sábado, 25 de abril de 2015

EL PASSO DI GAVIA EN EL GIRO 1988, LA ETAPA MÁS DURA DE LA HISTORIA DEL CICLISMO MODERNO

Con los deportes me pasa igual que con algunas actividades lúdicas de mi vida, mantengo siempre unas preferidas aunque hay épocas donde le tiro más a unas que a otras. Si de joven alguien me hubiera preguntado por mi deporte rey, desde luego nunca diría que es el fútbol, porque desde bien pequeño lo vi demasiado mercantilista. A buen seguro que en mi ranking particular estaría el ciclismo entre mis tres deportes más seguidos.

Cuando veo ahora, muy de vez en cuando, en las etapas de montaña de las grandes vueltas fundamentalmente, a los comentaristas de TVE cómo conocen a los ciclistas desde lejos, sin ver el dorsal, prácticamente con su antropometría, por cómo se mueven, por el pelo..., en realidad, yo tenía bastante vicio también hace prácticamente un cuarto de siglo para reconocer a la mayoría de los corredores del pelotón de profesionales, y eso que no había Internet.

Entonces me pasaba las tardes viendo las retransmisiones de la Vuelta, el Tour, el Giro, no me perdía los Mundiales, las clásicas y hasta las vueltas a las comunidades autónomas, si había retransmisión por supuesto. Por desgracia, no se estilaba como ahora echar la carrera casi desde su inicio, porque de lo contrario también me la hubiera tragado.

El seguimiento del ciclismo lo he abandonado casi por completo, la sombra del dopaje es tan alargada que yo no consigo que me despierte algo del interés que tenía antaño por este bello deporte. Imagino que hoy, la mayoría son sanos deportistas en una disciplina que es de las más sacrificadas y arriesgadas de las que existen a título profesional, pero los escándalos más o menos recientes y tan extremadamente mediáticos le han metido una estocada mortal de necesidad. El ciclismo continuará pero la crisis que mantiene tardará tiempo en superarse y la clave para su superación será la honradez de los equipos ciclistas, directores técnicos, médicos y, por supuesto, los propios deportistas, con años de limpieza y a la par de espectáculo con objeto de ganarse el respeto de las marcas comerciales, medios de comunicación y aficionados.

Pero a lo que venía era a recordar una de esas gestas épicas que, con el testigo de excepción de la televisión, permitieron que muchos redobláramos nuestro interés y admiración por este sacrificado deporte.

Corría el año 1988 y por el Giro de Italia compareció por primea vez un Perico Delgado que estaba en la cresta de la ola, y que con pundonor y gallardía, nos volvía locos a los amantes del ciclismo. Por supuesto, había que seguir ese Giro para ver si el segoviano daba la campanada y conseguía esa ronda italiana que tanto se resistía al ciclismo español. Delgado nos gustaba porque era humano, luchaba y sufría, atacaba pero también flaqueaba, era todo raza, nada comparado con esos robots que vinieron después tales como Induráin o Armstrong, este último dopado y desposeído de un montón de títulos, entre ellos sus siete Tour.

Por aquel entonces, como digo, apenas echaban los últimos kilómetros de carrera, como mucho una hora de retransmisión. Se comentaba que en esta edición, en lo que viene siendo la salsa del ciclismo, o sea, la montaña, aparecía un puerto de primera categoría inédito (aunque en realidad ya se había ascendido en 1960), el «Passo di Gavia» que aparte de su dureza tenía algunas zonas sin asfaltar, lo que hacía su ascensión aún más heroica.

Y llegó el día, las imágenes que nos llegaron de la transmisión italiana fueron muy sesgadas, muy limitadas; las adversas condiciones meteorológicas que habían acaecido en aquella jornada del 5 de junio de 1988, domingo para más señas, no permitieron hacer un seguimiento con las motos apoyadas por los helicópteros repetidores de la señal. Hoy día esos problemas técnicos también siguen sin resolverse.

A priori, las dificultades de las ascensión al Gavia se atemperaban con el hecho de que la etapa que comenzaba en Chiesa in Valmalenco tenía apenas 120 kilómetros, con lo que por muy duro que fuera afrontar este puerto y los tramos no asfaltados, en cualquier caso, era hacer ese esfuerzo, descender a la localidad de Bormio y a descansar al hotel.

Pero aquel día de final de la primavera, se presentó en los Alpes como si fuera un día de pleno invierno, llovía a cántaros («a cubos» señalaba el que a la postre ganó el Giro de ese año, el estadounidense Andrew Hampsten). La decisión estaba en manos del Director de carrera, Vicenzo Torriani, el cual tenía ciertos antecedentes de ser demasiado condescendiente y máximo responsable de que el Giro perdiera adeptos por ser una carrera demasiado monótona y aburrida; pero en esta ocasión quiso quitarle la razón a sus detractores y pese a los partes meteorológicos optó por dar el pistoletazo de salida y que esa etapa se celebrara en su totalidad.

Durante toda la etapa estuvo lloviendo muchísimo, pero fue en el Gavia donde se llegó hasta el límite de las condiciones humanas, ya no era frío, ni lluvia, ya era ventisca y una nevada incesante, con la carretera mojadísima, los tramos no asfaltados eran puro barro, donde se hacía surco por donde pasaban las ruedas; a medida que ascendían ya todo estaba nevado; y todo se mezclaba con una espesa niebla.

