sábado, 25 de junio de 2016

SALVADOR CAÑELLAS, CON ÉL Y CON OTROS POCOS, EMPEZÓ TODO EN EL MOTOCICLISMO ESPAÑOL

Salvador Cañellas con su Bultaco TSS 125
Puestos a aficionarse a cualquier deporte en este país, el éxito del mismo va a depender, no nos engañemos, del seguimiento que se haga en la televisión y, salvo el fútbol, no precisamente en cualquier televisión, sino en la televisión en abierto. Es decir, que basta que cualquier deporte pase de emitirse en abierto a ser de pago para que pierda drásticamente el interés de un porcentaje muy respetable de los aficionados españoles.

Algo así le está pasando a la Fórmula 1 donde un Fernando Alonso lastrado por una mala elección de escuderías o sepa Dios, otros españoles que siguen sin explotar, a lo que se suma el aburrimiento supino de los grandes premios en los que no pasa nada de nada más allá del cambio de neumáticos, ahora encima le han clavado la puntilla de que te tienes que ir a los canales de pago o a verlo en Internet si quieres «disfrutar» de dos horas de rollo.

El motociclismo ha vendido y sigue vendiendo mucho en España, la lista de motociclistas es interminable, pero el interés ha decrecido porque ya ha pasado a ser de pago y las brutales retransmisiones que hacía Televisión Española y después las televisiones privadas (en abierto), que las tenías tan cerca como tu mando a distancia, ya no son accesibles a todo el mundo, y esto termina por no vender, algo que tendrán que analizar los que venden los derechos de televisión, porque en definitiva, el deporte vende si la gente lo sigue.

Pues eso, que motociclistas en España hemos tenido y seguimos teniendo muchos y muy buenos. Y el otro día, en el exitoso espacio televisivo «Mi casa es la tuya» que lleva Bertín Osborne, este tenía oportunidad de entrevistar a Ángel Nieto, un mito viviente del deporte de nuestro país; y nuestro grandísimo campeón recordaba que su legado sigue recordándose y perdura, precisamente porque ha seguido habiendo éxitos y otros motoristas han seguido su estela, aunque cabe recordar que no han llegado a las cifras de él, que fue un pionero, y que se concretan en esos 12 + 1 campeonatos del mundo en diversas categorías.

No obstante, fue un pionero, aunque creo que es justo recordar el hecho de que no se habla tanto, o en realidad nada, de los que precedieron o acompañaron a Ángel Nieto. De hecho, el personaje que traigo hoy a colación tiene el enorme mérito y privilegio de haber sido el primer español en ganar un gran premio en un campeonato del mundo, se trata de Salvador Cañellas, dato que seguramente desconocen la mayoría de los aficionados a este deporte.

Aunque fue coetáneo de Nieto, Cañellas es tres años más mayor y el 5 de mayo de 1968 (apenas llevaba yo un par de semanas en este mundo, ya ha llovido algo) este tarraconense se impuso en la carrera de 125 c.c., precisamente en el Gran Premio de España, que se celebraba en el que era por aquel entonces circuito urbano de Montjuic, que es también otro silencioso mito material del deporte español. La moto que pilotaba ese día era una Bultaco TSS 125.

Por aquel entonces convivían cuatro cilindradas y, de hecho, hasta hace veinticinco años no sólo había cuatro grandes premios, sino que hasta se integraban en los fines de semana del motor, las carreras de sidecar, de las que he hablado en una ocasión en este blog, una modalidad muy espectacular y con escaso predicamento en nuestro país.

Las crónicas de la época, curiosamente no ven la victoria de Cañellas como un hito, sino como algo hasta cierto punto normal, algo que tarde o temprano iba a llegar. Y es que ya eran unos cuantos españoles los que competían hace cincuenta años, y nuestras marcas de motos también hacían ya sus pinitos y ofrecían una imaginativa competencia a los trasatlánticos japoneses (competencia que hoy casi se ha perdido, pues el dinero y la tecnología están en el país nipón, de donde salen las mejores motocicletas de competición). Ahí estaban Derbi, Ossa o Bultaco que en los 60 y sobre todo los 70 del pasado siglo llevaban la voz cantante en las cilindradas más livianas.

