sábado, 26 de marzo de 2016

"PERSONA", DE INGMAR BERGMAN

Tenía esta película ocupando un espacio en mi estantería desde hace ya unos años y, por fin, me decidí hace unos días a visionarla, esta que es considerada una clásica entre las clásicas.

Ingmar Bergman se posiciona como uno de los cineastas más influyentes del siglo XX, su celebrada cinta «El séptimo sello» ya supuso en la década de los 50 una pequeña revolución cinematográfica y cultural, algo no visto hasta ese momento: historia, filosofía, surrealismo..., todo se podría resumir haciendo una forzada reducción al absurdo en la escena en la que la muerte juega al ajedrez, curiosa forma la de interpretar nuestro destino, que tristemente es no pocas veces caprichoso.

En «Persona», producción de 1966, Bergman nos sigue asombrando con una propuesta que es arriesgada para su tiempo, tanto que aun hoy nos parecería una osadía. Es una película que nos va pulsando la fibra sensible, nos conecta y desconecta sucesivamente de sensaciones diversas y encontradas a la vez: la alegría, la tristeza, el amor, el sexo, el desasosiego, la amargura o la muerte.

Del mismo modo, tampoco desea este genial director sueco que sepamos qué es lo que nos depara la escena siguiente, no es nada previsible, pretende jugar con el espectador; esto hace que te mantenga la emoción a lo largo del recorrido del metraje; es, de algún modo, como si caminaras por una calle y doblaras la esquina sin conocer qué sorpresa te viene encima.

Con un inicio un tanto surrealista, la puesta en escena de la historia es en apariencia absolutamente mundana, una actriz de teatro, Elizabet Vogler (Liv Ullmann) que sin problemas físicos ni psíquicos ha decidido no hablar y aparece postrada en una cama de un sanatorio. A esta le será asignada una enfermera, Alma (Bibi Andersson) que comienza a hablarle, en una relación que en principio es como un frontón.

Ya de primeras, observamos el primer mensaje de Bergman, el escenario es sobrio y la decoración prácticamente inexistente. Nos está queriendo anunciar con claridad que lo sustancial es el espíritu de sus personajes y sus emociones, el ambiente podría haber sido el que es u otro, pero no es especialmente relevante, nada que pueda desviar nuestra atención de lo trascendente.

Alma irá poco a poco abriendo su corazón y su amistad, en lo que se sospecha de inicio una relación complementaria, simbiótica y fructífera para la curación emocional de Elizabet, que incluso favorecerá que ambas dejen el sanatorio para ir a una relajada casa en la costa; pasará con audacia, casi sin que nos demos cuenta, a ser una relación parasitaria. Alma empezará a afectarse del terrible derroche emocional que supone hablar de ella misma, se despojará poco a poco de las varias cruces que tiene que soportar. Ala postre experimentaremos la sensación de que ambas son, en algún momento, parásitas de la otra y también de sí mismas, como si estuvieran atrapadas en un ser que no les pertenece.

Con esa suave evolución, habrá un momento en que Alma cambiará y comenzará a ser más Elizabet, a conocerla, a hablar como ella, a ser ella. Es, del mismo modo, cuando la película se pliega hacia un ambiente irreal, que ya cerca del final es más surrealista. Y al final queda nada..., de algún modo, este concepto de «nada» define el desenlace de la película que, como siempre, no deseo desvelar.

Las imágenes del principio y del final, fotografías sin relación aparente (alguna realmente sorprendente y censurada en algún momento y país), alguna escena que no encaja en la película, una música, una radio, una televisión..., son notas que Bergman pretende encajar en un puzle complejo, que más allá de su interpretación individual, nos hace observar la terrible sordidez que puede suponer la existencia humana para algunas personas.