Aquella no fue una batalla deportiva sino una lucha por la supervivencia. Los más hábiles se prepararon bien para ascender el Gavia, fueron los menos; de hecho, las pocas imágenes existentes de aquel ascenso reflejan al corredor que coronó, el holandés Johan van der Velde subiendo en manga corta y con el maillot prácticamente blanco, era como una imagen extraña en un paisaje inundado de nieve.

Van der Velde llegaría a la cima el primero, pero lo hizo tan al límite que pararía para recuperarse del esfuerzo sobrehumano, calentarse, beber algo caliente, y al final llegaría con más de tres cuartos de hora sobre el vencedor. Por detrás, el más listo de la clase había sido Andy Hampsten, el norteamericano, se había abrigado bien y llevaba varias capas sobre su cuerpo, junto a él otro holandés, Erik Breukink.

Mientras tanto a la cima del Gavia seguían llegando corredores extenuados, sin fuerzas, con rostros desencajados y con aspecto enfermizo. En algunas imágenes que la historia nos ha dejado se ve a aficionados y asistentes de equipo intentando calentar las manos de los esforzados, aprovisionando de ropa..., incluso algún ciclista se niega a continuar.

Pero si todos pensaban que lo peor ya había quedado atrás, estaban realmente muy lejos de que fuera así, el descenso fue demencial, también había tramos no asfaltados, con la velocidad y el frío imperante, el impacto sobre el cuerpo de los ciclistas se multiplicó por mucho. Todos pararían en algún momento para avituallarse y coger ropa, y hubo algunos que lo hicieron hasta tres veces.

En la meta Breukink le arrebataba la etapa a Hampsten por siete segundos, la lucha por el Giro ya iba a ser cosa solo de ellos dos, el tercero llegaría a casi cinco minutos, y Delgado no estuvo nada mal, siendo décimo a algo más de siete minutos.

Hampsten refiere que en el descenso las marchas estaban congeladas y que disponía tan solo de un piñón para afrontar los últimos kilómetros; los frenos también húmedos, había que tocarlos con extrema suavidad; y lo más curioso de todo, ante una jornada tan delirante, el público que presenciaba la prueba en los kilómetros finales daba por hecho que la etapa se había suspendido y caminaba por el recorrido sin control, ante tal desbarajuste de corredores, asistencias y coches de equipo.

La línea de meta se convirtió casi en una sucesión de escenas de pánico, corredores tiritando sin parar, otros desmayándose, otros convulsionando, y la mayoría que era incapaz de mover sus dedos ni su cuerpo para poder quitarse la ropa de encima. Delgado se pudo bajar solo de la bicicleta y parecía que estaba muy mal, pero no tanto como la mayoría, y en apenas diez minutos ya estaba repuesto, y es que el segoviano siempre fue de otra pasta.

Fue una etapa dantesca, de hecho, tengo un especial recuerdo de aquel adjetivo desde ese día, fue la etapa más dura de la historia reciente del ciclismo profesional. Siempre que pienso en «dantesco» se me viene a la memoria aquella mítica etapa.

Muchos corredores llegaron fuera de control pero esta vez la organización permitió que todos fueran de la partida al día siguiente, se lo habían merecido. Por una vez en la historia del ciclismo moderno, lo importante no fue ganar sino llegar. Aquel día cerca de ciento cuarenta ciclistas se convirtieron en héroes, de hecho, para muchos de aquellos profesionales valoran más que algunos triunfos que tuvieron en su vida deportiva, el hecho de aquel 5 de junio de 1988 sobrevivieron a la etapa del Gavia.

sábado, 18 de abril de 2015

LA SIERRA DE ANDÚJAR, SALVAJE, IMPONENTE, PERO UN POCO VALLADA

Sierra Morena es una extensa franja de terreno que atraviesa el norte de Andalucía, prácticamente sin solución de continuidad de este a oeste, desde la provincia de Jaén a la de Huelva. Para la gente de otras latitudes posiblemente le resultará un tanto particular observar una sierra, muy larga en cuanto a longitud (no menos larga de punto a punto que los Pirineos), pero no especialmente abrupta. En este sentido, hay que decir que su relieve no es anfractuoso y no tiene picos elevados, sino que la fotografía más típica es la de lomas suaves y pendientes que son en su mayoría accesibles.

También sorprenderá al viajante foráneo un bosque que es diferente a la mayoría de lo que se haya visto antes, el bosque mediterráneo, típico del monte bajo, con árboles de pequeño y mediano porte, rudos y retorneados para soportar más allá de unos inviernos no muy fríos y secos según temporadas, ante todo unos veranos muy severos. Y aparte, mucha capa arbustiva con una flora que es muy característica de esta sierra y que yo singularizaría en la jara, de particular fragancia y que le da un olor, a veces no apreciable para los que no están acostumbrados, único en estos terrenos y que, para mí, que he olido la jara desde que era chico, me hace sentir como si eso fuera mío, como si fuera parte de mi propia casa.

Igualmente constriño mi descripción a la Sierra de Andújar que es la que más conozco, aunque los caracteres que comento suelen ser comunes a toda Sierra Morena, con sus singularidades en cada zona, si bien es cierto que en la provincia de Huelva cambia ligeramente el paisaje por la cercanía del mar.

