sábado, 30 de marzo de 2013

DE PAPAS, CÓNCLAVES Y FUMATAS

Ahora que hemos tenido hace unas semanas el cónclave, uno se da cuenta de que se ha hecho mayor, es con la contabilización de espacios de tiempo amplios cuando observas que ya has vivido bastante. Algo así me ocurrió el otro día cuando en mi trabajo mis compañeras comentaban el número de papas y cónclaves que recordaban en su vida, así que contando papas uno ya sabe a qué generación pertenece.

Pues mi uso de razón me remonta al papa Pablo VI, un vejete entrañable con el rasgo común en muchos papas de tener cara de buena persona. Luego vendría el efímero Juan Pablo I, y después el polaco Juan Pablo II que tuvo un papado tan largo de más de un cuarto de siglo que no ha propiciado cónclaves y ha permitido que creciéramos considerablemente en ese intervalo. Con la sorprendente renuncia de Benedicto XVI hemos podido vivir la salsa de la renovación papal, toda su liturgia y ceremonial, pero sobre todo el cónclave y el siempre llamativo juego de la fumatas.

El cardenal Montini dirigió la Iglesia Católica entre 1963 y 1978
Pablo VI
Pues no recuerdo muy bien si en aquel año 1978 cuando hubo dos cónclaves, uno tras la muerte de Pablo VI y otro tras el rápido papado de Juan Pablo I, tuve conciencia de lo de las fumatas. Sólo quiero creer que lo seguí por la radio y entonces me suena a que no estaba muy conseguido lo del humo negro y el humo blanco para la fumata porque dio lugar a errores en los periodistas.

Lo que sí tengo perfectamente grabado en mi memoria es el día en que mi vecino, metalúrgico y zapatero en sus ratos libres con la compañía siempre fiel de su radio, abrió la puerta de enfrente y nos dijo a mi madre y a mí si nos habíamos enterado de que Juan Pablo I había muerto, ¡sólo llevaba 33 días de papado!
Efímero el papado del que fuera cardenal Albino Luciani, muerto en extrañas circunstancias
Juan Pablo I

Todavía hay en la casa de mis abuelos en Begíjar una foto de aquel papa al que titularon como el de “la sonrisa”. Este Albino Luciani tuvo tan poco tiempo para mover hilos en el Vaticano como ríos de tinta provocó su muerte. Aunque ha habido papas muy polémicos a lo largo de la amplia historia de la Iglesia Católica, hace varios siglos muchos no eran ejemplo ni estandarte de la elevada representación que ostentaban, la muerte contemporánea de Juan Pablo I sigue y seguirá llenando de dudas en torno a lo que se mueve en las cañerías del Vaticano.

Y es que pese a que apenas han pasado treinta y cinco años, las extrañas circunstancias en que se produjo la muerte de Juan Pablo I, no hacen sino alimentar una cierta leyenda negra de la Santa Sede que no ha parado de dar titulares en los últimos años, aún recuerdo que hace unos años un Guardia suizo se pegó un tiro, y hace poco el mayordomo del Papa también fue condenado a prisión por filtrar documentos internos de Su Santidad.

Cómo murió Juan Pablo I es algo que creo que jamás sabremos, la versión oficial habla de infarto de miocardio, se suceden las declaraciones opuestas de que tenía buena salud y otros señalaban que no, otros hablan de envenenamiento, tal vez una dosis letal de medicamentos, que si hubo autopsia, que si no…, pero sobre todo, rezuma la sensación que siempre ha estado muy presente en el pueblo llano de que en el Vaticano había y hay muchos trapos sucios.

La Iglesia Católica elegía en 1978 al polaco Wojtyla, el cual estuvo más de un cuarto de siglo como la figura más representativa de la Iglesia Católica
Juan Pablo II
De hecho, existe tanta información en Internet que muchas versiones apuntan a que Juan Pablo I quiso limpiar desde el primer momento la Banca Vaticana y la propia Curia con cardenales señalados con nombre y apellidos, pudieron haber ingeniado la sibilina trama. Total, que la realidad supera muchas veces a la ficción y, en este sentido, la novela de Dan Brown “Ángeles y demonios” y posteriormente llevada al cine, ambientada en un cónclave, se convierte en un auténtico cuento de niños comparado con lo que se cuece en el interior de las instituciones vaticanas.

Con Juan Pablo II, un joven polaco (en comparación con la historia de papas muy mayores), supuso una revolución en la elección papal. Ha sido un modelo a seguir y sólo su salud, mermada por el atentado del turco Ali Agca, nos privaron de su presencia desbordante.

Y bien, el penúltimo cónclave el que eligió a Benedicto XVI ya sí me pilló con pleno uso de razón y de recuerdo. Aquella tarde de abril de 2005, de esas apacibles, primaverales y luminosas; yo me encontraba corriendo por el campo con mi perra, todavía lo hago si la lluvia y mi hijo lo permiten, e iba con la radio puesta, surgió el nombre, Ratzinger, tal vez el único cardenal en ese momento verdaderamente conocido. Es evidente que yo sí lo conocía, porque se había caracterizado años atrás por desarrollar una literatura bastante extensa sobre teología que yo mismo había podido leer, gracias a que tengo un tío que es cura y que manejaba esa información escrita.

