sábado, 26 de diciembre de 2015

CLÁSICOS POPULARES Y EL ENTRAÑABLE FERNANDO ARGENTA

Triste, muy triste me sentí cuando me enteré de la muerte de Fernando Argenta, una de las personas que más han contribuido a la música clásica en este país y que, sin embargo, ni se le ha hecho el debido homenaje y, por otra parte, el legado que nos dejó está pasando velozmente al olvido sin que nadie tenga intención de evitarlo.

Fernando Argenta fue un locutor radiofónico, músico y ante todo un gran divulgador de la música clásica. Con su programa «Clásicos populares» en Radio Nacional de España estuvo más de treinta años ejerciendo esa labor de difusión, que de una manera didáctica nos acercaba la música que pudieron escuchar nuestros antepasados.

Desde 1976 y aunque no siempre presentó Fernando el programa, estuvo en antena, siendo un formato de su invención, en el que a lo largo de esas tres décadas y con una metodología muy amena pudo repasar toda la historia de la música, los instrumentos, compositores, cantantes...

Yo no soy un fanático de la música clásica, pero más que nada por falta de tiempo, y porque hay músicas (modernas) que me apasionan más; aunque bien es cierto que mi deriva hacia la música New Age tiene bastantes similitudes, salvando las distancias temporales, con la música clásica. No obstante, lo cierto es que cuando escuchabas el programa de Fernando Argenta, no era aburrido, él y sus colaboradores lo hacían muy entretenido.

Tuvo que lidiar el bueno de Fernando Argenta con numerosos cambios de horario en todos esos años, de hecho, aunque yo conecté con el programa en diversas épocas, la que más seguí con asiduidad fue la última en la que el mismo se desarrollaba entre las 3 y las 4 de la tarde, hora a la que suelo comer.

Naturalmente estoy hablando en pasado del programa no porque con la muerte de Argenta hubiera desaparecido su creación, sino porque en 2008, el 31 de julio para ser más exactos, el programa se cerró con la jubilación anticipada de Fernando. Desde 1976 a 2008 divulgándose la música clásica en la radio pública y la jubilación de su hacedor precipitó su cerrojazo, como si de verdad molestara el programa, o no se pudiera haber seguido con savia nueva para continuar con la labor tan instructiva de su valedor.

Fernando Argenta fue un hombre comprometido con la música y su prematuro óbito realmente me llegó muy dentro, apenas tuvo cinco años de disfrute de su jubilación cuando un cáncer de páncreas nos privó de haberlo visto en alguna ocasión en la tele, en radio o cualquier acontecimiento adonde la música estuviera presente. Y sí, parece como si yo hubiera conocido a este personaje, pero es que lo conocí, y es que en esa intensa labor divulgativa Fernando Argenta tuvo una vida profesional intensísima, de hecho, con su programa «El conciertazo» dio el salto a la pequeña pantalla, como una forma de acercar la música a los más pequeños, este programa duró en TVE de 2000 a 2008, también TVE abandonó el programa con la prejubilación de Fernando; por cierto, los derechos de este programa se vendieron a algunos países y al parecer sigue funcionando más que bien. Pues a lo que voy, ese programa de televisión tenía una versión extendida al público en general, que era casi como decir que era una salida a la calle de «Clásicos populares», pues el producto se vendía a los ayuntamientos, probablemente a escuelas de música o conservatorios, y el programa se llevaba a casas de la cultura, auditorios, teatros..., para que los pequeños y no tan pequeños pudieran ver, de algún modo, el desarrollo televisivo del programa en la realidad, pero sin cámaras.

Fernando Argenta con la Unión Musical Bailenense
Fernando Argenta estuvo en Bailén en junio de 2007, en un sábado en el que la Casa de la Cultura de mi pueblo estaba a reventar. Fernando Argenta derrochaba bonhomía a través de las ondas radiofónicas, su voz cálida, simpática, sus giros humorísticos a veces, lo hacían parecer una de esas personas que decimos que son «buena gente», incluso su cara, de la que siempre se dice que es el espejo del alma, también contribuía a esta sensación; pero es más, se percibía que era un hombre que conectaba perfectamente con los niños y los hacía reír, sin forzar, simplemente porque era así.