Y es que si hablamos de Sierra Morena sin definir demasiado, a muchos, por no decir a todos, se circunscribirán a las provincias de Córdoba y Jaén; dado que la Sierra Morena se define más por sus pequeña sierras que salpican el norte de Andalucía que por su nombre genérico; no obstante, somos más dados en Jaén, e imagino que en Córdoba, a hablar de Sierra Morena.

Sierra Morena es la Sierra de Andújar y viceversa, no sé si es la esencia de esta cordillera, pero hay signos distintivos que la hacen única, y ahí no hay discusión, el reducto más importante del lince ibérico en nuestra Península (en el mundo) se encuentra aquí. La figura excelsa de este felino, que lo es por su porte y por la perfección de sus movimientos, se ha acrecentado en las últimas décadas por la divulgación de lo terrible de su existencia, un descenso de sus unidades que lo han llevado al borde del colapso. Lo triste de esto es que la variabilidad genética ha mermado y los apareamientos son cada vez más comunes entre miembros de las mismas familias que se han reproducido repetidamente en las últimas décadas, es decir, que el acervo génico se está deteriorando; de hecho, han estado pensando introducir algún lince americano (no sé cómo va esa idea) para facilitar la variabilidad.

Por supuesto, también hay algo distintivo de la Sierra de Andújar, y es el Santuario de la Virgen de la Cabeza, pero después lo comentaré.

Si bien es cierto que no he ido de forma frecuente a la Sierra de Andújar, sí que puedo decir que casi desde que tengo uso de razón he ido cada año a Sierra Morena, ya sea por Linares, Vilches, La Carolina o Bailén, lógicamente en sus términos municipales, con ocasión de excursiones, días de domingo con mis padres y cuando era joven e incipiente ciclista incapaz de medir el riesgo (me partí mis incisivos centrales viniendo de una ruta serrana con apenas quinces años), y actualmente también en días de domingo, la historia se repite.

No obstante, y pese a que no he sido muy asiduo a la Sierra de Andújar, tengo que decir que en apenas un año y medio he estado hospedándome allí dos veces en sendos establecimientos de turismo rural, y sí que es una gozada, porque el contacto con la naturaleza te ofrece dosis de oxígeno y solaz a partes iguales.

Y por cerrar un poco el círculo de mis visitas a este enclave serrano, también tengo que decir que tengo el privilegio de haber hecho una peregrinación informal a la Virgen de la Cabeza, desde mi domicilio, Bailén, en dos ocasiones; lo que viene siendo una caminata de algo más de cuarenta kilómetros, a lo largo de la noche (yo salí a las 00.00 horas) para evitar el calor, pues esta época primaveral suele ser la más propicia para estos esfuerzos entre simbólicos y personales. Y sí, caminar en una buena noche de primavera, sin viento, con una temperatura agradable, en torno a los quince grados, y adentrarse desde la campiña bailenense hacia las primeras estribaciones de la Sierra es un todo un espectáculo. Con noche cerrada y un silencio plácido, intentas sondear todo lo que te rodea, un mínimo ruido, una brisa fugaz y ese olor al verde incipiente, que con los primeros albores del sol transforma la leve humedad de las plantas en aroma a tierra mojada, que se mezcla con la jara predominante y otros arbustos. Metidos ya en la Sierra, el olor se intensifica y el cansancio acumulado se compensa cuando desde bien lejos ya se puede ver el objetivo del santuario, en un enclave colosal, ya con el sol de testigo de excepción.

Soy poco o nada romero aunque reconozco que la Romería de la Virgen de la Cabeza pueda tener multitud de adeptos, desde luego los atractivos son muchos, y amén de las convicciones religiosas y el fervor, sin duda, la ubicación de esta Virgen, que como todos la llaman la Reina de Sierra Morena, tiene mucho que ver, en mi opinión, con lo que es el edificio casi místico de este Santuario, porque desde él, alzado en un promontorio sensacional se alcanza a ver una inmensa extensión de Sierra casi inacabable.

Bueno, una de esas dos escapadas recientes a esta Sierra lo ha sido con oportunidad de la Semana Santa, lejos quedan para mí épocas pretéritas donde vivía con pasión y protagonismo cofrade esos días gloriosos, pero todo tiene su momento y aquello pasó, lo degusté y ahora disfruto más con otros placeres.

Aun siendo un visitante ocasional de la Sierra de Andújar tengo que decir que hay una especie de domesticación de lo salvaje, que se ve poco en otras latitudes, en otras zonas serranas de características similares.

Como salvaje, esta Sierra lo es y mucho, sí hay caminos hacia casas, ahora lo analizaré, pero no hay marcadas muchas rutas a pie, te pierdes, si puedes, de uno de los caminos para vehículos y no encontrarás marcas de pisadas, te adentras más aun y creerás que eres el primer ser humano que ha pasado por allí. Pero este escenario teóricamente inexplorado se ve salpicado por muchas, excesivas, alambradas y vallados que no creo que hagan bien ni a los viandantes ocasionales, que nos buscamos la vida, pero sobre todo para esas especies animales críticas en la zona que casi tienen que llevar un plano para moverse.

