sábado, 27 de julio de 2013

"LA EDAD DEL BARRO", DE ANDRÉS CÁRDENAS Y ANTONIO AGUDO

Es este libro, digamos que escrito a modo de ensayo, un recorrido por el Bailén de este último medio siglo, nacido de la pluma de estos dos periodistas, uno perteneciente a la prensa escrita y otro, profesional de la radio.

Aunque el subtítulo de esta obra lleve por nombre “La vida cotidiana en Bailén desde 1950 a nuestros días”, y el lector se enfrentará con historias particulares de un pueblo particular, no obstante, aun no conociendo a sus personajes o sus lugares, encontrará siempre referencias cotidianas y costumbristas extrapolables a buena parte de España, sobre todo muy referidas al sur, y es que no siendo bailenense, yo encuentro muchas similitudes con esa vida mundanal que a mí me tocó vivir y que a través de este libro he recordado con añoranza y simpatía.

Esta edad del barro, especialmente en la primera parte del libro (la escrita por Andrés Cárdenas) es el reflejo de una época en la que España intentaba con lentitud y esfuerzo diario, desentumecerse de una posguerra durísima donde los desequilibrios sociales eran muy intensos y la mayor parte de los españoles vivían de forma humilde.

En la parte desarrollada por Antonio Agudo, a partir de 1975, se refleja con nitidez el cambio de ciclo, una sociedad donde las clases medias ya estaban asentadas en nuestra sociedad, y en las que ya se veían atisbos de una sociedad desarrollada como la que tenemos ahora (aun con la crisis mediante), en la que hemos llegado a ese mantra llamado la “sociedad del bienestar”.

Escrito este trabajo de forma coordinada, coral de algún modo, es evidente reseñar las diferencias de estilo de ambos autores que se corresponden con su deriva profesional. La primera parte, desde los años 50 hasta 1975, dada a luz por el redactor del Diario Ideal en Granada (aunque me han comentado a posteriori que ya no trabaja ahí), Andrés Cárdenas, refleja un estilo propio de un escritor que, no sólo alimenta su hábito diariamente, sino que muestra que tiene experiencia también en las artes novelescas. Sus páginas son ese espejo del periodismo escrito, el del artículo costumbrista, el de historias que no mueren con el tiempo, historias de gente corriente que grabaron a fuego el devenir de un pueblo.

Antonio Agudo busca lo noticiable, lo directo, como buen locutor de radio realza muchas de esas noticias que, de algún modo, sacaron en algún momento a Bailén del anonimato. Tiene una prosa fresca y aprovecha cada frase para ofrecernos algo que llame la atención. Es la historia también de personas, esas que le dejaron rastro y lo dejaron en su pueblo, y es que los pueblos más allá de su ubicación, de su entorno y sus características físicas son ante todo lo que sus gentes quisieron que fueran.

Sin duda, es un libro que está hecho muy para Bailén en primer lugar, pero yo lo he aceptado sin remilgos, me pareció que la propuesta era digna de ser leída. Con los años que ya llevo viviendo en esta localidad, conocía ya muchas de las historias que se cuentan. Me quedo con un detalle significativo y es que Bailén me ha parecido siempre y este libro me lo corrobora, más pueblo que ciudad; básicamente porque encuentro más semejanzas en las costumbres de un pueblecito como Begíjar con el que estoy muy identificado y he pasado muchos períodos de mi vida, que con mi localidad en la que nací, crecí y me hice persona, Linares, donde los atisbos de modernidad parecían adelantarse en unos años a los pueblos, a través de esas nueva clase media obrera que habitaba pequeños pisos en bloques monolíticos de barriadas obreras (yo formo parte de esa generación).

Pero en Begíjar veo muchas de las historias de Andrés Cárdenas, ese mundo que construíamos todos y que, casi como si fuera un libro no escrito, todos las familias coincidían en las mismas costumbres. No sé a quién se le ocurrió alguna vez que teníamos que echarnos colonia comprada a granel y depositada en un bote de plástico con un espray en su boca que permitía espurrear por todo el cuerpo finísimas gotas de esa colonia que todos usábamos.

Sin duda que será un recuerdo entrañable para los personajes, muchos, que aparecen desgranados entre las páginas del libro, buena parte de ellos ya no está entre nosotros, y por tanto, también para sus familias que podrán guardar este detalle inolvidable y fabuloso del tándem Cárdenas–Agudo.

