lunes, 26 de marzo de 2012

EL ORO NÓRDICO Y OTRAS CURIOSIDADES MONETARIAS

Si comenzar a hacer una colección de sellos, algo que me apasiona, es relativamente sencillo, tal vez es más fácil empezar a coleccionar algo que todos llevamos consigo casi siempre, dinero, es decir, monedas, o lo que de forma más profesional y purista se denomina la numismática.

Cualquier persona que tiene sellos tiene una cierta querencia a coleccionar otras cosas, las monedas, en este sentido, es un recurso muy accesible. He comentado en alguna ocasión en esta bitácora, que igual que algunas de mis amistades se acuerdan de mí cuando van de vacaciones fuera de España y me traen sellos, otras ya no se acuerdan exactamente qué colecciono y, de vez en cuando, me obsequian con alguna moneda exótica que le ha sobrado de su último viaje. Y así, puedo tener monedas de quince o veinte países del mundo como el que no quiere la cosa y sin haber forzado la situación.

Dicho esto, no es mi intención tratar de numismática en esta entradilla sino más bien de reflexionar acerca de la calderilla esa que algunas veces llena nuestros bolsillos y que sí puede ser el germen de una colección vistosa y lo que es más importante, baratita, porque las monedas de cualquier país suelen ser lo que todos sabemos, la morralla, el día a día, el instrumento para pagar una barra de pan, una caña, el billete de metro... Todas las monedas distintas que podemos tener en el bolsillo de la divisa euro y sus fracciones sólo cuestan 3'88 euros, y si miramos a otros países no variarán demasiado las cifras, o sea, que podría hacerme con todas las monedas de Armenia, por poner un ejemplo, por un módico precio.

Lo que resulta interesante en las monedas que llevamos consigo y no está demasiado publicitado es el tipo de metal con el que están hechas. La decisión de qué metal o aleación utilizar en la acuñación de una moneda no es una cuestión baladí, analicemos qué buscaremos en este metal, esencialmente que por un lado tenga durabilidad, es decir, que no se estropee con el tiempo ni que se malee y, por otro lado y tan importante o más que lo anterior es que su precio de mercado sea considerablemente inferior a su valor facial, o lo que es lo mismo, que dentro de unas condiciones de calidad sea un material muy barato y abundante.

Tal vez alguien pueda recordar episodios pasados en los que una moneda por el metal de que estaba hecha tenía más valor al peso que lo que indicaba su anverso o reverso. Quizás el ejemplo español más recordado por la mayoría de la gente de una cierta edad, fueron las monedas de veinte duros de plata con la efigie de Franco que circularon a partir de 1966; se cuenta que las familias las buscaban y acumulaban con fervor a la espera de tiempos mejores en los que pudieran rentabilizar aquella inversión. A la hora de la verdad, como suele suceder en estas leyendas urbanas o pseudoteorías “todo 100”, no es oro todo lo que reluce y todo lo más que la gente hizo fue guardarlas en alguna cajita vistosa, porque tampoco servía hacerse un colgante, salvo que hubiera un claro afecto y deriva hacia el dictador. Hoy por hoy, se puede acceder a cualquier página de coleccionismo de Internet y hacerse con dicha moneda por menos de diez euros, no se paga por la plata sino por el valor sentimental o simbólico que pudiera tener.

Pero como decía un poco más arriba, siempre me ha resultado curioso saber de qué metales se compone cualquiera de las monedas que están en mi bolsillo, y no fue a través de Internet sino a través de un funcionario de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre como supe que habitualmente estamos pagando nuestro café diario con “oro nórdico”. Las monedas de 50, 20 y 10 cts. de euro están hechas con oro nórdico.

El oro nórdico es una aleación que se compone de un 89% de cobre, un 5% de aluminio, un 5% de zinc y un 1% de estaño. Es evidente que no tiene nada de oro y que su denominación es por esa apariencia dorada que se asemeja un poco a la del oro, especialmente cuando las monedas son nuevas que cuando ya está muy trasteadas…, aunque imagino que al oro de tanto usarlo también se le quitaría su brillo intrínseco.