No lo digo yo y ni tan siquiera me remito a los grupos ecologistas que pudieran estar marcados por una cierta radicalidad, no. Hace unos días leía un informe avalado por el biólogo Miguel Delibes, hijo del ilustre escritor, en el que se señalaba el mal endémico que suponía para la Sierra de Andújar y los Montes de Toledo, la ingente cantidad de fincas cinegéticas, con sus consiguientes vallados que constreñían y limitaban el hábitat no sólo a los linces, sino también a los lobos.

De hecho, los lamentables atropellos de linces en la Nacional IV, es decir, fuera de territorio serrano, no hacen sino demostrar que estos felinos se están moviendo más allá de una escasez de conejos, que también, hacia terrenos abiertos donde no tengan que ir a marcha reducida, vaya a ser que se topen con una valla. Y esos terrenos abiertos que son los que hay en los dos márgenes del recorrido de apenas veintes kilómetros entre Bailén y Andújar, son extensos olivares, llanuras con suavísimas pendientes que están pobladas por esos olivos que son el motor de la provincia de Jaén.

Echo de menos sinceramente que no sólo se habiliten más pasos subterráneos para los animales con objeto de franquear esas barreras artificiales que son las carreteras, sino algún una política racional para reducir los vallados cinegéticos, porque a veces son innecesarios, se vallan una serie de hectáreas donde no hay reserva de caza, simplemente porque esto es mío, porque yo lo valgo, porque lo hace todo el mundo y porque no quiero que entres.

Uno camina, solo en mitad de la nada inexplorada, esperando a que pueda divisar un lince, pero es difícil de divisar, de hecho, los que los ven son pocos y tras muchos intentos (también los hay que a la primera besan el santo), pero yo nada; es más, ni lince, ni cualquier otro animal de cuatro patas, tampoco conejos, ni siquiera lagartos, que los habrá, es como si la flora se hubiera comido la fauna.

Bueno está que uno valle su casa y un poquito más, pero violentan a los animales y rompen la esencia de lo que debe ser una sierra. Y ya sé, repito que no soy un conocedor de la Sierra de Andújar, y que hay muchas zonas abiertas, pero también es verdad que he pateado bastante y como yo decía días atrás en tono de sorna, vayas donde vayas, vallas.

Y dicho esto, hay que decir que a la domesticación de la Sierra con vallas hay que añadir la humanización de la misma con casas por doquier. Sorprende que la legislación urbanística en materia de ordenación urbanística tenga una aplicación desigual dependiendo de los territorios y municipios andaluces. Por otro lado, la normativa actual data de 2002 y quiso hacerse una norma estricta sin atender a características del terreno susceptible de conservar. Las casas en cualquier sierra de forma indiscriminada son un atentado al equilibrio natural, en Andújar su propagación es, como poco, excesiva; en los montes se debiera haber actuado con rotundidad, ahora ya no tiene sentido, porque su persecución habrá prescrito. Si la ley en teoría no permite una casa en el campo salvo excepciones tasadísimas, ni en el monte, ni en la sierra, pues tampoco en mitad de las olivas, donde aquí el impacto visual es mínimo, por no decir ninguno; no obstante, la ley es la ley, y no hacerla cumplir supone una grave irresponsabilidad.

Pues lo dicho, y por resumir mis sensaciones sobre una Sierra maravillosa, es un entorno increíble, con muchos atractivos, con una naturaleza desbordante, donde hay que pulsar cada olor, cada ruido y cada silencio, cada fotografía, y donde también hay que lamentarse de que la mano humana, a veces interesada y despiadada, esté demasiado presente para perjuicio de los animales en primerísimo lugar, y mucho después para el propio ser humano.

sábado, 11 de abril de 2015

"LA ANALFABETA QUE ERA UN GENIO DE LOS NÚMEROS", DE JONAS JONASSON

Cuando observas el título de un libro y este llama la atención, soy de los que piensa que algo mágico debe tener. Con este me pasó algo así, un libro que se titula «La analfabeta que era un genio de los números», debía necesariamente de tener un contenido atractivo; para rematar tampoco suelo tomar a chufla las portadas ilustrativas y esta tenía, en la edición que yo he leído, mucho encanto, algo entre jocoso y que picaba la curiosidad.

A su autor Jonas Jonasson, un experiodista sueco, le avalaba su éxito de 2010 «El abuelo que saltó por la ventana y se largó», todo un superventas a nivel mundial que dio un giro al género del humor absurdo en la literatura. Yo conocía esa novela y no descarto, tras la lectura de esta, meterle mano en breve.

Y por qué no hacer una novela absurda, pero increíble y absurda a más no poder, porque ¿no es el mundo más absurdo en sí mismo y vemos noticias a diario que lo corroboran? Pues sí, el esquema le sigue funcionando a Jonasson, la clave es sumamente sugerente, inventar una historia con dosis de realidad, donde con un ritmo frenético, no paren de acaecer sucesos hilarantes. Si las comedias televisivas británicas han sido y son el prototipo de las historias de enredo, en esta novela el enredo es reiterado, progresivo como una bola de nieve y finalmente explosivo como unos fuegos artificiales.

Sin duda que esta historia disparatada tiene un elemento diferenciador con respecto a otras, siempre está pasando algo, algo relevante, hay poca paja en el libro, ese ritmo acelerado favorece que enganche mucho, que entretenga, y encima que te diviertas un montón, montado en esta ruleta vertiginosa en la que nos embarca Jonasson.

