martes, 27 de diciembre de 2011

A PROPÓSITO DEL TORNEO INTERNACIONAL DE HOCKEY DE REYES

Siempre que llegan los días de asueto navideños uno piensa en qué dedicar el valioso tiempo libre que se nos regala, y veo como una de las mejores maneras de entretener el espíritu que asistiendo desde la distancia a alguna competición deportiva. Cuando la competición regular se para en prácticamente todos los deportes, surgen los torneos amistosos para aprovechar estos días y no hacer muy larga la espera, y también para que los deportistas no se despisten y se acumulen los mantecados donde no deben.

Clásica es, sin lugar dudas, la sobremesa del 1 de enero, en la que muchos hemos desayunado viendo a esos saltadores de esquí, deslizarse por el trampolín de Garmisch- Partenkirchen, por desgracia no me llama demasiado la atención más allá de los primeros saltos, porque no compite ningún español, hace muchos años habían un catalán que aunque quedaba siempre de los últimos, por lo menos animaba el cotarro. Además he oído, casi confirmado, que este año TVE va a pasar de esta retransmisión, bueno, desayunaremos con otra cosa.

Pero no, sería muy fácil tirar de veta y hablar de este tradicional evento del Día de Año Nuevo, porque uno tiene anécdotas que contar y precisamente no son de carácter deportivo. Hay otro acontecimiento deportivo propio de estas fechas que es menos conocido pero que a mí me llama mucho más la atención, se trata del Torneo de Reyes de Hockey sobre hierba que organiza cada año y desde hace más de medio siglo el Real Club de Polo de Barcelona.

Antes de eso, querría hacer un inciso, no hubiera sido nada descabellado por mi parte titular esta entradilla de otro modo, y es que el hockey sobre hierba se practica y de forma muy brillante en la provincia de Jaén, en concreto en Alcalá la Real, se trata de una de esas rara avis que fecundan el panorama deportivo de una provincia en el furgón de cola como la nuestra. Por eso podía haber presentado este artículo como “El milagro del hockey sobre hierba en Alcalá la Real”.

No obstante, no quería desaprovechar la oportunidad para tributar un merecidísimo testimonio, aunque tan anónimo y poco difundido como esta bitácora, pero no por ello menos caluroso a mis paisanos de Alcalá, que han sido capaces de hacerse un sitio en el panorama nacional. Actualmente su equipo femenino juega en la máxima categoría de nuestro país (y se mantiene en mitad de la tabla con cierta holgura), y sin competencia en un montonazo de kilómetros a la redonda tienen el inmenso valor de haber llevado a chicos y chicas a selecciones españolas de diversas categorías.

Y aprovecho este preámbulo, porque hablar de hockey sobre hierba en nuestro país es mirar sobre todo a Cataluña, para lo bueno y para los detractores de esta Comunidad autónoma, esta es una realidad como una casa. No disfrutar de los deportistas catalanes como propios sería amputar muchos triunfos de España. Y no nos vamos a engañar el nivel deportivo en general de Cataluña es notablemente superior a la media de nuestro país. A propósito de ello en el hockey sobre hierba hay un caso muy peculiar y es que la localidad de Tarrasa – Terrassa en la periferia de Barcelona se puede considerar como el santuario del hockey español, con hasta cuatro clubes del máximo nivel en este deporte; de hecho, grandes figuras masculinas y femeninas de esta disciplina han salido de las pistas egarenses (gentilicio de esta localidad). Con todo este nivel competitivo en Cataluña y sin salir de una sola ciudad, resulta aun más milagroso que en Alcalá la Real lleguen adonde están.

Es una pena que al hockey sobre hierba no se le dé más juego en las televisiones de nuestro país, en realidad, en Televisión Española, a la que muchas veces critico pero es con honestidad la única que abre el abanico a otros deportes más allá del fútbol; porque si del resto de las generalistas se trata, es fútbol, fútbol y más fútbol. Y digo que es una pena, porque para los amantes del fútbol, tiene algunas similitudes con respecto a este, con el añadido de que suele haber una media mayor de goles. Además, entre sus reglas existe un lance muy relevante y a veces decisivo que es el penalty corner, que se suele dar, entre otras cosas, cuando la pelota golpea en el área los pies de un defensor, con lo que un importante objetivo de los atacantes es mandar bolas al área cuando hay muchos defensores entre medias.

Resulta ser, además, un deporte donde las tecnologías tienen mucho que ver. Es muy común observar a los entrenadores con unos cascos puestos y micrófono, constantemente comunicados con un ayudante en la grada que con su ordenador va apuntando las estrategias del contrario, la disposición de sus jugadores, los huecos o puntos débiles de la defensa. Este sistema de toma de datos heredado del fútbol americano se está extendiendo a otros deportes de equipo, como por ejemplo el voleibol, rugby o béisbol.

Lo cierto es que me descubro ante los practicantes de este deporte, mucho más rápido que el fútbol y donde la capacidad física debe ser muy superior a la del “deporte rey”. Los defensas se convierten en atacantes y viceversa, no suele haber jugadores de palomero ni defensas estáticos que no se separan del portero. Para colmo, buena parte del tiempo de partido permanecen con el tronco inclinado para manejar el stick, que por si fuera poco, en este deporte sólo se golpea con una parte del mismo (es plano por un parte y curvo por la otra cara, algo parecido a los palos de golf), con lo que para avanzar con la bola, regatear, pasar..., hay que estar constantemente girándolo sobre sí mismo; es la gran diferencia con respecto a otros hockeys, como el de hielo o patines, donde se puede jugar con las dos caras del stick, que son planas.

Al hilo de todo esto, coincidiendo con la segunda parte de la Navidad, y alrededor de las jornadas que hay alrededor del Día de Reyes, se celebra en Barcelona un prestigioso y añejo torneo de este deporte que se denomina oficialmente el “Torneo Internacional de Hockey de Reyes”. Nada menos que desde 1949 se viene celebrando ininterrumpidamente este torneo que organiza, como señalé al principio, el Real Club de Polo de Barcelona.

Hasta 1964 se celebró sólo en la categoría senior masculina, para comenzarse en el siguiente año a disputarse un torneo juvenil masculino y en años sucesivos se extendió a las féminas, tanto senior como juvenil. Ni que decir tiene que siendo un deporte minoritario es el torneo amistoso de hockey sobre hierba más reputado y reconocido de España, y de los más importantes del mundo si no el que más a nivel de clubes.

Este año (2012) el torneo llega a su 64ª edición y no hay equipo que se precie en el panorama mundial que no desee recibir una invitación para este evento. Por otro lado, aunque en teoría es un torneo para clubes se permite la participación de selecciones, con lo cual es un buen test para la preparación de esos combinados. En este sentido, las selecciones españolas juvenil masculina y femenina estarán presentes en la competición de su categoría.

No sé si TVE retransmitirá algún partido, pero en todo caso yo me mantendré informado igualmente a través de Internet, pues el torneo cuenta con su propia web: www.hockeyreyes.com.

martes, 20 de diciembre de 2011

PASEANDO POR UNA ACRISOLADA ALCALÁ DE HENARES

Soy de los que le tiene un poco de miedo a las grandes ciudades, más que nada el hecho de entrar o acceder a ellas. Luego, dentro de las mismas ya me siento más cómodo. Pero, el simple hecho de que tengo que ir con mi coche a una gran ciudad como Madrid, sinceramente me acongoja.

Dicha comodidad no implica que uno se sienta como en su casa, es más Madrid, entre otras grandes ciudades, te da esa sensación de impersonal, de anónima, de un tanto inhumana; todo el mundo va a lo suyo, nadie conoce a nadie y cuando uno dirige la mirada a otro es para escrutar si hay algo que temer, es decir, que noto en Madrid las caras de la gente como si estuvieran permanentemente a la defensiva.

Pero cuando digo Madrid, hablo de la capital, porque ya me ha pasado en otras ocasiones que he visitado Alcalá de Henares, o simplemente Alcalá como les gusta llamar a esta ciudad a sus propios vecinos. Esta es una auténtica gran ciudad, bella, señorial y con historia que a pesar de sus más de 200.000 habitantes es una urbe acogedora, abarcable, nada despersonalizada. Ha crecido como ciudad de forma exponencial en el último siglo, eso hace que su centro sea el acorde a un pueblo, y la concentración de gente venga dada por la gran cantidad de barrios y urbanizaciones que han ido circundando este centro.

Y precisamente este detalle de la expansión demográfica de Alcalá, referida en un notable porcentaje por el éxodo de familias de otras provincias (especialmente de la España meridional), acuciadas por la falta de oportunidades en sus lugares de origen, hizo que una ciudad de apenas 50.000 habitantes a principios de los años 70 del siglo pasado cuadruplicara su población en poco más de tres décadas. Por eso esa gente que lleva más de treinta años viviendo en Alcalá tiene un recuerdo vívido de aquella época en la que tantas y tantas zonas estaban por edificar, descampados inmensos que fueron engullidos por la voraz necesidad urbanística. Y como consecuencia de ello, en esta ciudad aún se vive la esencia de aquellos años, y muchos se conocen, se paran por las calles, familias, amigos; es la gran diferencia con Madrid, ves las caras de la gente y no es de defensa, es una cara de “creo que nos conocemos”.

Es por ello que uno pasea por sus calles y no se siente anónimo, aunque no conozcas a nadie, la ciudad te envuelve y casi podría decir que te devuelve una sonrisa, porque es entrañable y no te deshumaniza.

