martes, 27 de diciembre de 2011

A PROPÓSITO DEL TORNEO INTERNACIONAL DE HOCKEY DE REYES

Siempre que llegan los días de asueto navideños uno piensa en qué dedicar el valioso tiempo libre que se nos regala, y veo como una de las mejores maneras de entretener el espíritu que asistiendo desde la distancia a alguna competición deportiva. Cuando la competición regular se para en prácticamente todos los deportes, surgen los torneos amistosos para aprovechar estos días y no hacer muy larga la espera, y también para que los deportistas no se despisten y se acumulen los mantecados donde no deben.

Clásica es, sin lugar dudas, la sobremesa del 1 de enero, en la que muchos hemos desayunado viendo a esos saltadores de esquí, deslizarse por el trampolín de Garmisch- Partenkirchen, por desgracia no me llama demasiado la atención más allá de los primeros saltos, porque no compite ningún español, hace muchos años habían un catalán que aunque quedaba siempre de los últimos, por lo menos animaba el cotarro. Además he oído, casi confirmado, que este año TVE va a pasar de esta retransmisión, bueno, desayunaremos con otra cosa.

Pero no, sería muy fácil tirar de veta y hablar de este tradicional evento del Día de Año Nuevo, porque uno tiene anécdotas que contar y precisamente no son de carácter deportivo. Hay otro acontecimiento deportivo propio de estas fechas que es menos conocido pero que a mí me llama mucho más la atención, se trata del Torneo de Reyes de Hockey sobre hierba que organiza cada año y desde hace más de medio siglo el Real Club de Polo de Barcelona.

Antes de eso, querría hacer un inciso, no hubiera sido nada descabellado por mi parte titular esta entradilla de otro modo, y es que el hockey sobre hierba se practica y de forma muy brillante en la provincia de Jaén, en concreto en Alcalá la Real, se trata de una de esas rara avis que fecundan el panorama deportivo de una provincia en el furgón de cola como la nuestra. Por eso podía haber presentado este artículo como “El milagro del hockey sobre hierba en Alcalá la Real”.

No obstante, no quería desaprovechar la oportunidad para tributar un merecidísimo testimonio, aunque tan anónimo y poco difundido como esta bitácora, pero no por ello menos caluroso a mis paisanos de Alcalá, que han sido capaces de hacerse un sitio en el panorama nacional. Actualmente su equipo femenino juega en la máxima categoría de nuestro país (y se mantiene en mitad de la tabla con cierta holgura), y sin competencia en un montonazo de kilómetros a la redonda tienen el inmenso valor de haber llevado a chicos y chicas a selecciones españolas de diversas categorías.

Y aprovecho este preámbulo, porque hablar de hockey sobre hierba en nuestro país es mirar sobre todo a Cataluña, para lo bueno y para los detractores de esta Comunidad autónoma, esta es una realidad como una casa. No disfrutar de los deportistas catalanes como propios sería amputar muchos triunfos de España. Y no nos vamos a engañar el nivel deportivo en general de Cataluña es notablemente superior a la media de nuestro país. A propósito de ello en el hockey sobre hierba hay un caso muy peculiar y es que la localidad de Tarrasa – Terrassa en la periferia de Barcelona se puede considerar como el santuario del hockey español, con hasta cuatro clubes del máximo nivel en este deporte; de hecho, grandes figuras masculinas y femeninas de esta disciplina han salido de las pistas egarenses (gentilicio de esta localidad). Con todo este nivel competitivo en Cataluña y sin salir de una sola ciudad, resulta aun más milagroso que en Alcalá la Real lleguen adonde están.

Es una pena que al hockey sobre hierba no se le dé más juego en las televisiones de nuestro país, en realidad, en Televisión Española, a la que muchas veces critico pero es con honestidad la única que abre el abanico a otros deportes más allá del fútbol; porque si del resto de las generalistas se trata, es fútbol, fútbol y más fútbol. Y digo que es una pena, porque para los amantes del fútbol, tiene algunas similitudes con respecto a este, con el añadido de que suele haber una media mayor de goles. Además, entre sus reglas existe un lance muy relevante y a veces decisivo que es el penalty corner, que se suele dar, entre otras cosas, cuando la pelota golpea en el área los pies de un defensor, con lo que un importante objetivo de los atacantes es mandar bolas al área cuando hay muchos defensores entre medias.