Renunció en 2013 al papado, después de haber sido elegido en 2005.
Benedicto XVI
En este último cónclave tenía pensado salir a correr y rememorar lo de hacía ocho años, pero tuve que hacer tareas con mi hijo, así que lo seguí por la tele. Había estado leyendo las quinielas días atrás, estaban los favoritos, los segundos espadas y hasta una tercera lista con los improbables. Llegó la siempre anhelada fumata blanca, el “habemus Papa” y cuando escuché el nombre de “Bergoglio”, se lo dije inmediatamente a mi mujer, “el argentino”, era de los de la tercera lista y había sonado, poco, pero había sonado en los pronósticos.

Luego vino el ceremonial y al día siguiente la embestida informativa de la nueva figura del papa Francisco. Otro papa con cara de buena persona, pero este además con antecedentes de hombre humilde, preñado de gestos muy elocuentes a lo largo de su vida; es jesuita, congregación que se ha caracterizado en la Iglesia por ser de las más avanzadas, y toma el nombre de San Francisco de Asís, emblema de la austeridad. En estos primeros días de papado ya ha dado muestras de su cercanía y de una cierta ruptura con el lujo vaticano no demasiado entendido por la gente de la calle.

Y después de estas primeras semanas de papado, creo que ha caído bastante bien a la mayoría de la gente, sea practicante o no, religiosa o atea; y es que el mensaje de un Papa es algo que trasciende al ámbito puramente religioso. El Papa es una figura de tremenda influencia en la sociedad mundial y todo lo que dice y hace tiene un notable impacto.

El argentino Bergoglio es el nuevo papa de la Iglesia Católica, argentino y jesuita
Francisco I
A mí como a muchos, deseamos que este hombre haga cambios en la Iglesia. Algunos hablan de que la cambie radicalmente, que abandere una revolución, eso es imposible, por no decir que es una utopía. No olvidemos que las diferencias de opinión entre los cardenales que estuvieron en el cónclave probablemente sean inferiores a las distancias que los separaban de sus sillones en la Capilla Sixtina.

Dicho de otro modo, la Iglesia no va a cambiar sustancialmente, no puede y hasta no creo que deba, pero sí es verdad que para la ciudadanía cristiana y católica se esperan determinadas acciones encaminadas a resolver algunos problemas actuales, de la calle, donde el catolicismo debe tomar partido, reaccionar, modificar: los preservativos en zonas deprimidas, la separación entre parroquias y el pueblo, el montaje hipócrita de las comuniones, reconvertir a los curas que se toman su posición como una profesión sin más, el impulso de los seminarios o la tan traída y llevada necesidad de hacer las misas (la expresión más cercana de nuestras creencias) de otro modo, activando las homilías sociales y quitando peso en lo que se pueda al ceremonial que sinceramente me aburre.

sábado, 23 de marzo de 2013

LA REGATA OXFORD - CAMBRIDGE, TODO UN CLÁSICO PRIMAVERAL



Una Regata clásica entre deportistas pertenecientes a las universidades inglesas de Oxford y CambridgeAñoro de algún modo, cuando Televisión Española dedicaba los fines de semana en La 2, o en la segunda cadena como la llamábamos antes, a echar deportes por un tubo: el Seis Naciones de rugby, baloncesto, balonmano, trial, hockey hierba… Ahora sí, tenemos un canal temático, vale, Teledeporte, pero no sé qué es mejor, pues podemos decir que retransmiten eventos en directo de tres o cuatro deportes por regla general, normalmente en fin de semana y el resto del tiempo son programas enlatados, algún informativo y sobre todo la repetición hasta la saciedad de las retransmisiones que tuvieron en lugar el fin de semana anterior. No sé, pero calculo que lo que es competición deportiva, echarán un 10% en directo y el 90% en diferido.

Pues yo echo de menos aquella época, la de la década de los 80 del pasado siglo donde programas míticos como Estadio 2 eran el entretenimiento seguro para las tardes de los sábados; ahora hay que conformarse con “Cine de barrio” y las estúpidas y archirrepetidas películas de Martínez Soria que de pequeño me hacían gracia, que de joven me causaban indiferencia y hoy directamente me cae mal el pobre hombre que en paz descanse, pero es lo que tiene nuestra España que consume el producto que requiere, si está ahí es por algo, aunque estoy seguro que las conductas y las preferencias de la gente se pueden cambiar.

Así que cada primavera podíamos presenciar todo un clásico deportivo como era la Regata Oxford – Cambridge. Llamaba la atención y a mí me sigue atrayendo que los británicos sean tan dados a tener competiciones deportivas ancestrales que siguen perviviendo a lo largo de los años. Con el mantenimiento de ciertas competiciones tradicionales, los británicos le dan un aire tan agradable al deporte que ejercen un homenaje constante a la tradición unida con la modernidad. Sobre todo, porque todas esas competiciones de antaño (Seis Naciones de rugby antes Cinco Naciones, el Grand Nacional, esta Regata, y tantas y tantas competiciones clásicas) siguen manteniendo costumbres antiguas, tradiciones que no se pueden soslayar y que son el mejor tributo a los deportistas de otras épocas que más esforzados que los actuales por la carencia de medios, hicieron posible lo que es hoy el deporte, es decir, una manifestación de las cualidades físicas del ser humano que ha llegado a ser una profesión para millones de personas en el siglo XX y XXI.

