lunes, 27 de febrero de 2012

"LOS GALLOS DE LA MADRUGADA" Y EL CINE DE PACO LEIVE

Pensar en las veces que fui al cine cuando era pequeño, me obligan a remontarme hace muchísimos años, a una época en la que los cines como tales estaban en todo su apogeo; en Linares habría no menos de diez salas entre los de verano e invierno. Recuerdo con especial ilusión aquellas calurosas noches de verano en que mis padres nos llevaban a ver una película de Cantinflas o de Manolo Escobar (antes eran muy populares, hoy no sería capaz de verlas ni diez minutos), al cine Córdoba, al Roselly, al Mosquito, al Plaza de Toros..., con el bocadillo a cuestas y la botella de agua del grifo (nada de aguas minerales, que eso son inventos modernos).

También recuerdo unos héroes que hacían furor entre los niños de mediados de los 70, “los tres superhombres”, unos habilidosos y musculados saltimbanquis que luchaban contra el mal por medio mundo (hasta tenía un traje de estos personajes); por supuesto, tuve oportunidad de revisar estas películas hace un par de años y son poco menos que cutrecillas.

Y en mi imaginario particular, rememoro con mucha añoranza las largas temporadas en Begíjar, en verano pasábamos prácticamente de junio a septiembre, y allí también había cine, el cine de “Paco Leive”. Por esas suertes del destino, este hombre resultaba ser familia de mi padre (ahora mi padre me ha confirmado que familia lejana), pero el caso es que a mi hermano y a mí nos dejaban entrar de gorra siempre que queríamos, y yo creo que hubo algunos años en que no nos perdíamos ninguna película de “estreno”, calculo que vendrían con algunos meses o años de retraso y Paco Leive las mantenía en cartelera dos o tres días, lo justo para que todos los aficionados begijenses pudieran verlas, de hecho, allí también echaron “los tres superhombres” y junto con mis primos hicimos nuestra propia versión en el patio de mi abuela.

Seguro que vi muchas películas en el cine de verano de Paco Leive, en el de invierno que estaba justo al lado menos, pero siempre he tenido grabada en mi memoria las escenas de una película que me impactó y que van ligadas a mis recuerdos de aquel cine de verano begjjense: una mujer muerta en la playa, un vendedor ambulante y dos actores fácilmente reconocibles, Concha Velasco y Fernando Fernán Gómez. Hace apenas unas semanas me propuse averiguar de qué película se trataba, y la verdad es que no me fue nada difícil dar con ella. Aprovecho para comentar que hay una magnífica página web de cine, que yo diría que es la mejor en lengua castellana, se trata de www.filmaffinity.com.

No tuve más que repasar en los resultados de su buscador interno las películas que habían protagonizado conjuntamente ambos actores y ver un poco de su argumento para saber que era esa la película, “Los gallos de la madrugada” de José Luis Sáenz de Heredia, sí el mismo, ese director de cine del régimen que dirigió “Raza”, con guión escrito al parecer por Franco, y director también de algunas de esas mamarrachadas que protagonizó Paco Martínez Soria y que como droga sistemática (opio del pueblo), TVE sirve y administra con regularidad, para asilvestrar las mentes, los sábados por la tarde en el deleznable “Cine de barrio”.

Se ve que a este hombre, en las postrimerías de su carrera, en 1971, le dieron un poco de manga ancha, ya que cuenta la historia de una muchacha ligerita de cascos que tiene un trágico final, al acabar asesinada en la arena de una playa almeriense. No, no destripo el final por si alguien quiere verla, pues tan fatídico desenlace es lo primero que se ve en la película, y en el desarrollo de la misma se cuenta la historia de la señorita, sus andanzas, y las pesquisas para averiguar quién la mató.

Por la fecha de la película esta sería una de las que Paco Leive traía a su cine con dos o tres años de retraso, básicamente porque en 1971 yo apenas estaba empezando a hablar. Puedo recordar o imaginar que era de esas para mayores de 18 años (el componente erótico era mínimo, salvo lo que cada cual pudiera imaginarse), pero no recuerdo que eso se tuviera muy en cuenta para impedirnos a mi hermano y a mí el acceso al cine.

La película no es para tirar cohetes, es mediocre, aunque tiene detalles, la fotografía está muy bien trabajada, ambientada en la costa almeriense y la sola presencia de Fernán Gómez, aunque con un personaje que no le encaja, es siempre sobresaliente. El daño o defecto de la película es que mezcla de forma un tanto surrealista y en una misma escena el tratamiento de aspectos trágicos con tonos o comentarios ingenuos y cómicos, de algún modo, se satiriza la muerte y eso deja cojo el esquema del filme.