Las interpretaciones de las dos actrices permitieron la excelencia y mítica de esta película. Bibi Andersson está formidable, en ella se soporta el peso de este atrevido proyecto cinematográfico, sus gestos, su belleza contenida, su espíritu, se ponen al servicio de un guión que ella asume en más de un noventa y cinco por ciento, referido al texto de la película.

Por su parte, Liv Ullmann está también genial, si la película tiene valor y belleza es porque Ullmann se desnuda como una Elizabet Vogler real, atormentada, sin deseos de vivir, pero a la vez con una mezcla extraña de esperanza y desazón.

Todo un clásico de los cineclubs contemporáneos, del que se puede sacar mucha esencia, que ha dado centenares de interpretaciones, y ahí está el valor de esta película, que si la volviéramos a ver repetida, seguro que vendrían a la mente otras sensaciones, detalles que tal vez en un primer visionado podrían pasar desapercibidos. Multitud de símbolos que, cada cual de forma independiente, nos permiten abrir nuevos espacios para el diálogo.

Como últimamente hago, si este mundo global lo facilita, he visto «Persona» en versión original, es decir, en sueco, con los subtítulos en español. Una forma de ver películas que recomiendo a todo el mundo, porque no se pierde ni un gramo de la esencia verdadera con la que el director quiso inyectarla.

domingo, 20 de marzo de 2016

PACO COSTAS Y "LA SEGUNDA OPORTUNIDAD", ESA QUE MUCHOS NO TUVIERON

Creo que es la primera vez que en este blog hago referencia a la conducción y a los coches. Antes de nada, como casi todo hijo de vecino, pues tengo mi carnet de conducir y mi coche, y poco más, es decir, que conduzco por obligación y por la necesidad de una sociedad que te lo exige y ya está; no soy un apasionado, no gozo especialmente conduciendo y aparte de todo, soy consciente de que la conducción de un vehículo es una enorme responsabilidad que está sujeta a innumerables riesgos que a veces uno no puede controlar.

Yo siempre intento, y cada día más con la madurez y bagaje que uno tiene, que el acto de la conducción esté plagado de prudencia. Intento no conducir de forma autómata porque la confianza en una vía que conoces, la relajación que puede implicar, no es una buena consejera. Cada día soy más prudente y me monto en mi coche imponiéndome a mí mismo la obligación de estar absolutamente atento a la conducción, con todos los sentidos alerta.

No obstante, y por muy prudente que uno sea, la conducción es en sí misma una actividad de riesgo para el ser humano, mucho más que montar en un avión, medio de transporte al que el personal suele tenerle un cierto canguelo, cuando las cifras, ya no sólo de accidentalidad, sino de incidencias, permiten concluir que es el medio de transporte más seguro que existe, por más que los accidentes que ocurren, rara vez, ocupen portadas y cabeceras de informativos, por la tragedia colectiva que suponen. El ir en coche tiene tanto riesgo que no hay que mirar al último viaje que hiciste, donde probablemente no tuviste incidencia alguna y llegaste a tu destino sin novedad, pero realmente ¿has pensado en los sustos que has tenido a lo largo de tu vida?

El que más o el que menos el susto lo ha tenido alguna vez, y en ocasiones sin comerlo ni beberlo. Si estás en este punto es porque vives para contarlo, aunque sea con mermas físicas, otros no tuvieron la misma suerte. Aparte de esos sustos que cada cual hemos tenido, luego está el reiterado drama de la muerte en las carreteras. Yo perdí a mi hermano hace exactamente treinta años y pocas familias se libran directa o indirectamente de esta tragedia que sigue asolándonos día tras día. Mi hermano estaba en la flor de la vida y la carretera borró su futuro y de paso le extirpó a mi familia una parte importante de nuestras existencias.

Hoy sigue siendo la primera causa de muerte en España en menores de 25 años, no obstante, con las campañas, en ocasiones radicales, de la Dirección General de Tráfico, creo que la Administración no ha hecho lo suficiente para advertir del riesgo a la población; siempre se puede hacer más y siempre se podía haber hecho más.

