sábado, 27 de marzo de 2010

MICHAEL GETTEL, UN PIANO EN LA NATURALEZA

Desde luego si hay algo que me fascina de la música New Age es su cercanía con la naturaleza, es decir, es una música de tal levedad, que deja tanta armonía y paz al escucharla, que si un bosque tuviera que elegir una sintonía de sus vivencias, a buen seguro que se decantaría por este tipo de músicas.

Tengo otra razón para escuchar la New Age, esta es más egoísta y es que, amén de que siempre me ha gustado porque creo que me va con mi forma de vida equilibrada y sin sobresaltos, también es verdad que con esta opción uno parece tener una joya en sus manos, un secreto que pocos conocen y que, quieras que no, te hace sentirte diferente, ni mejor ni peor, simplemente sabes que tienes algo que no tiene la mayoría y eso te distingue.

Además, estas nuevas músicas son, en realidad, el más claro ejemplo de la continuidad de la música clásica, de la música orquestada a la que históricos compositores han dedicado su vida. Estoy convencido de que Mozart se identificaría más con “La aventura de las plantas” de Jöel Fajerman (al que algún día dedicaré una reseña) que con toda la discografía de Iron Maiden.

Hoy hablo de un pianista extraordinario de esos que lamentablemente no se moverán más que en círculos limitados y su música sólo podrá ser apreciada por un público muy restringido. Se trata de Michael Gettel; este profesor de piano de Seattle (EE.UU.) se adentra en este mundo de la composición a través de sellos absolutamente privadísimos, como no puede ser de otro modo en este mundillo, aunque bien es cierto que, con todo, el siempre denostado público estadounidense parece tener mayor predilección por estas músicas que por estos lares, luego eso me merece un cierto respeto y que, en esta nación, no sólo hay aprendices de francontiradores de fin de semana que tuvieron una infancia difícil y que no se quitan la gorra de béisbol ni para dormir.

Michael Gettel no presiona las teclas de su piano, casi las acaricia y eso le otorga a su música un rango de extremada serenidad. Aunque en algunos de sus discos se apoya en otros instrumentos musicales, creo que donde se aprecia el indudable virtuosismo compositivo es en sus creaciones individuales, en las que se presenta ante su piano y nos ofrece unas cadencias de extraordinaria belleza.

Está particularmente destacado en su disco San Juan Suite, donde transforma los sonidos propios del mar, de una bahía, en una continuidad musical en la que se entremezclan voces de ballenas y orcas, el cantar de las aves, aguas arrulladas por un bote, con una intervención al piano magistral. Este armonioso artefacto de una factura sonora portentosa, nos permite evadirnos durante cerca de cuarenta minutos en los que el autor nos congratula con la naturaleza. Si tuviera que inclinarme por alguno de los siete temas de este disco lo haría por “Summer rain”, una composición fascinante que engancha a poco de escucharla por su fuerza y su melodía sin igual.

Gettel tiene una larga trayectoria discográfica con algo más de una decena de trabajos, en los que con el tiempo ha ido trabajando cada vez más, como decía anteriormente, la orquestación teniendo siempre presente la preeminencia del piano como piedra angular de sus composiciones.

En definitiva, un autor recomendable, de los de solidísima formación musical, que puede ser un perfecto acompañante para escuchar esta Semana Santa entre procesión y procesión.

viernes, 19 de marzo de 2010

"CREMATORIO", DE RAFAEL CHIRBES

Siempre que nos enfrentamos a un libro del que contamos con escasos referentes, tenemos la incertidumbre de cómo será, si nos gustará y, en consonancia con esto último, si nos va a durar mucho, si nos vamos a “beber” las páginas, o por el contrario, será un pestiño insufrible que va a decorar nuestra mesita de noche durante meses y meses.

Este libro que traigo a colación me llamó la atención desde el principio ya que tenía el marchamo de calidad del Premio Nacional de la Crítica de 2007. Y con esta premisa me apresté a devorarlo, aunque finalmente me ha decepcionado en parte.

Lo que sorprende al poco de empezar las primeras páginas es que no es una novela al uso, o más bien, ni siquiera es una novela. Rafael Chirbes con un dominio absoluto del lenguaje nos adentra en el mundo imperfecto de la especie humana.

Alrededor de la muerte de Matías Bertomeu surgen las miserias de sus familiares y de todo un círculo de influencias que retratan sus vidas llenas de fracasos, inseguridades, hipocresías...

Los personajes, en primera persona, van narrando su ciclo vital y en él ponen de relieve la mezquindad, cuando no el egoísmo del ser humano. Chirbes sobre todo nos muestra una sociedad actual, acomodaticia, que vive en el lujo externo y en la pobreza interior más absoluta.