Pero, como refiero, el triunfo de Salvador Cañellas formó parte de una progresión natural, pues ya hacía tiempo que competían otros pioneros, de forma más o menos esporádica, y no se puede decir que fueran unos locos, sino que hace cincuenta años ya se consolidaba la enorme tradición del motociclismo en España, así podemos citar a Manuel Varea, José María Mañer, Benjamín Grau, Francisco Giró, Carlos Cufí, Pedro Álvarez, Juan Bordons, Rocamora, Blanch...

La memoria de los españoles es muy corta, me temo que lo es especialmente difusa cuando se trata de logros del deporte ajenos al fútbol; el ejemplo de este deporte es muy significativo y, sin embargo, pese a la gran afición que seguimos teniendo, si las televisiones de pago no nos la socavan, no he visto que los medios de comunicación, ni los actuales ni aquellos derivados de las pretéritas y monumentales retransmisiones de TVE, hayan ofrecido el digno homenaje a Salvador Cañellas ni a todos esos pioneros.

Es justo decir que la mayoría de esos primeros motoristas eran catalanes, de hecho, Ángel Nieto (zamorano de nacimiento y madrileño de adopción) fue la excepción. Hoy día los pilotos siguen siendo mayoritariamente catalanes, aunque también y en menor medida baleares y valencianos, y curiosamente conozco a un par de chavales del sur que intentan hacerse hueco en el motociclismo y todo lo que no sea la costa levantina o Cataluña es casi como encontrar una aguja en un pajar, por lo que generalmente fuera de esas zonas tienes que gastarte mucho dinero y ser muy bueno para medio triunfar.

No quiero pensar que a Cañellas y a otros de su época se les ha denostado por el hecho de ser catalanes, y es que en este país nuestro tan puñetero, nos hemos acostumbrado a tener cierta animadversión hacia Cataluña, cuando realmente las personas están por encima de todo eso; todo este mal rollo lo generan los políticos que con su boina bien calada no hacen más que reivindicar unos regionalismos que cuando sales de tu país, te das cuenta de que no sirven para nada; por eso yo siempre me reivindico en que no soy más linarense-bailenense, andaluz o español, que ciudadano del mundo.

Y a todo esto, Salvador Cañellas fue un todoterreno en el término literal del término, fiel a lo que sucede en el mundo del motor que los pilotos lo pueden ser de motos y a la vez, en una especie de metamorfosis, de coches o camiones, este célebre personaje también fue piloto de sidecar, rallys y camiones y, de algún modo, su hijo, a la sazón Salvador Cañellas Jr., también siguió su estela en el mundo del motor.

En fin, recuerdos que de vez en cuando hay que sacar de los desvanes del pensamiento, de aquellas épocas esforzadas del motociclismo, donde había más músculo y habilidad y menos tecnología, y donde había un riesgo más que evidente, riesgo que hoy sigue presente, pues no hay más que rememorar el reciente fallecimiento de Luis Salom. Una época romántica donde, por ejemplo, imperaba el italiano Giacomo Agostini, que tiene el mayor número de campeonatos del mundo de la historia (15), cifra difícil de superar porque antes los pilotos acostumbraban a pilotar en un par de cilindradas y ahora no, los pilotos sólo centran la estrategia en una sola moto.

sábado, 18 de junio de 2016

CARIOCO, EL LOCO MÁS SIMPÁTICO DE LAS HISTORIETAS

Entrañable como pocos este simpático personaje salido de las manos y la mente del genial historietista barcelonés Carlos Conti; aún lo sigo recordando porque pese a que el personaje murió con su padre artístico (Conti falleció en 1975), sus viñetas siguieron reeditándose y comercializándose muchos años después, hasta el punto de que pude leerlas prácticamente todas con posterioridad a ese 1975. Dicho sea de paso, hay que destacar que uno de mis refugios en cualquier feria local se situaba en los puestos de revistas y tebeos, donde Pulgarcito, Tío Vivo y otras publicaciones similares eran moneda de cambio.