Curiosamente sorprende que en la televisión pública los espacios dedicados a la conducción y al tráfico han sido muy escasos, casi como elefantes blancos. Tal vez el más famoso y recordado de los pocos programas que se han hecho sobre esta temática haya sido este de «La segunda oportunidad», un programa ideado y dirigido por Paco Costas, divulgador periodístico del mundo del tráfico y la conducción, probablemente pionero de su difusión y trascendencia en los medios de comunicación.

Pensemos por un momento en los coches de hoy en día, vehículos fuertes y robustos, con un mantenimiento adecuado, los cuales deben pasar por Inspección Técnica de Vehículos cada cierto tiempo (esta es obligatoria desde 1987), y cuentan con un buen puñado de dispositivos de seguridad: airbags, direcciones asistidas, sistemas de frenado inteligente..., las carreteras por donde circulan son razonablemente buenas, mantenidas y con asfalto en aceptables condiciones, hay muchos kilómetros de autovías, montones de rotondas (con lo importantes que son ambos elementos para evitar los choques frontales); y por si fuera poco, luego está el carnet por puntos y la rebaja en el índice de alcoholemia que también colaboran lo suyo en la reducción de accidentes. Ahora vamos a remontarnos a finales de la década de los 70, cuando se emitió este programa, entre los años 1978 y 1979; los coches eran auténticas tumbas rodantes y la carretera un cementerio en potencia. Pocas autopistas y autovías, y carreteras de mala muerte, coches con mínimos sistemas de seguridad y un incipiente incremento paulatino del parque automovilístico, con medidas administrativas muy livianas.

Así las cosas las cifras hace cuarenta años no hacían más que reflejar toda esta realidad, no menos de cinco mil muertos cada año en nuestras carreteras, multipliquen por tanto las familias afectadas y el dolor acumulado y perenne para tanta gente, y todas esas vidas sesgadas. Era difícil estar ajeno a todo esto y Paco Costas, que ya había hecho sus pinitos radiofónicos, tuvo la idea junto con otros profesionales del mundo de la televisión, de crear en TVE un programa impactante, de corta duración (apenas diez o doce minutos), transmitido en un lenguaje simple y con un mensaje didáctico más que evidente.

El título de «La segunda oportunidad» hacía alusión al formato en el que se desarrollaba el espacio. Se mostraba en primer lugar el tema que se iba a tocar en el programa, se documentaba con imágenes y vídeos, y finalmente el momento crucial llegaba cuando se producía un accidente, se explicaba el porqué de su ocurrencia, y finalmente se generaba la llamada «segunda oportunidad», pues la tan cacareada moviola (del fútbol) por aquel entonces, deshacía el accidente, se daba una segunda oportunidad al «conductor» del vehículo y se le permitía hacer bien las cosas y salvar su pellejo.

Paco Costas ilustraba de forma muy inteligente cada espacio y la temática que lo contemplaba, en una especie de curso de especialización de conductores que aun hoy yo diría que se echa de menos; y digo esto básicamente porque dejar a la exclusiva responsabilidad de una autoescuela y al pertinente examen, la enseñanza y formación de la educación vial de un conductor para el resto de su vida, se me antoja una mochila con escasos pertrechos.

Las autoescuelas creo que en líneas generales hacen un muy buen papel, son engranajes necesarios para que los que aspiran a ser conductores cumplan los objetivos y se conviertan en usuarios de la carretera responsables y prudentes. Pero el sistema no lo han creado ellos, uno aprueba el teórico y el práctico y si te he visto no me acuerdo. Uno se especializa en la carretera, pero algunos no se especializan jamás, saben cuatro conceptos de señales de tráfico y desconocen estrategias para conducir adecuadamente y evitar accidentes; que no exista una formación de reciclaje cada cierto tiempo para todos los conductores creo que no es de recibo.

