domingo, 26 de julio de 2015

BREVES REFLEXIONES SOBRE LA HALTEROFILIA, EL CUERPO Y LA MENTE AL LÍMITE

Hossein Rezazadeh
No puedo negar que, como buen amante del deporte, hay deportes que me gustan más y otros que me gustan menos. Aunque bien es cierto que los que me gustan menos, son valga la redundancia, los menos. Nunca he hablado en este blog de la halterofilia y eso que me parece un deporte muy atractivo, que apenas veo en las retransmisiones en abierto más allá de los Juegos Olímpicos, pero no estoy al margen de las evoluciones de nuestros deportistas patrios en competiciones internacionales, y suelo estar conectado cuando hay campeonatos mundiales o europeos.

Lamentablemente la halterofilia es uno de esos deportes que está siempre bajo la sombra de la duda, acuciado por esa mancha del dopaje que enrarece tanto al sano deporte practicado en condiciones de igualdad. Probablemente el ciclismo sea el deporte al que más daño le ha hecho el dopaje, igualmente al atletismo, y en la halterofilia y en general en los deportes de fuerza, raro es el campeonato en el que no se descubre a algún impostor, por nombrar con una palabra fina al referido tramposo.

Y es que esto del dopaje es de lo que peor me sienta en el deporte, porque aparte de jugar con ventaja, supone una invasión en el organismo humano que, en no pocos casos, se ha cobrado víctimas cuando se ha dejado con posterioridad la profesionalidad. El saber si los resultados deportivos que vemos cada día son reales o están mediatizados o manipulados por ayudas externas en forma de inyecciones, transfusiones, pastillas..., es una cuestión que no sé si en un futuro resolveremos, a día de hoy todos sabemos que hay deportes donde esto se trabaja a distintos niveles, y lo peor de todo, es que es indetectable, o lo que es lo mismo, que los malos siguen yendo por delante de los buenos, y que las investigaciones para solapar o borrar las huellas del dopaje avanzan con más rapidez y precisión que los mecanismos para averiguar de forma fidedigna si tal deportista se ha dopado.

Por cierto, para muestra un botón, hace apenas unos meses conocimos la experiencia de un periodista de la BBC que quiso poner a prueba el pasaporte biológico, se sometió a inyecciones de EPO, o eritropoyetina (sustancia natural que producen los riñones), consiguiendo un evidente avance en resultados deportivos como aficionado; en este sentido, las pruebas de detección de esta sustancia resolvieron que no se había inyectado. Y hay que subrayar que todo esto fue realizado de forma un tanto chapucera y con la ayuda de médicos no especialistas en la materia, siguiendo instrucciones a través de manuales por Internet. Por cierto que la eritropoyetina fue conseguida también en Internet, de forma fácil, comercializada desde China, es decir, al alcance de todo el mundo, muy barata para un deportista que pretende incrementar de forma sustancial sus resultados deportivos.

La halterofilia podríamos decir que es el deporte de fuerza por excelencia, no hay músculo, hueso, tendón, articulación del cuerpo humano que no esté comprometido cada vez que se levanta la barra con sendas colecciones de pesas a cada lado de la misma. Pero aparte de eso, el aspecto mental es esencialísimo, muchos deportistas llevan en su cabeza la confianza de que lo van a conseguir, como lo duden lo más mínimo, eso puede poner en riesgo su intento. A este respecto, resulta tan interesante como la competición deportiva, el ver lo que se cuece entre bambalinas, en la sala aledaña al espacio principal de competición donde los deportistas se encuentran calentando, siguiendo las instrucciones de sus preparadores, escuchando música..., cada cual se relaja y se motiva a su manera. En los instantes previos al levantamiento se sucede toda un ceremonial muy particular en cada deportista, es como que si no se hiciera esto te falta algo, el toque final. Unos huelen alguna sustancia muy penetrante, suelen ser sales de amoníaco, para activarles del todo; otros reciben severas palmadas en brazos, piernas o espalda de sus entrenadores; otros gritan...

La halterofilia es un deporte que por su propia esencia es barato, basta con disponer del equipo inicial, barras, pesas y otros materiales propios de un gimnasio, y ese equipo puede durar muchísimos años. Para los deportistas el material más costoso seguro que es las zapatillas, son especiales, pues se hacen casi a medida, con alzas en una parte del pie para contribuir a la estabilidad del haltera cuando ha de levantar cargas tan pesadas.