Eran tan moneda de cambio que, tal y como conocemos hoy los cómics, han quedado como una especie de reducto para friquis, que se reúnen en otras ferias, pero estas más especializadas. No obstante, en la década de los 70, incluso de los 80, para un niño comprar una revista de cómic era algo común, y sus personajes eran muy conocidos, capitaneados eso sí, por las dos parejas de moda, acaparadoras del éxito infantil como eran Mortadelo y Filemón, y Zipi y Zape.

Carioco nació siendo un personaje de manicomio, no, no que estuviera un poco chalado, sino que realmente vivía en un manicomio, o sea, era un loco de los de verdad. Pero Carioco tenía una locura simpática, la locura de las personas raras que siempre están queriendo explorar todo. Por aquel entonces, en aquel 1949 de su nacimiento, este personaje era bien hablado, casi empalagoso y una especie de defensor de los más débiles, de damiselas en apuros, pero también de la naturaleza, de la ciencia y del orbe entero.

Este Carioco era tan tierno y su locura tan nimia como escasamente peligrosa que gozaba de constantes permisos por parte del director del frenopático. Cuando salía al exterior, Carioco emergía con toda su imaginación al poder para reivindicarse a sí mismo, porque estaba loco, sí, pero loco por vivir y por desarrollar sus numerosas inquietudes.

Jamás han trascendido las razones por las que Conti decidió que «El loco Carioco», que es como se denominaba la historieta al principio, dejase el manicomio y se convirtiera en «Carioco» sin más, en 1953. Yo quiero imaginar que porque para el autor le era más sencillo y práctico no tener que proporcionar al personaje un constante «pase de pernocta» y lo liberó, pero siguió siendo ante todo un espíritu libre.

La ausencia de información y de entrevistas al padre de Carioco tampoco han podido mostrarnos las razones espirituales para crear al personaje y por qué ese nombre, pero lo que sí parece claro es que la relación entre la personalidad locuela y libre de Carioco se podría casar con esa carioca de colores que los niños lanzan al aire (por cierto, que llevo bastante tiempo sin ver una) y que, caprichosas, nos muestran sus colores al viento.

Pues en 1953 Carioco abandona el sanatorio y se va a vivir solo; con el abandono de esa situación de teórica protección, el personaje también abandona su sofisticada verborrea. Y ya sí, con la libertad plena, su mente libre no hará más que fabricar episodios cómicos que eran la auténtica piedra angular de este personaje.

No se le conoce oficio concreto, salvo la alusión autorreferente en algunas historietas de su trabajo semanal en la revista Pulgarcito, no obstante, esa situación de desempleo no es especialmente preocupante y tampoco hay correlación directa con su situación económica, pues tanto se le ve sin un duro, como rompiendo una opípara hucha para darse un caprichito.

Carioco puede estar loco o un pelín trastornado, pero tal vez eso se pueda confundir con su trepidante ingenio. Carioco quiere ser escritor, dibujante, escultor, aprender idiomas, ser el mejor comercial..., y aunque sus incursiones en esos mundos sean más que efímeras, no se le puede negar que talento tiene. Por si fuera poco, ese talento también lo hace fluir de vez en cuando hacia invenciones de todo tipo, máquinas utilísimas o imposibles que conllevarán más o menos éxito no porque sean de utilidad pública sino porque sean de utilidad para el propio Carioco.

El hecho de que Carioco viva solo y que, además, no exista un personaje secundario relevante (tal vez la portera de la casa de pisos donde vive, o un señor bajito con gafas muy ilustrado que se repite con diversos nombres en muchas historietas), no quiere decir que este ser encantador sea un solitario, ni mucho menos, es todo lo contrario, es un ser social, un ser inquieto que tiene como concepto genérico el hacer posible un mundo un poco mejor.

