lunes, 28 de noviembre de 2011

EL SENADO, ESA CÁMARA DE LOS HORRORES

Estaba pensando en titular la entrada asumiendo mi falta de originalidad, con una fórmula muy trillada, “El Senado en España no existe, son los padres”. Pero he optado por otra idea para significar lo mismo, ¿el Senado sirve para algo?, ¿se merecen los senadores nuestro ninguneo?

Resulta cuando menos curioso que tanto durante la campaña electoral como una vez conocidos los escrutinios de las Elecciones Generales, poco o nada se ha hablado de los candidatos y los resultados oficiales del Senado. Estoy convencido que la atención que se presta a Congreso y Senado por medios de comunicación o ciudadanos comprobando los resultados puede estar en un brutal 99 a 1.

Si hace años podía tener algún interés, o al menos es lo que yo percibí cuando iniciamos la democracia en España, y los senadores tenían tanta importancia como los diputados y veíamos sus fotos y los conocíamos, más o menos, por su presencia en medios de comunicación, mítines, etc.; ahora ya llevamos varios años planteándonos para qué sirve el Senado y, por ende, a qué se dedican nuestros senadores.

Esta maldita crisis ha contribuido a maximizar los defectos de nuestro sistema y sobre todo está dejando nuestra economía enormemente deteriorada. Esas cuentas del Estado que antaño nos hablaban de superávit y números verdes, ahora se han desnudado y todo el mundo gira su mirada a ver dónde está el derroche.

En estos últimos meses se ha mirado entre otras dimensiones, a los coches oficiales, las diputaciones, las obras faraónicas (aeropuertos en pequeñas ciudades, infraestructuras públicas abandonadas...), las televisiones autonómicas, dietas mayúsculas, uso indiscriminado de tarjetas de crédito públicas, subvenciones a la asociación defensora del canto de la tórtola coja malaya y, por supuesto, al Senado.

El Senado que es una cámara de representación territorial y que debiera ser un estamento revisor y decisorio a la vez de las actividades del Congreso de los Diputados, está en nuestro país realmente subordinado a este. Y la experiencia la tenemos en estos más de treinta años de Cortes Generales donde la capacidad de veto, freno y abordaje del Senado ha sido mínima, para muchos testimonial. Y estando como está todo, pagar los suculentos sueldos de algo más doscientos cincuenta políticos (los salidos en las Elecciones más los designados por las comunidades autónomas), se antoja excesivamente gravoso para nuestras arcas.

No contribuyen ni siquiera sus señorías a elevar su perfil y a dar buena cara ante la opinión pública, pues hace unos pocos meses tuvieron que poner intérpretes para que los políticos procedentes de las comunidades autónomas con lengua propia, pudiera expresarse en su idioma, o mejor, en uno de sus idiomas. Semejante absurdo ocurre cuando este país tiene cinco millones de parados, pero eso sí, es importante la traducción simultánea en un país donde todos hablamos español, para que nadie se sienta discriminado y chorradas de esas. Es algo absolutamente indigno y aberrante, si todos funcionáramos con un esquema tan absurdo este país no marcharía. Imagino que sólo se hace desde una situación de poder, de falta de respeto al valor del dinero público que es tanto como decir falta de respecto a la ciudadanía. Esto en mi pueblo tiene un nombre muy claro: DESPILFARRO.

Por cierto, que ya va siendo hora de que en este país se instaure el voto electrónico, porque en el Senado el recuento de votos es pesado, lioso e imperfecto, en definitiva, un coñazo. Y cuando digo imperfecto hablo con conocimiento de causa, pues en estas elecciones y en otras, he sido representante de la administración, y asisto al recuento de votos. Con eso de que puedes poner una cruz, dos o tres, los componentes de la mesa que se han pegado una paliza durante el día, que ya han hecho el conteo del Congreso (este suele cuadrar más fácilmente), tienen que armarse de valor para sacar las sábanas de inconfundible color sepia. Si se quiere hacer bien hay que ser muy meticulosos, pero todos están deseando terminar, incluidos los interventores de los partidos, así que se va con prisas, se cometen errores y estoy convencido de que en más de tres cuartas partes de las mesas electorales de España no hicieron un recuento de votos perfecto en el Senado, y es que en la mente de todos está la escasa importancia de esta Cámara (incluidos los interventores) y asumen fallos que, también es cierto, no afectan a los resultados finales.

