sábado, 22 de julio de 2017

"LORCA, MUERTE DE UN POETA", LA VIDA DE UN MITO

Corría el verano del año 1986 en Granada y mi destino vital iba por derroteros muy diferentes a los que luego acaecieron, de tal manera que yo me dedicaba a forzar mi cuerpo de una manera metódica, llegando a hacer en torno a cuatro horas de preparación física diaria, que iniciaba muy temprano y a la par tenía que ir a un par de sitios que casi me obligaban a desplazarme de punta a punta de la ciudad de la Alhambra, de hecho mis entrenamientos gravitaban entre los barrios de Los Pajaritos y el Zaidín. La temprana hora tenía la lógica de evitar los rigores de la canícula, con lo que a media mañana, con la mayor parte de la carga hecha y sin pauta que hacer hasta la hora de comer, me dedicaba a explorar una bella ciudad que hasta esa fecha era prácticamente desconocida para mí.

Mi filosofía que, en la medida de lo posible, mantengo en la actualidad, era la de vagar por calles y plazas, sin mapa, para ir descubriéndola y sorprenderme al doblar cada esquina. En uno de esos paseos erráticos llegué a una plaza donde se percibía un gran bullicio, y rápidamente me di cuenta de que se estaba rodando una película. Por primera vez en mi vida estaba en un rodaje en vivo y en directo. La acción no tenía demasiado desarrollo, a la fachada de un edificio con pinta de antiguo, le habían colocado un cartelón que señalaba «Gobierno Civil» y en la puerta se situaban unos guardias, enfrente un grupo de figurantes vestidos de campesinos clamaba «Armas al pueblo». Allí estuve un ratejo, viendo como la escena se grababa varias veces hasta que imagino que me harté de la monotonía de la escena, no sin antes preguntar a la concurrencia que de qué película se trataba, y saliendo rápidamente de dudas, me informaron que era una serie de televisión dedicada a Lorca.

La serie, producida por TVE, se emitiría un año después, en el verano de 1987, y en ese momento yo no la pude ver, ni la vi jamás. Ahora por las vicisitudes de una pequeña reseña que tengo que hacer del genial poeta para una revista filatélica en la que colaboro, ha resultado ser el momento idóneo para verla.

Cataratas de tinta se han vertido sobre Federico García Lorca y, para ser sincero, demasiado centradas últimamente en monopolizar el momento de su muerte y las causas, y no tanto en dignificar su obra. Es evidente que fue una pérdida irreparable, pues su muerte con 38 años, en una pujante juventud literaria, nos privó si hubiera vivido más tiempo, de otras obras maestras de la literatura española.

Configurada en seis capítulos de una hora de duración aproximadamente, aunque el último, el de su muerte, duraba algo más, y dirigida por Juan Antonio Bardem, narra la vida del poeta granadino, desde su juventud (en principio, no gozaba de gran relevancia su infancia) hasta su muerte.

Antes de entrar a valorar su calidad técnica y otros detalles, resalta mucho en la serie que el personaje principal fuera interpretado por un actor no español, en concreto, por el británico Nickolas Grace, que a la sazón no tenía ni pajolera idea de nuestro idioma. Él relataba su papel en inglés (aunque los poemas los recitaba en español con un fuerte acento inglés) y el resto de actores en español. Si ya entraña dificultad el realizar un guión y sincronizarlo, el encajar este batiburrillo se convertiría en un hazmerreír para más de un actor. Todo tiene su explicación que, aun hoy, me sigue pareciendo una tomadura de pelo, y es que la producción pretendía que con un protagonista de habla inglesa, la serie se pudiera vender y hacer caja en consecuencia, en países de influencia anglosajona, y efectivamente la serie se pudo ver en Gran Bretaña y en Estados Unidos, pero en este caso, con el doblaje de todos los actores, excepto lógicamente, la voz de Grace.

Y me inspira que es una tomadura de pelo, porque no me parece tan brillante papel el que desempeña Grace, al que lo único que le favorece es su aspecto físico y una interesante variedad gestual que lo definen como un artista con muchas tablas, no obstante, hay algo que no cuadra, es como si no sintiera a Lorca, como si faltara esencia, tal vez haber olido azahar de Granada desde siempre para imbuirse del papel.

Pese a la trayectoria de militancia comunista de Bardem y las fechas en las que se produjo la serie, con el socialismo de Felipe González en el poder, no creo que esté especialmente politizada, creo que se hace un retrato mesurado y justo de la vida de Lorca y, sobre todo, de las circunstancias de su muerte.

Hace un buen recorrido por su vida, una vida que para un hombre que vivió en España a primeros del siglo XX, está llena de pasión. Una vida salpicada de increíbles experiencias que fueron forjando un mito alimentado por un montón de sensaciones.

Lorca nació en el seno de una familia bien y eso le permitió dar rienda suelta a su curiosidad e imaginación. La serie retrata bien sus primeras reuniones con jóvenes intelectuales en Granada y su posterior ingreso en la Residencia de Estudiantes de Madrid en 1919, donde conocería a firmas tan reconocidas e influyentes de nuestra cultura como Dalí, Buñuel o Alberti. También el pistoletazo de salida de la Generación del 27.

Se hace, a mi pesar, una escuetísima pincelada de su viaje a Nueva York en 1929, curiosamente y no había caído yo en eso, estuvo presente en la ciudad estadounidense cuando ocurrió el crac del 29; y digo que la pincelada es breve porque el propio Lorca reconoció que en sus nueve meses de estancia fue una de las experiencias más útiles de su vida. Me imagino que encontrar escenarios de la época en una ciudad tan enorme y «sin contaminaciones» sería un objetivo harto dificultoso para la productora.

De allí partió a La Habana donde también estuvo residiendo unos meses, y ya con la 2ª República en España, de la que era simpatizante y esto no se puede negar, creó La Barraca, grupo teatral universitario, con el que recorrió España entera y también parte de América.

Ya sabemos que a medida que avanzó el desarrollo de esa 2ª República, comenzó a tensarse la situación social y política, y Lorca estuvo en el punto de mira. ¿Por intelectual, por homosexual, por republicano? La serie no lo deja claro del todo, a la par que señala varios factores, probablemente nunca se sepa la razón, como no se sabe exactamente el lugar en el que fue abatido, sin duda, que era un elemento discordante con las fuerzas golpistas y eso lo precipitó todo.

A la altura de este análisis cabe decir que localicé perfectamente en el quinto capítulo el momento del rodaje que yo había presenciado treinta años antes. Por cierto, que al poco de comenzar a vivir en Granada en mi época universitaria y realizar un giro drástico a mi perfil profesional ya me di cuenta que aquel día yo había estado en la Plaza de la Universidad, que el edificio del supuesto Gobierno Civil no era otro que la Facultad de Derecho, y el monumento que preside la plaza es el de Carlos V, al que durante años vi ataviado con indumentaria diversa. Facultad en la que pasé muchas horas de preocupaciones y aprendizaje, pero al final de éxito. La serie cuenta con numerosas escenas que se desarrollan en el interior de ese edificio tan solemne y que me han hecho recordar viejas cuitas.

Precisamente una secuencia de escasos segundos, seguro que tardó en rodarse varias horas, días diría yo, si tenemos en cuenta la logística para organizar a todo el equipo, figurantes, escenario…, con lo que esto nos da la dimensión del inmenso trabajo que hay detrás de un rodaje.

La tendencia homosexual de Federico se muestra muy de puntillas, al igual que, pese al momento político en que se grabó la serie, tampoco se trata de hacer leña del árbol caído, creo que los aspectos que rodearon su muerte se tratan con bastante dignidad.

En cuanto a la calificación de la serie, creo que en general está bien, quizá me faltan pasajes de la vida de Lorca que se obvian, al igual que otros sin importancia se acentúan. El elenco actoral es razonablemente bueno, aunque algunos están claramente sobreactuados. Por lo demás, quitando el papel del actor principal, el británico Grace, que no me convence, la serie es bastante correcta.

Finalmente y retomando con lo que comenté al principio, sobre Lorca, poeta y escritor que es mundialmente conocido, y no hay estudiante que se precie que no haya leído algo de él, hay que dignificarlo con su obra; entiendo y respeto el interés por recuperar sus restos, pero estoy seguro de que hay algunos que se empeñan tanto en ensalzar a Lorca y apuran sus deseos de darle una merecida sepultura para utilizarlo como un símbolo político, que a buen seguro que jamás han leído ninguno de sus libros. Por cierto, Lorca es patrimonio de todos.

domingo, 16 de julio de 2017

PEQUEÑOS IMPUESTOS REVOLUCIONARIOS DE LITORAL

Será quizá porque trabajo en un ayuntamiento, que cuando viajo a la costa siento una sana envidia, municipios más pequeños que el mío pero que manejan presupuestos mucho más abultados. Y tiene su lógica explicación, tienen una población censada concreta pero cuenta con recursos vía impuestos locales de toda una población latente que pasa buena parte del año allí o va a pasar sus vacaciones, amén de los impuestos de establecimientos hosteleros, promociones de viviendas que se realizan... Por otra parte, tampoco es desdeñable el número de negocios que se nutren de su privilegiada situación para vivir holgadamente gracias al dinero que traemos los foráneos. Y a todo esto podríamos añadir un largo etcétera.

Almuñécar, ciudad que visitaba hace unos años con cierta frecuencia, es una localidad con una población censada en su núcleo principal (sin anejos) de algo más de 18.000 habitantes, que durante el verano puede incluso quintuplicar su población y a lo mejor me quedo corto, con lo que no solo su ayuntamiento gestiona para una población de 100.000 almas sino que está obligado a ofrecer unos adecuados servicios a todos esos ciudadanos. Pero cuando esa población se retira a sus cuarteles de invierno, los vecinos de verdad disfrutan de una ciudad dimensionada para mucha más gente pero donde ya se han quedado una serie de infraestructuras que una ciudad de similar población como la mía (Bailén) no aspira a tener en la vida. Parques urbanos, instalaciones deportivas, centros comerciales, mantenimiento viario..., son algunos de los premios que Almuñécar tiene y, por ende, prácticamente todas los municipios costeros.

Uno está encantado de visitar sus playas y disfrutar de su clima benigno y del ambiente distendido que se percibe cuando se está descansando. A mí particularmente se me ha metido en la cabeza desde muy chico, los inmensos beneficios del agua de mar con todos sus oligoelementos, y soy de los que va a la playa diariamente mañana y tarde, salvo fuerza mayor; es más, me exaspera un poco y hasta me río con moderación de esa gente que se compra un piso en la playa para no pisarla jamás, porque se encuentra más cómodo en la piscinita de la urbanización, o yendo al chiringuito que hay debajo de su bloque. Y es que para ese viaje no se necesitan tales alforjas, piscinas y bares tenemos en el interior, el elemento diferencial es el mar, también el clima, pero fundamentalmente el mar. Si no te gusta el mar y te compras un piso en la playa para verla de lejos estás haciendo un pan con unas tortas. Es, permítaseme el comentario machista y espero que simpático, como el que tiene una novia y no le toca el culo.

Si hay algo bueno que tiene España son sus playas, las riberas del mar como dice la Ley de Costas, es que son públicas, todas, absolutamente todas. Aunque algún hotel en nuestro país pueda hacer algún juego de palabras con los términos «privada» o «semiprivada», esto es radicalmente mentira. Tú puedes bañarte en cualquier playa de España, todas son públicas, no encontrarás una puerta de acceso que te impida entrar en ella, bien es cierto que por la orografía algunas serán más o menos accesibles, pero que conste que las playas son de todos, con lo que nos separamos de otros países elitistas y también de otros tercermundistas que sí que acotan sus playas para el disfrute de unos pocos.