Nombeko es una anónima niña huérfana, negra para más señas, en la Sudáfrica del apartheid, dedicada a limpiar inmundas letrinas en Soweto, uno de los suburbios más grandes del mundo. Pese a su existencia casi condenada a un destino efímero y luctuoso, no obstante, Nombeko no se resiste a ser una más entre los millones de personas que habitan en Soweto, sin más salida que las hectáreas que conforman esta amplia zona chabolista y todos los vicios humanos encerrados en las mismas. Nombeko pretende ser diferente y se revela como un ser inteligente y arriesgado, capaz de dar pasos en firme para que su vida no caiga en la mayor de las indiferencias.

Por eso emprende un camino en el que es casi autodidacta y se vale de diversos vericuetos para ir dando pequeños pasos pero firmes, así aprenderá a leer y a escribir, y se destapará como una magnífica matemática. La mala fortuna, aunque bien pudiera ser buena fortuna en cierto sentido, hace que un buen día sea atropellada por un blanco borracho que conduce un coche, mientras ella camina tranquilamente por la acera.

En aquella Sudáfrica del apartheid, no dudo que sucediera en la realidad, Nombeko lleva todas las de perder, pese a que la razón esté con ella, pero ya se pondrán todos de acuerdo para que al final sea declarada culpable, y la pena económica, dado que la joven no cuenta con capital, se convertirá ni más ni menos que en trabajar como sirvienta durante años para aquel que la atropelló, el ingeniero Van der Westhuizen, responsable nacional del proyecto de fabricación de armas nucleares.

Nombeko rápidamente observará que no ha sido tan malo su destino, pese a lo injusto, pues sus condiciones de vida mejorarán aunque tenga que fregotear sin descanso. La biblioteca del complejo gubernamental de Pelindaba, donde se realizan las investigaciones nucleares, le servirá a la protagonista para ampliar sus conocimientos, y adentrarse, instruirse y especializarse en la tecnología nuclear, de tal forma que servirá de inopinada asesora del burro de Van der Westhuizen, un trasegador de alcohol con conocimientos nulos en la materia en la que, sobre el papel, debe ser un referente.

Mientras tanto, y de forma paralela, en Suecia se sucede una historia también un tanto disparatada, en la que un funcionario del servicio de Correos se convierte de un enfervorizado adepto del rey sueco, a su enemigo más enconado. Tendrá dos hijos gemelos, a los que enseñará a odiar a la monarquía sobre todas las cosas, y por absurdas disquisiciones, de cara a la sociedad sólo inscribirá a uno en el registro, Holger, mientras que el otro, con el mismo nombre, Holger 2, estará permanentemente en el anonimato.

No obstante, el ascenso anónimo de Nombeko no se frenará pese a su insensato cautiverio, y su inmensa capacidad la llevará a ir controlando el programa nuclear sudafricano. Un pequeño consejo por aquí, una estrategia por allá, y su dominio de la lengua china, pues coincide en Pelindaba con tres hermanas asiáticas también recluidas, le permitirá a nuestra joven exlimpiadora de letrinas, a ser traductora, de lo que derivará el dirigir el destino de su vida, la vida de sus tres amigas chinas, la de Van der Westhuizen, la de los perros de Pelindaba, y hasta las relaciones exteriores de Sudáfrica con China y con Israel. Nombeko conseguirá salir de su cárcel para emerger como una nueva persona rica y radiante en Suecia, a cambio tuvo que cambiar una bomba atómica (que se había hecho de más en Pelindaba, por la incompetencia de Van der Westhuizen) por su propia libertad y unos cuantos kilos de piel seca de antílope. Pero no todo sale bien, Suecia espera a Nombeko o no, pero el caso es que de la voluminosa caja con la teórica piel seca de antílope, que se encuentra en la embajada israelí en Suecia no hay eso. En una suerte de casualidad, como todo en este libro, Nombeko conoce a Holger 2, que es el listo de los dos Holger, que le ayudará a transportar la caja a su casa. Y de ella saldrán las tres hermanas chinas y la bomba atómica.

Si no era suficientemente delirante todo, ahora un montón de gente convivirá en una casa destartalada, donde los Holger (uno legal y otro inexistente) dirigen una empresa de almohadas. Holger 1 tiene una novia anarquista y permanentemente peleada con el mundo, Celestine; las chinas optarán por largarse a Suiza para vender piezas de alfarería envejecidas como obras de arte antiguas. Así que los cuatro, pero más bien, Holger 2 y Nombeko, tendrán que sobrevivir con una peligrosa bomba atómica al lado de la que quieren deshacerse y con la amenaza de Holger 1 y Celestine que no hacen más que liarlo todo.

Y el desvarío continuará porque se sucederán en este camino sin retorno todo tipo de peripecias en las que intervendrán agentes del Mosad israelí, el presidente chino Hu Jintao, el primer ministro sueco Reinfeldt, el rey de Suecia, la aristocrática abuela de Celestine, también cultivadora de patatas..., y bueno, un sinfín de giros que prefiero no desvelar, porque la imaginación de este escritor es ilimitada; y a todo esto, el aliño principal es la cabeza magníficamente amueblada de Nombeko, que con grandes dosis de inteligencia y sentido común, intentará ir colocando las piezas exactas en este loco rompecabezas.