Resulta ser, además, un deporte donde las tecnologías tienen mucho que ver. Es muy común observar a los entrenadores con unos cascos puestos y micrófono, constantemente comunicados con un ayudante en la grada que con su ordenador va apuntando las estrategias del contrario, la disposición de sus jugadores, los huecos o puntos débiles de la defensa. Este sistema de toma de datos heredado del fútbol americano se está extendiendo a otros deportes de equipo, como por ejemplo el voleibol, rugby o béisbol.

Lo cierto es que me descubro ante los practicantes de este deporte, mucho más rápido que el fútbol y donde la capacidad física debe ser muy superior a la del “deporte rey”. Los defensas se convierten en atacantes y viceversa, no suele haber jugadores de palomero ni defensas estáticos que no se separan del portero. Para colmo, buena parte del tiempo de partido permanecen con el tronco inclinado para manejar el stick, que por si fuera poco, en este deporte sólo se golpea con una parte del mismo (es plano por un parte y curvo por la otra cara, algo parecido a los palos de golf), con lo que para avanzar con la bola, regatear, pasar..., hay que estar constantemente girándolo sobre sí mismo; es la gran diferencia con respecto a otros hockeys, como el de hielo o patines, donde se puede jugar con las dos caras del stick, que son planas.

Al hilo de todo esto, coincidiendo con la segunda parte de la Navidad, y alrededor de las jornadas que hay alrededor del Día de Reyes, se celebra en Barcelona un prestigioso y añejo torneo de este deporte que se denomina oficialmente el “Torneo Internacional de Hockey de Reyes”. Nada menos que desde 1949 se viene celebrando ininterrumpidamente este torneo que organiza, como señalé al principio, el Real Club de Polo de Barcelona.

Hasta 1964 se celebró sólo en la categoría senior masculina, para comenzarse en el siguiente año a disputarse un torneo juvenil masculino y en años sucesivos se extendió a las féminas, tanto senior como juvenil. Ni que decir tiene que siendo un deporte minoritario es el torneo amistoso de hockey sobre hierba más reputado y reconocido de España, y de los más importantes del mundo si no el que más a nivel de clubes.

Este año (2012) el torneo llega a su 64ª edición y no hay equipo que se precie en el panorama mundial que no desee recibir una invitación para este evento. Por otro lado, aunque en teoría es un torneo para clubes se permite la participación de selecciones, con lo cual es un buen test para la preparación de esos combinados. En este sentido, las selecciones españolas juvenil masculina y femenina estarán presentes en la competición de su categoría.

No sé si TVE retransmitirá algún partido, pero en todo caso yo me mantendré informado igualmente a través de Internet, pues el torneo cuenta con su propia web: www.hockeyreyes.com.

martes, 20 de diciembre de 2011

PASEANDO POR UNA ACRISOLADA ALCALÁ DE HENARES

Soy de los que le tiene un poco de miedo a las grandes ciudades, más que nada el hecho de entrar o acceder a ellas. Luego, dentro de las mismas ya me siento más cómodo. Pero, el simple hecho de que tengo que ir con mi coche a una gran ciudad como Madrid, sinceramente me acongoja.

Dicha comodidad no implica que uno se sienta como en su casa, es más Madrid, entre otras grandes ciudades, te da esa sensación de impersonal, de anónima, de un tanto inhumana; todo el mundo va a lo suyo, nadie conoce a nadie y cuando uno dirige la mirada a otro es para escrutar si hay algo que temer, es decir, que noto en Madrid las caras de la gente como si estuvieran permanentemente a la defensiva.

Pero cuando digo Madrid, hablo de la capital, porque ya me ha pasado en otras ocasiones que he visitado Alcalá de Henares, o simplemente Alcalá como les gusta llamar a esta ciudad a sus propios vecinos. Esta es una auténtica gran ciudad, bella, señorial y con historia que a pesar de sus más de 200.000 habitantes es una urbe acogedora, abarcable, nada despersonalizada. Ha crecido como ciudad de forma exponencial en el último siglo, eso hace que su centro sea el acorde a un pueblo, y la concentración de gente venga dada por la gran cantidad de barrios y urbanizaciones que han ido circundando este centro.