Es también una ciudad con mucha vida y actividad, la gente pasea entre semana como una obligación del quehacer humano sin importarle demasiado la temperatura que haga, es una especie de cumplimiento del deber, del deber de hacer ciudad y eso se detecta por la implicación de los ciudadanos con su entorno; pasear por las calles y crear un ambiente cordial es un excelente caldo de cultivo para que la ciudad se fusione con su ciudadanía, y para ello colaboran los comercios, cuidando su imagen sabedores de que hay ojos examinadores que cada día están midiendo lo que tienen que ofrecer, no sólo un producto o un servicio, es más, es la fotografía exterior, es la cara, la panorámica de una primera impresión que para triunfar, por un lado, y conectar con el entorno y la vecindad, debe ser siempre adecuada y proporcional. Por estas razones es por lo que pienso que me gustan mucho los negocios de toda la vida que han sabido reinventarse pero sin perder el aroma de lo antiguo.

En una vuelta de tuerca más de esa fusión de una ciudad que ha crecido con rapidez pero que mantiene la esencia de lo antiguo, he de destacar sobremanera el legado y poso que la Universidad tiene en Alcalá. Es casi el elemento vertebrador de esta localidad del este de Madrid, el poder de atracción de esta institución hace que atraiga a estudiantes de diversas partes de España y también del extranjero, con lo que Alcalá refuerza su carácter cosmopolita. Ese ambientillo juvenil – estudiantil también es muy agradable y le trae a uno buenos recuerdos.

Y para concluir, esta última visita que hice ya algo más de dos meses (no será la última vez que iré a Alcalá por cuestiones familiares) me otorgó una experiencia única. En aquella noche de otoño, pulsamos la marcha complutense y me dejó un recuerdo imborrable. Nuestra entrada en el pub “El Empecinado” pasó de ser un tanto dubitativa, porque el ambiente parecía muy sofisticado (todo un crupier flanqueaba la entrada del local, con su mesa profesional de blackjack) a ser completamente sobrada. Un servidor pasó de ser un novatillo en este juego, al que nunca había jugado y sabía poco de que iba, a estar toda la noche pegado a la mesa con ganancias tales que hubo momentos en que tenía más fichas que el crupier. Por supuesto, las ganancias eran ficticias, las fichas te las daban por cada copa que te tomabas, y si te querías retirar con varias fichas ganadas, te las cambiaban por los típicos regalitos publicitarios de bebidas, en definitiva, una manera muy inteligente y divertida de atraer gente al pub; conmigo y con los que íbamos desde luego que así fue, porque literalmente fuimos los últimos en irnos. Por cierto, al día siguiente fue imposible levantarse temprano para acudir a la Plaza Mayor de Madrid a ver el mercadillo filatélico.

lunes, 12 de diciembre de 2011

"PURA ANARQUÍA", DE WOODY ALLEN

Woody Allen genera opiniones encontradas. Su cine despierta pasiones y críticas a partes iguales, tiene seguidores tan acérrimos como detractores en grado mayúsculo. Lo que tal vez algunas personas desconocen es que en su extravagante personalidad, considerando la archiconocida de ser un fantástico clarinetista e intérprete de jazz, también escribe libros y estos no pueden ser otra cosa que una prolongación de su talentoso, absurdo y delirante ser. Un Woody Allen del que tenemos el gusto en España de haberlo galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002 (que creo que van ganando prestigio con respecto a los Nobel).

Pese a que no me considero un apasionado del cine de Allen, reconozco que su humor es único y en algunas de sus películas me he reído bastante; particularmente Zelig me parece una estupenda película que resume la singularidad de su vis cómica. El libro que hoy traigo a colación ya lo tuve en mis manos hace más de tres años, comencé a leerlo en un importante momento para mi vida que terminó no de buena manera, y le tomé manía al libro, sé que él no tenía la culpa, pero a veces me ocurren estas rarezas, y ahora he hecho un sprint para liquidarlo.

El título de este libro, que es una especie de ensayo, es muy revelador, “Pura anarquía”, casi una tarjeta de visita de lo que representa Woody Allen. Se trata de una colección de relatos cortos absolutamente disparatados que llevan en sí, como toda la obra artística de este genio una crítica simpática pero directa a la sociedad actual, mucho más extravagante y absurda que él mismo; sus historias reflejan con sus giros disparatados una realidad que no es tan lejana como nos pensamos.

La existencia de sectas agresivas y el empecinamiento del ser humano por seguir cayendo, los chapuzas que empiezan por arreglarte la casa y terminan por arruinar tu vida, los inventores de dietas que se proyectan al infinito, la existencia de guarderías infantiles para estimular a niños bien desde bien chicos, los tejidos capaces de repeler manchas, los campamentos especiales para hacer cine (imagino que esto sólo se da en Estados Unidos), etc. Estas y otras muchas realidades dan pie a Woody Allen para sacar punta y cebarse en todas estas iniquidades de la especie humana.

Y es que este es un excepcional caldo de cultivo para construir estos relatos donde la absurdidad es la moneda de cambio. Pequeñas invenciones de Allen que no tienen principio claro y desde luego el final no se atisba, lo consistente es lo que lleva dentro en forma de giros ilógicos e incoherentes. Podía señalar muchos pero me quedo con un par de ellas a modo de aperitivo para abrir boca a los que se quieran adentrar en esta lectura: “Mike Sweeney es grande como un oso y fácilmente podría pasar por un oso, y de hecho varios zoos se han puesto en contacto con él para proponerle que sustituya al oso auténtico cuando se pone enfermo”, o esta, “Stubbs dejó inconsciente a Wilbur de un puñetazo y se fugó con mujer de este, no sin antes dejar en su lugar una muñeca hinchable. Una noche, después de los tres años más felices de su vida, Wilbur empezó a sospechar cuando le pidió a su mujer más pollo y ella de pronto reventó y empezó a volar por la habitación en círculos cada vez menores hasta posarse en la alfombra”. En fin, absolutamente absurdo a la par que genial.

Sea por lo que sea porque Woody Allen es quien es, porque exaspera a unos y maravilla a otros, recomiendo este librillo para que cada cual salga de dudas sobre su opinión acerca de este cineasta – escritor, desde luego no deja indiferente.

También podrá pensar alguien que cuando uno tiene tal estrella y dinero puede ocurrírsele escribir lo que le dé la gana que siempre habrá quien lo compre, aunque la calidad no esté contrastada. Yo lo dejo al criterio de cada cual.

lunes, 5 de diciembre de 2011

VISITA INOLVIDABLE AL SEMINARIO DE JAÉN

Un día laborable de la pasada semana desayunaba leyendo el Diario Jaén y en él se narraban las peripecias de un joven sacerdote de La Guardia que debía de atender siete parroquias pertenecientes al municipio de Alcalá la Real, igualmente aparecía una foto en un aula con los alumnos del Seminario de Jaén, sólo seis y al parecer con la incorporación este año de tres nuevos futuros curas.

Me trae buenos recuerdos el Seminario de Jaén, un edificio potente y soberbio como lo son los seminarios en muchas ciudades de España, ocupando un lugar preeminente en las mismas. En concreto siempre que paso por el de Jaén recuerdo que una vez estuve allí de visita y desde luego había muchas más que las seis personas que mostraba aquella foto de prensa.

Esto viene al hilo de la falta de vocaciones en nuestro país. Precisamente con ocasión de la visita del Papa este verano a Madrid con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, en el que recuerdo haber oído en la radio que las vocaciones en España en el último año había sido poco más de ciento cincuenta, un número claramente insuficiente para las necesidades de la estructura de la Iglesia Católica en nuestro país.

Se entiende por esto que últimamente los curas estén pluriempleados y que tengan que estar como se suele decir “a calzón quitado” atendiendo un montón de servicios. Vamos percibiendo que la Iglesia Católica española está echando mano ya de sacerdotes procedentes de África y América. Quizás habría que reflexionar sobre las causas de este problema, después daré unas pinceladas.

Antes de eso regresaré a mi tierna juventud para rememorar aquel día que hice una visita de excepción al Seminario de Jaén. Corría el año 1986, yo estaba en C.O.U., ese curso previo a acceder a la Universidad que no tenía ninguna diferencia con el bachillerato, de hecho se podría haber llamado 4º de B.U.P. y no hubiera pasado nada y todos lo hubiéramos entendido. Por aquel entonces había en Jaén en un céntrico Instituto un certamen provincial de teatro clásico. En estas que a nuestro Instituto, el histórico Huarte de San Juan de Linares se le ocurrió participar en dicho evento y yo me enrolé en el grupo creado al efecto para poner en escena la inolvidable, para mí, “Alcestes” de Eurípides, que dirigía el bueno de Vicente del Moral de triste recuerdo para los que lo conocimos, porque a los pocos años nos dejó en un trágico accidente de tráfico junto a uno de sus hijos.

Aquella obra la estrenamos en nuestro Instituto y a las pocas semanas acudíamos a Jaén, a competir por alguno de los premios en juego, y más que todo por hacerlo bien en la capital. Recuerdo que el autobús nos dejó por la mañana a las puertas de aquel Instituto en pleno centro de Jaén (no recuerdo el nombre), y allí dejamos nuestro vestuario y decorados, y teníamos toda la sobremesa y parte de la tarde para hacer turismo. Pero mi gran amigo Vicente Fraile pensó en un plan fantástico para los dos, aprovechando que su primo estaba de seminarista, él nos recogería, sería nuestro guía y comeríamos en el Seminario, ahorrándonos el dinero que nos habrían proporcionado nuestros padres.

Allí estaba puntual a su cita Pedro García, el primo de Vicente que nos recogió en su coche y nos llevó al Castillo, todo un lujo. No recuerdo demasiados detalles de la visita turística porque han pasado muchos años, pero siempre me quedé con lo relevante y es que me adentré por única vez en mi vida en el Seminario Diocesano de Jaén.

Recuerdo que habría no menos de sesenta seminaristas, había un ambientazo como de residencia de estudiantes; visitamos las habitaciones y se respiraba alegría, mucha alegría. Se me quedó la imagen grabada de un seminarista alto y con una barba muy poblada que llevaba puesto un poncho andino y de su habitación salían notas de algún grupo de aquellas latitudes del que me viene a la memoria uno que se llamaba Quilapayún.