Una de las grandes virtudes de Jonas Jonasson es que la historia no tiene casi ningún desperdicio, el ritmo no decrece y te mantiene atento durante todas las páginas. No es importante el final, que lo tiene y es muy edificante, pero la historia en sí merece la pena su lectura.

Jonasson tiene precisamente la virtud de extraer personajes y hechos históricos reales, a los que añade otros inventados, haciéndolos converger y construyendo una historia tan desquiciada como atractiva.

No me extrañaría que esta historia en unos años fuera llevada al cine, pues tiene un argumento muy traspasable a la gran pantalla, al igual que ya se ha hecho con su primera novela, con menor éxito que su libro. En cualquier caso, recomiendo encarecidamente su lectura para adentrarnos en la nueva novela humorística del siglo XXI.

sábado, 4 de abril de 2015

LA TRADICIÓN DE LOS GRABADORES EN EL SELLO CLÁSICO ESPAÑOL

He criticado puntualmente en este blog el uso partidista y sectario de las emisiones de sellos en beneficio de intereses proselitistas y propagandísticos de los gobernantes de turno. Ha sido habitual y lo sigue siendo en las dictaduras actuales, donde por ejemplo, se exalta la figura de los héroes y caídos por el país, pero eso sí, solo los de un bando.

En España, con la dictadura franquista, también tuvimos nuestras píldoras de adoctrinamiento, aunque desde luego el sello era un vehículo nimio con respecto a otras herramientas más contundentes del poder. Algo indigno, visto con la perspectiva del actual siglo XXI, nos resulta aquella serie de 1964 en la que se rememoraba los primeros veinticinco años de régimen, bajo el título de «XXV Años de paz 1939-1964». Sin duda, que la paz iba por barrios, la paz era para los vencedores, pero no para los vencidos, los que abandonaron España para vivir en el exilio esperando un tiempo mejor, y desde luego, tampoco fue un período pacífico, aquel en el que las libertades estaban restringidas, la prensa, los partidos, las reuniones, la opinión...

No obstante, el objetivo de esta humilde entradilla no es el sacar punta a las emisiones que el franquismo sacó con evidentes matices adoctrinadores y autocomplacientes, ahí están la historia y las hemerotecas; y es que aunque la realidad no tiene más que un camino, hoy me voy a convertir un poco en abogado del diablo pues si el fondo era el que era, hay que decir que la forma se cuidaba mucho, el sello clásico de la década de los 50 y 60 del pasado siglo estaba muy bien realizado, las composiciones eran pequeñas obras de arte.

El diseño de sellos y su traslación definitiva al papel no es una tarea sencilla, o al menos, no lo era antes, cuando no se contaba con potentes ordenadores y programas específicos, capaces de producir un proyecto en un santiamén, apenas dando unos cuantos clics con el ratón.

El diseño y grabado de sellos ha ido manifestando a lo largo de la historia los avances de la técnica, es evidente que se ha ido evolucionando de lo manual a lo mecánico y finalmente a lo digital; sin embargo, esta evolución no es sinónimo de mayor calidad artística, ni de mérito tal vez.

Las emisiones suelen tener una cierta racionalidad en cuanto a su número y motivaciones, más o menos en los países con servicios postales normalizados, en general, aquellos que forman parte de la Unión Postal Universal, aunque con ciertas reservas. Hay que considerar que algunos países, especialmente africanos y también algunos caribeños, desvirtúan el sello postal, pues lo convierten prácticamente en cromos, dando cabida a todo lo habido y por haber, por un puro afán mercantilista, eso se adivina, o se adivinaba antes, cuando yo compraba sellos en papelerías (que los había), y observas un sello matasellado limpiamente (por máquina), y que no ha circulado, o sea, que mantiene su engomado por detrás.

En el momento en que yo comencé a coleccionar sellos, en mi infancia, con apenas diez u once años, vivíamos en los años de la transición, y realmente en mi condición de niño no tenía conciencia de que hubiéramos estado en una dictadura, ni que la democracia fuera un sistema político diametralmente opuesto; en honor a la verdad viví la transición precisamente así, como un período en el que había cambios paulatinos y en el que había elecciones de forma muy frecuente, nos llenaban las calles de propaganda y acudías a los mítines para ver si te regalaban un boli, un mechero o una baraja de cartas, y de paso para escuchar al grupo o cantante que acompañaba a los políticos.

Mis primeros sellos fueron, pues, una mezcla de los emitidos a partir de la reinstauración de la monarquía y, por supuesto, una cantidad ingente de otros sellos que pertenecían a la época de la dictadura, entre otros, la serie básica de Franco, que oficialmente se pudo seguir utilizando hasta la llegada del euro.

Y no lo voy a negar los sellos que alimentaron las primeras páginas de mis álbumes fueron de las décadas del 50, 60 y 70, impulsado por una corriente de coleccionismo que inundaba a los niños de mi edad, o por lo menos, a los de mi cole, y también gracias a un buen hombre, el señor Peiró que regentaba un negocio textil en mi ciudad natal y que dedicaba mucho de su tiempo, con una amabilidad ilimitada a transmitir su pasión por la filatelia, a las oleadas de niños que nos acercábamos a su tienda.