Y un sábado, cuando ya empezaba a hacer buen tiempo, ahí tenías a dos barcas con sendos grupos de musculosos jóvenes anglosajones dispuestas a surcar un tramo del río Támesis a su paso por Londres. El recorrido está jalonado por miles de animosos aficionados que siguen año tras año como costumbre festiva el salir a la calle y vivir una tradición que ha pasado de generación en generación y, por supuesto, que es presenciado por millones de personas a través de la televisión.

Curiosamente las universidades de Oxford y Cambridge no están situadas en el mismo Londres, ni siquiera en las afueras, son localidades que están a más de cien kilómetros de la capital y entre ellas distan también más de cien kilómetros, aunque Oxford y Londres sí están conectadas por un canal navegable. Entiendo que en España sería algo así como un Alcalá de Henares para Madrid, una ciudad más pequeña y a la mano, donde se imparte una formación de mucho prestigio.

Wordsworth & Merivale, los impulsores la Regata Oxford - Cambridge
Nacería esta tradición en 1829, en algo más de una década se celebrará el Bicentenario, cuando surgió un desafío entre dos antiguos alumnos universitarios, uno de Oxford, Charles Wordsworth, y otro de Cambridge, Charles Merivale, los cuales acordaron hacer una regata al modo que se conoce hoy, entre dos de las universidades más emblemáticas de Inglaterra.

Las regatas se han ido sucediendo anualmente desde aquella fecha con el parón ocasionado por las grandes guerras, y no hay ni ha habido un gran dominador, ha habido rachas eso sí, tal vez la mejor por su cercanía en el tiempo es la que estableció Oxford entre 1976 y 1992 cediendo en ese ciclo en una sola ocasión. Pero en la actualidad Cambridge tiene seis victorias más que Oxford.

Oxford viste de azul oscuro y Cambridge de azul claro.
Desde el principio de la competición la misma se denominó “The Blue Boat”, algo así como el Barco Azul o la Regata Azul, los remeros son llamados los azules, y es que Oxford viste con una camiseta azul oscura y Cambridge con azul clara.

Las tripulaciones son las de la prueba olímpica de 8 con timonel, habitual no sólo en los Juegos Olímpicos sino en las pruebas oficiales dentro del programa de la Federación Internacional de Remo. El timonel es lógicamente el hombre más liviano y el resto es una panoplia de esbeltos muchachos. Y aunque la prueba es amistosa, los hombres que participan se lo toman bastante en serio, entrenan muy duro y lo de la etiqueta de amateur está entredicho, toda vez que muchos de los que han competido se han dedicado y se dedican de forma profesional al remo (si es que se puede vivir de este deporte), y son remeros que participan todo el año en competiciones internacionales, algunos de ellos formando parte de los equipos olímpicos de sus países.

Por cierto, que al hilo de lo anterior, si en sus balbucientes inicios fue una competición con sello británico, esta aldea global ha permitido desde hace varias décadas que los chicos que participan en cada bote sean de otras muchas nacionalidades, fundamentalmente de países de habla inglesa y con tradición en este deporte: Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Sudáfrica…, aunque también vi hace algunos años a algún alemán y a algún escandinavo. No tengo constancia de que haya participado en alguna ocasión un remero español.

En 1981 tuvo lugar la primera participación de una chica en un bote, fue Sue Brown como timonel en Oxford (y ganaron), y desde 1989 hay una regata exclusivamente para mujeres que se celebra una semana antes que la competición masculina.

El recorrido de la Regata Oxford - Cambridge.- The Boat Race Course Oxford - Cambridge
El recorrido ha sufrido algunas variaciones a lo largo del tiempo, aunque el más tradicional y el que se mantiene en la actualidad lleva a los remeros desde la zona de Putney hasta Mortlake, se hace contracorriente y sobre una distancia de 6.779 metros. La prueba dura normalmente entre diecisiete o dieciocho minutos y es que al ser unas aguas vivas son muchos factores los que influyen en las marcas: el caudal, el viento, la temperatura y, por supuesto, la conjunción de figuras deportivas en un barco.

Y durante tantos años de competición hay un capítulo extensísimo dedicado a las anécdotas, imagino que tantas como para hacer un voluminoso libro: choques, hundimientos, desvanecimientos, rotura de remos, manías…, aunque me quedo con la última que suscitó bastante polémica en la regata del pasado año, y es que en mitad de la faena apareció un nadador en medio del río, para reivindicar no sé qué, pero sobre todo para dar la nota, con el peligro consiguiente para su integridad, con lo que hubo que suspender la prueba en ese punto y reanudarla media hora después.

Normalmente la competición se celebra el primer o segundo sábado de la primavera, aunque a veces también tiene lugar en domingo, como ocurre en esta edición de 2013, que será el 31 de marzo. Si el año pasado triunfó Cambridge, me da el pálpito que este año se va a llevar el gato al agua Oxford.

sábado, 16 de marzo de 2013

MANOLO MARTÍNEZ Y LA MEDALLA OLÍMPICA QUE UN TRAMPOSO LE HABÍA ROBADO



La medalla de oro fue para el ucraniano Bilonog, pero con los años se descubrió que se había dopado. La medalla de bronce llega en justicia casi una década después.La noticia llevaba unos meses rondando las mesas de redacción de diferentes medios de comunicación, especialmente de los deportivos: Manolo Martínez, nuestro lanzador de peso ya retirado, grandísimo capitán de la selección española de atletismo, iba a ser declarado como medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, toda vez que al vencedor de la prueba, el ucraniano Yuri Bilonog, le habían descubierto sustancias dopantes en una muestra de orina tomada con ocasión de aquel evento. Hay que decir que los controles se pasan en las competiciones pero luego se guardan muestras, se congelan, y son analizadas años después cuando se han logrado avances en la detección de sustancias se vuelve a analizar la orina; y es que los tramposos van siempre por delante de los que los vigilan.