Sé que pudimos charlar con algún grupillo y podía decir que hasta me dio envidia ese ambiente, era un gran colegio mayor donde con un colectivo tan amable y cualificado se podían organizar un montón de actividades, entre ellas una competición de fútbol sala, donde había alguno que trataba de emular al que por aquel entonces era ídolo de masas, Emilio Butragueño “el buitre”.

Comimos en el gran comedor del Seminario, con ese bullicio que se desprende en las grandes reuniones sociales, parecía como un campamento juvenil. Fue el momento en el que pude ver a la mayor parte de los seminaristas, muchos de ellos personas normales en cuanto a su aspecto, y luego otros, esto es absolutamente subjetivo, que desprendían santidad, eran de esos que tenían cara de buena persona y que habían nacido para ser curas sí o sí.

Pude reconocer a algún chaval de Linares y a los dos seminaristas que en ese momento había de Begíjar, con esa cifra de más de sesenta (puede que hubiera más), estaban representados un elevado porcentaje de los municipios de Jaén, todo un crisol jaenero; quizá la amalgama cultural más interesante que a nivel institucional pudiera existir en nuestra provincia.

Y nos fuimos con el buen sabor de boca de una experiencia entrañable e inolvidable. Actuamos bien en la función teatral, quedamos los segundos detrás del Instituto de Jaén que organizaba el evento, y lo dimos por bueno. Aquel “Alcestes” o “Alcestis” de Eurípides siempre estará en mi recuerdo, por los buenos ratos que nos proporcionó, y porque fue el argumento perfecto para visitar el Seminario.

Contrasta, como digo, la imagen de hace veinticinco años con la realidad actual. Me imagino los largos pasillos y dependencias del Seminario de Jaén, vacíos, cerrados, sin vida, añorando esos tiempos en que era un bullidero de jóvenes, que lamentablemente me temo que nunca volverán.

Y ahora sí, hay que reflexionar qué ha pasado en este cuarto de siglo para que las vocaciones hayan caído de forma drástica. Cuando ocurre un fenómeno de estas características seguro que no es por un motivo exclusivo. Me aventuro a señalar varios, para empezar la crisis de valores de la sociedad occidental, sí porque esta crisis económica primero lo fue de valores, y no poca culpa tiene la bajeza moral de nuestra sociedad para que haya devenido en la depresión económica que actualmente sufrimos.

La promoción del estado del bienestar a toda costa, la difusión de una imagen distorsionada de lo que debía y debe ser la felicidad, el ensalzamiento de lo chabacano, lo grosero, lo burdo, lo pornográfico..., todo ello ha convertido nuestra sociedad en un rebaño acomodado y sin referentes que se ve muy reflejada en nuestra juventud (la que debe nutrir los seminarios) que confieso que por primera vez en la historia, es más inculta y vaga que sus padres.

No se salva obviamente la Iglesia católica que se ha pringado un poco de esta tendencia. Cuando vemos la tele y nos sale algún reportaje de sacerdotes comprometidos o monjas en países del tercer mundo, ellos son los que no han perdido el sentido y la esencia de su labor. Pero en nuestras ciudades echo de menos algo más de compromiso. No digo que todos los curas sean iguales, aunque algunos se toman el sacerdocio como una profesión más, tengo un horario, unas citas que cumplir y ahí acaba todo. Me imagino que en los seminarios se le dirá a los futuros curas que un sacerdote lo es las veinticuatro horas del día y que para ver a sus fieles están las parroquias pero hay otros muchos lugares donde se pueden pescar almas. A lo mejor lo que digo es una inconveniencia, pero nunca he visto a un cura en grandes congregaciones de jóvenes, ni en espectáculos deportivos, ni en las plazas, ni en el botellón.

Confieso que alguna vez pensé hacerme cura, en realidad, cuando era niño sí que le di vueltas en alguna ocasión, pero era una reacción egoísta, porque me convencía de que era una manera segura de obtener la salvación. Cuando fui joven no tuve ninguna duda y jamás sentí la llamada, ni creo que tuviera ni tengo vocación de sacerdote; aunque sí me he imaginado qué haría si fuera cura y, desde luego, sería un osado, mi parroquia sería el lugar que menos pisaría en mi labor sacerdotal y como poco intentaría saludar a todos los vecinos de mi barrio, llamar a sus casas y participar en la vida social y lúdica de los mismos.

Reconozco que ser sacerdote hoy día en España tiene que ser una vida muy comprometida, alegre también pero con momentos duros, algo para lo que no estamos preparados los mediocres, y conseguir jóvenes con ese perfil no es fácil. Ya digo que no se atisba un futuro mejor para los seminarios, ojalá me equivocara, no obstante, me quedo con aquella agradabilísima vivencia de un Seminario de Jaén repleto, rebosante de alegría y con un selecto grupo de jóvenes comprovincianos que decidieron llevar una vida mucho más trascendente que la que nos ha tocado al resto.

lunes, 28 de noviembre de 2011

EL SENADO, ESA CÁMARA DE LOS HORRORES

Estaba pensando en titular la entrada asumiendo mi falta de originalidad, con una fórmula muy trillada, “El Senado en España no existe, son los padres”. Pero he optado por otra idea para significar lo mismo, ¿el Senado sirve para algo?, ¿se merecen los senadores nuestro ninguneo?

Resulta cuando menos curioso que tanto durante la campaña electoral como una vez conocidos los escrutinios de las Elecciones Generales, poco o nada se ha hablado de los candidatos y los resultados oficiales del Senado. Estoy convencido que la atención que se presta a Congreso y Senado por medios de comunicación o ciudadanos comprobando los resultados puede estar en un brutal 99 a 1.

Si hace años podía tener algún interés, o al menos es lo que yo percibí cuando iniciamos la democracia en España, y los senadores tenían tanta importancia como los diputados y veíamos sus fotos y los conocíamos, más o menos, por su presencia en medios de comunicación, mítines, etc.; ahora ya llevamos varios años planteándonos para qué sirve el Senado y, por ende, a qué se dedican nuestros senadores.

Esta maldita crisis ha contribuido a maximizar los defectos de nuestro sistema y sobre todo está dejando nuestra economía enormemente deteriorada. Esas cuentas del Estado que antaño nos hablaban de superávit y números verdes, ahora se han desnudado y todo el mundo gira su mirada a ver dónde está el derroche.

En estos últimos meses se ha mirado entre otras dimensiones, a los coches oficiales, las diputaciones, las obras faraónicas (aeropuertos en pequeñas ciudades, infraestructuras públicas abandonadas...), las televisiones autonómicas, dietas mayúsculas, uso indiscriminado de tarjetas de crédito públicas, subvenciones a la asociación defensora del canto de la tórtola coja malaya y, por supuesto, al Senado.

El Senado que es una cámara de representación territorial y que debiera ser un estamento revisor y decisorio a la vez de las actividades del Congreso de los Diputados, está en nuestro país realmente subordinado a este. Y la experiencia la tenemos en estos más de treinta años de Cortes Generales donde la capacidad de veto, freno y abordaje del Senado ha sido mínima, para muchos testimonial. Y estando como está todo, pagar los suculentos sueldos de algo más doscientos cincuenta políticos (los salidos en las Elecciones más los designados por las comunidades autónomas), se antoja excesivamente gravoso para nuestras arcas.

No contribuyen ni siquiera sus señorías a elevar su perfil y a dar buena cara ante la opinión pública, pues hace unos pocos meses tuvieron que poner intérpretes para que los políticos procedentes de las comunidades autónomas con lengua propia, pudiera expresarse en su idioma, o mejor, en uno de sus idiomas. Semejante absurdo ocurre cuando este país tiene cinco millones de parados, pero eso sí, es importante la traducción simultánea en un país donde todos hablamos español, para que nadie se sienta discriminado y chorradas de esas. Es algo absolutamente indigno y aberrante, si todos funcionáramos con un esquema tan absurdo este país no marcharía. Imagino que sólo se hace desde una situación de poder, de falta de respeto al valor del dinero público que es tanto como decir falta de respecto a la ciudadanía. Esto en mi pueblo tiene un nombre muy claro: DESPILFARRO.

Por cierto, que ya va siendo hora de que en este país se instaure el voto electrónico, porque en el Senado el recuento de votos es pesado, lioso e imperfecto, en definitiva, un coñazo. Y cuando digo imperfecto hablo con conocimiento de causa, pues en estas elecciones y en otras, he sido representante de la administración, y asisto al recuento de votos. Con eso de que puedes poner una cruz, dos o tres, los componentes de la mesa que se han pegado una paliza durante el día, que ya han hecho el conteo del Congreso (este suele cuadrar más fácilmente), tienen que armarse de valor para sacar las sábanas de inconfundible color sepia. Si se quiere hacer bien hay que ser muy meticulosos, pero todos están deseando terminar, incluidos los interventores de los partidos, así que se va con prisas, se cometen errores y estoy convencido de que en más de tres cuartas partes de las mesas electorales de España no hicieron un recuento de votos perfecto en el Senado, y es que en la mente de todos está la escasa importancia de esta Cámara (incluidos los interventores) y asumen fallos que, también es cierto, no afectan a los resultados finales.

He tenido la osadía y la rareza de mirar los resultados del Senado y puesto en comparación con los del Congreso, resultan algunos detalles bastantes sorprendentes. Si en el Congreso el número de votos blancos y nulos rebasa ligeramente los 600.000, entre los que integraremos indignados, apolíticos, antisistema y despistados, en el mismo día hubo 2.167.000 votos nulos y blancos al Senado, es decir, más del triple. Puedo reconocer que habrá gente que se haya equivocado, que el sistema de votos nominales, aunque fácil, hay personas que no se informan y no le entienden, pero esos más de dos millones de votos son un mensaje claro e inequívoco para nuestros gobernantes.