No obstante, y si ya era de por sí atractiva la propuesta de Paco Costas, los accidentes que se documentaban en cada espacio eran reales, tan reales que escogieron al mejor especialista del momento, un experto y hábil francés, Alain Petit, que se dedicaba a ir de feria en feria destrozando vehículos con mil locuras y saliendo prácticamente indemne de los mismos. Un personaje enormemente singular este Alain Petit, ningún superhombre, yo diría que además entrado en kilos, que presentaba un currículum de antiguo mercenario en diversas guerras del continente africano, y que supo ganarse la vida merced a su pericia para afrontar trompazos en aquellos vehículos tan mínimamente equipados de medidas de seguridad. Era curioso ver el final de cada programa cuando todos los que participaban en el equipo de producción del programa, no menos de veinticinco personas, corrían al vehículo para interesarse por el especialista-cascadeur (así se indicaba en los títulos de crédito, la palabra francesa cascadeur significa precisamente eso, especialista).

Accidentes de tráfico en España, últimas décadas
Y es que había un dispositivo más complejo que el que uno se imaginaba, había varias cámaras, tomas desde diversos puntos de vista, y luego dejarlo todo a las manos del habilidoso y algo loco Alain, el cual debía hacer muchas probaturas antes de provocar el definitivo siniestro. Por cierto que hay un vídeo por ahí, en el que se veía cómo se hacía el programa y como por entonces no había ordenadores ni programas de manipulación de imágenes y todo se hacía «a sangre», pues en alguna ocasión y dado que el manejo de un vehículo no es una ciencia exacta y menos aún forzarlo hasta el porrazo, a Alain Petit le fallaban los cálculos mentales y se cargaba alguna cámara o atropellaba a algún camarógrafo.

Gracias a Dios, todas las medidas que se han comentado han ido reduciendo progresivamente el número de accidentes y fallecidos en nuestras carreteras, aun así, mientras siga habiendo muertos no hay que cejar en el empeño, que es cosa de todos, desde las autoridades hasta los que nos ponemos al volante de vez en cuando.

A pesar de todo y erigiéndome en inopinado consejero espiritual, que la prudencia sea cada día la norma básica a la hora de conducir, porque pese a todo y como se decía en el proverbio que acompañaba la cabecera del programa cuando un coche se estampaba contra un pedrusco impresionante en mitad de una carretera, «El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra». Muchas gracias Paco Costas. Siempre en mi vida Luis.

domingo, 13 de marzo de 2016

MALUKU SELATAN Y OTROS SELLOS DE PAÍSES ¿INEXISTENTES?

SELLOS DE MALUKU SELATAN
Correría el año 1981 y en Linares se desarrollaba el célebre Torneo Internacional de ajedrez, quedará para el recuerdo aquella edición en la que vino por primera vez a mi ciudad natal el mítico ajedrecista Anatoli Karpov. No puedo olvidar aquel Torneo y aquel Salón de actos de la Casa de la Cultura hoy convertida a la sazón en Biblioteca Municipal, pues allí pasaba muchas tardes viendo ajedrez, esperando el autógrafo de las estrellas y asistiendo al paso de personajes tan relevantes como Fernando Arrabal, un extraordinario aficionado a este llamado deporte mente; no obstante, recuerdo sobremanera aquella exposición filatélica que se montaba en paralelo al Torneo, y que hacía las delicias de los jóvenes como yo que se iniciaban en esta afición (alguna vez lo he comentado y en mi clase del cole, más de la mitad de mis compañeros coleccionaban sellos, hoy no creo que sigamos más de dos).

Por cierto que tampoco puedo olvidar aquella tarde casi al final del Torneo (enero de 1981) cuando mi querido padre vino a recogerme a dicha Casa de la Cultura, pues Adolfo Suárez había dimitido y probablemente pensara que no había nada de que preocuparse pero por si acaso, mejor en casa.

