martes, 21 de febrero de 2012

OSAMU KITAJIMA, LA FUSIÓN DE LOS EXTREMOS

Nos queda un poco inalcanzable el Lejano Oriente, al igual que a los de aquellas tierras les supone también que con respecto a Occidente nos separan algo más que miles de kilómetros, hay también mucha distancia cultural.

No son pocos los músicos orientales que han venido a Europa o América del Norte para dar a conocer sus creaciones y a beber de las fuentes de la cultura musical occidental. Sin embargo, son escasos los artistas como el que hoy traigo a colación, los que han fusionado de forma más acertada ambos extremos del mundo a través de la New Age. Se trata del nipón Osamu Kitajima del que se ha dicho que encarna la armonía entre Oriente y Occidente de forma inimitable, igualmente que inspira lo moderno y lo antiguo a la par.

Osamu es, por suerte, mucho más que eso; llega a Gran Bretaña en 1971 con apenas treinta años, después de haber formado parte de varios grupos de rock en su Japón natal, y tras haber tenido una sólida formación musical y humanística en la prestigiosa Universidad de Keio, una de las más antiguas de su país.

Sus primeros trabajos fueron para la televisión haciendo algunas sintonías para anuncios y programas de televisión (el más conocido Battlestar Galactica), y haciéndose poco a poco con su propio estilo y siendo cada vez más reputado por sus trabajos individuales.

Pero a Kitajima le faltaba más y volvería otra vez a su tierra natal durante tres años para ahondar en la música tradicional japonesa y ya sí, con este bagaje, proponer un sello singular que le ha hecho un nombre que aún resalta en los círculos, siempre restringidos, de estas músicas.

Reconocido como compositor, productor y multi-instrumentista algunas curiosidades acontecen en la vida artística de este personaje, para empezar llegó con reticencias a Occidente y al inicio de su carrera se presentaba como Justin Heathcliff, fue una manera de renegar de sus orígenes o tal vez parecer algo más anglosajón, y se ve que al poco tiempo rectificó para recuperar su nombre y sus raíces, y a partir de ahí siempre se ha hablado de Osamu Kitajima como un fabuloso autor de música melódica. Por otro lado, en buena parte de las referencias que se encuentran en la Red se hace llamar Doctor, el Dr. Osamu Kitajima, una especie de encumbramiento personal para mostrar la trascendencia de su trabajo.

Lo que destaca por encima de todo en los trabajos de este compositor es la fusión musical de culturas contrapuestas, y lo hace de forma muy gráfica, toma instrumentos musicales asiáticos en muchas de sus composiciones para filtrar en ellos melodías modernas, no sólo New Age que podría considerarse unas composiciones suaves y no invasivas, también y esta es la novedad, llega hasta la música electrónica, el pop-rock o el jazz. Uno no es un experto en música asiática, pero nos evoca Kitajima sonidos de Japón, de China o de India, es posible que algún otro país, pero mi limitada cultura melódica no me da más.

Del mismo modo, nos trae sintonías modernas mezcladas con algún piano que puede evocar a algún compositor clásico, una experiencia que merece la pena experimentar por su lucidez.

Al poco tiempo de estar en Gran Bretaña se trasladó a Estados Unidos, siempre lo he comentado, la cuna de la New Age, y allí lleva afincado hace tres décadas en su estudio de California (en Woodland Hills) donde opera, como si fuera la sede de una agencia espacial, los proyectos que sacará al mercado; es su fuente de inspiración, un lugar que rezuma tranquilidad y concentración. Su espectro musical es amplio pero su sello fidedigno. Precisamente allí trabaja con uno de sus colaboradores más reconocidos, Chris Mancinelli, productor y compositor, el que con toda seguridad le dio el auténtico empujón en las nuevas tecnologías.

Y efectivamente ahí está el bagaje contemporáneo de Kitajima, amén de la irrupción de instrumentos musicales orientales, su día a día son sintetizadores, baterías electrónicas, ordenadores y también mucha presencia de guitarra y bajos eléctricos.

Lo mejor que dicen los que hablan bien de su música es que es difícil de explicar con palabras, es para sentarse, escucharla y disfrutar; pues no puede ser mejor recomendación para acabar este mínimo homenaje a tan excelso músico, que procuren escuchar algo de él.

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