domingo, 30 de octubre de 2016

LAS LAGUNAS DE RUIDERA, OTRO SORPRENDENTE PARAÍSO CERCANO

Cascada en Laguna Santos Morcillo
Resulta paradójico que yo, que suelo ser un consumidor empedernido de Internet, sin embargo, cuando voy a visitar algún sitio nuevo no suelo investigar demasiado al respecto, es como si no quisiera contaminarme de información y acceder al lugar casi como una aventura virginal.

El gran viaje natural de mi familia en nuestro período vacacional ha sido este año a las Lagunas de Ruidera y estando las primeras horas allí me cuestioné que apenas sabía cuatro cosillas básicas de este paraje.

Para ser sincero no era la primera vez que yo visitaba las Lagunas de Ruidera, de hecho, de pequeño estuve allí, tal vez con 4 años, en lo que fuera probablemente mi primer recuerdo desde que tengo uso de razón. Me hubiera gustado poner alguna foto, que existe de aquel recuerdo primigenio, pero no la hallé en casa de mis padres, porque las hemos toqueteado mucho incluidos los más pequeños de la casa y se deben haber traspapelado, aparecerán cuando no las busque. En todo caso, mis recuerdos no llegan más allá de lo que aquellas fotos mostraban, agua, monte y un chaveílla como yo que hacía un saludo militar en cada instantánea (no logro imaginar que me movía a hacer eso, toda vez que durante toda mi vida, incluso de niño, he sido poco militarista y escasamente dado a tener pasión por la marcialidad).

Y es que el hecho de que yo visitara con mi familia aquel enclave, me suena que en la primavera de 1972 (o sea, no era verano porque no me bañé, eso sí lo tengo claro), implicaba que ya en aquella época existía una especie de atracción hacia un espacio natural que no estaba demasiado lejos para los habitantes de la provincia de Jaén. De hecho, mi mujer también recuerda haber visitado las Lagunas de pequeña y mucha gente de mi generación ha visitado de pequeño este lugar.

Laguna del Rey
La razón de esa atracción, aparte de la singularidad del lugar, también es logística, y es que está muy cerca de la Nacional IV, apenas a 45 minutos, y al menos para la gente de la zona norte de la provincia de Jaén (Linares, Bailén, La Carolina, Andújar), en apenas dos horas, antes, considerando las carreteras de hace cuarenta años, y en menos de noventa minutos ahora, está como se suele decir, a un paso.

Por supuesto, las Lagunas de Ruidera tienen mucho más que una simple cuestión de facilidad logística y es que, como luego estuve leyendo allí, resulta muy curioso que en medio de una comarca donde predomina el clima mediterráneo continental y no exenta de los avatares de las sequías, en un entorno típico de monte bajo y de meseta, donde predominan las llanuras; casi sin esperarlo, antes de que te des cuenta, aterrizas en una sucesión de pequeñas depresiones escalonadas que reciben flujos de agua durante todo el año y que se suceden a lo largo de unos veinte kilómetros, para presentarnos cerca de una quincena de lagunas.

No es exacto decir que lo de los flujos permanentes, pues aunque no había ninguna laguna seca ciertamente, en el momento en que estuvimos, a principios de septiembre y, por tanto, al final de un verano sin aporte de lluvia y una primavera que en este año no ha sido especialmente copiosa en el aspecto pluviométrico, pues algunas estaban bastante bajas y, es más que probable que en ciertas temporadas se hayan secado del todo, sobre todo las más pequeñas.

Cascadas Laguna Redondilla a Laguna Lengua, con agua
Probablemente mis padres acertaran en aquella primavera de 1972, porque puestos a ver todas las lagunas en su máximo esplendor y con el tiempo acompañando, desde luego esa es la mejor estación. Y sobre todo porque se aprecian con mayor detalle las simbiosis que hay entre unas y otras. A mí particularmente me hubiera gustado ver el espectacular conjunto de cascadas que se forman desde Laguna Redondilla a Laguna Lengua.

Curiosamente estuvimos en un cámping al lado de la Redondilla (Los Batanes), una de las lagunas más pequeñas de este espacio y tenía un aspecto un algo triste, porque tendría poco menos del 5 % de su capacidad. Así que me he conformado con ver imágenes en Internet del aspecto de las cascadas en un momento de grandes precipitaciones.

Dicho esto, lo del cámping sigue siendo una afición reciente que renuevo cada año con mi familia, tiene sus pros y sus contras, aunque intentamos minimizar esto último. Así, valoramos en esos días no estar con las comodidades de una casa, el hecho de «sobrevivir» con recursos escasos, el estar las veinticuatro horas en la naturaleza con todos sus beneficios y sus peros...

Cascadas Laguna Redondilla a Laguna Lengua, sin agua
Las Lagunas de Ruidera se convierten en un oasis para el visitante que encuentra un montón de atractivos en cada una de ellas, las cuales, y eso es muy peculiar, tienen cada una de ellas su particular fisonomía, no hay una igual a otra, ni parecida. Más grandes, más pequeñas, con paisajes distintos, más o menos accesibles, con diferente vegetación, con más posibilidades de baño y otras con más complicación para encontrar donde mojarte; pero todas te ofrecen siempre alguna sorpresa, hay que buscarla.

Y luego los nombres, cada una de ellas está bautizada con su propia denominación, de algunas puedes inferir su nombre por su obvio aspecto, la Redondilla, la Colgada o la Lengua son claros ejemplos, pero otras tienen nombres tan familiares como la de Santos Morcillo.

Por otro lado, no hay que dejar pasar el atractivo que supone también para los amantes de la naturaleza todo el entorno, para estudiar la flora y la fauna que vive alrededor, unos humedales que, como ya he comentado, son todo un oasis en un extremo de la Meseta castellana que le confieren un carácter de microuniverso para numerosas especies animales y vegetales.

Desde luego, para los que han estado allí alguna vez, a buen seguro que recuerdan haber nadado entre los patos que residen por sus aguas, y que sin ser domésticos están bastante acostumbrados a la presencia humana.

Del mismo modo, las Lagunas son también un paraíso para los practicantes de innumerables deportes, especialmente los acuáticos. Se puede hacer natación, se pueden hacer inmersiones (y de hecho vi a gente muy preparada con todo su equipamiento observando lo que el resto de los mortales no pueden ver), hay posibilidades de hacer remo y piragüismo, e imagino que hasta vela, aunque esto no lo vi. Y, por supuesto, la zona da pie a toda una infinidad de senderos para aquellos que prefieren pateárselo todo. Caza y pesca también, pero estas no me gustan.

Mi hijo y yo, tuvimos la oportunidad de hacer un poco de piragüismo y la verdad es que es un deporte muy bonito y muy agradecido, siempre que no te lo tomes como una competición, porque te permite inspeccionar el entorno con más detalle y no te obliga a estar constantemente paleando.

Sé que el resumen que hago es muy injusto porque hay innumerables lugares donde perderse y donde encontrar un aliciente, en cada rincón de cada laguna, pero yo me quedo con nuestro particular edén como es el de la pequeña cascada que se formaba desde la Laguna Salvadora a la de Santos Morcillo, que era, es y será el objetivo de infinidad de fotos que buscan, de alguna manera, un trocito de Caribe en mitad de La Mancha.

Por otro lado, cabe reseñar que alrededor de este conjunto de humedales se ha generado una variada oferta hostelera, gastronómica, cultural, y como ya he comentado, deportiva. Una oferta para todos los bolsillos de mayor o menor nivel, aunque la sensación que me ha dado es que han sido y son unas Lagunas muy del predicamento de la gente de clase media, tú y yo, quizá por eso uno se siente como en casa, y no es cuestión baladí.