Y precisamente este detalle de la expansión demográfica de Alcalá, referida en un notable porcentaje por el éxodo de familias de otras provincias (especialmente de la España meridional), acuciadas por la falta de oportunidades en sus lugares de origen, hizo que una ciudad de apenas 50.000 habitantes a principios de los años 70 del siglo pasado cuadruplicara su población en poco más de tres décadas. Por eso esa gente que lleva más de treinta años viviendo en Alcalá tiene un recuerdo vívido de aquella época en la que tantas y tantas zonas estaban por edificar, descampados inmensos que fueron engullidos por la voraz necesidad urbanística. Y como consecuencia de ello, en esta ciudad aún se vive la esencia de aquellos años, y muchos se conocen, se paran por las calles, familias, amigos; es la gran diferencia con Madrid, ves las caras de la gente y no es de defensa, es una cara de “creo que nos conocemos”.

Es por ello que uno pasea por sus calles y no se siente anónimo, aunque no conozcas a nadie, la ciudad te envuelve y casi podría decir que te devuelve una sonrisa, porque es entrañable y no te deshumaniza.

Es también una ciudad con mucha vida y actividad, la gente pasea entre semana como una obligación del quehacer humano sin importarle demasiado la temperatura que haga, es una especie de cumplimiento del deber, del deber de hacer ciudad y eso se detecta por la implicación de los ciudadanos con su entorno; pasear por las calles y crear un ambiente cordial es un excelente caldo de cultivo para que la ciudad se fusione con su ciudadanía, y para ello colaboran los comercios, cuidando su imagen sabedores de que hay ojos examinadores que cada día están midiendo lo que tienen que ofrecer, no sólo un producto o un servicio, es más, es la fotografía exterior, es la cara, la panorámica de una primera impresión que para triunfar, por un lado, y conectar con el entorno y la vecindad, debe ser siempre adecuada y proporcional. Por estas razones es por lo que pienso que me gustan mucho los negocios de toda la vida que han sabido reinventarse pero sin perder el aroma de lo antiguo.

En una vuelta de tuerca más de esa fusión de una ciudad que ha crecido con rapidez pero que mantiene la esencia de lo antiguo, he de destacar sobremanera el legado y poso que la Universidad tiene en Alcalá. Es casi el elemento vertebrador de esta localidad del este de Madrid, el poder de atracción de esta institución hace que atraiga a estudiantes de diversas partes de España y también del extranjero, con lo que Alcalá refuerza su carácter cosmopolita. Ese ambientillo juvenil – estudiantil también es muy agradable y le trae a uno buenos recuerdos.

Y para concluir, esta última visita que hice ya algo más de dos meses (no será la última vez que iré a Alcalá por cuestiones familiares) me otorgó una experiencia única. En aquella noche de otoño, pulsamos la marcha complutense y me dejó un recuerdo imborrable. Nuestra entrada en el pub “El Empecinado” pasó de ser un tanto dubitativa, porque el ambiente parecía muy sofisticado (todo un crupier flanqueaba la entrada del local, con su mesa profesional de blackjack) a ser completamente sobrada. Un servidor pasó de ser un novatillo en este juego, al que nunca había jugado y sabía poco de que iba, a estar toda la noche pegado a la mesa con ganancias tales que hubo momentos en que tenía más fichas que el crupier. Por supuesto, las ganancias eran ficticias, las fichas te las daban por cada copa que te tomabas, y si te querías retirar con varias fichas ganadas, te las cambiaban por los típicos regalitos publicitarios de bebidas, en definitiva, una manera muy inteligente y divertida de atraer gente al pub; conmigo y con los que íbamos desde luego que así fue, porque literalmente fuimos los últimos en irnos. Por cierto, al día siguiente fue imposible levantarse temprano para acudir a la Plaza Mayor de Madrid a ver el mercadillo filatélico.

lunes, 12 de diciembre de 2011

"PURA ANARQUÍA", DE WOODY ALLEN

Woody Allen genera opiniones encontradas. Su cine despierta pasiones y críticas a partes iguales, tiene seguidores tan acérrimos como detractores en grado mayúsculo. Lo que tal vez algunas personas desconocen es que en su extravagante personalidad, considerando la archiconocida de ser un fantástico clarinetista e intérprete de jazz, también escribe libros y estos no pueden ser otra cosa que una prolongación de su talentoso, absurdo y delirante ser. Un Woody Allen del que tenemos el gusto en España de haberlo galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002 (que creo que van ganando prestigio con respecto a los Nobel).

