domingo, 27 de marzo de 2011

"RAROLOGÍA", DE RICHARD WISEMAN

Si se observa con detenimiento la portada del libro del que hoy voy a hablar, se puede deducir que no todo es como parece. Esta portada curiosa, el título del libro y la propuesta de su autor que nos presenta una nueva manera de entender el mundo desde el punto de vista del comportamiento humano, fueron elementos de calado para que adquiriera un ejemplar hace unos meses.

Quizás a alguien le suene por los medios de comunicación un estudio en el que se ponía en tela de juicio la capacidad de acierto de los inversores financieros y los bróker de la Bolsa, en comparación con un lego en la materia. Más concretamente hace unos años, un grupo de investigadores propusieron llevar a cabo un estudio en el que se seleccionó a tres personas, un analista de mercados, una vidente financiera y una niña de corta edad, para que realizaran inversiones ficticias en la Bolsa británica, todos con el mismo dinero de partida. Después de varios meses de jugar a invertir, los resultados no podían ser más esclarecedores, la niña pequeña había resultado ser la ganadora, lo que da idea más que de la eficacia de un bróker, de lo errático que es el juego de la Bolsa.

En este y en otros experimentos poco comunes ha participado el escritor que traigo a colación, Richard Wiseman, un psicólogo británico, catedrático de Comprensión Pública en la Universidad de Herfordshire, en el extrarradio de Londres. Un curioso investigador, muy reputado por sus curiosas investigaciones, que a sus 45 años ha conseguido hacerse un nombre en la psicología alternativa.

He etiquetado esta entrada en “rarezas”, no porque el libro en sí sea raro, que no lo es, pues es relativamente conocido, sino porque su título “Rarología” y las investigaciones y estudios que en él se contienen sí que se pueden catalogar en el terreno de las rarezas.

Es curiosa la vida de Wiseman que comenzó su carrera profesional como ilusionista para, posteriormente, obtener su título universitario y centrarse en tareas docentes, y en sus raros métodos de sondear el comportamiento humano.

Su libro es un homenaje a muchos investigadores que dedicaron su tiempo y esfuerzo a realizar experimentos poco comprendidos o aparentemente inútiles, pero que tenían como fin explorar qué se esconde en la conducta de los habitantes de este planeta.

En un recorrido simpático a la par que apasionante este psicólogo nos abre las puertas de decenas de investigaciones llevadas a cabo por personas audaces a lo largo de muchos años y de las que tal vez se conocen más sus resultados que las mentes que idearon esas propuestas.

Algunos ejemplos nos pueden resultar ilustrativos, así el cómo puede influir el horóscopo en la vida de las personas, nos narra el hecho de que haya un buen número de habitantes de este planeta capaces de hacer verdad los pronósticos diarios de un periódico, más que por la audacia de los astrólogos que hay detrás de la elaboración de un horóscopo, por la flexibilidad y adaptación de los receptores del mensaje, que son capaces de amoldar su vida diaria a lo que dice el horóscopo.

Es posible también, que en los últimos años hayamos oído hablar del éxito de determinadas personas en la vida en función del mes del año en que nacen. Particularmente recuerdo uno reciente en el que, con una cierta lógica, se señalaba una ligera tendencia a que hubiera deportistas de élite en los nacidos en los primeros meses del año con respecto a los que nacieron en los meses más postreros, en especial en deportes colectivos. De estas especificidades se han llevado a cabo numerosos estudios, que son referidos por Wiseman.

Del mismo modo, nos muestra esos estudios que han llegado a la conclusión de que entre dos personas en el mundo, al azar, sólo hay de media una distancia de seis eslabones de contactos.

Se atrevió a llevar a cabo la búsqueda científica del chiste más gracioso del mundo. Evidentemente el estudio se llevó a cabo en países anglosajones, y ya sabemos lo diferente que es el humor británico. ¿Y cuál resultó ganador? Igual no tiene gracia, aunque si lo contara Chiquito de la Calzada, no sé, no sé:

Sherlock Holmes y el doctor Watson se van de campamento, instalan su tienda de campaña bajo las estrellas y se van a dormir. En medio de la noche, Holmes despierta a su amigo Watson y le dice:
- Watson, mira las estrellas y dime, ¿qué ves?"
- Veo millones y millones de estrellas – responde Watson.
- ¿Y qué deduces de esto? – le pregunta Holmes.
- Bien, si hay millones de galaxias y aunque sólo unas pocas de ellas tienen planetas, es muy posible que haya planetas como la Tierra allí afuera. Y si existiesen algunos planetas como la Tierra, también es posible que haya vida.
Enojado, Holmes le responde: "Watson, no seas idiota, significa que alguien nos ha robado la tienda de campaña".


