martes, 31 de enero de 2012

EL TRANCO, LAS ALDEAS DE HORNOS Y CORTIJOS NUEVOS

Volví en el puente de diciembre del ya liquidado 2011 a pasar unos días de asueto en la Sierra de Segura en lo que ya se ha convertido en una tradición para mi familia y unos muy buenos amigos de Jaén. El perderse o tratar de abstraerse por unos días de la vorágine de lo cotidiano, se convierte en un necesario ejercicio de renovación espiritual que deja un importante poso en nuestras existencias.

Cualquier punto de la Sierra de Segura tiene su belleza y tratamos cada año de cambiar de lugar para explorar zonas que no conocemos. Lo cierto es que en cada sede anual siempre descubrimos algo nuevo o sorprendente; la provincia de Jaén, y eso que somos de aquí, está todavía por hallar y por explotar, aunque quién sabe si la masificación turística dañaría este tesoro.

La nueva dimensión que conquistamos fue la del embalse del Tranco, sin duda que las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, no serían el mismo escenario tal y como lo concebimos hoy; es el auténtico vertebrador de este parque natural, el pulmón, el motor, el lugar de obligada visita para los que acuden a este entorno.

Además, en esta ocasión tuvimos la fortuna de dormir casi al lado, a apenas un par de kilómetros en línea recta, pues parábamos en Cañada Morales (Cortijo La Besana, la relación calidad precio es buena, no es barato, pero tiene comodidades que en otros sitios no tuvimos y pagamos casi lo mismo), una de las aldeas que conforman el municipio de Hornos. Precisamente desde esta aldea nace un camino que va bordeando el pantano hasta la cabecera, en el que se respira mucha paz a través del típico bosque mediterráneo, donde nos es fácil detectar la presencia de tierra movida por los siempre esquivos jabalíes.

Junto a Cañada Morales, que puede tener unas cincuenta casas se encuentran otras aldeíllas que por extensión, por reducida extensión, son de mayor a menor, Guadabraz, casi al lado de la carretera que lleva al Tranco y que también cuenta con algunos alojamientos de turismo rural, así como El Tovar y El Majal. Todas me las pateé junto a mi perra, y sobre todo me sorprendió la última de ellas, la más pequeña, casi perdida, apenas ocho o diez casas, un territorio fantasma en el que sólo vi un perro con un gato acostado en su regazo, y unas viviendas muy rurales, rozando lo mísero, aunque imagino que son modos de vivir a los que los escasos habitantes de esta aldea no quieren renunciar. Según el último censo viven en estas cuatro aldeas ciento cincuenta y dos personas, a las que hemos de sumar otras cuarenta y una que viven en la cercana aldea del Tranco; en total casi doscientos habitantes, lo que es casi un tercio de la población perteneciente a este municipio de Hornos (siempre muy diseminadas las poblaciones de estas sierras), con lo cual ya cobra sentido el hecho de que se instale una mesa electoral cuando hay elecciones, en el centro escolar (que no se utiliza ya) de Cañada Morales.

Imagino que los recursos se habrán optimizado para llevar a los niños de esa zona al mismo Hornos y por eso la escuela está cerrada. En realidad, la reconversión de estas zonas poco pobladas siempre supone una fórmula de reinvención para las administraciones públicas que velan porque sus ciudadanos dispongan de unos servicios básicos aunque estén un poco aislados.

Desde luego es algo que siempre me planteo, el hecho de que estos paisanos no tengan una tienda al lado de su casa y deba girar su reloj biológico en torno a la llegada de la furgoneta que regularmente les trae las viandas. Imagino que están más que acostumbrados, aunque será no poco el esfuerzo de planificación que han de hacer para que nunca falte lo que necesitan para vivir.

Curiosamente uno de los núcleos de población que se asienta en la zona como foco de atracción de numerosas aldeas y localidades pequeñitas es Cortijos Nuevos, con algo más de mil habitantes censados, sorprende que tenga una vida y bullicio que no se corresponde con la oferta que tiene, parece mucho más grande. Evidentemente se ha transformado en un pueblo de servicios, y dispone de tiendas, bares, cafeterías..., lo básico para dar cobertura a una población superior a la que vive en este pueblo; y también llama la atención que pertenezca al municipio de Segura de la Sierra, el cual es muchísimo más pequeño (doscientos cincuenta habitantes), aunque será algo histórico, pues Cortijos Nuevos se percibe que es un pueblo relativamente joven, de ahí su nombre, y de los pocos que crece en población de la zona, y es que la gente se va aferrando a lugares donde existe una mínima infraestructura que garantice un cierto bienestar.

