sábado, 15 de octubre de 2016

OTRO AÑO QUE SOBREVIVÍ A UNA RECREACIÓN HISTÓRICA

El que siga mi blog de forma más o menos habitual, o incluso aquel lector ocasional que rastree un poco la temática del mismo, se puede dar cuenta de cuáles son mis aficiones. Bueno, pues aparte de todas ellas tengo que decir que soy recreador histórico, y es la primera vez que hablo de esta faceta mía, porque sinceramente no la considero una de mis aficiones. Y es que para que una ocupación de tu tiempo libre sea una verdadera afición tiene que gustarte, pues eso.

No tenía ninguna intención de tratar en mi bitácora de esta mi no afición, pero el presidente de mi asociación de recreadores y buen amigo Miguel Ángel Alonso Roa me lo sugirió y en un par de días surgió en mí la necesidad de expresarme, y me temo que me voy a explayar. Por cierto, para los que lean esto atemporalmente, escribo esta entrada tras la Recreación de Bailén que tuvo lugar entre los días 7 y 9 de octubre de 2016.

Corría el año 2001 cuando visité junto con el añorado Antonio Gómez Huertas, Alcalde de Bailén en ese momento, la recreación histórica de la Batalla de Austerlitz en la República Checa. Cuando en la localidad donde resido apenas se conocía lo que era una recreación, Antonio Gómez, que para muchas cosas fue un visionario, político como pocos ha habido en esta localidad, quiso conocer de primera mano este fenómeno que sería perfectamente importable a un hecho histórico y una localidad histórica como Bailén. Los avatares políticos y su prematuro óbito le impidieron culminar este proyecto en primera persona. Luego vendrían otros que le dieron un decidido impulso, pero justo es reconocer que Gómez Huertas puso el primer grano de arena.

Tras un viaje un tanto caótico a principios de diciembre de aquel año, allí nos presentamos para presenciar aquella recreación, y pudimos apreciar el imponente potencial de este tipo de eventos. Situada en el centro de Europa, la pequeña ciudad de Slavkov, muy cerca de la segunda ciudad checa, Brno, era el epicentro de una de las recreaciones más llamativas que en ese momento se podían ver en Europa. Una batalla napoleónica recreada en las faldas de una montaña, algo muy vistoso, como lo era el entorno seminevado. La pasión con la que vivían los participantes en aquella recreación se apreciaba en el celo con el que se caracterizaban con sus peinados, bigotes, vestuario y todo tipo de abalorios (pipas, monóculos...), que realmente te hacían retroceder por momentos un par de siglos. En aquel escenario gélido las vestimentas eran muy distintas a las que se pueden ver en Bailén, una batalla de verano, los abrigos, las capas, los gorros de lana, algunas de estas prendas muy desgastadas, como si de verdad hubieran asistido a varias batallas, le daban si cabe un aspecto más épico al acontecimiento. Aún recuerdo que a los asistentes nos pasaba la organización como tentempié más oportuno, una suerte de licor de la tierra notablemente alcohólico, que sabía a rayos y que bajo ninguna circunstancia me hubiera tomado en condiciones normales, pero una temperatura muy cercana a los cero grados y observar la recreación a pie quieto durante un par de horas invitaba a tomarte una copilla, que entraba dura de principio, pero que ejercía la función para la que se destinaba, la de calentar el cuerpo.

En definitiva, cuando la mayor parte del pueblo de Bailén parecía haber descubierto el oro y el moro de las recreaciones de época, otros, de forma muy callada y anónima, mucho antes de que el maná de un fin de semana fluyera por las calles de mi ciudad, ya conocían las oportunidades de un recurso tan singular como es el de las recreaciones históricas.

La conmemoración del Bicentenario de la Batalla de Bailén en 2008 era una obligada excusa para reclamar el papel que este pueblo podía desempeñar en el movimiento recreador; dos recreaciones previas a las del año del Bicentenario fueron el rodaje necesario para llegar a tan magno acontecimiento con garantías de éxito, para que ese año se hiciera una recreación digna de la batalla que aquí tuvo lugar, digna de los recreadores, digna de las gentes que nos visitaban y, sobre todo, fijada ya en el mapa de las recreaciones napoleónicas que se sucedía en Europa en el siglo XXI.