Indagando más en estos datos, esos votos no válidos al Senado representaron el 9% de todo el Censo electoral español, incluidos los que no votaron, y es más del doble de votos emitidos en este sentido en las Elecciones del 2008, donde votos nulos y blancos no llegaron al 4'5%. Es decir, es una nada desdeñable cifra de más de dos millones de personas, seiscientas mil de las cuales repitieron voto no válido en el Congreso, pero hay más de un millón y medio, que dijeron claramente no voto al Senado y si al Congreso, porque ¿para qué vale el Senado?

Se pueden hacer muchas cábalas sobre el sentido de votos nulos y blancos, pero los resultados al Senado son tan elocuentes y sorprendentes a la vez que alguien tendría que mirar el valor del voto de muchos ciudadanos que, sin duda, lo he hablado con mucha gente también, tuvo ese matiz de rechazo. Yo, sin ir más lejos, voté válidamente al Congreso y emití mi voto al Senado nulo y mi mensaje es que “elimínese de una vez o dótese de virtualidad al Senado”.

Claro que acudiendo a un viejo dicho, “echa la ley, echa la trampa”. En este etapa de recortes que ya tenemos y que se avecina, los que tienen que decidir sobre los mismos, personas con una renta muchísimo más alta que la media española, son los que menos quieren renunciar a sus derechos, nadie quiere mover el culo. Cuando se bajan sueldos los que menos sufren son los de abajo, si le quitas el 5% a un barrendero no es lo mismo que si le quitas un 15% a un ministro. El 5% de poco es mucho menos y el 15% de muchísimo sigue siendo muchísimo.

Y pasa o pasará lo mismo con la tan traída historia de la reforma de la ley electoral, ni PP ni PSOE van a querer reformar un sistema que siempre beneficiará a los dos, al ser partidos mayoritarios. Es la pescadilla que se muerde la cola, los minoritarios protestarán pero los mayoritarios no harán nada por cambiar la legislación, porque no tienen intenciones de perder cuotas de poder futuras, y creo que los ciudadanos estamos por el cambio. Por tanto, el Senado seguirá igual, porque los grandes partidos tienen el sueldo asegurado de más de doscientos de sus correligionarios.

Si se suprime el Senado, sus titulares están apañados, entiendo, o es que ¿el Senado es una especie de cementerio de elefantes, estómagos agradecidos o una cámara de los horrores en la que escuchar en un pinganillo cómo un intérprete me traduce del gallego? ¿Han decidido algo en toda su historia? ¿Qué nos cuesta a los españoles el Senado? ¿Cuánto gana un senador?, pero lo más importante ¿existe en realidad el Senado o son los padres?

martes, 22 de noviembre de 2011

WAVESTAR, UN EFÍMERO PROYECTO MUSICAL CÓSMICO

Mi acercamiento a las Nuevas Músicas sería allá por los 18 años, cuando entré a la Universidad y le puse cara y nombre a unas melodías que me gustaban mucho. Seguro que lo había escuchado alguna vez, era Jean Michel Jarre, quizás en la película australiana “Gallipoli”, donde una parte de su disco Oxygene se utilizaba en unas escenas míticas, o tal vez en la sintonía de una radio o en la megafonía de un coche que anunciaba una oferta de muebles. Fue en 1986 cuando me compré Equinoxe y me hice un silencioso fan de Jarre.

Pero no trata esta entrada de Jarre, él tiene suficiente fama, gloria y billetaje. Él me sirvió de partida para conocer una tipo de música que me encantaba, sin letra, pero que me evocaba múltiples sensaciones, más que cualquier otra música comercial. Él fue, en cierto sentido, un minarete a la hora de dar a conocer la utilización de sintetizadores, secuenciadores y computadoras en la música.

Por eso, la primera vez que escuché al grupo que hoy traigo a colación, Wavestar, me sonó mucho a Jarre y luego cuando he leído acerca de este grupo, ellos asumían que tenían cierta influencia del artista francés.

No creo que la producción de música New Age en este siglo XXI haya menguado con respecto a la década de los 80 del siglo pasado, que fue cuando sucedió el auténtico boom de esta música, pero sí que la presencia de un menor número de grupos y compositores los hacía un poco más conocidos que ahora, y tal vez la calidad era superior, o había menos paja, porque entraban de lleno en un terreno inexplorado, estaba todo por inventar.

Wavestar irrumpió en la década de los 80, para ser franco, nació, creció y murió en esa década, aunque luego tendría una secuela, que después comentaré. Este grupo inglés es un anónimo heredero, o mejor un anónimo discípulo de Jean Michel.

E insisto en la similitud inicial de ambas músicas, aunque Wavestar consiguió un sello propio, pues era mucho más melódico que Jarre. En Jarre la percusión es muy importante y en Wavestar es un elemento más que secundario. Ese sello propio de Wavestar me lleva a considerar su estilo en una variante de las Nuevas Músicas, en concreto, la Música Cósmica, de la que este grupo es un genuino precursor. La traducción libre del nombre del grupo le va que ni pintada “Ola estelar”.

Y a todo esto, ¿quiénes eran Wavestar? Se trata de un dúo inglés oriúndo de Sheffield, compuesto por John Dyson y David Ward-Hunt. Dyson tocaba la guitarra eléctrica desde bien joven y hacía sus pinitos en la composición con grabadoras de diversas pistas, un procedimiento que hoy día lo calificaríamos de rudimentario. Poco a poco fue indagando en los apoyos técnicos, y esa curiosidad fue la que le llevó a entrar en contacto con Ward-Hunt de una forma curiosa, pero que no fue ni la primera ni la última vez que ocurra en la historia de la música y de las relaciones humanas. Ward-Hunt puso un anuncio en una publicación musical, en el que buscaba gente a la que le interesara el binomio música – tecnología para crear un proyecto, y ahí partió esta iniciativa, que como buen matrimonio luego tendría desavenencias, pero no adelantemos acontecimientos.

Las virtudes de uno y otro y su puesta en común potenciaron y sublimaron sus composiciones y tras unos años trabajando en su estudio doméstico, por fin, en 1984 vería la luz su primer trabajo, Mind journey (Viaje mental), el cual tuvo bastante éxito dentro de lo clasista de la New Age, lo que les ayudó a hacerse un nombre y a seguir trabajando.

Al poco tiempo, en 1985, editarían su segundo disco, Zenith. Este ya supuso un punto de inflexión, pues les abrió las puertas del paraíso de la música New Age, Estados Unidos, mientras ya andaban liados con giras y conciertos (estuvieron a punto de venir a España pero al final no). Su halo de discos bien producidos y elaborados, así como con unas melodías que enganchaban llegó hasta una prestigiosa compañía discográfica estadounidense, Jem Records, que rápidamente le haría un hueco para lanzar su tercer disco, Moonwind (Viento lunar), que germinó en 1987.

Lo curioso es que seguían haciendo sus experimentos en su estudio doméstico, cada vez con más medios, algo que para ellos era una obsesión, pues compraban aparatos que se volvían obsoletos con gran rapidez, ya que al poco tiempo salía un nuevo ingenio con mayor capacidad y prestaciones, e incluso más barato que su antecesor. De alguna manera, mantuvieron casi como el secreto mejor guardado el hecho de que su estudio de grabación no fuera un gran estudio en la urbe londinense, donde tenían su centro de operaciones, pero a Jem Records le pareció un buenísimo trabajo y supuso una nueva dimensión para Wavestar, pues Moonwind se editó en todos los formatos posibles en ese momento (CD y vinilo de alta calidad entre otros). Esto les permitió ahondar en ese interesante y entendido mercado norteamericano.

No se sabe muy bien la causa, y aún hoy muchos músicos se preguntan esto, el caso es que Jem Records quebró y a Wavestar le dejaron no poco dinero a deber, esto precipitó la muerte de este proyecto musical, pues a ello hay que unir que Dyson y Ward-Hunt ya estaban empezando a cansarse mutuamente, corría el año 1989.

Ese fue el año de disolución aunque por suerte, se dio la insólita circunstancia de que Dyson recopilaría varios años después, en 1997, varios temas grabados por el dúo entre 1986 y 1988, es decir, años de indudable efervescencia de Wavestar. El disco se llamó apropiadamente “Out of time” (Fuera de tiempo), e imagino que contaría con la aprobación de Ward-Hunt, que lamentablemente fallecería en 1999.

John Dyson sigue en activo aunque es ya un veterano compositor, pero está en la brecha con su producción musical y discográfica propia, muy fiel al estilo tan particular e inconfundible de Wavestar.

Lo mejor de todo es escuchar a Wavestar, es meterte en una nave espacial y abrir las escotillas (si se pudiera) para apreciar los sonidos livianos, sugerentes, sensuales que la inmensidad interestelar nos ofrece; es una ensoñación, pero merece la pena experimentarla.

martes, 15 de noviembre de 2011

COLECCIONANDO SELLOS A LO BESTIA

No soy un coleccionista de sellos purista, pocas veces me pongo a admirar mis colecciones, sino que siempre estoy trabajando sobre ellas, cambiando sellos de un sitio a otro, manejando álbumes, viendo catálogos y páginas en Internet. Y, dicho esto, no colecciono para exponer, nunca lo he hecho hasta ahora, básicamente porque no estoy especializado en sellos de una temática concreta, en realidad, colecciono de todo.

Amén de ello, donde puedo decir que tengo una colección más o menos importante es de España, pero porque a lo largo de mi vida he ido entrando y saliendo de la filatelia, y desde hace unos quince años ya me lo tomé en serio y me hice socio del Servicio Filatélico Nacional y tengo todos los sellos que han salido de nuestro país en ese período, y los anteriores los he ido consiguiendo a través de compras, pero siempre con presupuestos muy limitados, es decir, que no tengo sellos cotizados porque no me quiero gastar dinero en ellos, no soy rico, y si lo fuera me lo pensaría muy mucho.

Pero a lo que iba, que colecciono de todo, toda clase de sellos. Sé que los buenos coleccionistas se especializan en temáticas: deportes, mariposas, compositores, trajes militares..., o sea que hay tantos temas como la vida misma, algo casi infinito. Y luego también tenemos aquellos coleccionistas que coleccionan determinados países, por afinidad o por gusto.