Esos días nos permitieron también visitar el corazón de la Sierra de Cazorla, lugares que no veía desde que era chico, Coto Ríos, el Charco de la Pringue, la Reserva (fascinante siempre ver a los cérvidos aunque estén en un terreno acotado), los Llanos de Arance...

Fueron días, en definitiva, de largos paseos – excursiones por los alrededores de Cañada Morales, siempre acompañado por mi fidelísima perra Lúa, con la que tengo una relación muy especial, seguramente todo el mundo la tiene con su perro, pero es el primer perro de mi vida, quizá sea el último y ella está en buenísima forma porque corre de forma habitual conmigo (yo digo que es el perro en mejor forma de Bailén), y aunque tiene diez años, es ya algo veterana, no ha tenido jamás una debilidad. Ese es el problema, que voy siempre con ella y ella conmigo, y pienso que va a ser una experiencia eterna, doy por hecho que mi perra es inmortal, y no estoy preparado ni de lejos para lo que ha de ocurrir, espero que dentro de muchos años, que no es ni más ni menos que yo sobreviva a ella.

Por cierto, en uno de nuestros paseos mañaneros descubrimos a un serrano de piel cetrina, un tipo malcarado y con pinta paleolítica que con toda seguridad había matado a un venado, pues lo vimos parado de forma sospechosa en una cortijo en ruinas, y a apenas doscientos metros el animal recién muerto del que sólo quedaba la piel. No estaría mal que este furtivismo despiadado fuera más perseguido por las autoridades.

Y, como dije al principio, el Tranco fue nuestro hilo conductor en esos días de oxígeno, sesteo, juegos y buenas viandas. Cuando uno ve el lugar donde está la cabecera y la capacidad que alberga, se sorprende más si cabe del esfuerzo que tuvo que hacerse hace ya casi ochenta años en una obra descomunal que hoy por hoy sigue siendo uno de los mayores embalses de Andalucía. Por cierto que estuvimos degustando los buenos embutidos de la zona en el Kiosko El Pajarito, con su chimenea impresionante y al borde del pantano, lugar idílico y al que uno siempre le gustaría volver.

También es un sentimiento encontrado el saber que aunque el Tranco sirvió para darle vida a una comarca entera, los terrenos que fueron anegados eran, al parecer, fértiles huertas de familias que tuvieron que emigrar y dejar sus recuerdos y buena parte de sus vidas allí, sin ir más lejos, uno de mis bisabuelos tuvo vivienda en Bujaraíza (buena parte de sus habitantes fueron realojados en Espeluy).

Hay una cierta polémica acerca del nombre del pantano, yo prefiero llamarlo Tranco a secas, tradicionalmente se ha llamado Tranco de Beas, pues según cuentan, los ingenieros del pantano se alojaban en la localidad más populosa de la zona, en Beas de Segura, y quisieron corresponder de esa forma al pueblo que los adoptó. Ciertamente la cabecera pertenece al término de Hornos y sus habitantes reclaman el apellido de su pueblo para el pantano; reivindicaciones aparte el Tranco es y seguirá siendo ese patrimonio al que todos los jiennenses hemos ido o hemos de ir por lo menos una vez en la vida.

martes, 24 de enero de 2012

¿QUÉ PASÓ CON LA MECANOGRAFÍA?

Pues hará unos meses que tuve que pasar una consulta médica para un problemilla de alergia que tengo, era en la sanidad pública y huelga decir el nombre de la especialista que me atendió. Son del tipo de consultas que te dan con un intervalo de más de un año y medio entre cita y cita, lo que da idea de la proliferación de esta enfermedad en una provincia como Jaén con tanta persistencia de alérgenos, el mayor de ellos el polen del olivo.

Y allí estaba la señora que me había tocado este año atenderme, una doctora bastante madura pero con ropa juvenil bajo su bata blanca (siempre he pensado que las batas en los hospitales no sirven para nada más allá del hecho de distinguirte de los pacientes). Era la primera vez que me atendía, pues en esto de las alergias parece que los médicos son bastante itinerantes. La mujer me atendió de forma correcta, aunque no me gustó que criticara lo que sus colegas anteriores habían diagnosticado y prescrito anteriormente: “pero, ¿esto por qué te lo han mandado?”, a lo que yo contesté “pues no lo sé, ellos verían”, cuando en realidad estaba pensando “y a mí que me cuenta, ¿acaso yo soy médico?”. Pero, en fin, eso de criticar a un compañero de trabajo es una mala praxis que existe en determinadas profesiones, en muchas diría yo, y que es de un sincero mal gusto.