Pues nada, otro círculo cerrado, mis padres me llevaron cuando yo era chico, y ahora yo he hecho esto con mi hijo, nos lo pasamos bien ayer y hoy, y tal vez repitamos, mañana o dentro de otros cuarenta años.

domingo, 23 de octubre de 2016

MARTÍNEZ EL FACHA, DEFENSOR DE LA PATRIA HASTA MÁS ALLÁ DEL INFINITO

Demasiada poca atención se le ha prestado en España en el pasado y menos ahora a la historieta, el cómic o el humor gráfico. Los historietistas y dibujantes de periódico están en un segundo plano de la cultura, y a veces traspasan levemente el horizonte del estrellato y se cuelan un poco los Ibáñez, Forges o Gallego & Rey para contar con algún interés por parte de los medios de comunicación de masas.

Con la muerte de la historieta clásica (a la gente de mi generación todavía le llegaron sus últimos o penúltimos estertores afortunadamente), otros horizontes del cómic se abrieron con un éxito muy matizado, el de los lectores de culto, a través del manga, superhéroes, la novela gráfica o las revistas satíricas.

Ciertamente que el género satírico en nuestro país tampoco ha gozado de un público de masas, pero con La Codorniz durante el franquismo y la transición con El Jueves ahora, como revistas más significadas, sigue resistiendo este modo de hacer sonreír con lo que sucede a nuestro alrededor, una especie de cómic para mayores, aunque percibido con el trazo siempre desenfadado de los dibujos que nos muestran a toda un bestiario de personajes tremendamente peculiares.

Cobra mayor valor si cabe lo que hace El Jueves en nuestro país, cuando conocimos que a finales de 2015 la revista francesa hermana Charlie Hebdo fue un objeto de un ataque yihadista que precisamente atentaba contra de la libertad de expresión como corolario de toda una serie de avances personales y colectivos que todos los ciudadanos occidentales nos hemos dado para formar una sociedad moderna, que con todos sus defectos, es la que queremos.

Fui un muy ferviente comprador de El Jueves en mi época universitaria y, de vez en cuando, adquiero todavía algún ejemplar de este semanario, muy de vez en cuando. Es de valorar que allá por 1977 los editores de El Jueves se embarcaran en este proyecto de hablar de España y del mundo con inteligente ironía, a la par que se ponía en valor el talento de un montón de buenos dibujantes y modernos juglares que, de no ser por este medio, habrían quedado sumidos en el ostracismo más absoluto.

Podría mencionar varias de las historietas que El Jueves ha albergado en estos cerca de cuarenta años, probablemente Makinavaja fuera mi favorito, pero hoy he querido rescatar y recordar a este «Martínez el Facha» que siempre me ha parecido un historieta mordaz como pocas y muy vigente aun en este siglo XXI.

He estado buena parte de este año leyendo tomos recopilatorios de este cómic y justo cuando iba a repasar la biografía de su autor (Kim, pseudónimo de Joaquim Aubert Puigarnau) me enteré de que el mismo había dejado de publicar en 2015 a su personaje estrella, porque según él ya era una figura agotada, después de que prácticamente de manera ininterrumpida fuera fiel a su cita semanal desde 1977, o sea, desde el alumbramiento de El Jueves. Una cancelación que no ha querido anunciarse como definitiva, sino más bien como un hasta luego, habrá que estar a la expectativa.

Martínez es un facha, obviamente, pero es ese facha paradigmático de la España contemporánea, para el que todo tiempo pasado fue siempre mejor, un personaje rancio y preñado de defectos y tópicos del que Kim se mofa hasta la saciedad. Pero para Florencio Martínez, un empresario jubilado, solo hay un problema, y no pequeño, y es que Franco ha muerto y ya quedan pocos para velar por los valores patrióticos amenazados por el comunismo y por el contubernio judeo-masónico, que día a día socavan a una España grande y libre, según él, en permanente estado de decadencia.

Tan en decadencia está esta España que Martínez no solo es incapaz de controlar los devenires de su país, sino que la familia y sus adyacentes se le han subido a las barbas y todos torpedean lo que él mismo propugna.

Y es que Martínez milita en un partido facha, sin mayor concreción, aunque básicamente de recalcitrante ultraderecha, y desde ahí intenta que todo vuelva a su ser, que se renueve el ideal de restaurar el Antiguo Régimen encarnado por Franco, y se da de bruces con una realidad, y es que ya quedan pocos, pero no desiste, ahí está cada día luchando por frenar toda una oleada de modernidad, desenfreno, concupiscencia, globalización... Martínez anhela la vuelta de las banderas victoriosas pero cada día el milagro se aleja más y más, y sin remisión.

El pobre Martínez no deja de ser un bobo que es diana de mofas, burlas y engaños de todo el mundo, y lo que es peor también de los que están en su entorno. Porque Martínez tiene unos principios y los mantiene hasta sus últimas consecuencias, pero los personajes satélite son sumamente ruines y se bajan del carro a las primeras de cambio, son una especie de Groucho Marx que tienen unos principios, pero que en cuanto se pone turbia la cosa, también tienen otros.

Probablemente el personaje más abyecto sea el señor Morales, el presidente del partido al que pertenece Martínez, que estruja al máximo a sus acólitos y que al final busca su interés personal, aunque eso pase por encima de sus principios e ideales.

Si arrastrado es este Morales apenas aguantan el tipo el resto de personajes, por ejemplo, Adolfito, otro facha rajado que está más salido que el palo de una churrera, con lo que no concuerda mucho con los principios cristianos y tradicionalistas que, por otro lado, trata de defender.

Y a todo esto, a Martínez le ha salido la familia rana, la mujer es su antítesis, aparte de que se ríe de su marido todo el tiempo, en las últimas temporadas Kim la sacó a que hiciera la calle dado el poco éxito de los negocios del padre de familia.

La hija es moderna moderna, y libre y abierta también, pero tómese el adjetivo «abierta» en el sentido más obsceno de la palabra. Tuvo una primera pareja y de esta relación tuvo un hijo. Ese primer marido, Martín, izquierdoso, anarquista y antitodo, parasita en la casa de Martínez y no se dedica a nada, bueno sí, su principal cometido en la vida es putear a su suegro y vivir a su costa. El nieto, Francisquito, vive también en la casa y por más que Martínez intenta guiarlo por el buen camino el entorno no le apoya. Por cierto, que la hija se volvió a casar, y con un negro, tamaña ofensa no se podía imaginar nuestro personaje que tira de la xenofobia más arraigada del fascismo puro, pero tendrá que aguantar carros y carretas, porque la hija también aparece por la vida de Martínez a tiempo parcial para sacar de quicio a su progenitor.

Kim destila hasta límites insospechados con Martínez todos los tópicos del fascismo patrio, con todas las singularidades que lo hicieron tan propio en España, sin copia parecida en todo el mundo. Pues eso, aparte de la xenofobia, del odio de los no iguales en ideas, también exprime la común unión que el régimen franquista mantuvo con la religión católica en una relación de mutuo favor que aun hoy nos parece una barbaridad. Así que Martínez es un facha como Dios manda, católico practicante que tiene a la Iglesia tradicional en un altar, lástima para él que el nuevo catolicismo haya gestado modernos sacerdotes con ideas demasiado avanzadas. Hasta tal punto Martínez se apropia de ser el garante de la cruzada tradicionalista cristiana que también vive en su casa el padre Bocquerini un cura argentino, tripero de aúpa y ultraderechista consumado que sostiene con apuros los ideales de un Martínez que es un verdadero fundamentalista del franquismo.