Por supuesto, este trabajo podría permitir en el futuro nuevas entregas, tal vez dentro de un cuarto de siglo, entonces será el mismo Bailén pero diferente, visto desde los ojos de un bailenense autóctono, tal vez sea el momento de que se desvele el terrible misterio de por qué Bailén es el pueblo de los “apañaos”, algo en lo que los autores no entran, y que uno por ser de fuera aunque afincado en esta localidad hace muchos años tiene una idea cualificada.

En fin, dinero bien invertido para un libro serio y simpático a la vez, que habla de Bailén y de España, y de lo mucho que ha cambiado nuestro país en poco más de medio siglo.

viernes, 19 de julio de 2013

ÉRASE UNA VEZ UN CIRCO, VOLVIENDO A MI INFANCIA

Me han gustado mucho los circos desde siempre, he de confesarlo, pero ello no casa con el número de veces que he ido en mi niñez a verlos en vivo y en directo, a decir verdad, una sola vez y porque me regaló la entrada un compañero de colegio cuyo padre trabajaba en el Ayuntamiento de Linares.

Siendo honesto no fui un niño necesitado, mi infancia fue muy feliz en el seno de una familia de clase media, de una de las muchas familias españolas que en la década de los 70 se convertiría en una amplísima clase media. Vivíamos sin agobios, de forma acomodada, pero también sin excesos ni lujos. Por eso creo que desde muy pequeño mis padres me instruirían en que ir a un circo se salía del guión, y yo nunca, ni mis hermanos, solicitamos asistir a ellos, y veíamos, eso sí, con curiosidad y cierta admiración los carteles que avisaban de la llegada de un nuevo circo a la ciudad.

Y como decía al principio no sería por ganas, porque siempre que en la tele echaban circo, me atraía sobremanera. Un espectáculo tan mágico como sorprendente, tan heterogéneo, que me permitía estar pegado a la caja tonta durante el rato que durara el programa.

No es que haya seguido cultivando ese gusto por el circo, pero bien es cierto que cuando sale en la tele y me dejan me sigue hipnotizando un poco. Ahora quizá lo que hago es ver el espectáculo con un cierto sentido crítico y valoro enormemente aquellos números que se salen de lo normal, que ofrecen algo diferente, novedoso. Sin duda, el paradigma de la vanguardia circense es la compañía canadiense “Cirque du Soleil” que asombra a todo el mundo con sus espectáculos en los que los números de circo introducen un espectáculo rayano en la teatralidad que difícilmente nos deja indiferentes. Apenas conozco algo de esta compañía por lo que sale en televisión y medios de comunicación en general, pero ni que decir tiene que me encantaría poder verlos alguna vez en vivo.

El circo tiene, ante todo, ese vínculo inseparable con la infancia, es el público diana por excelencia y cuando tuve la primera oportunidad de darle ese gusto a mi hijo, al que adoptamos hace apenas un año y ya contaba él con seis (una experiencia vital inenarrable y maravillosa), pues allá que me dispuse como buen padre de familia a acudir con él los dos juntitos de la mano. Ese honor le correspondió al Circo Chen, originarios de Portugal, y es que prácticamente una vez por año y en primavera suele recalar algún circo en Bailén, ciudad media que apenas llega a los 19.000 habitantes.

No puedo negar que me gustó tanto o más que a mi hijo. Mi hijo que, por cierto, me da una lección de madurez día tras día, que viniendo de una sociedad muy atrasada (para él cada día es la primera vez que ve, hace o adquiere nuevas experiencias), jamás se sorprendió más que un niño de su edad de un país desarrollado; le divirtió pero no se tiró de los pelos, disfrutó y se lo pasó muy bien (además coincidimos con compañeros de clase), pero no deliró; cabeza bien amueblada que tiene mi niño.

Y el espectáculo fue más que digno para una parroquia de un pueblito de provincias, además el día del debut el precio era escandalosamente económico (3 de mayo si no recuerdo mal), cinco euros por cabeza, con lo que se trataba de una oferta irresistible.