Y lo de nórdico es porque fue una aleación que se comenzó a utilizar con bastante asiduidad en las fábricas de moneda escandinavas, la corona sueca está acuñada con esta aleación. Lo que es evidente sin conocer ni de lejos lo que vale el kilo de oro nórdico, ni me he preocupado de ello, es que la agrupación de metales contenidos en una moneda de 50 cts. de euro tienen un valor al peso muy inferior a lo que señala su leyenda, es lo lógico.

La historia de cómo nació “mi relación de amistad” con el oro nórdico es un poco curiosa. Por razones profesionales me hallé siendo incidentalmente una parte activa en la inspiración y consecución de una moneda de colección emitida por la FNMT con ocasión del Bicentenario de la Guerra de la Independencia en España. Se trataba de hacer una moneda de 10 euros de plata que tuviera motivos de Bailén, y tuvieron a bien visitarnos en el Ayuntamiento dos funcionarios de la Fábrica para perfilar diseños y promoción de la moneda. Ambos nos ilustraron con los entresijos de la Fábrica, una industria que tiene la curiosidad o rareza de fabricar monedas, algo que siempre nos llama la atención por lo que todos podemos imaginar.

Nos comentaron que el precio real de un euro, por su metal, ronda entre los 20 y 25 cts. de euro, y que el oro nórdico, igualmente un material barato y fuerte, era una de las aleaciones más usadas por esas características en la mayoría de las fábricas de moneda del mundo.

Me llamó poderosamente la atención que nos comentaran que un problema de una cierta trascendencia al que nos enfrentábamos en España, era que la FNMT tenía algunas trabas logísticas porque más de la mitad de las monedas en circulación en España estaban o están depositadas en máquinas expendedoras. No sé si será una leyenda urbana, parece que no, que en España tenemos la mayor relación de billetes de 500 € por habitante de toda la Unión Europea (Unión Monetaria), pero lo que sí puedo afirmar con conocimiento de causa es que en nuestro país tenemos más máquinas expendedoras que cualquier otro país de nuestro continente. Puede resultar asombroso o increíble, y eso daría para analizar el porqué de esta curiosidad de nuestra España, siempre tan sui géneris, pero tal disquisición la someto al albedrío de cada cual.

Pues nada, ya podemos decir sin temor a equivocarnos y si queremos también para alardear que sí es oro todo lo que reluce y que ahora mismito tenemos oro en nuestros bolsillos, oro sí, pero nórdico.

lunes, 19 de marzo de 2012

EL DÍA QUE EL REAL MADRID JUGÓ LA FINAL DE LA COPA DEL REY CONTRA SÍ MISMO

Ahora que estamos a vueltas con el lugar de celebración de la Final de la Copa del Rey de este año, he recordado una temporada en la que no hubo dudas acerca de ese lugar, fue la de la temporada 1979-80, cuando en el Santiago Bernabéu se dieron cita dos equipos del mismo club, algo insólito, el Real Madrid y el Castilla.

Rememoro aquel acontecimiento más que muchas otras finales porque para los madridistas supuso una fiesta inolvidable e irrepetible como el tiempo se ha encargado de reafirmar. Del mismo modo, era una fiesta con sentimientos encontrados, porque queríamos que ganase el Real Madrid sin dañar mucho al Castilla, y dicho esto tenía que ganar el Madrid sí o sí, por lo que el choque estuvo exento de emoción, es más lo recuerdo soso y descafeinado, y eso que terminó 6 – 1.

Sin duda aquella época del madridismo era más épica que esta, así lo siento yo. Los jugadores eran mucho más físicos que ahora, se repartía más leña y no se quejaban tanto como ahora. Y el Real Madrid era, ante todo, un club señor, desde el presidente hasta el utillero, pasando por los entrenadores, plantillas, la cantera... Ni punto de comparación con este Madrid mediático donde este Mourinho ejerce una mala influencia, no entro a profundizar en sus dotes de entrenador, aunque con los jugadores que tiene yo podría dirigir a su equipo sin que se desajustara; lo cierto es que este portugués ha dejado atrás muchos de los valores que uno veía en el Real Madrid cuando era niño, y genera una animadversión y una nefasta imagen para este club que si nadie lo para, como efectivamente está ocurriendo, tardará en recuperarse muchos años.