Tan incipiente afición filatélica para un joven imberbe como yo tenía su adecuado contrapunto examinando esas soberbias colecciones que adornaban la planta primera de la Casa de la Cultura. Se respiraba no sólo afición por la filatelia sino participación de coleccionistas y afluencia de propios y extraños, lo de la visita de extraños era especialmente significativo. Por cierto que yo que aspiraba a ser expositor y poder presentar mi propia colección cuando fuera mayor, continúo en esa fase, será porque todavía no soy mayor o porque tampoco he hecho demasiados esfuerzos para ello, probablemente lo segundo.

En esa exposición y en otras que después se sucedieron con este Torneo ajedrecístico yo aprovechaba para aprender de filatelia, conocer formas de coleccionismo y, de paso, y si mi modesto presupuesto me lo permitía, para adquirir algún sello, un sobre con un matasellos chulo...

También había algún que otro material de regalo y casualmente cayó en mis manos un pequeñito manual denominado «Aprenda a coleccionar sellos» y editado en 1979 por la Filatelia Blanco de Madrid, una de las más reconocidas del sector y que aún hoy sigue funcionando. En dicho documento, de treinta páginas, se nos acercaba con bastante pulcritud qué era la filatelia, sus elementos y cómo orientar y hacer avanzar nuestra colección. A mí me sirvió de mucho y, por cierto, sigo contando con el manual, el cual me he permitido escanear y mostrarlo aquí.

La mayoría de los apartados que contiene el librito han ido diluyéndose en mi cerebro, básicamente porque son cuestiones que ya conozco y he ido solapando con mi experiencia en la filatelia; no obstante, el mayor recuerdo que siempre mantengo del mismo es un apartadillo que se sitúa casi al final, en concreto en un capitulo que se denomina Consejos finales, en el que se decía lo siguiente: «Aprenda a distinguir países solventes filatélicamente hablando, de aquellos otros que han mercantilizado los sellos, pues sin apenas densidad de población, emiten una cantidad masiva de sellos para filatelia (…). A título anecdótico, existen sellos de países que no existen como por ejemplo la Republik Maluku Selatan y en cambio circulan entre cierta clase de coleccionistas, pese a que no pueden catalogarse por no existir en ningún catálogo mundial tales sellos y país».

Pues dicho esto, no sé por qué extraña casualidad, apenas estaba recién iniciada mi afición al mundo de la filatelia cuando por arte de birlibirloque (antes con una minúscula cantidad de sellos sabía el origen de cada uno, ahora con los miles que tengo mi memoria no llega a tanto), yo ya contaba con dos sellos de Maluku Selatan, qué curioso.

Lo cierto es que la lectura de esta parte del manual nunca me limitó el seguir coleccionando a mi manera y, por supuesto, jamás me deshice ni de mis dos sellitos de Maluku Selatan, ni de un conjunto de países «inexistentes» que fueron aterrizando paulatinamente en mis álbumes y cajas.

Es más con el tiempo, con la llegada de Internet, la afirmación del escritor del manual, que no era otro que el dueño de Filatelia Blanco, Miguel Ángel Blanco Fernández, tal vez no fuera del todo precisa.

Bien es verdad que en mis colecciones de sellos extranjeros aparecen sellos que son claramente cromos, realizados con el interés mercantilista que afirmaba Miguel Ángel Blanco, son sellos matasellados de una forma mecánica perfecta, es decir, impresos con el matasellos incorporado y sin haber circulado jamás; así muchos países asiáticos, africanos y algunos países de Europa del Este, entre los que destaco los de Hungría o Rumanía de los años 70.

No obstante, por muy falsos que fueran los sellos de Maluku Selatan, yo jamás he vuelto a ver sellos de este país que en teoría no existe, por lo que en sí son ya una rareza que, al menos, a mí me llena de cierto orgullo, y que con las aportaciones que Internet ofrece, tal vez tienen hoy más interés que el que avecinaba Blanco.