He tenido la osadía y la rareza de mirar los resultados del Senado y puesto en comparación con los del Congreso, resultan algunos detalles bastantes sorprendentes. Si en el Congreso el número de votos blancos y nulos rebasa ligeramente los 600.000, entre los que integraremos indignados, apolíticos, antisistema y despistados, en el mismo día hubo 2.167.000 votos nulos y blancos al Senado, es decir, más del triple. Puedo reconocer que habrá gente que se haya equivocado, que el sistema de votos nominales, aunque fácil, hay personas que no se informan y no le entienden, pero esos más de dos millones de votos son un mensaje claro e inequívoco para nuestros gobernantes.

Indagando más en estos datos, esos votos no válidos al Senado representaron el 9% de todo el Censo electoral español, incluidos los que no votaron, y es más del doble de votos emitidos en este sentido en las Elecciones del 2008, donde votos nulos y blancos no llegaron al 4'5%. Es decir, es una nada desdeñable cifra de más de dos millones de personas, seiscientas mil de las cuales repitieron voto no válido en el Congreso, pero hay más de un millón y medio, que dijeron claramente no voto al Senado y si al Congreso, porque ¿para qué vale el Senado?

Se pueden hacer muchas cábalas sobre el sentido de votos nulos y blancos, pero los resultados al Senado son tan elocuentes y sorprendentes a la vez que alguien tendría que mirar el valor del voto de muchos ciudadanos que, sin duda, lo he hablado con mucha gente también, tuvo ese matiz de rechazo. Yo, sin ir más lejos, voté válidamente al Congreso y emití mi voto al Senado nulo y mi mensaje es que “elimínese de una vez o dótese de virtualidad al Senado”.

Claro que acudiendo a un viejo dicho, “echa la ley, echa la trampa”. En este etapa de recortes que ya tenemos y que se avecina, los que tienen que decidir sobre los mismos, personas con una renta muchísimo más alta que la media española, son los que menos quieren renunciar a sus derechos, nadie quiere mover el culo. Cuando se bajan sueldos los que menos sufren son los de abajo, si le quitas el 5% a un barrendero no es lo mismo que si le quitas un 15% a un ministro. El 5% de poco es mucho menos y el 15% de muchísimo sigue siendo muchísimo.

Y pasa o pasará lo mismo con la tan traída historia de la reforma de la ley electoral, ni PP ni PSOE van a querer reformar un sistema que siempre beneficiará a los dos, al ser partidos mayoritarios. Es la pescadilla que se muerde la cola, los minoritarios protestarán pero los mayoritarios no harán nada por cambiar la legislación, porque no tienen intenciones de perder cuotas de poder futuras, y creo que los ciudadanos estamos por el cambio. Por tanto, el Senado seguirá igual, porque los grandes partidos tienen el sueldo asegurado de más de doscientos de sus correligionarios.