Pero aparte de esto, aquella final tan rara como sus protagonistas fue el auténtico triunfo de una filosofía de fútbol y de un club, el Real Madrid. Bien es sabido que en nuestro país los equipos filiales tienen que militar en el escalafón inmediatamente inferior al del equipo matriz o principal, y que en el fútbol por encima de otros deportes se aprecia con cierta dimensión el gran predicamento del que gozan los equipos filiales en comparación con otros países de nuestra órbita. Por tanto, el mantener a tu filial, en este caso al Castilla, en 2ª División, ocupando una posición de privilegio y encima clasificarlo para una Final de la Copa del Rey, era y fue el no va más.

Lamentablemente ahora no es el mejor equipo filial de España si nos atenemos a los escalafones, pues está en 2ª B, mientras que en 2ª están en la actualidad Barcelona B y Villarreal B, ¿no se está haciendo buena política de cantera? Probablemente así sea, a la vista está que Guardiola pone más canteranos en el primer equipo que todos los entrenadores que han pasado por el Madrid en las últimas campañas.

No obstante, el Castilla fue el ideal de equipo filial, tirándose en 2ª un montón de temporadas (31) y llegando a ganar el título en una ocasión, en el curso liguero 1983-84. Tuvo un bajón desde la temporada 1989-90, anclado catorce años seguidos en 2ª B, volviendo a ascender en 2004 y manteniéndose tres temporadas más hasta la 2006-07 en la que descendió nuevamente a 2ª B, y ahí lleva desde entonces pugnando por el ascenso, sin éxito hasta ahora.

El llegar a aquella Final fue el máximo premio que podía recibir el Castilla, habida cuenta que en el guión estaba escrito que era el Real Madrid el que tenía que ganar, imagino que esto no hubo ni que decirlo en los vestuarios. No obstante, entiendo que también querrían su momento de gloria los del segundo equipo y defender su honra, máxime cuando nos habían obsequiado con una trayectoria magnífica para colarse en esta Finalísima, para lo cual tuvieron, entre otros, que superar en las eliminatorias nada menos que a cuatro equipos de 1ª: Sporting de Gijón, Real Sociedad, Athletic de Bilbao y Racing de Santander, casi nada al aparato, sobre todo subrayó lo del Athletic, el tradicional Rey de copas, al que neutralizó en San Mamés en la ida, sacando un empate a cero, y venciendo en la vuelta por 2 – 1.

Aquel Subcampeonato para el Castilla, en coincidencia con el doblete que esa temporada consumó el Real Madrid, permitió un nuevo hecho insólito que no era otro que el que nuestro filial jugara en Europa en la siguiente temporada, concretamente la Recopa de Europa (antes existían tres competiciones europeas, la Copa para Campeones de Liga, la Recopa para Campeones de Copa, y la Copa de la UEFA). Y el Castilla, como es imaginable, no desentonó nada de nada. Eso sí, le tocó lidiar con un durísimo astado, el West Ham inglés, y seguí aquella eliminatoria por la radio con mucho interés, nuevamente porque sabía que era un hecho único e histórico y que era muy difícil que se repitiera en el futuro.

En la ida en el Santiago Bernabéu, el Castilla venció por 3 – 1, y en la vuelta quedó para la historia el resultado de 5 – 1 para los ingleses, aunque lo que tal vez muchos no recordarán es que el Castilla llegaría a forzar la prórroga en Londres, al registrarse al final de los noventa minutos el mismo resultado que en la ida.

En fin, aquel Castilla, esperemos que el nuevo pueda reverdecer viejos laureles, fue el estandarte de la que era la mejor cantera de fútbol de España sin lugar a dudas. Y aquella Final de la Copa del Rey del 80 se coronaría como la más rara de la historia, ¿o dónde se ha visto que ganador y perdedor posen sonrientes con la Copa a sus pies?