Por cierto que los límites tan insospechados de la casi inacabable imaginación de Kim, se resumen en una anécdota que cuenta el propio autor y es que estando en una feria de libros se le acercó un señor y le dijo al oído que era falangista y le preguntó que quién le chivaba los guiones, a lo que el autor repuso que nadie que era fruto de su creatividad, ante la insistencia del falangista por la cantidad de mensajes puros que ofrecía la historieta, Kim tuvo que fingir y decir que tenía un contacto en la ultraderecha con lo que su inopinado interlocutor quedó conforme.

La sátira de Kim es a veces agresiva porque no hay negocio que le salga bien a Martínez y lo masacra a gusto; en este sentido, a veces el dibujante es notoriamente obsceno para separarse de manera radical de esos valores que el personaje defiende tan conspicuamente. Y es que fachas siguen existiendo con muchos o algunos de los rasgos de Martínez, pero hoy ya en este siglo XXI los vemos con más gracia que otra cosa, con cierta simpatía; tan sorprendentes como este personaje, capaces de entronizar los valores franquistas sin entender que una democracia muy mala aun sigue siendo infinitamente mejor que la más perfecta y justa de las dictaduras.

Curiosamente para Kim este personaje no ha sido un plato del todo apetecible, de hecho, cuando entró a trabajar en El Jueves en 1977 la dirección propuso unos personajes que tenían que formar parte de la revista, y uno de ellos era el de un facha; como nuestro dibujante era de los más jóvenes del equipo fue el último en elegir, y le endiñaron este, a la postre con gran éxito para él.

Kim ha sabido en estas cuatro décadas adaptar al coriáceo Martínez a cada una de las fases de nuestra democracia, conviviendo con cada presidente del gobierno y con todos los avatares que se han sucedido en nuestro país. Ha sacado partido de cada situación y lo ha hecho con muchísima comicidad.

Además para los amantes del dibujo, en cada viñeta este barcelonés se esmera en hacer un dibujo concienzudo, no se limita a un trazo infantil, sabe que es un producto de adultos y para adultos, y se esmera con detalles. A todo esto hay que decir que para recalcar más aun el perfil de sus personajes, de esta fauna de figurillas ancladas en el pasado, la mayoría parece tener un rostro alargado, una especie de cara antigua, y es que, entre otros, según dicen, el personaje de Martínez se inspiró en el actor, también barcelonés, José Sazatornil «Saza» y que curiosamente también nos dejó el pasado 2015.

Pues eso, no sabemos si Martínez volverá, por cierto, se ha ido con su séquito de arrastradillos a servir de asesor en la Venezuela de Maduro, corren nuevos tiempos, y lo que vale para la ultraderecha es tal vez lo mismo que vale para la ultraizquierda; la realidad es que Martínez el Facha será el facha más divertido y entrañable que hayamos conocido.

sábado, 15 de octubre de 2016

OTRO AÑO QUE SOBREVIVÍ A UNA RECREACIÓN HISTÓRICA

El que siga mi blog de forma más o menos habitual, o incluso aquel lector ocasional que rastree un poco la temática del mismo, se puede dar cuenta de cuáles son mis aficiones. Bueno, pues aparte de todas ellas tengo que decir que soy recreador histórico, y es la primera vez que hablo de esta faceta mía, porque sinceramente no la considero una de mis aficiones. Y es que para que una ocupación de tu tiempo libre sea una verdadera afición tiene que gustarte, pues eso.

No tenía ninguna intención de tratar en mi bitácora de esta mi no afición, pero el presidente de mi asociación de recreadores y buen amigo Miguel Ángel Alonso Roa me lo sugirió y en un par de días surgió en mí la necesidad de expresarme, y me temo que me voy a explayar. Por cierto, para los que lean esto atemporalmente, escribo esta entrada tras la Recreación de Bailén que tuvo lugar entre los días 7 y 9 de octubre de 2016.

Corría el año 2001 cuando visité junto con el añorado Antonio Gómez Huertas, Alcalde de Bailén en ese momento, la recreación histórica de la Batalla de Austerlitz en la República Checa. Cuando en la localidad donde resido apenas se conocía lo que era una recreación, Antonio Gómez, que para muchas cosas fue un visionario, político como pocos ha habido en esta localidad, quiso conocer de primera mano este fenómeno que sería perfectamente importable a un hecho histórico y una localidad histórica como Bailén. Los avatares políticos y su prematuro óbito le impidieron culminar este proyecto en primera persona. Luego vendrían otros que le dieron un decidido impulso, pero justo es reconocer que Gómez Huertas puso el primer grano de arena.

Tras un viaje un tanto caótico a principios de diciembre de aquel año, allí nos presentamos para presenciar aquella recreación, y pudimos apreciar el imponente potencial de este tipo de eventos. Situada en el centro de Europa, la pequeña ciudad de Slavkov, muy cerca de la segunda ciudad checa, Brno, era el epicentro de una de las recreaciones más llamativas que en ese momento se podían ver en Europa. Una batalla napoleónica recreada en las faldas de una montaña, algo muy vistoso, como lo era el entorno seminevado. La pasión con la que vivían los participantes en aquella recreación se apreciaba en el celo con el que se caracterizaban con sus peinados, bigotes, vestuario y todo tipo de abalorios (pipas, monóculos...), que realmente te hacían retroceder por momentos un par de siglos. En aquel escenario gélido las vestimentas eran muy distintas a las que se pueden ver en Bailén, una batalla de verano, los abrigos, las capas, los gorros de lana, algunas de estas prendas muy desgastadas, como si de verdad hubieran asistido a varias batallas, le daban si cabe un aspecto más épico al acontecimiento. Aún recuerdo que a los asistentes nos pasaba la organización como tentempié más oportuno, una suerte de licor de la tierra notablemente alcohólico, que sabía a rayos y que bajo ninguna circunstancia me hubiera tomado en condiciones normales, pero una temperatura muy cercana a los cero grados y observar la recreación a pie quieto durante un par de horas invitaba a tomarte una copilla, que entraba dura de principio, pero que ejercía la función para la que se destinaba, la de calentar el cuerpo.

En definitiva, cuando la mayor parte del pueblo de Bailén parecía haber descubierto el oro y el moro de las recreaciones de época, otros, de forma muy callada y anónima, mucho antes de que el maná de un fin de semana fluyera por las calles de mi ciudad, ya conocían las oportunidades de un recurso tan singular como es el de las recreaciones históricas.

La conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Bailén en 2008 era una obligada excusa para reclamar el papel que este pueblo podía desempeñar en el movimiento recreador; dos recreaciones previas a las del año del Bicentenario fueron el rodaje necesario para llegar a tan magno acontecimiento con garantías de éxito, para que ese año se hiciera una recreación digna de la batalla que aquí tuvo lugar, digna de los recreadores, digna de las gentes que nos visitaban y, sobre todo, fijada ya en el mapa de las recreaciones napoleónicas que se sucedía en Europa en el siglo XXI.