No iba yo por ahí en mi entradilla de hoy, la doctora me vio, como siempre de forma un tanto fugaz, pues le tengo que contar en un par de minutos mi bagaje de problemas alérgicos acaecidos en el último año y medio. Yo veía que mientras soltaba mi resumen bien compactado, ella tecleaba en el ordenador, y resultó sorprendente porque la buena señora escribía con dos dedos, con los dos dedos índices. Terminé mi historia y creo que ella la daría por zanjada con un “muy bien” o algo similar, lo cierto es que siguió escribiendo con no demasiada destreza a lo largo de dos o tres minutos más, que me parecieron eternos.

Rápidamente pensé cuántos minutos habría desperdiciado esta buena mujer a lo largo de su extensa vida profesional por no saber mecanografía. Ni por muy veloz que fuera con dos dedos, que no lo era, podría superar a alguna persona con un “inútil” título de mecanografía escribiendo a medio gas pero con todos los “dátiles”. Igualmente pensé cómo se podría haber invertido ese tiempo muerto de torpeza mecanográfica: para atender a más pacientes, para atenderlos por más tiempo... para, en definitiva, ofrecer una mejor imagen y un mejor servicio (calidad) de nuestra sanidad.

Valga este caso como un ejemplo ilustrativo del ninguneo y la aniquilación que ha sufrido la mecanografía en nuestro país. Porque hay que ser sincero, todavía en muchos organismos públicos, en muchas empresas privadas que conllevan atención al público, se puede ver a personas que escriben con dos dedos, ahora en los ordenadores, antes en las máquinas de escribir. El hecho de que las nuevas tecnologías hayan venido a optimizar los procesos burocráticos, hoy se puede hacer cien certificados en el mismo tiempo que hace treinta años se hacía uno, no quiere decir que no haya necesidades puntuales de escribir con destreza en el teclado del ordenador. Especialmente, como ocurría en mi consulta médica, cuando hay que realizar documentos originales siempre, y hay muchas tareas profesionales que los requieren.

Cuando terminé mi carrera universitaria me planteé seguir formándome y se me ocurrió tomar clases de mecanografía, pensaba que no estaría de más tener una cierta habilidad en mis dedos, en todos mis dedos, sin desperdiciar como hasta ese momento los corazón, anular y meñique. Creo que estuve un par de meses y me compré sucesivamente hasta tres manuales (el Método Caballero) que, en pocas palabras, tenían como objetivos coger habilidad con todos los dedos de la mano y aprender un poco las formalidades administrativas.

Abandoné esas clases cuando ya me sentí un poco suelto y podía seguir los manuales en mi propia casa, donde practiqué de forma algo obsesiva en mi lucha contra el reloj. Por entonces, el asunto de los ordenadores era todavía balbuciente y todavía tenía relevancia saber mecanografía para acceder a un puesto de trabajo, sobre todo en la Administración pública. De hecho, en aquella academia a la que iba, había un ambientazo, estamos hablando de principios de los 90 y llegabas a una sala con cerca de treinta máquinas de escribir, había horario flexible y podías ir cuando querías, y a veces no encontrabas ni una máquina libre.

Poco a poco los ordenadores entraron en nuestras vidas, casi al mismo ritmo que las máquinas de escribir comenzaron a ocupar rincones olvidados de nuestras casas y almacenes de empresas e instituciones públicas. Pero defenestramos la mecanografía sin que, entiendo, hubiera razón para ello, porque teclados “qwerty” siguen existiendo y en determinados momentos, y en algunas profesiones con una razonable continuidad, hay que escribir con celeridad y pericia.

Además, no es cierto que la mecanografía como tal haya desaparecido o haya pasado de moda, de hecho, lo bueno que tienen las nuevas tecnologías es que existen multitud de programas y gratuitos que facilitan el aprendizaje de la escritura al tacto con todos los dedos de ambas manos, mucho más amenos que los antiguos métodos, pues traen dinámicas de juegos para alcanzar cada vez más velocidad.

