocolaria corbata, se acordó de mi Grupo Filatélico, y tuvo un discurso correcto.

Desde el punto de vista de las personas que representaban a Correos, lamenté la ausencia del Director de la FNMT, el porcunero D. Sixto Heredia, un tipo campechano y que seguro que por ser de la tierra hubiera sacado un discurso del corazón que nos hubiera llegado a todos. En su defecto, al parecer por enfermedad, estuvo el Director de Filatelia de Correos, D. José Luis Fernández Reyero, que leyó un discurso que a buen seguro se lo habían preparado, y que luego releyó por la tarde sin cambios salvo en el preámbulo el Director de Andalucía Oriental de Correos, D. Ricardo Ruiz Ortuño, que se animó en su preámbulo a contar sus vivencias en Baeza cuando era estudiante.

Por supuesto, a los que amamos la filatelia y entendemos que es un vehículo para la transmisión de la cultura y la divulgación de nuestro patrimonio, nos pareció toda esta puesta en escena, demasiado vana y algo irrespetuosa hacia los que hacemos el esfuerzo por mantener vivo este arte.

Lo mejor, como siempre, el que tuvimos una jornada entre amigos para charlar de una de nuestras pasiones, la filatelia, rodeados por el incomparable marco de nuestras dos ciudades monumentales, orgullo de nuestra provincia y que, como bien decía mi amigo Miguel Ángel Angosto, son dos parques temáticos del Renacimiento, y lo bueno… es que son de verdad.

domingo, 11 de abril de 2010

EL BÉISBOL, UN DEPORTE "A SU MANERA"


Pues sí, el tiíllo ese de la foto es el menda que suscribe, con pinta de yanqui un tanto afeminado (por eso del pelo rubio oxigenado), y es que como bien recordaba mi amigo Andy Pollock, ahí tenía todos los ingredientes para ser un estadounidense medio: sentado en una grada de un campo de béisbol, con un buen asiento, guante reglamentario en la mano izquierda y palomitas de maíz en la derecha, no me faltaba nada más que la gorra, pero es que eso no comulga conmigo. Lo del National Geografic es una simpática broma que me he inventado.

Aquello fue en junio de 1994, ya ha llovido desde entonces, pero me llevé un gratísimo recuerdo de mi estancia en EE.UU., uno de ellos el poder asistir a un partido oficial de la Major League Baseball (MLB), que al igual que ocurre con la NBA es como el Campeonato del Mundo oficioso de clubes. Y es que en este país se concentra la mayor cantidad de estrellas de béisbol del mundo; es más, la aspiración de los mejores jugadores de otras ligas nacionales con tradición en este deporte, es jugar en la MLB.

Pues ahí estaba yo, en el estadio Comiskey Park, sede de los Chicago White Sox, que enfrentaba a este en un partido de la fase regular ante Florida Marlins, sentado en una buena zona, eso me dijo Andy, concretamente tras la zona de bateo; y era buena porque los bateadores fallaban muchas bolas que rozaban el bate y salían disparadas hacia atrás, una red protegía las que iban a baja altura, pero había algunas que se iban altas, describían una parábola y caían mansamente en las gradas donde los aficionados luchaban por atraparlas. Lo gracioso de aquel partido es que una bola cayó muy cerca de mi sitio, me puse un poco nervioso y al final la cogió uno que estaba dos o tres asientos a mi derecha. Andy me dijo que, a buen seguro, habría salido en la retransmisión de televisión intentado trincar la bola.

Eso de ver un partido de béisbol era un auténtico festival, me consta que aún sigue siéndolo. Los partidos de este deporte pueden ser larguísimos, de más de cuatro horas, sobre todo porque hay muchas pausas, muchos tiempos muertos y porque no hay limitaciones de tiempo, por lo que se pueden eternizar. Por eso, los aficionados necesitan entretenimientos extra, aparte de comer palomitas y helados que los vendedores ofrecen sin parar en las gradas, en la parte alta del estadio y rodeando prácticamente todo el campo de juego hay una oferta fabulosa: comercios, restaurantes de todo tipo, salas de juegos... De hecho, a lo largo del encuentro daba la ligera impresión de que el campo estaba con media entrada o menos, y en uno de esos largos y repetidos intervalos subimos a visitar esa zona, y claro ¡había más gente arriba que viendo el partido!, una marea de personas comprando, comiendo, jugando..., todo un espectáculo al más puro estilo yanqui.

Las reglas del béisbol son relativamente simples y te haces con rapidez a la mecánica de juego. Me sorprendía ante todo el protocolo y la parafernalia que tenían todos los jugadores, y especialmente el hábito de mascar chicle o tabaco, o comer pipas, y el no muy salubre vicio de escupir. Aquí escupe todo el mundo, el entrenador, el bateador, los receptores, todos y sin parar; bueno, todos no, los jugadores asiáticos no.