La animación que se empezó a vivir en Bailén a partir de 2005 con el movimiento recreador fue de tal magnitud que en apenas un año asistíamos a un tsunami histórico-cultural, surgieron como setas los aficionados a la historia, particulares que hacían trajes de época y demás aparamenta militar, personas que se reunían para hablar de recreaciones, que pensaban en asociarse para ser más fuertes, que llamaban a las puertas de empresas para anunciarles la llegada de un nuevo mesías y pedir la consabida colaboración.

Desde la nada más absoluta se había llegado en un tiempo récord a contar en Bailén con el mayor número de recreadores históricos que prácticamente cualquier otra ciudad de España, y con toda su impedimenta bastante rigurosa con la historia: trajes, botas, cañones, armas en general, tiendas de campaña y logística subsecuente. Pero además, dichos recreadores también habían procurado aprender a marchas forzadas los reglamentos militares de época, pues no se trataba solo de parecer un soldado de época en su fisonomía, sino también de moverse como él.

Con toda esta algarabía formada sentí la necesidad de contribuir como un vecino más de este pueblo a hacer más grande el Bicentenario. No sé cómo se gestó la idea muy bien, lo cierto es que un gran amigo me sugirió la idea de que, dado que en Bailén no había ningún grupo o regimiento de franceses, bueno sería que pudiéramos formar uno buscando el traje adecuado de soldados galos que pudieran haber estado luchando en aquella batalla de 1808. Y así surgió la Guardia de París en Bailén, sobre la primavera de 2008 dentro de la que, por aquel entonces, era la asociación más importante de recreadores en nuestra localidad, la Asociación de Voluntarios de la Batalla de Bailén.

Por cierto que en esos apenas tres años de vida del movimiento recreador en Bailén, ya había dado tiempo a que la referida asociación a la que pertenezco se escindiera en otra, y esta a su vez, en otra más, los egos comenzaban a circular.

He de decir que la idea de hacerme un traje de recreador fue de las peores decisiones de mi vida, la inversión en un traje de época y todos los apechusques aparejados no es algo barato; probablemente me gasté entre pitos y flautas unos mil euros, pero el dinero no tuvo la culpa. Si lo llego a saber...

Era lógico pensar que la nómina de recreadores adscritos a la Guardia de París crecería al calor del boom que se estaba viviendo; pero aquella ola perfecta se convirtió de forma progresivamente rápida en el fino cauce de un arroyo y de forma drástica el movimiento recreador en Bailén nació, creció y menguó a la par y en muy poquito tiempo, no murió pero sí quedó tocado.

Esta no es la razón de mi no afición, son otras, amén de que conseguimos tímidos intentos de reclutar personal para nuestra causa que al final se quedaron en agua de borrajas, lo cierto es que yo pretendía pasar lo más desapercibido posible en esta causa, de tal forma que la persona que me animó a formar este regimiento asumiría el cargo de oficial. Pero hete aquí que mi amigo descubrió prematuramente que esta era su no afición, tanto que me dejó huérfano yo diría que en menos de dos años. No le reprocho nada porque es un tío tan absolutamente íntegro y le tengo tantísimo aprecio y devoción que esto tiene más fuerza que el rebote que yo pudiera haber experimentado en algún momento.

Lo cierto es que por arte de birlibirloque me vi solo ante el peligro, siempre, permanentemente. Si hay un defecto o una virtud en esta vida es que no me gusta pedirle favores a nadie, lo paso mal cuando estoy en ese trance, y para poder estar en cualquier recreación tenía y tengo que reengancharme con cualquier otro grupo, rogándole que me permita ir en sus filas; creo a este respecto que jamás he tenido un problema, la gente ha sido muy amable, pero igual que eso también percibo que, en algunos casos, no termino de encajar, porque entiendo que los grupos con los que combato tienen su propio traje, su propio estilo y yo soy un parche entre ellos.

A todo esto, y como ya he apuntado antes, a medida que se ensanchaba el movimiento recreador no solo en Bailén sino también en España, este se convirtió en una auténtica feria de las vanidades, una especie de paraíso para determinados tontos que descubrieron que no siendo nadie en la vida, en un regimiento ficticio podían mandar, podían ser alguien. Como los grupos no podían tener más oficiales que soldados, pues no era extraño y, de hecho, es algo generalizado en España, que aquel que tenía afán de protagonismo se saliera de la asociación a la que pertenecía para formar su propio grupo con su familia o amigos. Todo un caso prototípico de juanpalomismo, como no me dejan mandar aquí, pues me salgo y mando a menos gente pero mando al fin y al cabo. Es un giro de los acontecimientos tan absurdo como real que dichos tontos, algunos, no todos, y el que sepa leer con perspectiva encontrará ejemplos a nuestro alrededor, consiguieron de algún modo su errática piedra filosofal: mandar a otros. Y digo que no puede ser una conclusión más absurda, que yo la he podido ver tan de cerca, de esas personas que tienen un ego tan subido y tan exacerbada vanidad que no se dan cuenta de que son oficiales de fin de semana, pero no para todo el fin de semana sino para cuatro o cinco horas del mismo, o sea, profunda y severa enfermedad del cazurrismo.

El ego de esa gente tan ruin ha sido de tal calibre que muchos, a los que les apasionaba la recreación histórica tanto, fueron capaces de dejarlo todo antes que ser mandados; es decir, era mucho más poderosa su vanidad que el razonable y edificante objetivo de recrear, de difundir historia y cultura.

Lamentablemente tengo que decir que las recreaciones históricas se quedan un poco cojillas en cuanto a lo de difundir historia y cultura. Los recreadores perdemos de vista que lo que hacemos lo hacemos fundamentalmente por y para la gente que nos ve, si no van a vernos pues se desmonta el chiringuito, los ayuntamientos y las administraciones no le observan rentabilidad y el mayor o menor impulso que realicen se viene abajo.

Desde siempre me ha parecido que lo relevante y vistoso de los ejércitos de época, son los desfiles, los trajes de los soldados y la aparamenta, y hasta cierto punto, los disparos, los cañonazos y las escaramuzas quedan en un segundo plano, es el medio que la gente tiene para poder vernos; pero si a nuestros espectadores le dejaran elegir a buen seguro que pedirían que hubiera menos ruido.

No soy un enemigo de las armas, ni le tengo miedo a estas ni al ruido de carabinas ni cañones, pero casi por convicción personal cuando me integré en este movimiento decidí que no iba a disparar, o sea, que no iba a adquirir un arma para meterla pólvora y hacer mucho ruido; por tanto, me compré una réplica, una especie de arma que simula una de verdad, pero como dicen los «expertos» de las recreaciones, yo soy mudo en el campo de batalla.

Motiva mucho al personal eso de hacer ruido y lo respeto, pero pienso que a veces algunos recreadores se obsesionan con el disparo y con la pólvora, y si no tienen disparo, no es que sean mudos como yo, sino que directamente parecen autistas, ya no saben hacer nada en el campo de batalla. En esta recreación de 2016 fui con un grupo que representaba al bando francés, con la función de voltigeur, una suerte de infantería ligera que tenía como fin ir por libre para desestabilizar a las tropas enemigas con movimientos no planificados, rápidos y quirúrgicos, en definitiva, que íbamos a nuestra «puta bola»; pues de las tres personas con las que iba en esta especie de singular grupo de asalto, dos de ellos tuvieron problemas con su arma, de tal manera que estuvieron más de las tres cuartas partes de la recreación, parados en mitad del campo, intentando disparos sin éxito, limpiando el arma, desmontándola, o sea, no participando del evento, porque si no hacían ruido parecían estar amputados.