La animación que se empezó a vivir en Bailén a partir de 2005 con el movimiento recreador fue de tal magnitud que en apenas un año asistíamos a un tsunami histórico-cultural, surgieron como setas los aficionados a la historia, particulares que hacían trajes de época y demás aparamenta militar, personas que se reunían para hablar de recreaciones, que pensaban en asociarse para ser más fuertes, que llamaban a las puertas de empresas para anunciarles la llegada de un nuevo mesías y pedir la consabida colaboración.

Desde la nada más absoluta se había llegado en un tiempo récord a contar en Bailén con el mayor número de recreadores históricos que prácticamente cualquier otra ciudad de España, y con toda su impedimenta bastante rigurosa con la historia: trajes, botas, cañones, armas en general, tiendas de campaña y logística subsecuente. Pero además, dichos recreadores también habían procurado aprender a marchas forzadas los reglamentos militares de época, pues no se trataba solo de parecer un soldado de época en su fisonomía, sino también de moverse como él.

Con toda esta algarabía formada sentí la necesidad de contribuir como un vecino más de este pueblo a hacer más grande el Bicentenario. No sé cómo se gestó la idea muy bien, lo cierto es que un gran amigo me sugirió la idea de que, dado que en Bailén no había ningún grupo o regimiento de franceses, bueno sería que pudiéramos formar uno buscando el traje adecuado de soldados galos que pudieran haber estado luchando en aquella batalla de 1808. Y así surgió la Guardia de París en Bailén, sobre la primavera de 2008 dentro de la que, por aquel entonces, era la asociación más importante de recreadores en nuestra localidad, la Asociación de Voluntarios de la Batalla de Bailén.

Por cierto que en esos apenas tres años de vida del movimiento recreador en Bailén, ya había dado tiempo a que la referida asociación a la que pertenezco se escindiera en otra, y esta a su vez, en otra más, los egos comenzaban a circular.

He de decir que la idea de hacerme un traje de recreador fue de las peores decisiones de mi vida, la inversión en un traje de época y todos los apechusques aparejados no es algo barato; probablemente me gasté entre pitos y flautas unos mil euros, pero el dinero no tuvo la culpa. Si lo llego a saber...

Era lógico pensar que la nómina de recreadores adscritos a la Guardia de París crecería al calor del boom que se estaba viviendo; pero aquella ola perfecta se convirtió de forma progresivamente rápida en el fino cauce de un arroyo y de forma drástica el movimiento recreador en Bailén nació, creció y menguó a la par y en muy poquito tiempo, no murió pero sí quedó tocado.

Esta no es la razón de mi no afición, son otras, amén de que conseguimos tímidos intentos de reclutar personal para nuestra causa que al final se quedaron en agua de borrajas, lo cierto es que yo pretendía pasar lo más desapercibido posible en esta causa, de tal forma que la persona que me animó a formar este regimiento asumiría el cargo de oficial. Pero hete aquí que mi amigo descubrió prematuramente que esta era su no afición, tanto que me dejó huérfano yo diría que en menos de dos años. No le reprocho nada porque es un tío tan absolutamente íntegro y le tengo tantísimo aprecio y devoción que esto tiene más fuerza que el rebote que yo pudiera haber experimentado en algún momento.

Lo cierto es que por arte de birlibirloque me vi solo ante el peligro, siempre, permanentemente. Si hay un defecto o una virtud en esta vida es que no me gusta pedirle favores a nadie, lo paso mal cuando estoy en ese trance, y para poder estar en cualquier recreación tenía y tengo que reengancharme con cualquier otro grupo, rogándole que me permita ir en sus filas; creo a este respecto que jamás he tenido un problema, la gente ha sido muy amable, pero igual que eso también percibo que, en algunos casos, no termino de encajar, porque entiendo que los grupos con los que combato tienen su propio traje, su propio estilo y yo soy un parche entre ellos.