Creo que para rendir justo tributo a este legendario acontecimiento, a continuación relaciono a los protagonistas de aquella Final, muchos de los cuales, en ambos bandos, nos sonarán y nos traerán buenos recuerdos, a los que como yo, ya van pintando canas. Una colección de SEÑORES y nada comparado con alguna chusma que tenemos actualmente empezando por el tal Pepe:

• Real Madrid: García Remón, Sabido, Pirri, Benito, Camacho, Del Bosque, Stielike, Ángel, Juanito, Santillana y Cunningham. Jugarían también García Hernández y Roberto Martínez.
• Castilla: Agustín, Juanito, Herrero, Castañeda, Casimiro, Soso Gallego, Bernal, Álvarez, Pineda, Paco y Cidón. También jugarían Sánchez Lorenzo y Balín.

Goleadores: 1 – 0 (Juanito), 2 – 0 (Santillana), 3 – 0 (Sabido), 4 – 0 (Del Bosque), 4 – 1 (Álvarez), 5 – 1 (García Hernández), 6 – 1 (Juanito).

lunes, 12 de marzo de 2012

YO TAMBIÉN ESTOY DE ACUERDO CON IGNACIO BOSQUE

Se ha generado hace apenas una semana una agria polémica al hilo del informe que ha publicado el académico de la RAE Ignacio Bosque, a la sazón Catedrático de Lengua Española de la Universidad Complutense de Madrid, titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”; y de algún modo, es algo que yo esperaba que ocurriera tarde o temprano, es decir, que la RAE reaccionara hacia lo que yo entendía que era una intromisión de algunos organismos públicos en la lengua, intentando crear un lenguaje artificial, ajeno o dando la espalda a la gramática española que ha evolucionado a lo largo de los siglos.

O sea, seamos más precisos, no son pocas las ocasiones en las que uno puede enfrentarse a documentos, panfletos, discursos, carteles..., en los que se habla de “los trabajadores y las trabajadoras, o los compañeros y las compañeras, o los hombres y las mujeres”. A mí siempre me ha parecido muy forzado esto, básicamente porque yo en el colegio aprendí a que cuando se habla del genérico masculino plural se engloban los dos sexos, es decir, que cuando hablo de “mis padres” que es masculino plural, todo el mundo entiende que no tengo dos padres (hombres), sino un padre y una madre, es claro.

No resulta demasiado difícil buscarle las cosquillas a políticos, sindicalistas, feministas, etc., que utilizan este pseudo-lenguaje, cuando en alguna de sus plétoras comienzan con eso de “todos y todas” y semejantes giros lingüísticos, y acaban por cansarse de esa dualidad para terminar su alocución olvidándose de estos malabarismos y hablando llanamente como hablan en privado, porque estoy seguro de que los que propugnan este lenguaje artificioso no irán por ahí diciendo en el día a día “este domingo voy a comer con mi padre y mi madre”, o “tengo que recoger a mi hijo y mis dos hijas del colegio”, en vez de las expresiones naturales “este domingo voy a comer con mis padres”, y “tengo que recoger a mis hijos del colegio”.

Viene este informe a criticar y desmontar abiertamente la existencia de determinadas guías institucionales de lenguaje no sexista, que suponen un agravio hacia la lengua española y, en la mayoría de los casos, una auténtica barbaridad, porque como bien dice Ignacio Bosque, si tuviéramos que cumplir a rajatabla las directrices propuestas en estas guías, simplemente no se podría hablar.

El que más o menos me conoce sabe que me gusta mucho la lingüística, la lengua española, y que de haber nacido otra vez, seguramente habría estudiado Filología Hispánica, pero uno está preso de una sola vida y de sus circunstancias; no obstante, la realidad es que estos desdoblamientos forzados y forzosos del lenguaje me han parecido siempre una solemne soplapollez, igual que odio el lenguaje “sms”, y aquella práctica que se puso de moda hace unos años de juntar el género masculino y femenino con “@”, lo cual no dejaba de ser otra atrocidad a espaldas de nuestra gramática y que creo que, por fortuna, parece haber caído en desuso.