Y dicho esto, Carioco era un personaje infantil o más exactamente, apto para todos los públicos. Era ante todo divertido, Conti le proporcionaba una retahíla de gags a través de sus diálogos y sus peripecias que lo hacían muy gracioso, más si cabe que los consabidos Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape, en los que primaba casi más el humor visual, en el que el dibujo era pieza esencial.

Carlos Conti
Conti cuenta historias e ilustra levemente con sus dibujos, de rasgos muy básicos, los personajes y un escenario que algunos han venido en llamar abstracto, casi picassiano. Y el chiste está por encima del dibujo. Aunque eso no quita que alguna vez este historietista tirara de chichones, persecuciones o explosiones para subrayar su mensaje; y es que el bueno de Carioco era ante todo una buena persona, un ser noble e inocente, pero en buena parte de sus historietas no acaba bien, o porque su pretensión no llega a buen puerto, o porque termina directamente apaleado, detenido o perseguido, pero aún así, no sufre, es capaz de tirarse a una piscina de agua tres veces y mientras es llevado al hospital sonríe de felicidad.

Carlos Conti fue un combatiente en el bando republicano en la Guerra Civil, entiendo que su intervención obligada no afectaría a su vida posterior, de hecho, trabajó siempre en el mundo del tebeo en la España franquista y tampoco he podido constatar que la censura le molestara mucho. Carioco no tiene nada de crítica social, aunque si se rebusca se encuentra, todo es interpretable, como he comentado antes, era un personaje muy divertido y nada más. ¿Y nada más? Su personalidad libre también se correspondía con cierta extravagancia al vestir, siempre con impecable traje rojo, con una corbata que se remataba en la base con un portentoso lazo, era como una mezcla de corbata y pajarita muy original y que yo jamás he visto en ningún otro contexto, y eso sí, siempre traje rojo, siempre traje rojo, ¿era un mensaje subliminal?

sábado, 11 de junio de 2016

MI ÁLBUM "DINERO DE TODOS LOS PAÍSES", UN RECUERDO DE LOS COLECCIONABLES DE CROMOS DE LOS 70

Pues llevaba tiempo buscando este álbum y apareció, y como suele ocurrir, por casualidad, cuando precisamente estaba buscando otra cosa y no eso. Y es que tenía ganas de escribir sobre este álbum, pero no por este en concreto sino por el recuerdo de una época de infancia en la que las colecciones de cromos estaban a la orden del día. Ahora, apenas sobrevive la típica colección de cromos de futbolistas de cada temporada, y eso porque es fútbol, aunque sin punto de comparación con respecto a la afición que teníamos los niños de mi época por la colección de cromos de diversa temática.

Este álbum de «Dinero de todos los países» pasa por ser de los pocos, por no decir el único, de los que conseguí rellenar al completo, de los muchos que a buen seguro inicié. Aparte de ello, y no menos importante, es que aún lo conservo, el único, ciertamente un poco deteriorado, tanto que hasta perdía la portada, porque como me decía un maestro, la cultura hay que estropearla porque es señal de que uno le ha metido mano, en clara alusión a aquellos que traían sus libros a clase como si fueran nuevos, seña inequívoca de su escaso uso.

Pero, ante todo, lo que me trae muy buenos recuerdos es que, al menos en el colegio en el que yo estaba, no tenían ningún tipo de reserva en recibir algunas donaciones representadas en varios álbumes y montones de sobres de cromos, de tal guisa que a cada alumno le correspondía un sobre como poco, y los álbumes, a razón de dos o tres por clase, se sorteaban a la sazón en cada aula. Desconozco si los profesores o la dirección del colegio recibían algún otro parabién por esta cualificada difusión. El negocio era redondo porque nada más salir del colegio la tienda de enfrente ya tenía un buen cargamento de sobres de dicha colección; precisamente en el cole que yo estaba esa era una tienda que tenía de todo, era una especie de «todo 100» de los años 70, donde había dulces, fruta, papelería y todos los sobres de todas las colecciones que previamente los avezados comerciales del ramo habían divulgado en las aulas.