Podemos decir que la halterofilia, con sus singularidades en cada época, ha existido casi desde el inicio de la humanidad, el levantamiento de peso ha sido la prueba más palpable para medir la fuerza de un ser humano. De hecho, en los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna ya estuvo presente este deporte. Entonces se llevaba a cabo el levantamiento con una sola mano y con dos manos, este último es similar al actual levantamiento en dos tiempos.

La halterofilia en los Juegos se inició en 1920; entonces con tres tipos de levantamiento, los dos que conocemos actualmente: El primero es el de arrancada, el deportista levanta la carga en un solo esfuerzo desde el suelo hasta por encima de su cabeza, agachándose del todo, situando sus brazos con una abertura más amplia que en los dos tiempos, y manteniendo la barra estabilizada arriba durante unos tres segundos y sin desplazarse en la tarima con los pies, tiempo en el que los jueces determinan la validez del levantamiento, pulsando verde en caso de intento válido y rojo al contrario, puede que alguno decida en contra de los otros, pero se prioriza la decisión de los otros dos. Este mecanismo opera en los dos tiempos o envión (clean & jerk en inglés), la diferencia en este tipo de levantamiento, es que el haltera lleva en el primer tiempo la barra entre la barbilla y los hombros (abertura de brazos más estrecha que en la arrancada) y en el segundo tiempo la levanta por encima de la cabeza, dando el empujón final moviendo las piernas con rapidez, una delante y otra atrás, aunque últimamente hay levantadores, sobre todo muchas féminas que abren piernas en paralelo, para igualar a continuación.

Existió un tercer tipo de levantamiento, el de fuerza, hasta los años 70, los últimos Juegos Olímpicos en los que se compitió en esta modalidad fueron los de Múnich 72. Dicho levantamiento consistía en una primera acción idéntica a la del dos tiempos, o sea, desde el suelo hasta el pecho; y la segunda acción debía realizarse sin emplear las piernas, simplemente con la fuerza de los riñones y los brazos; era un auténtico suplicio para la espalda y muy criticada por deportistas y técnicos, por lo que definitivamente dejó de utilizarse. Por cierto que el récord del mundo para siempre lo ostenta un nombre mítico de este deporte el soviético Vasili Alexeyev, que en este durísimo levantamiento llegó a alzar la barra con 236,5 kg.

Es curioso, pero para los que no somos duchos en la materia, si tuviéramos que levantar una barra lo haríamos cubriéndola con nuestro pulgar por fuera y los cuatro dedos restantes a continuación, sin embargo, la mayoría de los levantadores realizan la técnica de enganche, que consiste en cubrir la última articulación del pulgar con los otros dedos de la misma mano al momento de agarrar la barra.

Por cierto, la barra en sí no es moco de pavo, la masculina pesa sola sin discos, veinte kilos, y cinco kilos menos para mujeres. Con todo y con eso, pese a esa resistencia y solidez aparente de la barra, en las categorías de más peso es normal observar como la barra se arquea por el centro, lógicamente sin llegar a partirse nunca.

Lo que sí se pueden partir son articulaciones e incluso huesos, las exigencias de la competición son tales que muchas veces los deportistas llegan a intentar levantar pesos para los que no están física y psicológicamente preparados, y en el momento crítico el peso se les viene encima, generando consecuencias funestas. La última incidencia la vi hace apenas quince días con ocasión de los Juegos Panamericanos cuando una haltera venezolana se desmayó en plena cargada.

A propósito, la competencia en Juegos Olímpicos es mayor que en campeonatos mundiales y continentales, toda vez que en los Juegos solo se reparten medallas para el total olímpico, o sea, tres medallas por categoría de peso, mientras que en los otros campeonatos se opta a medallas en arrancada, dos tiempos y también para el total olímpico.

La elección del peso a superar es una estrategia vital para la competición y esto se decide en el momento. Se dispone de tres intentos y se suele decir que el primer intento es para asegurar, es decir, para lograr un peso que se domina, que estás convencido de que lo vas a levantar. El segundo intento es para alcanzar tu marca, esa que es tu límite hasta ese momento, un peso factible aunque duro. El tercer intento (siempre y cuando los otros se hayan superado) es el del éxito, el de superar tu mejor marca de siempre, algo que tus competidores también quieren llevar a cabo pero que si tú consigues tensa la cuerda al resto. Y dicho esto, la cuerda está tensa siempre, porque uno no decide peso hasta que no ha superado un intento, y va viendo lo que piden los otros que ya han superado, considerando que se empieza por pesos pequeños y a la barra se van sumando discos a cada lado, hasta alcanzar el máximo peso pedido por un competidor.