Pues visto que las playas son de todos, me molesta bastante que los ayuntamientos costeros, si no tienen bastante con unos suculentos ingresos por todo lo comentado, y porque básicamente el turista de turno acude a esos municipios a hacer un dispendio y a realizar unos gastos extraordinarios que no hace durante el resto del año, pues también acometen ciertos abusos.

Si las playas son públicas, algunos ayuntamientos costeros han encontrado un auténtico maná con la regulación de los aparcamientos aledaños a esas playas. Es consabido que los seres humanos ocupamos poco espacio físico, lo que ocupa auténtico espacio es el vehículo que nos transporta, ese necesita como poco cincuenta veces más espacio que nosotros, hay que aparcarlo y dejar un sitio prudencial a su alrededor para abrir puertas y maletero y no darle al de al lado, y aparte un espacio también significativo para poder salir y entrar. En definitiva unos buenos metros cuadrados que, a veces, no son fáciles de encontrar.

Así que para solucionar este problema esos ayuntamientos listillos se inventan o no los aparcamientos pero ante todo crean la figura del aparcacoches, para tener ocupado a una serie de personal que no encuentra trabajo dentro de la oferta existente, ahora un poco más suelta tras la crisis.

Y el problema es que no existen más aparcamientos porque haya aparcacoches, existen prácticamente los mismos, es decir, que la regulación que ejercen no es más que la de señalar donde está el aparcamiento libre, algo que más o menos se ve, según la zona, desde el vehículo. Es más en zonas expresas de aparcamiento, no los existentes en las calles, se regularían y optimizarían de forma similar con o sin aparcacoches, porque prácticamente ninguno te dice que pegues más o menos el coche a otro para que quepan más. Como tú tienes que ir a la playa y por c... tienes que aparcar tienes que pagar esa especie de impuesto revolucionario sí o sí.

Hace unas semanas estuve en Mazagón, justo en mitad de todo el lío del incendio que casi llegó a Doñana, estábamos a finales de junio y entre la cierta tensión que se originó con el fuego y las fechas, la referida localidad onubense estaba bastante tranquila y con escasa ocupación; de tal manera que acudía con mi familia a la playa con el coche, no porque tuviéramos que andar mucha distancia sino por los bártulos que acarreábamos y aterrizábamos en un aparcamiento con capacidad para doscientos coches, en el que estaríamos en el mejor de los días unos veinte vehículos, y ahí estaba el aparcacoches impenitente persiguiéndote para endosarte la multa.

Y no es por el coste, que casi también, sino que la vigilancia no es tal ni regula nada y menos esos días, era y es una multa en toda regla por ser turista. Curiosamente en el recibillo que te proporcionaban y que ilustra esta entrada, aunque pone «Aportación voluntaria», estos personajes, muy cucos, ya han decidido por ti, y lo ponen a boli, que dicha aportación es de 1 euro… voluntario (aunque está claro que todo el mundo paga para evitar historias).

Por si eso no fuera suficiente resulta chocante, y es algo que no entiendo de los aparcamientos, es que si se denomina servicio de Vigilancia, sustantivo que se nombra dos veces en el referido recibo, qué sentido tiene que pongan: «No se responde de los objetos dejados en el interior, ni los desperfectos ocasionados al vehículo una vez retirado del aparcamiento». Es decir, que vigilar no se vigila, simplemente se indica el aparcamiento, o como en mis minivacaciones de hace unas semanas, solo cobran puesto que ya me dirán qué significar ordenar el aparcamiento de veinte coches en un espacio con capacidad para doscientos más.

Y puestos a seguir analizando la situación, los aparcacoches asumen que no se responsabilizan de desperfectos ocasionados al coche tras su retirada, con lo que se demuestra el truco de todo esto, es que, si acaso, se ayuda a aparcar, pero no se ayuda a desaparcar, que en días de follón estaría bastante interesante. Pero no, los gorrillas de turno se largan a media tarde, porque ya no tienen que ejercer la función principal, la de cobrar, y si te roban o te dan un «restre» te quejas al maestro armero.

Curiosamente, el pueblo de Mazagón tiene una amplia línea de costa y aparte mucha anchura de playa, con lo que para no darte una caminata tienes que intentar dejar el coche lo más cerca posible, y los aparcacoches regulan también otros aparcamientos que no son tales, son simplemente los que hay en la calle que va paralela a la playa, con lo que hay regulan todavía menos, solo indican aparcamiento y cobran, sobre todo cobran.

E insisto, la regulación se ejercería del mismo modo sin que ellos estuvieran, pero los intereses creados hace que estos ayuntamientos (el de Moguer y Palos de la Frontera) dispongan de un respiro con esas personas, que en verano no llamarán a sus puertas exigiendo trabajo.

Esto de los aparcamientos regulados es que nunca me ha gustado, la Junta de Andalucía también se aprovecha de ello cuando se trata de espacios protegidos, por ejemplo, las playas de Mónsul y Los Genoveses en Almería, porque tienes que entrar en el aro de pagar si quieres ir con el coche, y al final de todo, descubrimos que las playas son públicas, pero con estos pequeños malabarismos normativos son un poco semiprivadas o privadas.

Y como señalaba al principio, no es nada en contra de los señores que se buscan la vida con este negocio, los gorrillas o aparcacoches, los municipios de litoral deben procurar unos adecuados servicios a los que viajamos allí y dejamos nuestro dinero: limpieza de playas, duchas y lavapiés, salvavidas y, por supuesto, también el aparcamiento, y todo ello gratuito.

domingo, 9 de julio de 2017

APOCALYPTICA, EL HEAVY COMO NUNCA LO IMAGINASTE, CON VIOLONCHELOS

Un músico heavy ¿nace o se hace? Probablemente por la propia dimensión de esta música, a un bebé tal vez le incomode, por muy bajita que suene. A esta música se llega por afición tras haber oído otras, incluso por consejo o afinidad, o quizá porque uno se identifica con el carácter de esta. Ah, antes de nada, y pese a mi empeño por la preservación de nuestra lengua, el adjetivo heavy me gusta más que rock duro o metal, creo que tiene connotaciones que los otros sinónimos no tienen.

Yo puedo decir que soy un buen aficionado a la música heavy, pero la bien elaborada, no aquella que simplemente genera ruido y esa es su seña de identidad, hacer ruido con letras que se quedan tapadas por los instrumentos sonando a la máxima potencia. Me gusta el heavy que tiene un proceso de composición concienzudo, con partitura o algo parecido, también aquella que aun naciendo de la inspiración tiene una base melódica sólida. Por no enrollarme mucho diría que el heavy comercial me gusta, me encanta, ya sé que tal vez no sea purista, ni siquiera un aficionado propiamente, porque los aficionados de verdad necesitan algo más que lo que se escucha en las radios generalistas.

Dicho esto, hay que desmentir categóricamente que la música culta sea solo la clásica, o que no pueda haber virtuosos de la música en cualquiera de sus géneros. Ni siquiera el movimiento heavy es ajeno a esto, esas clásicas baladas llenas de sensibilidad y que contrastan con su estética (pelos largos, chupas de cuero, mucho metal), denotan que hay una seria composición detrás, que el pentagrama se ha trabajado.

La música heavy reconozco que no es un fenómeno de masas y, a veces pienso que es como decía el anuncio, será «porque la ha probado poco». También es verdad que su estética a veces echa un poco para atrás a mucha gente, y que uno se identifique con la música sin usar una indumentaria concreta parece que no cuadra; igual que es erróneo admitir que los que se visten de heavys son por naturaleza macarras, agresivos o antisociales. Hay gente muy culta y «muy normal» entre sus adeptos, precisamente hay un cura (Vicente Esplugues) que por las tardes en RNE, una vez a la semana, dedica una sección que se denomina «La sotana metálica» y es perfectamente compatible su ministerio sacerdotal con su gusto musical, tal vez extremo.

Este grupo que hoy traigo a colación es de esos que no terminan de encajar, rompen varios mitos, y eso es magnífico. El cómo llegué a conocerlos es bastante fascinante, porque vinieron a mí hace unos años con ocasión de una sesión de meditación en medio de un ensayo para un grupo teatral en el que puntualmente he colaborado. Nuestro director Manolo López, buen amigo y al que tengo considerado maestro vocacional, algo que hoy parece que no se lleva, fue el que me sumergió en este grupo que era heavy, pero tenía algo de clásico; que era potente, pero a la vez relajante.

Y es que puestos a elucubrar en torno a la pregunta inicial, los miembros de Apocalyptica ¿eran o se hicieron heavys? Claro, que esa es otra, porque parece que esta música hay que asociarla a una foto prototípica: guitarra, bajo, batería, voces y quizás algún teclado; pero no, porque eso es lo primero que choca de este grupo finlandés, es heavy, pero su instrumento principal es el violonchelo, y para ser precisos cuatro, y ya está. Pero eso sí, la estética no la pierden sus pelijas, sus chupas, sus camisetas negras, y mucho metal.

Ya parece raro que un grupo heavy se componga con unos instrumentos tan clásicos, tanto que parecería a priori que la belleza que sugieren esos guitarrones verticales no puede albergar algo tan rompedor como la música heavy y, sin embargo, se mueve. Con lo cual, es evidente que hay una formación clásica y «homologada» en los componentes de Apocalyptica, y es que sus fundadores, cuatro amigos que cursaban sus estudios en la Academia de música clásica Sibelius de Helsinki (Eicca Toppinen, Antero Manninen, Paavo Lotjonen y Max Lilja), ya en 1992 hacían sus pinitos versionando temas del rock y del heavy de la más rabiosa actualidad pero con el singular sonido de sus chelos.

La idea fue cuajando y a la gente le gustó, de tal forma que de manera no profesional se tiraron unos tres años haciendo conciertos privados, hasta que a finales de 1995 una discográfica les propuso hacer un álbum, y así fue como nació Apocalyptica con su primer disco de 1996 titulado Plays Metallica by four Cellos, que como su nombre indica traía unas rompedoras versiones de la mítica banda metalera de Los Ángeles.

Y lo sorprendente para el que escuche por primera vez Apocalyptica, al menos sus primeros discos, es que cuatro chelos no suenan como cuatro chelos, sino que lejos de ser algo monótono, tiene una riqueza inexplicable, parece que hay violines, guitarras, órganos, incluso batería. Y es muy apreciable cómo se hacen los sonidos de tambor y bombo percutiendo las cuerdas del instrumento.

Para que se aprecie el nivel de estos músicos en el año 1999 Antero Manninen dejó el grupo, nada menos que para formar parte de la Orquesta Filarmónica de Helsinki, y lo reemplazó Perttu Kivilaakso, compañero también de la Academia Sibelius y al que habían dejado fuera del primer proyecto porque cuando se formó el grupo aún era menor de edad y no había terminado sus estudios.

Ya habían grabado su segundo disco (Inquisition Simphony) previamente, en mayo de 1998, y contenía adaptaciones de Metallica, Faith no more, Pantera y los brasileños Sepultura, y la novedad es que contaba con tres temas originales.

Esa fue la primera seña del cambio de rumbo de Apocalyptica que pulsó la gran aceptación de sus adeptos por los temas propios, y con su tercer trabajo y ya con el joven Kivilaakso en sus filas nació en el 2000 el exitoso disco Cult, un álbum genial, que fue la confirmación de esta banda, pues todos eran temas originales salvo dos versiones de Metallica y como novedad una adaptación del compositor clásico noruego Edvard Grieg, “Hall of the Mountain King”, una partitura muy conocida.

En ese disco hay una joya que es la que me enganchó a mí con este grupo al poco de que Manolo López me alumbrara el camino, se trata de «Hope». Un tema con una fuerza bestial, con una melodía que atrapa y con una increíble sonoridad. Desde que conocí el grupo tengo un disco compacto con los cuatro primeros álbumes en el coche y cuando quiero un subidón de adrenalina me pongo Hope. Invito a todo el que lea esto a que ponga en Internet este tema y se comprobará de lo que hablo.