Si se suprime el Senado, sus titulares están apañados, entiendo, o es que ¿el Senado es una especie de cementerio de elefantes, estómagos agradecidos o una cámara de los horrores en la que escuchar en un pinganillo cómo un intérprete me traduce del gallego? ¿Han decidido algo en toda su historia? ¿Qué nos cuesta a los españoles el Senado? ¿Cuánto gana un senador?, pero lo más importante ¿existe en realidad el Senado o son los padres?

martes, 22 de noviembre de 2011

WAVESTAR, UN EFÍMERO PROYECTO MUSICAL CÓSMICO

Mi acercamiento a las Nuevas Músicas sería allá por los 18 años, cuando entré a la Universidad y le puse cara y nombre a unas melodías que me gustaban mucho. Seguro que lo había escuchado alguna vez, era Jean Michel Jarre, quizás en la película australiana “Gallipoli”, donde una parte de su disco Oxygene se utilizaba en unas escenas míticas, o tal vez en la sintonía de una radio o en la megafonía de un coche que anunciaba una oferta de muebles. Fue en 1986 cuando me compré Equinoxe y me hice un silencioso fan de Jarre.

Pero no trata esta entrada de Jarre, él tiene suficiente fama, gloria y billetaje. Él me sirvió de partida para conocer una tipo de música que me encantaba, sin letra, pero que me evocaba múltiples sensaciones, más que cualquier otra música comercial. Él fue, en cierto sentido, un minarete a la hora de dar a conocer la utilización de sintetizadores, secuenciadores y computadoras en la música.

Por eso, la primera vez que escuché al grupo que hoy traigo a colación, Wavestar, me sonó mucho a Jarre y luego cuando he leído acerca de este grupo, ellos asumían que tenían cierta influencia del artista francés.

No creo que la producción de música New Age en este siglo XXI haya menguado con respecto a la década de los 80 del siglo pasado, que fue cuando sucedió el auténtico boom de esta música, pero sí que la presencia de un menor número de grupos y compositores los hacía un poco más conocidos que ahora, y tal vez la calidad era superior, o había menos paja, porque entraban de lleno en un terreno inexplorado, estaba todo por inventar.

Wavestar irrumpió en la década de los 80, para ser franco, nació, creció y murió en esa década, aunque luego tendría una secuela, que después comentaré. Este grupo inglés es un anónimo heredero, o mejor un anónimo discípulo de Jean Michel.

E insisto en la similitud inicial de ambas músicas, aunque Wavestar consiguió un sello propio, pues era mucho más melódico que Jarre. En Jarre la percusión es muy importante y en Wavestar es un elemento más que secundario. Ese sello propio de Wavestar me lleva a considerar su estilo en una variante de las Nuevas Músicas, en concreto, la Música Cósmica, de la que este grupo es un genuino precursor. La traducción libre del nombre del grupo le va que ni pintada “Ola estelar”.

Y a todo esto, ¿quiénes eran Wavestar? Se trata de un dúo inglés oriúndo de Sheffield, compuesto por John Dyson y David Ward-Hunt. Dyson tocaba la guitarra eléctrica desde bien joven y hacía sus pinitos en la composición con grabadoras de diversas pistas, un procedimiento que hoy día lo calificaríamos de rudimentario. Poco a poco fue indagando en los apoyos técnicos, y esa curiosidad fue la que le llevó a entrar en contacto con Ward-Hunt de una forma curiosa, pero que no fue ni la primera ni la última vez que ocurra en la historia de la música y de las relaciones humanas. Ward-Hunt puso un anuncio en una publicación musical, en el que buscaba gente a la que le interesara el binomio música – tecnología para crear un proyecto, y ahí partió esta iniciativa, que como buen matrimonio luego tendría desavenencias, pero no adelantemos acontecimientos.

Las virtudes de uno y otro y su puesta en común potenciaron y sublimaron sus composiciones y tras unos años trabajando en su estudio doméstico, por fin, en 1984 vería la luz su primer trabajo, Mind journey (Viaje mental), el cual tuvo bastante éxito dentro de lo clasista de la New Age, lo que les ayudó a hacerse un nombre y a seguir trabajando.