He de manifestar que al principio de Internet chateaba (no, no me iba a tomar chatos de vino, lo otro), y con mis bases mecanográficas me lo pasaba muy bien porque conseguía llevar tres o cuatro conversaciones a la vez y lo hacía al mismo nivel de rapidez que cada uno de ellos independientemente; considerando además que la mayoría utilizaban el lenguaje “sms”.

Esa es otra, puesto que en los cimientos del ya célebre lenguaje “sms” está, no lo dudo, el ahorro de letras, la economía en el tecleo, pero también el hecho de que la mayoría de la gente, especialmente de nuestra juventud, no domina la mecanografía. Por supuesto, la utilización de esta jerga ya está derivando, por un lado, en un empobrecimiento de nuestro deteriorado idioma y, por otro, en una fractura en el manejo del español a nivel escrito por amplias capas de la población (juvenil), que no sabe o no va a saber discernir, ya se está viendo, cómo se escribe correctamente tal o cual palabra.

La verdad es que siempre me alegraré de haber aprendido algo de mecanografía, no sólo porque me permite escribir más cosas, sacar más trabajo, preparar articulillos para este blog en mis ratos libres... Y, por supuesto, ha habido momentos en que esta pequeña habilidad me ha sacado de apuros cuando ha habido que hacer alguna tarea contrarreloj. En definitiva, esto supone más producción, pero también más tiempo y no olvidemos que cada día cobra más relevancia el viejo dicho de que “el tiempo es oro”.

martes, 17 de enero de 2012

UN SÁBADO POR EL JAÉN DEL SANTO ROSTRO Y SUS LEYENDAS

Teniendo mi corazón dividido entre Linares y Bailén, y pasando mi infancia y juventud en la primera de estas localidades, uno pudiera sentirse auspiciado para pensar que tu ciudad era la mejor de todas y llevar por doquier el nombre de Linares con orgullo, a veces rozando lo palurdo. Una de las cuestiones que, aunque podía compartir, no llegaba a entender es esa inquina o falsa rivalidad que podía haber entre linarenses y los habitantes de Jaén. Más allá del fútbol que siempre distorsiona estas cuestiones, con el tiempo abandoné cualquier posibilidad virtual de llevar pegada una boina de cateto a mi cabeza. Es decir, orgullo de ser de Linares, pero también orgullo, por qué no, de su capital, Jaén.

Con el tiempo, uno se vuelve más abierto de miras y de mente, lógicamente ha vivido más y tiene más mundo. A mí me ha pasado como a todos, que basta salir un poco de Andalucía para que en cuanto ves algo de Jaén de momento lo señalas, y ya si te encuentras con alguien de tu pueblo al que no saludas cotidianamente por la calle, si te lo encuentras en Burgos le das hasta un abrazo. Por tanto, me acuso y culpabilizo de ese mal sentimiento de rivalidad y localismo exacerbado que tenía antes.

Y ahí está Jaén, la capital, con la que siempre he tenido relación, casi desde que era chico, cuando mis padres nos llevaban a mi hermano y a mí, a unos oculistas que se llamaban los Hnos. Sánchez Palencia, y que nos diagnosticaron lo que ya se sabía, que éramos cortos de vista. Aquellos sábados mañaneros en Jaén tenían también algunas visitas obligadas: ir a desayunar a Simago y subir y bajar sus escaleras mecánicas, comprar patatas fritas en Casa Paco y alquilar una bici con forma de tractor en el Parque de la Victoria.

Fui creciendo y mi labor profesional me obligó a visitar con cierta asiduidad la capital, lo que me acercó a espacios y lugares que nunca antes había visto de Jaén. Y me pareció que la capital de mi provincia era mucho más que el Paseo de la Estación y las bicis del Parque; comencé a descubrir una nueva dimensión cultural, monumental e íntima.

También, por qué no, hubo un momento para encontrarse con las tascas del casco antiguo de Jaén, señeras y típicas como pocas, que nada tienen que envidiar a ningún rincón de nuestro país.

La oportunidad hizo que mi mujer y yo viajáramos una soleada y fabulosa mañana del pasado mes de diciembre a Jaén para hacer una ruta turística diferente por la historia de Jaén, acompañando a la Asociación de Voluntarios de la Batalla de Bailén de la que formamos parte.