Aparte de que el metraje deja un poso de cierto machismo o más bien de velada culpabilidad de la mujer por ser como es; me recuerda, del mismo modo, no sé si Sáenz de Heredia se inspiraría en ella, a la cinta francesa que data de 1960, “Y Dios creó a la mujer”, la ópera prima del cineasta Roger Vadim, que encumbró a Brigitte Bardot como mito erótico de los sesenta. En esta producción ocurre lo mismo que en la película española, desarrollada en las playas de Saint Tropez, trata de una mujer rompecorazones que enamora a todos y que genera luchas y celos entre los hombres que se relacionan con ella, sólo que el final no es trágico y la Bardot es rubia.

martes, 21 de febrero de 2012

OSAMU KITAJIMA, LA FUSIÓN DE LOS EXTREMOS

Nos queda un poco inalcanzable el Lejano Oriente, al igual que a los de aquellas tierras les supone también que con respecto a Occidente nos separan algo más que miles de kilómetros, hay también mucha distancia cultural.

No son pocos los músicos orientales que han venido a Europa o América del Norte para dar a conocer sus creaciones y a beber de las fuentes de la cultura musical occidental. Sin embargo, son escasos los artistas como el que hoy traigo a colación, los que han fusionado de forma más acertada ambos extremos del mundo a través de la New Age. Se trata del nipón Osamu Kitajima del que se ha dicho que encarna la armonía entre Oriente y Occidente de forma inimitable, igualmente que inspira lo moderno y lo antiguo a la par.

Osamu es, por suerte, mucho más que eso; llega a Gran Bretaña en 1971 con apenas treinta años, después de haber formado parte de varios grupos de rock en su Japón natal, y tras haber tenido una sólida formación musical y humanística en la prestigiosa Universidad de Keio, una de las más antiguas de su país.

Sus primeros trabajos fueron para la televisión haciendo algunas sintonías para anuncios y programas de televisión (el más conocido Battlestar Galactica), y haciéndose poco a poco con su propio estilo y siendo cada vez más reputado por sus trabajos individuales.

Pero a Kitajima le faltaba más y volvería otra vez a su tierra natal durante tres años para ahondar en la música tradicional japonesa y ya sí, con este bagaje, proponer un sello singular que le ha hecho un nombre que aún resalta en los círculos, siempre restringidos, de estas músicas.

Reconocido como compositor, productor y multi-instrumentista algunas curiosidades acontecen en la vida artística de este personaje, para empezar llegó con reticencias a Occidente y al inicio de su carrera se presentaba como Justin Heathcliff, fue una manera de renegar de sus orígenes o tal vez parecer algo más anglosajón, y se ve que al poco tiempo rectificó para recuperar su nombre y sus raíces, y a partir de ahí siempre se ha hablado de Osamu Kitajima como un fabuloso autor de música melódica. Por otro lado, en buena parte de las referencias que se encuentran en la Red se hace llamar Doctor, el Dr. Osamu Kitajima, una especie de encumbramiento personal para mostrar la trascendencia de su trabajo.

Lo que destaca por encima de todo en los trabajos de este compositor es la fusión musical de culturas contrapuestas, y lo hace de forma muy gráfica, toma instrumentos musicales asiáticos en muchas de sus composiciones para filtrar en ellos melodías modernas, no sólo New Age que podría considerarse unas composiciones suaves y no invasivas, también y esta es la novedad, llega hasta la música electrónica, el pop-rock o el jazz. Uno no es un experto en música asiática, pero nos evoca Kitajima sonidos de Japón, de China o de India, es posible que algún otro país, pero mi limitada cultura melódica no me da más.

Del mismo modo, nos trae sintonías modernas mezcladas con algún piano que puede evocar a algún compositor clásico, una experiencia que merece la pena experimentar por su lucidez.

Al poco tiempo de estar en Gran Bretaña se trasladó a Estados Unidos, siempre lo he comentado, la cuna de la New Age, y allí lleva afincado hace tres décadas en su estudio de California (en Woodland Hills) donde opera, como si fuera la sede de una agencia espacial, los proyectos que sacará al mercado; es su fuente de inspiración, un lugar que rezuma tranquilidad y concentración. Su espectro musical es amplio pero su sello fidedigno. Precisamente allí trabaja con uno de sus colaboradores más reconocidos, Chris Mancinelli, productor y compositor, el que con toda seguridad le dio el auténtico empujón en las nuevas tecnologías.