Definitivamente, toda la organización tiende cada vez más a centrarse en los recreadores más que en lo que la gente pide, muchos recorridos o desfiles empiezan y terminan en los lugares de alojamiento o sede, con poco contacto con la ciudadanía, que está deseosa de hacerse fotos, de preguntar, de tocar las armas o de ponerse esos gorros imponentes que llevamos.

La tenencia de disparo en las recreaciones va aparejada a la existencia de pólvora, se trata obviamente de un explosivo que si no se trata con ciertas condiciones de seguridad se puede correr un riesgo, y a veces esas condiciones de seguridad quedan en entredicho. Amén de que no toda la pólvora se gasta en las recreaciones y más de uno se la guarda para sí, de tal guisa que en más de un domicilio español hay un improvisado polvorín y hasta aquí puedo leer, a buen entendedor...

Bueno, retomando el hilo de lo que he dicho más arriba, en lo que viene siendo una tormenta de ideas, claramente desordenada a decir verdad; mi mujer al poco de hacerme yo con mi traje de época, con buen criterio ella se hizo otro, de tal manera que por lo menos no voy solo; está cuando no hay disparos, participa en desfiles y está siempre, aunque no en las escaramuzas y en la recreación, además, es vicepresidenta de la Asociación de Voluntarios de la Batalla de Bailén y también se obliga por ética y por respeto al cargo a tener presencia, es muy de agradecer que habiendo tan poca gente en esta asociación y tan poca gente implicada que tenga un puesto de responsabilidad y que colabore en mayor o menor medida a que este movimiento perdure.

Y la realidad es esta por más que me ayude mi mujer a superar cada fin de semana de recreación, a acompañarme en este camino por el desierto, en el que ya llevo casi una década participando, me sigo sintiendo fuera de sitio, como si cada vez que me visto estuviera estrenando el traje; es más, es una sensación tan extraña, es como sentirme forastero en mi propia casa. Gracias a ella, como comentaba con sorna dicho fin de semana, la Guardia de París no es por muy poco, un regimiento en singular, es decir, un solo guardia de París, que soy yo, y mi mujer a tiempo parcial; y a mi hijo, por más que nos empeñemos, pues no le gusta.

Lamentablemente, yo que quería ser nadie en este grupo, un soldado raso, un recluta al que le mandaran, a la vista de la deserción de mi oficial, pues al final se produce el efecto contrario, yo soy la Guardia de París, personalizo un grupo y me hago visible, no mucho, cuando lo que yo quería era absoluta invisibilidad.

Pero es que la realidad, no nos equivoquemos, es esa, aunque mi escuadra sea el paradigma del minimalismo, en las recreaciones aparecen muchos regimientos y cada uno de ellos con pocas personas; el que asista un grupo con más de una decena de miembros ya es una excepción. La mayoría de los grupos solo juntan para un fin de semana con menos de ese cupo, de tal manera que a un espectador desde fuera le puede parecer que debe haber centenares de recreadores, por la larga nómina de asociaciones y grupos, pero el minimalismo cada vez impera más, y como es mi caso casi se tarda menos en decir mi nombre y el de mi mujer que el del grupo.

¿Y eso por qué se ha producido? Pues por lo que he comentado antes, para empezar la dispersión de esfuerzos, la disgregación de las asociaciones, que se ha producido en Bailén, en Málaga, en Móstoles..., se deben, entre otras razones, al ego exacerbado y la vanidad, pongan estos dos sustantivos como sinónimos, pues lo son aunque uno y otro con sus matices, que es por lo que yo prefiero utilizarlos conjuntamente. O sea, yo quiero mandar, si no me dejan mandar me voy, y si no me dejan participar no participo, o juego o me llevo la pelota, y esa es la realidad, ha habido, hay y habrá obsesos de la recreación (en su momento) que o son muy visibles o no participan y prefieren sacrificar su «gran afición» antes que ser degradados, en lo que viene siendo una muestra de acendrado papanatismo.

Es propio de las agrupaciones humanas que dos son multitud y cuanto más pequeñas más personalistas son, y además es bueno porque en muchas de ellas hay alguien que es el hacedor, sin esa persona, activa y comprometida, nada existiría, no habría sitio ni para los egos, las vanidades y los porculerismos, sin ellos habría la nada más absoluta. Pero ya se sabe en cuanto dos o más personas se reúnen para decidir algo, por mínimo que sea, eso es garantía de que al final hay problemas, y no hablemos de estructuras más grandes, si no que se lo digan al PSOE.

De todas maneras centrándome en el movimiento recreador en Bailén, un buen amigo mío vecino de esta localidad y ajeno a este evento, un vecino más del pueblo, me preguntó por WhatsApp cómo afrontaba el fin de semana de recreación en 2016, y en el intercambio de mensajes me dijo, y cito textualmente: «Yo, desde simple espectador, veo los grupos actualmente como algo un poco sectario o clasista. A lo mejor me puedo confundir». Pues, tal vez no iba desencaminado.

Si hay algo que salvo de los fines de semana recreadores son los terceros tiempos, como buen amante del rugby que soy, los despueses me parecen lo más nutritivo y gratificante de todo. En un tercer tiempo de estos tuve una tertulia muy constructiva con otros recreadores de mi asociación y llegamos a la conclusión de que las recreaciones de época no morirían ni a corto ni a medio plazo a la vista de que asisten a estos eventos personas muy veteranas que no le tienen miedo a achaques para vestirse de época a sus setenta y muchos tacos y disfrutar de la que para ellos es una gran afición.

No obstante, y he de añadir a este respecto que algo falla, si en Bailén tenemos más de doscientos trajes de época y apenas nos vestimos cincuenta personas, deberíamos mirarnos esto. Los grupos de recreación proclaman que están abiertos al reclutamiento pero la realidad no les da la razón, no nos da la razón. ¿Cuál es la realidad? Las personas entran en un grupo se salen y generalmente no vuelven al mismo, ¿se ha apagado su pasión en una década?, ¿encuentra algo dentro que no les gusta, llámese egos o personas con las que no quieren ni compartir la fila de una formación militar?, ¿o son ellos tan tóxicos que aunque quisieran entrar saben que no van a tener sitio porque hay mutuas animadversiones? Dejo esto en el aire. Lo cierto es que un verdadero reclutamiento implicaría ser mucho más abiertos, y se me ocurren varias ideas, desde luego, a la vista del precio de un traje de época, poner en contacto a los recreadores que ya no se visten con jóvenes que tengan ilusión renovada por recrear sería un comienzo, tal vez prestando los trajes a un precio módico, o que las propias asociaciones, que están muy mal de dinero, lo reconozco, se pudieran hacer con esos trajes que probablemente jamás se volverán a utilizar.

A todo esto tengo que decir que hay un aspecto que no comparto con el movimiento recreador y con algunas asociaciones de este país, y que al final puede contribuir a torpedear la organización de eventos en España, y es un cada vez más acentuado afán de lucro. No hay peor cosa que desarme a un ser humano que el dinero, y he observado que en algunos grupos ya no se mueven solo por alojamiento (en polideportivos y con literas), manutención y una ayuda al desplazamiento, sino que quieren más, quieren que se les pague como si fueran actores de doblaje que van a hacer unas escenas arriesgadas, y todo esto ha pasado en mitad de la crisis económica que asoló nuestro país y de la que todavía sentimos sus consecuencias. No es extraño que haya localidades que hicieron la recreación una vez y ya está, ante las exigencias y el derroche de dinero que eso les suponía. Para organizar una recreación los ayuntamientos, que son los grandes motores de esto, necesitan hacer encaje de bolillos, pedir muchas ayudas públicas y privadas, y medir cada gasto con suma pericia, pero a algunos recreadores les da igual, quieren enriquecerse aunque indirectamente se estén cargando la esencia de lo que les mueve a participar en estos eventos.