Sí, porque otro de los distintivos del béisbol mundial, es que en determinadas zonas de nuestro planeta se vive con una pasión desmedida y en otras es un deporte más o simplemente no tiene implantación. En la MLB hay una auténtica legión de jugadores hispanos, fundamentalmente de Cuba, Rep. Dominicana, Venezuela, Panamá, Puerto Rico y México y, por otro lado, tenemos los asiáticos, comandados por japoneses, surcoreanos y taiwaneses. El nivel en Japón es muy elevado y, de hecho, el jugador más valioso de la temporada pasada en la MLB fue el nipón Hideki Matsui. El béisbol es un deporte que se compenetra con el espíritu caribeño, largos ratos de espera y tranquilidad salpicados con momentos puntuales de activación, nerviosismo y frenesí, donde los artistas bailan un auténtico merengue con el palo, la bola o el guante.

Lo de los escupitinajos, lo de que asistir a un partido de béisbol es una forma de pasar el rato, la extensa duración de los mismos, la procedencia exótica de los jugadores, hacen que el béisbol sea un deporte “a su manera”.

Por cierto, hace apenas una semana que ha comenzado la MLB y la duda está en saber si un clásico como los New York Yankees que seguro que hemos oído alguna vez, revalidará el título. En España tenemos un liga muy modesta pero no exenta de rivalidad; y precisamente esta temporada puede terminar el dominio del último lustro de los Marlins de Puerto de la Cruz (Tenerife), superados en este inicio liguero por C.B. Sant Boi y ¿cómo no?, por el F.C. Barcelona.

sábado, 3 de abril de 2010

"LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN", DE BAHMAN GHOBADI

Tenía pendiente otro artículo para este fin de semana, pero ocurrió una de esas casualidades simpáticas de la vida, que más que dotarlas de un sentido sobrenatural, me las tomo como una agradable consecuencia de este juego caótico e imprevisto que es nuestra existencia.

Este pasado miércoles venía a mi casa un técnico para cambiarme la antena y poder ver, por fin, la dichosa TDT (por cierto, que si tengo ganas algún día escribiré acerca del engaño y las mentiras de la TDT). Estuvimos toda la tarde quitando la antigua y poniendo una más moderna y con más capacidad, ganancia en jerga antenista; al concluir la jornada y cuando ya limpié los restos que habían quedado de la batalla, me dispuse a ver una película.

Es curioso que tengo más de cien películas pendientes de ver en casa y tuve que elegir precisamente esa, “Las tortugas también vuelan”, del director iraní Bahman Ghobadi. Y es que nada más empezar unos chicos están colocando en una colina un puñado de antenas para intentar ver la tele, ¡vaya casualidad!

Con un comienzo tan procedente para una tarde de trabajos manuales, pude asistir durante noventa minutos a una historia auténticamente sobrecogedora. La película narra la historia de un grupo de niños y adolescentes en un campo de refugiados de Iraq, de mayoría kurda, muy cerca de la frontera turca e iraní. La acción se sitúa en un momento convulso, en vísperas de la invasión estadounidense de 2003, en su cruzada por derrocar la dictadura impuesta por Sadam Hussein, y precisamente sus habitantes están buscando sintonizar un canal que les anuncie la inminente guerra.

Se trata de una película de 2004, en la que un grupo de chicos capitaneados por su líder natural, Satélite, se las arreglan para sobrevivir extrayendo minas anti-persona de los campos aledaños y vendiéndolas o cambiándolas por otros artículos.

Podemos decir que hay seis personajes centrales en la película, todos niños o adolescentes y nos encontramos una auténtica “Parada de los monstruos”: un pequeño con serios problemas de visión, un joven sin brazos que predice el futuro y otro con una pierna inútil. Lo sorprendente es que son niños y jóvenes reales que, además, no tenían experiencia cinematográfica y que se enfrentan a este reto con una naturalidad que sobrecoge.

La vida de los personajes es narrada con una sencillez abrumadora, sin alardes. Una película de niños para adultos, porque los niños en sí, parecen estar curtidos por la vida, acostumbrados a luchar desde que tienen uso de razón y a convivir con escenarios impensables para nuestra sociedad burguesa y acomodaticia.

Ante todo el director nos propone una reflexión acerca de la guerra y las personas que la sufren, y es que por encima de las luchas de poder de los mandamases de cada país, detrás de cada guerra hay millones de personas nobles que no entenderán jamás el porqué, y que lo único que piden es poder vivir con un poco de dignidad.

La película, por otro lado, tiene también una trama humana paralela y es la de Agrin, una niña de apenas doce años, por la que está interesado Satélite, que es hermana del joven sin brazos y madre, sí madre, del niño con problemas de ceguera. Agrin tiene una lucha interna durante toda la acción, por separarse de las ataduras de una vida cruel, insensata y descabellada, en la que muy pronto tuvo que ser niña.

Ghobadi nos muestra una cinta conmovedora, tan crudamente real que no te deja indiferente; son noventa minutos de intensa enseñanza que yo recomendaría a grandes, pero sobre todo a nuestros jóvenes, pues les mostraría un mundo tan cercano y desconocido a la vez que podría remover sus conciencias.

Por último, me gustaría destacar que aparte de esta joya cinematográfica que consigue crear Ghobadi, con gran respaldo de la crítica; en este complejo trabajo de producir una película con niños y jóvenes sin experiencia previa en estas lides, me congratula saber que el director se preocupó tras el rodaje de mejorar las vidas de esos niños, en especial, la de aquellos con problemas físicos.