Fue un concierto delicioso, entretenido, divertido..., con el punto gravitatorio en la música, en la orquestas, esa joya que no puede faltar en ninguna ciudad que se precie, en esa banda de música que ameniza, alegra y acompaña cualquier acontecimiento importante de una localidad.

El programa radiofónico fue reciclándose a lo largo del tiempo y tuvo de todo un poco, concursos, biografías, algo de humor, mucha historia, un repaso a todos los conceptos musicales habidos y por haber, los instrumentos, las partituras, los períodos históricos... En esos concursos, en alguno participé, se proponía por ejemplo llanamente el elegir al mejor tema clásico del año, una especie de «40 principales» a lo retro.

El programa no sólo se quedaba en la historia propiamente sino que daba un paso más, ejercía una profunda labor investigadora, que con el tiempo dispuso del apoyo de Internet. Nunca podré olvidar el día en que nos reveló la existencia de una compositora austriaca de sonoro y común apellido español, como fue Marianne von Martínez, la cual llegó a convivir en la época de Beethoven y Mozart y conocerlos personalmente, personaje femenino que jamás volví a escuchar tras aquella sorprendente revelación radiofónica.

Curiosamente cuando uno tiene un hijo desea que este le supere, y Fernando Argenta tuvo el honor de superar en popularidad a su padre, el compositor Ataúlfo Argenta, el cual desde arriba seguro que estaría orgulloso de ese hijo al que alimentó el gusto y amor por la música, y eso que en su juventud Fernando hizo sus pinitos en el rock allá por los años 60 del pasado siglo, con su grupo Micky (sí el Micky de «Enséñame a cantar») y los Tonys, tocando la guitarra.

Pues nada, desde aquí mi recuerdo entrañable a Fernando Argenta y a sus «Clásicos populares» que murieron casi juntos en una comunión espiritual que tan solo podrá borrarse cuando los que aún recordamos aquellas simpáticas sobremesas lo dejemos de hacer. Fernando fue de esas personas que da la razón al aserto de que «siempre se nos van los mejores».

sábado, 19 de diciembre de 2015

"¡QUEMAD BARCELONA!", DE GUILLEM MARTÍ

¡Qué apasionante es la historia y cuántos episodios que aún desconocemos nos tiene que deparar! Pues sí, porque hay tantos relatos de la historia que están pendientes de descubrir, que están dormidos en las hemerotecas o en los polvorientos archivos de múltiples instituciones, que cuando ven la luz, se dotan de un halo y una brillantez inclasificables.

Algo así le ocurrió a este escritor novel, Guillem Martí, que indagó en la historia del hermano de su bisabuelo, Miquel Serra i Pamiès, consejero de Obras Públicas de la Generalitat durante la Guerra Civil y destacado miembro del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña), el cual sacrificó sus ideales y casi su vida por salvar a Barcelona de la destrucción más absoluta.

La parte real de la historia nos dice que a Miquel se le asignó por parte del Komitern ruso, dado su cargo, la coordinación de las tareas para destruir las infraestructuras más importantes de la Ciudad Condal (fábricas, líneas de metro, vías de comunicación, conductos de agua potable y fuentes de energía, etc.), ante la inminente llegada de las tropas franquistas en el final de la Guerra Civil; una especie de estrategia de tierra quemada que pretendía devastar la ciudad, aun con la asumible inmolación de miles de vidas humanas, para que el previsible nuevo Estado de distinto signo tuviera que sufrir e invertir para rehacer una capital clave de nuestro país, y de paso también para evitar que Barcelona pudiera servir como centro logístico para la Alemania nazi en una Guerra Mundial que ya se presumía inminente.

Serra i Pamiès dilató, confundió y procrastinó hasta la saciedad para no cumplir taxativamente las órdenes de Moscú; eso le reportaría problemas posteriores y el acabar teniendo una vida en el exilio, en México, sin posibilidad de poder volver a España y sin el apoyo de la Unión Soviética, cerrado por ambos lados. Este acto de heroísmo y de sacrificio de su propio destino es el que ha sacado a la luz este joven escritor de su tío bisabuelo.