Mis escasos conocimientos acerca del costumbrismo circense actual fueron ilustrados por las madres de los compañeros de cole de mi hijo que arrastraban una cierta experiencia, así que hubo un par de detalles que me sorprendieron especialmente, el primero fue que ese circo contaría con unas veinte personas, las cuales hacían de todo un poco, lo mismo presentaban, que se vestían de payasos, cantaban o vendían palomitas, ya me dijeron mis mamás que eso era lo habitual y que incluso habían visto circos con menos personal donde su carácter polifacético se llevaba hasta el límite. El segundo dato que me llamó la atención es, para ser un circo relativamente modesto, que contaran con una buena nómina de animales salvajes y domésticos, y por lo que pude ver, bien cuidados. Tenían cinco tigres, desde luego lo más impactante, bellísimos animales y gráciles al verlos desplazarse con su corpulencia como un gatito en mi casa; luego estaban los watusi (unos bovinos africanos de impresionante cornamenta); y también había caballos, perros y camellos si no me falla la memoria.

El detalle de los animales me pareció relevante para pensar en los esfuerzos que habrán de hacer los circos para subsistir, para subsistir antes y más ahora con la crisis económica, porque dar de comer a unos tigres no es cualquier cosa, que estos mininos no se alimentan con pienso del Mercadona, ni van al médico de la Seguridad Social cuando están malos, a ello hay que unir una larguísima nómina de gastos. Eso me hizo reflexionar acerca del valor social de los circos y la obligación que me impuse ese día de colaborar en la medida de mis posibilidades, y siempre que tenga algún circo a la mano y mi hijo quiera, asistiré con él para contribuir a que perviva este espectáculo ancestral.

Desde luego, sin tener un conocimiento exhaustivo, los circos actuales no son como los de hace treinta o cuarenta años, donde no había grandes medidas de seguridad en el trabajo, donde las familias malvivían en sus caravanas y donde los niños no seguían una educación adecuada. Por lo que he podido ver en televisión y lo que he visto in situ en los circos que han acampado en mi pueblo en estos últimos años, trabajan en razonables condiciones de seguridad, los animales tienen un buen aspecto general, los niños tienen un sistema especial de educación a través de un profesor propio y creo que esto está subvencionado, y desde luego, las modernas caravanas donde viven están hoy día perfectamente equipadas y no les falta ningún detalle para suplir las comodidades de cualquier hogar.

En fin, algo más de dos horas del mayor espectáculo del mundo, con las actuaciones animales (entre ellas un simpático partido de fútbol entre perros que se desvivían por comerse unos globos de colores), malabarismos, equilibrismos, canciones y payasos. Lo que más le gustó a mi hijo fue el número de humor, puede ser lo más fácil de ensayar, pero también es verdad que siempre se ha dicho que hacer reír es muy complicado, y el montaje de los payasos estaba bien planteado, era diferente y realmente me sacó alguna carcajada y ya es difícil que a mí algo me haga carcajear.

Obviamente aquello no era el Circo del Sol, pero a mí me gustó, se me pasó en un pispás la función y, de algún modo, fue como haber sido un niño por un rato, haber visto con ojos de niño, como cuando aquella vez de pequeño fui por primera y única vez hasta ahora a ver el mayor espectáculo del mundo.

sábado, 13 de julio de 2013

"SOY UN ESCRITOR FRUSTRADO", DE JOSÉ ÁNGEL MAÑAS

J es un tipo con razonable éxito, vive de forma acomodada, es profesor universitario, tiene una novia guapa y es un reconocido crítico literario, pero no es capaz de dirigir ese potencial hacia la meta que él se ha marcado: escribir un buen libro. Se pone delante de la máquina de escribir, pero sus buenas ideas se desvanecen como azucarillo en el café y no llega a completar ni una página con un mínimo de calidad. Esa obsesión se ha ubicado en el centro de su existencia, y eso le ha hecho enrarecer su carácter, se pelea constantemente con su novia, es algo viciosillo, se ha enemistado con compañeros de trabajo y sus clases son nefastas, perturbado por el alcohol que se mete entre pecho y espalda antes de entrar al aula.

Ese es el planteamiento que nos hace José Ángel Mañas, escritor de éxito que saboreó las mieles del triunfo literario muy tempranamente (con 23 años) con su ópera prima, una novela muy exitosa y aún hoy muy recordada como fue “Historias del Kronen”, también llevada al cine; una obra que se enmarca en lo que se vino a denominar el neorrealismo de los 90.