Donde resulta más brillante Wiseman, bajo mi punto de vista es en tirar por tierra determinados mitos y falsas creencias. La producción videográfica de este psicólogo es notable y se pueden encontrar en Internet con la palabra clave “quirkology” (“rarología” en inglés) o con su propio nombre, diversos vídeos muy ilustrativos.

En uno de ellos, y con la colaboración de la televisión inglesa BBC, dispuso un manto lineal de brasas de unos veinte metros, y propuso a varias personas que se las daban de tener poderes sobrenaturales por ser capaces de andar sobre brasas sin quemarse, el que lo hicieran por un recorrido más amplio que el habitual; apenas consiguieron andar ocho metros el que más y con quemaduras en los pies. Y la demostración científica es simple, la conductividad térmica de las brasas es muy baja, y mientras el lecho sea relativamente corto se transferirá muy poca temperatura a los pies; de tal manera que si cualquier mortal quiere darse un paseo de un par de metros por unas brasas con los pies descalzos, no le va a pasar nada y, además, puede alardear de superpoderes.

En otro experimento, también colgado en la Red, hace que un actor ejerciendo de médium, organice una sesión de espiritismo totalmente forzada, con la que Wiseman demuestra que gracias a determinada ambientación, luz, olores, mobiliario, una historia convincente, objetos perfectamente dispuestos…, los participantes son capaces de tener percepciones extrasensoriales, dicho por ellos mismos, que no son más que fruto de la propia sugestión.

Por último, Wiseman sigue siendo un muy buen aficionado a la magia que, en realidad, según este autor tiene hoy día poco de prestidigitación, es decir, poco que ver con movimientos rápidos, pues los ilusionistas utilizan una variedad de armas psicológicas para engañar a sus espectadores, aquí también la sugestión juega un papel primordial en este proceso. Y, del mismo modo, invito a echar un vistazo a sus trucos colgados en Internet, algunos con la solución y otros que hay que adivinarlos, aunque con un poco de sentido común se halla la respuesta.

En fin, un libro muy entretenido que es, sin duda, una obra abierta, porque ya no es sólo los vídeos que circulan en Internet, sino que este autor tiene una página web en la que cuelga sus experimentos “rarológicos” y en la que también podemos navegar un rato y distraernos un poco, se trata de www.rarologia.com. En esta página permite que sus visitantes propongan nuevos estudios raros y yo, en breve, voy a hacer mi sugerencia, si da resultado, ya ofreceré cumplida respuesta.

domingo, 20 de marzo de 2011

¿DE QUÉ SE RÍEN LOS POLÍTICOS?

Hace unos días pudimos presenciar una esperpéntica intervención del Consejero de Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid, señalando que un título de transportes denominado “metrobús” no existía. Ya sabemos todos que la cagó de plano y los palos le han caído por todos lados. No obstante, lo más surrealista del asunto es que por detrás de él, sentados en sus escaños, sus compañeros de filas le reían la gracieta, no sé si porque eran cómplices del desconocimiento del tal metrobús, o porque actúan como borregos aplaudiendo y jaleando todo lo que digan los de mi partido, aunque sean solemnes burradas.

No mucho tiempo atrás, el Vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, según palabras de Pilar Manjón, la Presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, le espetó que “cualquier día tendrían que hacer un monumento para las putas de Montera”, cuando esta Asociación le solicitó en una reunión un memorial en recuerdo de las víctimas del 11-M en la Estación del Pozo del Tío Raimundo.

Aproximadamente hace un año, aquí mismo en Bailén, la Senadora socialista por Jaén, Adoración Quesada, ponía en duda las cifras oficiales de desempleo, haciendo afirmaciones tales como “si el paro afectara de verdad a 20 de cada 100 españoles, habría estallado ya otra guerra civil” o perlas del tipo de “uno tiene que darse una vuelta por la calle, por los campos de fútbol, centros comerciales, romerías, bares, se ve a uno que está en el paro pero lleva un BMW”.