Con esa potente esencia de la historia que, curiosa y sorprendentemente, ya le sirvió a Guillem Martí para que fuera su trabajo de investigación de final de Bachillerato, y que suponía un monumental esfuerzo para un estudiante inexperto y todo un dechado de precocidad; sólo tenía su autor que esperar a que le llegara la madurez por edad y el apoyo de alguna firma editorial para construir una novela que parte del hecho principal y que entrelaza historias inventadas, pero muy bien traídas y que le dan una pátina de historia completa y recia, perfecta para una teleserie o para una película.

En la novela se va narrando la apasionante historia real del pariente de Guillem Martí, a la que se van a añadiendo episodios históricos, a modo casi de documental, que ocurrieron en los últimos días de la Guerra Civil en Barcelona y alrededores, así como un relato cronológico de los hitos más relevantes de esas jornadas postreras de una capital catalana que se preparaba para la llegada de las tropas franquistas; mientras quienes podían, hacían las maletas con lo más preciso y huían hacia Gerona y posteriormente a Francia. Pero aparte, para ofrecer un relato más novelesco, Martí, ha creado una serie de personajes en torno a Serra i Pamiès y a su mujer Teresa Puig que camina paralelamente a la historia real; es por supuesto, una historia inventada pero muy bien hilada, y tan bien construida que engalana mejor la esencia de lo que fue real.

Efectivamente porque este autor, nos personifica en Yuri Lazarev miembro del Komitern ruso en Barcelona, la presión a la que fue sometido Serra i Pamiès; también la existencia de Corbacho, un sargento madrileño del bando republicano que ha desertado y que conoce casualmente a la novia de Lazarev, Trini; esta es una cantante de cabaret, con la que nacerá una historia de amor precipitado, fugitivo y pasional, muy presente en la novela, que tendrá una importancia decisiva en el desenlace del libro. Y es que todos al final luchan contra el malo, Lazarev, intentando ayudar al bueno, Serra i Pamiès, a salvar su vida, la de su esposa y también a intentar y conseguir que la estrategia destructiva del comunismo ruso no llegue a buen puerto.

Con el anzuelo lanzado y tragado casi por completo por Lazarev, el ruso va atando cabos y no tardará en descubrir el engaño, a partir de ahí, la historia inventada es la que cobra más fuerza a medida que avanza el libro, y que casi le da el aspecto de novela negra. Muy interesante la trama y el desenlace, con un progresivo nivel de tensión y de necesidad de ver qué ocurre. En este sentido, es muy de agradecer que un escritor sin experiencia literaria haya sabido estructurar de una manera tan atractiva y ortodoxa toda la novela, hasta el punto de que cuando avanzas por sus páginas y te acercas al final más urgencia tienes de llegar a su desenlace, muy efectista.

Tal vez, por poner un mínimo reproche, los saltos que hace el autor hacia historias aisladas, de personas anónimas que participan en la Guerra, y que nada tienen que ver con la historia principal, yo diría que sobran en algunos casos, y entorpecen cuando la trama esencial está en su punto álgido.

Importante valor historiográfico tiene la presencia en la novela de personajes históricos que convivieron en esa época y en esas fechas críticas con Serra i Pamiès; igualmente este autor realiza un esfuerzo por imaginar diálogos y actuaciones de políticos y militares, en aquellas reuniones, conversaciones, llamadas de teléfono, que realmente ocurrieron y que están documentadas en las hemerotecas y que también nos acercan a esas personalidades clave en aquel convulso período de nuestra historia: Carrillo, Líster, Companys, Tarradellas, Comorera...

Desde luego el género narrativo está de enhorabuena con el soplo de aire fresco de Guillem Martí, y me temo que su perfil profesional, dedicado al mundo de la empresa, podría girar de rumbo; es más, sin duda, veo en la historia posterior de huida a Francia de Serra i Pamiès, juicio y prisión en Rusia, su posterior fuga a Japón y después a América (muy de película), y definitiva instalación en México, da para una nueva novela; considerando que a su mujer encinta, por otro lado, la dejó en Francia y que a ella le transmitieron que su marido había muerto; finalmente al término de seis años se reencontraron en México.