Nuestro protagonista sumido en su lucha existencial, sólo divisa como única vía de escape en su vida el realizar una novela acorde con el nivel literario que se le presume, el que se le puede presumir a ese crítico de buen ojo y mejor criterio.

Una alumna, Marian, muy normalita e incluso pava, se dirigirá a J para pedirle que lea una novela que ha escrito y le proporcione su meritada opinión. Tras varios días de apatía accede a echar un vistazo a los papeles que le dejó Marian y su sorpresa será mayúscula, pues se encontrará ante un texto de excelsa calidad, la novela que siempre quiso escribir, pese a los detalles de juventud y bisoñez de su alumna. No tiene mejor idea J que hacer suyo ese texto y darlo a conocer a su entorno y todos comienzan a engancharse al relato y pedirán más y más. J se encerrará en su despacho día tras día para “explotar” su inspiración que es pasar a su máquina de escribir los textos de su alumna.

Pero esta ocurrencia claramente inconsistente a medio plazo requiere que pase a plan, y este necesariamente ha de ser redondo; y ello porque Marian no tardará en reclamar la opinión de su profesor y más tarde o más temprano la devolución de sus papeles. Así que J decide que ese plan se perfecciona con el secuestro de la joven Marian y la degradación física y moral de esta. Mientras la pobre chica muere lentamente en un antro habilitado al efecto para su fin, en proporción inversa J crece personal y socialmente, su novela es un exitazo, las relaciones con su novia van viento en popa, impulsadas por el paraíso que surge del ingenio robado; en el trabajo consigue ser un profesor normal en clase y su explosión literaria contrasta también con el declive de su antagonista Mozart, el prototipo de hombre de éxito, hasta poco antes de la eclosión de J. Es más, en la burbuja caótica y disparatada en la que se sume J, opta por dejar a su novia de la noche a la mañana y por robarle la mujer a Mozart, un amor de juventud nunca correspondido.

Mientras Marian se pudre, J triunfa, pero sus días están contados, porque su editor le obligará a seguir escribiendo más y más, y J revivirá viejos fantasmas y volverá a ser el que fue, un escritor frustrado con muchas ideas pero sin capacidad literaria alguna. Y su plan tendrá una vuelta de tuerca más, al intentar J que su oprimida esclava le escriba otro texto de éxito de acuerdo con su guión. La negativa de la joven alienta el final inevitable de esta historia.

Un detalle significativo de esta novela es que jamás trasciende la temática de la exitosa obra que J usurpa a Marian, ni tampoco la que se propone llevar a cabo J para contentar a su editorial, es más, le prometen de antemano un reconocido premio literario.

Pensaba que esta novela era un ejercicio de relajación de Mañas, tras su aclamada incursión en la esfera literaria, porque es corta y un tanto simple en su argumento, más que simple podríamos decir que es un argumento forzado y difícilmente creíble que, por otro lado, desde la óptica del hecho mismo del secuestro y las subtramas que vertebran este libro, no tiene sustento desde una mínima lógica. Que un profesor universitario, neófito en materia criminal pueda secuestrar a una joven, llevarla a una casa en un paraje teóricamente inhóspito, que mantenga esa situación durante meses y que realice otras intervenciones y andanzas que dejan manifiesta huella delictiva por todos lados, realmente le resta fuerza a la historia.

Pero bueno, en compensación a ese argumento un poco rocambolesco, hay que decir que la novela es entretenida y el tamaño reducido de la novela con apenas doscientas páginas (en la edición que yo he leído) te anima a leerlo con avidez, máxime cuando aun por lo enrevesado de la historia estás esperando a ver qué derroteros toma el cautiverio de Marian.