Al poco tiempo, en 1985, editarían su segundo disco, Zenith. Este ya supuso un punto de inflexión, pues les abrió las puertas del paraíso de la música New Age, Estados Unidos, mientras ya andaban liados con giras y conciertos (estuvieron a punto de venir a España pero al final no). Su halo de discos bien producidos y elaborados, así como con unas melodías que enganchaban llegó hasta una prestigiosa compañía discográfica estadounidense, Jem Records, que rápidamente le haría un hueco para lanzar su tercer disco, Moonwind (Viento lunar), que germinó en 1987.

Lo curioso es que seguían haciendo sus experimentos en su estudio doméstico, cada vez con más medios, algo que para ellos era una obsesión, pues compraban aparatos que se volvían obsoletos con gran rapidez, ya que al poco tiempo salía un nuevo ingenio con mayor capacidad y prestaciones, e incluso más barato que su antecesor. De alguna manera, mantuvieron casi como el secreto mejor guardado el hecho de que su estudio de grabación no fuera un gran estudio en la urbe londinense, donde tenían su centro de operaciones, pero a Jem Records le pareció un buenísimo trabajo y supuso una nueva dimensión para Wavestar, pues Moonwind se editó en todos los formatos posibles en ese momento (CD y vinilo de alta calidad entre otros). Esto les permitió ahondar en ese interesante y entendido mercado norteamericano.

No se sabe muy bien la causa, y aún hoy muchos músicos se preguntan esto, el caso es que Jem Records quebró y a Wavestar le dejaron no poco dinero a deber, esto precipitó la muerte de este proyecto musical, pues a ello hay que unir que Dyson y Ward-Hunt ya estaban empezando a cansarse mutuamente, corría el año 1989.

Ese fue el año de disolución aunque por suerte, se dio la insólita circunstancia de que Dyson recopilaría varios años después, en 1997, varios temas grabados por el dúo entre 1986 y 1988, es decir, años de indudable efervescencia de Wavestar. El disco se llamó apropiadamente “Out of time” (Fuera de tiempo), e imagino que contaría con la aprobación de Ward-Hunt, que lamentablemente fallecería en 1999.

John Dyson sigue en activo aunque es ya un veterano compositor, pero está en la brecha con su producción musical y discográfica propia, muy fiel al estilo tan particular e inconfundible de Wavestar.

Lo mejor de todo es escuchar a Wavestar, es meterte en una nave espacial y abrir las escotillas (si se pudiera) para apreciar los sonidos livianos, sugerentes, sensuales que la inmensidad interestelar nos ofrece; es una ensoñación, pero merece la pena experimentarla.

martes, 15 de noviembre de 2011

COLECCIONANDO SELLOS A LO BESTIA

No soy un coleccionista de sellos purista, pocas veces me pongo a admirar mis colecciones, sino que siempre estoy trabajando sobre ellas, cambiando sellos de un sitio a otro, manejando álbumes, viendo catálogos y páginas en Internet. Y, dicho esto, no colecciono para exponer, nunca lo he hecho hasta ahora, básicamente porque no estoy especializado en sellos de una temática concreta, en realidad, colecciono de todo.

Amén de ello, donde puedo decir que tengo una colección más o menos importante es de España, pero porque a lo largo de mi vida he ido entrando y saliendo de la filatelia, y desde hace unos quince años ya me lo tomé en serio y me hice socio del Servicio Filatélico Nacional y tengo todos los sellos que han salido de nuestro país en ese período, y los anteriores los he ido consiguiendo a través de compras, pero siempre con presupuestos muy limitados, es decir, que no tengo sellos cotizados porque no me quiero gastar dinero en ellos, no soy rico, y si lo fuera me lo pensaría muy mucho.

Pero a lo que iba, que colecciono de todo, toda clase de sellos. Sé que los buenos coleccionistas se especializan en temáticas: deportes, mariposas, compositores, trajes militares..., o sea que hay tantos temas como la vida misma, algo casi infinito. Y luego también tenemos aquellos coleccionistas que coleccionan determinados países, por afinidad o por gusto.