Un buen libro navideño, ¿por qué no?, y una literatura sana muy indicada para aquellos que les guste explorar en autores noveles y que de partida no debieran ser muy comerciales.

sábado, 12 de diciembre de 2015

DANNY WRIGHT, EL PIANISTA DE LA ETERNA SONRISA

La amplia sonrisa de Danny Wright pretende casi mostrarnos la viva imagen sonora del piano, el instrumento musical por excelencia, el centro gravitatorio de casi toda la música. Cuando escuchamos un piano tenemos la necesidad aunque sea por un momento de permanecer inmóviles y descubrir de dónde sale esa música, qué se está tocando, qué virtuosas manos lo acarician.

El piano es un instrumento polifónico, es decir, que permite que se puedan extraer de él varias notas musicales al mismo tiempo, que unidas conforman armonías; a veces no necesariamente, pues en las músicas vanguardistas esta regla no tiene por qué cumplirse.

Esta tremenda versatilidad del piano, que generará de manera infinita composiciones geniales mientras que el mundo sea mundo, es el instrumento en el que se maneja el genial Danny Wright que nos aporta ese aroma de simpatía que despierta en cualquiera de nosotros el sonido de un piano.

Acostumbro en no pocas ocasiones, como una forma creo que óptima para impulsar la creatividad de nuestra mente, a imaginarme una película cuando escucho un tema musical, es decir, me invento mi propio videoclip, y escuchando a Wright estos pasados días de asueto, las secuencias que evocaba eran serenas, yo mismo dando un paseo al lado de un riachuelo del que se escuchaba el murmullo del agua, acompasado con mis pisadas que quebraban delicadamente las hojas caídas de los árboles que jalonaban su curso en un mediodía otoñal.

Y a todo esto, ¿quién conoce a Danny Wright? No se puede decir que sea un actor secundario, es conocido en su ámbito, aunque salvo en su país, Estados Unidos, en el resto del mundo puede resultar bastante desconocido. No obstante, lo rescato aquí porque hace años que lo descubrí y desde entonces de vez en cuando lo escucho para meditar o concentrarme a la vez que saboreo música de mucha calidad.

La necesidad de concentración no es ajena a la infinidad de personas que en algún período de sus vidas la han requerido para múltiples objetivos. Particularmente recuerdo que en mi época de estudiante tenía (y tengo) varias cintas de casete con el popular Richard Clayderman, un pianista francés de larga cabellera rubia que se destacó en la década de los 70 y los 80 del siglo pasado y del que hace años se oye bien poco, como si se lo hubiera tragado la tierra, y eso que no es muy mayor, nació en 1953. La música de Clayderman era ese resorte aterciopelado que te permitía acoplarte con la materia en cuestión. Materias que dicho sea de paso, cuando uno estudia algo genérico tiene partes que gustan y otras que no, en las que gustaban era y es fácil concentrarse, pero no tanto es las más áridas, en esas es en donde requerías de un refuerzo externo para hacerlas más llevaderas.

Richard Clayderman se convirtió en un experimentado versionador, pero más allá de eso no se le conoce una contribución relevante al mundo de la música en el apartado de la creación original; por contra el sonriente Danny Wright no sólo tiene versiones muy buenas de melodías tremendamente conocidas, en concreto las interpretaciones que hace de algunos temas principales de películas me parecen más que sobresalientes; sino que además es un gran compositor que se vale de su piano y también a veces de una cierta orquestación para obsequiarnos con unas melodías absolutamente melifluas y arrebatadoras.

Este pianista estadounidense saltó al panorama musical allá por 1986, un auténtico virtuoso de este instrumento polifónico que se mueve en un entorno difícilmente encasillable, así jazz, contemporánea, ambiental, New Age, ligera y clásica. Este músico texano con un perfil espiritual y con grandes vinculaciones con organizaciones benéficas, quedó encadenado a la música desde bien pequeño, con cuatro años recuerda su familia que ya improvisaba en el piano de casa la música de Dr. Zhivago, lo que obligó a sus padres a canalizar ese talento excepcional con una formación académica especializada en este ámbito. Y desde ahí, una vida de pasión por la música y de querer compartir humildemente su don con todo el mundo. Se habla de él que es una persona afable y muy cercana, hasta el punto de que en su página de Facebook se puede hablar con él sin ningún tipo de frontera. Es más, se cuenta que algunos de sus seguidores le han inspirado con sus comentarios o con sus vivencias algunas composiciones que son inopinadamente para aquellos un auténtico regalo del alma.