Comoquiera que siendo un colectivo, se puede solicitar institucionalmente que el Ayuntamiento de la capital nos facilite de forma gratuita un guía, dispusimos de él y nos ofreció una visión diferente de la que puede transmitir un cicerone que a diario dirige grupos por los rincones monumentales de Jaén.

Suelo ser bastante desconfiado con la historia, no es que no me guste, sino que a veces pongo en duda la verosimilitud de algunos pasajes que se cuentan, sea de donde sea, y más desconfiado cuanto más lejos es la fecha en el tiempo. No es extraño que algún amigo o conocido mío me haya oído decir alguna vez cuando cuenta con pelos y señales lo que ocurrió hace trescientos años, “¿es que tú estabas allí?”, realmente lo digo con cierta sorna. De algún modo, me tomo la historia como una leyenda, como un cuento y no trato de creérmelo, simplemente pretendo que me amenice.

La historia de Jaén capital es muy rica y amena, filtrando lo que pueda haber sido invención de generaciones sucesivas de intérpretes del pasado, lo cierto es que uno la escucha y se siente embargado y emocionado por lo que eran capaces de hacer nuestros antepasados.

La mañana comenzó en el lugar más emblemático de Jaén, la Catedral. Aunque he estado en ella varias veces, creo que fue la primera vez que pude disfrutarla con la bella ilustración de los comentarios de nuestro guía. Aunque parezca increíble, desconocía que este monumento se construyó con el fin principal de servir de relicario al Santo Rostro.

Cualquier visita a una catedral apabulla e impresiona por su grandilocuencia, esta también; pero creo que en Jaén podemos enorgullecernos de tener una reliquia venerada como el Santo Rostro, no entro en su autenticidad, a la altura de las circunstancias este trozo de tela se venera por su tradición y arraigo como en tantos otros sitios y eso es lo que vale, más que saber si es de verdad o no, es la convicción anímica de toda la comunidad de que así es. Casualmente tuvimos la fortuna de que se hizo una excepción ese sábado y el guardián del Santo Rostro lo sacó de su habitáculo para enseñarlo a cuantos estábamos allí, y despierta muy mucho la atención, qué duda cabe, porque comenzó a aparecer gente por todos lados y de momento nos congregamos allí más de doscientos.

La visita a la Catedral fue muy bonita y práctica, muy ilustrativa, sobre todo me impactó amén del hecho de haber visto por primera vez el Santo Rostro, las diferentes fases de construcción del edificio y como estas obras faraónicas que duraban varios siglos veían pasar generaciones y generaciones de escultores, canteros, albañiles, carpinteros..., seguramente que la historia de una familia contada a través de sus vivencias en un espacio tan espectacular como el de una obra catedralicia.

El día invitaba a pasear por el casco antiguo de Jaén escuchando las historias y leyendas de sus edificios más singulares. Los detalles que a cualquier viandante se le escapan veían la luz en nuestro caminar, tal escudo, aquel motivo escultórico, una fachada... Hicimos un recorrido casi longitudinal desde la Catedral hasta concluir en la Fuente del Lagarto de la Malena o de Jaén en la que fue recientemente catalogada como uno de los diez tesoros del Patrimonio Cultural Inmaterial de España, sin duda, una de las leyendas que hacen aún más apasionante y atractiva una visita a la capital.

No hay cosa que más me encante de las grandes ciudades que uno se encuentre con pequeños pueblos dentro de su centro, la gente vive en esas zonas como abstraída del mundo y del bullicio que se le supone a una urbe de mediana población.

Ni que decir tiene que cuando culminó el viaje cultural comenzó el lúdico y acabamos en las tascas, no podía haber tenido mejor colofón.

martes, 10 de enero de 2012

RECORRIENDO EL MUNDO CON EL CAPITÁN TRUENO

Sin ánimo de nada, más allá de la satisfacción personal de escribir porque a uno le gusta, este blog va teniendo cada vez más visitas y de forma progresiva. Entra, por otra parte, dentro de la lógica, pues introduciendo un nuevo artículo cada semana los criterios de búsqueda en los principales buscadores de la Red también se amplían, aunque reconozca que algunas de las entradas que genero son, valga una cierta redundancia, algo rebuscadillas.

Hete aquí que por una de esas misteriosas razones que tienen los buscadores, principalmente “google” que es el más común, mis artículos favoritos no son siempre los más visitados, y otros que a lo mejor he hecho de pasada, con desgana o con prisa, gozan de mayor popularidad.