Sensaciones encontradas son las que se me vienen a la cabeza; desde luego alegría por ver al gran Manolo Martínez premiado, aunque con notable retraso, con el galardón más preciado que desea un atleta profesional en su carrera, la obtención de una medalla olímpica. Lo peor, sin duda, es ese retraso, es el hecho de que aunque la historia ya lo ponga en un sitio preeminente, el impacto social, deportivo y mediático no puede ser el mismo que si la medalla la hubiera recibido en su momento.

Estoy convencidísimo de que Manolo Martínez estará muy contento, pero también imagino que en su fuero interno lamentará la trampa del ucraniano que fue el que le privó de subir físicamente al cajón en Atenas, de recibir la atención de los focos y de las cámaras y del merecido homenaje que hubiera obtenido en su vuelta a España, algo que con la distancia temporal queda bastante atemperado.

Manolo Martínez que, por cierto, para romper con mitos de que los lanzadores son un poco borricotes, él siempre se ha caracterizado por expresarse muy bien, ser un tipo leído y culto, escultor y hasta actor.  

Y es lamentable que el deporte nos depare estas sorpresas, agradables por otra parte, pero que siempre te dejan con una sensación rara. A uno que es muy seguidor del deporte en general, y no precisamente del fútbol al que lo tengo en un segundo plano desde hace años, le lleva a plantearse la cuestión de cuánto de lo que estamos presenciando es cierto o va a tener validez en unos años. O lo que es lo mismo, ¿cuántos de los deportistas que hoy están recibiendo una medalla serán mañana castigados y despojados de sus galardones por descubrirse el engaño del dopaje?

Hace ya varios años que dejé de seguir el ciclismo de forma regular, los mentirosos Pantani, Landis, Bjarne Riis…, me dieron razones suficientes para que mi pasión por este deporte falleciera; ahora apenas veo alguna etapa de alta montaña de las grandes vueltas y alguna clásica si me pilla.

Es que no puede haber algo más ruin en el deporte que valerte de medios artificiales e ilegales para obtener triunfos, reconocimiento y dinero. Es un engaño hacia los aficionados y en el mismo escalón, es un engaño hacia tus compañeros competidores; es como, si de algún modo, en una carrera de 100 metros lisos, el mentiroso saliera unos metros delante de ti. Es tremendo, es algo que debiera ser delictivo, tendría que haber medidas de extremada dureza para los que engañan, incluso la cárcel, como estrategia coercitiva para evitar que la gente utilizara estas argucias. Porque a día de hoy, uno no tiene la clarividencia de saber si en una competición todos los que concurren lo hacen en igualdad de condiciones. Es sin duda, un evidente caso de corrupción deportiva que, como digo, debiera perseguirse y castigarse de forma más contundente de lo que se hace en la actualidad.

Para un amante del deporte como me considero los casos de dopaje en tantos y tantos deportes (ciclismo, atletismo, halterofilia, esgrima, remo, tiro, natación…) te desalientan, porque ese deportista con el que hoy vibras, al que ensalzas, es posible que te esté engañando y terminas dándote cuenta de que le has dedicado un tiempo de reconocimiento y homenaje a la persona equivocada, y aquella otra persona en la que no reparaste, ni animaste, ni enalteciste, esa es la que merece tu aprecio; pero ya ha pasado el tiempo y no es lo mismo.

No es lo mismo, pero tendría que serlo, no podemos cambiar el pasado pero sí podemos rectificar en el presente; los medios de comunicación tendrían que dedicar espacios más amplios a poner en su lugar a los deportistas legales, esos que se tiran muchas horas de entrenamiento, de gimnasio, de pista, de piscina, luchando con los límites de su propio cuerpo (sin ayudas externas) para conseguir sus éxitos.

Desde mi pequeña parcela intento estar atento a los engaños para defenestrar a los malos de la película y poner en su lugar a los buenos. Hago un ejercicio mental de admirar más si cabe a los buenos, en este caso, a Manolo Martínez, al que siempre he seguido y animado, y ahora lo admiro más aunque ya no esté derramando su garra por las pistas, ahora lo hace como entrenador. Para los medios de comunicación, la parte que les corresponde, es decir, más páginas y más minutos para hablar de la noticia y, si cabe, alguna entrevista. Y lo que es muy importante, para las instituciones deportivas, en este caso el Comité Olímpico Internacional, siendo los Juegos Olímpicos el mayor acontecimiento deportivo del orbe, y al estar a la orden del día estas trampas, sería más que conveniente que cada año o cada dos años hicieran una ceremonia en Lausana para reasignar las medallas, que los deportistas tuvieran su minuto de gloria y escucharan su himno y pudieran ver su bandera ondeando en algún recinto a modo de resarcimiento por lo que justamente debieran haber conseguido hace años.

