sábado, 26 de septiembre de 2015

LA MANGA DEL MAR MENOR, PARAÍSO DEL DESCANSO Y LA RELAJACIÓN

Y si no lo has visto tendrías que verlo, o por qué no vine antes aquí, fueron dos de las frases que rondaban por mi mente cuando a finales de este pasado mes de agosto pisé por primera vez en mi vida junto a mi familia la Manga del Mar Menor, en tierras murcianas. Ese concepto geográfico que desde pequeño escuchaba en familiares, vecinos y gente de mi entorno que siempre se asociaba con la expresión «hemos estado veraneando en la Manga». Pues fíjense, valiosos lectores de este humilde blog, que yo que soy un apasionado de la geografía, jamás había reparado en el mapa para reconocer exactamente qué capricho orográfico era exactamente esa Manga, me podía hacer una idea aproximada pero realmente no del todo exacta.

Pues me puse manos a la obra, primero con la elección del camping al que íbamos a ir; decisión tomada sin muchas dificultades, toda vez que la Manga ya se sabe lo limitada que está de terreno, y antes de entrar propiamente en la «franja» existe uno monstruoso, y que además es el más conocido de los dos que se asientan en las orillas del Mar Menor. Así que concretada la logística había que ver el mapa e ilustrarse. Antes uno acudía a esos famosos libros, que ya han quedado un poco anclados en la historia, y que recibían la denominación de Atlas; fui muy aficionado de pequeño y tengo varios en casa que ciertamente ya no es muy operativo consultar.

Pensaba yo a priori que el Mar Menor era una laguna salada, incluso escasamente salada, con nula entrada directa del mar, y que la incorporación de sal se producía desde el subsuelo o por filtraciones, no obstante, ya vi en el mapa que la Manga tiene final y no hace la elipse completa, de tal manera que el Mar Menor es directamente el Mar Mediterráneo, toda vez que esa franja de tierra (de 18 km.) tiene final y no se une por su parte norte con la costa adyacente, dejando el paso constante y sempiterno de agua, aunque no sé si lo de sempiterno es muy aventurado, porque es posible que dentro varios millones la Manga siga creciendo y el Mar Menor quede definitivamente cerrado (o lo evitará la intervención humana). En realidad tiene entrada por tres canales, y los dos más importantes y grandes, están en la parte norte.

Estamos, pues, ante una laguna salada de una extensión bastante considerable de 170 km² (como un 10% de la provincia de Guipúzcoa), no demasiado grande, aunque sí lo suficiente como para que a simple vista se puede apreciar en los mapas meteorológicos de los espacios de «El tiempo» en cualquier cadena televisiva. La renovación de agua salada por los canales, no obstante, permite que sea una laguna semiabierta o semicerrada según se mire, de tal forma que si que ofrece una apariencia de embalse o pantano con escaso oleaje y susceptible de ir acumulando sedimentos a lo largo de los siglos. Ese relativo estancamiento también favorece el mayor índice de oligoelementos y particularmente de sales minerales con respecto al mar abierto, lo cual lo hacen muy saludable. La concentración de sal es tan importante que ello permite que se hayan establecido allí industrias salineras.

No obstante lo anterior, hay que decir que los medioambientalistas se quejan de la excesiva mediterraneización del Mar Menor, toda vez que la mano del hombre lo alteró no hace mucho al ensanchar y dragar el Canal del Estacio, la entrada de agua del mar abierto más grande que tiene la Manga. Esas obras tuvieron lugar en 1973, y la reparación prevista para llevar a su estado original no llegó a producirse. En términos geológicos esto es como si se hubiera tenido lugar ayer y las consecuencias medioambientales previstas a largo plazo no se pueden calcular porque se suceden en la actualidad de forma lenta e inapreciable.

En todo caso, valga este preámbulo, no sólo como advertencia de las imprevisibles consecuencias de la siempre poco sesuda mano del hombre, sino también, como no podía ser de otro modo, de las virtudes y excelencias de este lugar de nuestra geografía nacional. El Mar Menor es un paraíso para mayores y niños como concepto, y para cualquier persona que quiera acceder a un entorno natural, que es una especie de mar domesticado. Puedes estar en el Mar Menor un día de aire donde en el Mediterráneo sería bandera amarilla o roja, y allí las olas simplemente te acarician. Por otro lado, tampoco hay que desdeñar su escasa profundidad, por aquello de la incesante incorporación de sedimentos, lo que hace que según las zonas, puedas andar hasta doscientos metros o algo más y apenas te cubre el agua; luego te puedes sentar, ponerte de rodillas y charlar amigablemente, o tal vez reptar por las aguas mientras juegas con la fina arena y las conchas de algunos moluscos (vivos también los hay, berberechos, almejas, y hay un tráfico de cierta consideración en cuanto a las cañaíllas).