Después de oír esa canción por primera vez y tras repetirla, aprecié que era muy buena, tenía algo especial, y a posteriori verifiqué que Apocalyptica había sacado en 2001 una edición especial de Cult con el tema Hope al que le habían agregado letra y estaba cantado por Matthias Sayer, vocalista de la banda alemana de heavy Farmer Boys. A mí sinceramente me gusta más el tema sinfónico, pero con letra tiene su aquel.

El cuarto álbum oficial fue Reflections, en 2003, y completó el cambio de rumbo de la banda, pues ya eran todos sus temas originales.

Para entonces el grupo ya tenía tal bagaje y popularidad que decidió oficializar lo que ya era una realidad en los estudios de grabación, que necesitaban la cobertura de algún instrumento más, pero sin pasarse; así fue como se incorporó al grupo al batería Mikko Siren en 2005, reemplazando de algún modo, a Max Lilja que por desavenencias con sus compañeros había dejado las filas un par de años antes.

Varios discos más se han grabado hasta hoy, y Apocalyptica es un grupo relativamente conocido en el panorama musical (ya, nunca se encontrará en Los 40), pero siguen teniendo la fuerza de unos tíos que están en su madurez, en su cénit creador, Kivilaakso nació en 1978, y que siguen obsequiándonos con su música y dando conciertos por todo el mundo. En España han estado varias veces y seguro que seguirán viniendo en el futuro, porque este grupo finés tiene cuerda para rato, nunca mejor dicho.

domingo, 2 de julio de 2017

EL DÍA QUE PARTICIPÉ EN UN LINCHAMIENTO

El hecho de que haya venido a mi vida un niño cuando yo tengo una edad relativamente madura, dejémoslo ahí, ha tenido un montón de consecuencias positivas en mi existencia, y una de ellas, no la más importante, es que con él rememoro vivencias que me ocurrieron cuando niño, porque proyecto en él aquellas experiencias, y concluyo en que, a pesar de que han pasado en torno a cuarenta años desde que yo paseaba mi mochila por el cole, sustancialmente no han cambiado muchas cosas, es como si se repitiera la misma historia.

Las peripecias del recreo suelen ser un recurrente tema de conversación, con respecto a la oficialidad de lo que ocurre en el plano docente que queda en segundo plano y que es más aburrido o menos dado a noticias que lo otro. Sí, mi hijo refiere los juegos de recreo y las cuitas que hay entre compañeros y mi sentencia es que los niños son niños en todas las épocas y las formas de socializarse pueden cambiar en el tiempo pero su esencia en la misma.

Alguna que otra peleílla me confesaba que se producía de vez en cuando, algo ciertamente normal y que hay que tomar en consideración en su justa medida, porque saber defenderse es intrínseco al ser humano y si los adultos nos metemos en querer sobreproteger estaremos malcriando a nuestros hijos, por eso hay que dejarlos un poco, esa es mi opinión, siempre y cuando la sangre no llegue al río.

Pues eso, que me refería que algún que otro compañero poco espabilado solía ser el blanco de las mofas del resto, algo que tampoco me gusta, pero es que suele ser una figura que también recuerdo que existía en mi escuela, y los niños éramos y son crueles, y nos pasábamos. Tal vez yo no.

Le pregunté a mi hijo si en el recreo jugaban a «mosca» o a «zurreón», o a «urda» y me dijo que no (interesantes juegos para tratar en este blog en dicha etiqueta), sobre todo, todos ellos un tanto violentos se basaban en golpear de alguna forma al que se la quedaba. Probablemente el juego de mosca sea el más conocido, dos filas paralelas de chicos (o chicas aunque las de mi clase jamás jugaron) abren un pasillo para que el que se la queda pase y puede ser golpeado por otro siempre que este no sea visto. Lo que ocurría en este juego en mi colegio es que siempre estaba el mismo que siempre se la quedaba y se llevaba todos los palos, parecía masoca, si no estaba él otros dos o tres tomaban el testigo.

Por respeto a él que sé que vive, aunque hace años que no lo veo, diré que S.E. era el prototipo de bobo de mi clase, con poca inteligencia y nula maldad, y que además no iba bien en los estudios, había una conjunción de factores muy critica, hoy podríamos considerar que le falta un hervor.

A estas alturas de la película tengo que decir que casi sin saberlo o sabiéndolo yo, siempre he intentado seguir esa máxima que luego me recordaron antes de ir a la mili, de no llamar la atención ni por arriba ni por abajo, es decir, ni muy listo ni muy tonto, no levantar la liebre, pasar desapercibido. Y en el cole me pasaba eso, no era de los que animaban a S.E. a que se la quedara en «mosca», aunque seguro que alguna vez le di alguna colleja, no lo niego.

Curiosamente esta historia de bobos y listos, de buenos y malos, y de invisibles (categoría en la que yo me encontraba), me llevó a otra que le apunté a mi hijo muy de refilón y que pasa por ser una de las más increíbles de mi vida y que dan título a esta entradilla. Historia que por más que la recuerdo me parece tan fantástica, tan increíble y surrealista que pese a que la viví en primera persona a veces me pregunto si no la soñé.

De algún modo, también era una historia de buenos y malos, de bobos y listos, de macarrillas y chuletas. Yo he vivido siempre en un barrio obrero que albergaba a cientos de familias a los que daba de comer Metalúrgica Santana (la que fabricaba los Land Rover en España) en Linares y con el boom de natalidad que hubo a finales de los 60 en España, la vida en la calle dista mucho de la actual, decenas de niños salíamos en tropel todos los días del año a jugar a lo que fuera, y nos conocíamos todos y lógicamente los había de todos los pelajes. Entre ellos estaba el que hoy traigo a colación, y protagonista principal de la historia, como también vive también respetaré su identidad aunque dudo que esto lo vaya a leer alguna vez, se trataba de P.V. El susodicho era el gamberrete de la calle, un tipo entre bobo y malvado que no solía tener buenas ocurrencias, entre sus méritos se contaba que una vez le pegó una pedrada a una niña y le vació el ojo para siempre.

P.V. no era ni mucho menos un delincuente, a tanto no llegaba, ni tampoco era pandillero infantil-juvenil, era el malo de la calle sin más. Un chaval en el que nadie confiaba, siempre trataba de engañar, se le iba la mano con facilidad, le gustaba apropiarse de lo ajeno, era generalmente sucio, desaliñado, maloliente y con mocos perennes, aunque su familia sabíamos que estaba económicamente mejor que el resto (su padre tenía una empresilla), hasta el punto de que construyó un chalé a las faldas de la explanada que utilizábamos para jugar al fútbol. Su madre era la única del barrio que acudía a comprar a la tienda en zapatillas de paño, algo que ya me resultaba chocante, así que es imaginable cómo detesto hoy la moda de esos/as que van a comprar al Mercadona o el Lidl con pantuflas, pijama o bata, o todo a la vez.

Bueno, pues pese a todo él era un «amigo». La paradoja era tal que hicimos un equipo de fútbol, compramos unas camisetas, y él formaba parte del mismo, pero cuando un balón se salía del campo y llegaba a los aledaños de su chalé su madre nos lo confiscaba y se acababa el partido sin que él dijera nada.

Pues eso, P.V. era un tipo que a base de hacer una trastada tras otra llegó el momento y no se cuál fue la chispa que encendió la llama, pero el caso es que un día, yo debería tener trece o catorce años, estamos hablando de principios de los años 80 y, algo muy gordo debía haber hecho o por acumulación (a lo mejor fue por la sucesiva confiscación de balones), pero el caso es que fue un clamor en la calle que P.V. debía de llevarse su merecido de una vez por todas. No recuerdo muy bien las fechas pero por el buen tiempo que hacía, podría ser mayo o junio, o tal vez septiembre, lo cierto es que la mano invisible del odio se extendió con rapidez y una tarde decidimos anunciarle, huelga decir que yo es como si no estuviera, que lo íbamos a linchar, así tal cual.

No sé si aquello fue como un reguero de pólvora, lo cierto es que allí comenzó a aparecer gente de calles aledañas a mi barrio, porque P.V. era bien conocido en los alrededores; tal que nos juntamos yo diría que unos treinta chavales, y de buenas a primeras comenzó una persecución, debería calificarla de espectacular porque jamás me vi en otra igual, en la que nuestra horda atravesó Linares no menos de cinco kilómetros por su periferia.

Como es evidente la persecución no iba a ser eterna y hubo un momento en que P.V. que no era precisamente un tipo ágil, era más bien fondón, pues yo creo que se cansó o vio que no tenía sentido correr para no llegar a ningún sitio porque ya estaba en el campo, en un erial grandísimo sin posibilidad de esconderse ni de escapatoria y nosotros a unos 500 metros viéndolo perdido y restregándonos las manos.

Pobre P.V., por primera vez en la historia, el malo malote de la calle estaba contras las cuerdas, y no dudo que a mí aquello me producía cierta satisfacción, se estaba ejecutando esa especie de justicia rápida que por fin iba a resarcirnos de tantas gamberradas que habíamos sufrido del ínclito.

No sé si levantó la bandera blanca o P.V. reclamó a voces en esa situación límite que, puestos a «morir», por lo menos pensaría que podía hacerlo con cierta dignidad, solicitando un poco de clemencia (la que no tuvo con nosotros durante muchos años) y que se enfrentaran con él en el combate final solo unos pocos, un mal menor, o un riesgo calculado. En un sumarísimo juicio tomamos la determinación de que se encargaran de liquidarlo cinco de nosotros, y sí, yo no fui uno de los elegidos, aunque estoy seguro de que tampoco me postulé, porque yo seguía en modo invisibilidad como si tuviera la capa mágica de Harry Potter por encima.

Lamentablemente para mi morbosa curiosidad nuestros matones se apartaron tanto de nuestra visión que no pudimos ver cómo se sustanció la pugna. Transcurrirían quince o veinte minutos y los sicarios volvieron bastante inmaculados ciertamente y contando como le habían dado para el pelo a P.V., a mí me sonó que demasiado ruido para tan pocas nueces.

No recuerdo muy bien cómo fue la vuelta a la calle, pero como niños que éramos, aunque P.V. era probablemente dos años mayor que el resto, el berrinche se nos pasó rápido y con los ánimos más calmados y la turbamulta disgregada, ya era de noche y estábamos comentando la jugada, y P.V. se acercó y pidió parlamento. Recuerdo perfectamente que J.G. fue el intermediario o negociador (era uno de los chuletas del barrio, y que luego se convirtió en un sensible licenciado en Bellas Artes, todo un inspirador contrasentido), a mí me pareció un traidor, porque después de haber llevado a cabo una persecución de película el intentar hacer las paces a las pocas horas era de ser poco machos, mi posición de pensamiento era muy libre porque al fin y al cabo yo siempre llamaba poco la atención. J.G. volvió y nos comentó que P.V. pedía clemencia, que no lo volvería a hacer, lo que fuera, y que iba a ser un hombre nuevo.

No sé si P.V. se convirtió en un hombre nuevo pero es muy probable que ya cercanos a nuestra adolescencia tuvimos menos oportunidades de alimentar la calle. Tal vez fue la penúltima oportunidad de estar de andanzas con P.V.