Y efectivamente ahí está el bagaje contemporáneo de Kitajima, amén de la irrupción de instrumentos musicales orientales, su día a día son sintetizadores, baterías electrónicas, ordenadores y también mucha presencia de guitarra y bajos eléctricos.

Lo mejor que dicen los que hablan bien de su música es que es difícil de explicar con palabras, es para sentarse, escucharla y disfrutar; pues no puede ser mejor recomendación para acabar este mínimo homenaje a tan excelso músico, que procuren escuchar algo de él.

martes, 14 de febrero de 2012

"ENCICLOPEDIA DE LA IGNORANCIA", DE KATHRIN PASSIG Y ALEKS SCHOLZ

¿Qué quedó de aquella célebre frase “¡Que invente ellos!” pronunciada por Miguel de Unamuno hace casi un siglo? Pues ese aserto que, de algún modo, tenía como fin el poner de relieve que la investigación en España era poco menos que una realidad marginal, vuelve a cobrar actualidad, si es que alguna perdió vigencia, porque en este período crítico a nivel económico y social, se prescinde de nuestros investigadores, un fabuloso valor que ha costado mucho dinero y esfuerzo formar, que dejan investigaciones de gran calado paralizadas y lo que es peor, que se largan con toda razón, yo haría lo mismo, a otros países donde si gozan de las oportunidades que se les niegan en su propia casa.

Y he leído hace bien poco, no recuerdo dónde, que alguien hacía una reflexión muy sesuda sobre la investigación y la capacidad de liderazgo de una nación, y decía algo así como que los países que invierten en investigación no hacen precisamente eso porque son más ricos, sino justo lo contrario, son más ricos porque invierten en investigación. Y sí, por eso Alemania está a la cabeza de Europa y, huelga decir que sufriendo menos que nosotros la crisis, precisamente porque entre otras bondades, apuestan por la investigación.

Una investigación justamente pagada, es decir, muy bien pagada, pero porque da sus frutos económicos a corto, medio o largo plazo. Quizás el problema de nuestro país es que somos cortoplacistas, de eso nuestros políticos saben bastante, y si no hay resultados en cuatro años (una legislatura), pues la cuerda se rompe por la parte más débil. Por cierto, que uno de los seguidores de este blog, mi buen amigo Nacho Molina trabaja en el Instituto Max Planck en Múnich realizando investigaciones al hilo del colisionador de hadrones que el CERN tiene en Ginebra y es la más pura expresión de que hay un abismo por desgracia insalvable entre España y Alemania.

Y bueno, este no era un articulillo para hablar de lo mal que estamos en España y de cómo están por ahí, pero sí que venía a colación esta reflexión porque hace un par de semanas terminaba este libro, escrito por dos periodistas científicos alemanes, ¡qué curioso!, y en él nos narran unas cuarenta investigaciones que se desarrollan en la actualidad, algunas desde hace mucho tiempo y que a día de hoy no están resueltas, es decir, hay campo por explorar. Al final del libro viene una bibliografía y podrán aparecer más de doscientos investigadores, científicos, especialistas y divulgadores y... ninguno es español, así nos va.

Es de lectura amena y está escrito con un cierto tono jocoso, pues algunas de las investigaciones no pasan de ser un poco “absurdas”, pero vienen a reflejar ante todo que hay muchos elementos y acciones que nos rodean de los que no se sabe todo y se sigue explorando.

Investigaciones tan poco productivas como puede ser el porqué bostezamos, sí, por qué lo hacemos en un contexto social o por qué se “contagia” el bostezo, pueden darnos la idea de que hay gente “pa tó”, y que no tienen otra función más relevante en esta vida que atajar un misterio que de resolverse tampoco tendría una gran utilidad.

Pero esto sería coger el rábano por las hojas, hay otras muchas investigaciones que nos muestran que son un ejemplo de líneas de estudio inacabadas, que de culminarse sí que supondrían un avance para nuestra sociedad, para curar enfermedades, para hacerla más fácil e incluso para entender mejor el mundo que nos rodea, que no es moco de pavo.

Se plantean estos dos autores a la hora de emprender este proyecto que, de algún modo, puede que el lector se sienta con algo de desasosiego al ir avanzando en sus páginas, porque al fin y al cabo se exponen toda una serie de hitos sin resolver. Es como el mundo al revés, al terminar el libro se sabe menos que antes de leerlo, pero como ellos dicen, con un nivel muy elevado.