Pero si saltamos al Mar Mediterráneo nos encontraremos multitud de playas, de arena fina y clara, al entrar al agua suele tener un perfil similar, salvo algunas en las que puede haber algunas sorpresas rocosas. No obstante, lo interesante de las playas, aparte de lo que conlleva todos sus beneficios, esas playas al norte y al sur del Cabo de Palos, hito geográfico del lugar, es que tienen unos fondos muy bonitos; apenas nadas unos cincuenta metros y de momento te encuentras con esos fondos rocosos que albergan a la posidonia, sinónimo de calidad de las aguas, y una fauna marina muy curiosa y entretenida. Ni que decir tiene que en mi estancia, mi hijo y yo disfrutamos de lo lindo con nuestras gafas de bucear en plan safari visual.

A propósito de esa caza visual en una de las playas más «vírgenes» nos sorprendimos con una medusa enorme que yo jamás había visto, por su aspecto podía ser letal. Eso sí, una preciosidad, redonda, de unos 30 cm. de diámetro y con los tentaculillos de color morado. Miedo me dio apresarla, pero lo hice como todos lo hacemos, para evitar el peligro al resto de bañistas. Luego comprobamos en Internet que es una especie típica del Mediterráneo, aunque yo jamás la he visto en las costas andaluzas, se trata de la Cotylorhiza, o popularmente la medusa de huevo frito, porque realmente tiene una forma parecida, y no, no es demasiado peligrosa, es decir, que su picadura no es muy urticante, aunque su tamaño y aspecto pudieran decir otra cosa.

Por lo demás la Manga en el término estricto del término es una franja de unos 18 km. de largo y con una anchura que oscila entre los 200 m. y los 1.500 m., cuajada eso sí de establecimientos hosteleros y de servicios casi por completo. Lo interesante para esos turistas que pueden alojarse, por ejemplo, en un piso noveno, es que pueden tener desde el balcón de su habitación una imagen sin par, el Mar Menor a un lado y el Mediterráneo a otro, y de tal forma pueden ponerse chanclas y bañador para darse un chapuzón en cualquiera de ellos dándose un mínimo paseo, según el gusto y la preferencia de cada cual.

Incluso hay zonas con baños termales y otras con lodos, ambos con beneficiosas propiedades para nuestro cuerpo, no las visité y eso que estuve al lado de una de ellas, la de los lodos, porque pasaba diariamente en mis carreras matutinas veraniegas, todo ello pendiente para una futura visita.

Muchos elementos hacen que este sea un paraíso para mucha gente, y el remanso de paz y descanso para los jubilados, y bien que hacen al estar retozando allí, especialmente en temporada media y baja, imagino que en temporada alta todo debe ser muy agobiante, porque la extensión es la que es; y para colmo hay un Mercadona a la entrada de la Manga, y es que en este país parece que el nivel de importancia de un lugar depende de si tiene alguna sucursal de esta cadena de supermercados populares que hace apenas diez años no conocíamos. Mercadona que es el epicentro comercial del Cabo de Palos.

Y, por último, ese fabuloso camping en el que estuvimos el Caravaning la Manga, fabuloso por sus dimensiones y servicios, con capacidad para más de 6.000 personas, es un pequeño gran pueblo donde vive gente todo el año; hay auténticos chalets con cierto lujo en su interior y, desde luego, si la Manga es el paraíso geriátrico, este camping hace honor a ello, porque mucha gente mayor, sobre todo centroeuropeos, habitan allí todo el año. Como curiosidad diré que intentaba todas las mañanas ser el primero en bañarme en la piscina, después de correr, pero por más que lo intentaba siempre había allí unas entrañables ancianas británicas haciéndose unos largos y largando por lo bajini, al más puro estilo Vieja del visillo, y por momentos dudé si es que estas señoras vivían directamente en la piscina.