Y, bueno, podría continuar con declaraciones desafortunadas de políticos, tantas como para llenar muchos folios y esto sería inacabable. Como es fácilmente imaginable, nadie ha dimitido ni dimitirá por esto, porque no sé qué clase de imán tiene el sillón político que nadie quiere soltarlo bajo ninguna circunstancia. Y, ojo, estoy hablando de manifestaciones públicas indignas y fuera de lugar para un representante de sus ciudadanos, no me estoy refiriendo a aquellos políticos que están imputados en algún proceso penal. Será por mi bagaje profesional y formativo, pero ser imputado no es ser culpable de nada, aunque los medios de comunicación nos tengan acostumbrados a hacer un juicio paralelo (están a la orden del día), y darnos a entender que un imputado en una trama de corrupción ya es culpable de haber llevado unos milloncejos, y es que del dicho al hecho...

Por fortuna vivimos en un país donde la seguridad jurídica está bastante bien asentada y los imputados tienen posibilidades de defenderse, de presentar pruebas y de rebatir todo aquello que les pueda perjudicar. Nuestro ordenamiento jurídico no funciona como esa bazofia de los programas del corazón, en los que un personaje famosillo puede ser juzgado y sentenciado en una sola tarde como si de un juicio sumarísimo se tratara. Por tanto, cuando una sentencia declare que tal cargo público es culpable, entonces podremos afirmar con rotundidad que es corrupto, delincuente, ganapanes y amasafortunas, antes no.

Pero vamos al meollo de la cuestión, este fin de semana veía un telediario con mi familia y las declaraciones de políticos de uno y otro bando eran las mismas de siempre, las que podemos ver ayer, hoy y mañana de forma cotidiana; era como el chiste, uno decía “tú”, y el otro contestaba “pues anda que tú”. Últimamente ves a los políticos que están centrados más que en hablar de soluciones para el país, en criticar, menospreciar y derribar a sus contrarios, pero dándoselas de graciosos, y me da igual el signo político, esto se ha convertido en un “quítate tú que me ponga yo”.

Es más, observo cada vez con mayor frecuencia que nuestros políticos tienen una franca deriva hacia el sarcasmo, el chiste fácil, la parodia. No sé si es porque tienen un frustrado deseo de participar con un monólogo en “El club de la comedia”. Seguro que más de uno podría tener un hueco, pero eso sí, no para hablar de política, porque sus gracias y sus socarronerías a mí no me despiertan ni un atisbo de sonrisa e imagino que mucha gente está conmigo, porque no es un alarde y sí una realidad, el pensar que la política es un asco y que cada vez interesa menos y cabrea más.

Y lo peor de todo es que nadie le pone coto a esto. Recuerdo que a finales de los 80 vi un partido de la Copa de Europa de fútbol (ahora Liga de Campeones) y disputaban un partido el Galatasaray de Estambul contra el Steaua de Bucarest. El conjunto otomano era bastante limitado pero sobresalía un jugador en el centro del campo que manejaba el balón y a su equipo con mucho criterio, era un líder; por si había dudas el futbolista del que no recuerdo el nombre, llevaba una cinta en el pelo, y junto con los amigos con los que compartía la retransmisión del partido, nos reíamos bastante porque parecía que la consigna del entrenador turco era, “cuando tengas dudas, échale el balón al de la cinta”.

No, no llevan cinta en el pelo los líderes políticos, pero como si lo pareciera, porque los ves en mítines, en intervenciones en el Parlamento, en ruedas de prensa improvisadas, y los que están detrás actúan como un rebaño; si el líder levanta la voz ellos jalean: que el líder tiene una jocosa ocurrencia, todos con él; y si se le ocurre una chirigota del contrario, pues todos a carcajada limpia. Y, por supuesto, a ver lo que vota el líder, da lo mismo el fondo, si él levanta el brazo, todos a la par. Da lo mismo lo que diga el de la cinta en el pelo, aunque sea una chorrada, para más inri creo que muchos no oyen ni lo que dice, puede que hasta esté en contra de sus principios, pero yo río, abucheo o aliento, porque el que manda es el que manda, como si de una dictadura se tratara, que yo sí que me río de la disciplina de partido que es la excusa de los lideres para ningunear a sus esbirros.