Pese a que no me considero un apasionado del cine de Allen, reconozco que su humor es único y en algunas de sus películas me he reído bastante; particularmente Zelig me parece una estupenda película que resume la singularidad de su vis cómica. El libro que hoy traigo a colación ya lo tuve en mis manos hace más de tres años, comencé a leerlo en un importante momento para mi vida que terminó no de buena manera, y le tomé manía al libro, sé que él no tenía la culpa, pero a veces me ocurren estas rarezas, y ahora he hecho un sprint para liquidarlo.

El título de este libro, que es una especie de ensayo, es muy revelador, “Pura anarquía”, casi una tarjeta de visita de lo que representa Woody Allen. Se trata de una colección de relatos cortos absolutamente disparatados que llevan en sí, como toda la obra artística de este genio una crítica simpática pero directa a la sociedad actual, mucho más extravagante y absurda que él mismo; sus historias reflejan con sus giros disparatados una realidad que no es tan lejana como nos pensamos.

La existencia de sectas agresivas y el empecinamiento del ser humano por seguir cayendo, los chapuzas que empiezan por arreglarte la casa y terminan por arruinar tu vida, los inventores de dietas que se proyectan al infinito, la existencia de guarderías infantiles para estimular a niños bien desde bien chicos, los tejidos capaces de repeler manchas, los campamentos especiales para hacer cine (imagino que esto sólo se da en Estados Unidos), etc. Estas y otras muchas realidades dan pie a Woody Allen para sacar punta y cebarse en todas estas iniquidades de la especie humana.

Y es que este es un excepcional caldo de cultivo para construir estos relatos donde la absurdidad es la moneda de cambio. Pequeñas invenciones de Allen que no tienen principio claro y desde luego el final no se atisba, lo consistente es lo que lleva dentro en forma de giros ilógicos e incoherentes. Podía señalar muchos pero me quedo con un par de ellas a modo de aperitivo para abrir boca a los que se quieran adentrar en esta lectura: “Mike Sweeney es grande como un oso y fácilmente podría pasar por un oso, y de hecho varios zoos se han puesto en contacto con él para proponerle que sustituya al oso auténtico cuando se pone enfermo”, o esta, “Stubbs dejó inconsciente a Wilbur de un puñetazo y se fugó con mujer de este, no sin antes dejar en su lugar una muñeca hinchable. Una noche, después de los tres años más felices de su vida, Wilbur empezó a sospechar cuando le pidió a su mujer más pollo y ella de pronto reventó y empezó a volar por la habitación en círculos cada vez menores hasta posarse en la alfombra”. En fin, absolutamente absurdo a la par que genial.

Sea por lo que sea porque Woody Allen es quien es, porque exaspera a unos y maravilla a otros, recomiendo este librillo para que cada cual salga de dudas sobre su opinión acerca de este cineasta – escritor, desde luego no deja indiferente.

También podrá pensar alguien que cuando uno tiene tal estrella y dinero puede ocurrírsele escribir lo que le dé la gana que siempre habrá quien lo compre, aunque la calidad no esté contrastada. Yo lo dejo al criterio de cada cual.

lunes, 5 de diciembre de 2011

VISITA INOLVIDABLE AL SEMINARIO DE JAÉN

Un día laborable de la pasada semana desayunaba leyendo el Diario Jaén y en él se narraban las peripecias de un joven sacerdote de La Guardia que debía de atender siete parroquias pertenecientes al municipio de Alcalá la Real, igualmente aparecía una foto en un aula con los alumnos del Seminario de Jaén, sólo seis y al parecer con la incorporación este año de tres nuevos futuros curas.