A todo esto, y como ya he apuntado antes, a medida que se ensanchaba el movimiento recreador no solo en Bailén sino también en España, este se convirtió en una auténtica feria de las vanidades, una especie de paraíso para determinados tontos que descubrieron que no siendo nadie en la vida, en un regimiento ficticio podían mandar, podían ser alguien. Como los grupos no podían tener más oficiales que soldados, pues no era extraño y, de hecho, es algo generalizado en España, que aquel que tenía afán de protagonismo se saliera de la asociación a la que pertenecía para formar su propio grupo con su familia o amigos. Todo un caso prototípico de juanpalomismo, como no me dejan mandar aquí, pues me salgo y mando a menos gente pero mando al fin y al cabo. Es un giro de los acontecimientos tan absurdo como real que dichos tontos, algunos, no todos, y el que sepa leer con perspectiva encontrará ejemplos a nuestro alrededor, consiguieron de algún modo su errática piedra filosofal: mandar a otros. Y digo que no puede ser una conclusión más absurda, que yo la he podido ver tan de cerca, de esas personas que tienen un ego tan subido y tan exacerbada vanidad que no se dan cuenta de que son oficiales de fin de semana, pero no para todo el fin de semana sino para cuatro o cinco horas del mismo, o sea, profunda y severa enfermedad del cazurrismo.

El ego de esa gente tan ruin ha sido de tal calibre que muchos, a los que les apasionaba la recreación histórica tanto, fueron capaces de dejarlo todo antes que ser mandados; es decir, era mucho más poderosa su vanidad que el razonable y edificante objetivo de recrear, de difundir historia y cultura.

Lamentablemente tengo que decir que las recreaciones históricas se quedan un poco cojillas en cuanto a lo de difundir historia y cultura. Los recreadores perdemos de vista que lo que hacemos lo hacemos fundamentalmente por y para la gente que nos ve, si no van a vernos pues se desmonta el chiringuito, los ayuntamientos y las administraciones no le observan rentabilidad y el mayor o menor impulso que realicen se viene abajo.

Desde siempre me ha parecido que lo relevante y vistoso de los ejércitos de época, son los desfiles, los trajes de los soldados y la aparamenta, y hasta cierto punto, los disparos, los cañonazos y las escaramuzas quedan en un segundo plano, es el medio que la gente tiene para poder vernos; pero si a nuestros espectadores le dejaran elegir a buen seguro que pedirían que hubiera menos ruido.

No soy un enemigo de las armas, ni le tengo miedo a estas ni al ruido de carabinas ni cañones, pero casi por convicción personal cuando me integré en este movimiento decidí que no iba a disparar, o sea, que no iba a adquirir un arma para meterla pólvora y hacer mucho ruido; por tanto, me compré una réplica, una especie de arma que simula una de verdad, pero como dicen los «expertos» de las recreaciones, yo soy mudo en el campo de batalla.

Motiva mucho al personal eso de hacer ruido y lo respeto, pero pienso que a veces algunos recreadores se obsesionan con el disparo y con la pólvora, y si no tienen disparo, no es que sean mudos como yo, sino que directamente parecen autistas, ya no saben hacer nada en el campo de batalla. En esta recreación de 2016 fui con un grupo que representaba al bando francés, con la función de voltigeur, una suerte de infantería ligera que tenía como fin ir por libre para desestabilizar a las tropas enemigas con movimientos no planificados, rápidos y quirúrgicos, en definitiva, que íbamos a nuestra «puta bola»; pues de las tres personas con las que iba en esta especie de singular grupo de asalto, dos de ellos tuvieron problemas con su arma, de tal manera que estuvieron más de las tres cuartas partes de la recreación, parados en mitad del campo, intentando disparos sin éxito, limpiando el arma, desmontándola, o sea, no participando del evento, porque si no hacían ruido parecían estar amputados.