Y fue la penúltima porque la última la recuerdo bien, en una Feria de San Agustín de Linares. Comoquiera que aquel linchamiento fue olvidado con prontitud, porque también hay que preguntarse si verdaderamente lo hubo o nuestras avanzadillas se inventaron lo que le hicieron a P.V. en esos veinte minutos donde se decidió el futuro de la calle, lo cierto es que P.V. que hoy no sería un amigo en mi vida actual en ningún caso, seguía siendo un miembro de la pandilla, más o menos querido. En aquella Feria yo tendría en torno a catorce años y se decidió, yo no por las razones antes expuestas, que en una operación a gran escala, seguramente inspirada por P.V., íbamos a hurtar unos pines o insignias (que en los años 80 estaban muy de moda) en un puesto de moros. La tan sofisticada estrategia pretendía desviar la atención del vendedor y que yo, sí yo, ejecutara el hurto. No sé cómo me la metieron doblada si yo no existía, pero después de dar vueltas, muchas vueltas, elegimos la víctima, y yo nulamente avezado en el arte de la sisa, imagino que actué como elefante en una cacharrería, y el moro que estaba ya de vuelta de pícaros callejeros me cogió la matrícula rápido y me pilló antes de que dijera esta boca es mía. Imagino que pasé un bochorno instantáneo, pero provocó en mí un sentimiento definitivo y presente de que jamás me vería en otra igual.

Y este era P.V., el inspirador de esta sensacional y disparatada pero también cotidiana historia, por aquella época tenía más sentimiento de odio hacia él que otra cosa, aunque paradójicamente compartiéramos andanzas, equipo de fútbol o trapacerías en un puesto de feria, y deseaba que la vida le fuera mal en comparación con la mía que yo esperaba que fuera bien y que el karma pusiera a cada uno en su sitio.

Hoy tengo un sentimiento indiferente incluso de cierta pena, y sé que P.V. ha sido un hombre normal tirando a vulgar con más penas que glorias, y enterrada tantas batallas de la infancia, uno casi tiene olvidado todo. También es verdad que mi época era más recia que la actual, hoy no deseo ni por un instante que mi hijo tenga el más mínimo problema en su vida, pero yo me peleaba, traía chichones y heridas por doquier, hacía serias travesuras y, sin embargo, me tengo por una persona bastante tranquila y pacífica.

sábado, 24 de junio de 2017

"YO FUI LA ESPÍA QUE AMÓ AL COMANDANTE", DE MARITA LORENZ

Cuando empecé la andadura de este blog, hace ya más de siete años, las ideas sobre las cosas de las que quería escribir se agolpaban en mi cabeza, y mi producción era a la par bastante copiosa, aunque eso sí, para no ahogarme a mí mismo decidí desde el principio que solo publicaría con una periodicidad semanal. Era pues, esa época balbuciente de esta personal bitácora, todo un torrente de inspiración que me permitía tener una carpeta con un arsenal de artículos en el banquillo de los reservas a la espera de ser publicados. Con el tiempo la carpeta fue adelgazando y hubo un momento en que desapareció porque me acostumbré a ir al día, ¿menor inspiración?, seguramente menos tiempo para pensar.

Lo cierto es que físicamente la carpeta en mi ordenador no desapareció como tal y se enquistaron un par de artículos, uno esperando unas fotos que alguien me tenía que mandar y que creo que jamás recibiré y, en consecuencia, nunca verá la luz; y el otro era uno muy concreto, era un artículo de opinión que se habría titulado algo así como «La noticia de la historia contemporánea más esperada» y en él expresaba la que para mí sería una de las grandes noticias contemporáneas que, más por emblemática que por otro detalle, contribuiría a darle un giro al mundo que conocemos, la misma no era otra que la venidera muerte de Fidel Castro y sus consecuencias. Se tiró tanto tiempo este artículo en la carpeta, años evidentemente, que cuando los acontecimientos fueron deshojando la margarita del futuro cubano, ya me di cuenta de que el artículo no tenía ningún sentido publicarlo, porque estaba claro que con Fidel o sin Fidel, con su hermano y el que venga después, Cuba iba a seguir y seguirá siendo un país comunista, un país no democrático, un país donde sus habitantes mayoritariamente viven con muchas necesidades.

La reciente muerte de Fidel no hizo que yo rescatara aquel artículo, no tenía sentido, pero sí que me animó a buscar información sobre el dictador, su biografía, sus andanzas, y cómo lo que fue una idea buena la de la Revolución, para limpiar un país que estaba lleno de basura, se convirtió en un cáncer con peores efectos que los que hubo antes de su eclosión. En mitad de esa búsqueda llegó la posibilidad de adquirir este libro, animado quizá por la posibilidad de que se hablara de Fidel desde un punto de vista tal vez menos explorado.

Y el título era sugerente, con «Yo fui la espía que amó al Comandante» pensé que iba a indagar en la vida de Fidel a través de la que se suponía era una de sus amantes. Lamentablemente, aunque el libro no digo que no tenga su interés, puesto que el episodio de la vida de Fidel es una mínima parte de lo que contienen sus páginas, en realidad es la autobiografía de Marita Lorenz, todo un personaje difícilmente clasificable, con una vida azarosa y miles de vivencias que contar, porque estuvo presente en algunos de los acontecimientos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX.

La propia Marita Lorenz reconoce en esta verdadera autobiografía que hay quien puede pensar que su historia es bastante increíble y, de hecho, deja en manos del lector, textualmente, su credibilidad. Ciertamente la historia que cuenta es tan fantástica a veces, que parece un milagro que aún siga viva, cuando se ha estado codeando con lo más granado de los bajos fondos de Estados Unidos, y ha conocido las cloacas incluso institucionales del país que la adoptó, granjeándose no pocos enemigos.

Nacida en Alemania poco antes de la 2ª Guerra Mundial en el seno de una familia acomodada, su madre estadounidense y su padre alemán capitán de un barco de pasajeros, le dieron una vida relativamente tranquila, aunque con la injusticia de la gran conflagración bélica, la ausencia de su padre y la sospecha de que su madre conspiraba contra los nazis, da con sus huesos en el campo de concentración de Bergen-Belsen con apenas seis años, sufriendo en primera persona el terror de aquellos monumentos a la ignominia humana. El hecho de que no fuera judía y el fin de la guerra la salvaron de un final trágico y prematuro. También cuenta que sufrió la violación de un militar estadounidense al poco tiempo, es evidente que todo esto marcó su vida, y probablemente la hizo más coriácea.

Tal vez el hilo conductor de su vida es el desenfreno, el no poder estar asentada en un lugar, no tener nunca un oficio concreto, la necesidad de huir hacia adelante, de meterse en líos y en asuntos poco limpios.

Enrolada en un buque turístico que su padre capitaneaba llegan a La Habana en 1959, casi con el movimiento revolucionario aterrizando en la isla, y tardará nada en conocer a Fidel, del que se enamora perdidamente, tenía veinte años. Se convertiría en su novia o en su amante, en su «alemanita», pero en realidad se deduce que es un juguete para el joven Comandante. Con apenas veinte años Marita se quedará embarazada de Fidel, y con la misma ilusión con que cuida en su interior al hijo del dictador esta se desvanece cuando entre drogas y medicamentos estupefacientes la hacen abortar, o eso es lo que ella piensa. Con el convencimiento de que ha perdido a su hijo por una cuestión de Estado, abandona la isla definitivamente. Al tiempo irá conociendo que ese hijo no murió físicamente, pero el futuro no fue justo con ella y creo que llega a conocerlo en una ocasión.

Recuperada de uno de sus muchos contratiempos vitales volverá a Estados Unidos, donde siempre estuvo asentada, y se cruzará en su camino otro dictador, en este caso el derrocado presidente venezolano (veinticinco años mayor que ella) Marcos Pérez Jiménez, y como le gustaba caminar por la cuerda floja, tendrá una hija de él; esta si nacerá pero al momento en que Pérez es extraditado a Venezuela. Cuenta una historia casi irreal en la que va a Venezuela con la niña casi recién nacida y le impiden ver a Marcos, hasta el punto de que es recluida durante meses en un poblado perdido de la selva. Pérez Jiménez, que acumuló una gran fortuna, terminó sus últimos años en España, residiendo paradójicamente en la exclusiva urbanización madrileña de La Moraleja, incluso Marita viajó una vez con su hija a Madrid, pero apenas aterrizó fue mandada de vuelta por el servicio secreto estadounidense.

Su vida continuó siempre relacionándose con gente del hampa, mafiosos y ayudando sin rumbo definido a cubanos y anticastristas, de hecho, relata el episodio en el que la enviaron a Cuba con pastillas para envenenar a Fidel pero ella se arrepintió. Tal vez lo prematuro de su bagaje hizo que también las autoridades estadounidenses se fijaran en ella para asuntos de espionaje y contraespionaje que estuvo desarrollando de forma intermitente.

Cuenta Marita Lorenz que estuvo en la misión para matar a John F. Kennedy y que conoció a todos los actores implicados, es más, estuvo con Lee Harvey Oswald y en Dallas unas horas antes del magnicidio. Marita declaró muchas veces al respecto, de lo que conocía de Oswald, con quién se tenía contactos, qué entrenamientos conjuntos hicieron o quién era el hombre que asesino a Oswald, Jack Ruby, al que también conocía.

En esa vida de locura, Marita siempre se movió entre la oficialidad y la penumbra, en esa penumbra cabía de todo como ya he referido, pero había más, fiestas, hombres y todo ello a promiscuos niveles. Muchos hombres, un hijo más Mark, pero ante todo la necesidad de permanecer en un sitio que nunca llegó a consumar.

Con tantas aventuras y conspiraciones en su haber, ya digo que es milagroso que sobreviviera hasta su actual vejez; pero esa vida en el alambre también devino en errática para su situación económica, lo mismo vivía períodos de lujo que apenas tenía para comer y vivía casi de la caridad.

De ella hay un libro más y hasta una película de su vida, que ella reconoce que es bastante pésima, y no debe ser muy buena porque no encuentro referencias en Internet y eso ya es difícil.

En cuanto al libro, su título es más oportunista que otra cosa, pero una vida con tanto trasiego (excesiva en cuanto a datos de personas y lugares) no deja de ser entretenida, de auténtica película, aunque la que le hicieron fuera un pestiño.

Me deja una sensación de irrealidad, pero también es posible que calle mucho más de lo que cuenta, todo un personaje desconocido para mí, que estuvo metido en el meollo de muchos de los momentos que templaron la segunda mitad del siglo XX.

domingo, 18 de junio de 2017

ÁNGEL CASAS Y "UN DÍA ES UN DÍA", FERMENTO DE LOS PROGRAMAS DE MEDIANOCHE

Confieso que alguna vez me sentí atraído por los late night, era la época de Pepe Navarro con «Esta noche cruzamos el Mississippi» y luego, creo que con más afán con Sardá y sus «Crónicas Marcianas», el cual fagocitó al anterior. El espectáculo en una hora golfa, como era la franja de medianoche, permitía todo tipo de licencias, inimaginables en la programación de la mañana o de la tarde, y se proclamaba un nuevo formato de programas de entretenimiento, heredado de Estados Unidos, que se alimentaba de actualidad, de carnaza, de un producto de usar y tirar, que como es lógico, apasionaba al gran público, que buscaba en la nocturnidad de sus casas un aliciente para no caer en el aburrimiento y la rutina de un sueño tan necesario como improductivo.

Quiero imaginar que yo consumía aquellos programas porque coincidió en que mi vida estaba menos presionada, ya no tenía que estudiar, y acostarse tarde (por encima de la una de la madrugada) no suponía gran esfuerzo para mí, y lo que me captaba era el entretenimiento sin más, aunque ya se colara varios pueblos o fuera el fermento de la telebasura que hoy acompaña a muchas televisiones. A mí me entretenía, y estoy seguro de que si en algún momento me aburrieron esos programas, corté la televisión y me fui al catre.

La televisión en España tras la democracia fue abriéndose paso al calor de lo que las tendencias en otras televisiones europeas y norteamericanas iban mostrando, y Televisión Española mejor que peor, yo creo que no lo hacía mal aun siendo monopolio hasta 1989, y la irrupción de los nuevos canales privados lo que hizo fue engrasar más la máquina.