Es absolutamente accesible visionar en Internet los récords del mundo de cada categoría, así resulta impresionante ver el levantamiento del plusmarquista mundial en dos tiempos, el iraní Hossein Rezazadeh en la categoría de +105 kg., que fue capaz de alzar sobre su cuerpo nada menos que 263 kg. Todo un ídolo en su país por ser el primer deportista iraní en conseguir dos medallas de oro en unos Juegos Olímpicos, Sydney 2000 y Atenas 2004.

Halil Mutlu
Si impresionante resulta ver a este gigantón persa levantando tal peso, con esa barra que visiblemente se dobla ante la presión de sus extremos, no menos sorprendente es ver a los del peso «pluma», esos que no sobrepasan los 60 kg. y que son capaces de levantar tres veces su propio cuerpo; por citar alguno de los más famosos, está el célebre turco Naim Suleimanoglu, apodado el Hércules de bolsillo, o el también turco Halil Mutlu, también muy bajito (probablemente con problemas de crecimiento en su niñez).

Este Mutlu ha sido uno de los más laureados en la historia de este deporte siendo tres veces campeón olímpico en menos de 56 kg. y, sin embargo, en 2005 fue suspendido por dos años por consumo de esteroides anabolizantes, ¿se dopó en ese momento y antes no? Lamentablemente es como comentaba al principio, no sabemos muy bien la legitimidad de las medallas que se vienen consiguiendo en este deporte.

¿Quiénes son los dominadores actuales de este deporte? Pues deportistas chinos y chinas, ¿les suena? Es sospechoso, que en un país donde las leyes contra el dopaje son tan suaves y el acceso a medicamentos prohibidos en Occidente sea tan factible, se controle tanto un deporte en la más alta competición. Esto es lo de siempre, vencerá el que más invierta en esta carrera, por el momento los malos van ganando.

Lidia Valentín
Mientras tanto, no miremos a esto demasiado y disfrutemos de este antiquísimo deporte y tan propio de la naturaleza humana, la medición del ser humano de su fuerza, de su propio poderío físico.

En España no vamos mal situados, lógicamente destacamos más en Europa, a nivel mundial es otro cantar. La deportista más brillante en la actualidad es la leonesa Lidia Valentín, y en categoría masculina el joven sevillano Josué Brachi, con mucho futuro por delante. En Linares existía y existe tradición con el club San Juan Bosco, recuerdo que llegamos a tener hace años algún deportista en la élite española, e incluso hace unos treinta años llegué a ver allí un Campeonato de España.

viernes, 17 de julio de 2015

LA MOTORETTA Y LA PEQUEÑA HISTORIA DE MIS BICICLETAS

MI VIEJA MOTORETTA
Pues debía correr el año 1981 o 1982 no recuerdo bien, pero en todo caso, principios de aquella mítica década de los 80 del siglo pasado (plena juventud para mí) y después de mucho insistir a lo largo de los años, mi padre accedió a comprarnos la tan ansiada bici. Era el sueño de cualquier niño de mi época, era el súmmum de los regalos de Reyes. Se hizo de rogar, imagino que porque mi padre era muy reticente a asumir el riesgo que corríamos, porque esto es implícito a la bicicleta, que tarde o temprano te pegas un golpe más o menos gordo.

En cualquier caso, aunque tuviera unos doce años tampoco vino tardía a decir verdad, porque el modelo que nos compró era ya una bici grande, de modo que valiera para mí, para mi hermano mayor y para mi hermana que venía por detrás de mí, o sea, visión de futuro. Cualquier otra opción prematura, hubiera implicado adquirir alguna bici infantil que más pronto que tarde se nos haría pequeña.

Seguro que si le pregunto a mi padre sostendrá que apenas la utilizamos, o sea, que ni siquiera se llegó a amortizar. Yo puedo afirmar que sí, no fueron muchos años verdaderamente, pero los que estuvo conmigo en aquellas temporadas, a pleno rendimiento, sí que me permitieron hacer muchos kilómetros, le saqué mucho partido.