Definitivamente, toda la organización tiende cada vez más a centrarse en los recreadores más que en lo que la gente pide, muchos recorridos o desfiles empiezan y terminan en los lugares de alojamiento o sede, con poco contacto con la ciudadanía, que está deseosa de hacerse fotos, de preguntar, de tocar las armas o de ponerse esos gorros imponentes que llevamos.

La tenencia de disparo en las recreaciones va aparejada a la existencia de pólvora, se trata obviamente de un explosivo que si no se trata con ciertas condiciones de seguridad se puede correr un riesgo, y a veces esas condiciones de seguridad quedan en entredicho. Amén de que no toda la pólvora se gasta en las recreaciones y más de uno se la guarda para sí, de tal guisa que en más de un domicilio español hay un improvisado polvorín y hasta aquí puedo leer, a buen entendedor...

Bueno, retomando el hilo de lo que he dicho más arriba, en lo que viene siendo una tormenta de ideas, claramente desordenada a decir verdad; mi mujer al poco de hacerme yo con mi traje de época, con buen criterio ella se hizo otro, de tal manera que por lo menos no voy solo; está cuando no hay disparos, participa en desfiles y está siempre, aunque no en las escaramuzas y en la recreación, además, es vicepresidenta de la Asociación de Voluntarios de la Batalla de Bailén y también se obliga por ética y por respeto al cargo a tener presencia, es muy de agradecer que habiendo tan poca gente en esta asociación y tan poca gente implicada que tenga un puesto de responsabilidad y que colabore en mayor o menor medida a que este movimiento perdure.

Y la realidad es esta por más que me ayude mi mujer a superar cada fin de semana de recreación, a acompañarme en este camino por el desierto, en el que ya llevo casi una década participando, me sigo sintiendo fuera de sitio, como si cada vez que me visto estuviera estrenando el traje; es más, es una sensación tan extraña, es como sentirme forastero en mi propia casa. Gracias a ella, como comentaba con sorna dicho fin de semana, la Guardia de París no es por muy poco, un regimiento en singular, es decir, un solo guardia de París, que soy yo, y mi mujer a tiempo parcial; y a mi hijo, por más que nos empeñemos, pues no le gusta.

Lamentablemente, yo que quería ser nadie en este grupo, un soldado raso, un recluta al que le mandaran, a la vista de la deserción de mi oficial, pues al final se produce el efecto contrario, yo soy la Guardia de París, personalizo un grupo y me hago visible, no mucho, cuando lo que yo quería era absoluta invisibilidad.

Pero es que la realidad, no nos equivoquemos, es esa, aunque mi escuadra sea el paradigma del minimalismo, en las recreaciones aparecen muchos regimientos y cada uno de ellos con pocas personas; el que asista un grupo con más de una decena de miembros ya es una excepción. La mayoría de los grupos solo juntan para un fin de semana con menos de ese cupo, de tal manera que a un espectador desde fuera le puede parecer que debe haber centenares de recreadores, por la larga nómina de asociaciones y grupos, pero el minimalismo cada vez impera más, y como es mi caso casi se tarda menos en decir mi nombre y el de mi mujer que el del grupo.

¿Y eso por qué se ha producido? Pues por lo que he comentado antes, para empezar la dispersión de esfuerzos, la disgregación de las asociaciones, que se ha producido en Bailén, en Málaga, en Móstoles..., se deben, entre otras razones, al ego exacerbado y la vanidad, pongan estos dos sustantivos como sinónimos, pues lo son aunque uno y otro con sus matices, que es por lo que yo prefiero utilizarlos conjuntamente. O sea, yo quiero mandar, si no me dejan mandar me voy, y si no me dejan participar no participo, o juego o me llevo la pelota, y esa es la realidad, ha habido, hay y habrá obsesos de la recreación (en su momento) que o son muy visibles o no participan y prefieren sacrificar su «gran afición» antes que ser degradados, en lo que viene siendo una muestra de acendrado papanatismo.