Este es el caso de la entrada que tiene más visitas con diferencia de mi blog, una dedicada al tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín, que yo ponía en relación con un magnífico profesor que tuve en la Universidad de Granada, Andrés Sopeña, que se hizo famoso después de que yo lo conociera, escribiendo su exitoso libro “El florido pensil”, el cual hablaba con simpatía y buen humor de los métodos de estudio y enseñanza en la España franquista. Tal éxito tuvo que hasta se llevó al teatro y se hizo una película (que tengo previsto ver pronto). Por cierto, el enlace de este articulillo es http://a-discrecion.blogspot.com/2010/08/de-andres-sopena-roberto-alcazar-y.html.

Sin duda que mi intención en esta bitácora es ir sacando personajes de tebeos, personajes de ficción que leía cuando era niño y joven, ¿y para qué engañarnos?, que todavía sigo leyendo, gracias a que Internet nos ofrece una fuente inagotable de información y documentación.

Hace más de un año, cuando le pegué una visual a modo de repaso y recordatorio a unas cuantas historietas de Roberto Alcázar y Pedrín, casi me impuse el repasar también otro personaje que me gustaba mucho cuando niño y que, además, también hizo las delicias de la generación que me precede, como es “El Capitán Trueno”.

La longevidad de “El Capitán Trueno” tiene una explicación bien sencilla y es que aunque creado en 1956 originalmente por el dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza “Ambrós” y por el guionista Víctor Mora, ha ido pasando de mano en mano a lo largo de muchos años, entre diversos guionistas, dibujantes, “entintadores” y, lo que es más importante, entre editoriales, aunque la mayor parte de este legado es de Bruguera, que han ido adaptando a sus necesidades (económicas), el formato y la tirada de este héroe medieval, manteniendo más o menos el espíritu y estilo original. Por eso varias generaciones han podido tener en sus manos alguna publicación de este héroe, porque entre historietas originales y reediciones las aventuras de este personaje han estado en los kioscos hasta hoy mismo.

Quizá lo primero que se le venga a la cabeza al lector cuando oye hablar de “El Capitán Trueno”, es que ha cobrado actualidad recientemente por el reciente estreno de la película “El Capitán Trueno y el Santo Grial”. El motivo de esta entrada no es el oportunismo, básicamente porque no hablaré de la película. Sólo he decir que, por el momento, las críticas no son malas, son peores, pero yo no soy de los que se fían alegremente de dichas críticas y prefiero ver la peli con mis propios ojitos, cuando la vea opinaré.

Creo que el verdadero virtuosismo y atractivo estriba en el cosmopolitismo de este aventurero y sus fieles amigos. Enclavada la historieta allá por el siglo XIII, el Capitán Trueno lleva los ojos y la mente de infantes y jóvenes españoles del siglo pasado a latitudes que jamás habrían podido ver ni imaginar (antes no había tanta tele ni tantos documentales). En sus múltiples aventuras se verá las caras con gentes de todas las razas y de todos los confines, en un viaje sin descanso a lo largo de todo el mundo.

A diferencia de “Roberto Alcázar y Pedrín”, este héroe es patriota pero sin llegar a ser xenófobo (algo que siempre se le ha achacado a la pareja contemporánea compuesta por un detective y su joven amigo). En este sentido, se encontraba en cualquier lugar con personajes buenos y malos, independientemente de la raza, y por clara deducción siempre ayudaba a los buenos, los débiles y que encarnaban los valores de la justicia, la equidad y el buen gobierno, venciendo sobre los malos que representaban todo lo peor, que tenían muy malas ideas y que ponían en muchos aprietos al Capitán y sus amigos, pero que siempre terminaban inclinándose ante el bravo justiciero hispano.

Hablemos de los otros personajes que acompañaban al Capitán, desconozco o no he conseguido hallar cómo se llamaba este, pero sus acompañantes y amigos sí que lo tenían: Goliath, un mastodóntico personaje con una fuerza descomunal, sólo comparable a sus ganas de comer (menús pantagruélicos) y de calentar a enemigos (mejor de dos en dos). Crispín, el joven del que se hizo cargo el Capitán Trueno casi recién nacido, y que es el espejo, como ocurría con el Pedrín de Roberto Alcázar, de todos los niños y jóvenes lectores; bravo, audaz y valiente, capaz de luchar con adversarios más fuertes que él. Y Sigrid, la rubicunda y exótica novia del Capitán. Dicen las malas lenguas que la relación extramarital creó no pocos conflictos a la dictadura franquista y la relación existe pero los autores no indagan demasiado, para no incurrir en suspicacias pecaminosas, simplemente se aman y Sigrid no está en todos los episodios, con lo que el amor es más platónico y en la distancia que otra cosa.

