sábado, 19 de septiembre de 2015

"DESTINO: PLUTÓN", UN CONCURSO PSICODÉLICO Y ESPACIAL PARA ESCOLARES

Bonamichi y Malperson, dos nombres que siempre han quedado anclados en mi memoria, testigos cuasi anónimos del recuerdo de un programa concurso juvenil que yo veía cuando tenía diez o doce años. Nombres, como otros muchos datos irrelevantes, lugares, años, marcas que acumulo en mi mente y que también, muchos de ellos, no sirven para nada, y la mayor parte, todo hay que decirlo, relacionados con los deportes. Quiero imaginar que no debe suponer nada malo para mi salud mental que la base de datos tenga tanta paja. Estos dos nombres emergieron hace unos meses en mi lóbulo temporal para evocar aquel Destino: Plutón.

Fantástico progreso este en el que con un solo clic tenemos la respuesta a todo, la noticia al instante, la solución a innumerables problemas, la comunicación hipermegatotal. Lo de antaño, añejo y apolillado, queda lejos y no es nada comparado con lo de hoy. Bendita modernidad que permite que exista Gran Hermano que ha llegado a su decimosexta edición en este país y que despliegue decenas de cámaras y que genere más dinero que el mejor programa cultural que cualquier televisión haya hecho en España en toda la historia. Y sí, sacando a personajes que se atribuyen el dudoso honor de ser la panda de vagos e incultos más selecta de este peculiar país; los cuales son seguidos por un inmenso tropel de ansiosos televidentes que tampoco les andan muy a la zaga, salvo excepciones.

Pero esto es lo que nos han dado las chorrocientas televisiones que existen, a cual peor, con un poder inmenso. Aparte, no menos de ocho canales puedes tener en tu televisor que se dedican las veinticuatro horas del día a leer el tarot a la gente, y similares engaños legales, de tal manera que es más fácil sintonizar estas cadenas que otras generalistas. Si están ahí, y eso no es gratis, es porque mucha la gente las ve y pica. En fin, España de charanga y pandereta, España cañí.

Pues sí, cuando éramos chicos teníamos una cadena, casi dos (el potentado que podía se instalaba el módulo para ver la Segunda cadena), y buena o mala, nos teníamos que conformar con lo que teníamos. En todo caso, me da la impresión de que, aun con la escasez de medios existente hace treinta o cuarenta años, se intentaba hacer una televisión bastante meditada, con ciertos criterios de contenidos en función del horario y audiencia potencial, intentando dar cabida a un amplio elenco de programas de muy diverso tipo.

Desde luego, los niños y jóvenes sabíamos que había programas para nosotros y que había una franja en la tarde que era nuestra. Me remonto a 1980 que es cuando se emitió este programa concurso, y por aquel entonces había emisiones hasta las 17.00 h., cuando se iba la tele a gris, y no se retomaba hasta las 18.30 h., sagrada siesta por la gracia de Dios, o para hacer deberes que imagino que era lo que yo hacía, en tanto en cuanto, hay que recordar que teníamos cole hasta las cinco de la tarde, por lo que TVE no iba a emitir nada para una audiencia inexistente en los cuatro puntos cardinales de este país.

Ansiábamos, yo por lo menos sí, el reinicio de la programación y esperábamos pegados a la caja diabólica, contando incluso los segundos que pasaban en la carta de ajuste, hasta que por fin llegaba la hora y el mundo se llenaba de color, bueno de color blanco y negro, porque en mi casa entró la tele en color en 1982.

Pues eso, entre las 18.30 h. y las 20.00 h., la programación era infantil y juvenil, así del tirón. La primera media hora para los más pequeños, Barrio Sésamo, aunque se aceptaba gente de más edad, porque entre las cuitas de Coco y la rana Gustavo explicando las sutiles diferencias entre cerca y lejos, a mí me encantaba ver a Epi y Blas, al entrañable profesor Siesta, o a aquellos monstruitos cantando el «maná maná».

Y lo mismo, a partir de las 7 de la tarde, lo que venía ya era para más mayorcitos, aunque eso, que los pequeños también podían quedarse. A lo largo de muchos años recuerdo que pasaron por aquel tramo horario un buen número de programas que trataban, como concepto, de entretener y enseñar a los escolares de este país. Algo tan simple pero impensable hoy en día, donde no hay una programación en las televisiones generalistas adecuada a horario y público diana, por más que se empeñen los sucesivos gobiernos en propugnar el cumplimiento del horario de protección infantil, algo que manifiestamente se pasan todos por el forro. Imagino que las mismas televisiones expiarán sus culpas pensando que ya hay para eso canales específicos para niños que ofrecen una infinita batería de espacios y programas que tampoco tienen mucha racionalidad en su distribución horaria.

Aquellos espacios de antaño pretendían ser divulgativos, una especie de complemento ameno para lo que aprendías en clase, o para abordar otros temas, de actualidad o de carácter científico, que no tenían cabida en el currículum escolar.

Y a lo que iba al principio, ¿quiénes eran los Bonamichi y Malperson? Pues una especie de edecanes del presentador del programa, el rey Perdunabo IV, uno hacía de bueno y otro de malillo. Era un programa de preguntas y respuestas en el que participaban niños de entre 6º y 8º de E.G.B., y a lo largo del mismo iban superando fases que les permitían avanzar en el espacio hasta el objetivo final. He leído por ahí que el premio final era un viaje a la NASA, no lo recuerdo, sí que recuerdo que a los ganadores de cada programa y a los perdedores, se les proporcionaban los típicos regalos de la época, juegos instructivos, una minicadena, unos patines, hoy esto sería otro mundo.

Como sería otro mundo también los escenarios e indumentaria que se gastaban. Desde luego por aquel entonces eso nos podría parecer alucinante, de una estética psicodélica, hoy nos daría otra impresión, cutrecilla tal vez. Pero era lo que había y era increíble, a mí me daba esa impresión. No en vano contaban con unas pocas cámaras, nada comparado con el Gran Hermano actual, y los medios eran muy limitados.

No sólo eran los medios muy limitados sino que el ahorro era la premisa, tras el atrezo espacial se podía ver la clara estructura de un plató de televisión, en concreto este en la localidad del extrarradio barcelonés Esplugas de Llobregat. Y, por supuesto, el programa estaba realizado con un formato muy propio de aquella época, el falso directo, dadas las mayores dificultades que tenían los realizadores de antes en editar el programa (en cortar y montar), intentaban cortar lo menos posible, salvo que el error fuera de bulto, así que si había fallos, salvo que fueran muy gordos, la grabación continuaba.

Y las indumentarias eran de lo que más llamaba la atención; por un lado, los Bonamichi y Malperson con unas pelucas clásicas y trajes dieciochescos, ayudando a su rey, que vestía traje espacial, y las azafatas que vagaban por el espacio, esas sí, con sus trajes supermodernos, aunque tocadas con un casquete de tela un tanto atemporal.

El programa comenzó a emitirse el 29 de enero de 1980 y se extendió hasta el mes de agosto de ese año, todos los martes y bueno que nadie piense que ha pasado un siglo, fue hace treinta y cinco años, lo suficiente como para que los de mis yerbas nos acordemos y tengamos un sentimiento de añoranza hacia aquella época.

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