Del mismo modo, ellos mismos introducen su libro con una certera reflexión, pues escribir sobre hechos que no tienen resolución ahora mismo, implica que pueda perder su vigencia en unos años, dado que es probable que se encuentren explicaciones plausibles a lo que ahora mismo se desconoce. Ellos enfrentan esto con la posibilidad de que este mismo libro se hubiera escrito hace cien años, si hoy lo leyéramos nosotros mismos nos reconoceríamos como unos eruditos, pues la ignorancia de hace un siglo hoy sería, en muchos casos, un conocimiento absoluto.

Lamentablemente en este mundo se habla más de lo que se sabe y mucho menos de lo que no se conoce y en el conocimiento de lo inexplorado está muchas veces la clave del éxito científico. Lo que tal vez mi amigo Nacho no sepa es que su mentor espiritual Max Planck, tuvo la suerte de ahondar en lo desconocido, en lo ignorado, pese a que su maestro, el físico Philipp von Jolly le aconsejó no estudiar física porque le dijo que estaba todo prácticamente descubierto y que apenas quedaban unos pocos huecos por rellenar. Por suerte, Planck desoiría esa recomendación y se convertiría en el padre de la física cuántica.

No quiero hacer una exposición ni una lista de los temas de que trata el libro, sólo daré un pequeño aperitivo, pues como digo, la lectura es muy amena y no quiero desvelar mucho más para aquel que se quiera adentrar en su exégesis.

¿Alguien sabe que el agua caliente se congela más rápido que el agua fría?, ¿y la curva de Laffer se cumple realmente?, ¿dónde está la clave de la estatura del ser humano?, ¿sabremos alguna vez cómo funciona la tectónica de placas?, ¿cuándo conoceremos todos los entresijos que tiene un acto tan natural como el sueño?

Y mientras tanto seguiremos con una cierta lejanía, cómo nutridos grupos de investigadores (fuera de España), dan con las claves para curar el resfriado. Mientras tanto será la enfermedad más común del mundo y sin medicación específica, o para ser exactos, con medicación el resfriado dura siete días y sin medicación una semana.

martes, 7 de febrero de 2012

SUMO, UN DEPORTE DE DIOSES (III)

Bienvenidos a mi entrega anual dedicada a uno de los deportes que sigo con más interés, el sumo. Un deporte que algunos desconocerán, otros de pasada y tal vez muchos pensarán que se trata de una disciplina un tanto friqui que practican unos japoneses gordinflones vestidos con un taparrabos. Ideas aparte de cada cual, tiene este deporte muchas más complejidades que el sucinto concepto que se tiene habitualmente.

El pasado año por estas fechas llegaba esta entradilla en un momento delicadísimo para este deporte, se había destapado una trama de combates amañados que hacía tambalear las estructuras del sumo profesional. Los japoneses son sumamente hábiles para superar las adversidades, ya se ha visto que en poco menos de un año han resuelto la crisis del fortísimo terremoto de marzo, y hasta su economía ha crecido por encima de las previsiones. En el sumo también se ha superado el tremendo bache en el que se había sumido, y lo han hecho al más puro estilo nipón, de forma ordenada, sin aspavientos, tratando de pasar página lo más pronto posible y con mínimas protestas de los damnificados.

Sí porque en unos dos meses se investigó, analizó y sentenció; el supuesto amaño de combates concluyó con la suspensión definitiva de una veintena de luchadores, la mayor parte de las dos categorías principales (como 1ª y 2ª división en el fútbol) y, por tanto, bastante populares. Pues ya está, los indemnizaron, los mandaron a su casa y prácticamente ninguno dijo esta boca es mía, y si lo han dicho la verdad es que se ha silenciado bastante.

Así que el torneo del mes de marzo de 2011 no se celebró (hay seis torneos al año de quince días de duración cada uno) y el de mayo fue denominado de examinación, no era oficial, aunque sí valedero para subir o bajar en el ranking (banzuke) de cara al siguiente torneo oficial el Nagoya Basho que se celebraría en julio.

Igualmente dejaba el pasado año la situación a nivel deportivo con el dominio abrumador del gran yokozuna mongol Hakuho que por su capacidad y juventud está haciendo méritos para ser el mayor luchador de sumo de los últimos cien años, y eso es mucho decir para un deporte ancestral como este donde compiten tantísimos luchadores.

Ya he repetido en alguna ocasión que a las fabulosas cualidades de Hakuho se une el declive de aficionados y practicantes en Japón. Existen buenos sumotoris, pero no una o varias grandes figuras nacionales, que son las que siempre han tirado del carro del público y este de ellos, porque no en vano compiten en casa.