Es propio de las agrupaciones humanas que dos son multitud y cuanto más pequeñas más personalistas son, y además es bueno porque en muchas de ellas hay alguien que es el hacedor, sin esa persona, activa y comprometida, nada existiría, no habría sitio ni para los egos, las vanidades y los porculerismos, sin ellos habría la nada más absoluta. Pero ya se sabe en cuanto dos o más personas se reúnen para decidir algo, por mínimo que sea, eso es garantía de que al final hay problemas, y no hablemos de estructuras más grandes, si no que se lo digan al PSOE.

De todas maneras centrándome en el movimiento recreador en Bailén, un buen amigo mío vecino de esta localidad y ajeno a este evento, un vecino más del pueblo, me preguntó por WhatsApp cómo afrontaba el fin de semana de recreación en 2016, y en el intercambio de mensajes me dijo, y cito textualmente: «Yo, desde simple espectador, veo los grupos actualmente como algo un poco sectario o clasista. A lo mejor me puedo confundir». Pues, tal vez no iba desencaminado.

Si hay algo que salvo de los fines de semana recreadores son los terceros tiempos, como buen amante del rugby que soy, los despueses me parecen lo más nutritivo y gratificante de todo. En un tercer tiempo de estos tuve una tertulia muy constructiva con otros recreadores de mi asociación y llegamos a la conclusión de que las recreaciones de época no morirían ni a corto ni a medio plazo a la vista de que asisten a estos eventos personas muy veteranas que no le tienen miedo a achaques para vestirse de época a sus setenta y muchos tacos y disfrutar de la que para ellos es una gran afición.

No obstante, y he de añadir a este respecto que algo falla, si en Bailén tenemos más de doscientos trajes de época y apenas nos vestimos cincuenta personas, deberíamos mirarnos esto. Los grupos de recreación proclaman que están abiertos al reclutamiento pero la realidad no les da la razón, no nos da la razón. ¿Cuál es la realidad? Las personas entran en un grupo se salen y generalmente no vuelven al mismo, ¿se ha apagado su pasión en una década?, ¿encuentra algo dentro que no les gusta, llámese egos o personas con las que no quieren ni compartir la fila de una formación militar?, ¿o son ellos tan tóxicos que aunque quisieran entrar saben que no van a tener sitio porque hay mutuas animadversiones? Dejo esto en el aire. Lo cierto es que un verdadero reclutamiento implicaría ser mucho más abiertos, y se me ocurren varias ideas, desde luego, a la vista del precio de un traje de época, poner en contacto a los recreadores que ya no se visten con jóvenes que tengan ilusión renovada por recrear sería un comienzo, tal vez prestando los trajes a un precio módico, o que las propias asociaciones, que están muy mal de dinero, lo reconozco, se pudieran hacer con esos trajes que probablemente jamás se volverán a utilizar.

A todo esto tengo que decir que hay un aspecto que no comparto con el movimiento recreador y con algunas asociaciones de este país, y que al final puede contribuir a torpedear la organización de eventos en España, y es un cada vez más acentuado afán de lucro. No hay peor cosa que desarme a un ser humano que el dinero, y he observado que en algunos grupos ya no se mueven solo por alojamiento (en polideportivos y con literas), manutención y una ayuda al desplazamiento, sino que quieren más, quieren que se les pague como si fueran actores de doblaje que van a hacer unas escenas arriesgadas, y todo esto ha pasado en mitad de la crisis económica que asoló nuestro país y de la que todavía sentimos sus consecuencias. No es extraño que haya localidades que hicieron la recreación una vez y ya está, ante las exigencias y el derroche de dinero que eso les suponía. Para organizar una recreación los ayuntamientos, que son los grandes motores de esto, necesitan hacer encaje de bolillos, pedir muchas ayudas públicas y privadas, y medir cada gasto con suma pericia, pero a algunos recreadores les da igual, quieren enriquecerse aunque indirectamente se estén cargando la esencia de lo que les mueve a participar en estos eventos.