sábado, 19 de septiembre de 2015

"DESTINO: PLUTÓN", UN CONCURSO PSICODÉLICO Y ESPACIAL PARA ESCOLARES

Bonamichi y Malperson, dos nombres que siempre han quedado anclados en mi memoria, testigos cuasi anónimos del recuerdo de un programa concurso juvenil que yo veía cuando tenía diez o doce años. Nombres, como otros muchos datos irrelevantes, lugares, años, marcas que acumulo en mi mente y que también, muchos de ellos, no sirven para nada, y la mayor parte, todo hay que decirlo, relacionados con los deportes. Quiero imaginar que no debe suponer nada malo para mi salud mental que la base de datos tenga tanta paja. Estos dos nombres emergieron hace unos meses en mi lóbulo temporal para evocar aquel Destino: Plutón.

Fantástico progreso este en el que con un solo clic tenemos la respuesta a todo, la noticia al instante, la solución a innumerables problemas, la comunicación hipermegatotal. Lo de antaño, añejo y apolillado, queda lejos y no es nada comparado con lo de hoy. Bendita modernidad que permite que exista Gran Hermano que ha llegado a su decimosexta edición en este país y que despliegue decenas de cámaras y que genere más dinero que el mejor programa cultural que cualquier televisión haya hecho en España en toda la historia. Y sí, sacando a personajes que se atribuyen el dudoso honor de ser la panda de vagos e incultos más selecta de este peculiar país; los cuales son seguidos por un inmenso tropel de ansiosos televidentes que tampoco les andan muy a la zaga, salvo excepciones.

Pero esto es lo que nos han dado las chorrocientas televisiones que existen, a cual peor, con un poder inmenso. Aparte, no menos de ocho canales puedes tener en tu televisor que se dedican las veinticuatro horas del día a leer el tarot a la gente, y similares engaños legales, de tal manera que es más fácil sintonizar estas cadenas que otras generalistas. Si están ahí, y eso no es gratis, es porque mucha la gente las ve y pica. En fin, España de charanga y pandereta, España cañí.

Pues sí, cuando éramos chicos teníamos una cadena, casi dos (el potentado que podía se instalaba el módulo para ver la Segunda cadena), y buena o mala, nos teníamos que conformar con lo que teníamos. En todo caso, me da la impresión de que, aun con la escasez de medios existente hace treinta o cuarenta años, se intentaba hacer una televisión bastante meditada, con ciertos criterios de contenidos en función del horario y audiencia potencial, intentando dar cabida a un amplio elenco de programas de muy diverso tipo.

Desde luego, los niños y jóvenes sabíamos que había programas para nosotros y que había una franja en la tarde que era nuestra. Me remonto a 1980 que es cuando se emitió este programa concurso, y por aquel entonces había emisiones hasta las 17.00 h., cuando se iba la tele a gris, y no se retomaba hasta las 18.30 h., sagrada siesta por la gracia de Dios, o para hacer deberes que imagino que era lo que yo hacía, en tanto en cuanto, hay que recordar que teníamos cole hasta las cinco de la tarde, por lo que TVE no iba a emitir nada para una audiencia inexistente en los cuatro puntos cardinales de este país.

Ansiábamos, yo por lo menos sí, el reinicio de la programación y esperábamos pegados a la caja diabólica, contando incluso los segundos que pasaban en la carta de ajuste, hasta que por fin llegaba la hora y el mundo se llenaba de color, bueno de color blanco y negro, porque en mi casa entró la tele en color en 1982.

Pues eso, entre las 18.30 h. y las 20.00 h., la programación era infantil y juvenil, así del tirón. La primera media hora para los más pequeños, Barrio Sésamo, aunque se aceptaba gente de más edad, porque entre las cuitas de Coco y la rana Gustavo explicando las sutiles diferencias entre cerca y lejos, a mí me encantaba ver a Epi y Blas, al entrañable profesor Siesta, o a aquellos monstruitos cantando el «maná maná».