No obstante, el tipo lo mantienen otros luchadores extranjeros que son los que comenzaron a llegar como una legión más o menos a inicios de la pasada década y han ido escalando rápidamente, superando con relativa facilidad las divisiones inferiores, repletas de mediocres aunque nobles luchadores japoneses, para auparse a las dos categorías profesionales, makuuchi y juryo. Hay varios mongoles, dos rusos, tres georgianos, dos búlgaros, un estonio, un checo, un medio surcoreano, un medio filipino y un brasileño..., casi un 40% de los luchadores de las dos grandes categorías no es oriundo de Japón, ahí es nada.

El año pasado la situación era clara, Hakuho arrasaba; aparte de un montón de victorias seguidas, casi estuvo a punto de batir el récord de imbatibilidad, llevaba un año ganando todos los torneos, seis consecutivos hasta que llegó la parada “técnica” para aclarar lo de los amaños. El de examinación lo ganó con menos contundencia que en las citas precedentes. De algún modo, esa podía ser una señal de que o el mongol había flojeado ligeramente o que sus rivales apretaban por detrás, yo creo que ambas cosas.

En el primer torneo oficial, el de julio, se llevaría el título Harumafuji, un liviano luchador mongol, muy técnico que fue judoka antes de entrar en este deporte. En los últimos dos torneos del año volvería a ejercer el control Hakuho.

Con el 2012 ha llegado una buena noticia, al tradicional imperio de luchadores mongoles que se extiende de forma más o menos persistente en la última década, por primera vez ha ganado un torneo el luchador estonio Baruto (y la segunda vez que lo gana un europeo, la primera fue el búlgaro Kotooshu hace casi tres años), un antiguo portero de discoteca en su país, del que se preveía que podía ser más pronto que tarde un serio aspirante a zarandear el trono de Hakuho. El europeo tiene muchos seguidores (y seguidoras) en Japón, por sus exóticos rasgos y porque es rubio, algo que a la hora de ingresar en el sumo generó algunos problemas, ya que no encajaba en los cánones de esta lucha tradicional japonesa un cabello tan distinto a los demás, porque se pretende que todos los luchadores tengan una apariencia que no se salga de unas normas básicas y evidentemente no escritas. Habrá que estar a la expectativa porque para ser yokozuna hay que vencer dos torneos consecutivos con el rango de ozeki, y Baruto (su verdadero nombre es Kaido Hoovelson) tendrá esa posibilidad en la mano en el próximo torneo de marzo, aunque el actual yokozuna se lo va a poner muy difícil.

Tampoco ha estado mal el balance de este año para los luchadores japoneses, aunque a mediados de 2011 llegó una noticia que aun siendo esperada, no dejaba de ser triste, y no era otra que la retirada del gran luchador Kaio a punto de cumplir los 39 años, que lo hizo en el torneo de julio en el rango de ozeki (el segundo en el escalafón); aunque nunca pudo alcanzar el máximo grado, se fue con unos fabulosos números, entre ellos el haber ganado más combates en la división principal y ser hasta ese momento, pese a su edad, el luchador nacional más alto en el ranking.

No obstante, y casi como si se hubiera obrado un efecto resorte, el hecho de que no hubiera ni un solo japonés en el segundo rango, provocó un reforzamiento de las posibilidades de un par de jóvenes sumotoris bastante pujantes. Para acceder al rango de ozeki normalmente hay que ganar treinta y tres combates de cuarenta y cinco en tres torneos seguidos. Kotoshogiku lo logró esa cifra y en noviembre fue ascendido a ozeki, se trata de un luchador muy batallador y resistente. También lo lograría un torneo más tarde Kisenosato, la eterna promesa del sumo japonés, un tanto irregular, pero que a base de tesón, fuerza y técnica parece que ha encontrado el camino para ser más sólido y constante. A mí me gusta más este último, creo que tiene más condiciones para ser yokozuna que el otro.

En medio de todo esto, el público japonés y los que amamos este deporte estamos atentos a otros jóvenes luchadores que ascienden con rapidez, o lo que es lo mismo que tienen un impresionante balance de victorias sobre derrotas. Así, habrá que estar atentos, entre otros, en los próximos meses a Miogryu, Chiyotairyu, Tatsu y, sobre todo, un sorprendente hasta ahora Sakumayama que sólo lleva cuatro torneos, en cada uno ha ido superando una categoría y hay seis, y sólo ha perdido un combate hasta ahora; en el próximo torneo previsiblemente accederá a la segunda categoría (juryo), donde empieza lo duro, los luchadores considerados profesionales. Estaremos al hilo asumiendo que también ha habido sumotoris que prometían todo y que cuando llegan arriba se deshacen como azucarillo en el café.