Me trae buenos recuerdos el Seminario de Jaén, un edificio potente y soberbio como lo son los seminarios en muchas ciudades de España, ocupando un lugar preeminente en las mismas. En concreto siempre que paso por el de Jaén recuerdo que una vez estuve allí de visita y desde luego había muchas más que las seis personas que mostraba aquella foto de prensa.

Esto viene al hilo de la falta de vocaciones en nuestro país. Precisamente con ocasión de la visita del Papa este verano a Madrid con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, en el que recuerdo haber oído en la radio que las vocaciones en España en el último año había sido poco más de ciento cincuenta, un número claramente insuficiente para las necesidades de la estructura de la Iglesia Católica en nuestro país.

Se entiende por esto que últimamente los curas estén pluriempleados y que tengan que estar como se suele decir “a calzón quitado” atendiendo un montón de servicios. Vamos percibiendo que la Iglesia Católica española está echando mano ya de sacerdotes procedentes de África y América. Quizás habría que reflexionar sobre las causas de este problema, después daré unas pinceladas.

Antes de eso regresaré a mi tierna juventud para rememorar aquel día que hice una visita de excepción al Seminario de Jaén. Corría el año 1986, yo estaba en C.O.U., ese curso previo a acceder a la Universidad que no tenía ninguna diferencia con el bachillerato, de hecho se podría haber llamado 4º de B.U.P. y no hubiera pasado nada y todos lo hubiéramos entendido. Por aquel entonces había en Jaén en un céntrico Instituto un certamen provincial de teatro clásico. En estas que a nuestro Instituto, el histórico Huarte de San Juan de Linares se le ocurrió participar en dicho evento y yo me enrolé en el grupo creado al efecto para poner en escena la inolvidable, para mí, “Alcestes” de Eurípides, que dirigía el bueno de Vicente del Moral de triste recuerdo para los que lo conocimos, porque a los pocos años nos dejó en un trágico accidente de tráfico junto a uno de sus hijos.

Aquella obra la estrenamos en nuestro Instituto y a las pocas semanas acudíamos a Jaén, a competir por alguno de los premios en juego, y más que todo por hacerlo bien en la capital. Recuerdo que el autobús nos dejó por la mañana a las puertas de aquel Instituto en pleno centro de Jaén (no recuerdo el nombre), y allí dejamos nuestro vestuario y decorados, y teníamos toda la sobremesa y parte de la tarde para hacer turismo. Pero mi gran amigo Vicente Fraile pensó en un plan fantástico para los dos, aprovechando que su primo estaba de seminarista, él nos recogería, sería nuestro guía y comeríamos en el Seminario, ahorrándonos el dinero que nos habrían proporcionado nuestros padres.

Allí estaba puntual a su cita Pedro García, el primo de Vicente que nos recogió en su coche y nos llevó al Castillo, todo un lujo. No recuerdo demasiados detalles de la visita turística porque han pasado muchos años, pero siempre me quedé con lo relevante y es que me adentré por única vez en mi vida en el Seminario Diocesano de Jaén.

Recuerdo que habría no menos de sesenta seminaristas, había un ambientazo como de residencia de estudiantes; visitamos las habitaciones y se respiraba alegría, mucha alegría. Se me quedó la imagen grabada de un seminarista alto y con una barba muy poblada que llevaba puesto un poncho andino y de su habitación salían notas de algún grupo de aquellas latitudes del que me viene a la memoria uno que se llamaba Quilapayún.

Sé que pudimos charlar con algún grupillo y podía decir que hasta me dio envidia ese ambiente, era un gran colegio mayor donde con un colectivo tan amable y cualificado se podían organizar un montón de actividades, entre ellas una competición de fútbol sala, donde había alguno que trataba de emular al que por aquel entonces era ídolo de masas, Emilio Butragueño “el buitre”.

Comimos en el gran comedor del Seminario, con ese bullicio que se desprende en las grandes reuniones sociales, parecía como un campamento juvenil. Fue el momento en el que pude ver a la mayor parte de los seminaristas, muchos de ellos personas normales en cuanto a su aspecto, y luego otros, esto es absolutamente subjetivo, que desprendían santidad, eran de esos que tenían cara de buena persona y que habían nacido para ser curas sí o sí.