A Danny se le ha calificado como «El sanador de corazones» por su música emotiva, y porque pretende con su música elevar el espíritu y el corazón de sus seguidores; ese rango espiritual se acentuó en 2009 cuando su madre superó un cáncer de mamá y desde entonces colabora con esta causa, amén de otras muchas colaboraciones a través de conciertos benéficos en favor de los animales, la lucha contra el SIDA, los derechos del niño.

Últimamente se ha convertido en empresario, produciendo y distribuyendo sus propios discos que se pueden encontrar fácilmente en la Red. Por cierto que aconsejo fervientemente varios álbumes que tiene de música navideña y que puede ser un regalo fantástico para estas fechas que se avecinan.

Danny Wright realiza conciertos en solitario o colabora con otros músicos para los que compone, su sello es indeleble. Ha vendido más de siete millones de álbumes repartidos todo el mundo y no cede, aun siendo ya maduro, pienso que su madurez artística está por llegar, va mejorando con el tiempo, como el buen vino. No dudéis en escucharlo alguna vez si necesitáis que vuestra mente se centre en algún proyecto.

sábado, 5 de diciembre de 2015

"LA HUELLA DEL CRIMEN", DOCUMENTOS HISTÓRICOS DE LA CRÓNICA NEGRA ESPAÑOLA

«La historia de un país es también la historia de sus crímenes, de aquellos crímenes que dejaron huella», con esta frase un tanto lapidaria y una música inquietante comenzaba una serie de TVE que a lo largo de varias temporadas y episodios ha ido llenando de vez en vez nuestra pequeña pantalla.

Una serie con producción de Pedro Costa y que a lo largo de sus tres temporadas ha generado un total de catorce capítulos, independientes entre sí, y una película. Pedro Costa ha utilizado siempre un hábil formato de distribuir sus guiones entre diversos directores, incluido él mismo, para darle más juego a la serie y que no se solidificara.

La primera temporada fue en 1985, la segunda en 1991 y la tercera en 2009. La cercanía en el tiempo de la tercera entrega, con crímenes contemporáneos, nos puede hacer pensar que la serie, en este sentido, no está cerrada, y teniendo en cuenta el largo período de tiempo que pasó entre la segunda y tercera temporada, es posible aventurar que Pedro Costa, mientras tenga fuerzas, ilusión y oportunidad, podría seguir intentado ampliar la colección de esta mítica serie.

Pero qué era «La huella del crimen»; pues Pedro Costa no tuvo que tirar más que de hemeroteca y de la memoria general de los españoles, para generar una serie de crónica negra, en la que se repasaran los crímenes más funestos de la historia española del último siglo. Esos crímenes que también forman parte de una España tétrica y cruel y que constaban en el imaginario colectivo de generaciones precedentes, pero también de la nuestra. Si Pedro Costa quisiera seguir hoy con la serie no tendría más que acudir, ya no tanto a las hemerotecas, y sí a las los telediarios y tertulias televisivas para apuntar nuevos asesinatos que no caben en cabeza humana para seguir alimentando este proyecto; se me ocurren a bote pronto Puerto Hurraco, el asesino de la katana, y los más recientes, el caso José Bretón o el caso Asunta.

Los crímenes más antiguos tuvieron mucha relevancia en su época, en la primera temporada (1985) se puso sobre la mesa esos asesinatos con mayúsculas que, dado el momento en que se produjeron, hicieron que los presuntos asesinos, no se puede decir que en todos los casos estuviera clara su autoría, terminaran sus días sufriendo alguna de las formas de aplicación de la pena capital en España, generalmente el garrote vil. Esos casos que, en el momento de su suceso, tuvieron toda la repercusión que se podían permitir, es decir, prensa, radio y mucho boca a boca.

En la segunda temporada (1991) tomaron cuerpo otros crímenes clásicos que habían quedado pendientes en la primera entrega; y la tercera temporada (2009) refleja ya casos contemporáneos, acaecidos en la década anterior, así los más sonados en el tiempo como el de Anabel Segura, el crimen de los marqueses de Urquijo, y el asesino del círculo. Con un ligero distanciamiento en el tiempo, pero también con el recuerdo de la opinión pública aún presente por eso digo que no descarto que en el futuro pueda ver la luz una cuarta temporada.