Ni que decir tiene que el que conseguía resultar premiado en uno de esos sorteos, de algún modo, se obligaba a continuar esa colección. Colecciones que, por otro lado, no eran baratas, pero tampoco tenían unos precios desorbitados. La ventaja, por aquel entonces, del coleccionista infantil es que no era una isla en medio de la nada, si tú juntabas cromos de tal o cual colección, muchos niños de tu cole también lo hacían, y eso facilitaba mucho encontrar los que te faltaban a base de los correspondientes trueques; inolvidable aquella frase, hoy prácticamente eliminada del vocabulario de los niños, «tengo repes».

Es más que probable, por no decir seguro, que este álbum lo terminé coleccionando porque me tocó en uno de esos sorteos, y no creo sinceramente que me interesara ni más ni menos que otras colecciones de cromos, es más, recuerdo algunas colecciones chulísimas que seguro que hoy me hubieran servido más que esta de billetes mundiales, algunos de ellos ya inexistentes por los lógicos cambios de moneda y renovaciones de seguridad que han sufrido. De hecho, si tuviera que recordar alguno de esos álbumes, tal vez el que más me impactó fue uno de indumentarias de guerra, armamentos y vehículos, que hacía un impresionante repaso histórico, en unas imágenes muy coloridas y de mucha calidad, lo que denotaba el interés, no sólo lucrativo, sino también didáctico de las empresas dedicadas a estos quehaceres.

A todo esto, hay que señalar que todos los álbumes se configuraban como pequeños o no tan pequeños documentos de consulta, donde los cromos que se pegaban eran las ilustraciones de esa especie de publicación temática. Y con cierta precisión al lado de los cromos o debajo de ellos se explicaba algo referente al cromo, o directamente se contaba algo en alusión al tema que representaba la imagen. En este que traigo a colación se aprovechaba para señalar algunas características sociales, políticas y económicas del correspondiente país.

Dos razones imperaban para que aquellos álbumes de cromos funcionaran, por un lado, era un vehículo de expresión cultural y, por otro, era un entretenimiento. Justo son esas mismas razones, pero analizadas desde otra perspectiva las que han hecho que ya no existan. Efectivamente, ya no hay necesidad de buscar información novedosa o inaccesible en una colección de cromos (hoy hay otros coleccionables que no van en la línea de transmitir cultura, sino más bien de alimentar hobbies, esos que se venden cuando termina el verano), puesto que a golpe de clic tenemos a nuestra disposición, en cualquier momento, la enciclopedia más grande del mundo; este es también el mismo fundamento que ha provocado que tampoco se vendan esas enciclopedias de antaño que hoy ocupan un lugar digno en los salones o comedores de nuestros padres. Tampoco tiene mucho sentido ofrecer este producto a los niños porque las dosis de entretenimiento las tienen aseguradas con toda esa plétora de aparatos electrónicos que nosotros como adultos no les negamos, aunque no las tengamos todas con nosotros, llámese móvil, tableta, ordenador, consola...

Aquello era cultura, estábamos ansiosos o al menos yo lo percibía así, y este ajado álbum, por ejemplo, me permitió aprender algo más acerca de la geografía de los países que, dicho sea de paso, como buen filatélico que soy, es una de las disciplinas que más me gustan, aunque echo de menos el tener más posibles para viajar y contrastar in situ los pocos o muchos conocimientos que uno tiene.