Situada en un lejanísimo siglo XIII, en plena Edad Media, la historieta debe hacer un malabarismo para que nuestros personajes puedan viajar por todo el mundo de una forma rápida; con lo que los autores rescataron un invento del siglo XVIII, el globo aerostático, con objeto de que pudieran desplazarse fácilmente en sus peripecias. Quizás es el anacronismo más significativo al que se enfrenta este cómic aunque no el único.

La dinámica de la historieta es similar a la de otros héroes coetáneos, es decir, en cada aventura están absolutamente al límite, a punto de morir, casi sin opción, pero siempre hay una salida última y casi milagrosa que rescata a todos o a alguno de los personajes para terminar resolver la andanza a su favor. Hay poco descanso entre trance y trance, y realmente la aventura los alimenta.

Como cualquier personaje que se represente como héroe, el Capitán Trueno personifica al hombre perfecto, con los mejores valores que se le pueden apreciar a cualquier ser casi dotado de divinidad. No tiene falla, no flaquea, tiene fuerza y virtudes ilimitadas..., se me antojan características demasiado grandilocuentes.

En cualquier caso, el Capitán Trueno ha sido y seguirá siendo por muchos años, mientras sigan viviendo generaciones que han disfrutado con sus aventuras, un icono del tebeo español, un as del entretenimiento.

No podía terminar mi modesta aportación con uno de los gritos de lucha con el que el Capitán Trueno se enfrentaba a sus contendientes, “Santiago y cierra, España”.

martes, 3 de enero de 2012

"FOREVER THE MOMENT", DE SOONRYE YIM

Ya el año pasado traje por estas fechas una película relacionada con el balonmano (de las poquísimas que hay), a modo de regalillo de Navidad y Reyes para mis amigos y seguidores del blog, que muchos de ellos aman este deporte como yo.

Y me reitero, no hay mucho donde buscar y lo que se encuentra es ciertamente exótico. La peli del año pasado era de Sri Lanka y la de este de Corea del Sur, es decir, dos producciones asiáticas para un deporte que por aquellas latitudes no está tan extendido como en Europa.

“Forever the moment” del director surcoreano Soonrye Yim, está basada parcialmente en hechos reales. Narra las peripecias de la selección femenina de balonmano de Corea del Sur en su preparación para los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.

Antes de ello habría que hacer algo de historia pues el fenómeno surcoreano en este deporte del balonmano como en otros muchos, al igual que la explosión competitiva y de logros deportivos de China más recientemente, tienen como punto de inflexión la organización de unos Juegos Olímpicos, en el caso de Corea del Sur con los de Seúl 1988. Antes de ese evento las autoridades de aquel país, una nación muy avanzada (ni punto de comparación con sus hermanos de Corea del Norte), se proponen crear unas infraestructuras deportivas modélicas y la búsqueda casi científica de talentos para las disciplinas olímpicas.

En este sentido, si la historia del balonmano jamás había oído hablar del balonmano surcoreano antes de la década de los 80, a partir de ahí comienza a experimentarse una nueva dimensión de este deporte por parte de los y las balonmanistas de este país, que conciben el juego y la estrategia de forma diferente a la que teníamos asumida en Europa, y comienzan a llegar los éxitos, mucho más brillantes en el caso de las féminas; pues las surcoreanas no se bajan del podio durante cuatro Juegos consecutivos: plata en Los Ángeles 84, oro en Seúl 88 y Barcelona 92, y plata nuevamente en Atlanta 96. En el histórico de la competición femenina en los Juegos son las segundas en el escalafón detrás de Dinamarca que ha cosechado tres oros.

En los siguientes Juegos (Sydney 2000) no consiguen llevarse metal y deben afrontar la cita en Atenas con el horizonte de un nuevo fracaso, pero lo que es más importante con la complicación de llevar a cabo un relevo generacional que a pocos meses de la cita ateniense no está consumado.