Y esos sellos clásicos a mí me siguen gustando mucho, no lo puedo negar, no entro en el fondo, sino en la forma, siento una cierta añoranza de aquellos años de mi infancia que repasaba y repasaba, que despegaba de su papel, que miraba en mi catálogo Edifil de 1981 (que todavía lo sigo teniendo, algo desvencijado), por ver si alguno de esos que conseguía a través de familiares, empresas, intercambios, etc., podía ser un sello raro, para hacerme millonario de un plumazo o para que mi colección de la noche al día se convirtiera en cotizadísima.

Recuerdo que en los más viejos de que disponía, aquellos emitidos en la Guerra Civil por el bando franquista, aparecía una inscripción un tanto misteriosa, Sánchez Toda, ¿qué podía ser eso? Aquel catálogo que le costó a mi padre comprarme y que le costó, no lo puedo olvidar, 550 pesetas, me resolvió al poco tiempo las dudas, se trataba del apellido del grabador.

Sánchez Toda, que en realidad se llamaba José Luis López Sánchez-Toda se convirtió en el santo y seña de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre, el único nombre que realmente trascendió no para el conjunto de los españoles, pero sí para aquellos que teníamos fervor por la filatelia. Y dicho esto, poca gente sabría antes quién era Sánchez-Toda y mucho menos ahora.

Pues bien, siendo esa cabeza visible, o apenas visible, de la dirección de los diseños de los sellos en nuestro país durante la dictadura franquista, hay que decir que entendiendo por lógica que no le correspondían a él los motivos de las emisiones, al menos donde podía explayarse él y su equipo, lo hizo y nos dejó unos diseños bellísimos, muy artísticos, que verdaderamente hacen que algunas series de esos años 50, 60 y 70 sean, bajo mi entender, auténticas obras de arte.

Ingresó en la FNMT en 1924 y se jubiló en 1971, durante el régimen franquista fue el Jefe de la
Sección de Grabados de dicha fábrica, y a él se le atribuye el diseño de más de cien sellos, de casi la totalidad de los billetes de banco emitidos desde 1937 y también de muchas monedas.

En su faceta docente también hay que señalar que fue profesor en la Escuela Nacional de Artes Gráficas, de hecho, si bien no es fácil conocer públicamente los autores físicos de los grabados que dieron lugar a los sellos de la dictadura, si no salieron de las manos de Sánchez-Toda, sí que estaría su espíritu implícito, pues muchos eran discípulos suyos o coetáneos, nombres que si el de Sánchez-Toda es casi desconocido, estos otros aún lo serán más, Antonio Manso, Miciano Becerra, Carlos Tauler, Núñez de Celis...

Técnicas de grabado tales como litografía, calcografía o huecograbado, nos remiten no sólo a procedimientos mecánicos de impresión, sino que en su matriz, han requerido una labor humana de carácter artístico, la confección de un dibujo de carácter original o copiado (copiado cuando lo que se reproduce es algo existente, tal como un cuadro, un monumento, un símbolo...). Ahí estaban los magos de la plumilla, la tinta china o el buril para confeccionar ese marco sobre el que se montaría una plancha de diferentes materiales en función de la técnica de impresión a utilizar, para que finalmente se estampara un pliego de sellos a un par de tintas o varias, destinados a volar por el mundo o simplemente a embellecer una colección o una exposición de sellos.

Lo que se desprende de esos sellos del régimen es que estaban muy bien elaborados, con una ejecución impecable, rozando la perfección, porque como siempre le digo a mi hijo, la perfección no existe. Particularmente me encanta la serie de Tauromaquia de 1960 que denota una gran delicadeza y sensibilidad; el examen de cualquiera de los sellos que componen esta serie nos proporciona, aparte de una transportación a un pasado añejo, también la sensación de que estamos ante una joyita, la suavidad de los trazos, la homogeneidad de las texturas, las tonalidades y sus degradaciones, al tacto parece como si la leve tinta cobrara vida, dándole un leve pero apreciable relieve.

También me gusta mucho una serie mítica de la historia de la filatelia española, como es la de Forjadores de América, una colección de sellos muy ilustrativa que fue emitida desde 1960 hasta 1970, cada 12 de octubre, para conformar un total de once de entregas. Con independencia de su indudable valor histórico, algo que prácticamente no se ha aprovechado institucionalmente, ni tampoco en colegios, del mismo modo, se aprecia la calidad artística de las composiciones, muchas eran los semblantes de aquellos que construyeron la nueva América, con el poso de que se utilizó un proceso meticuloso en el que el dibujo es de tal realismo que sus personajes parecen cobrar vida. Las tintas, tenues y nada estridentes, conforman otra obra de arte de nuestra filatelia.

Estos dos breves ejemplos son simplemente una muestra de ese trabajo concienzudo que se hizo en aquella época, en la que amén de la labor de los artistas grabadores, no hay que desdeñar el encomiable esfuerzo de impresores, mecánicos, profesionales de las artes gráficas, en suma, que permitían que nacieran nuestros sellos y que lo hicieran con muchísima calidad, algo que se aprecia, por el centrado de los sellos, por la cantidad justa de tinta, el dentado idóneo...

Lástima que hoy día los ordenadores hayan irrumpido en tantísimas facetas de la vida y que nos hayan privado de genialidades como las que he referido. Yo que tengo el privilegio de escribir en una revista de filatelia (son tan buena gente que confían en mi modesta aportación), me encargo en la misma de presentar las novedades filatélicas de cada trimestre en nuestro país y observo en no pocas ocasiones las chapuzas que se perpetran en los sellos con composiciones realizadas a través de un programa de ordenador, que tienen por lo general, escasa elaboración y muy poco gusto en el diseño, de tal guisa que a veces nos presentan sellos que más parecen haberse diseñado en un fin de semana por un alumno que acaba de empezar un curso de diseño por ordenador.