El otro día, en la Recreación alguien reprochó que una de las localidad con más movimiento recreador que es La Albuera, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz, donde se viste casi una cuarta parte de sus habitantes, algo increíble, pues que ya no era plato apetecible para otros grupos, porque las ayudas escaseaban. Lo bueno de este pueblo tan peculiar es que son autosuficientes y si no ponen encima de la mesa mucha pasta o ninguna, su recreación sigue saliendo a flote. También se les reprocha que no son muy ortodoxos y que sus trajes son más carnavaleros que otra cosa. Yo, qué quieren que les diga, aun existiendo un órgano nacional que vela por esa ortodoxia como es la ANE (Asociación Napoleónica Española), al final esto no deja de ser una actividad lúdica no sujeta a legalidad alguna, más allá de la ética que supone ser lo más fieles a la historia, pero cada cual hace lo que quiere, se compra o hace el traje que le da la gana, y como el pensamiento es libre, uno puede recrear una batalla, pero también puede asumir que está haciendo un teatro o una variante carnavalera, porque mucha gente también nos ve desde fuera como un remedo del carnaval. Y si a alguien no le gusta vestirse de militar se inventa un personaje (si su ego le invita) y ya tiene su minuto de gloria, aunque alguno de esos personajes sea irrisorio. Las recreaciones dan para mucho, aunque existen anacronías evidentes.

Por supuesto, más me molesta, casi me indigna, que haya grupos de recreadores que apelando a esa ortodoxia y fidelidad históricas no permitan a mujeres en sus filas. Sí, en el siglo XXI, algunos grupos velada o abiertamente tienen como norma no contar con mujeres, en principio, porque en el siglo XIX no las había como militares. Esto sí que es rizar el rizo y calarse una boina bien calada en la cabeza, porque es una discriminación pura y dura, aunque la vistamos de cualquier excusa imbécil. Si escrutamos la ortodoxia en cada uno de los miembros de esos grupos a buen seguro que encontramos no una sino decenas de elementos que nos harían observan tachas evidentes a esa teórica ortodoxia.

He de manifestar, y voy terminando, que tampoco me sienta bien que los grupos de Bailén hagan siempre de españoles en la Recreación de Bailén, siempre, siempre y siempre. Vienen muchos grupos de fuera que son regimien
tos españoles y que deben hacer de franceses porque no hay hueco, esto me parece un poco cateto, así lo pienso. Yo entiendo que nosotros somos los anfitriones y a nuestros invitados hay que tratarlos como lo que son, invitados que se pegan una panzada de kilómetros para engrandecer nuestro evento; y estoy convencido de que a nosotros cuando salimos fuera nos gustaría que nos trataran como invitados y que saliéramos como españoles, aunque se tuvieran que sacrificar los anfitriones. Haz con el prójimo lo que te gustaría que hicieran contigo.

Pero no, existe esa vano orgullo de que somos de Bailén, que aquí ganaron los españoles por goleada y que bajo ningún concepto yo voy a hacer de francés y ni mucho menos perder una batalla. Pero es que esta es la realidad, cuando estás en las escaramuzas o en las recreaciones algunos se lo toman tan en serio que parece que tienen que ser agresivos (a veces hay lesiones imprevistas), lo viven con intensidad y hasta piensan de verdad que han ganado algo, como la Champions League de las recreaciones. Pues ya está, puede que esto no me apasione, pero por cabezonería o convicción personal yo voy a seguir haciendo de francés en Bailén, contra viento y marea, y contra mí mismo.

Por cierto, tal es el grado de mi indiferencia con el movimiento recreador que apenas me suelo echar fotos, ni pido que me las hagan, es más, para ilustrar esta entrada he tenido que coger fotos de mi archivo personal que corresponden a años anteriores a 2016.

No quiero finalizar sin recordar que dado que voy incrustado en las recreaciones en formaciones donde apenas conozco a la gente y que me siento como un solitario tomándose una cerveza sin compañía en un bar, lo cual siempre lo he considerado algo muy triste, pues esto me permite ver, oír y callar. Y me dedico todo el tiempo a escuchar, es mi auténtico entretenimiento.

En ese tiempo de escucha dos elementos me sobrecogen, por un lado, la cantidad de expertos en historia que nacieron para este país, capaces de decir blanco y lo contrario en el mismo día, gente que se ha leído apenas la contraportada de un libro de historia y ya se consideran catedráticos capaces de sentenciar cada vez que hablan. Yo tenía un profesor de historia que señalaba que esta disciplina es por concepto una ciencia inexacta, los testimonios de los libros de historia que son indirectos no dejan de tener un componente subjetivo que es el del autor que lo escribió, que no sabemos si quiso alterar la historia, porque ya se sabe que la historia la escriben los vencedores. Hay gente despreciable hoy que piensa que el holocausto nazi en la 2ª Guerra Mundial no existió, una pura distorsión, así que cuanto más lejos en el tiempo será más complicado encontrar documentos válidos. Pues eso, que el criterio y la investigación histórica a veces brillan por su ausencia e igual puedes escuchar que en Bailén en 1808 hubo cuatro mil soldados como cuarenta mil (al más puro estilo huelgas de hoy donde el desfase entre lo que dicen los manifestantes y lo que dice la policía local es antológicamente diferente). Necesitamos más gente como Miguel Ángel Alonso o Paco Antonio Linares y menos fantasmas, porque también se requiere cierto rigor y no que cada cual suelte la primera invención o gilipollez histórica que se le venga a la cabeza, porque para hablar con propiedad hay que leer mucho.

Por otro lado, hay otra cosa también me perturba, no puedo entender este movimiento como una pasión, un disfrute para los participantes, cuando no escucho nada más que quejas, cabreos, mosqueos, siempre las mismas frases («este no me manda a mí», «a ver si se enteran que se tiene que morir alguien», «pero cómo vamos a hacer eso», «esto está muy mal organizado»), si vienes a pasar un buen rato y te lo pasas renegando todo el fin de semana, no veo por dónde está el gusto por participar. Como tampoco lo veo que vengan recreadores de edad muy avanzada, que casi les cuesta caminar y que a buen seguro sufren dolores, y sin embargo, prefieren estar ahí mejor que en la comodidad de sus casas. Por eso digo que este movimiento no va a morir aunque tienda a ser cada vez más friqui.

No me gustaría dejarme nada en el tintero, dado que como me temía me ha salido una entrada muy extensa, pero observo que cada vez asiste menos público de Bailén a las recreaciones, porque si ves una recreación todas son iguales; aunque los oficiales se reúnan en la víspera para diseñar la batalla, los movimientos que se van a hacer, todo siempre resulta muy parecido cada año, amén de que luego las cosas no salen como estaba escrito en el papel. Sinceramente creo que habría que innovar, pero no nos equivoquemos, innovar no es modernizar. Yo siempre oteo desde mi posición anónima en medio del campo de batalla, que el espectador desde fuera no ve que realmente un ejército esté ganado al otro, sino que después de tres cuartos de hora un bando se rinde ante el otro sin razón aparente. Para hacer esto más atractivo, debiera haber en los últimos compases una especie de ofensiva de los españoles en la que se causaran muchas bajas, y evidentes, en el bando francés. Ese sería el momento de la rendición, con un campo de batalla donde se aprecia sin ningún lugar a dudas que un bando vence al otro por aplastamiento, y no como ahora, porque la historia lo dice.