Hay que decir que la rareza no estriba en su valor, nimio por otra parte, sino que ya supone una rareza el propio país en sí del que la mayoría de los que leen esto jamás habrán escuchado hablar. Recuerdo no hace mucho que en un programa de estos de subastas que emite el singular canal televisivo Discovery Channel, en el que una tasadora señalaba con acierto que algo no es raro porque exista poco de ello (de hecho, cualquier cosa que yo firmo o tú es única y rara a la vez, porque no existe nada más que esa en exclusiva), sino porque haya personas interesadas en adquirirlo. Es decir, que si nadie o muy pocos se interesan en adquirir (propiamente la oferta y la demanda) no tendrá ningún valor, o exiguo, incluso aunque sea único.

Y Maluku Selatan ¿existe o existió? Pues la verdad es que sí, de ahí lo raro de la situación; y es que extraño país hace referencia a la República de Molucas del Sur, aunque creo que en realidad significa Molucas Libre, que eran un conjunto de islas situadas en el archipiélago indonesio que pertenecían a Holanda y que pasaron a formar parte de Indonesia en 1949. Con el control indonesio, los moluqueños declararon su independencia, pero el gobierno provisional se vería obligado ante la presión militar oficialista, a exiliarse a Holanda y desde allí dirigirían este estado prácticamente ficticio. No se sabe si llegaron a circular estos sellos alguna vez en las Molucas del Sur, o fueron los defensores de la independencia en el exilio los que decidieron sacar estas emisiones como medio de propaganda. Lo cierto es que existen en torno a ciento treinta sellos de este país emitidos entre 1950 y 1954, que no circularían desde tierras asiáticas e hipotetizo que, son conocidos en los países occidentales, porque a buen seguro que acompañaban a cartas emitidas desde Holanda, pero sin valor postal, a modo de viñetas.

De Maluku Selatan se pueden adquirir sellos hoy sin ningún problema, y no hay una demanda masiva, por eso son muy baratos; o sea, el país es raruno y los sellos también, pero no tienes una joya en tus manos.

SELLOS DE NAGALAND
No pocos de estos sellos de países raros o no reconocidos oficialmente tienen como fin la propaganda, para que luego digan que la comunicación postal no tiene importancia, y en este caso, se ve que sí la tiene desde el punto de vista político-estratégico.

No sólo tengo estos sellos de países raros en mi colección, también los tengo de Nagaland, Katanga, Staffa-Scotland, así como de otros países ya desaparecidos como Zaire, Dahomey..., y por supuesto, Yugoslavia o URSS. Por cierto, todos los sellos que aparecen en las fotos adjuntas son de mi colección personal.

Los países, territorios u órganos postales no reconocidos como Nagaland (estado del nordeste de la India), Katanga (provincia sureña de la República Democrática del Congo) o Staffa-Scotland (una de las islas Hébridas) representan todas esas rarezas que enmarcan el mundo de la filatelia, y que los coleccionistas las atesoramos como eso, como curiosidades.

SELLO DE STAFFA-SCOTLAND
Y es que no hemos de olvidar que la filatelia es a la geografía política contemporánea como la numismática lo es a la historia. Con la filatelia se cumple modestamente un fin cultural como es el de conocer países, territorios, su evolución, su nacimiento y también su desaparición.

A propósito, para conocer algo de toda esta amalgama de países y territorios, nuevamente nuestra tabla de salvación esta en Internet, y en concreto en la Wikipedia. Les invito a hacer un apasionante recorrido por los estados desaparecidos, y dentro de esas rarezas tal vez la vuelta de tuerca (sube la nota en el examen final) esté en los estados desaparecidos con reconocimiento limitado, y también para mayor actualidad y tal vez más lío, los estados actualmente existentes con reconocimiento limitado, entre ellos la República Turca del Norte de Chipre, de la que también tengo sellos.