Pude reconocer a algún chaval de Linares y a los dos seminaristas que en ese momento había de Begíjar, con esa cifra de más de sesenta (puede que hubiera más), estaban representados un elevado porcentaje de los municipios de Jaén, todo un crisol jaenero; quizá la amalgama cultural más interesante que a nivel institucional pudiera existir en nuestra provincia.

Y nos fuimos con el buen sabor de boca de una experiencia entrañable e inolvidable. Actuamos bien en la función teatral, quedamos los segundos detrás del Instituto de Jaén que organizaba el evento, y lo dimos por bueno. Aquel “Alcestes” o “Alcestis” de Eurípides siempre estará en mi recuerdo, por los buenos ratos que nos proporcionó, y porque fue el argumento perfecto para visitar el Seminario.

Contrasta, como digo, la imagen de hace veinticinco años con la realidad actual. Me imagino los largos pasillos y dependencias del Seminario de Jaén, vacíos, cerrados, sin vida, añorando esos tiempos en que era un bullidero de jóvenes, que lamentablemente me temo que nunca volverán.

Y ahora sí, hay que reflexionar qué ha pasado en este cuarto de siglo para que las vocaciones hayan caído de forma drástica. Cuando ocurre un fenómeno de estas características seguro que no es por un motivo exclusivo. Me aventuro a señalar varios, para empezar la crisis de valores de la sociedad occidental, sí porque esta crisis económica primero lo fue de valores, y no poca culpa tiene la bajeza moral de nuestra sociedad para que haya devenido en la depresión económica que actualmente sufrimos.

La promoción del estado del bienestar a toda costa, la difusión de una imagen distorsionada de lo que debía y debe ser la felicidad, el ensalzamiento de lo chabacano, lo grosero, lo burdo, lo pornográfico..., todo ello ha convertido nuestra sociedad en un rebaño acomodado y sin referentes que se ve muy reflejada en nuestra juventud (la que debe nutrir los seminarios) que confieso que por primera vez en la historia, es más inculta y vaga que sus padres.

No se salva obviamente la Iglesia católica que se ha pringado un poco de esta tendencia. Cuando vemos la tele y nos sale algún reportaje de sacerdotes comprometidos o monjas en países del tercer mundo, ellos son los que no han perdido el sentido y la esencia de su labor. Pero en nuestras ciudades echo de menos algo más de compromiso. No digo que todos los curas sean iguales, aunque algunos se toman el sacerdocio como una profesión más, tengo un horario, unas citas que cumplir y ahí acaba todo. Me imagino que en los seminarios se le dirá a los futuros curas que un sacerdote lo es las veinticuatro horas del día y que para ver a sus fieles están las parroquias pero hay otros muchos lugares donde se pueden pescar almas. A lo mejor lo que digo es una inconveniencia, pero nunca he visto a un cura en grandes congregaciones de jóvenes, ni en espectáculos deportivos, ni en las plazas, ni en el botellón.

Confieso que alguna vez pensé hacerme cura, en realidad, cuando era niño sí que le di vueltas en alguna ocasión, pero era una reacción egoísta, porque me convencía de que era una manera segura de obtener la salvación. Cuando fui joven no tuve ninguna duda y jamás sentí la llamada, ni creo que tuviera ni tengo vocación de sacerdote; aunque sí me he imaginado qué haría si fuera cura y, desde luego, sería un osado, mi parroquia sería el lugar que menos pisaría en mi labor sacerdotal y como poco intentaría saludar a todos los vecinos de mi barrio, llamar a sus casas y participar en la vida social y lúdica de los mismos.

Reconozco que ser sacerdote hoy día en España tiene que ser una vida muy comprometida, alegre también pero con momentos duros, algo para lo que no estamos preparados los mediocres, y conseguir jóvenes con ese perfil no es fácil. Ya digo que no se atisba un futuro mejor para los seminarios, ojalá me equivocara, no obstante, me quedo con aquella agradabilísima vivencia de un Seminario de Jaén repleto, rebosante de alegría y con un selecto grupo de jóvenes comprovincianos que decidieron llevar una vida mucho más trascendente que la que nos ha tocado al resto.