Yo colecciono sellos a lo bruto o a lo bestia, hasta he llegado a comprar kilos de sellos del Rey con su papel, por el solo placer de despegarlos (con agua, ya se sabe) y ordenarlos por valor, con eso se dice todo. Y por lo que respecta a países del mundo, pues me valen todos, me gusta tener sellos de aquí y de allá, algunos los compro en Internet (generalmente matasellados), otros los adquiero en el particular mercadillo de mi Grupo Filatélico en Jaén, Virgen del Carmen, con sede en el I.E.S. del mismo nombre; otros me los regalan y luego tengo la previsión de solicitarle a mis amistades que cuando viajan fuera de España que me traigan sellos del país de destino, suele ser un buen encargo, porque es barato (siempre compras por el precio marcado, con lo que no está sujeto a especulación, lógicamente si lo haces en una oficina postal, porque si vas a una filatelia es otra cosa), son sellos sin usar, y no pesan, algo que siempre hay que meditar, pues traer recuerdos de allende los mares hace que nuestra maleta sea más voluminosa de la cuenta y ya se sabe cómo son de estrictas algunas compañías aéreas. Y bueno, aunque insisto en pagar los sellos, tengo unos magníficos amigos que siempre me los regalan.

Así que tengo sellos de casi ciento ochenta países del mundo, aún me faltan algunos bien es cierto, pero no tengo ninguna obsesión, y es que creo que la principal razón por la que soy filatélico es porque esta afición me entretiene y relaja mucho. No obstante, hay ocasiones en las que, dentro de lo atípico que resulto ser en mi modo de coleccionar sellos, hay que ordenar y comprobar esos sellos.

En el mundo de la filatelia se trabaja habitualmente con catálogos. Un catálogo es básicamente un libro que te permite ver los sellos que se han emitido en un país a lo largo de su historia, sus medidas y características físicas (papel, color, engomado...), fotografías de los mismos y la cotización de mercado (por regla general suelen estar algo sobrevalorada), y con un criterio cronológico de más antiguo a más moderno.

Yo tengo físicamente algunos catálogos de España que he comprado a razón de uno por década, el último de 2007, pero ¿qué pasa con el resto de países? Pues que supondría un denodado esfuerzo y casi una utopía recabar los catálogos de cada país. Sí que es cierto que algunas editoriales especializadas en filatelia sacan unos voluminosos tomos en los que se informa de las emisiones de todos los países del mundo en un año concreto. Pero tener todos los catálogos del mundo impresos ocuparía un espacio mayor que el de varias Enciclopedias Británicas.

Pero entonces, ¿no hay solución? Pues sí que la hay, ¿existe algún formato que pueda albergar mucha información sin que afecte a nuestras estanterías? Evidentemente el maravilloso mundo de la informática permitiría tener todos los catálogos del mundo en unos pocos gigas, lo cual también sería una estupidez porque para qué gastarse el dinero en soportes para contener esa información, cuando la Red ya contiene esa información y puedo acudir a ella cuando me plazca.

Todo lo dicho, en realidad, es un amplio preámbulo (que a veces me enrollo demasiado), para culminar en el auténtico objeto de esta entradilla en esta semana, se trata de la presentación de una página web, que creo que es la primera vez en mi blog que promociono una web, más allá de la mía propia.

Es posible que haya más páginas que contienen todos los sellos del mundo, yo voy a comentar esta que es la que más usamos los que estamos metidos en esta afición por estas latitudes. Se trata de www.freestampcatalogue.com, que en su traducción ya da idea de lo que va, o sea, catálogo gratuito de sellos. Ahora bien, si pinchamos veremos que la dirección se cambia a http://www.postbeeld.com/en/fsc/home, da lo mismo que lo mismo da.

Fácil manejo y muy rápido tiene este recurso, porque podemos buscar sellos por país, por temática y por año, individual o conjuntamente. La búsqueda alcanza hasta el año 1920 que es el más antiguo, es decir, más que suficiente para informarnos de las tiradas de cualquier país de uno de estos últimos años, es decir, todo un lujo y un alarde de esta página que llega a congregar más de 200.000 sellos, con sus respectivas fotos.

Si indagamos un poco más, apreciaremos que este gran catálogo ejerce una doble función, nos sirve como información de la cotización de un sello, pues viene indicado su precio de venta, y luego la parte lucrativa de este negocio, y es que ellos te venden todos esos sellos, con lo que no me equivoco en decir que se trata de uno de los mayores mercados mundiales de la filatelia, en Internet casi seguro que sí; de hecho esta web se presenta a sí misma como la mayor tienda virtual de filatelia del mundo.

Esta colosal idea tiene su sede en la localidad holandesa de Haarlem y desde allí te mandarían los sellos en caso de que te decidieras a hacer un pedido. Los precios son francamente bastante razonables, yo los he comparado con otras web españolas que venden sellos nacionales, y son muy similares; la única diferencia es que los gastos de envío (siempre cartas certificadas, suele ser lo habitual en filatelia) aumentan. Si en España una carta certificada está sobre los tres euros, desde Holanda nos cobrarán algo más de seis.

Igualmente interesante supone el encontrar y poder adquirir sellos nuevos de países pequeños o casi desconocidos, lo que para el coleccionista podría suponer un mareo importante a través de las tradicionales páginas de subastas que todos conocemos. Aquí sabemos y lo garantizo porque sé de gente que ha comprado en esta página, que se trata de profesionales y que el pedido llega en perfectísimas condiciones.

Por cierto, la página tiene la opción de verla en español, un español algo macarrónico eso sí, seguramente porque se ha utilizado algún traductor de Internet, pero lo suficientemente claro para manejarte con destreza y tranquilidad por sus menús.

Por si se quiere seguir examinando la página nos podremos encontrar con una visita virtual a la tienda que los encargados de esta página tienen en Haarlem, todo un paraíso para el aficionado a la filatelia y el coleccionismo. Una tienda moderna y amplia que rompe con los esquemas que tenemos en España, donde las tiendas de la filatelia suelen tener una pinta ajada y decimonónica. En fin, una envidia porque la susodicha localidad holandesa tiene alrededor de 150.000 habitantes... y la tienda funciona nada menos que desde 1983 cuando su fundador inició este negocio con 22 añitos.

martes, 8 de noviembre de 2011

ALFRED HITCHCOCK, UN GENIO HACIENDO TELEVISIÓN

Soy un enamorado de las películas de Alfred Hitchcock pero confieso que realmente cuando comencé a sentir pasión por este icono fue a partir de conocer algunos de sus trabajos para televisión. En concreto “Alfred Hitchcock presenta” o “La hora de Alfred Hitchcock”, me abrieron al mundo de este sensacional cineasta y, aunque resulte tópico, este genio del suspense.

Fue en el año 1984 cuando TVE emitió a la hora de la cena una serie de capítulos de la producción “Alfred Hitchcock presenta”, en concreto una selección de veinte entregas de los casi tres centenares de capítulos que produjo a partir de 1955. Se trataba de aquellos que dirigió él exclusivamente, el resto eran producidos por él e imagino que aprobados para que tuvieran no sólo un sello de calidad sino el toque idóneo de este mago del entretenimiento.

Si cerramos los ojos e imaginamos lo que nos evoca hablar de Hitchcock seguro que muchos recordaremos la cabecera de este programa en el que se veía al director desplazándose de perfil y se mezclaba con una figura hecha a trazos un tanto abstractos y esquemáticos en los que se adivinaba la oronda personalidad de Alfred; imagen imitada en multitud de ocasiones. Todo ello adornado con una música un tanto grotesca y que curiosamente recibe el título de “Marcha fúnebre de una marioneta”, creada por el compositor francés del siglo XIX Charles Gounod.

El formato era bien sencillo, para comenzar Hitchcock habría el capítulo, que en sus emisiones originales tenía una periodicidad semanal, para dar una pincelada de lo que venía a continuación y siempre enfrascado en alguna circunstancia cómica, disfrazado, rodeado de artilugios, acompañado por personajes irreales...; después venía el cortometraje que era en realidad lo importante, lo que se proyectaba, el cual duraba unos veinticinco minutos, y finalmente cerraba el mismo Alfred comentando algo sobre el episodio recién visto, algunas veces su resolución y el desenlace de su circunstancia particular. Era como su propio show dentro del show, permítaseme decirlo así, y siempre con un semblante serio, jamás se reía, todo lo más una sonrisa, cuando normalmente todo su entorno y él mismo eran de chiste.

Lo sustancial de esta serie, aparte de la siempre singular y desternillante aparición de Alfred Hitchcock, generalmente al más puro estilo “humor inglés”, era el cortometraje en sí. Con una serie de situaciones en las que se ponía de relieve la intriga, el terror psicológico, a veces situaciones cotidianas que se enredaban, otras tomadas con humor pero que tenían algún final insólito... La consecuencia de ello y lo que nos quería hacer transmitir Hitchcock era alguna lección moral, pues ante todo se ponía de relieve en esta histórica y amplísima producción las veleidades, imperfecciones, calamidades e inmundicias de la especie humana.

Con la duración semanal de esta producción, su visionado no podía ser más ágil y el grupo de adeptos que ha cosechado a lo largo de este más de medio siglo desde su emisión por primera vez, no sólo no se ha ampliado sino que se ha convertido en una especie de fanáticos seguidores; no en vano se ha llegado a clasificar como una de las cien mejores series de televisión de todos los tiempos; yo me atrevería a dejarla en un grupo selecto de diez.

Casi una década de producciones televisivas que dejaron una grandísima huella, de todas las que se hicieron he visto seguramente más de la mitad, y tengo recuerdos imborrables de algunas de ellas, toda la esencia de unas historias bien planteadas en veinticinco minutos que te dejan absolutamente maravillado y otras veces fuera de sitio.