Por cierto aunque me haya parecido un poco ligera en el argumento, opiniones hay para todos los gustos, la novela llamó la atención de un director de cine y no precisamente español, en concreto el cineasta francés Patrick Bouchitey. La película titulada “Imposture” se rodó en 2005, y los nombres e imagino que toda la trama se “afrancesó”, por ejemplo, nuestro escritor frustrado J, en la película se llama Serge Pommier. En fin, otra película que habrá que apuntar en el listadillo de “pendientes de ver”.

viernes, 5 de julio de 2013

LOS JUEGOS MUNDIALES Y CALI 2013, LA ANTESALA DE LOS JUEGOS OLÍMPICOS

Los que me conocen saben de mi predilección por los deportes minoritarios, pero no aquellos que aun siendo conocidos y populares son poco practicados en nuestro país por cuestiones de tradición o clima, sino aquellos muy minoritarios, poco conocidos, nada populares y que en España practican unos pocos.

Hemos de considerar que en los Juegos Olímpicos tienen presencia esos deportes de masas, de éxito y prestigio, pero también hay, bien es cierto, deportes verdaderamente minoritarios. Cada cierto tiempo el Comité Olímpico Internacional se reúne para ver qué deportes salen del programa olímpico y cuáles se incorporan; analizan y escrutan las propuestas y según tengo entendido basan sus elecciones, entre otros factores, en que el deporte en cuestión esté implantado ampliamente en al menos tres continentes.

A veces ese requisito no se cumple, porque el pentatlón moderno, que es un deporte caro y con muy pocas licencias internacionales se mantiene ahí con calzador pues fue una invención del padre del olimpismo, el Barón de Coubertin, y esta disciplina abandera ese movimiento olímpico. Otro deporte minoritario, en mi opinión, es la gimnasia acrobática, la que se practica en cama elástica (ejercicios más circenses que otra cosa) que sigue en ese programa olímpico.

Por contra, deportes que sí que son populares en todos los continentes siguen sin entrar en los Juegos, uno muy conocido es el golf, que puede tener la etiqueta de elitista y daremos por sentado que eso pueda restarle fuerza; pero hay uno que no sé por qué no ha entrado ya y que sinceramente puede que sea el deporte más practicado del mundo, y cuando digo mundo me refiero a los cinco continentes, se trata del fútbol sala.

Y dicho esto, en mi afán de búsqueda del reconocimiento internacional de los deportes más minoritarios de entre los minoritarios y de los más raros, hace unos años me hice eco de la existencia de los Juegos Mundiales, una especie de antesala en cuanto a méritos de los diferentes deportes para que, en su momento, puedan ser postulados a ser auténticos deportes olímpicos. Esa antesala es verdaderamente cierta, aparte de otras magnitudes que pretenda valorar el COI, pues los Juegos Mundiales son organizados por la Asociación Internacional de los Juegos Mundiales (IWGA), bajo patrocinio del mismísimo Comité Olímpico Internacional, y en esta Asociación han tenido cabida y tienen, deportes que fueron olímpicos y otros que estuvieron en estos Juegos y ahora son olímpicos, por ejemplo, el taekwondo.

Comoquiera que estamos a muy poquitos días del inicio de los Juegos Mundiales de 2013 que tendrán lugar en Cali (Colombia), voy a hacer mi modesto homenaje a través de esta gran fiesta de los deportes menos populares, que también tienen su momento de gloria, como en las Olimpiadas, cada cuatro años.

En esta edición se llega a la novena edición, habiéndose celebrado su evento inaugural en 1981 en la ciudad estadounidense de Santa Clara. El denominador común de las ciudades que han albergado estos Juegos es que son grandes urbes pero que no llegan al carácter de macrociudades o ciudades simbólicas que sí se percibe en los Juegos Olímpicos casi como una norma no escrita; salvo en la segunda edición en 1985, cuando se celebraron en Londres (buena manera de aprender acerca de un gran evento deportivo para después trasladar su experiencia a uno más grande, como así ocurrió).

Por hacer un repaso, porque no son muchas ciudades, tras Londres 1985, vendrían Karlsruhe (Alemania) en 1989, La Haya (Holanda) en 1993, Lahti (Finlandia) en 1997, Akita (Japón) en 2001, Duisburgo (Alemania) en 2005, y los últimos celebrados que se sucedieron en Kaohsiung (Taiwán) en 2009. Los de 2017 serán en Wroclaw (Polonia).

En esta ocasión nuestros hermanos colombianos tendrán el orgullo de mostrar al mundo su crecimiento económico y su incipiente desarrollo deportivo (en los Juegos Olímpicos de Londres tuvieron la mejor actuación de su historia), en un evento que tendrá lugar en la populosa Cali y localidades de su periferia entre el 25 de julio y 4 de agosto.