En este sentido, la trampa no es sólo haberse llevado una medalla que no le pertenece al mentiroso, pues se le quita y se le da a quien corresponde, eso se puede enmendar; pero en el caso que nos ocupa, Bilonog tras la consecución del oro, tendría un plus de motivación, posiblemente algún dinero extra por algún contrato de publicidad o por un mayor apoyo de sus patrocinios, y con toda seguridad habría conseguido asistir a más meeting atléticos por su renovado caché. Es evidente que todo esto es algo a lo que se le privó en cierta medida a Manolo Martínez, que si hubiera conseguido la medalla de bronce en ese momento, pues su vida deportiva a buen seguro que habría sufrido un cambio, podría haber reordenado sus entrenamientos, le habrían llamado para más eventos atléticos, podría haber conseguido tener una cuenta corriente más amplia por publicidad, patrocinios, etc. La medalla se podrá devolver pero todo lo anterior nadie lo podrá reparar.

Y como no podría ser de otro modo y para dar el cumplido homenaje, habría que hablar de la propia competición, la que definitivamente lo encumbró con una medalla en unos Juegos Olímpicos, y la que yo pude seguir en directo por televisión. Hay que decir que aprovechando que los Juegos se celebraban en Atenas, la organización tuvo a bien dotar de un aire mítico a esta prueba de peso, trasladándola de su escenario habitual del estadio olímpico a las ruinas de Olimpia, donde hacía varios siglos se iniciara esta fiesta deportiva que luego en su versión moderna recuperaría el Barón de Coubertain. Así que prepararon un círculo de lanzamiento con las mismas características que el de la pista y el público asistente llenó las gradas de aquel escenario histórico.

Las marcas, en general, no fueron buenas, creo que en parte porque ya se estaban fortaleciendo los controles antidopaje y porque el escenario al aire libre como el de un estadio convencional no estaba cerrado por sus laterales y eso hacía que los lanzadores estuvieran más sometidos a las brisas, algo tan mínimo puede influir notablemente en un lanzamiento donde hay que hacer un ejercicio mecánico perfecto en apenas un segundo con diversas fases y cualquier detalle puede alterar la ejecución.

Pues bien, Manolo al que le había costado lograr la calificación el día anterior, se vio que estaba llamado para la ocasión, pues en su primer lanzamiento se fue a 20,70 m., colocándose provisionalmente en tercer lugar. La lucha estaba por arriba centrada en el mentiroso Bilonog (21,15) y el estadounidense Adam Nelson (21,16). El americano hizo ese primer lanzamiento bueno y las crónicas y yo también lo recuerdo así, hablan de que tal vez iba de sobrado y se dedicó a desperdiciar lanzamiento tras lanzamiento; de hecho, Bilonog consiguió 21,16 en su último intento, y Nelson que estaba haciendo nulos bastante más largos volvió a intentar superar la marca de su contrincante, haciendo un nulo (un lanzamiento válido por cinco nulos) que de haber sido válido le hubiera otorgado directamente la medalla de oro, protestó amargamente sin razón y se quedó con la plata.

Manolo perdería en esa cita la medalla con el tercer lanzamiento del danés Joachim Olsen que se fue a 21,07. Reaccionaría el bravo leonés para hacer 20,78 en el cuarto y 20,84 en el quinto, insuficientes para acceder a los metales. Dicen que el último de Manolo es el mejor y cualquier cosa podía ocurrir, porque estaba a nada de cualquier medalla, a 23 cm. del bronce, pero a 32 del oro. Su último lanzamiento sería nulo. Nuestro lanzador se dirigió posteriormente a la prensa triste y lamentándose de que había desperdiciado ese último lanzamiento y desde luego la oportunidad, como jamás la tuvo ya, de haber sido Campeón Olímpico.

Esa es la injusticia de la historia, los medios desplazados allí dedicaron titulares a Manolo como estos: “Otra medalla de chocolate para Manolo Martínez”, pues atesoraba ya varios cuartos puestos en grandes competiciones; “El peso de Manolo Martínez sólo llegó al cuarto puesto”; o “España de espalda a las medallas”, haciendo alusión a que habíamos empezado en la primera semana de los Juegos con poco bagaje de metales.

Para hacer más épica y trascendente la historia de aquella final olímpica, hay que decir que existen dos técnicas de ejecución del lanzamiento de peso: 1. El rectilíneo en el que el lanzador está de espaldas en el otro extremo del círculo a la base de lanzamiento delimitada por un pequeño bordillo, gira 180 grados y lanza. Es el lanzamiento tradicional el que realizaban los lanzadores en la Antigua Grecia. 2. El rotatorio en el que el lanzador también está de espaldas pero da un giro completo y medio, al igual que se realiza en el lanzamiento de disco. Teóricamente este podría ser más explosivo porque acumula más velocidad de partida pero suele generar más nulos pues luego hay que parar este movimiento en el bordillo y no es fácil para hombres y mujeres que pesan en su mayoría más de 100 kg.

Pues bien, vistas estas dos técnicas, en aquel escenario histórico de las ruinas de Olimpia, donde los atletas venidos de muchos lugares hacían sus pinitos hace varios siglos, el lanzador que verdaderamente rindió tributo a la historia fue Manolo Martínez, que durante la mayor parte de su carrera usó la técnica rectilínea salvo algún momento puntual en que cambió pero no le fue bien. Los medallas de oro y plata, Nelson y Olsen utilizaban la técnica rotatoria.