Con estos ingredientes Soonrye Yim junto con Hyeon Na construyen un guión muy maduro, serio y creíble, que nos meterá de lleno en una faceta del deporte de alta competición en la que quizá nunca reparamos, y es la de los problemas personales y familiares de todo deportista (en este caso de mujeres) que deben conciliar, aun con enormes dificultades, su dedicación casi exclusiva al deporte, sacrificando a veces una vida normal por completo.

Ese el reto al que se enfrentan cuatro jugadoras de la vieja guardia, olímpicas en Barcelona y Atlanta y que ocho años más tarde, en el ocaso de su carrera, desahuciadas por sus clubes al terminar la temporada, han de hacer un último esfuerzo para defender los colores de su país.

Una de ellas acuciada por las deudas de juego de su marido y con un hijo a su cargo; otra no ha podido casarse porque su entrega al balonmano le ha impedido buscar pareja... y el arroz se le pasa; una tercera ha quedado estéril por las fortísimas sesiones de entrenamiento a que ha sido sometida a lo largo de su carrera deportiva; y la última aunque con la vida resuelta pues es entrenadora de prestigio en Japón y con una cuenta corriente sobrada, tampoco ha podido hallar el amor de su vida.

Precisamente esta última es la entrenadora interina de la selección surcoreana pero desavenencias con la Federación de su país, la obligan a abandonar su cargo para pasar a ser jugadora; un antiguo jugador de balonmano, un icono en su país, es nombrado con celeridad, y decide apostar por el cuarteto de veteranas, pese a las dificultades que implica para la disciplina y la planificación de los entrenamientos contar con un grupo tan viciado.

Los problemas entre el entrenador y el grupo de veteranas se suceden hasta el punto de que se llegan a apostar en una carrera el continuar en la concentración y, de hecho, el entrenador sale victorioso, pero en última instancia decide reincorporarlas.

No acabarán ahí las vicisitudes del grupo de veteranas, pero poco a poco la simbiosis entre estas y las jóvenes comienza a dar sus frutos. El nuevo entrenador llegará también a dar un giro a sus entrenamientos, pues deben competir ante jugadoras europeas que superan en físico a las asiáticas.

Resulta, en este sentido, muy ilustrativo que el balonmano surcoreano haya estado en la élite, luchando contra los embates de las fuertes ligas europeas. En este país absolutamente aislado en este deporte, con casi nula oposición en su continente, se enorgullece de tener un sistema propio, capaz de cortocircuitar a cualquier rival que se ponga por delante, tanto en hombres como en mujeres. La clave es simple, y más de un equipo de balonmano debería imponerse esta máxima, y es no hacer lo que hagan los demás cuando las características de mi equipo no me lo permiten. Si mis jugadoras no son altas, no puedo lanzar a distancia ni bloquear en defensa, si por el contrario estas son bajitas y corredoras tendré que utilizar una estrategia diferente: defensas abiertas y con tremenda movilidad y un ataque con circulaciones rapidísimas y uso de muchas jugadas prefabricadas. Se trata de neutralizar el físico de los/as jugadores/as europeos/as con la condición física. También, eso sí, con un cierto toque marcial propio de aquella cultura que tal vez por aquí no se entendería pero que es evidente que dar resultados muy buenos.

Con enorme esfuerzo consiguen superar a sus rivales en la cita olímpica de Atenas, con una semifinal de infarto ante Francia, y posteriormente, en la final ante Dinamarca, y con nuevos obstáculos por lesiones de jugadoras e inesperadas ausencias, llegan hasta el límite en uno de los partidos de deportes colectivos más apasionantes de la historia olímpica (lástima que sea un deporte minoritario y encima en la competición femenina), pero el choque concluye el empate, y la dos sucesivas prórrogas del mismo modo. Todo se decide en los lanzamientos de siete metros, donde finalmente sucumben las surcoreanas.

En definitiva, algo más de hora y media de un apasionante recorrido por un balonmano al que sólo vemos de vez en cuando en las grandes citas, y un homenaje también a las mujeres deportistas que tienen doble mérito cuando están insertas en la alta competición.

Es obvio que las actrices no son jugadoras de balonmano lo que, a los pocos que estamos acostumbrados a ver jugar mujeres nos choca un poco, pero no lo hacen nada mal y no se pierde perspectiva de la verdadera trama. En este punto he decir que el trabajo de fotografía es muy notorio.

Por cierto, la película se puede ver hablada en coreano y con los subtítulos en inglés, pero no es nada complicado seguirla con un diccionario al lado y el mando del vídeo en la mano para parar de vez en cuando.