LA MÍTICA RABASA DERBI
Y he querido recordar este agradable hueco de mi pasado porque aquella bici que mi padre nos compró tenía su encanto, tenía un no sé qué, era de esas de las que hablaba todo el mundo, y eso hacía que pareciéramos más importantes, era la Motoretta de G.A.C., ahí es nada. ¡Estábamos en la cresta de la ola!, la Motoretta competía con otras míticas bicicletas de características similares que se hicieron muy populares en aquella época, la Rabasa Derbi, la Torrot, la Bicicross de BH... Yo ya sabía montar en bici, fue una Semana Santa en casa de mis primos de Villanueva de la Serena (Badajoz), me caí varias veces, pero terminé por controlar el artefacto mecánico.

También la rememoro por dos razones más, la primera es que no hace mucho vi en Internet a un individuo que subía y bajaba puertos con una bicicleta de estas en plan rompepiernas, porque caber recordar que esas bicicletas no tenían cambio alguno, es decir, un plato y un piñón, y nada de amortiguadores como ahora, más gráfico imposible. La otra razón es que mi Motoretta sigue viva en Begíjar (se muestra en la foto que inicia esta entradilla), arrumbada junto con un montón de trastos. La rueda delantera estaba por allí, me confirmó mi padre, y eso quiere decir que si tuviera un subidón retro alguna vez, el arreglo sería simple, engrasar la cadena, ponerle cable de frenos, cámaras nuevas y ¡a correr!

La estética de aquellas bicicletas contrasta con la actual, entonces eran unas bicis pesadas, con ruedas gorditas, un sillín grande y mullido, y un manillar alto, todo para llevar una postura relativamente cómoda, bastante erguido, al más puro estilo «Verano azul» que obviamente es de mis hierbas. Ya se sabe, las de hoy, las de montaña, son más livianas, ruedas algo más finas pero con un radio mayor, sillín de carreras y estructura que te obliga a doblar más la espalda, algo que afecta sí o sí a tu integridad. Las bicicletas de paseo son las menos en las tiendas especializadas, y prácticamente no ves a nadie con una bici de ese tipo, la bicicleta de montaña se impuso hace ya veinte años y mantiene ese liderazgo, con numerosos avances que cada vez la hacen más ligeras, con más cambios, amortiguación, frenos de disco...

No obstante, la Motoretta pese a su apariencia estética de bici de paseo, en realidad, tenía una acusada deriva hacia el motocross y, de hecho, esa posición erguida te permitía echar hacia atrás el cuerpo y conseguir los célebres caballitos que tanto gustan a niños y jóvenes. Por entonces, había detrás del bloque de enfrente de donde vivía un amplio descampado, en el mismo se sucedían de forma caprichosa promontorios de varias alturas en los que yo hacía mis pinitos y lograba hacer unos saltos muy respetables. Después me «especialicé» en ciclocrós en el mismo lugar y, salvando las distancias, quería emular a esos belgas y holandeses que con su bici de carreras subían y bajaban montañitas y se ponían perdidos de barro. Allí me hice mi propio circuito en el que disfrutaba durante muy buenos ratos en solitario queriendo ser en un futuro una estrella de esa disciplina deportiva en la que España jamás había sido nadie.

Junto con todo esto, alternaba mi amortización de la Motoretta con excursiones fuera del barrio y fuera de Linares, y sin miedo me metía decenas de kilómetros entre pecho y espalda, con la bici tocho, sin cambios ni amortiguadores, casi a la aventura.

Y ocurrió, mis padres no las tenían todas consigo con el asunto de la bicicleta y yo insistía en que sus temores eran infundados, porque yo manejaba bien, pero al final se fundaron, es decir, que me la pegué. Fue un sábado de invierno por la mañana, y la Motoretta que tenía mucha tralla y muchos golpes, andaba con el pedal derecho medio partido. Íbamos un amigo del barrio y yo a Vilches, para el que no lo sepa para subir a Vilches que está en una loma viniendo de Linares, hay una cuesta considerable para llegar con rampas muy serias. A la vuelta el pedal se terminó de romper, y optamos por seguir de forma algo más penosa apoyando mi pie derecho en los apenas dos o tres centímetros de hierro que antes fue pedal y que había quedado vivo y, sobre todo, haciendo el mayor gasto con la pierna izquierda. Pero en una bajada, intentando meterle caña a mi bici-tocho, pues se me escapó el pie derecho del mini trozo de metal y metí el pie en la rueda delantera, la Motoretta saltó por los aires y yo aterricé con todos los morros.