En fin, retomando con el principio, sólo me queda cavilar si el tal Consejero madrileño, José Ignacio Echevarría y sus acólitos, esos que se reían, ya saben lo que es el metrobús, título de transporte que utiliza la gente común y sin clase, no como ellos que van en sus coches oficiales para no mancharse sus trajes o sus vestidos.

domingo, 13 de marzo de 2011

"LOS OLVIDADOS", DE LUIS BUÑUEL

Se me había quedado pendiente en una entradilla pasada una pequeña reseña acerca del cine del genial Luis Buñuel. Es de ese cine que está constantemente lanzando mensajes, símbolos, críticas más o menos veladas. Es de ese tipo de cine que ves por la noche y te vas a la cama rumiando la plétora de información de gran calado que has tenido la oportunidad de recibir.

Me gusta ese cine que, de vez en cuando, en medio de un desarrollo lineal te lanza una descarga para que luego la medites. Los guiños surrealistas son una constante en la obra de Buñuel; siempre bien traídos y con la habilidad y el genio de este cineasta aragonés que curiosamente desarrolló su carrera fundamentalmente entre México y Francia, y que hacen de sus películas un género personalísimo, siempre saliéndose de los cánones establecidos.

Me voy a centrar en una película que sólo por su nacionalidad, mexicana, y por el momento en que se hizo, en 1950, no se considera una obra maestra, ni de las mejores películas de todos los tiempos, algo notoriamente injusto. Se trata de “Los olvidados”, una película, permítaseme la licencia, olvidada. Una película hecha por niños pero sólo apta para mayores y con reparos, por la dureza de la misma.

De hecho, me viene al recuerdo una de las diez mejores películas de la historia cinematográfica, según la mayoría de los críticos, como es “Los 400 golpes” de François Truffaut, de una temática similar, pero hecha en Francia y casi diez años después, en la que se narra las vicisitudes y transgresiones de un niño casi adolescente ante la terrible realidad de una vida que deja de ser esa nube placentera de la infancia. Después de haber visto este gran filme francés, este largometraje de Buñuel no tiene nada que envidiarle.

En “Los olvidados” se narra la historia de un grupo de niños y algunos adolescentes de zonas marginales de la gran capital mexicana, que tienen que ganarse la vida haciendo gamberradas, travesuras..., yendo de aquí para allá, pero como si todo fuera un juego, una diversión para seguir adelante y para evadirlos de un entorno sin futuro.

Poco a poco la historia se va centrando en Pedro, como ha ocurrido y siempre ocurrirá este niño tiene malas juntas lo que le abocará a un terrible destino. Pedro se junta con el Jaibo un adolescente recién salido del correccional que lo enviará a un callejón sin salida.

La película no deja lugar al respiro, es más, es absolutamente asfixiante; Pedro va desintegrándose sin remedio, sin que nadie pueda evitarlo, ni la sociedad, ni su madre de la que sólo espera un mínimo gesto de cariño, ni las autoridades, ni sus amistades. Se ve inmerso en un laberinto en el que la única salida posible es trágica.

Es una aventura sórdida hacia el abismo y una crítica perfectamente ideada y perfilada hacia una sociedad que no ha cambiado mucho en estos sesenta años. Una sociedad en la que los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son más pobres, donde sin duda la brecha es muy amplia, con poca conexión entre ambos mundos, ambos se desconocen, y de algún modo, ambos se odian.

No, no tiene un final feliz, es el peor de los finales, te deja agitada la conciencia, te produce angustia, te asalta la desolación. La historia evoluciona hasta la mayor tragedia y uno no puede eludir un sentimiento acongojado en el corazón.

En fin, ya sabemos como es el cine de Buñuel, no deja títere con cabeza, no es políticamente correcto, era transgresor y sus historias podrán gustar o no, pero son diferentes. Tuvo además la tremenda osadía de burlarse de las autoridades franquistas en lo que ha sido uno de los mayores fiascos de este régimen, cuando invitaron en 1961 a este director a realizar una película en su propio país, pensando que su halo de excelente cineasta serviría para relanzar propagandísticamente a la sui generis dictadura española. Y el aragonés puso en un brete a este régimen, ideando la polémica Viridiana, con una crítica social bestial que el Gobierno de Franco, con la aprobación de la Santa Sede no pudo soportar, por lo que la película que estuvo prohibida durante muchos años en España y que es de obligada visión como esta de “Los olvidados”.

lunes, 7 de marzo de 2011

JOCELYN POOK, BANDAS SONORAS CON SELLO PROPIO

Me he dado cuenta de que cuando escribo sobre personas de las que he leído algún libro, visto una película o escuchado un disco..., creo que no he hecho hasta ahora ninguna alusión a una mujer. Y no lo hago deliberadamente, mis elecciones surgen muchas veces del azar, sobre todo las que dedico a la música que es lo que hoy toca.