Hay una curiosidad que marcaba el cine de Alfred Hitchcock y es la aparición puntualísima de él mismo durante apenas unos segundos, es lo que se denomina en inglés cameo role; una especie de etiqueta que estaba prendida en cada película y que tenía, entre otros fines, poner en juego la atención de los espectadores. Sin embargo, en esta serie Alfred no estilaba eso y sólo en un capítulo tuvo una aparición esporádica.

En 1985 la cadena de televisión CBS/NBC llevó a cabo una reposición de la serie, coloreando las entradas jocosas de Alfred Hitchcock y aprovechándolas para hacer nuevos capítulos con una ambientación moderna y con más despliegue de medios. Resultan interesantes pero les falta el sabor clásico de esta serie inolvidable.

martes, 1 de noviembre de 2011

"EL TIEMPO ENTRE COSTURAS", DE MARÍA DUEÑAS

Confieso que no soy muy aficionado a los best seller, o por lo menos no los de actualidad, prefiero que transcurra un tiempo, años diría yo, hasta que se pase la fiebre que provoca su éxito. Ni siquiera suelo mirar en los estantes de las librerías para ver qué se cuece en el mercado literario. Y dicho esto, a veces me regalan alguna obra recentísima o me la prestan, como ha ocurrido en esta ocasión.

Fue mi amiga y compañera de trabajo Eva Ruiz la que me pasó este libro hace un par de meses y justo ese tiempo es el que me ha dedicado leerlo, sacando ratos de aquí y de allá, como siempre.

Como es normal no tenía ni idea de que, efectivamente, se trataba de un best seller, y de que más gente de la que yo me podía imaginar lo estaba leyendo a la par que yo, en concreto, mi hermana (con la que coincido mucho en gustos literarios) y una cuñada mía; aparte ya corroboré que era un libro que se estaba vendiendo muy bien, cuando lo vi un día de casualidad en un lugar privilegiado de la sección de la literatura de un gran centro comercial.

El hecho de que este o cualquier libro pueda ser de los más vendidos no me condiciona; creo tener mi propio criterio y decidir por mí mismo si me gusta o no lo que leo, con independencia de la crítica y el volumen de ventas.

Y así, de primeras, he de señalar que no me ha decepcionado este libro, que se trata de la ópera prima de esta profesora universitaria manchega a la sazón Licenciada en Filología inglesa. Este debut en el género narrativo ha sido quizás una de las mayores gracias o cualidades de esta novela, con un estilo propio, fresco y hasta cierto punto innovador, te das cuenta de que no has leído nada parecido y que con un lenguaje sencillo y una trama seductora se puede hacer un magnífico guiso.

Se aprecia que es un trabajo meditado, no hecho a la ligera, se ve que María Dueñas ha ido cocinando a fuego muy lento esta novela para que cumpliera primero con sus expectativas y luego que gustara al gran público. Estoy convencido de que se trata de una mujer muy metódica. Esto tiene su explicación, porque siendo como es una novela de corte histórico y que alude a la España de la década los 30 y 40 del siglo pasado, especialmente centrada en la Guerra Civil y el Protectorado español en Marruecos, así como el período de posguerra en nuestro país, ha hecho un impresionante ejercicio de documentación bibliográfica en la que ven la luz personajes reales con otros ficticios, proponiéndonos la autora cómo pudieron desarrollarse los acontecimientos y las vivencias de determinados actores auténticos y de carne y hueso que tuvieron una notable influencia en el devenir de nuestro país en aquellos convulsos años.

Es una novela cómoda de leer, cercana a todos los públicos, pero también muy femenina, y no en un sentido sexista, sino porque es un genuino homenaje a las mujeres de aquella época tan dura, esforzadas ante todo para sacar su familia y sus vidas adelante por encima de las adversidades. Es femenina pero también es una novela madura y para maduros, a buen seguro que los lectores que vivieron en aquellos años, aunque fuera desde la niñez habrán sentido añoranza y tal vez se hayan emocionado al rememorar un período de nuestra historia que fue cruento y complicado, y del que todavía tenemos heridas abiertas.

Y, ante todo, tiene una trama que engancha, eso creo que ha reforzado su popularidad; siempre ocurre algo, la autora no se embarca en elucubraciones ni en marear la perdiz sobre pensamientos abstractos de sus personajes. Es una obra que avanza cronológicamente con energía y en el que se destila, además, el proceso de madurez que va operándose en la protagonista de la obra, Sira Quiroga.

De hecho, hubiera pensado que este trabajo encierra una línea argumental que podía ser perfectamente puesta en escena a través de una película. Y precisamente quien me prestó el libro me comentó que ya había una adaptación; y así es porque creo que en verano comenzó la grabación de una serie para televisión, producida por Antena 3 y que llegará a la pequeña pantalla en 2012. Si la serie está bien hecha quizás evite tener que suprimir muchos pasajes como ocurre en las adaptaciones cinematográficas de novelas, por cuestiones de tiempo. En definitiva, habrá que estar atentos el próximo año.

Un solo detalle me dejó fuera de juego, se trata del epílogo, en el que María Dueñas narra lo que ocurrió después con los personajes, refleja lo que ocurrió en realidad con los personajes históricos y en los que son de ficción nos presenta algunas alternativas, casi para que el lector las imagine y decida. Yo ya sé que leo una novela y que hay un trecho hasta la realidad, pero no quiero que me lo digan, es cuando veo una película o una serie de televisión, ya sé que es una ficción, pero entonces ¿qué gracia tendría?, ¿o es que no nos apasiona Matrix y ahí hay que echar un poco de imaginación?

miércoles, 26 de octubre de 2011

LOGROÑO, PASEANDO A LAS ORILLAS DEL EBRO

En un viaje vital que como primer propósito no tenía que ver, en absoluto, con el placer ni con el turismo, la pasada semana mi mujer y yo estuvimos en Logroño. Tiempo hubo alguno en nuestra fugaz estancia, amén de lo que hicimos en primer lugar y que era nuestra principal misión, para pasear por el centro de esta ciudad y llevarnos un somera pero fructífera estampa de un emblema que es ya para nosotros la capital de La Rioja.

Tanto la gente con la que habíamos hablado previamente como allí mismo, todos coincidían en que Logroño era una pequeña ciudad, casi un pueblo. Al menos el centro histórico así lo parece, me recordaba a ratos a algunas calles de Granada o Pontevedra, por su altura, por su diseño y por el ambiente tranquilo, solitario a ratos, casi claustral.

Sí, porque tanto por el esquema de esta ciudad, como por sus gentes, el centro está por fortuna preservado de la presencia de vehículos motores y se puede caminar sosegadamente por sus amplias aceras y calles peatonales. Por otro lado, como en muchas grandes ciudades el centro está más despoblado que la periferia, no sólo porque hay casas deshabitadas, sino que muchos edificios singulares se han tomado por instituciones diversas y funcionan como centros de trabajo. De ahí esa sensación de evasión que uno percibe por sus calles centrales, lejos del bullicio y las aglomeraciones, de verdad que pensé que era un escenario idílico para componer poemas.

Lo cual no quiere decir lo anterior que en Logroño sea todo paz y silencio, porque nadie que la haya visitado habrá obviado la incursión en la calle Laurel, también conocida por “La senda de los elefantes”, por aquello de que después de su travesía y el correspondiente avituallamiento se acaba a cuatro patas y con una buena trompa. No, no es la única zona de tabernas, bares típicos y restaurantes, aunque esta sea la más turística. Mucho vino de la zona, como no podía ser de otra manera, y la habitual forma de tapear en el norte de España, con los pinchos bien presentados al público, donde abundaban las setas y los pimientos del lugar, fueron testigos de nuestro descubrimiento del mediodía festivo logroñés y de la firme convicción de que un viernes a mediodía muchos españoles en cualquier punto de nuestra geografía al azar, estamos haciendo lo mismo, ¿no será esta sana y festiva costumbre una de las características que más nos unen a todos los que habitamos en este país?

Unas calles y un centro bien cuidados y limpios, que lo cortés no quita lo valiente, o lo que es lo mismo que el ser educado no está reñido con beberse unas copitas y ponerse contento, pero para ello no hace falta inundar las calles con papeles, bolsas de chuches, restos de comida, que en Andalucía somos un poco guarretes en este sentido y uno siente envidia de lo limpio que está todo en otros sitios.

El centro de Logroño es pequeño y coqueto, todo parece estar a medida, la Catedral es estrecha y larga, y su plaza también es muy recogidita, pero no exenta de porte.

Hay dos detalles que me gustaron de esta ciudad, uno era consabido, la presencia del río Ebro, y es que siempre me gustan las localidades que tienen río, me relaja sobremanera mirar el agua, el cauce les da mucho equilibrio, todo se articula en torno al mismo. El otro detalle son los soportales de algunas de sus calles, que me inspira recogimiento, la necesidad de sentarte en un café a ver pasar el tiempo y a leer una buena novela.

Y luego la gente, aparte de ser apacible, lo cual no es sinónimo de sin gracia, la percibí muy señorial, bien vestida, a la manera de una ciudad elegante y distinguida pero sin aspavientos. Pero en las tabernas lugareñas también sacaban su gracejo, su simpatía y una mezcla en su habla de maño y vasco, lo que en consecuencia no será más que esta variedad dialectal del castellano, que es el riojano, lo que pasa es que como es una comunidad pequeña de habitantes uno no ha apreciado antes esa identidad lingüística con respecto a otras zonas de España más populosas.

También tuvimos un momento para pasear y adquirir alguna vianda riojana en el Mercado de Abastos de San Blas, igualmente nos encantó este espacio, muy bien conjuntado con su entorno, también pleno de limpieza (nuevamente qué envidia) y con una perfecta configuración en cuanto a su diseño y en cuanto al reforzamiento de este lugar como espacio urbano social y de ocio. Un magnífico ejemplo de gestión, a mi entender, de lo que debe ser una plaza de abastos en el siglo XXI, hoy que en muchos sitios casi se han perdido estos centros o su presencia es poco menos que testimonial, como ocurre en mi pueblo.