Total, la cara hecha un cristo, lo más significativo es que mis dos incisivos centrales superiores me los había partido, uno de forma horizontal y otro en diagonal, aparte de heridas en manos, brazos y piernas. Pasaron por allí unos con un Land Rover y remolque y echaron atrás las bicicletas (la de mi amigo también) y nos llevaron a Linares. Aparte del susto inicial, mis padres confirmaron lo que nunca querrían que hubiera pasado: «Te lo dije». Me tuvieron que arreglar los dientes cuando terminé de crecer y seguro que mis padres se gastaron el dinero de tres Motorettas y a fuer de sincero que desembolsaron una buena suma, porque el dentista que me arregló la boca en Úbeda me estuvo mandando cartas a mi casa durante muchos años en el día de mi cumpleaños. Hizo un buen trabajo y, de hecho, mis incisivos de arriba antes eran más grandes, era algo dentón, y me los apañó estéticamente.

LA MOTORETTA 2
La Motoretta sirvió después, pero menos, aunque siempre tuve un grato recuerdo pese a aquel luctuoso incidente del que tengo testigos en mi boca. Y ese tipo de bicis evolucionaron en muy poco tiempo, de hecho, los competidores de la Motoretta (por cierto, bici fabricada en la localidad guipuzcoana de Éibar por G.A.C., siglas de Garate, Anítua y Compañía), con esos modelos de bicis que he referido con anterioridad llevaron a cabo la modificación principal en el asiento, en forma de L, al más puro estilo de las clásicas motocicletas Chopper, y rápidamente G.A.C. se puso las pilas y también se sumó a la onda, por lo que sacó al mercado la Motoretta 2 con ligeros cambios en la horquilla, pero con un sillín más deportivo y molón.

Por cierto, una curiosidad más de la Motoretta 1, el sillín, propio de un ciclomotor, era en realidad muy similar al de su hermano mayor y, de hecho, en la parte trasera de este sillín se leía Mobylette, y es que este ciclomotor con licencia francesa se fabricaba en G.A.C. desde los años 60, un clásico entre los clásicos que forma parte de la historia y el costumbrismo de nuestro país en la segunda mitad del siglo XX.

Ahorraría después y con 24 años sucumbiría y me compré una bici de montaña que le saqué más partido si cabe que a la anterior. Una bici de marca estadounidense, aunque seguramente hecha en China. También me hacía muchas rutas en solitario por ahí. Fueron muchos años de ciclismo aficionado, carretera, montaña, caminos... Del mismo modo que con la vetusta Motoretta, tuve un golpe relativamente gordo con ella, iba por un camino a las afueras de Linares y bajaba una pendiente pronunciada, el camino era estrecho, y al girar en una curva y a buena velocidad que iba, me encontré un Mercedes verde que ocupaba todo el ancho del camino, no me dio tiempo a nada, sólo a lanzarme a la cuneta para no estrellarme contra el coche. Consecuencia, magulladuras por todo el cuerpo y rotura del metacarpiano del pulgar de la mano izquierda.

MI ACTUAL ORBEA
Ahora llevo algo más de un año saliendo con otra bici de montaña, una Orbea, que me tocó hace unos años en un sorteo de un grupo ciclista de mi pueblo y que, sin embargo, la tenía casi nueva, ya que prefería salir con mi perra a correr y ella me seguía muy bien el ritmo, con la bici era imposible. Lamentablemente mi perra me dejó en junio del año pasado y entonces desempolvé aquella bici que no me costó ni un duro, y ahora pedaleo más que corro. El riesgo está ahí, lo que pasa es que ahora lo limito mucho más que antes, tengo varias rutas fijas, sin sorpresas, y suelo no explorar caminos o carreteras que he rastreado poco o en las que directamente no he pasado.

Sin duda, puedo decir que el deporte al que más horas he dedicado en mi vida ha sido al atletismo, a correr, aunque por número de kilómetros seguro que he recorrido más con la bicicleta por obvias razones, y bueno, mucha parte de culpa la tuvo aquella Motoretta tan chula que hoy habita, un tanto descuidada y olvidada, en el desván de un pueblito de la provincia de Jaén.

viernes, 10 de julio de 2015

Y EL CAMPEÓN DE LA LIGA MASCULINA DE VOLEIBOL ES... EL REAL MADRID

Sí, sí, no es broma lo que reza en este titulillo, para los que son de mis hierbas tal vez puedan recordar que este titular hace poco más de treinta años era muy habitual y que el Real Madrid de los años 70 y principios de los 80 del siglo pasado, no sólo ganaba las ligas de fútbol, baloncesto, sino también la de voleibol.