El otro día, en la Recreación alguien reprochó que una de las localidad con más movimiento recreador que es La Albuera, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz, donde se viste casi una cuarta parte de sus habitantes, algo increíble, pues que ya no era plato apetecible para otros grupos, porque las ayudas escaseaban. Lo bueno de este pueblo tan peculiar es que son autosuficientes y si no ponen encima de la mesa mucha pasta o ninguna, su recreación sigue saliendo a flote. También se les reprocha que no son muy ortodoxos y que sus trajes son más carnavaleros que otra cosa. Yo, qué quieren que les diga, aun existiendo un órgano nacional que vela por esa ortodoxia como es la ANE (Asociación Napoleónica Española), al final esto no deja de ser una actividad lúdica no sujeta a legalidad alguna, más allá de la ética que supone ser lo más fieles a la historia, pero cada cual hace lo que quiere, se compra o hace el traje que le da la gana, y como el pensamiento es libre, uno puede recrear una batalla, pero también puede asumir que está haciendo un teatro o una variante carnavalera, porque mucha gente también nos ve desde fuera como un remedo del carnaval. Y si a alguien no le gusta vestirse de militar se inventa un personaje (si su ego le invita) y ya tiene su minuto de gloria, aunque alguno de esos personajes sea irrisorio. Las recreaciones dan para mucho, aunque existen anacronías evidentes.

Por supuesto, más me molesta, casi me indigna, que haya grupos de recreadores que apelando a esa ortodoxia y fidelidad históricas no permitan a mujeres en sus filas. Sí, en el siglo XXI, algunos grupos velada o abiertamente tienen como norma no contar con mujeres, en principio, porque en el siglo XIX no las había como militares. Esto sí que es rizar el rizo y calarse una boina bien calada en la cabeza, porque es una discriminación pura y dura, aunque la vistamos de cualquier excusa imbécil. Si escrutamos la ortodoxia en cada uno de los miembros de esos grupos a buen seguro que encontramos no una sino decenas de elementos que nos harían observan tachas evidentes a esa teórica ortodoxia.

He de manifestar, y voy terminando, que tampoco me sienta bien que los grupos de Bailén hagan siempre de españoles en la Recreación de Bailén, siempre, siempre y siempre. Vienen muchos grupos de fuera que son regimien
tos españoles y que deben hacer de franceses porque no hay hueco, esto me parece un poco cateto, así lo pienso. Yo entiendo que nosotros somos los anfitriones y a nuestros invitados hay que tratarlos como lo que son, invitados que se pegan una panzada de kilómetros para engrandecer nuestro evento; y estoy convencido de que a nosotros cuando salimos fuera nos gustaría que nos trataran como invitados y que saliéramos como españoles, aunque se tuvieran que sacrificar los anfitriones. Haz con el prójimo lo que te gustaría que hicieran contigo.

Pero no, existe esa vano orgullo de que somos de Bailén, que aquí ganaron los españoles por goleada y que bajo ningún concepto yo voy a hacer de francés y ni mucho menos perder una batalla. Pero es que esta es la realidad, cuando estás en las escaramuzas o en las recreaciones algunos se lo toman tan en serio que parece que tienen que ser agresivos (a veces hay lesiones imprevistas), lo viven con intensidad y hasta piensan de verdad que han ganado algo, como la Champions League de las recreaciones. Pues ya está, puede que esto no me apasione, pero por cabezonería o convicción personal yo voy a seguir haciendo de francés en Bailén, contra viento y marea, y contra mí mismo.

Por cierto, tal es el grado de mi indiferencia con el movimiento recreador que apenas me suelo echar fotos, ni pido que me las hagan, es más, para ilustrar esta entrada he tenido que coger fotos de mi archivo personal que corresponden a años anteriores a 2016.

No quiero finalizar sin recordar que dado que voy incrustado en las recreaciones en formaciones donde apenas conozco a la gente y que me siento como un solitario tomándose una cerveza sin compañía en un bar, lo cual siempre lo he considerado algo muy triste, pues esto me permite ver, oír y callar. Y me dedico todo el tiempo a escuchar, es mi auténtico entretenimiento.