Yo colecciono sellos a lo bruto o a lo bestia, hasta he llegado a comprar kilos de sellos del Rey con su papel, por el solo placer de despegarlos (con agua, ya se sabe) y ordenarlos por valor, con eso se dice todo. Y por lo que respecta a países del mundo, pues me valen todos, me gusta tener sellos de aquí y de allá, algunos los compro en Internet (generalmente matasellados), otros los adquiero en el particular mercadillo de mi Grupo Filatélico en Jaén, Virgen del Carmen, con sede en el I.E.S. del mismo nombre; otros me los regalan y luego tengo la previsión de solicitarle a mis amistades que cuando viajan fuera de España que me traigan sellos del país de destino, suele ser un buen encargo, porque es barato (siempre compras por el precio marcado, con lo que no está sujeto a especulación, lógicamente si lo haces en una oficina postal, porque si vas a una filatelia es otra cosa), son sellos sin usar, y no pesan, algo que siempre hay que meditar, pues traer recuerdos de allende los mares hace que nuestra maleta sea más voluminosa de la cuenta y ya se sabe cómo son de estrictas algunas compañías aéreas. Y bueno, aunque insisto en pagar los sellos, tengo unos magníficos amigos que siempre me los regalan.

Así que tengo sellos de casi ciento ochenta países del mundo, aún me faltan algunos bien es cierto, pero no tengo ninguna obsesión, y es que creo que la principal razón por la que soy filatélico es porque esta afición me entretiene y relaja mucho. No obstante, hay ocasiones en las que, dentro de lo atípico que resulto ser en mi modo de coleccionar sellos, hay que ordenar y comprobar esos sellos.

En el mundo de la filatelia se trabaja habitualmente con catálogos. Un catálogo es básicamente un libro que te permite ver los sellos que se han emitido en un país a lo largo de su historia, sus medidas y características físicas (papel, color, engomado...), fotografías de los mismos y la cotización de mercado (por regla general suelen estar algo sobrevalorada), y con un criterio cronológico de más antiguo a más moderno.

Yo tengo físicamente algunos catálogos de España que he comprado a razón de uno por década, el último de 2007, pero ¿qué pasa con el resto de países? Pues que supondría un denodado esfuerzo y casi una utopía recabar los catálogos de cada país. Sí que es cierto que algunas editoriales especializadas en filatelia sacan unos voluminosos tomos en los que se informa de las emisiones de todos los países del mundo en un año concreto. Pero tener todos los catálogos del mundo impresos ocuparía un espacio mayor que el de varias Enciclopedias Británicas.

Pero entonces, ¿no hay solución? Pues sí que la hay, ¿existe algún formato que pueda albergar mucha información sin que afecte a nuestras estanterías? Evidentemente el maravilloso mundo de la informática permitiría tener todos los catálogos del mundo en unos pocos gigas, lo cual también sería una estupidez porque para qué gastarse el dinero en soportes para contener esa información, cuando la Red ya contiene esa información y puedo acudir a ella cuando me plazca.

Todo lo dicho, en realidad, es un amplio preámbulo (que a veces me enrollo demasiado), para culminar en el auténtico objeto de esta entradilla en esta semana, se trata de la presentación de una página web, que creo que es la primera vez en mi blog que promociono una web, más allá de la mía propia.

Es posible que haya más páginas que contienen todos los sellos del mundo, yo voy a comentar esta que es la que más usamos los que estamos metidos en esta afición por estas latitudes. Se trata de www.freestampcatalogue.com, que en su traducción ya da idea de lo que va, o sea, catálogo gratuito de sellos. Ahora bien, si pinchamos veremos que la dirección se cambia a http://www.postbeeld.com/en/fsc/home, da lo mismo que lo mismo da.