El libro en sí es un ejemplo de novela de vanguardia. No existen los puntos y aparte, salvo al final de cada larguísimo capítulo. En este sentido, a este modo de escritura, le achaco una cierta falta de hábito por parte del lector, lo que implicará que a veces incurra en una pérdida del hilo conductor, aunque no sea una novela y sí más bien un ensayo.

La obra, por tanto, carece de una continuidad temporal o cronológica y, en mi opinión, es demasiado larga. Salvo el comienzo y el final donde se adivina una trama y un desenlace, las amplísimas páginas centrales son un ir y venir de personajes mostrando sus inmundicias, a veces de forma inconexa lo que hace que la lectura se vuelva compleja, cuando no pesada.

Es un libro para leer a ratos, porque bien es cierto que cada ejercicio reflexivo de los personajes, nos evoca muchas facetas de nuestra vida, nos invita a pensar y a meditar acerca de nuestro papel en nuestro mundo.

Crematorio nos traslada un mensaje último, quizá el único y más importante, y es que al final somos cenizas, y que después de todo, lo que hagamos de bien en esta existencia terrena quedará como legado; si hemos sembrado cizaña, no seremos nada, caeremos en el más rotundo olvido, sólo cenizas.

sábado, 13 de marzo de 2010

MUERTE DE UNA MASCOTA, UN AMIGO ESPECIAL

Hoy me voy a apartar de mi línea discursiva para hablar desde mi lado más intimista.

Siempre he considerado que tener una mascota, un animal doméstico en casa, es una gran responsabilidad; sobre todo, si este animal interactúa contigo y requiere unos cuidados y te marca unas obligaciones diarias. Ya se sabe que a un perro se le debería sacar al menos dos veces al día a la calle y, desde luego, no concibo una vida entre gatos sin ofrecerle una caricia y un mimo de vez en cuando; y esto va desde el día en que pisa tu hogar hasta el final de su vida, es decir, cada uno de los 365 días de muchos años. Por eso me exaspera que haya gente que abandone a sus animales por cualquier cuestión nada vital, que se canse de ellos, que los ofrezca a otras personas por razones absurdas; cuando detrás de todo ello hay una definitiva carencia de responsabilidad y madurez, si no estamos hablando de una evidente muestra de inhumanidad de nuestra especie.

Hace unos diez días murió uno de mis gatos, el más viejo, el que habitó mi casa por primera vez, el primer animal doméstico que he tenido en mi vida. Mi Lolo, que así se llamaba, me ha enseñado calladamente a conocer cómo es el trato con una mascota, sus gustos, sus frustraciones, sus necesidades, sus sentimientos, su mundo.

Mi falta de experiencia y el no tener antecedentes sobre la muerte de un animal, me lo han hecho pasar mal estos días, porque no encontraba el amparo racional para esta pérdida. Esta vida tan compleja te ha enseñado a la fuerza a asumir la muerte de familiares, de seres queridos, es más, he conocido la terrible semblanza del fallecimiento prematuro de personas que han estado muy cerca de ti, y al final intentas o tratas de darte una explicación.

Cuando murió Lolo pretendí rebuscar en esa experiencia para tener un pilar donde sustentar el duelo por mi gatito. Pero era y es diferente, y eso me angustiaba. No digo que el dolor por una mascota sea comparable a la pérdida de un ser querido, Dios me libre, pero sí es cierto que tienes una pena rara que al final se convierte en resignación, y ahora estoy en la fase de recuerdo ilusionado.

Y es que cuando te tiras varios años con una mascota, viéndola diariamente, conviviendo con ella, llegas a tenerle un cariño especial, que no es el de un familiar o el de un amigo, es diferente, de ahí el título de esta entrada.

Esa carencia de vivencia previa ante la llegada de la inevitable muerte de este ser vivo, tuvo también su parte de sorpresa y la consiguiente falta de preparación o anticipo de lo inevitable; puesto que Lolo apenas tenía diez años y no había llegado a la media de vida de un gato, pues en condiciones normales debiera haber estado con nosotros dos o tres años más. Se trataba de un gato que en su existencia ya se había dejado alguna de sus siete vidas, ya que en estos años, pese a habitar en el marco protector de un hogar, había pasado por una serie de vicisitudes que lo hacían algo vulnerable.

Al final una infección respiratoria rematada por un proceso viral, y el sufrimiento que percibíamos que tenía nuestro querido felino nos llevó, con los lógicos consejos de nuestro veterinario, a tener que practicarle la eutanasia. Ese era otro elemento que jamás había experimentado y se incrementaba en mayor medida mi angustia; pues tenía que vivir sus últimas horas intentando ofrecerle unas postreras y finales muestras de cariño. Era horrible, tenía una sensación dolorosísima de que ahora lo tenía en mis brazos y en unos minutos una inyección letal acabaría con su existencia.