Y lo mismo, a partir de las 7 de la tarde, lo que venía ya era para más mayorcitos, aunque eso, que los pequeños también podían quedarse. A lo largo de muchos años recuerdo que pasaron por aquel tramo horario un buen número de programas que trataban, como concepto, de entretener y enseñar a los escolares de este país. Algo tan simple pero impensable hoy en día, donde no hay una programación en las televisiones generalistas adecuada a horario y público diana, por más que se empeñen los sucesivos gobiernos en propugnar el cumplimiento del horario de protección infantil, algo que manifiestamente se pasan todos por el forro. Imagino que las mismas televisiones expiarán sus culpas pensando que ya hay para eso canales específicos para niños que ofrecen una infinita batería de espacios y programas que tampoco tienen mucha racionalidad en su distribución horaria.

Aquellos espacios de antaño pretendían ser divulgativos, una especie de complemento ameno para lo que aprendías en clase, o para abordar otros temas, de actualidad o de carácter científico, que no tenían cabida en el currículum escolar.

Y a lo que iba al principio, ¿quiénes eran los Bonamichi y Malperson? Pues una especie de edecanes del presentador del programa, el rey Perdunabo IV, uno hacía de bueno y otro de malillo. Era un programa de preguntas y respuestas en el que participaban niños de entre 6º y 8º de E.G.B., y a lo largo del mismo iban superando fases que les permitían avanzar en el espacio hasta el objetivo final. He leído por ahí que el premio final era un viaje a la NASA, no lo recuerdo, sí que recuerdo que a los ganadores de cada programa y a los perdedores, se les proporcionaban los típicos regalos de la época, juegos instructivos, una minicadena, unos patines, hoy esto sería otro mundo.

Como sería otro mundo también los escenarios e indumentaria que se gastaban. Desde luego por aquel entonces eso nos podría parecer alucinante, de una estética psicodélica, hoy nos daría otra impresión, cutrecilla tal vez. Pero era lo que había y era increíble, a mí me daba esa impresión. No en vano contaban con unas pocas cámaras, nada comparado con el Gran Hermano actual, y los medios eran muy limitados.

No sólo eran los medios muy limitados sino que el ahorro era la premisa, tras el atrezo espacial se podía ver la clara estructura de un plató de televisión, en concreto este en la localidad del extrarradio barcelonés Esplugas de Llobregat. Y, por supuesto, el programa estaba realizado con un formato muy propio de aquella época, el falso directo, dadas las mayores dificultades que tenían los realizadores de antes en editar el programa (en cortar y montar), intentaban cortar lo menos posible, salvo que el error fuera de bulto, así que si había fallos, salvo que fueran muy gordos, la grabación continuaba.

Y las indumentarias eran de lo que más llamaba la atención; por un lado, los Bonamichi y Malperson con unas pelucas clásicas y trajes dieciochescos, ayudando a su rey, que vestía traje espacial, y las azafatas que vagaban por el espacio, esas sí, con sus trajes supermodernos, aunque tocadas con un casquete de tela un tanto atemporal.

El programa comenzó a emitirse el 29 de enero de 1980 y se extendió hasta el mes de agosto de ese año, todos los martes y bueno que nadie piense que ha pasado un siglo, fue hace treinta y cinco años, lo suficiente como para que los de mis yerbas nos acordemos y tengamos un sentimiento de añoranza hacia aquella época.

sábado, 12 de septiembre de 2015

CARRUSEL DEPORTIVO, EL PROGRAMA QUE ABRIÓ EL CAMINO A LA RADIO DEPORTIVA DEL FIN DE SEMANA

El pasado domingo por la tarde iba en coche con mi mujer en un viaje relativamente largo y en verdad que no soy muy amigo de la conducción, no soy un apasionado, aunque bien es cierto que suelo estar muy concentrado en la carretera y ni me duermo ni me aburro. No obstante, tengo asentado como un pequeño gran placer el escuchar la radio deportiva esos domingos por la tarde que voy viajando, porque entonces se forma un binomio perfecto, voy adaptado a la conducción, mirando a la carretera, concentrado en ella y en todos sus mensajes y señales, mientras por mis oídos resuenan los goles que se suceden en los diversos campos de España.