Voy a empezar por el final, tristemente la sección de voleibol del Real Madrid desapareció en la temporada 1982/83, y lo hizo, como se suele decir, en gloria, es decir, con el éxito a cuestas, pues se hizo con el doblete, Liga y Copa del Rey. Al parecer esta sección era deficitaria y los rectores del club, con Luis de Carlos a la cabeza en ese momento, decidieron dar el cerrojazo al voleibol y centrarse en exclusiva en el fútbol y baloncesto. Mala política a mi entender, considerando que el deporte tiene que ser necesariamente rentable, cuando en todo caso, tiene que ser autosuficiente, y si se perdía dinero había que adelgazar y ya está, pero no morir.

Alabo mucho y no me escondo, al referir en esta bitácora en alguna ocasión, la política de club del FC Barcelona, porque realmente es «más que un club», manteniendo otras disciplinas amén del fútbol, baloncesto y balonmano que son las más conocidas, también tienen otras, tanto profesionales como amateur, tales como hockey hielo, hockey patines, atletismo, fútbol sala, rugby, patinaje... E incluso, en el fútbol mantienen una sección femenina que ha sido este año campeona de Liga y es la base principal de la selección española que hemos podido ver en el Mundial de Canadá a principios de verano, y que ha generado tantos titulares. Creo que me siento un poco del Barcelona como amante del deporte, pero la utilización política de un sentimiento deportivo, y la ambigüedad con la que se mueven por toda España sus dirigentes es deplorable. Precisamente en el resto de España el club tiene más seguidores que en toda Cataluña y no quieren escuchar hablar de independencia (porque ya serían aficionados de un equipo extranjero), hace que no me representen, aun cuando me congratulo con los éxitos deportivos de muchas de sus secciones.

El Real Madrid mantiene un señorío en el fútbol y baloncesto que, sinceramente, contrasta con la falta de escrúpulos con la que han ido deshaciéndose de un montón de sus míticas secciones. Es más, cuando hay un nuevo período electoral no escucho a ningún candidato que quiera reactivar estas secciones, ni siquiera intentando hacerlo además desde el amateurismo, que es lo más fácil, y que es desde donde se construyen los auténticos proyectos deportivos, auspiciando convenios de colaboración con clubes existentes, donde el potencial de la masa social del Real Madrid daría una vuelta de tuerca a un montón de esos proyectos que hoy día son humildes y prácticamente anónimos. Para colmo, he escuchado que para la próxima temporada querían deshacerse definitivamente de su tercer equipo de fútbol, el Real Madrid C, algo que me parece fuera de lugar. Y es que no sé hacia dónde camina este club del que soy aficionado pero cada vez menos.

Aún recuerdo ver en algún Estudio Estadio, de esos que te echaban durante toda la tarde retransmisiones en directo y no programas enlatados o repeticiones de competiciones, como ahora, algún partido en el que el Real Madrid de voleibol era el protagonista, y como yo era del Real Madrid de fútbol y de baloncesto, por ende, también lo era de este.

Y para el que sea un incrédulo o tal vez un desconocedor de la realidad de esta sección madridista que con cierto bombo he querido llamar la atención a través del titulito de esta entrada, hay que decir que aun después de más de treinta años de su desaparición, el Real Madrid de voleibol sigue siendo el club más laureado de este deporte en España. Hasta hace un par de meses en solitario, pero con la consecución del Unicaja Almería de su décima Liga más nueve Copas del Rey, iguala los diecinueve títulos del Real Madrid que logró siete Ligas y doce Copas (entre Generalísimo y Rey). Eso sí, el Real Madrid de voleibol aún mantiene la conquista de seis dobletes, que por el momento sigue sin ser superado por ningún club.

En los últimos años de existencia donde mantuvo un gran nivel competitivo no sólo disponía de una nómina de reconocidos jugadores españoles, sino que contaba con uno o dos jugadores extranjeros de gran nivel que le otorgaban mayor calidad, si cabe, al equipo. Tal vez los nombres más sonados de aquel equipo que expiró en 1983 fueron Fernández Barros y Sánchez Jover, y he subrayado estos, porque para los amantes de este deporte, aunque sean jóvenes, quizá los hayan oído nombrar en los últimos años en algún club, pues se han mantenido vinculados al voleibol en su faceta directiva o como entrenadores.