Pues eso, aquí mi pequeño homenaje a esas colecciones de cromos de los años 70 y también a esta editorial valenciana llamada Difusora de cultura, S.A. (DIDEC), que mucho me temo por la ausencia de referencias en Internet que murió como murieron aquellos clásicos álbumes de cromos.

sábado, 4 de junio de 2016

SIGUR RÓS, NUNCA SUPISTE QUE CONOCÍAS UNA CANCIÓN CANTADA EN ISLANDÉS

Terminados ya los fastos de Eurovisión y sus extravagantes designios, uno sigue pensando en esta oda al friquismo más acendrado, que no es sólo ya de nivel continental sino que aspira a convertirse en esperpento global por aquello de que ya participa Australia; este festival cada vez se aleja más de la realidad y de la calidad, vendido a intereses geográficos, donde la cercanía con focos de influencia impera sobre los países más poblados de Europa, que suelen salir defenestrados de este evento (España, Gran Bretaña, Francia, Alemania o Italia) en lo que a puntuación se refiere y posibilidades de victoria.

En esta feria musical (tómese feria en el sentido vulgar de la misma) que, dicho sea de paso, ya no veo prácticamente nunca, no encuentro calidad en las canciones, de hecho, la mayoría de las ganadoras no trascienden a las listas más relevantes de las radios musicales europeas, pese a las consideraciones económico-comerciales que estas tienen. Al albur de ello, se me ocurrió pensar en alguna música o algún grupo que supusiera, de algún modo, un poco de la esencia europea, si es que en realidad tenemos algo que nos une a los europeos.

El grupo que traigo hoy a colación es, como poco, curioso, Sigur Rós o Rosa de victoria es un grupo islandés y canta en islandés. Islandia, a propósito, pasa por ser uno de los países más increíbles de nuestro planeta, con apenas 330.000 habitantes, algo más de la mitad de la población de la provincia de Jaén, estos viven en un espacio inmenso (una quinta parte del territorio de España) donde la naturaleza se revela plena, feraz y hasta brutal por aquello de que muchos de sus territorios son escasamente visitados por el ser humano. Por cierto, la capital Reikiavik tiene la misma población que Jaén capital, y solo otras cuatro ciudades superan los 10.000 habitantes, la cuarta ciudad del país (Akureyri) tiene casi la misma población que Bailén, pero es que la vigésima localidad de Islandia no llega a los 2.000 habitantes.

Se podría hablar mucho de Islandia, tanto que si no dijéramos la población, nada la separaría en cuanto a número de noticias que genera y actividad de cualquier país de mediana población de la Europa continental y, sin embargo, apenas suman ni tan siquiera para ser el barrio populoso de cualquier gran urbe europea. Eppur si muove como diría Galileo Galilei (aunque algunos dudan que sea suya esta frase), nada más basta con asomarse al balcón del deporte para asombrarte de lo que puede hacer un país tan escasamente poblado pero tan avanzado y tan bien organizado a nivel deportivo, jugarán la Eurocopa de fútbol 2016, han jugado campeonatos de Europa de baloncesto, así como mundiales y Juegos Olímpicos de balonmano (subcampeones olímpicos masculinos en Pekín 2008), de hecho, este es considerado su deporte rey con permiso del fútbol.

Y, por supuesto, también hacen música, Sigur Rós no es un grupo ni conocido ni tampoco reconocido, no desplaza masas enfervorizadas aunque tiene un público fiel y que valora su buen hacer, y a todo esto y con cierta relevancia, tal vez sea esa la razón por la que hoy les ha tocado que les hiciera en esta bitácora un modesto homenaje, son tan buenos que todos hemos escuchado alguna vez algún tema suyo, que nos ha gustado y jamás hemos imaginado que estaba cantado en islandés.

El papanatismo eurovisivo que ya ha inundado España con eso de que tengamos que participar con una canción en inglés, para seguir quedando tan mal como siempre, por cierto yo abogo por dejar de participar; pues ese papanatismo nos quiere hacer creer que las canciones para que vendan tienen que cantarse en inglés, porque yo lo valgo. A nadie se le ocurriría pensar que la canción estrella de Sigur Rós, Hoppípolla, es menos brillante porque no está cantada en inglés, esto es un convencionalismo que hemos aceptado porque el inglés es el idioma de uso común más extendido de Europa, no es ni más bonito ni más feo, ni más sonoro o más chirriante que otro, como hemos aceptado que el fútbol es el deporte rey y ahí sí que estoy convencido que ni es el más brillante ni el más entretenido de todos.