En definitiva, una buena ciudad para vivir, con perfecta armonía entre lo antiguo y lo moderno, con las ventajas del progreso, aunque sin perder un ápice de sus raíces que la hacen acogedora y tranquila, para evadirse o no…, porque allí me encontré a alguien que conocía y que jamás me hubiera imaginado encontrar, pero una vez más se vuelve a cumplir la máxima de que “el mundo es un pañuelo”.

miércoles, 19 de octubre de 2011

DIRECTÍSIMO, URI GELLER Y EL ILUSIONISMO

Sería allá por el año 1974 o 75, cuando en Televisión Española se había consolidado un programa magacín llamado “Directísimo”, presentado por un simpático y peculiar José María Íñigo. Es cierto que no había más que elegir en la televisión, pero el programa, instalado en horario de máxima audiencia, los sábados por la noche, se había convertido en un fenómeno social y siempre había expectación por ver qué habían preparado en cada velada.

Este presentador, José María Íñigo, es uno de esos tipos que caen bien a la gente, con una voz dulce y afable, con apariencia de estar siempre de buen humor y, además, con una característica que en aquella época era más que sobresaliente, sabía hablar inglés (ya se sabe la providencial dificultad que tiene el español de a pie con los idiomas), con lo que Iñigo podía dirigir las conversaciones con invitados extranjeros sin la mediación de intérprete, y eso le otorgaba bastante inmediatez y agilidad a las entrevistas.

En ese programa aparecían personajes de lo más variopinto, diferentes, sui generis, siempre con alguna historia curiosa que contar y cada programa era un espectáculo y una puerta abierta a la sorpresa. Por si fuera poco, Íñigo contribuía con su imagen a hacer el programa algo extravagante, porque él era también distinto por su fabuloso mostacho que casi orillaba su barbilla.

Y una buena ocasión nos trajo por su estudio a un joven israelí llamado Uri Geller que decía tener poderes paranormales y que era capaz de doblar cucharillas y llaves con sólo frotarlas, arreglar relojes averiados y leer en la mente de las personas, entre otras sutilezas.

Aquella aparición se convirtió en un gran acontecimiento mediático, toda España se revolucionó con aquel sorprendente parapsicólogo y no paró de salir gente reconociendo que en su casa y gracias a los poderes derivados por Geller desde la pantalla de la televisión, también habían podido doblar una cucharilla o echar a andar aquel reloj viejo que hace años que no funcionaba con sólo una imposición de manos.

Lo cierto es que con los años se ha demostrado que Uri Geller tenía más de mago, ilusionista y prestidigitador (el que mueve los dedos con rapidez y presteza), que de parapsicólogo, metapsíquico o mentalista. No hacía más que trucos, muy hábiles eso sí, pero trucos al fin y al cabo. De hecho, hay no menos de cinco maneras de doblar una cucharilla con sólo frotarla aparentemente. La explicación más sencilla es que hay aleaciones de metales que se malean si alcanzan los 30 grados, y eso se puede conseguir con el simple frotamiento táctil.

La razón por la que algunas personas en sus casas hubieran conseguido efectos similares tenía que ver justo con el hecho de que dispusieran de cucharillas de esos metales fácilmente maleables. Y el truco del reloj que echaba a andar estaba relacionado con un efecto físico. Algunos relojes debían engrasarse cada tiempo para que funcionaran adecuadamente y la falta de mantenimiento hacía que se parasen, el hecho de calentarlos imponiendo las manos, permitían licuarse momentáneamente esas grasas y revivirlos por un rato.

Era obvio que Uri Geller no sólo utilizaba trucos en el plató sino que jugaba con la psicología de las masas. Sabía que si había un mínimo porcentaje de personas que habían conseguido algún éxito en sus casas, por escaso que fuera, las noticias en cada punto de España resultarían muchísimo más relevantes que los elevadísimos fracasos que se hubieran producido. Es decir, que hubo personas que alardearon de sus poderes y el resto, la gran mayoría, nos callamos adorando a los supuestos clones de andar por casa de Uri Geller.

Y dicho esto, no tengo nada en contra de Uri Geller, al contrario, creo que abrió una nueva dimensión en el ilusionismo y la magia, y estuvo varios años recorriendo todo el mundo y haciendo, al parecer, una más que generosa fortuna. Pero, como siempre, surgieron los detractores, esos personajes empeñados en desvelar sus trucos y echar por tierra esa divina ilusión de hacer realidad lo imposible. De hecho, en Internet se puede ver cómo le prepararon una vez una encerrona en un programa de televisión estadounidense donde lo someten a determinadas pruebas con objetos que Geller no pudo preparar de antemano, y lo pillan, vaya que si lo pillan.

Quizás el gran error de este célebre israelí fue el de no reconocer que era un mago y dárselas de que era un psicólogo con poderes extrasensoriales, eso, de algún modo, mató su estrella.

Pero es que en este mundo en el que vivimos nos empeñamos con querer saber la verdad de todo, es loable, pero cuestiono que sea hasta el límite de conocer los trucos de magia. A mí me gusta mucho la magia y no me planteo dónde está el truco, me fascina que me sorprenda con acciones imposibles, con espectáculos diferentes y que no haya visto antes. De lo contrario, ¿dónde estaría la gracia?

De algún modo, también le pasó algo similar a David Copperfield. Sin duda, el mago actual más reconocido y espectacular. Cuando realizó su show para la televisión y a medida que hacía trucos cada vez más megalómanos, surgía toda una banda de críticos para echar abajo sus montajes. Evidentemente que Copperfield utilizaba y utiliza trucos, es obvio que la Estatua de la Libertad jamás se ha movido ni un milímetro de su sitio desde que se colocara en Nueva York en 1886, pero me encantó ver cómo se las ingeniaba para hacernos creer por un instante que había desaparecido de un plumazo, algo absolutamente memorable.

Sin ir más lejos, en España medio defenestraron al ovetense Anthony Blake en 2002 cuando adivinó el Gordo de la lotería de Navidad. Al poco salieron los listillos que adujeron la existencia de un enano dentro de la urna donde se había representado el número. Es evidente que Blake utilizó un truco, fantástico, el del enano no, pero me da igual, lo hizo genial, le salió bien, ejerció el efecto sorpresa. Pero, ¿alguien duda que fuera un truco, muy bueno, pero truco de todas todas? Si hubiera sabido el número de antemano, realmente habría comprado todos los décimos y hace años que ya sería multimillonario. De hecho, él no engaña a nadie, siempre termina sus espectáculos diciendo: "No le den más vueltas, esto es producto de su imaginación".

El gran problema de la televisión es que quema bastante a los magos, no se pueden mantener toda la vida en un programa, porque terminaremos buscando sus artimañas y eso no es bueno para el espectáculo. Por eso, la aparición en programas de televisión de magos suele ser efímera, y terminan haciendo espectáculos propios o acaban actuando en locales nocturnos o salas de fiesta.

No, no existe la parapsicología ni los poderes de prever lo que va a pasar, ni el de saber dónde está una persona desaparecida, si todo esto fuera así, muchos sucesos que estos días nos sacuden tendrían una pronta solución. Yo admiro a los grandes magos, esos que me sorprenden, que juegan con mi ilusión y que me la renuevan. Echo de menos, últimamente, algún gran mago que rompa los cánones actuales, pues estoy un poco cansado de palomas que salen de la chistera, aburridos juegos de cartas, mozas que son cortadas en dos o tres pedazos o faquires que se acuestan en una cama de clavos, pero en todo caso, no me planteo dónde está el truco, simplemente me divierto, ahí está la gracia. Quizás algún día cuando me jubile me compraré libros de magia y podré deleitar a mis amigos.

jueves, 13 de octubre de 2011

EL "FRANCO ROJO", ENTRE LA LEYENDA, LA RAREZA Y LA CURIOSIDAD

Reconozco que soy un nostálgico y que he soñado en muchas ocasiones con ir a una casa vieja de algún amigo o familiar a rescatar trastos y encontrarme con una caja de sellos, monedas o billetes antiguos. Eso no me ha ocurrido nunca o casi nunca, salvo cuando en casa de mis abuelos maternos, de vez en cuando, mi madre saca alguna reliquia con documentos de mis antepasados, y en ellas he cortado el sello correspondiente aunque, eso sí, de escaso valor.

No obstante, sigo esperando con que llegue ese día y que logre encontrar ese pequeño tesoro, que aunque tenga poco valor, por lo menos me deje un poso sentimental. También es cierto que supongo que tampoco me importaría que entre documentos de hace un siglo o medio siglo, apareciera algún sello que fuera una rareza, que sí que tuviera valor económico, aunque imagino que no lo vendería sino que lo guardaría en mi colección como oro en paño, y como el mayor tesoro con el que jamás pude contar.

Hay que hacer una distinción y es que la mayoría de los sellos que tienen mucho valor en España son anteriores a la II República (los primeros sellos españoles tal y como los concebimos hoy datan de 1850), por lo que escasean las rarezas en estos últimos ochenta años aproximadamente. Hace unos meses trataba en esta bitácora de una de esas excepciones en este período más reciente, se trataba de los sellos de Legazpi y Sorolla de 1953, y hoy traigo a colación tal vez un sello más conocido y que está en el género de los raros o más bien de las curiosidades, se trata del sellos de 2 pesetas rojo de Franco, de 1955, más conocido por el “Franco rojo”.

Por aquella época y siempre en cada país, en todo régimen, ha habido lo que se denomina una “serie básica”, normalmente la efigie o semblante del principal mandatario de un país, o el icono o escudo más representativo de la nación en cuestión. Aquí en España ya se sabe, desde la dictadura hasta ahora, la inmensa mayoría de los sellos han sido copados por Franco y por el Rey Juan Carlos I; esas tiradas infinitas han sido la imagen repetida en cientos de cartas que habremos abierto a lo largo de nuestras vidas.