En fin, al parecer en las ruinas de Olimpia hay una inscripción que le viene pintiparada al bueno de Manolo Martínez, Supermán Martínez, los atletas compiten "por vivir en la memoria de los hombres"; así que tengamos en el escalafón que le corresponde a este grandísimo atleta y no olvidemos la gesta que realizó aquel 19 de agosto de 2004.

sábado, 9 de marzo de 2013

GALLIPOLI, JEAN MICHEL JARRE Y DISCOS MELGAMUSIC


Película que recrea la batalla de la península de Gallipoli o de los Dardanelos, en TurquíaMe dio tiempo este último período navideño a repescar algunas películas que tenía en mi memoria y que hacía muchos años que no las había visto. Así que desempolvando un poco, me decidí por “Gallipoli”, de los detalles que me acordaba: 1ª Guerra Mundial, Australia, chicos que corren, un joven actor llamado Mel Gibson, y la música sugerente de Jean Michel Jarre.

Vamos a ver, quizá lo que más se me quedó en ese momento fue por este orden Jarre y Gibson. Cuando descubrí la música de aquella peli, creo que también descubrí la música que siempre me gustó y que me gustaría en el futuro. Siempre he sido un poco obsesivo con algunas cuestiones, si he visto o escuchado algo y se me pierde el nombre, he intentado con ahínco rebuscar para encontrar la respuesta. Me pasó una vez con una bellísima balada heavy de un grupo español que me sabía casi de memoria pero desconocía el nombre del grupo; entonces no había Internet y me tiré un tiempo indagando, hasta el punto de que me producía cierto desaliento no encontrar la solución; al fin, un antiguo amigo de mi hermana me echó el cable, el grupo era Sangre Azul y la canción “El silencio de la noche”.

Bueno, a lo que iba, el caso es que desde pequeño tenía metida en mi mente una melodía que me fue acompañando durante muchos años, aquella música me gustaba más que ninguna otra, pero era como un quiste en mi memoria y sabía poco de ella. Lo recuerdo perfectamente, no era tan pequeño como para no tener uso de razón, pero no tan grande como para ir solo por la calle; así que la imagen es la de ir con mi madre de la mano por las calles de Linares y que un coche de megafonía de esos que llevan publicidad sonora va anunciando cualquier negocio, la música que introducía el anuncio era una melodía electrónica que te hacía transportarte al futuro, a otro espacio, a otro planeta.

Así que me tiré años pensando, eso me gusta, eso me gusta…, pero ¿sabré alguna vez quién compuso esa música? Pues nada, pasó mucho tiempo hasta que vi esa película, Gallipoli, cuando ya tenía por lo menos dieciocho o veinte años, me fascinaron la historia y su música, y esa música era la que yo estuve buscando siempre; así que me quedé hasta el final para leer los títulos de crédito y darle por fin la solución a mi enigma. Era, efectivamente, Jean Michel Jarre y parte de la banda sonora de la película pertenecía a su primer disco Oxygene.

En su ubicación tradicional, en lo que era el santuario de la marcha granadina de la década de los 80 del pasado siglo: en la calle Pedro Antonio de AlarcónLa película era de 1981 y Oxygene salió al mercado en 1976, con lo cual las cuentas me salen perfectamente, yo con ocho o nueve añitos pude escuchar por Linares los acordes de Oxygene, probablemente las partes más conocidas y comerciales (que son la mayoría). No obstante, la película seguro que la tuve que ver en el año 1986 o 1987 en la tele, porque en esos años estuve viviendo en Granada con mi tío y debajo del bloque en el que vivíamos (c/. Infanta Beatriz, una perpendicular de Pedro Antonio de Alarcón) había una tienda de discos, “Discos Melgamusic” que creo que todavía resiste a los avatares del tiempo, y allí me interesé por la discografía y la emergente figura de Jarre.

Cintas compradas por el autor del blog en Discos MelgaMusic Granada, allá por la década de los 80 del pasado siglo.Yo ya sabía de la existencia de este compositor francés, pues por aquellos años ya se había popularizado bastante con sus “Campos Magnéticos” y “Conciertos en China”, pero en aquella tienda me puse al día. Antes de eso, he de decir que indagué entre mis amigos y uno tenía el “Oxygene”, así que me lo grabó, y me lo grabó como se hacía antes, en cinta, siempre mejor la de cromo que la de hierro, que era más cara pero de más durabilidad. El segundo disco de Jarre fue “Equinoxe” y ese sí que me lo compré en Melgamusic, se puede decir que ese LP en cinta de casete fue el primer disco que me compré en mi vida. Después para la Navidad de 1988 me compraría el último disco de Jarre, “Revolutions”, ese sería el primer disco recién estrenado que adquirí en mi vida (tal vez el único). Los anteriores y sucesivos discos me los fueron grabando y por ahí andan esas cintas durmiendo el sueño de los justos (los he rescatado y he sacado la fotillo que acompaña este párrafo), porque la era digital devoró aquel formato tan trillado en nuestra época.

He seguido siendo fan de Jean Michel aunque ya con el comienzo de siglo se volvió demasiado surrealista y se pasó de innovador, noté que a su música le faltaba la chispa y el impacto de antaño, pero aun así, la historia de la música tiene un capítulo especial reservado a este compositor galo.