El equipo jugó hasta mediados de los 60 en el Frontón Fiesta Alegre de Madrid, y después con la construcción del Pabellón de la Ciudad Deportiva del Real Madrid (luego llamado Pabellón Raimundo Saporta), fue allí donde disputaría sus encuentros como local.

El Real Madrid era el estandarte del voleibol nacional en la década de los 60, 70 y principios de los 80, y lo hacía en el nivel en el que se movía y se mueve este deporte en este país, es decir, en la clase media europea, y yo diría que media baja a nivel mundial, salvo alguna época dorada entre finales de los 90 y 2007, año en el que sorprendentemente se logró el Campeonato de Europa de selecciones, aprovechando una gran generación representada muy especialmente por Rafa Pascual el mejor jugador de voleibol español de la historia y uno de los mejores del mundo en su momento. Pues eso que el Real Madrid era el líder en España y en las competiciones europeas no destacó demasiado, no tiene ningún logro digno de mención, ante el empuje de países balcánicos y centroeuropeos que siguen siendo los referentes de este deporte en nuestro continente.

La verdad es que aún mantengo en mi retina el recuerdo de esos jugadores con camisetas del Real Madrid pero jugando y ganando al voleibol, un deporte plástico y estético como pocos, siempre espectacular, y que además, tiene un carácter que lo separa de otros deportes y es que en el voleibol no hay contacto físico entre los equipos, existe mucha deportividad, escasa marrullería y las mayores disputas son siempre protestas por decisiones arbitrales.

Cuando un proyecto muere, sobre todo si es deportivo, nunca cesan las voces que pretenden resucitar lo que está muerto. Al hilo de esto siempre se ha oído hablar del reflotamiento de antiguas secciones del Real Madrid, entre ellas el voleibol, pero también el atletismo, hasta hay una cuenta de Twitter de la que yo he sido seguidor (dejé de seguirla porque nadie la movía), y en la que un grupo de aficionados pretenden hacer emerger esta sección con los colores y la enseña madridista.

Reitero que lejos de la megalomanía que asalta los deportes de masas, en especial el fútbol, construir otros deportes desde la base no es costoso, y es muy fructífero desde el punto de vista social, tal y como hace el FC Barcelona. Yo abogo por que el Real Madrid, fuera verdaderamente más que un club y pudieran ver la luz algunos de las muchos deportes que antaño llevaban este escudo tales como balonmano, lucha, béisbol, rugby, remo, piragüismo, tenis, halterofilia, ajedrez, lucha..., por citar algunos de los más de treinta deportes que se potenciaron desde la entidad blanca.

sábado, 4 de julio de 2015

NIGHTNOISE, LA MEJOR FUSIÓN DE JAZZ Y MÚSICA CELTA

Hace veinticinco años que me metí en este mundillo de la música New Age, y por aquel entonces apenas unos pocos éramos los que compartíamos los escasos discos que intentaban hacerse hueco en las tiendas del ramo, que en aquella época gozaban de un éxito arrollador, casi olvidado hoy día donde apenas subsisten en las grandes ciudades o en hipermercados y grandes almacenes.

Esa música nos la traían gurús de la comunicación tan camaleónicos como Ramón Trecet, con su mítico programa Diálogos 3, a la hora de la siesta; y también recuerdo otro espacio, este en M80 Radio, que se llamaba Música privada, y que se emitía en las primeras horas de la madrugada.

Cualquier dato al respecto de estas nuevas músicas, suponía para los jóvenes que nos adentrábamos en esta movida, un cúmulo de comentarios y ante todo un deseo de poder contar en un futuro con alguno de esos discos, que los rectores de esos programas decían traer de Estados Unidos.

El caso es que circulaba entre nosotros una especie de mafia buena, de la que se derivaba que alguien que había conseguido un disco se lo grababa a otro, ese otro a un tercero, y así sucesivamente, cuando no se grababa directamente de la radio, con la escasa calidad que aquello tenía. Ese mercadeo de cintas de casete nos trasladaba una jerga que si hoy nos la escucharan nuestros jóvenes creerían que hablamos en chino. Las cintas de hierro, baratas y populares; las de cromo, más caras pero para algo más sofisticado que querías que fuera duradero; y las metálicas, estas eran profesionales y de precios prohibitivos para los jóvenes (yo nunca las vi). Todavía tengo en mi casa una bolsa con decenas de cintas, de las que no me deshago por cariño, porque, de vedad, jamás volveré a escuchar.