Tal vez a mi mujer y a alguna gente que va conmigo no le guste demasiado escuchar el Carrusel Deportivo y programas afines o del mismo tenor, pero me lo perdonan porque saben que el que conduce debe mantener ese pequeño privilegio y, en todo caso, porque pese a que, por referir, a mi madre la he machacado durante toda mi vida con las retransmisiones deportivas, el escuchar o ver deporte sigue ofreciendo buenas noticias, teóricamente divulga valores que son buenos para la humanidad: sacrificio, esfuerzo, compañerismo... Y es que, por fortuna, la retransmisiones deportivas de la radio y televisión son, por el momento y espero que continúe así, precisamente eso, deporte. Con esto quiero decir que no me gustan los espacios deportivos en las televisiones insertos en las noticias los cuales se dedican a la salsa rosa del deporte y muy en especial del fútbol. Porque a lo que a mí me interesa es los goles que se meten y para nada si Sergio Ramos se ha cortado el pelo, si Cristiano Ronaldo ha estrenado calzoncillos, si Piqué le golpea con un balón a su mujer en su casa o si Messi se ha retirado del entrenamiento con un esguince de oreja.

Y es que es así, un programa deportivo representa ante todo buenas noticias, en clara oposición al contenido de los telediarios que ofrecen una sempiterna batería de malas noticias. Cuestión nada baladí esta, en tanto en cuanto que es toda una estrategia informativa marcada casi desde que nació la televisión, por la cual hay más audiencia (y la televisión gana más dinero) cuanto más negras son las noticias que sacan.

Los recuerdos de esa radio deportiva que ya consumía de pequeño se me amontonan en el disco duro de mi memoria. Tardes de domingo en las que mis padres decidían, por ejemplo, que nos fuéramos a tomar un café a Vadollano, a La Carolina, o a Vilches, y yo suspiraba en el interior de esos coches pequeños y nada cómodos comparados con los de ahora, aunque a mí me pareciera todo lo contrario. Momentos inolvidables en los que sonaba ese pi-pi-pi-pi-pi, y un largo gooooooooooool, que provocaba unos segundos de tensión en el que tú esperabas oír el nombre de tu equipo hasta que el locutor desvelaba quién había marcado.

Sin ser especialmente preciso es cierto que esos recuerdos deportivos que se me agolpan y que jalonan mi vida fueron con una radio al lado, con coche o sin coche, como por ejemplo aquella vez que Río de Janeiro fue elegida sede de los próximos Juegos Olímpicos (iba a Madrid en mi coche), cuando el Linares C.F. ascendió a 2ª en 1980 luego de derrotar 2 a 4 en un histórico encuentro al Calvo Sotelo de Puertollano (en el patio de la casa de mis abuelos en Begíjar), o aquel Mundial de baloncesto en Colombia 1982, en el que me levantaba de madrugada para escuchar la narración de los partidos y en el que ganamos a Estados Unidos.

Bien es cierto que el Carrusel Deportivo de la Cadena SER es el decano de esa radio deportiva que nació para las tardes del domingo, y que poco a poco fue extendiendo su programación a otros horarios y días, también domingos por la mañana, martes y miércoles que hay Liga de Campeones, y una flexibilidad tal que permite abordar otros deportes aparte del fútbol. Sí, el fútbol es el rey de las radios deportivas, pero sin ser lo que me gustaría a mí, atienden a otros deportes, aunque a los minoritarios muy poquito. Con ese nacimiento de Carrusel Deportivo todas las radios generalistas fueron copiando el invento y no hay cadena que se precie que no disponga de su equipo de estrellas comentaristas que alegran al escuchante: Tiempo de juego en la COPE, Radioestadio en Onda Cero, Tablero deportivo en Radio Nacional, La jugada en Canal Sur...

Los programas de narración deportiva, no los programas deportivos de la media noche en los que hay más política y más salsa rosa, son sin duda uno de los platos fuertes de las emisoras españolas, realmente el punto de inflexión en este segmento de nuestras radios se produjo cuando dichas emisoras encontraron un filón en sus comentaristas. El disponer de alguien carismático al frente del programa se convirtió en la clave, se buscaba a una estrella o se encumbraba al líder para arrastrar a más oyentes. Y no sólo eso sino que ese líder comenzó a construir un equipo de ayudantes que colaboraban de forma casi libre en el programa, estando con él in situ en la emisora o no, y donde no podía faltar el árbitro de turno que escrutaba las polémicas en los distintos campos de juego.

El poder de los programas de retransmisiones deportivas es tal que las emisoras se gastan mucho dinero en tener a los mejores al frente de sus programas, sabedores de que fidelizando a oyentes durante los fines de semana o entre semana cuando hay algún acontecimiento deportivo, están enganchándolos para que tampoco abandonen el dial para el resto de la programación. Y se gastan mucho dinero, tanto que no sólo fichan al líder sino a todo su equipo, ahí es nada.