Y ahora un poco de la película, tal vez al principio aprecies que la música de Jarre no pega ni con cola, ¿qué hace una música cósmica en una peli que trata sobre la 1ª Guerra Mundial? Pero al final de la misma te das cuenta de que la simbiosis es perfecta y que el ritmo frenético y casi asfixiante que experimenta uno de los protagonistas (Mel Gibson) se vive con mayor angustia con la banda sonora de “Oxygene” de fondo.

A mí me pareció en su momento una muy buena película, y he experimentado esa misma sensación ahora que la he vuelto a visionar. Es más, me parece que por esas extrañas razones que tiene la popularidad, es una producción bastante olvidada y minusvalorada.

Está muy bien hecha, muy bien ambientada para la época; creo que habrá pocas películas que recreen algún episodio de la 1ª Gran Guerra tan bien como esta. La historia narra las vivencias de unos jóvenes australianos que viven plácidamente en su país cuando estalla la Guerra y deben alistarse para defender a la cabeza del imperio, Gran Bretaña; el relato se centra particularmente en la vida de dos jóvenes que participan en carreras de velocidad y que el destino querrá que se hagan muy amigos, coincidiendo después en la movilización.

Enrolados ya en la confrontación bélica, viajarán a Egipto (las escenas con las Pirámides al fondo son preciosas), y desde allí lucharán en la Batalla de la península de Gallipoli en Turquía, en los libros de historia para los españoles es más conocida por la Batalla de los Dardanelos.

La última parte de la película se desarrolla en las trincheras australianas, creo que refleja de manera fiel cómo era la tensión y ansiedad que sufrían los soldados antes de salir a combatir. La velocidad en las piernas de Frank Dunne (Mel Gibson) es decisiva para transmitir mensajes entre las trincheras, pero el último de ellos que permite parar la ofensiva y la masacre que estaban sufriendo en sus filas por parte del ejército turco, ¿llegará a tiempo?

La escena final de la peli puede ser una de las más recordadas por los cinéfilos, de la historia del cine. Magnífico trabajo del director Peter Weir que es más conocido por otros productos, tal vez más comerciales, como “El club de los poetas muertos”, “La costa de los mosquitos”, “Único testigo” o “El show de Truman”.

sábado, 2 de marzo de 2013

GOMAESPUMA, HUMOR INTELIGENTE APTO PARA TODOS LOS PÚBLICOS

Gomaespuma, una de las parejas de humor radiofónico más grandes de España.Rondaba el año 1987 y gracias a Dios ya me había deshabituado de la tele y pese a mi juventud ya sentía bastante predilección por la radio. Era una época donde me podía saber de memoria todo el dial de FM y como yo otros muchos compañeros de pandilla; de tal guisa que cuando aparecía alguna emisora nueva, piratilla o no, rápidamente se corría la voz y la crítica constructiva o despiadada al instante.

Pues yo estaba por entonces viviendo en Granada y una noche cualquiera a eso de las ocho y media de la tarde de una jornada invernal, cuando puse la radio para tratar de familiarizarme con las programaciones de las emisoras más conocidas, esas sí es verdad que no me las sabía de memoria, descubrí que un par de chalados parecían estar haciendo el tonto con una historia absurda. Pensé que me había equivocado en el dial y que donde debía estar la cadena de ámbito nacional Antena 3 de Radio, se había colado una algo más rural.

Lo cierto es que a medida que iba escuchando me di cuenta de que era una especie de cuentecillo y seguí, y no tenía mala pinta, y ya le fui cogiendo el tono, y estaba claro que eran dos tipos haciendo humor, pero además de una forma que yo consideré en ese momento muy novedosa.

Y al día siguiente repetí, sí era en Antena 3, y era programación de ámbito nacional, con lo que a esa hora muchos españoles podían estar oyendo a la vez eso. Y ya supe que se llamaban Gomaespuma, y a partir de ahí nació para mí una relación de amor platónico y respeto hacia una de las parejas de cómicos más grandes que ha dado este país, y que por aquello de que han estado la mayor parte de sus vidas profesionales vinculados al medio radiofónico tal vez no sean tan conocidos por el gran público como cualquier otro humorista que pulula por la pequeña pantalla, la mayoría de ellos con mucho menor mérito que este dúo de magníficos.

Parece ser que ya se habituaron a hacer sus cabriolas en la Facultad de Periodismo de la Complutense de Madrid aunque empezaron siendo cuatro haciendo un programa humorístico llamado El Flexo y que emitía de madrugada Radio Madrid de la Cadena Ser, primero se caería un miembro y luego otro, y sobre 1985 ya empezaron a funcionar como Gomaespuma y en Antena 3, tal como los conocí y como han llegado con diversas vicisitudes hasta este presente en el que escribo y publico esta entradilla.

No podemos decir que así surgió el dúo internacionalmente conocido Gomaespuma, puesto que allende nuestras fronteras son poco conocidos estos dos buenos humoristas por separado, pero sensacionales y únicos en su conjunto que son Juan Luis Cano y Guillermo Fésser.