En ese tiempo de escucha dos elementos me sobrecogen, por un lado, la cantidad de expertos en historia que nacieron para este país, capaces de decir blanco y lo contrario en el mismo día, gente que se ha leído apenas la contraportada de un libro de historia y ya se consideran catedráticos capaces de sentenciar cada vez que hablan. Yo tenía un profesor de historia que señalaba que esta disciplina es por concepto una ciencia inexacta, los testimonios de los libros de historia que son indirectos no dejan de tener un componente subjetivo que es el del autor que lo escribió, que no sabemos si quiso alterar la historia, porque ya se sabe que la historia la escriben los vencedores. Hay gente despreciable hoy que piensa que el holocausto nazi en la 2ª Guerra Mundial no existió, una pura distorsión, así que cuanto más lejos en el tiempo será más complicado encontrar documentos válidos. Pues eso, que el criterio y la investigación histórica a veces brillan por su ausencia e igual puedes escuchar que en Bailén en 1808 hubo cuatro mil soldados como cuarenta mil (al más puro estilo huelgas de hoy donde el desfase entre lo que dicen los manifestantes y lo que dice la policía local es antológicamente diferente). Necesitamos más gente como Miguel Ángel Alonso o Paco Antonio Linares y menos fantasmas, porque también se requiere cierto rigor y no que cada cual suelte la primera invención o gilipollez histórica que se le venga a la cabeza, porque para hablar con propiedad hay que leer mucho.

Por otro lado, hay otra cosa también me perturba, no puedo entender este movimiento como una pasión, un disfrute para los participantes, cuando no escucho nada más que quejas, cabreos, mosqueos, siempre las mismas frases («este no me manda a mí», «a ver si se enteran que se tiene que morir alguien», «pero cómo vamos a hacer eso», «esto está muy mal organizado»), si vienes a pasar un buen rato y te lo pasas renegando todo el fin de semana, no veo por dónde está el gusto por participar. Como tampoco lo veo que vengan recreadores de edad muy avanzada, que casi les cuesta caminar y que a buen seguro sufren dolores, y sin embargo, prefieren estar ahí mejor que en la comodidad de sus casas. Por eso digo que este movimiento no va a morir aunque tienda a ser cada vez más friqui.

No me gustaría dejarme nada en el tintero, dado que como me temía me ha salido una entrada muy extensa, pero observo que cada vez asiste menos público de Bailén a las recreaciones, porque si ves una recreación todas son iguales; aunque los oficiales se reúnan en la víspera para diseñar la batalla, los movimientos que se van a hacer, todo siempre resulta muy parecido cada año, amén de que luego las cosas no salen como estaba escrito en el papel. Sinceramente creo que habría que innovar, pero no nos equivoquemos, innovar no es modernizar. Yo siempre oteo desde mi posición anónima en medio del campo de batalla, que el espectador desde fuera no ve que realmente un ejército esté ganado al otro, sino que después de tres cuartos de hora un bando se rinde ante el otro sin razón aparente. Para hacer esto más atractivo, debiera haber en los últimos compases una especie de ofensiva de los españoles en la que se causaran muchas bajas, y evidentes, en el bando francés. Ese sería el momento de la rendición, con un campo de batalla donde se aprecia sin ningún lugar a dudas que un bando vence al otro por aplastamiento, y no como ahora, porque la historia lo dice.

Desde aquí quiero tener un recuerdo anónimo a Pedro Soriano Heredia, chaval amante de las recreaciones, y que perdió la vida trágicamente este verano, que siempre me pareció el paradigma de cómo había que afrontar este movimiento recreador, y lo digo sinceramente, tenía firmeza y a la vez flexibilidad, dos elementos que hay que saber conjugar para hacer disfrutar a los demás y no todo el mundo sabe.

1 comentario:

María Lendínez Talavera dijo...

No sé si felicitarte o consolarte, me has recordado al Principito en su satélite B612, ¡ah !, ya sé a qué regimiento perteneces, guardia de Paris, dejaré de nombrarte como el bando de los malos