Uno de los movimientos más recientes y sonados a este respecto se produjo en 2010 cuando COPE fichó a Paco González, director hasta ese momento de Carrusel Deportivo en la SER, y con él a todo su equipo, entre los que destacan el hombre de la publicidad, una publicidad en directo muy peculiar y dinámica, Pepe Domingo Castaño, también Manolo Lama, Tomás Guasch, Poli Rincón o el árbitro Pérez Sánchez.

Esa publicidad sigue siendo el punto de apoyo de las emisoras privadas, como digo, el veterano Pepe Domingo Castaño ofrece una singular difusión de las marcas que se publicitan en su programa, siempre el mismo texto pero también siempre con distintos matices. Esto también me recuerda aquella célebre publicidad que yo escuchaba de pequeño en el Carrusel Deportivo: «Anís de La Castellana, su presencia siempre agrada», «Se ve, se ve que es fino CB de Alvear, un vino seco, ligero y natural. CB de Alvear un sorbo de Andalucía», o aquella otra de Boquillas Tar Gard que no rememoro cómo era.

Desde luego el espectáculo de los diferentes carruseles deportivos de los sábados y de los domingos dispone de una batería de medios impensables hace apenas un cuarto de siglo. Lo fundamental es que aparte de tener enviados especiales en cada campo de juego, en la sede central ellos mismos pueden ver los partidos, porque hoy todo lo importante se televisa, y pueden estar visionando varios partidos a la vez, por lo que pueden opinar con inmediatez sobre todo lo que acontece en cada escenario, ese gol, esa tarjeta, esa jugada polémica, etc.

He titulado esta entradilla a modo de homenaje a Carrusel Deportivo porque fue el que enseñó el camino al resto, y porque realmente el programa que yo he escuchado prácticamente desde siempre es este, ya que en Linares existía y existe una emisora también muy veterana que en su momento se denominaba EAJ 37 y que desde que yo tengo uso de razón perteneció a la SER.

Cuando se produjo ese fichaje multitudinario del equipo de Carrusel Deportivo a Tiempo de juego en el 2010 yo también fui uno de esos oyentes tránsfugas que se pasó a Tiempo de juego, ¿por qué? Por tradición y afección hacia el equipo, porque es divertido, son chistosos, no son muy sobas con la publicidad y, algo muy importante, de vez en cuando se acuerdan que el que está en la radio no está conectado más que a ese medio y no tiene por qué saber cómo van los partidos si acaba de sintonizar, y por eso hacen rondas o actualizan resultados con cierta frecuencia.

En el debe de Tiempo de juego, de Carrusel Deportivo y del resto de programas deportivos, habría que poner, no sólo más atención a deportes minoritarios, sino que ya que están muy centrados en el fútbol, debieran hacer un seguimiento más exhaustivo al fútbol femenino, publicitándolo y difundiéndolo también provocarían que se popularizara más y que nuestras chicas crecieran deportivamente.

sábado, 5 de septiembre de 2015

"ESTA NOCHE DIME QUE ME QUIERES", DE FEDERICO MOCCIA

Nunca acostumbro a indagar en la vida de los escritores que leo por primera vez hasta que no termino su novela, en este caso también ha sido así, y acudiendo a Internet tras la conveniente lectura de esta obra, me ha confirmado lo que sospechaba acerca del perfil y antecedentes de este Federico Moccia, del que hasta hace unas semanas sólo sabía que era un escritor italiano de cierto éxito y que sus novelas tenían una portadas llamativas y peculiares.

Sus novelas son actuales, con gente de hoy y problemas de hoy, al menos esta que yo he leído, aunque me imagino que también las otras que ha escrito. Y, por cierto, que el encumbramiento vino con sus obras anteriores. Se nota claramente que Moccia viene de la televisión, es un consumado guionista, y en sus obras no lo puede esconder, ese era el origen de mi confirmada sospecha. Esta novela tiene una velocidad narrativa y un planteamiento que encajaría perfectamente en un formato televisivo o incluso en el cine.