No me gustaría acabar sin hacer una escueta mención a las provincias y colonias que tuvo España. Cabe recordar que el sello postal moderno tiene poco más de un siglo y medio de existencia, y si nos remontamos al siglo XIX es preciso señalar que España contaba entre sus posesiones con territorios de ultramar, donde se emitían sellos, así Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pero es que en el siglo XX también tuvo colonias en África y, de hecho, tuvieron el estatus de provincias españolas (Sáhara, Ifni y Fernando Poo) hasta mediados de dicho siglo, hasta la pérdida de la última colonia que fue el Sáhara en 1976. Todos estos territorios, no menos de veinte, generaron toda una serie de efectos postales que aún siguen haciendo las delicias de los coleccionistas, y ahí sí que hay rarezas que valen dinero, especialmente las que se emitieron en el siglo XIX; pero de las colonias españolas hay mucho que decir, y eso me da pie para continuar otro día.

sábado, 5 de marzo de 2016

DEEP FOREST, IMPRESCINDIBLE BANDA PARA ENTENDER LAS VANGUARDIAS MUSICALES DE HOY

Dos músicos visionarios, principios de los 90 en pleno éxtasis de la música New Age y un proyecto de fusión de sonidos étnicos, tendencias pop y de vanguardia; estos ingredientes dieron lugar a Deep Forest, un dúo musical que nos ha dejado composiciones para el recuerdo, auténticas sinfonías para nuestros oídos que perdurarán más allá de su propia existencia como propuesta musical.

Y es que si algo tiene Deep Forest en la siempre complicada amalgama de la músicas de vanguardia, es que han sabido traspasar con acierto y no sin dificultad la abrupta línea del éxito y la popularidad. Popularidad que no les viene directamente por ser un grupo que atraiga masas (son muy conocidos pero para público selecto), sino que su música se ha escuchado en infinidad de contextos: emisoras de radio, cine, televisión y proyectos multimedia de muy diverso tipo.

El pelotazo lo dieron en su primer disco de 1992 que tomaba su propio nombre, a modo de inauguración de una nueva era con vocación de persistencia, con algunos temas de impresionante factura donde destacaba Sweet lullaby, un canto de sirena en la composición musical, poco o nada parecido a lo que se había hecho hasta ese momento; en todo caso, por buscar alguna similitud en cuanto a la visión divulgativa lo más cercano era el mítico grupo Enigma.

Sweet lullaby tenía ritmo, sonidos étnicos, enganchaba y encima hasta se podía bailar en una discoteca, y si la pedías incluso te las podías dar de interesante, una especie de postureo como hoy se suele llamar. Lo que llamaba la atención sobremanera era que se elevaba a la excelencia a voces teóricamente no profesionales, intérpretes procedentes de diversas zonas del mundo, aunque en su primer disco todos eran originarios del continente africano, con sus propias lenguas y entonaciones, ambientados con sonidos de la naturaleza y aderezados con una música que encajaba perfectamente; era una especie de sinfonía étnico-ambiental.

Y es que la curiosa sincronía de los padres de este proyecto no tiene margen para la apatía, los franceses Michel Sánchez (de origen español obviamente) y Eric Mouquet pusieron en común lo que les hacía originales para provocar un fruto aún más original. Al parecer Sánchez, un músico de formación clásica, adquirió a la Unesco una colección de grabaciones de diversas comunidades en África, se las mostró a Mouquet, experto en sintetizadores; y ambos conjugaron sus esencias para incrustar los sonidos étnicos, y el resultado como digo, en su primer disco fue grandioso, una música que los jóvenes escuchábamos en las salas de baile. De hecho, tal fue el éxito de este álbum que la remezcla no se hizo esperar y su segundo disco sería World Mix, una vuelta de tuerca a su disco anterior pero con más marcha.