Fácil manejo y muy rápido tiene este recurso, porque podemos buscar sellos por país, por temática y por año, individual o conjuntamente. La búsqueda alcanza hasta el año 1920 que es el más antiguo, es decir, más que suficiente para informarnos de las tiradas de cualquier país de uno de estos últimos años, es decir, todo un lujo y un alarde de esta página que llega a congregar más de 200.000 sellos, con sus respectivas fotos.

Si indagamos un poco más, apreciaremos que este gran catálogo ejerce una doble función, nos sirve como información de la cotización de un sello, pues viene indicado su precio de venta, y luego la parte lucrativa de este negocio, y es que ellos te venden todos esos sellos, con lo que no me equivoco en decir que se trata de uno de los mayores mercados mundiales de la filatelia, en Internet casi seguro que sí; de hecho esta web se presenta a sí misma como la mayor tienda virtual de filatelia del mundo.

Esta colosal idea tiene su sede en la localidad holandesa de Haarlem y desde allí te mandarían los sellos en caso de que te decidieras a hacer un pedido. Los precios son francamente bastante razonables, yo los he comparado con otras web españolas que venden sellos nacionales, y son muy similares; la única diferencia es que los gastos de envío (siempre cartas certificadas, suele ser lo habitual en filatelia) aumentan. Si en España una carta certificada está sobre los tres euros, desde Holanda nos cobrarán algo más de seis.

Igualmente interesante supone el encontrar y poder adquirir sellos nuevos de países pequeños o casi desconocidos, lo que para el coleccionista podría suponer un mareo importante a través de las tradicionales páginas de subastas que todos conocemos. Aquí sabemos y lo garantizo porque sé de gente que ha comprado en esta página, que se trata de profesionales y que el pedido llega en perfectísimas condiciones.

Por cierto, la página tiene la opción de verla en español, un español algo macarrónico eso sí, seguramente porque se ha utilizado algún traductor de Internet, pero lo suficientemente claro para manejarte con destreza y tranquilidad por sus menús.

Por si se quiere seguir examinando la página nos podremos encontrar con una visita virtual a la tienda que los encargados de esta página tienen en Haarlem, todo un paraíso para el aficionado a la filatelia y el coleccionismo. Una tienda moderna y amplia que rompe con los esquemas que tenemos en España, donde las tiendas de la filatelia suelen tener una pinta ajada y decimonónica. En fin, una envidia porque la susodicha localidad holandesa tiene alrededor de 150.000 habitantes... y la tienda funciona nada menos que desde 1983 cuando su fundador inició este negocio con 22 añitos.

martes, 8 de noviembre de 2011

ALFRED HITCHCOCK, UN GENIO HACIENDO TELEVISIÓN

Soy un enamorado de las películas de Alfred Hitchcock pero confieso que realmente cuando comencé a sentir pasión por este icono fue a partir de conocer algunos de sus trabajos para televisión. En concreto “Alfred Hitchcock presenta” o “La hora de Alfred Hitchcock”, me abrieron al mundo de este sensacional cineasta y, aunque resulte tópico, este genio del suspense.

Fue en el año 1984 cuando TVE emitió a la hora de la cena una serie de capítulos de la producción “Alfred Hitchcock presenta”, en concreto una selección de veinte entregas de los casi tres centenares de capítulos que produjo a partir de 1955. Se trataba de aquellos que dirigió él exclusivamente, el resto eran producidos por él e imagino que aprobados para que tuvieran no sólo un sello de calidad sino el toque idóneo de este mago del entretenimiento.

Si cerramos los ojos e imaginamos lo que nos evoca hablar de Hitchcock seguro que muchos recordaremos la cabecera de este programa en el que se veía al director desplazándose de perfil y se mezclaba con una figura hecha a trazos un tanto abstractos y esquemáticos en los que se adivinaba la oronda personalidad de Alfred; imagen imitada en multitud de ocasiones. Todo ello adornado con una música un tanto grotesca y que curiosamente recibe el título de “Marcha fúnebre de una marioneta”, creada por el compositor francés del siglo XIX Charles Gounod.