Es cierto que hay desigualdad en nuestra sociedad, es algo palpable e innegable, pero de eso a acusar a nuestro idioma de machista va un tramo. El esfuerzo que han de hacer las instituciones por visibilizar a las mujeres no debe enmarcarse en una lucha estéril por utilizar un lenguaje no sexista (como si el lenguaje entendiera de sexos), ha de tener actuaciones de mucho más calado social, por ejemplo, la necesaria equiparación de sueldos y la investigación taxativa de dónde se producen esos desequilibrios; también es una labor de mucho peso en las escuelas, donde como si de una asignatura transversal se tratase hay que propugnar que la igualdad entre hombres y mujeres sea efectiva y cierta.

El dar el paso hacia adelante con estas guías de escaso rigor, probablemente no participadas o elaboradas por filólogos, no tiene más sentido, así lo entiende Ignacio Bosque, que transformar el lenguaje público y hacerlo más alejado de la sociedad, porque, como he comentado más arriba, no me imagino al político de turno que dice “compañeros y compañeras” en un mitin, que en privado le pregunte a su secretario o secretaria, “¿cómo están tu padre y tu madre?”, o “¿cómo están tus hijos y tu hija?”, seguramente no optarán por esto y simplemente hablarán de forma natural sin artificios semánticos, por tanto, ¿quién se aleja más de la sociedad?, porque puestos a ser estrictos no llamemos al Colegio de Médicos de Jaén como tal, titulémoslo Colegio de Médicos y Médicas de Jaén, por si alguna mujer o cualquier otra persona no se antoja suficientemente visible en el genérico “médico” en el que se engloban ambos sexos.

O dándole la vuelta a la tortilla, no han pensado esas sesudas cabezas que han engendrado estas guías que hay un montón de palabras que tienen terminación femenina y que cubren a los dos sexos, sin ir más lejos, un buen número de profesiones: electricista, dentista, pediatra, terapeuta, taxista, osteópata, artista, futbolista, perista, esteticista (y socialista y comunista)...; tal vez, podrían haber sugerido que esas profesiones tuvieran su terminación masculina para evitar ambigüedades o confusiones, si es que ese es el problema.

Por otro lado, no se si estas guías, en las que tenemos los andaluces el dudoso honor de haber protagonizado algunas de ellas, es decir, que las hemos pagado, pretenden distanciarse de la RAE o parecer más modernas, cuando nuestra RAE tiene muchísimos canales de información y sus valedores están al pie del cañón para limpiar, fijar y dar esplendor. Y han apagado fuegos cuando ha hecho falta, y han eliminado acepciones de palabras que eran claramente machistas o que denigraban o ridiculizaban a algún colectivo.

¿O es que no son escritores de nuestro tiempo Antonio Muñoz Molina o Arturo Pérez- Reverte, ambos académicos de número de la RAE? Es que no me imagino a nadie que piense que Pérez Reverte es un ratoncito de biblioteca que no sale de su fortaleza, un tío que lo hemos visto quemándose el culo en todas las guerras habidas y por haber. Un escritor de éxito que no tiene pelos en la lengua y que gustará más o menos, pero dice lo que piensa. Por cierto que ha incendiado en estos días su cuenta de twitter (otro rasgo más de su cercanía social), acusando de “feminazismo” a este movimiento institucional que intenta cambiar las desigualdades de hombre y mujer a través del lenguaje.

Por cierto que la RAE no es una institución sólo de hombres, y académicas de renombre y de reconocida solvencia han suscrito el informe porque el idioma español no entiende estas tramas oscuras, así están de acuerdo Soledad Puértolas, Carmen Iglesias o Margarita Salas entre otras.

Como dice Ignacio Bosque y reproduzco textualmente sus palabras “...hay acuerdo general entre los lingüistas en que el uso no marcado (o uso genérico) del masculino para designar los dos sexos está firmemente asentado en el sistema gramatical del español, como lo está en el de otras muchas lenguas románicas y no románicas, y también en que no hay razón para censurarlo.”

Dicho esto, hagamos lo que tengamos que hacer para seguir construyendo una sociedad que efectivamente no es igualitaria y hay muchísimo camino por andar, pero hagámoslo donde debemos, en las aulas, en los parlamentos, en los medios de comunicación, en las calles, en los parques, en los bares..., pero dejemos quieto a nuestro idioma que bastantes patadas le damos ya, porque el lenguaje es apolítico, no sabe de ideologías y mucho menos tiene la capacidad de cambiar el mundo, ojalá fuera así.