Sí porque en la música New Age hay grandes compositoras y autoras, muy reputadas y que pueden comer de esto, un episodio bien complejo en un tipo de músicas que, como siempre digo, no son de masas.

En esta ocasión traigo a colación la música de Jocelyn Pook, una compositora que como suele ocurrir en mis músicas, tiene una sólida formación musical clásica, habiendo estudiado violín y viola. A ella accedí de rebote, pues hace algo más de un año tuve la mala suerte de perder dos horas de mi tiempo visionando la película de Julio Médem “Caótica Ana”, una película que hace honor a su nombre y que va cayendo en un laberinto sin pies ni cabeza, que termina por ser un insufrible bodrio. La banda sonora de esta producción es de esta compositora británica, un trabajo precioso, pleno de matices, pero que resultó para Pook el haber estado en el sitio incorrecto en un momento inadecuado.

Es curioso porque cuando una película es mala no la salva nada, ni la fotografía, ni la interpretación de sus actores, ni siquiera la genial música que envuelve una “caótica” narración. Dice Médem que esta banda sonora es una forma de energía femenina, pero cuando una película donde las mujeres son las protagonistas que va de más a menos (la última media hora es grotesca), ensombrece toda su envoltura. De hecho, no tengo dudas de que en los Premios Goya 2007, la Banda Sonora Original de “Caótica Ana”, debiera haber sido nominada, cuando no ganadora; pues ni lo uno ni lógicamente lo otro, pues cayó en el olvido de la Academia, influida por el fiasco de esta película, poco conocida por su ínfima calidad y que, evidentemente, no pasará a la historia.

Pero quién es Jocelyn Pook, se trata de una compositora británica nacida en Londres (en algunas web señalan que en Birmingham), relativamente joven, nació en 1964, para ser ya una reconocida productora musical, iniciando su andadura primero como instrumentista en el célebre conjunto The Communards y después en otros, para ir poco a poco abandonando esa esfera y centrarse en trabajos en solitario relacionados con las nuevas corrientes musicales.

La gran oportunidad y por la que trascendió al océano del estrellato le llegó al componer en 1999, varios temas originales de la banda sonora de la película de Stanley Kubrick “Eyes wide shut”, por la que recibió varios premios y nominaciones, entre otras a los prestigiosos Globos de Oro. Ha hecho otros trabajos amén de la gran pantalla, sin embargo, a partir de ahí ha habido una especie de comunión entre el cine y Jocelyn, participando en numerosos proyectos, en los que a falta de un buen guión, se puede afirmar que su música ha estado por encima de la calidad de la cinta a la que acompañaba. Se pueden citar entre esas incursiones en el cine otras en las que hace algunas canciones o las producciones completas, películas tan conocidas como “Gangs of New York”, “El mercader de Venecia”, “L´emploi du temps”. También ha compuesto temas para televisión.

El año pasado volvió a trabajar con Julio Médem en su producción “Habitación en Roma”, nuevamente una película que no se elevará al Olimpo de las grandes películas y en la que vuelve a ejercerse el mismo efecto que en “Caótica Ana”, que ni la película dignifica la banda sonora y ésta es tapada por su envoltorio filmográfico.

La música de Jocelyn Pook tiene un sello propio, muy apoyada en las voces, sin idioma inteligible, generalmente femeninas, con presencia y acento de violas y violines, por las que esta británica tiene predilección. A buen seguro que en las próximas décadas asistiremos a una reafirmación de Jocelyn, tirando de veta, continuando con sus producciones musicales para el cine, donde se desenvuelve como el pez en el agua.

Me ha parecido relevante traer en esta ocasión a una compositora de bandas sonoras por su calidad musical y su genio, por su relación con España (aunque no haya acertado con las películas) y también como un pequeño homenaje a otro británico ilustre como John Barry, un soberbio y portentoso creador de bandas sonoras que forman parte ya de la historia del cine, y que nos dejó el pasado mes de enero.