El formato era bien sencillo, para comenzar Hitchcock habría el capítulo, que en sus emisiones originales tenía una periodicidad semanal, para dar una pincelada de lo que venía a continuación y siempre enfrascado en alguna circunstancia cómica, disfrazado, rodeado de artilugios, acompañado por personajes irreales...; después venía el cortometraje que era en realidad lo importante, lo que se proyectaba, el cual duraba unos veinticinco minutos, y finalmente cerraba el mismo Alfred comentando algo sobre el episodio recién visto, algunas veces su resolución y el desenlace de su circunstancia particular. Era como su propio show dentro del show, permítaseme decirlo así, y siempre con un semblante serio, jamás se reía, todo lo más una sonrisa, cuando normalmente todo su entorno y él mismo eran de chiste.

Lo sustancial de esta serie, aparte de la siempre singular y desternillante aparición de Alfred Hitchcock, generalmente al más puro estilo “humor inglés”, era el cortometraje en sí. Con una serie de situaciones en las que se ponía de relieve la intriga, el terror psicológico, a veces situaciones cotidianas que se enredaban, otras tomadas con humor pero que tenían algún final insólito... La consecuencia de ello y lo que nos quería hacer transmitir Hitchcock era alguna lección moral, pues ante todo se ponía de relieve en esta histórica y amplísima producción las veleidades, imperfecciones, calamidades e inmundicias de la especie humana.

Con la duración semanal de esta producción, su visionado no podía ser más ágil y el grupo de adeptos que ha cosechado a lo largo de este más de medio siglo desde su emisión por primera vez, no sólo no se ha ampliado sino que se ha convertido en una especie de fanáticos seguidores; no en vano se ha llegado a clasificar como una de las cien mejores series de televisión de todos los tiempos; yo me atrevería a dejarla en un grupo selecto de diez.

Casi una década de producciones televisivas que dejaron una grandísima huella, de todas las que se hicieron he visto seguramente más de la mitad, y tengo recuerdos imborrables de algunas de ellas, toda la esencia de unas historias bien planteadas en veinticinco minutos que te dejan absolutamente maravillado y otras veces fuera de sitio.

Hay una curiosidad que marcaba el cine de Alfred Hitchcock y es la aparición puntualísima de él mismo durante apenas unos segundos, es lo que se denomina en inglés cameo role; una especie de etiqueta que estaba prendida en cada película y que tenía, entre otros fines, poner en juego la atención de los espectadores. Sin embargo, en esta serie Alfred no estilaba eso y sólo en un capítulo tuvo una aparición esporádica.

En 1985 la cadena de televisión CBS/NBC llevó a cabo una reposición de la serie, coloreando las entradas jocosas de Alfred Hitchcock y aprovechándolas para hacer nuevos capítulos con una ambientación moderna y con más despliegue de medios. Resultan interesantes pero les falta el sabor clásico de esta serie inolvidable.

martes, 1 de noviembre de 2011

"EL TIEMPO ENTRE COSTURAS", DE MARÍA DUEÑAS

Confieso que no soy muy aficionado a los best seller, o por lo menos no los de actualidad, prefiero que transcurra un tiempo, años diría yo, hasta que se pase la fiebre que provoca su éxito. Ni siquiera suelo mirar en los estantes de las librerías para ver qué se cuece en el mercado literario. Y dicho esto, a veces me regalan alguna obra recentísima o me la prestan, como ha ocurrido en esta ocasión.

Fue mi amiga y compañera de trabajo Eva Ruiz la que me pasó este libro hace un par de meses y justo ese tiempo es el que me ha dedicado leerlo, sacando ratos de aquí y de allá, como siempre.

Como es normal no tenía ni idea de que, efectivamente, se trataba de un best seller, y de que más gente de la que yo me podía imaginar lo estaba leyendo a la par que yo, en concreto, mi hermana (con la que coincido mucho en gustos literarios) y una cuñada mía; aparte ya corroboré que era un libro que se estaba vendiendo muy bien, cuando lo vi un día de casualidad en un lugar privilegiado de la sección de la literatura de un gran centro comercial.