Siguiendo esa estela, Televisión Española, a través de un monstruo de la radio como era Ángel Casas, proyectó a través de la productora de este un programa que pretendía gravitar sobre la franja horaria que sigue siendo la crítica, la más caliente y apetecible para las televisiones, esa que pretende atraer a todos los adultos españoles que después de cenar no tienen cosa mejor que hacer que sentarse delante de la pequeña pantalla; esa franja que es demasiado tardía en España porque no empieza antes de las diez y media. Nada ha cambiado en nuestro país en prácticamente un cuarto de siglo en cuanto a horarios, porque el programa que capitaneaba Ángel Casas también se anunciaba para las once menos cuarto, y entre pitos y flautas, y anuncios, siempre comenzaba al filo de las once, algo que no entendía mucho antes y tampoco entiendo ahora.

Bien es cierto que «Un día es un día» no era un programa diario, se emitía solo un día de la semana y laborable, en concreto los jueves y todavía no rezumaba ese empeño mediático de creación de corriente de opinión y de cierto fanatismo que se arrogaban los programas de Navarro y Sardá, pero estaba en una vertiente similar. Creo que estuvo un par de temporadas en emisión, tal vez años 1990 y 1991.

Ángel Casas tenía mucha experiencia en radio, fundamentalmente musical, y ese bagaje televisivo lo adquirió como el poeta, hizo el camino al andar. Primero presentó el espacio televisivo Popgrama, uno de esos buenos programas de música que tuvimos con el inicio de la democracia, que nos traían la música de actualidad y actuaciones en plató de muy diversos grupos; programas que se echan en falta y mucho en la actual parrilla televisiva. En este formato Ángel se encontraba en su salsa.

Con el salto a un programa donde la entrevista y cierto chisme, eran los emblemas, Ángel quizá no cuadraba tanto, no era un tipo bien parecido, tampoco daba la impresión de que se sintiera cómodo del todo, porque se le apreciaban muchos tics radiofónicos, pero todo eso se compensaba con su audacia en las entrevistas y el perfil de sus entrevistados, algo de lo que se encargaba su productora.

Si por algo se caracterizó aquel programa es porque, aparte de realizar entrevistas de actualidad y de temática general, también destapaba el germen de esos programas de medianoche de los años 90, y también de esos otros que hoy monopoliza Telecinco, como elemento primordial de su programación, que se pudieran catalogar en lo que antes era prensa rosa, y hoy es prensa rosa, pero también chusca, zafia, anticultural y degradante.

Es verdad, «Un día es un día» traía a personajes de rabiosa actualidad de esos que copaban las revistas del corazón que yo particularmente tenía ocasión de repasar cuando iba a una peluquería o mi madre las compraba (no ha sido mi madre compradora habitual de este género y de vez en cuando se hacía con alguna cuando había alguna boda real o algún acontecimiento con mucho boato). Si algún personaje más o menos famoso, español o extranjero, era portada de esas revistas, podía ser el objetivo de «Un día es un día».

Ahí sí que era bueno Ángel Casas, sin obviar que llevaba unos guiones muy bien preparados, el periodista era capaz de generar un ambiente desenfadado, tal que los entrevistados parecían abrirse y contar todo tipo de intimidades, cuando no los ponía en un aprieto. En unas declaraciones a un semanal de la época este señalaba con cierto descaro al respecto: «Doy cuerda a mis invitados para que ellos se ahorquen».

El programa tenía una buena muleta musical, muy buena, en ese sentido, Casas quería imprimir todo su carácter y su bagaje, en un mundo que él conocía al dedillo, y por su plató (el programa era en riguroso directo) pasaban multitud de cantantes y grupos de la más rabiosa actualidad y otros más clásicos, hasta tres en un mismo programa que solían interpretar incluso dos temas y muchas veces en directo, de ahí que casi se podría decir que en un 25 o 30 % era un programa musical.

Al hilo de los dos párrafos anteriores hay una grabación de uno de sus programas en Internet en el que antes de su actuación interpela al cantante de salsa puertorriqueño Lalo Rodríguez, aquel de «Devórame otra vez», que en una entrevista insólita empieza a preguntarle por frases concretas de una de estas canciones (ya se sabe que la salsa, la bachata, la cumbia o la rumba suelen tener letras muy calientes que quieren decir descaradamente lo que quieren decir sin demasiados rodeos); y yo creo que Lalo pensó que le estaba pillando un tren, porque se sintió enormemente incómodo al tener que explicar qué significaban las letras que cantaban sin parecer un guarro, un depravado o un salido.

Por cierto, que aparte de todo lo referido en esta entradilla hasta ahora, si por algo se caracterizaba el programa y, los que lo veían seguro que recuerdan, es por algo que aún no he anotado, y es que el fin de fiesta, para darle más anarquía a un programa que se podría denominar del genero magacín o de variedades, lo protagonizaba un striptease, y que yo recuerde siempre lo llevaban a cabo mujeres, no era integral. Bueno poco comentario más sobre esto, que hoy estaría superado, pero en el año 90 la audiencia española aun tenía la herencia de muchos años de restricciones y Ángel Casas y su equipo sabían perfectamente que colocando la guinda al final del programa conseguían tener pegada a la gente enfrente de la tele aunque el contenido del resto les pudiera interesar más o menos; táctica que de algún modo también practicaron años más tarde Pepe Navarro y Sardá.

Ángel Casas siguió en la televisión con programas de menor calado que este, porque este es con el que se dio a conocer para el gran público y últimamente fue director de Barcelona Televisió (canal municipal) hasta su jubilación en diciembre de 2014.

domingo, 11 de junio de 2017

LAS SUIZAS DE UN MUNDO DONDE CADA CUAL VA A SU BOLA

Decía el filósofo Hobbes remedando al comediógrafo latino Plauto que «El hombre es un lobo para el hombre»; y qué gran verdad, porque en esta Tierra donde nos ha tocado vivir y afrontar el reto de nuestra propia existencia, el ser humano se ha propuesto casi desde que el mundo es mundo y con evidente empeño en autodestruirse. Las guerras, los asesinatos o el egoísmo están a la orden del día, y la sola posesión de armas de destrucción masiva operativas capaces de destruir veinte veces este planeta, nos hace reflexionar sobre la ruindad de la condición humana, seres racionales que nos hacemos llamar y que somos, sin lugar a dudas, muchísimo más animales que aquellos a los que llamamos animales.

Es decir, que un repaso, ni siquiera concienzudo, a la historia, nos lleva a la conclusión de que de seres racionales tenemos bastante poco. A Donald Trump, me ahorro calificativos que se dan por sentados, se le ha ocurrido sacar a su país del Acuerdo climático de París, definiendo lo del «cambio climático» como un cuento chino. Y ese es otro de los problemas del ser humano que, fruto del egoísmo y la irracionalidad, es manifiestamente cortoplacista, no mira a las generaciones venideras, mira el ya, el ahora, y le importa un bledo el futuro. Trump puede ser lo que queramos, tonto, ignorante, soberbio, pero ante todo es un populista, y el populista tiene como máxima dar de comer a aquellos que le sustentan; le quedan en condiciones normales entre diez y veinte años de vida, y quiere que su país avance, produciendo más, ganando más y ahorrando más, y eso se lleva a efecto contaminando más, porque por ahora, es más barato eso que establecer medidas para contaminar menos.

Trump maneja ese corto plazo como cualquier vecino que te cruzas por la calle, no mira el mañana mira el hoy, y que prefiere disfrutar de una caña en una terraza aunque no sepa si tendrá dinero para pagar la luz del mes que viene; y es el mismo cortoplacismo del pobre que pide en la calle y que se compra un paquete de tabaco antes que una barra de pan.

Sirva todo lo anterior de preámbulo para afirmar categóricamente que el mundo global es manifiestamente injusto y, por definición, desigual. El egoísmo se destila en cada noticia que vemos en la tele, que escuchamos en la radio o que leemos en el periódico; el terrorismo, la xenofobia o el fundamentalismo son muestras evidentes de ello, someter a los demás porque yo soy más que tú. La pobreza y el hambre demuestran la sinrazón humana, mientras que en unos países tiramos la comida y nadamos en la opulencia, permitiéndonos elegir qué comer o no mientras nos tocamos nuestra agradecida panza, en otros confines de este despreciable planeta mientras estoy escribiendo esto habrán muerto muchas personas de hambre porque no tienen nada que llevarse a la boca y nada es nada.

La corrupción es también una muestra del egoísmo, y dentro de la corrupción, siempre reprochable, la peor y más odiosa de ellas es la corrupción pública, sí, esa que permite a nuestros mandatarios públicos aprovechar su privilegiada posición para enriquecerse con un dinero que debiera ser de todos, es decir, en términos genéricos, la corrupción pública está nutrida con el dinero de todos los contribuyentes, con tu dinero y con el mío.

Dicen que cuanto más viajas más tolerante eres, y que a muchos que alientan nacionalismos y separatismos se le quitarían muchos pájaros y tanta tontería en cuanto salieran y se dieran una vuelta por el mundo. Yo no me creo más que nadie ni tengo la verdad absoluta, pero la experiencia de haber viajado a África y estar allí unas tres semanas me dieron un bagaje importante para afrontar mi vida; al igual que hace años cuando viajé a Estados Unidos. Ambas vivencias me han permitido o me han ayudado a entender el mundo que nos rodea. Un mundo que tiene muchos mundos, un mundo con ciudadanos de primera, de segunda y tercera, y otros muchos que directamente no son ciudadanos, son números, son anónimos, son nadie.

Porque en este mundo de la corrupción siempre me ha intrigado el hecho de que todos los países no caminen en el mismo sentido, y es que no poniéndonos de acuerdo para que desaparezca el hambre y las muertes por esta lacra, más difícil será convenir algo menos crítico. Así que tenemos a un montón de corruptos en este país, y lo que te rondaré morena porque seguramente nos enteramos de la misa la mitad, que montados en el dólar (el euro) que han robado a cada ciudadano, se llevan su dinero a Suiza. Y aquí está lo bueno, tenemos corruptos porque existen países que son chorizos institucionales por sistema.

Hete aquí Suiza, paradigma de la evasión de capitales y del blanqueo de dinero, pero eso sí, un país modélico, del que siempre se habla bien, de la educación de sus ciudadanos, de sus avances sociales, de su modernidad, y encima viven entre prados y montañas donde se destila un ambiente idílico y paradisíaco. Pero permítaseme la expresión, Suiza es una mierda pinchada en un palo, quién manda en Suiza, nadie lo sabe, sabemos quién manda en Italia, Francia, Portugal, Gran Bretaña, pero ¿y en Suiza? Da igual, es irrelevante porque el presidente del gobierno suizo es un privilegiado que debe administrar un país al que le sobra el dinero y su mérito es inventar medidas cada vez más audaces para contentar a su población, nadan en la abundancia. Es como si me ponen a mí a entrenar al Real Madrid o al Barça, que ganarían aunque yo me empeñara en hacerlo muy mal. En Suiza los que mandan son los bancos, si ellos funcionan el país también y lo que ellos digan es santa palabra. En Suiza viven ocho millones de personas, pero nunca vienen a veranear a España, porque prefieren su pata negra a una mortadela con aceitunas.