Fotografía original de El druida
Y esto sin contar las meteduras de pata que se cometen al valerse del esfuerzo de otros para realizar los diseños, de algunos casos no nos enteraremos jamás, porque entiendo que no es fácil probar, pero probablemente el caso más significativo ocurrió en 2010 cuando el bloguero El druida, descubrió que Correos había utilizado una foto suya de una mariposa, sin permiso, para construir un sello. Creo que el caso no fue a más porque me parece que se le indemnizó al bloguero para que el asunto no fuera a mayores y se tapara este escándalo, que si la filatelia interesara a muchos sería algo pavoroso, pero como somos cuatro gatos, pues la repercusión fue limitadísima.

Sorprende, por otra parte, al hilo del bajón de calidad de los diseños actuales que Correos ha normalizado la encomienda de algunos de ello a estudios de diseño externo; deben andar muy bien de pasta, para intentar «modernizarse», aunque sinceramente esas aportaciones privadas tampoco han supuesto un salto cualitativo, de hecho, he visto algunos diseños pagados con dinero de todos, que bien se le podrían haber ocurrido a un niño de cinco años, lamentable.

Plagio de Correos
Y eso que desde 1990 existe en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre una Escuela de Grabado y Diseño Gráfico, que por lo que he visto en su web se dedican a realizar másteres dirigidos a egresados de Bellas Artes o de especialidades artísticas. Y no me deja de extrañar que presentándose como una escuela que nació «con la idea de unir la tradición y la modernidad, mediante la enseñanza de la antigua técnica del grabado a buril y las últimas tendencias del diseño asistido por ordenador: es decir, lograr formar profesionales capaces de grabar como en el siglo XVIII y de diseñar como en el XXI», pues que ni el equipo educativo que imparte esas clases, ni la nómina de alumnos que han obtenido algún título en estos veinticinco años, haya podido dar un golpe en la mesa y haber dado un giro a la tendencia un tanto ramplona en los diseños de los sellos actuales, donde no se graba como en el siglo XVIII, ni como en la época franquista, para que nos vamos a engañar.

Cabe recordar ahora las palabras de Sánchez-Toda que en una alhaja de libro «El arte de grabar el sello» que se editó en 1969, decía algo que era premonitorio «(...) actualmente se recurre a la fotografía, como medio para la confección de un original, y cuando esta fotografía va precedida de un dibujo, también puede encasillarse como obra manual, pero si se ha prescindido de este dibujo, y es totalmente fotográfico su procedimiento, o sea, que se elija una fotografía de un personaje, paisaje o monumento, etc., y por medio de un fotomontaje se aplica la leyenda y el valor que ha de llevar, resulta en esta forma una vulgar estampita, por muy bella que sea la fotografía que se ha utilizado.

Nunca se tendría que hacer un sello en el que se prescindiera de un original grabado, pintado o dibujado. La mecánica está bien, y cuanto más avanzada mejor, en su impresión y labores complementarias, pero siempre partiendo de un original creado por la mano del hombre. (...)
»

Pues eso, que no puede por más, que darle la razón a Sánchez-Toda, porque hoy día esa mecánica informática ha favorecido la denostación de la mano del hombre, del dibujo, para dejar paso a las máquinas, luego hoy día tenemos bastantes sellos que son vulgares estampitas.

No querría terminar este pequeño homenaje a Sánchez-Toda y a toda una genial generación de grabadores, sin reiterar que no sólo eran artífices de los sellos clásicos, sino que también fueron los hacedores de los billetes y monedas que tuvimos durante muchos años en nuestros bolsillos.

Por cierto que Correos en 1998 inició, y digo inició como puedo decir inició y terminó pues el efímero homenaje se quedó ahí, una serie dedicada a «Grabadores españoles» en la que aparecen Sánchez-Toda y Antonio Manso, pero repito una serie que no tuvo continuidad lamentablemente, y que hubiera permitido salir del anonimato para el gran público a grandísimos artistas que tuvimos en nuestro país. A propósito, poco pudo disfrutar de la jubilación Sánchez-Toda, dado que fallecería en 1975, cuatro años después de que dejara la FNMT.

Y acabo definitivamente, porque la perorata se me ha hecho demasiado larga esta vez; la vida de los artistas es muchas veces anónima y poco llamada al reconocimiento público, de hecho, me pasó algo curioso hace unos meses, yo conocía y conozco a un hombre de la localidad en la que resido, que es amigo de mi suegro para más señas, Francisco Arias, del que yo ignoraba que pintara, se trata de un consumado pintor, y sus láminas y pirograbados, excelsos en la reproducción de monumentos son dignos de haber sido objeto de un sello de aquellos de la vieja escuela, de la auténtica, de la manual y la de grandísima calidad artística. No suelo poner enlaces en Internet, pero el homenaje que le hizo otro bailenense ilustre como Paco Antonio Linares Lucena, merece su inserción aquí como homenaje también a los artistas anónimos, y a tantos y tantos que pasaron por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre: http://bailendiario.com/francisco-arias-dibujante-bailenense.