martes, 10 de enero de 2012

RECORRIENDO EL MUNDO CON EL CAPITÁN TRUENO

Sin ánimo de nada, más allá de la satisfacción personal de escribir porque a uno le gusta, este blog va teniendo cada vez más visitas y de forma progresiva. Entra, por otra parte, dentro de la lógica, pues introduciendo un nuevo artículo cada semana los criterios de búsqueda en los principales buscadores de la Red también se amplían, aunque reconozca que algunas de las entradas que genero son, valga una cierta redundancia, algo rebuscadillas.

Hete aquí que por una de esas misteriosas razones que tienen los buscadores, principalmente “google” que es el más común, mis artículos favoritos no son siempre los más visitados, y otros que a lo mejor he hecho de pasada, con desgana o con prisa, gozan de mayor popularidad.

Este es el caso de la entrada que tiene más visitas con diferencia de mi blog, una dedicada al tebeo de Roberto Alcázar y Pedrín, que yo ponía en relación con un magnífico profesor que tuve en la Universidad de Granada, Andrés Sopeña, que se hizo famoso después de que yo lo conociera, escribiendo su exitoso libro “El florido pensil”, el cual hablaba con simpatía y buen humor de los métodos de estudio y enseñanza en la España franquista. Tal éxito tuvo que hasta se llevó al teatro y se hizo una película (que tengo previsto ver pronto). Por cierto, el enlace de este articulillo es http://a-discrecion.blogspot.com/2010/08/de-andres-sopena-roberto-alcazar-y.html.

Sin duda que mi intención en esta bitácora es ir sacando personajes de tebeos, personajes de ficción que leía cuando era niño y joven, ¿y para qué engañarnos?, que todavía sigo leyendo, gracias a que Internet nos ofrece una fuente inagotable de información y documentación.

Hace más de un año, cuando le pegué una visual a modo de repaso y recordatorio a unas cuantas historietas de Roberto Alcázar y Pedrín, casi me impuse el repasar también otro personaje que me gustaba mucho cuando niño y que, además, también hizo las delicias de la generación que me precede, como es “El Capitán Trueno”.

La longevidad de “El Capitán Trueno” tiene una explicación bien sencilla y es que aunque creado en 1956 originalmente por el dibujante Miguel Ambrosio Zaragoza “Ambrós” y por el guionista Víctor Mora, ha ido pasando de mano en mano a lo largo de muchos años, entre diversos guionistas, dibujantes, “entintadores” y, lo que es más importante, entre editoriales, aunque la mayor parte de este legado es de Bruguera, que han ido adaptando a sus necesidades (económicas), el formato y la tirada de este héroe medieval, manteniendo más o menos el espíritu y estilo original. Por eso varias generaciones han podido tener en sus manos alguna publicación de este héroe, porque entre historietas originales y reediciones las aventuras de este personaje han estado en los kioscos hasta hoy mismo.

Quizá lo primero que se le venga a la cabeza al lector cuando oye hablar de “El Capitán Trueno”, es que ha cobrado actualidad recientemente por el reciente estreno de la película “El Capitán Trueno y el Santo Grial”. El motivo de esta entrada no es el oportunismo, básicamente porque no hablaré de la película. Sólo he decir que, por el momento, las críticas no son malas, son peores, pero yo no soy de los que se fían alegremente de dichas críticas y prefiero ver la peli con mis propios ojitos, cuando la vea opinaré.

Creo que el verdadero virtuosismo y atractivo estriba en el cosmopolitismo de este aventurero y sus fieles amigos. Enclavada la historieta allá por el siglo XIII, el Capitán Trueno lleva los ojos y la mente de infantes y jóvenes españoles del siglo pasado a latitudes que jamás habrían podido ver ni imaginar (antes no había tanta tele ni tantos documentales). En sus múltiples aventuras se verá las caras con gentes de todas las razas y de todos los confines, en un viaje sin descanso a lo largo de todo el mundo.

A diferencia de “Roberto Alcázar y Pedrín”, este héroe es patriota pero sin llegar a ser xenófobo (algo que siempre se le ha achacado a la pareja contemporánea compuesta por un detective y su joven amigo). En este sentido, se encontraba en cualquier lugar con personajes buenos y malos, independientemente de la raza, y por clara deducción siempre ayudaba a los buenos, los débiles y que encarnaban los valores de la justicia, la equidad y el buen gobierno, venciendo sobre los malos que representaban todo lo peor, que tenían muy malas ideas y que ponían en muchos aprietos al Capitán y sus amigos, pero que siempre terminaban inclinándose ante el bravo justiciero hispano.

Hablemos de los otros personajes que acompañaban al Capitán, desconozco o no he conseguido hallar cómo se llamaba este, pero sus acompañantes y amigos sí que lo tenían: Goliath, un mastodóntico personaje con una fuerza descomunal, sólo comparable a sus ganas de comer (menús pantagruélicos) y de calentar a enemigos (mejor de dos en dos). Crispín, el joven del que se hizo cargo el Capitán Trueno casi recién nacido, y que es el espejo, como ocurría con el Pedrín de Roberto Alcázar, de todos los niños y jóvenes lectores; bravo, audaz y valiente, capaz de luchar con adversarios más fuertes que él. Y Sigrid, la rubicunda y exótica novia del Capitán. Dicen las malas lenguas que la relación extramarital creó no pocos conflictos a la dictadura franquista y la relación existe pero los autores no indagan demasiado, para no incurrir en suspicacias pecaminosas, simplemente se aman y Sigrid no está en todos los episodios, con lo que el amor es más platónico y en la distancia que otra cosa.

Situada en un lejanísimo siglo XIII, en plena Edad Media, la historieta debe hacer un malabarismo para que nuestros personajes puedan viajar por todo el mundo de una forma rápida; con lo que los autores rescataron un invento del siglo XVIII, el globo aerostático, con objeto de que pudieran desplazarse fácilmente en sus peripecias. Quizás es el anacronismo más significativo al que se enfrenta este cómic aunque no el único.

La dinámica de la historieta es similar a la de otros héroes coetáneos, es decir, en cada aventura están absolutamente al límite, a punto de morir, casi sin opción, pero siempre hay una salida última y casi milagrosa que rescata a todos o a alguno de los personajes para terminar resolver la andanza a su favor. Hay poco descanso entre trance y trance, y realmente la aventura los alimenta.

Como cualquier personaje que se represente como héroe, el Capitán Trueno personifica al hombre perfecto, con los mejores valores que se le pueden apreciar a cualquier ser casi dotado de divinidad. No tiene falla, no flaquea, tiene fuerza y virtudes ilimitadas..., se me antojan características demasiado grandilocuentes.

En cualquier caso, el Capitán Trueno ha sido y seguirá siendo por muchos años, mientras sigan viviendo generaciones que han disfrutado con sus aventuras, un icono del tebeo español, un as del entretenimiento.

No podía terminar mi modesta aportación con uno de los gritos de lucha con el que el Capitán Trueno se enfrentaba a sus contendientes, “Santiago y cierra, España”.

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