Los Juegos Mundiales fundamentados en una gran fiesta de los deportes multidisciplinares, se configuran en dos variantes, por una parte, están los deportes de competición, donde se lucha por medallas, y en cada edición existen una serie de deportes de exhibición o invitados, donde no se compite por preseas, y que obviamente aspiran a ser deportes de derecho en los siguientes Juegos Mundiales.

La lista de deportes de competición es ciertamente larga, más si cabe que la nómina de los Juegos Olímpicos, pues se extiende a más de treinta. Sería un poco pesado nombrarlos todos e invito a la gente a que visite la página web oficial de estos Juegos y que los viva en la distancia, se trata de http://worldgames2013.com.co/. En cualquier caso, se dividen los deportes oficiales en una serie de grandes grupos, y cito algunos entre paréntesis en: deportes de bola (racquetball, squash, balonmano playa o kayak polo), deportes artísticos (gimnasia acrobática, gimnasia aeróbica), artes marciales (sumo, kárate), deportes de precisión (billar, bolos), deportes de fuerza (aquí está el típico juego en que dos equipos tiran de una cuerda y que fue olímpico en sus albores), deportes de vanguardia (orientación, salvamento, natación con aletas, hockey en línea). En cuanto a los deportes de invitación, este año concurren el softball (fue olímpico), el wushu, el maratón kayak, el patinaje de ruta y el duatlón.

Desde luego, aunque son unos Juegos en toda regla, son verdaderamente como unos Juegos Olímpicos en pequeñito, participan muchos menos atletas que en una Olimpíada y, además se otorgan muchísimas menos medallas. Tampoco hay atletas de todo el mundo y se puede decir que faltan más de un tercio de los países.

España, en principio, va a participar con ochenta y tres deportistas y sólo en unas pocas disciplinas (ni muchos ni pocos en relación con el resto de países participantes), pero ahí está lo bueno de estos Juegos de los deportes más rarillos, que podremos aprender y disfrutar, conociendo algunos deportes poco convencionales y siguiendo a deportistas anónimos de nuestro país que a buen seguro derrochan tiempo, talento e incluso dinero para obtener pocos réditos y menor reconocimiento público, más allá de la satisfacción personal.

El bagaje de España en estos Juegos Mundiales a lo largo de estos algo más de treinta años de historia es razonablemente bueno. En la clasificación general del medallero estamos en la posición 13ª, con 24 oros, 30 platas y 32 bronces. En comparación con esa misma clasificación pero referida a los Juegos Olímpicos, en esta estamos mucho más atrás, en concreto en la posición 30ª, aunque es evidente que la explosión de España vino tras los Juegos de Barcelona, y en un ranking que sólo contuviera las medallas de las últimas ocho Olimpiadas estaríamos mucho más arriba. En todo caso, podemos decir, que en ese universo “friki” que puede suponer estos deportes tan alternativos, nuestro país está bien situado.

Tal vez lo curioso del medallero histórico de los Juegos Mundiales es que no hay una superpotencia al frente, no, se trata de nuestros vecinos y hermanos italianos los que comandan la tabla con 120 oros (ya se sabe que en los ranking de medallas son los oros los que marcan la prelación). A Italia le siguen Estados Unidos, a una distancia de seis oros, y Alemania.

La pena de todo esto es que uno podrá seguir por Internet este evento y sus curiosas disciplinas, así como seguir las evoluciones de unos deportistas españoles inéditos, pero lamentablemente me temo que no vamos a ver nada en la tele. Figuran como titulares de los derechos de emisión televisiva para España, TVE2 y Marca TV. Imagino que la televisión pública utilizará estos Juegos para sacar algún pequeño reportaje en plan relajante en el formato siempre diferente de La 2 Noticias, que presenta la periodista y escritora Mara Torres. En cuanto a Marca TV, el pensar que estos van a retransmitir estos Juegos es más improbable que ver nevar en verano en Sevilla, porque Marca TV que se declara “la televisión del deporte”, es manifiestamente la televisión del fútbol y del chismorreo futbolístico, del resto de deportes nulo caso, así que no se para qué compran estos derechos por muy baratos que hayan sido si esta no es su guerra.