El hecho de que este o cualquier libro pueda ser de los más vendidos no me condiciona; creo tener mi propio criterio y decidir por mí mismo si me gusta o no lo que leo, con independencia de la crítica y el volumen de ventas.

Y así, de primeras, he de señalar que no me ha decepcionado este libro, que se trata de la ópera prima de esta profesora universitaria manchega a la sazón Licenciada en Filología inglesa. Este debut en el género narrativo ha sido quizás una de las mayores gracias o cualidades de esta novela, con un estilo propio, fresco y hasta cierto punto innovador, te das cuenta de que no has leído nada parecido y que con un lenguaje sencillo y una trama seductora se puede hacer un magnífico guiso.

Se aprecia que es un trabajo meditado, no hecho a la ligera, se ve que María Dueñas ha ido cocinando a fuego muy lento esta novela para que cumpliera primero con sus expectativas y luego que gustara al gran público. Estoy convencido de que se trata de una mujer muy metódica. Esto tiene su explicación, porque siendo como es una novela de corte histórico y que alude a la España de la década los 30 y 40 del siglo pasado, especialmente centrada en la Guerra Civil y el Protectorado español en Marruecos, así como el período de posguerra en nuestro país, ha hecho un impresionante ejercicio de documentación bibliográfica en la que ven la luz personajes reales con otros ficticios, proponiéndonos la autora cómo pudieron desarrollarse los acontecimientos y las vivencias de determinados actores auténticos y de carne y hueso que tuvieron una notable influencia en el devenir de nuestro país en aquellos convulsos años.

Es una novela cómoda de leer, cercana a todos los públicos, pero también muy femenina, y no en un sentido sexista, sino porque es un genuino homenaje a las mujeres de aquella época tan dura, esforzadas ante todo para sacar su familia y sus vidas adelante por encima de las adversidades. Es femenina pero también es una novela madura y para maduros, a buen seguro que los lectores que vivieron en aquellos años, aunque fuera desde la niñez habrán sentido añoranza y tal vez se hayan emocionado al rememorar un período de nuestra historia que fue cruento y complicado, y del que todavía tenemos heridas abiertas.

Y, ante todo, tiene una trama que engancha, eso creo que ha reforzado su popularidad; siempre ocurre algo, la autora no se embarca en elucubraciones ni en marear la perdiz sobre pensamientos abstractos de sus personajes. Es una obra que avanza cronológicamente con energía y en el que se destila, además, el proceso de madurez que va operándose en la protagonista de la obra, Sira Quiroga.

De hecho, hubiera pensado que este trabajo encierra una línea argumental que podía ser perfectamente puesta en escena a través de una película. Y precisamente quien me prestó el libro me comentó que ya había una adaptación; y así es porque creo que en verano comenzó la grabación de una serie para televisión, producida por Antena 3 y que llegará a la pequeña pantalla en 2012. Si la serie está bien hecha quizás evite tener que suprimir muchos pasajes como ocurre en las adaptaciones cinematográficas de novelas, por cuestiones de tiempo. En definitiva, habrá que estar atentos el próximo año.

Un solo detalle me dejó fuera de juego, se trata del epílogo, en el que María Dueñas narra lo que ocurrió después con los personajes, refleja lo que ocurrió en realidad con los personajes históricos y en los que son de ficción nos presenta algunas alternativas, casi para que el lector las imagine y decida. Yo ya sé que leo una novela y que hay un trecho hasta la realidad, pero no quiero que me lo digan, es cuando veo una película o una serie de televisión, ya sé que es una ficción, pero entonces ¿qué gracia tendría?, ¿o es que no nos apasiona Matrix y ahí hay que echar un poco de imaginación?