Lolo dejaba su casa, a sus amigos y hermanos, a sus dueños y cuando murió no encontraba consuelo sólo dolor. Un ser que está en este mundo porque tú quieres, que depende de ti para todo, un ser indefenso que con una fidelidad fuera de todo límite aún me movía su cola cuando lo llamaba por su nombre, estando ya tan enfermito.

Y lo peor de todo, es que en esta vida con tantos interrogantes y a la que uno trata de aferrarse con sus convicciones religiosas, no hay casi ni un día de mi vida en el que no me pregunte por qué estamos en este mundo y cuál es el destino del ser humano tras su muerte. Por eso, unos segundos antes de morir lo abracé llorando y le dije al oído o a lo mejor lo pensé (estaba muy afectado): “Espero volverte a ver alguna vez”.

viernes, 5 de marzo de 2010

LA PARADOJA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Si las nuevas tecnologías y los avances cibernéticos, han venido para facilitarnos cualquier expresión de nuestra vida, violar ese sacrosanto cometido me parece de lo más perverso.

Y me explico, cualquiera que haya llegado voluntariamente o por azar a esta web, tiene la plena libertad de cerrar la página con inmediatez si no le interesa o no le gusta lo que contiene. Como tantas y tantas páginas en Internet en las que, ya sabemos, si no se carga con rapidez la desechamos; si queremos realizar cualquier operación y el procedimiento es confuso o arduo, pasamos; o si la página tiene tal cantidad de dispositivos (gadgets) que te impiden acceder con facilidad a lo que deseas, cierras la ventana.

Por la afección propia a mi cometido laboral me muevo en un mundo burocrático, en el que las tecnologías han ido apareciendo de puntillas y me temo que no cumpliendo el cometido principal, el de facilitar las tareas, ahorrar tiempo y, por último, sustituir o eliminar definitivamente el uso del papel, en sintonía con las políticas de preservación del medio ambiente.

Cuando en una relación bipolar, una de las partes suele tener “la sartén por el mango”, la parte sometida tiene que dejarse hacer, debe aguantar carros y carretas, y mostrar hasta su lado más complaciente para caer bien al de arriba, para que no lo perjudique. Esto viene a colación porque en este país aún seguimos viviendo del subvencionismo, un fenómeno que suena a territorio en vías de desarrollo, y que a base de ser utilizado como instrumento político de las Administraciones públicas ha terminado por transgredir y atropellar el espíritu de la subvención para ser, en muchos casos, un herramienta para abusar de la parte débil.

Uno que ya tiene unos cuantos tiros pegados en esto de rellenar subvenciones o formularios para determinados procesos administrativos, ha podido apreciar claramente cómo la tecnología ha venido a entorpecer, a generar más gasto de tiempo y a duplicar la documentación (la digital y la física). Y de esto, obviamente, no tiene la culpa la tecnología en sí, la tienen aquellos que deben encargarse de establecer los procedimientos y de ordenar que se cumplan con una serie de reglas básicas, sustentadas en los beneficios de los avances actuales, algo que se olvida.

Resulta extraño que existan plataformas en mi comunidad autónoma, Andalucía, que se ponen en marcha para un período de formulación de subvenciones, y nacen, crecen y mueren con fallos terribles. He tenido oportunidad de detectar fallos y no me los han resuelto ni en un mes. En ocasiones son empresas contratadas por la Administración que, en muchos casos, deben pagar algún peaje para estar ahí, y claro, nos encontramos que a veces, son poco profesionales y nada operativas.

En otras ocasiones, en el colmo de la modernidad, la Junta de Andalucía te exige que mandes a través de certificado electrónico una subvención, y un mes y medio después el que tiene que decidir si te la concede o no, te pregunta los aspectos esenciales a viva voz. “Pues mírelo Vd., ¿para qué relleno yo la subvención?”. Y es que a veces pienso que tanto formulario, tanto ítem, termina por ser casi más pesado para el que lo recibe que para el que lo rellena.

He estado esta semana en un curso de ¡quince horas!, para explicar el funcionamiento de una plataforma de ayudas en el ámbito rural. Ya sorprende que para que te enseñen a hacer una subvención hayas de sufrir un adiestramiento tan largo. Luego choca aún más que hayan generado un formulario con más de quinientos ítems, y que el ponente reconoce que se tarda más de una jornada laboral en hacerlo. La resolución de esta locura es que genera una memoria con más de cincuenta páginas. Hasta ahí todo bien o criticable, pero en el colmo de la modernidad, la Administración de turno te exige el envío de correo electrónico y la presentación en papel, ¡toma preservación del medio ambiente y patada a la modernidad!

Bueno, sinceramente pienso que a las empresas que se dedican a hacer plataformas informáticas se les ve el plumero, porque con procedimientos de tal complejidad pretenden hacerse imprescindibles, y lo que antes era fácil y fluido, ahora es enrevesado, tosco y escasamente eficiente; están violentando las nuevas tecnologías.