Y los bancos suizos se nutren de la mierda de otros países, aunque para ellos solo sea dinero y cuenta de resultados, porque no preguntan cómo se ha obtenido, no preguntan nada, y encima te dan unos intereses alucinantes y no les importa, son muy majos, que tú seas un delincuente en tu país, porque ellos te guardan tu dinero y cuando tú pagues con la justicia en el correspondiente talego ellos te esperan con los brazos abiertos, porque tú no has matado a nadie simplemente has engañado a mucha gente, y tú eres un cliente de primera. Es un caramelo apetitoso para los Bárcenas, Rato y compañía, apetitosísimo, porque lo cierto es que pese a las pegas que ponemos en España y la mayor sensibilidad que cada vez tenemos contra la corrupción, seguirán saliendo día tras día personajes que caerán en la tentación de trasladar el dinero corrupto a Suiza, algo que por otra parte, se revela muy fácil de llevar a efecto porque de lo contrario no estaría tan a la orden del día. Menester sería que las penas para los delincuentes de guante blanco fueran más duras, porque al final pasarse unos pocos años en la cárcel compensa la lujosa vida de que van a gozar cuando salgan de la trena.

Pues tamaña ignominia es la que nos ofrece un país «modélico» como Suiza, un país en medio de Europa que se jacta de ser un país neutral y perfecto para vivir, pero que se activa con la delincuencia de media Europa. Es un país de mierda, putrefacto por dentro aunque de fachada va muy bien, tanto que se permite tener una cruz en su bandera. Suiza representa la hipocresía de un mundo imperfecto, donde unos sufren y otros nadan en la opulencia.

Suiza no es el único caso en el mundo, cada zona del planeta tiene su Suiza más o menos amplificada. Andorra es un refugio fácil y cercano para llevar el dinero en efectivo metido en el bolsillo haciendo varios viajes desde Cataluña, el «honorable» Pujol sabe mucho de esto, podría ilustrar esta entradilla con una lección magistral. Gibraltar tiene más empresas registradas que llanitos están censados en la colonia. Las Islas Caimán son el paraíso para el dinero negro estadounidense.

Nada menos que treinta y ocho paraísos fiscales tiene cifrados la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la mayoría micropaíses, aunque curiosamente Suiza no está entre ellos, Panamá tampoco, lo de Suiza es perverso. Es cuestión de detalles, Suiza tiene tanto poder (económico) que es capaz de acallar, lo ha hecho siempre, a cualquiera que dice una palabra más alta que la otra. Suiza es una superpotencia revestida del disfraz de corderito noble, tierno y «neutral».

En un mundo donde tenemos en números redondos unos doscientos países, que tengamos en torno a un 20 % de paraísos fiscales es escandaloso. Es cierto que muchos son micropaíses y generalmente son naciones desarrolladas, pero no es menos relevante que esos países viven muy bien gracias a los delincuentes que amparan.

Los que llevan el dinero a Suiza no son asesinos, pero el dinero legítimo que tendría que circular en los países de origen, genera pobreza y la pobreza genera delincuencia y provoca indirectamente muertes, pero los corruptos tienen sus manos limpias de sangre y no les importa que haya un derramamiento de sangre en la periferia de su ciudad, mientras ellos se bañan en su piscina de La Moraleja, eso no va con ellos. Va con ellos echar una suculenta limosna en el cepillo de la misa de doce de los domingos, porque muchos de ellos mantienen las formas y tratan de ser ciudadanos ejemplares, hasta que se les ve el plumero.

Este mundo que, como digo, tiene muchos mundos, sería preciso que todos los países intentáramos remar en la misma dirección, pero eso es imposible. ¿Hay algún organismo que maneje la barca de los designios mundiales? Pues cuando era pequeño me alegraba saber que la ONU tenía el cometido de ser el capitán de esa barca, pero décadas de funcionamiento un poco errático han revelado que dicha organización cumple más el fin de ser la Organización de las Naciones Desunidas y una institución que es el cementerio de elefantes para políticos de todos los países del mundo que es necesario aparcar en algún lado.

Y este es nuestro mundo, trabajando con ahínco, con denuedo, para intentar que la hecatombe se produzca cuanto antes. Menos mal que el ser humano, que sepamos, solo existe en el planeta Tierra, un minúsculo punto del universo infinito, porque si no...

sábado, 3 de junio de 2017

EL HOCKEY SOBRE HIELO EN ESPAÑA CRECE (VIII)

Ha acabado la temporada en el hockey sobre hielo nacional e internacional y toca realizar mi habitual repaso anual; como siempre el colofón lo pone el fin del Campeonato Mundial absoluto masculino celebrado este año entre Francia y Alemania (París y Colonia), y que tuvo un vencedor un tanto inesperado como fue Suecia que derrotaba en la final a la siempre favorita Canadá, Rusia fue bronce. Una mínima reflexión al respecto y es que la Federación Internacional (IIHF) debiera mirar por sus intereses y que las competiciones que promueve tuvieran el valor real del potencial de cada nación y no la adulteración que actualmente se produce, toda vez que se juega en mitad de la temporada de la NHL (Liga profesional de Estados Unidos y la más importante del mundo) y los equipos se niegan lícitamente a ceder a sus jugadores (la pela es la pela), pero es más el Comisionado de la NHL Gary Bettman ya ha expresado que la NHL, sus jugadores, no estarán en los Juegos Olímpicos de 2018 en Pyeongchang (Corea del Sur), porque son contrarios a interrumpir la temporada.

Pero bueno, esas son cuitas de la élite donde España jamás estará (tendrían que cambiar muchas estructuras en nuestro país) y la temporada en cuanto a selecciones nacionales deja un mal sabor de boca, porque hemos tenido el triste descenso de la absoluta masculina rememorando lo ocurrido en la temporada de 2013; por lo demás, el resto en su nivel, medallas pero ningún ascenso, o sea que somos cabeza de ratón y en este deporte tan competitivo sería más interesante ser cola de león, y perder pero con equipos más grandes, aunque sea por probar las mieles de una categoría superior.

La Superliga española 2016/17 ha contado con los cinco habituales de la anterior, es decir, Jaca, Txuri Urdin, FC Barcelona, Puigcerdà y Majadahonda, y dos nuevos, Boadilla y Milenio Logroño. Los neófitos están aprendiendo y han quedado en 6º y 7º lugar respectivamente, pero es un buen intento para agarrarse a la élite, esperemos que con el tiempo se note la evolución, y que básicamente la temporada que viene perseveren en la categoría, algo que se hace simplemente con la inscripción (porque tienes dinero).

La liga regular tuvo el protagonismo de Txuri Urdin y Jaca, y a la postre en el playoff final los donostiarras conseguirían el título que la pasada campaña se les resistió en una eliminatoria muy reñida y que en esta no ha tenido color imponiéndose por un inapelable 3 a 0.

De algún modo, los oscenses ya se habían resarcido previamente porque en la Copa del Rey, en la Final a 4 disputada en Majadahonda antes de los playoffs ligueros se imponían a los vascos por 2 a 1. Curiosamente los títulos se han cruzado este año entre ambos equipos y siguen marcando el rumbo al resto de conjuntos.

Este año no ha habido liga de 2ª División, porque en la anterior hubo cuatro equipos y dos subieron este año, quedando Majadahonda II y Valdemoro, por lo que entiendo que se ha decidido no sacarla. Otra de las razones es que normalmente esta categoría era de promoción, es decir, competían jugadores jóvenes, este año se ha optado por configurar una categoría junior, que ha funcionado bastante bien, con seis equipos, los cinco grandes más C.H. Huarte de Navarra. La competición la ganó el F.C. Barcelona y Majadahonda en segundo lugar. Se ve savia nueva y en una base sustentada no solo con dinero (para traer jugadores extranjeros) sino con la base deportiva, Txuri Urdin y Jaca ya no son tan dominantes.

A este respecto hay que añadir que la web de la Federación Española de Hielo ha cambiado a mejor este año, es más intuitiva y se aprecian las competiciones con más claridad. Dicho esto, y a título informativo es bueno observar cómo las competiciones inferiores cuentan con una nómina de clubes cada vez más amplia: Sub 16 con siete equipos, ganó F.C. Barcelona; sub 14 con nueve equipos, también venció F.C. Barcelona. Más abajo ya hay festivales (concentraciones) donde ya se juntan más de diez equipos, incluso he visto en un festival sub10 donde un conjunto del C.H. Granada fue a jugar al País Vasco.


En cuanto a las competiciones europeas de clubes, esta campaña nuestro representante fue CH Jaca como campeón de la liga 2015/16 y aunque no desentonó en el pasado mes de octubre en el grupo de la Continental Cup que le correspondió, tal vez no estuvo al nivel esperado, porque además se disputaba en la capital jacetana; y es que perdía todos sus encuentros, ante Nottigham Panthers (que fue el triunfador del grupo), HK Liepaja de Letonia y Zeytinburnu Estambul. Los turcos no están a nivel de selección por encima de España, pero este equipo otomano estaba bien reforzado con jugadores del este de Europa.

Por lo que respecta a las competiciones de selecciones nacionales masculinas en las diversas categorías, la absoluta protagonizaba la peor noticia de la temporada perdiendo la categoría, División II GrA que se disputaba en Rumanía. Perdían por poco contra belgas, islandeses y australianos (estos han sido la sensación de la temporada, pues siempre estuvieron muy por debajo del nivel de España en las últimas temporadas), se vencía en el tiempo añadido ante Serbia, en un esfuerzo inútil, porque en la que iba a ser la gran final, ante los anfitriones, estos consumaban su ascenso imponiéndose a nuestro combinado por un claro 6 a 0.

Este año habíamos cambiado de técnico pero no de nacionalidad, campañas atrás habíamos trabajado con el italiano Luciano Basile y ahora tomaba las riendas su compatriota Maurizio Mansi (italo-canadiense para ser precisos). Probablemente la premisa de la Federación Española es que se produzca el cambio generacional de verdad, nuestra selección fue de hecho la más joven de las participantes con una media de edad de 22 años. La categoría obviamente hay que recuperarla sí o sí en la próxima campaña puesto que somos los favoritos en el torneo asignado inicialmente para su disputa en Madrid (en la capital de España imagino que será el Palacio de Hielo de Hortaleza). En dicha cita nos veremos las caras con Nueva Zelanda, Israel, Corea del Norte, México y Luxemburgo, afirmar que somos claros aspirantes al triunfo es poco, no hacerlo e incluso no apabullar a la mayoría de los rivales sería un fracaso estrepitoso.

Repasando lo acontecido a nuestra selección masculina sub 20, participaba en su Mundial de la División II B, se repitió la medalla de plata del pasado año y de casi los últimos años, y es que no sabemos rematar el último partido, el decisivo, y eso que jugábamos en casa, en Logroño. La cita era a principios de año y el seleccionador español, el sueco Lars Lisppers alineó a un conjunto de jugadores con una media de edad de 18 años, interesante para seguir fogueando a estos seleccionados con el criterio marcado del relevo generacional. Los rivales eran Serbia, Bélgica, Corea del Sur, México y Australia. España conseguía fáciles victorias antes México y Australia y algo más apuradas ante Bélgica (6 a 3) y Serbia (4 a 2). El último día y la gran final dejaban a los dos conjuntos invictos, el nuestro y los surcoreanos (fuera de nivel en esta categoría porque en absoluta están dos rangos por encima). Nos pusimos por delante en la primera parte, nos empatarían y ya después fuimos a remolque hasta el final del choque, en el que se perdía por 5 a 3 tras dejar la portería vacía en busca del empate, anotándonos el quinto y definitivo tanto en el último minuto. O sea, una plata que deja un mal sabor de boca.

La campaña que viene viajaremos a Belgrado (Serbia), junto a los anfitriones estarán Bélgica, México, Turquía y Croacia. Los croatas han elevado mucho el nivel en todas sus categorías, hace una década eran rivales a los que los españoles vencíamos, ahora será el contendiente a batir.