Únicamente hay un elemento que pudiera retrasar indefinidamente este cuarto esfuerzo y es que mientras que en la primera y segunda temporada las audiencias fueron muy buenas, en la tercera, con el igualamiento de audiencias entre televisiones públicas y privadas, estas fueron más pobres, y el hacer un producto que maneja un presupuesto importante para que no se rentabilice con un número mínimo de televidentes, es una apuesta muy arriesgada.

A este respecto hay que decir que la pena de muerte, aun estando presente en nuestra legislación hasta el régimen franquista, no se puede decir que fuera una medida ampliamente utilizada, y son en realidad casos contados, los que tal vez por su relevancia o por su ejemplaridad, a los que se les aplicó esta. De hecho, no sólo encontramos en la serie el caso de la última mujer que murió en el garrote vil, Pilar Prades en 1959, por el caso de las envenenadas de Valencia (el último hombre fue Salvador Puig Antich en 1974, hay una película), sino que también los encargados de ejecutar tan terrible encargo, los verdugos, son habas contadas, funcionarios del escalafón más bajo de la administración de justicia, que cogían sus bártulos y acudían a aquel lugar de España donde se les requería; en Internet se pueden encontrar las biografías de esos pocos verdugos que hubo en nuestro país, una figura que dio lugar, por cierto, a una entrañable película de los años 60, una joya de nuestro cine, que sería dirigida por Luis García Berlanga.

En cuanto a la veracidad de las historias, hay que señalar que la mayoría son casos reales y lo que se cuenta en el guión trata de ceñirse de forma más o menos fiel a lo que ocurrió. En este sentido, los casos, aun teniendo su valor artístico, tienen un muy especial valor historiográfico. Y es que aunque los guiones están muy bien elaborados, a veces no se les podía dotar de mayor espectacularidad para no menoscabar el relato fiel de los hechos; aun así algunos de sus capítulos sí que se separan con más o menos distancia de la realidad, atendiendo a lo claro o no que hubiera quedado reflejado en la historia el caso. En este sentido, en algunos casos se deja abierta la puerta de la duda sobre la autoría real de los crímenes por parte de los que finalmente pagaron por los mismos.

Y alguna controversia dejó en la sociedad algunas de estas interpretaciones de los asesinatos, particularmente parece que la familia de Pilar Prades llegaría a demandar a Pedro Costa, pero finalmente no llegaría a buen puerto.

En cuanto a la producción propiamente y el dinero gastado en todas estas entregas, hay que decir que se percibe un gasto importante, no sólo en decorados, exteriores, vestuario y extras, sino que al menos en la primera y segunda temporada aparecen actores y actrices bastantes reconocidos, no tanto en la temporada tercera, donde la calidad no varía quizá si el dinero invertido y el equipo actoral ya no es tan popular.

Como he dicho, hubo uno de los capítulos que se desgajó de sus hermanos, pues en principio la que luego sería la película «Amantes» de Vicente Aranda (1991), se le vio contenido como para ofrecerle el privilegio de subirla a la gran pantalla, no sé si con mucho éxito, porque la película está bien hecha, pero hay muchos detalles que no me cuadran, está un poco coja.

Finalmente hay que señalar, que ya desde el principio se utilizó un formato, en cuanto a su duración, copiado de los EE.UU., es decir, con capítulos de algo más de una hora, permitía o emitirlo de una sola vez, con los correspondientes anuncios que antes se gastaba TVE podría ocupar esa franja crítica de después de las 22.00 h. hasta medianoche, o incluso partirlo y hacerlo en dos raciones; en todo caso, si no recuerdo mal, se emitió de una sola vez, o sea, en una sola sesión.

Pues eso, recomiendo esta serie a los aficionados a la crónica negra española, que sigue estando muy en boga, y que sigue y seguirá llenando muchas horas de nuestra televisión; y que por cierto, continúa siendo el objetivo de las productoras, puesto que hace poco hemos conocido que TVE va a emitir una serie titulada «El caso», relativa a aquel mítico periódico semanal donde aparecían los casos más truculentos y extraños de la España profunda, estaremos atentos también para ver si responde adecuadamente a las expectativas.