Montados en el éxito y con el brío de su juventud mental y musical, en el tercer disco, Boheme (1995), quisieron explorar otras voces étnicas, otras fronteras y acudieron a latitudes asiáticas y de Europa Oriental. En mi opinión se trata del mejor disco que jamás hicieron, de hecho, se incluye el que probablemente es el tema más conocido, Marta's song, y cuando digo conocido es que es conocido por prácticamente todo el mundo, una melodía envolvente. Abandonaron bien es cierto su inclinación discotequera con objeto de seguir haciendo un producto para el gran público, pero más suave, más chill out, como si quisieran vender su música no a los habitantes de las discos, sino a los habitantes de los pubs, quizás un público más amplio, con más poder adquisitivo y más amplitud de miras. Excepcionales en este disco son también los temas Anasthasia, Bohemian ballet y Twosome.

Por si no estaban suficientemente consagrados, en 1998 lograrían nada menos que un Grammy con su disco Comparsa en la categoría de World music. Un disco más alegre que los anteriores y en el que se seguían ampliando las fronteras vocales, con bastante influjo africano y algunas aportaciones americanas. En mi opinión no supera a los dos anteriores, aunque es sumamente correcto, lo que hizo calar en los responsables (norteamericanos) de los Grammy. Como dato curioso cabe destacar que incluye un tema, Media luna, en el que colabora Ana Torroja junto con el cantante y compositor de origen sirio Abed Azrié; interpretada en español, que es un tema, por cierto, prácticamente desconocido para el mundo hispano. No obstante, a mí la canción que más me gusta es Ekue Ekue, una marchosa especie de danza que nos traslada al corazón de África.

Su siguiente trabajo, en 1998 (aunque el disco fue publicado en 1999) fue su reafirmación como grupo de referencia y se fueron a Japón, en concreto a Tokio, para grabar su Live in Japan; un gesto mesiánico un poco al estilo del que hizo en la anterior década su compatriota Jean-Michel Jarre con The concerts in China, en un multitudinario y mítico concierto. Deep Forest tuvo también en la capital japonesa una calurosa acogida y con un montaje espectacular llevaron en su directo una recopilación de sus temas más conocidos.

De algún modo, Michel y Eric han sido como grupo un proyecto relativamente efímero, después de Japón donde tienen un inmenso predicamento, grabaron cuatro o cinco discos más, bandas sonoras para películas incluidas, alguno recopilatorio, con las correspondientes remezclas, hasta su último trabajo en 2004, Kusa no ran, que era la banda sonora de una película japonesa del mismo nombre.

Por cierto para ese mercado asiático tan agradecido para el dúo fueron haciendo algunos guiños más que interesantes, de entre los que yo destacó el bellísimo tema Yuki song, un placer para los oídos.

No obstante, hay que decir que si bien es cierto que aun no estando formalmente disueltos ya no graban juntos, ninguno de sus dos actores se ha separado de la música y de la esencia que los hizo famosos, y cada cual mantiene esos rasgos en sus proyectos individuales, siendo además bastante activos. Hasta tal punto el proyecto pervive por separado que Mouquet (sigue firmando como Deep Forest) ha llevado a cabo en esta última década trabajos con el influjo musical y espiritual de Deep Forest, que casualmente se llaman Deep Brasil, Deep India y Deep Africa.

Lo cierto es que ha sido y es un grupo mítico que ha sabido conjugar con milimétrica sincronía las voces étnicas con los sonidos de vanguardia, una fusión quirúrgica que algunos han venido en llamar la World music etno-introspectiva ambiental. Sin duda, un grupo imprescindible para conocer la evolución de la música de vanguardia a finales del siglo XX e inicios del XXI. Su contribución a la música ambiental ha sido fabulosa, y para los que no saben nada de Deep Forest a buen seguro que reconocerán sus temas, basta con algunos de los que he mencionado a golpe de clic.

Por cierto, no quiero acabar sin hacer mención al logotipo del grupo, que se forma con kanjis (ideogramas chinos o japoneses) y que tiene cierta similitud con el símbolo de la paz.