Sin duda que esa querencia hacia este dúo me ha hecho bastante conocedor de su trayectoria y de su original forma de hacer humor. En sus inicios, cuando yo los hallé, eran absolutamente desternillantes, sus historias entre el absurdo y lo rocambolesco, eran toda una bocanada de aire fresco. Nacieron sabedores de que hacían un humor inteligente, no apto para todos los gustos, ni necesariamente dirigido a inteligentes, de hecho, yo lo escuchaba y no me tengo como tal; ellos mismos estrujaron la veta casi inacabable de sus ocurrencias. Era de ese absurdo que lo era tal, pero que narrado y sustentado por ellos suponía imaginarte a sus personajes haciendo lo que decían que hacían y tú pensabas que eso se te podría haber ocurrido a ti, pero no era así, sólo ellos concebían esas historias inigualables.

Y es que explicar el humor de Gomaespuma es algo tan difícil para el que no los ha escuchado como fácil para los que lo conocen, porque más que hablar de sus características los aficionados a esta pareja comentamos sus mejores historias, sus gag más sonados y cómo no el repaso a sus personajes habituales, con esa peculiar forma de dar sentido a la prolongación de un nombre y su apellido: Felipe Lotas, Gustavo de Básica, Armando Adistancia, Carmelo Cotón, Aitor Tilla, Borja Mondeyor, Chema Pamundi, Carmen Opausia, Francisco Lorín Colorado; o aquellos otros que se repetían con sus estereotipadas personalidades en muchos episodios, tales como Gordopilo el empollón, Peláez el gitanito, o el Padre Palomino, cura del barrio y profesional de la eterna homilía impostada.

Con el tiempo se fueron haciendo su sitio radiofónico, en M-80 y después en Onda Cero, en espacios de mayor duración donde hacían ya un programa de entretenimiento en el que no sólo cabía su comicidad sino también entrevistas siempre aderezadas con su varita del humor; en lo que venía siendo una reinvención de este recurso habitual en estos programas. También surgieron en ese punto las particulares interpretaciones de nombres conocidos como Arantxa Sánchez Paquito, Rodrigo Rato más conocido por el señor Momentito, el juez Garza Garzón el juez de la emigración, Javier Arenas manos calientes, Felipe Glez (por Felipe González)…

Cuando hablo de sitio radiofónico afirmo que son de esos humoristas prototípicos de este medio que es la radio, pues en sus incursiones en la televisión no han tenido éxito. Yo creo que como muchos apasionados de Gomaespuma soñamos alguna vez con ver sus aventuras y ocurrencias plasmadas en la televisión, pero cuando vimos esos muñecos de felpa tan infantiles, creo que fue en Telecinco, que reproducían los diálogos de sus programas, se nos quedó un sabor muy raro; aquello no funcionó, quizá no estuvo bien planteado, aunque a la larga me alegro de que la caja tonta no interfiriera en el mito de esta pareja y en su forma de hacer humor sin grandes ataduras.

No obstante, si han tenido sus colaboraciones en el cine, especialmente Guillermo Fesser, autor de algún que otro libro, como el de “Cuando Dios aprieta, ahoga pero bien (memorias de una asistenta)”, que efectivamente narra las aventuras pero sobre todo las desventuras de la señora que ayudaba en las tareas de casa de su familia, Cándida Villar, una paisana de Martos que pese a los palos que le ha dado la vida siempre ha tenido una filosofía positiva y ha gozado de la celebridad que le proporcionó Gomaespuma (la sacaban haciendo sus particulares críticas cinematográficas). Igualmente de ese libro Guillermo dirigió una película en la que Cándida entre otras anécdotas y graciosas vicisitudes termina recalando en los Estados Unidos para seguir siendo asistenta, pero con más porte si cabe.

Guillermo, aparte, ha colaborado con su hermano Javier en algunos títulos cinematográficos donde se refleja inequívocamente la marca Gomaespuma, así en la genial y surrealista comedia “El milagro de P. Tinto”, o la no menos absurda “La gran aventura de Mortadelo y Filemón”, también dirigida por Javier Fesser.

En fin, Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, o al revés, que tanto monta…, puesto que aunque son geniales de forma individual, en conjunto era como se han sacado siempre el mayor partido. Juan Luis es el que creo que tiene el gracejo natural, es muy llano, le gusta mucho el flamenco y se lanzaba habitualmente en sus programas por bulerías o por algún palo de este arte. Guillermo tal vez sea el discurridor de la pareja, sus golpes improvisados (muchos son los que salen de Gomaespuma) rozan la genialidad por inesperados; habla inglés a la perfección y creo que vive períodos de tiempo en Estados Unidos. A Juan Luis Cano lo vi una de las pocas veces que yo viajo en avión en el aeropuerto de Barajas, me dio corte decirle algo, aunque es de esas personas a las que uno le gustaría saludar porque lo tienes como un icono en la sombra, pero no soy de esos tipos, no quise abordarlo cuando se estaba tranquilamente fumando un pitillo con su mujer.

Y bueno, este es el dúo Gomaespuma o como ellos cariñosamente se referían a sí mismos, el dúo Corchopán, que tantas sonrisas han conseguido sacarme, que han sido pioneros de un nuevo humor en este país, además sin caer en la chabacanería, por tanto, apto para todos los públicos, y que ahora desde su retirada, entiendo que provisional, de los micrófonos, actúan haciendo una gran labor solidaria a través de su Fundación Gomaespuma, el complemento ideal de una trayectoria profesional impecable.