Desde aquí quiero tener un recuerdo anónimo a Pedro Soriano Heredia, chaval amante de las recreaciones, y que perdió la vida trágicamente este verano, que siempre me pareció el paradigma de cómo había que afrontar este movimiento recreador, y lo digo sinceramente, tenía firmeza y a la vez flexibilidad, dos elementos que hay que saber conjugar para hacer disfrutar a los demás y no todo el mundo sabe.

sábado, 8 de octubre de 2016

CHRIS ZABRISKIE, UN MÚSICO ESTELAR PARA EL SIGLO XXI DE INTERNET

Me pregunto qué hubiera sido de mi vida actual y la de media humanidad si Internet no hubiera existido, sin duda, el mundo no sería como el de hoy, muy distinto tal vez no, pero sí que sería otro. De hecho, la sociedad occidental ya no puede vivir sin él; hace diez años no tenías la necesidad de estar conectado, ahora yo he estado unos días de vacaciones en un lugar donde no había cobertura y ha habido momentos en los que increíblemente he sentido que tenía que buscar un sitio para conectarme, para percibir cómo estaba el mundo ahí afuera. No sé si lo he dicho alguna vez y si lo he dicho lo repito, para mí Internet es el invento más importante del último medio siglo.

Partiendo de la base de que sin Internet nada de lo que yo escribo aquí vería la luz, prácticamente cada faceta de la vida que necesite una cierta difusión tiene su correlato en la Red, y salvo las relaciones privadas es todo, aunque las redes sociales terminan por airear lo que alguien anónimo está haciendo en un momento determinado y que no interesa a casi nadie.

En este sentido, hoy la música no funciona sin Internet, parece que se han salvado esos años en los que las discográficas, los grupos y los artistas clamaban al cielo por las descargas ilegales en la Red; hoy día y no sé cómo funciona económica y legalmente, pero puedes estar oyendo de gorra toda la música que quieras, y toda es toda, en plataformas como Spotify, y ya parece que no hay tantos que se rasguen las vestiduras, porque han aceptado que Internet no era el enemigo sino la mejor herramienta de divulgación que hubieran podido imaginar. Hoy alguien anónimo puede publicar sus composiciones o sus canciones en YouTube y mañana puede ser famoso y hacerse rico.

Curiosamente al músico de hoy lo conocí a través de Internet, pero mediante de un cauce poco habitual. Reconozco que soy algo friqui y a Chris Zabriskie llegué mediante un curso de astronomía (otro mundo de posibilidades abierto por Internet como es la realización de cursos online verificados por universidades, todo muy legal y desde donde puedes obtener formación gratis y certificados muy baratos de superación de dicha actividad). En dicho curso se aprendía a nivel básico conceptos muy interesantes que solo conocemos de forma muy soslayada: eclipses, rotación, traslación, estrellas, constelaciones según las épocas del año, orientación a través del sol...

Mientras uno escuchaba las lecciones provenientes de la meliflua y casi adormecedora voz de un profesor de la Universidad de Cartagena, se deslizaba una música no menos relajante que parecía estar especialmente diseñada para el cometido del curso, una especie de sinfonía cósmica, que daba la impresión de que proviniera del cielo, desde luego una magnífica elección para ilustrar una formación tan sumamente atrayente como esta.

El descubrimiento de la música de Zabriskie conecta con dos características que quería resaltar al respecto de este compositor, de un lado, lo que ya he comentado, que se trata de un músico que vive de y con Internet y ahora lo explicaré, y de otro, que acostumbro a publicitar en esta bitácora música New Age que, en la mayor parte de los casos, es de autores veteranos que ya casi no componen, están retirados o en el ocaso de sus carreras y, sin embargo, este un chaval relativamente joven, en la efervescencia de su carrera musical.

Sí, Chris Zabriskie es un compositor moderno y actual, en la cresta de la ola, en el meollo de lo que se cuece en la música New Age de hoy. Considerando esto tampoco se puede decir que se vislumbren grandes evoluciones en este género musical en los últimos treinta años, que es desde que yo escucho y se conoce de una manera algo más extensa las músicas de vanguardia. Realmente los avances en computación tampoco provocan mayores cambios en las composiciones.

La música de Zabriskie no tiene ninguna singularidad que le permita a él ser acreedor de la etiqueta de gran innovador, digamos que mantiene la línea de la música New Age, ambiental y cósmica, que muy bien se podría haber compuesto hace un cuarto de siglo, cuando fue su auténtico boom de la mano de Enya, Yanni, Vollenweider, Spheeris, Mertens o Nyman, entre otros. Y, por tanto, la música de Zabriskie es genial, es suavidad, es ambiente de relajación, es evocación.

Con esa música de fondo del disco «I am a man who will fight for your honor», nombre tan rimbombante (como el de varios de sus temas de este disco) que carece de sentido porque estas músicas no tienen letra y a ti te pueden hacer imaginar cualquier cosa, pues yo aprendí algo más del universo con la motivación musical. Y es que esa música cósmica y estelar era tan agradable que te podías imaginar que el silencio solo podría permitir ser alterado por ella, en un privilegio único.

Precisamente esas características de las músicas de vanguardia, que no son propiedad de este compositor y sí del estatus de estas músicas, es lo que permite que se difundan hasta límites insospechados. Hasta esos límites que sin la mediación de Internet jamás se hubieran alcanzado.

E igual que para ese curso de astronomía a su director le resultó idónea esta música buscando y buscando por la Red, un leve paseo por la misma permite descubrir que no pocas personas e instituciones se han valido de la música de Chris Zabriskie para divulgar sus actividades o para ilustrar cualquier temática, así se pueden encontrar en Internet vídeos con la música de fondo de este autor estadounidense, sin ser una lista muy exhaustiva, en los que los usuarios son tan heterogéneos como el Centro Vasco de información de medicamentos, un club de esquí, un cortometraje que se llama «¡Aúpa, Delibes!», la Diócesis de Córdoba, o páginas de yoga, de fútbol y hasta un reportaje sobre Siria. Es decir, un Chris Zabriskie al servicio de las más rabiosa actualidad.

Este estadounidense del estado de Washington (no confundir con Washington D. C.) nació en 1982, es decir, es un absoluto pipiolo en este mundillo. Habiendo hecho sus pinitos en otros proyectos, fue en 2009 cuando comenzó su carrera en solitario, publicó su primer disco con «The dark glow of the mountains», y casi sin descanso y en el mismo año, el celebrado y ya citado «I am a man who will fight for your honor», cuyo tema más sonado es precisamente el que da nombre al disco, y también un tercer elepé denominado «Preludes».

Ha ido publicando en esta década corta de carrera casi un disco por año, es muy prolífico, y lo que le quede. Tan importante y tan bien ha captado la esencia de Internet que Zabriskie aboga desde su página web por el intercambio de archivos, incluso colgando él mismo temas de sus discos en la Red antes de su comercialización, ¿lo hace para perder dinero? Seguramente todo lo contrario, sabe que eso le va a reportar beneficios, porque lo que uno oye tal vez quiera comprarlo si le gusta.

