viernes, 5 de marzo de 2010

LA PARADOJA DE LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

Si las nuevas tecnologías y los avances cibernéticos, han venido para facilitarnos cualquier expresión de nuestra vida, violar ese sacrosanto cometido me parece de lo más perverso.

Y me explico, cualquiera que haya llegado voluntariamente o por azar a esta web, tiene la plena libertad de cerrar la página con inmediatez si no le interesa o no le gusta lo que contiene. Como tantas y tantas páginas en Internet en las que, ya sabemos, si no se carga con rapidez la desechamos; si queremos realizar cualquier operación y el procedimiento es confuso o arduo, pasamos; o si la página tiene tal cantidad de dispositivos (gadgets) que te impiden acceder con facilidad a lo que deseas, cierras la ventana.

Por la afección propia a mi cometido laboral me muevo en un mundo burocrático, en el que las tecnologías han ido apareciendo de puntillas y me temo que no cumpliendo el cometido principal, el de facilitar las tareas, ahorrar tiempo y, por último, sustituir o eliminar definitivamente el uso del papel, en sintonía con las políticas de preservación del medio ambiente.

Cuando en una relación bipolar, una de las partes suele tener “la sartén por el mango”, la parte sometida tiene que dejarse hacer, debe aguantar carros y carretas, y mostrar hasta su lado más complaciente para caer bien al de arriba, para que no lo perjudique. Esto viene a colación porque en este país aún seguimos viviendo del subvencionismo, un fenómeno que suena a territorio en vías de desarrollo, y que a base de ser utilizado como instrumento político de las Administraciones públicas ha terminado por transgredir y atropellar el espíritu de la subvención para ser, en muchos casos, un herramienta para abusar de la parte débil.

Uno que ya tiene unos cuantos tiros pegados en esto de rellenar subvenciones o formularios para determinados procesos administrativos, ha podido apreciar claramente cómo la tecnología ha venido a entorpecer, a generar más gasto de tiempo y a duplicar la documentación (la digital y la física). Y de esto, obviamente, no tiene la culpa la tecnología en sí, la tienen aquellos que deben encargarse de establecer los procedimientos y de ordenar que se cumplan con una serie de reglas básicas, sustentadas en los beneficios de los avances actuales, algo que se olvida.

Resulta extraño que existan plataformas en mi comunidad autónoma, Andalucía, que se ponen en marcha para un período de formulación de subvenciones, y nacen, crecen y mueren con fallos terribles. He tenido oportunidad de detectar fallos y no me los han resuelto ni en un mes. En ocasiones son empresas contratadas por la Administración que, en muchos casos, deben pagar algún peaje para estar ahí, y claro, nos encontramos que a veces, son poco profesionales y nada operativas.

En otras ocasiones, en el colmo de la modernidad, la Junta de Andalucía te exige que mandes a través de certificado electrónico una subvención, y un mes y medio después el que tiene que decidir si te la concede o no, te pregunta los aspectos esenciales a viva voz. “Pues mírelo Vd., ¿para qué relleno yo la subvención?”. Y es que a veces pienso que tanto formulario, tanto ítem, termina por ser casi más pesado para el que lo recibe que para el que lo rellena.

He estado esta semana en un curso de ¡quince horas!, para explicar el funcionamiento de una plataforma de ayudas en el ámbito rural. Ya sorprende que para que te enseñen a hacer una subvención hayas de sufrir un adiestramiento tan largo. Luego choca aún más que hayan generado un formulario con más de quinientos ítems, y que el ponente reconoce que se tarda más de una jornada laboral en hacerlo. La resolución de esta locura es que genera una memoria con más de cincuenta páginas. Hasta ahí todo bien o criticable, pero en el colmo de la modernidad, la Administración de turno te exige el envío de correo electrónico y la presentación en papel, ¡toma preservación del medio ambiente y patada a la modernidad!

Bueno, sinceramente pienso que a las empresas que se dedican a hacer plataformas informáticas se les ve el plumero, porque con procedimientos de tal complejidad pretenden hacerse imprescindibles, y lo que antes era fácil y fluido, ahora es enrevesado, tosco y escasamente eficiente; están violentando las nuevas tecnologías.

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