Bien harían los ideólogos de esas guías y los políticos que las sustentan en cuidar que los patones ortográficos que a diario vemos o escuchamos en los medios de comunicación se redujeran a la mínima expresión, porque alguna parte de esta crisis que sufrimos también lo es cultural y de valores, y un mínimo porcentaje se lo lleva la mala utilización de este nuestro maltrecho idioma español.

lunes, 5 de marzo de 2012

"JUZGADO DE GUARDIA", CUANDO IMPARTIR JUSTICIA ES DE RISA

Tal vez una de las series más divertidas y populares de finales de los 80 fuera “Juzgado de guardia”, una comedia de situación que a eso de las 23.00 h., en la primera cadena de TVE, hacía las delicias de jóvenes y mayores por su esquema simpático, ingenioso, original y no exento de una cierta carga de ética y sentido común.

Por aquel entonces yo me hallaba estudiando en Granada y la estética de la acción, que lógicamente se desarrollaba en un juzgado, tenía clara relación con la formación académica que perseguía y perseguíamos (los integrantes del “piso de estudiantes”). Había varios personajes en la serie con unas características muy marcadas, aunque teóricamente el principal era el juez Harold T. Stone (Harry Anderson), al que de forma velada todos nos queríamos parecer, por su juventud, su socarronería, su buen humor y por su forma de afrontar la vida, siempre de forma sarcástica y jocosa, lo cual no le impedía impartir justicia con bastante, con mucha equidad.

La comedia discurría en un juzgado neoyorquino, en el distrito de Manhattan, que trabajaba en un horario poco habitual de tarde – noche, comenzando a una hora indeterminada que podía ser sobre las seis o siete de la tarde y extendiéndose en muchas ocasiones hasta la medianoche. Con las consabidas diferencias culturales entre Estados Unidos y España, el hecho de que el juzgado trabajara a deshoras casi podría ser equivalente a plena madrugada en España, porque a eso de las seis de la tarde la gente cena en Estados Unidos y no sale de sus casas (lo sé por propia experiencia), con lo que en la calle sólo se ven noctámbulos, jóvenes marchosos o gente de vida licenciosa.

Muchos de estos colectivos integraban la abigarrada fauna que visitaba este juzgado para dilucidar asuntos penales de poca monta generalmente y que el juez sentenciaba sobre la marcha, y no sólo eso, al calor del festival diario, también acudía un público de forma cotidiana que conformaba un auténtico carnaval. Toda esa fauna permitía un tremendo juego a los guionistas, aderezado como he dicho antes, por los personajes fijos de la serie que con sus marcadas personalidades y sus cuitas sacaban un enorme partido a lo que se cocía en los escenarios centrales de la serie: la sala de audiencias, el despacho del juez y los pasillos.

Fue una serie de notable éxito de la que llegaron a hacerse nada menos que 197 episodios de unos veintidós minutos de duración a lo largo de nueve temporadas. Nueve años (de 1984 a 1992) sacando rendimiento a un juzgado caótico y desatado.

El extravagante juez Harold T. Stone representando a la justicia aparecía como un personaje bromista, amigo de los trucos de magia, especializado en llevar corbatas estampadas muy llamativas y sombreros. Este actor zurdo (Harry Anderson), a buen seguro que encarnaba en el personaje parte de su carácter, porque siempre se le veía muy metido en el papel. Tenía en su despacho, aparte de libros de leyes, toda una serie de artilugios y artefactos para alegrar la vida a los demás y, por supuesto, un retrato de su ídolo musical Mel Tormé y un curioso armadillo disecado. Lo paradójico del juez es que en medio de ese aparente estado de ánimo hilarante y desenfadado, siempre tenía tiempo y oportunidad para sacar su lado serio y resolver los problemas judiciales o no que se ponían ante sí, con mucho criterio, ética y con una fundamental presencia de valores humanos.