Pero es más los discos una vez publicados se pueden escuchar y descargar en su web, y ¿por qué lo hace? Probablemente porque divulgando de este modo sabe que le va a escuchar más gente, y si lo que transmite es bueno, que lo es, habrá más emisores difundiendo sus excelencias. Esa frase «Hablen de mí, aunque sea mal», que se le atribuye a muchas personas y no sé sabe realmente quién fue su creador le viene al pelo a este compositor, porque su música le ha abierto muchas puertas, el cine y la televisión particularmente, y en esa industria se mueve dinero, de hecho, él está haciendo sus pinitos a este respecto.

Juzguen ustedes mismos y deslícense por el firmamento mientras cabalgan a lomos de una suave y aterciopelada sonata como la de «I am a man who will fight for your honor».

sábado, 1 de octubre de 2016

"LA ÚLTIMA SALIDA", DE FEDERICO AXAT

En mi ya sólida cruzada en la búsqueda de una nueva literatura, fresca y atrevida, llegó este libro a mis manos para ser compañero de viaje en los últimos días de este verano. Literatura en la que pretendo buscar todo alejamiento del ego subido que acusan los escritores reconocidos y que les aburguesa en proyectos comerciales, con más ruido que nueces, que se sostienen por la difusión editorial y la fama.

Pues eso, que intentando desmarcarme cada vez más de esos novelistas consolidados, hace unos meses que tenía ya esta novela en mi poder, de la que se destilaban algunas reseñas que me invitaban a soñar con que fuera un relato interesante y del perfil que estoy buscando últimamente.

Poco conocía del autor, el argentino Federico Axat, por no decir nada, todo lo más lo que uno lee en Internet, que es un ingeniero que más aficionado por la escritura que por su profesión ha conseguido una exitosa carrera reciente, basada en el relato de tensión y de trama bien trenzada que sorprende al lector en su desenlace.

Pues con esas premisas me apresté a leer «La última salida», ambientada en la actualidad y en Estados Unidos, y el inicio presagiaba algo muy bueno. Ted McKay, un empresario de éxito, casado y con dos hijas pequeñas, está a punto de pegarse un tiro en la sien justo cuando alguien llama a su puerta y ese alguien sabe lo que está ocurriendo. Un joven llamado Justin Lynch se presenta ante Ted e intenta que desista por un momento de su pretensión, no si antes escuchar lo que tiene que decirle.

Visto que se va a suicidar le propone a Ted que posponga su decisión, y realice un acto constructivo para la sociedad, liquidar a un individuo abyecto, Edward Blaine, al que solo un sistema judicial imperfecto le ha librado de la pena de muerte, toda vez que cometió un atroz asesinato del que salió incomprensiblemente absuelto. Para seguir con la cadena de buenas acciones, Lynch, que dice representar a una especie de sociedad secreta, cuyo fin es precisamente el de dar una satisfacción extrajudicial a la sociedad contra la injusticia, le propone también el liquidar a alguien, Wendell, que como él se ha deshecho previamente de un gusano de la sociedad y que también tiene una razón para suicidarse. Pero el círculo no se cierra ahí, una persona anónima también se encargará de matar a McKay en su momento, evitándole el reprobable acto del suicidio, y quedando bien ante todos y particularmente ante su familia, habiendo muerto en un asesinato, siendo víctima en vez de ser su propio verdugo. De tal manera que el sistema es perfecto, uno se carga a un cáncer de la sociedad y después a un buen hombre (que también se iba a suicidar) y finalmente será ejecutado derivando su suicidio a alguien que lo «suicida» para ofrecer una buena imagen final. Ted cumplirá, liquidará a Blaine y luego a ese hombre bueno que teóricamente lo estará esperando para su final, aunque esto no será así, las cosas no salen como se previeron y Ted buscará a Lynch para ajustar cuentas después de las dos muertes.

Este comienzo tan trepidante se corta de momento y tenemos de nuevo a McKay en la misma circunstancia, entra Lynch en su casa antes de pegarse un tiro en la sien y le va a proponer lo mismo, pero la realidad ha cambiado, lo que ha ocurrido en la primera parte de la novela sufre modificaciones y Ted McKay ya lo ha vivido y actuará de otro modo, una nueva secuencia de los hechos se sucede y, a todo esto, tanto en la historia primera como en esta segunda, nuestro protagonista conversa con una psicóloga, la doctora Hill y con un neurólogo el doctor Carmichael y parece ser que McKay tiene un tumor cerebral irreversible (que será el que provocará la decisión del suicidio).

Se cierra este segunda historia paralela y Axat nos presenta una tercera realidad, donde se vuelve a poner de relieve la enfermedad que aqueja al protagonista. He de ser sincero y debo afirmar que viendo el lío que había formado el autor en las dos primeras partes, esta tercera me empezó a sonar a cachondeo, ¿cuántas realidades nos quería mostrar el autor y cuál de ellas era el presente y no una nueva invención de la mente enferma de McKay?

Durante varias páginas llegué a pensar que el libro no me convencía, en esta tercera parte, el relato flojeaba, el animado ritmo de las dos partes previas, dejaba paso a una disrupción y Ted McKay ahora se encontraba en un centro psiquiátrico como un enfermo violento y de alto riesgo. Casi estuve a punto de tirar la toalla porque no sabía a qué ejercicio de cálculo mental nos estaba invitando el autor y que yo, por otra parte, no estaba dispuesto a asumir; salvo que Axat quisiera que tuviéramos que llevar una libreta encima para hacernos un esquema de lo que estaba ocurriendo.

Tienes que avanzar varias páginas, y no pocas, para ir convenciéndote de que la auténtica realidad es la de esa tercera parte y que las dos anteriores son alucinaciones de Ted producidas por su enfermedad. La única realidad que se va destilando es que Ted simplemente ha atentado contra Lynch con tal gravedad que este está al borde de la muerte en la UCI de un hospital, extremo este que no recuerda Ted, como prácticamente nada de lo que le llevó a semejante atrocidad.

Ahí empieza la labor de la doctora Hill por averiguar la realidad. Poco a poco Federico Axat nos va convenciendo de que ya sí, ya estamos en el presente y de que Ted McKay es un enfermo, pero hay que saber qué es lo que esconde Ted, por qué sueña todo lo que sueña (zarigüeyas, trajes de baño rojos, castillos de muñecas, ajedrez, herraduras, conspiraciones, muertes...), y ahí el escritor entreteje una nueva historia para el protagonista, la de su época universitaria, en la que compartía habitación del campus con Justin Lynch, y todo se va volviendo cada vez más interesante, personalidades ocultas, amistades repentinas, hermandades universitarias, la familia y un asesinato; todo se torna en una novela negra y de misterio.

Viajamos atrás en el tiempo y Axat nos descubre una apasionante historia, y vuelve el ritmo a la novela, con más fuerza si cabe que al principio, con más interés, de tal modo que te quieres precipitar al final, porque curiosamente el desenlace de todo ya se ha producido, está en el pasado, pero Ted McKay no logra recordarlo.

El final es muy bueno, muy original, los malabarismos narrativos, aun cuando se trata de una historia que es difícil que pudiera ser real propiamente, juegan muy a favor del conjunto final que, sin duda, hacen de este trabajo una muy buena novela.

En alguna entrevista que he visto Internet, Federico Axat incide en que la novela estratégicamente la ha configurado como una especie de montaña rusa, deliberada, así que doy por bueno este recurso literario, porque bajar el ritmo para subir la cuesta y luego lanzarte hacia abajo vertiginosamente hasta un final genial ha sido una experiencia muy gratificante.

Siempre me imagino transferencias de novelas a películas y, Federico Axat, si alguna vez lees esto, sería un peliculón.