La selección sub 18 que por los antecedentes de la categoría sub 16 donde solo se hacen amistosos, auguraba buenas expectativas, y este torneo de la División II B fue apasionante y sorprendente. Se disputaba en Serbia y el rival a batir era en teoría Holanda, a la que hace años que no vencíamos en ninguna categoría. El primer día se superaba a Bélgica por 7 a 1, el segundo por 4 a 3 a los anfitriones, pero el tercero se falló con sorpresa, pues nos sobrepasó Australia (que nunca ha sido rival para España en los últimos años) por 1 a 4. Aunque quedaba margen de maniobra, iba a ser complicado porque dependíamos de otros resultados; hicimos los deberes superando a Islandia por 7 a 0 y como dato muy interesante para el futuro, batimos con cierta facilidad a Holanda por 5 a 2. Teníamos que esperar que Serbia ganara a Australia, pero los oceánicos confirmaron su condición de equipo revelación y triunfarían logrando el oro y el ascenso, dejando a España con una plata que sabe a poco.

El año que viene aventuro que va a ser el torneo más interesante de todas nuestras selecciones, se disputará en Croacia, y las otras cuatro selecciones serán Serbia, Holanda, Islandia y China. Los holandeses siempre serán peligrosos, y los croatas los favoritos, pero no hay que olvidar a Serbia que jugará en casa.

Cambiamos el perfil y analizamos ahora el hockey hielo femenino patrio, y comenzamos con la Liga en la que fueron de la partida siete equipos, los mismos que la temporada anterior. Si en aquella campaña la sorpresa la dieron las barcelonesas del ASME Ice Blue Cats de Barcelona, en esta ocasión, el título lo ha logrado sin paliativos Majadahonda, venciendo en todos sus encuentros. La hegemonía se confirmó con su triunfo en la Copa imponiéndose a la vitorianas del CD Sumendi que van creciendo año tras año.

La selección absoluta lleva años tocando la gloria pero no llega al ascenso, se ha estancado un poco, y en esta temporada se ha mantenido el nivel y no llegamos a explotar. La cita de la División II B tenía lugar en Islandia, y en el primer partido se perdía con México por 3 a 1 (las mexicanas fueron las dignas vencedoras del torneo) y ya se fue a remolque, se vencía con dificultad a Nueva Zelanda por 3 a 2 cuando el año pasado se las batió por goleada, se derrotaba con facilidad a las rumanas que eran debutantes por 8 a 1, se superaba 11 a 0 a Turquía y se ganaba a las anfitrionas por 3 a 1.

Tras varios años con platas y algún que otro bronce, creo que en 2018 ya toca sí o sí, y la Federación Española ha apostado fuerte y se jugará el torneo en Valdemoro. Ahí tendremos a Islandia, Nueva Zelanda, Turquía, Rumanía y China Taipei. No ha habido descensos de la categoría superior, por lo que todas son rivales o nuevas o a las que ya se ha batido previamente.

Antes de la celebración de este Mundial, la selección absoluta había jugado la fase previa del Preolímpico en la Pista de hielo Txuri Urdin de San Sebastián, en un evento para rodarse y competir con equipos de superiores prestaciones al nuestro, porque hoy por hoy acudir a unos Juegos Olímpicos no está a nuestro alcance. Y estuvo bastante bien, se perdía con Italia por 2 a 0 (las transalpinas están dos categorías por encima de la nuestra), también por 2 a 0 contra Holanda (de una categoría superior) y se batía a Eslovenia que también están en la división de más arriba por un buen 5 a 1.

Nuestras jóvenes del sub 18 debutaban por primera vez en la historia en esa categoría y todo era una incógnita, en un grupo calificatorio de cuatro selecciones que tuvo lugar también en San Sebastián. Las chicas del sueco Perchristian Yngve con una media de edad de 16 años, tuvieron una digna puesta de largo, no obstante, no pudieron concretar el oro y el ascenso. En la primera cita ya perdían contra Australia por 3 a 1, haciendo inútil los triunfos relativamente fáciles ante Rumanía y México.

El año que viene tendrán una nueva oportunidad, pero sospecho que no será mejor que esta, pues habrá seis equipos; viajarán a México y aparte de las americanas, estarán Kazajistán (descendido de la categoría superior), Turquía, Corea del Norte y Holanda, estas dos últimas debutan y el pronóstico es bastante incierto.

En fin voy concluyendo, el resumen de nuestros equipos de selecciones es un mal resultado de la absoluta masculina, y el resto que no rematan en el partido que les toca ganar, a todos y a todas, parece que se lleva en la sangre.

Como siempre me gusta acabar, me lanzo a lo más cercano, y hay que decir que Granada ya cuenta con pista permanente de hielo, y habrá que esperar a que la base que se está formando a medio y largo plazo pueda tener equipos para competir en las ligas nacionales, y que los andaluces también podamos forma parte del cotarro de este deporte tan maravilloso que es una rareza para un país con tanto sol.

sábado, 27 de mayo de 2017

EMERALD WEB, UNA RED DE BELLEZA ENTRE FLAUTAS

No sé en qué momento de mi vida me desconecté del Festival de Eurovisión, muchos años ha, y probablemente fue cuando se generó la simbiosis entre el cúmulo de canciones cantadas en inglés torpedeando la riqueza lingüística del Viejo Continente, el mamoneo de votos amigos (Grecia vota a Chipre y viceversa, Estonia a Letonia y Lituania y viceversa, las antiguas repúblicas soviéticas, la antigua Yugoslavia, ya saben...) y el manifiesto horterismo presente en todo el espectáculo.

Lo que seguro que subyace en mi desinterés es que con la misma lucidez que puedo recordar algunas de las canciones que ganaron el Festival en la década de los 70 y 80, tengo semejante viveza para olvidar o desconocer las de los últimos veinticinco años, que si alguna vez las he oído, algo dudoso en su mayoría, apenas me llegan al final del verano.

Por eso, a mí como a muchos amantes de la música, nos congratulamos con la victoria de Portugal, la propuesta de Salvador Sobral era, como él mismo expresó, una ruptura clara y directa con respecto a la música comercial, esa de «usar y tirar» que no deja poso ninguno, esa que es una especie de «rollo de una noche», donde la sensibilidad y el amor se pierden, como se pierden muchos de los objetivos para los que el ser humano inventó la música en sus ancestros.

Al fin y al cabo, y sin ánimo de ser presuntuoso, la etiqueta de esta bitácora dedicada a la música va de eso, no es música que se consume como un chicle, con sabor al principio, pero que después de un rato ya no sabe a nada y tienes que echar a la basura. Y es que la música, para que trascienda, ha de ser atemporal, ha de decir algo, de llamar al corazón, de inspirar y de conmovernos.

Así que hoy he decidido hablar de Emerald Web, no atiendo a ninguna razón especial, es más, creo que tengo tantos grupos y músicos en mi agenda mental que será imposible que este blog con vocación de eternidad, hasta que la muerte nos separe, pueda recoger ni tan siquiera en una mínima parte.

Es curioso que el nombre de «Web» que hoy tenemos todos en la boca y que usamos con asiduidad no tenía la dimensión actual cuando este grupo se formó allá por 1978, con lo que la traducción lógica sería «Red Esmeralda», nombre por cierto muy bonito y evocador; y yo creo que nacido con este título para construir precisamente eso, música bonita, música para deleitarte con su escucha, tranquila, pausada y relajante. Una música basada en una bella simplicidad, pero que curiosamente rezuma un seductor calor y elegancia a través de la tecnología. Esa música que podrás escuchar dentro de un siglo y nunca podrás decir que es antigua.

Se trata de un dúo compuesto por Bob Stohl y Kat Epple, este matrimonio estadounidense originario de Florida y primigeniamente flautistas ambos y, de hecho, la flauta mezclada con sintetizadores tiene una fuerte presencia en sus composiciones, fueron de los pioneros de la música New Age y electrónica en Estados Unidos cuando a principios de los 80 comenzaba a atisbarse la proyección de este nuevo género musical.

Conciertos, bandas sonoras para televisión, músicas de fondo para espectáculos en planetarios, aparte de una constante dinámica de darse a conocer con sus conciertos, les permitieron ser bastante populares. Con doce discos a sus espaldas, prácticamente uno por año, este proyecto musical quedó cercenado con la muerte accidental por ahogamiento de Stohl en 1990 cuando tenía 34 años, en la flor de la vida.

Kat Epple continuó y se le conocen en torno a treinta álbumes en solitario o compartidos, para televisión, películas, desfiles de moda, libros digitales... Y ha llevado su flauta y el espíritu de Emerald Web y de Bob Stohl por medio mundo, actuando en los museos más representativos de Estados Unidos, en las Naciones Unidas, así como en escenarios muy reconocidos de Italia, Gran Bretaña o Alemania. Hasta ocho emmys la contemplan por diferentes composiciones musicales para televisión.

Como ya he comentado el hilo conductor de Emerald Web y el legado que mantiene Kat, fue siempre la flauta, sus viajes por el mundo les permitieron coleccionar y recabar instrumentos de todos los confines, y por ello Emerald Web también tiene un idilio con la música étnica.

El lyricon
Por cierto que Bob Stohl fue un virtuoso del lyricon, una especie de flauta electrónica basada en un sintetizador, inventada por Bill Bernardi junto con un grupo de ingenieros a principios de la década de los 70, y que es considerado el primer sintetizador de la historia controlado por aire. Ese lyricon es toda una inspiración para los sentidos.

Para mí el disco «Nocturne» de 1983 es mi preferido, es una sucesión de melodías que te conectan con la naturaleza, con lo etéreo, con las almas puras que vagan por el ambiente. El disco «Traces of time» de 1986 es también toda una genialidad, y curiosamente Emerald Web se atreve en uno de sus temas a versionar el Canon de Pachelbel, donde hay belleza, un maquillaje con buen instrumental no puede generar más que belleza.

Aunque Emerald Web desapareció drásticamente en 1990, sus discos se han seguido vendiendo y Kat ha continuado tocando de ese archivo inmenso de más de una década de creativa y fértil producción, y después de trece años, en 2013, sacó un nuevo disco para Emerald Web llamado «Sanctus Spiritus» que contenía grabaciones inéditas de la colección privada del matrimonio, todo un tesoro para los oídos, y una manera de rendir tributo a Bob.

La idea de regenerar el espíritu de Emerald Web caló en Kat tras este primer disco tras la muerte de su marido y sacó tres álbumes más, por lo que podemos afirmar que este proyecto musical sigue muy vivo y que mientras Kat Epple siga teniendo fuerzas e inspiración va a seguir meciendo nuestros oídos con sus susurrantes melodías.

sábado, 20 de mayo de 2017

"JUAN SALVADOR GAVIOTA", EL CULTO POR UNA HISTORIA DE LIBERTAD

Seguramente la gente de mediana edad, entre la que me encuentro, y más mayores, habrán oído hablar alguna vez del fenómeno «Juan Salvador Gaviota», más de uno habrá leído el libro y/o habrá visto la película. Dos caras de una misma realidad, un libro de culto y una película de culto; obsesión según las épocas, donde no eras nadie o estabas fuera de onda si no te habías dignado a experimentar las vivencias de una gaviota personificada, y ya te elevabas a una dimensión superior si eras capaz de chanelar sobre su contenido, sus frases mágicas, sus trasfondos.

Desde luego y ya lo adelanto, para el que jamás haya oído hablar de «Juan Salvador Gaviota», se trata de una experiencia al alcance de la mano, porque entre la media hora escasa que se puede tardar en leer el libro y los noventas minutos de la película, en apenas dos horas se puede decir que has pasado la fase de iniciación de este fenómeno, que fue ante todo editorial.

El libro fue escrito por Richard Bach en 1970, y podemos decir que fue un precursor de los más que populares hoy día libros de autoayuda. A principios de esa década fue un éxito sin precedentes fundamentalmente en Estados Unidos y, desde allí se extendió por todo el mundo.