El fiscal Dan Fielding (John Larroquette) es el representante del Estado, y también personifica al payaso “malo” de la serie, un ser mujeriego, materialista y egoísta, y en cierto modo, el más despreciable de todos los integrantes de esta serie; objeto de todas las burlas del resto. No obstante, en momentos críticos siempre sale de él un lado bueno que le reconoce como un ser más edificante que lo que aparenta y que utiliza una máscara de libidinoso y superficial por propia inseguridad, porque se siente más cómodo yendo de la otra manera por la vida. Quizá los creadores de la serie quisieron ironizar con el papel del Estado ante la ciudadanía, excesivamente implacable y ajeno a sentimientos.

Aunque la serie tuvo esas nueve temporadas comentadas, en la primera hubo personajes que desaparecieron en la temporada siguiente por diferentes circunstancias. Fue, en realidad, a partir de esa segunda temporada cuando se mantuvo el bloque de actores hasta el final. Así, la abogada defensora Christine Sullivan (Markie Post) es una dulce y atractiva mujer no exenta de ramalazos de carácter, que mantiene con el juez Harry a lo largo de las temporadas una tensión sexual no resuelta.

Otro de los que aparece a partir de la segunda temporada es el secretario del juzgado Mac (Charles Robinson), un cachondo funcionario de color (negro), bastante ordenado, con una indumentaria característica: coloridas camisas de cuadros de estilo leñador, con una rebeca de lana y corbata de este mismo tejido de la que tapa su final por debajo del cinturón. Uno de los personajes secundarios de la serie es su mujer Kwong Lee a la que conoció en la Guerra del Vietnam, y que también proporciona juego a lo largo de varios episodios (legalización, matrimonio, maternidad, negocios...).

Con diferencia el personaje más simpático y arrebatador de la serie es el alguacil Bull Shannon (Richard Moll), un tipo de más de dos metros, completamente rapado con cara de poco avispado y mentalidad infantil, es el auténtico niño de la serie en proporción inversa a sus monumentales dimensiones. Incapaz de entender los dobles sentidos es, sin embargo, muy lúcido y erudito en temáticas raras. Como no puede ser de otra manera, su corazón es enorme y noble, y suele ser el abogado de las causas perdidas.

Siempre se acompañó Bull en la serie por una alguacil que en las primeras dos temporadas tuvo a dos veteranas actrices protagonistas, una era Selma que estaría dos temporadas y otra Florence, en la tercera. Ambas fumadoras empedernidas morirían de cáncer de pulmón, con lo que se habló en los primeros años de Juzgado de guardia de la maldición que se ceñía sobre la serie y sobre este personaje de la alguacil. En la cuarta temporada se incorporaría Roz Russell (Marsha Warfield) una oronda negra, seca y ruda (mucho más joven que sus predecesoras para no tentar la suerte), antagonista en su percepción de la realidad de Bull, pero también con su lado tierno, sensible y melifluo.

Hubo muchos personajes secundarios a lo largo de las nueve temporadas, los que recuerdo sobre todo son a Art, el encargado de mantenimiento de los juzgados, un individuo rústico, algo relajado en la propuesta de soluciones a los problemas infraestructurales del juzgado pero que al final termina dando con la tecla aunque eso genere no pocos disgustos en los personajes principales. Igualmente también estaba por ahí Phil, un hombre de mediana edad algo desaliñado que idolatra a Dan Fielding y que está dispuesto a lo que sea para ganarse su amistad, aunque Dan no deje de aprovecharse de él.

Con toda esta plétora actoral salía un delicioso menú que cada semana nos agradaba por su frescura e ingenio. Al estilo de los sitcom siempre tenía una trama central y luego un par de subtramas, que unido a la corta duración de cada episodio, permitían un montaje ágil de las historias y un desenlace sencillo, desenvuelto y claro; en la mayoría de las ocasiones trascendía un mensaje moral al final.

Aunque recuerdo que a finales de los 80 vi muchos episodios, ha sido ahora cuando he visto la mayor parte vía Internet, gracias al trabajo de algún alma piadosa que los capturó tras la reposición que Cuatro hizo en la madrugada de los sábados hace cuatro o cinco año. Parece ser que las últimas dos temporadas no las emitió y me he quedado pendiente de verlas, por dilucidar cómo terminaban algunas cuestiones que quedaron siempre en el aire en la serie.