Apenas pasas unas pocas páginas, que te sitúan sin ningún problema en la acción principal, la novela te engancha y te absorbe de forma progresiva, lo cual es muy de agradecer porque con una narración muy activa y visual, te ves sumergido en la vida de los personajes, en sus casas, en la calle, en cada una de sus vivencias.

La obra se inicia con el relato de dos historias inconexas entre sí que terminan coincidiendo y la trama es muy fácil de seguir en todo momento. En este sentido, Tancredi es un sexy multimillonario, seguro de sí mismo, controlador hasta la saciedad y abiertamente podemos decir que es un auténtico sinvergüenza. Este empresario multidisciplinar cuenta entre su espléndido séquito con Gregorio Savini, veterano hombre para todo que permite hacer realidad las fantasías de su jefe. Tancredi acostumbrado a conseguir todo lo que desea, especialmente mujeres, y a toda costa, se encontrará con la bella Sofia, que se revelará como la conquista más complicada que jamás haya tenido que afrontar.

Sofia, por su parte, llevaba una vida aparentemente normal, salvo que hace unos años, su pareja, el arquitecto Andrea, tuvo un accidente de motocicleta, provocado indirectamente por la propia Sofia, que le lleva a quedar postrado en una silla de ruedas. Eso no resultó un impedimento para ambos, que después del accidente contrajeron matrimonio. No obstante, aquel incidente marcó la vida profesional de Sofia, una excepcional pianista, que hizo una especie de pacto con Dios para no volver a tocar en concierto, dedicándose por entero a la docencia, frustrante a todas luces.

El punto de inflexión llega cuando Tancredi y Sofia se encuentran casualmente, y desde el primer momento Sofia será el objetivo de Tancredi. El potentado hombre de negocios utilizará todos sus recursos para conquistar a la atractiva Sofia, y los métodos son fabulosos e insospechados, aunque aun así no logrará acceder a ella de primeras.

Tancredi dará una vuelta de tuerca proponiéndole un trato que cuesta cinco millones de euros, cantidad que servirá para pagar una sofisticada operación que ha de devolver la movilidad a Andrea, a cambio claro está de que Sofia pase unos días con Tancredi.

Sofia terminará por hacer de su capa un sayo y se dejará llevar por la pasión en un escenario paradisíaco, cuando a los ojos de todos y particularmente de su familia, estará dando unos conciertos en los Emiratos Árabes. Dicha estancia es la parte más pasional de la narración, pero también es destacable el lujo con el que describe el escritor lugares desconocidos para la mayoría de los mortales y que por un momento uno sueña con estar allí.

También es cierto que aparte de la pasión, habrá momento para la indagación en la realidad de los dos personajes principales, y fundamentalmente se desvelará el misterio de por qué Tancredi no quiere a las mujeres, o más exactamente por qué no puede tener una relación estable con ellas.

La novela es muy entretenida, con su principio, su trama y su final, todo muy bien estructurado, y repito, muy fácil de leer, y además tienes necesidad de avanzar para ver cómo se desenreda todo, luego desde el punto de vista del entretenimiento y del hilo narrativo nada que objetar.

Sorprenden, eso sí, algunos hechos, probablemente el que más me ha llamado la atención ha sido la extraña similitud entre el esquema del libro y la película (mucho más antigua) «Una proposición indecente» de Adrian Lyne, con Robert Redford y Demi Moore como actores principales. Es decir, un multimillonario pagará un millón de dólares por pasar una noche con una guapa chica, casada con un arquitecto (Woody Harrelson), como en esta novela, dándose la circunstancia de que también esta pareja tiene una necesidad económica. Es demasiado coincidente, pero es más, ¿qué necesidad tenía Federico Moccia de otorgarle la misma profesión al infortunado y «cornudo» circunstancial del marido?

También escama un poco que Sofia, como el personaje de Demi Moore en la película, se deje llevar por la pasión, aunque haya dinero de por medio, no tenían necesidad de eso, pero a ambas les puede el instinto, demasiado.

Por último, el final que, como siempre, no voy a desvelar, es algo desconcertante, vacío para mí, si se le quiere llamar así, pero bueno, es el que ha propuesto el escritor, nada que reprochar.

En definitiva, una buena novela de verano, rápida de leer y que nos ayuda mucho a despertar la imaginación, bastará con poner la mente en modo serie de televisión y nos saldrá todo bastante fácil, las caras, los lugares, las islas, los pasajes principales.