Uno de esos grupos que sonó en mis primeros años de accesión a la New Age fue este Nightnoise, realmente su música me parecía la quintaesencia de estos nuevos sonidos que aparecían como una revolución musical, una especie de revisión de sinfonías clásicas actualizadas. Aun asumiendo que, reitero mis calificativos, era una música suave, dulce, sedosa, alegre, vital. Te daba la sensación de ser algo elaborado con mucho gusto. Fabricada sin letra en la mayor parte de las composiciones, para provocar en el oyente un cúmulo de sensaciones; me imaginaba y me imagino que la música sin letra es como un libro sin imágenes, en el que tu mente debe hacer un esfuerzo para evocar lo que se transmite, al igual que imaginas la cara de los personajes de una novela por su descripción física.

Por cierto que en aquella época, aparte de dominar el nombre de no menos de veinte grupos, de ciudades estadounidenses en las que se vivía el movimiento con mayor presencia, también controlábamos algunos vocablos o expresiones propias. Por ejemplo «Windham Hill», se trataba de un sello discográfico que se había especializado en música New Age, y en aquellos tiempos (finales de los 80) apenas nadie era alguien si no se había acercado a aquella casa. De hecho, yo tengo todavía algún disco en cinta, que es algo así como «lo mejor de Windham Hill». A propósito, Windham Hill, hoy bajo el paraguas de Sony Music, fue creada por el guitarrista William Ackerman, uno de los padres de la New Age tal y como la concebimos actualmente y su antigua esposa Anne Robinson.

Pronto se hizo eco Windham Hill de la oportunidad de explotar a Nightnoise. El grupo nació fruto de la fusión de estilos, algo que en los 80 se atisbaba como la verdadera piedra filosofal de la New Age. Previamente a ello, hay que decir que se vivió en los años 70 en el mundo musical una especie de moda por la música popular irlandesa (celta), cuyo encumbramiento se vivió con el mítico grupo Clannad, del que salió la mediática Enya. Como consecuencia de ello otros grupos en Europa también se hicieron eco de ese gusto por la música étnica y en España también tuvimos nuestras secuelas, Celtas Cortos, salvando las diferencias, fue tal vez el proyecto más reconocible aunque formado ya en los 80. Hay que decir que la música celta, por su sonoridad y armonía, ofrece el perfil de mezclable y adaptable a otros estilos musicales.

El guitarrista irlandés Micheal O'Domhnaill participó en muchos proyectos musicales y era, de algún modo, uno de los estandartes de la música gaélica en esa década de los 70. Fue en una gira por Estados Unidos cuando Micheal quiso dar una vuelta de tuerca a su vida profesional y conoció al violinista estadounidense Billy Oskay especializado en jazz. Y ahí nació la fusión de música irlandesa y jazz en Nightnoise que tanto éxito les reportó, y en el que participaron Triona, la hermana de Micheal, vocalista, flautista y pianista, el flautista irlandés Brian Dunning, así como el violinista escocés Johnny Cunningham.

Como he referido, tuvieron unos años brillantísimos en la década de los 80, gracias a esa fusión bellísima que no tenía altibajos, y sí guiños a otros estilos tales como la música clásica, folk norteamericano, música cósmica y world music. Fueron evolucionando, bien es cierto, como cualquier otro grupo, pero nunca perdieron el norte de su estética.

Yo particularmente me decanto por un disco recopilatorio llamado «A Windham Hill Retrospective – Nightnoise» editado en 1992, con algo más de una hora de deliciosa música, muy bien tratada, con delicadeza y que estoy convencido de que el escuchante que acceda a oírla no quedará defraudado.

Aunque técnicamente este proyecto musical no se disolvió de manera formal nunca, tristemente sus emblemas fallecieron prematuramente, en particular Micheal O'Domhnaill en 2006 con 54 años, y antes Cunningham de un ataque al corazón en 2003 con 46 años.

Nightnoise estuvo de gira en España en 1997 y son muy gráficas unas declaraciones de Brian Dunning en las que señalaba a medios de comunicación de nuestro país, al hilo del éxito que tenía su grupo que «la gente está harta de música prefabricada para el consumo».

En definitiva, el recuerdo imborrable de un grupo inolvidable para la gente de mi época que nació casi a la par que yo a estas nuevas músicas.