Sin duda, hay muchas claves para adivinar el porqué de ese éxito, para empezar su diseño de libro de bolsillo que se podía leer un rato, pero que a su vez, por su propia estructura, permitía leer pasajes al azar para extraer mensajes sobre los que meditar y reflexionar. Por otro lado, se trataba de un relato sencillo, que podría leer incluso un niño, si no se buscaba más, era una historia con su inicio, su desenlace y su final, una especie de cuentecito accesible a todo el mundo. Ahora bien, y ahí se inicia el secreto de «Juan Salvador Gaviota», detrás de esa historia liviana solo en apariencia, cada vez que se leía, se encontraban nuevos escenarios, nuevos retos, formas diferentes de entender sus pasajes y obviamente, se generaban más reflexiones, más mensajes para uno mismo. De ahí que, como he comentado antes, leer el libro o ver la película por primera vez no es más que una fase de iniciación, cuanto más consumes más maduras.

Richard Bach, con formación en aviónica, ideó un relato metafórico en torno al vuelo de la gaviota en el que convergen conceptos como la libertad, el sacrificio, la superación, el honor, la alienación…, y son solo algunos de los innumerables temas que se pueden colegir de su lectura, son los primeros que me han venido a la mente.

Haciendo un resumen muy simple, Juan Salvador Gaviota (originalmente Jonathan Livingston Seagull, algo así como Juan Piedraviva Gaviota) es una gaviota que no se conforma con ser lo que es, se resiste a que su vida esté limitada y encuentra en el arte de volar más y más rápido su liberación. Expulsado de la bandada por salirse de las normas encuentra un nuevo mundo donde poder desarrollar su capacidad gracias al apoyo de otros de su especie. Él mismo, ya maduro, se dedica a encauzar a otros jóvenes que se encuentran con las mismas dificultades que él ya afrontó.

Es evidentemente una metáfora del hombre, cómo si no, de un hombre que no se conforma con formar parte de una existencia previsible y decide aspirar a más, aun en contra de lo establecido, aun asumiendo su soberbia, tal vez engreimiento, pero su liberación es lo que le permite triunfar. Juan Salvador Gaviota es autodidacta y piensa que no hay mayor tragedia que hacer lo que hacen los demás, aunque los demás, su mundo, nuestro mundo, se empeñen en que todo debe seguir igual para que ¿los que mandan sigan mandando perpetuamente? En fin, probablemente también esta sea la primera reflexión que se me ha venido a la cabeza y también expresada a vuelapluma (digital).

¿Se podría ver la película sin haber leído el libro? Lo cierto es que sí, pero vista la rapidez con que se lee el libro, yo recomendaría hacer el recorrido lógico, o sea, primero libro y luego película. Ahora bien, el que se enfrente a la película directamente probablemente se sorprenda de su contenido, porque la perspectiva se altera, en tanto en cuanto que a los mensajes del libro se le añaden imágenes evocadoras. Igual no fue la mejor manera de plasmar toda la esencia del libro, lo cual era bastante complicado tratándose de un libro de autoayuda, pero encontramos esos estímulos que los cinéfilos buscan.

La película, del director estadounidense Hall Bartlett, es casi coetánea del libro, de 1973, porque el público pidió esa plasmación en la gran pantalla, y con mayor o menor acierto en cuanto a su adaptación, nos ofrece una bella película de naturaleza, todo un esfuerzo para la época la grabación en el aire (con helicópteros) de gaviotas haciendo piruetas increíbles, imagino que mediante muchísimas horas de espera y de ensayo error. Una belleza rematada por una banda sonora fantástica de Lee Holdridge, cantada con exquisitez por el reconocido Neil Diamond.

Esta vez no me voy a pronunciar sobre si me gustó o no, tanto libro como película, ciertamente que no soy muy aficionado a los libros de autoayuda, pero no traigo esta entrada aquí por mi mayor o menor aprecio, sino porque este fenómeno de culto merecía un hueco en este blog, que trata de rescatar alguna joyita de las humildes vivencias de uno de las que se hablan poco ahora y fue un boom hace unas décadas.

No podía acabar sin repescar alguna de las frases del libro, no sé si es la mejor, ni tampoco me he puesto a valorar si las puede haber mejores, pero a mí me gusta: «Rompe las cadenas de tu pensamiento, y romperás también las cadenas de tu cuerpo».

sábado, 13 de mayo de 2017

AGROPOPULAR Y CÉSAR LUMBRERAS, CLÁSICOS RADIOFÓNICOS DEL MUNDO RURAL

Para los que me conocen, saben que me gusta hacer deporte y que trato de correr o salir con la bici casi todos los días, y sobre todo cuando no fallo prácticamente nunca, salvo fenómenos meteorológicos adversos, es los sábados por la mañana y me he acostumbrado desde hace muchos años, para hacerme más entretenida la ruta, a llevar una radio, antes un transistor y ahora un móvil antiguo (al que voy a agotar la batería un año de estos). La radio sintonizada es mi compañera de viaje y suelo tener mis preferencias.

No es Agropopular una de mis preferencias pero, de vez en cuando, la vuelvo a escuchar con regularidad intermitente. Y es que si llevo años, décadas tal vez, haciendo deporte con un ritmo cansino fronterizo con la mediocridad y que obviamente no me elimina la barriguita, aunque espero que al menos no me la aumente, pues tantos son los que con esa discontinua asiduidad he vuelto a escuchar este programa veterano de la radio española dedicado a la agricultura, la pesca, la ganadería y el medio ambiente en general.

César Lumbreras encabezó hace muchos años, hay que remontarse hasta 1984, este proyecto radiofónico que a buen seguro es uno de los programas más longevos de la radio española y, sin lugar a dudas, el líder en su campo por lo específico de los temas que trata.

Resulta poco menos que sorprendente que el sector primario de nuestra economía, el que sustenta el resto de sectores, el origen de nuestros recursos, sin embargo, esté socialmente bastante denostado, es lo que yo percibo. Creo que la sociedad española mantiene aún un velado desapego del mundo rural como sinónimo probablemente de atraso o de incultura. Y, sin embargo, nada más lejos de la realidad, porque el sector agropecuario de nuestro país está cada vez mejor formado y está a la última en cuanto a las técnicas que desarrolla en sus explotaciones. No basta más que ver programas de televisión, el mundo rural es un icono para los magacines, para atestiguar que los agricultores o ganaderos cada vez se expresan mejor, incluso muchos tienen carreras universitarias, están en el mundo y lo que es más importante, contribuyen al avance económico de nuestro país.

Y asombra todo esto, máxime cuando no podemos olvidar que España hace apenas medio siglo era eminentemente rural, el modelo urbanita en España es relativamente reciente. Al campo o al mar le debemos mucho todos, tendríamos que respetarlo más y no ser tan olvidadizos.

Fiel a ese origen rural, César Lumbreras Luengo, este periodista abulense de Adanero, hijo de agricultor y ganadero, dio en la tecla al iniciar ese programa con el empuje, el ansia y las ganas que les proporcionaban sus poco menos de 30 años, como ya he comentado allá por 1984. Y ha tenido obviamente el privilegio, por méritos propios, de perpetuarse después de tres décadas, se va a jubilar en el programa que le dio popularidad y lo suyo es que, cuando lo deje en unos años, alguien de su equipo continúe la labor divulgativa que ha ejercido durante tanto tiempo.

Me consta que muchos agricultores a los que conozco lo siguen con singular pasión cada sábado, porque encuentran el foro que es raro encontrar en este sector pese a este mundo tan global. Necesitan una voz amable que hable de sus asuntos, que explique aspectos poco conocidos, que comente la actualidad de este mundo, y que reivindique los asuntos que más preocupan a este sector y que no son pocos.

César Lumbreras remata su liderazgo radiofónico con una voz muy genuina, un tanto aguda, bastante nasal, que lo hacen inconfundible. Es de esas voces que haces un rápido movimiento en el dial y no tienes que mirarlo, su voz ya te indica que has llegado adonde querías.

Las veces que escucho el programa o son porque, como he reseñado, trato de aterrizar en él de vez en vez sin ninguna razón, o porque ha ocurrido algún acontecimiento en el mundo rural y Lumbreras da cumplida cuenta de lo que se cuece, de manera exhaustiva. Se mueve muy bien en este ámbito, faltaba más, y sus programas están ilustrados con las opiniones de expertos, de los sindicatos y de gente llana que facilita su opinión, pero también con los políticos que toman o han de tomar decisiones relevantes que afectan o pueden afectar al agro.

La reivindicación es su caballo de batalla y, además, siempre lo hace defendiendo a la parte más débil en este sector y que todos sabemos cuál es. Y Lumbreras da estopa de la buena, cuando sabe que hay algún asunto vital y de todo punto injusto. Creo que este es uno de los éxitos de su programa, que los agricultores, ganaderos, pescadores, ven en él una voz pública y cualificada que les ofrece ese altavoz que ellos desde su humildad y su sacrificio no pueden ejercer.

El nombre de Agropopular deviene de la emisora donde se emite. Aunque COPE comenzó a llamarse como tal en 1983, esta siempre ha sido conocida como Radio Popular, consabido por todos que es una radio de la Iglesia Católica. Realmente no sé qué influjo tiene en la actualidad en su dirección ideológica, pero sigue siendo una radio inclinada a la derecha. En este sentido, no tengo argumentos para opinar sobre el perfil ideológico de Lumbreras, por mis esporádicas escuchas, y aunque pueda tener esa deriva impuesta, estoy convencido de que cuando cree llevar razón mete caña a los políticos sean del signo que sea.

Dentro del programa siempre hay aspectos muy curiosos, como que se ofrecen datos de los precios de carnes, legumbres, cereales y hortalizas, conectando con las principales lonjas de nuestro país. Es muy tradicional, dentro del análisis de los mercados, el que Lumbreras denomina el «complejo erótico», esto es, pollo, conejo y huevos. También es reseñable que se hace mención a la meteorología, un tema vital para la gente del campo, y del mismo modo, se ofrece también el pronóstico menos científico de algún cabañuelista.

Del mismo modo, hay siempre algún apartado humorístico con alguna entrevista a modo de broma que trata de acentuar algún problema rural. Y es que Lumbreras trata de hacer un programa entretenido que tiene un poco de todo.

El programa se remata con música que suele ser bastante festiva, popular, de algún grupo regional, incluso con fondo sarcástico. La sintonía de cabecera que es muy conocida, a mí me lo parece, la compuso un tal Manolo Gas con su Tinto Band Bang, un tipo injustamente desconocido en nuestro país y ya fallecido, pues ha compuesto y producido para gente muy importante como Lola Flores, Marisol, Miguel Ríos, Nino Bravo, Jeanette, Isabel Pantoja, Víctor Manuel, Rocío Jurado, etc.

Como curiosidad cabe señalar que esa sintonía fue interpretada en 2016 por la Orquesta Filarmónica de Viena en su tradicional Concierto de Año Nuevo.

A César Lumbreras trataron de extenderle el éxito matutino de los sábados a las tardes de los días laborables en la COPE y me temo que no cuadró, cuando se está tan encasillado, no es por el profesional, sino por la gente, pues no se encaja bien que un profesional con un programa tan exclusivo se abra a otras temáticas. Es como poner a un periodista deportivo para hablar del tiempo o viceversa.

Y termino señalando que uno de esos sábados por la mañana que sintonicé Agropopular y me monté en la bici, coincidía con que se inauguraba la cooperativa del aceite Picualia en mi localidad, en Bailén, y allí estaba en su Salón de Actos César Lumbreras con su equipo, así que me dije, aunque sea una cuestión moral o afectiva, modificaré mi ruta y pasaré por delante de las puertas de la cooperativa mientras se emite desde allí el programa que estoy escuchando, y eso hice.