Yo intento escuchar música para no acostumbrar mis oídos a ese producto comercial, a veces bueno y a veces no tanto, que quieras o no escuchas en todos lados. Este último fin de semana escuché la preciosa voz portuguesa de Teresa Salgueiro de Madredeus y estuve explorando los potentes grupos japoneses de rock que abastecen el actual panorama musical nipón.

Dicho esto, reitero que Hoppípolla no sólo es una bellísima canción sino que la conocemos, seguro que la hemos escuchado alguna vez y suena fantásticamente aunque no entendamos lo que dice, o ¿es que nos preocupamos de saber lo que dicen las canciones en inglés?

Hoppípolla significa literalmente Saltando en los charcos, canción que trascendió no sólo porque se ha escuchado en televisión y ahora comentaré dónde, sino que su vídeo musical de presentación tuvo cierta relevancia. Hay que decir que Hoppípolla forma parte del elenco de temas que conforman su elepé Takk... (Gracias), su cuarto trabajo, publicado en 2005, y aquel vídeo tan entrañable mostraba un grupo de ancianos que hacían travesuras para luego enfrentarse contra otro bando de abueletes en una recia batalla de globos de agua, sumamente encantador. Por otro lado, viendo el documental Heima de su gira gratuita en 2006 en Islandia tras volver de su gira mundial, es cuando yo creo que deduje para mí que, de algún modo, ahí se mostraba la esencia europea, una esencia que se destila porque tenemos una forma de ser que es muy diferente a los norteamericanos, somos Europa, la vieja Europa que lleva muchos siglos alimentando una cultura más o menos común. En ese vídeo de Heima, Sigur Rós toca al aire libre en un valle, mientras la gente escucha desenfadadamente este bello tema; los islandeses que, en verano tienen una primavera suavita, van animándose delicadamente hasta que en el éxtasis de la canción a todos les sale abrazarse entre sí.

Hoppípolla la hemos podido escuchar en anuncios de coches, en un anuncio de Médicos del mundo, incluso ha sido cabecera de promocionales de Discovery Channel. Sigur Rós ha aparecido en Los Simpson y han participado con algún tema en la exitosa serie Juego de tronos. En sus «colaboraciones» en anuncios, algunas veces aparece la canción directamente y otras siendo plagiada de manera inmisericorde. Pero lo que es más curioso es que a Sigur Rós no le ha preocupado excesivamente esto, ni siquiera han demandado por no haber cobrado sus regalías como tiene que ser, sino que han entendido que era una manera magnífica de publicitarse.

Sigur Rós no es precisamente un grupo de rock al uso, es más Hoppípolla yo diría que se les salió de madre; conformado como un grupo de post rock o rock alternativo, su música da la sensación de ser un poco depresiva o deprimente, no sé cómo expresarlo, está hecha con descuido, pero a la vez con garra; buena parte de culpa de esta mi sensación la ofrece el vocalista Jónsi Thor Birgisson que en muchas de sus canciones interpreta con falsete, aparte de que ha inventado una jerga llamada vonlenska de la cual introduce alguna frase (incompresible) en muchos de sus temas, también en Hoppípolla.

Birgisson, que también toca la guitarra, está acompañado por Georg Hólm en el bajo y Orri Páll Dýrason en la batería, en un proyecto que se mantiene vivo desde 1994.

Se trata de una banda veterana y muy festivalera, se recorren medio mundo cada año, también han estado en España, y curiosamente y sin haberlo previsto, el día que publico esto, el 4 de junio de 2016 tocan en Barcelona, me pilla un poco lejos y sin tiempo de reacción.

En fin, toda una experiencia disfrutar y sentir con Sigur Rós, el rock bien hecho, la calidad al servicio de la calidad, olvidándose de exigencias comerciales; si tienen que cantar en islandés lo hacen, también cantan en inglés, pero no pierden su norte, son auténticos, son tan auténticos como los abueletes que saltaban en los charcos.