Pues bien, he aquí que hubo una vez un sello de esos de la “serie básica” que pasó del anonimato al estrellato en un pispás. Y la historia de este “Franco rojo” no deja de ser curiosa porque hay un par de leyendas que tratan de explicar por qué se convirtió en un sello singular y, por tanto, en un sello más o menos cotizado.

El sello en cuestión se emitió el 28 de febrero de 1955, y la que parece ser la versión oficial señala que en los meses posteriores a su emisión, el sello de dos pesetas rojo se podía confundir por parecida tonalidad, con el de una peseta naranja, y claro, aquello pudo provocar algún error a la hora de despacharlos, pues la tonalidad variaba poco, y se podía vender por una peseta un sello de dos, y en aquella época, una peseta era un dinerillo, y si el error se repetía, pues no parecía plato de gusto. Por tanto, se conjetura con que estanqueros y funcionarios de Correos se quejaron amargamente de este hecho y nuestros servicios postales patrios retiraron todas las existencias del 2 pesetas rojo y no lo volvieron a emitir con ese color. La sustitución se hizo con otro de color visiblemente inconfundible con el naranja de una peseta, así nació el 2 pesetas púrpura, casi catorce meses después, el 24 de abril de 1956.

Para los detractores de esta teoría el argumento de la confusión cromática es muy endeble porque de la extensa tirada de sellos de Franco, se utilizaron muchos colores, y algunos ciertamente muy parecidos y tan susceptibles a la confusión como el que aquí nos ocupa. Pero, además, con el agravante de que la diferencia de valor era mayor que una simple peseta (el de 60 cts. y el 6 ptas. eran también muy parecidos).

Luego está la historia más sugerente o más rosa (ya que de colores estamos hablando), como queramos llamarla. ¿Cierta o deliberadamente creada por los opositores del régimen? Lo cierto es que, sea lo que fuere, el escenario se lo pusieron a huevo, y dicen las malas lenguas que Franco se coscó de que estaban circulando cartas por ahí con un sello en el que él aparecía rojo, y ¡ni mucho menos!, rojo ni en los sellos de Correos, o haciendo un chiste que viene de perillas, “¿rojo?, ni en pintura”; así que ni corto ni perezoso habría ordenado que se le cambiara el color inmediatamente al sello.

Cuesta trabajo pensar que esta última versión tuviera visos de realidad porque sería como llevar la influencia política que pudiera tener un color hasta sus últimas consecuencias, y por la misma regla de tres podría haber decidido quitar el color rojo de la bandera española, o de las camisetas de la selección española de cualquier deporte.

Además, no es del todo cierto que aquel fuera el único Franco de color rojo, en realidad, en aquellos años también salieron otros sellos de la serie básica con tonalidades o matices del rojo, el de 10 cts. es rojo burdeos y el 1'40 ptas. es rojo magenta, ambos son claros ejemplos. Curiosamente hay dos sellos que se sacaron casi en el declive del régimen, en 1974, el sello de 20 ptas. de Franco, era rojo granate y el de 4 ptas. emitido en julio de 1975, un sello rojo, pero clarísimamente rojo, y ahí el color fue lo de menos, o con un dictador en sus últimos meses de vida fue como darle un puyazo postal.

No descarto, y esa es mi hipótesis personal, porque parece razonable que, en realidad, se tratara de un error tipográfico, grave sí, pero error; es decir, que los encargados de la tipografía equivocaran el color e idearon un sello con un color que no era el originalmente diseñado.

En fin, a la hora de la verdad circularon no pocos sellos del “Franco rojo”, con casi total seguridad, miles y miles. Sinceramente hasta hace nada yo sólo había visto en vivo y en directo un sólo sello de estos en mi vida; lo tenía un viejo amigo mío del colegio, que lo heredó junto con una fabulosa colección de sellos de una tía suya. Ese “Franco rojo” era clarísima e indubitadamente rojo.

Y digo que hasta hace nada, porque para ilustrar este articulillo he tenido la curiosidad de ver en Internet por dónde andaba la cotización del “Franco rojo”, y por apenas diez euros se puede comprar en nuevo, y por cincuentas céntimos uno matasellado. Así que yo, que jamás había tenido mayor interés por comprar este sello, por mucho mito que tuviera, no pude eludir la tentación de adquirirlo, el usado. Por eso digo que seguro que hubo miles y miles porque el precio de cotización es cualquier cosa menos prohibitivo.

Por tanto, estamos ante un sello que tiene más de leyenda que de verdadera enjundia. No se sabe, en definitiva, porque se cercenó aquel “Franco rojo”, y no sé si alguien de los que tomó esa decisión vive para contarlo, pero lo cierto es que desde el punto de vista filatélico no deja de ser una vulgaridad, por mucho que yo no lo tuviera hasta ahora, pero es que ha sido por franca despreocupación.

Entiendo que alguien que comprara en su época cantidades de sellos de estos ha podido multiplicar por mucho aquella inversión con respecto al valor facial original, pero en cualquier caso, la adquisición de un “Franco rojo” en el siglo XXI es un caprichito que no nos hará salir de pobres. Así que considerando que en España hay más de medio centenar de sellos que cotizan por encima de los 600 euros, y seguramente más de medio millar que están más cotizados que este Franco “izquierdoso”, hay que concluir con que estamos ante una curiosidad más que una rareza, aunque desde luego con mucha especulación e historia de por medio.

martes, 4 de octubre de 2011

"TIEMPO DE PREGUNTAR", DE JOHN FLADER

Recuerda mi tío Pedro que cuando yo era muy chico (casi no tenía uso de razón), paseando un día en dirección hacia la ermita de la Virgen de Linarejos en Linares, que le hice alguna pregunta profunda relativa a la trascendencia del ser humano, no sé si era sobre qué pasaba cuando moríamos o quién era Dios.

Con el tiempo mi tío se hizo cura y yo he seguido haciéndole preguntas sobre la fe católica, se las hago personalmente cuando nos vemos e incluso últimamente ya hemos utilizado la vía electrónica, como no puede ser de otro modo en este mundo de las tecnologías cibernéticas; y a veces creo ponerle en una encrucijada y no lo hago con esa intención, pues realmente lo que deduzco es que la doctrina católica es tan amplia, tiene tantísimas magnitudes, cuestiones de teología profunda que no tienen una respuesta tan fácil que se pueda remitir a una afirmación o una negación.

En esta entradilla traigo hoy un libro que él me ha pasado y que se llama “Tiempo de preguntar – 150 Cuestiones sobre la fe católica”, del sacerdote australiano John Flader. Para empezar señalaré que en este siglo XXI parece que hablar de religión, de creencias, de catolicismo, de salvación, de ir a misa los domingos..., está fuera de sitio, resulta insano, anacrónico o de facha trasnochado y retrógrado.

Yo voy a misa los domingos, sí, esto es casi una declaración de intenciones para los que me siguen y sobre todo una manera de decir que no me da miedo reconocerlo y que me siento orgulloso de ello, y no pasa nada, soy una persona integrada plenamente en la sociedad y este elemento no me resta ninguna capacidad. En un mundo tan mediocre como este, donde todos nos tiramos los trastos a la cabeza, con tantas desigualdades, con tantísima pobreza espiritual, merece la pena disponer de tres cuartos de hora de meditación semanales escuchando un mensaje que pretende que la humanidad sea cada día mejor, ¿qué de malo puede haber en ello? Por tanto, no veo una pérdida de tiempo el ir a misa y sí un espacio íntimo y personal para salirse de la rutina, para reflexionar sobre la proyección divina de nuestra existencia y su evidente transitoriedad.

Dicho esto, mi tío respondió no ha mucho a mis inquietudes religiosas y morales, pasándome este libro, toda una joya, que he leído a ratos, pero con avidez y con notable interés, en el que se recogen esas susodichas 150 preguntas sobre fe católica y que responden en sumo grado a esas comeduras de olla que suelo tener sobre lo que representa mi creencia religiosa y otras dudas nimias o de menor calado pero sobre las que nunca he encontrado una resolución clara.

Con anterioridad a este libro, también me dejó mi tío un “Catecismo de la Iglesia católica”, y debo decir que no terminó de resolver mis cuitas, sobre todo porque lo vi demasiado técnico, le faltaba mayor pedagogía, especialmente en las cuestiones de fe y teología pura y dura, donde se utilizaba un lenguaje un tanto abstracto que terminaba por no aclararme o resolverme mis dudas.

Este libro nace en Australia y es fruto de la colaboración del sacerdote John Flader, perteneciente al Arzobispado de Sydney en una revista católica de tirada semanal. Entiendo que con la visita del Papa Benedicto XVI a dicha urbe oceánica en 2008, con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud, se generó un repunte de la religiosidad católica en Australia y se estuvieron preparando para ello; este compromiso se vio plasmado, entre otros relevantes hechos, en este libro que salió unos meses antes de la visita papal. El libro aúna las cuestiones que semanalmente le planteaban diferentes personas al padre Flader en la revista pastoral “The catholic weekly”.

Estoy convencido de que mi tío tuvo la intuición de pasarme el libro porque seguro que lo leyó y descubrió que una de las preguntas que se formulaban, yo se la había hecho a él hace unos años; es de las rebuscadas, pero yo me planteaba que cuando te administran la hostia, por ejemplo en la mano, es posible que queden partículas en la palma o que minúsculos trozos caigan al suelo, y en esas pequeñas fracciones entendía que también estaba Cristo, y él me respondió que había que tener un cierto celo, pero sólo lo admisible dentro de unos límites de cuidado y diligencia. También recuerdo que le planteé que si Jesucristo resucitó, ¿si siguió viviendo después? Igualmente tuvo una respuesta certera para mí.

Pues bien, preguntas de mayor o menor profundidad, algunas curiosas pero muy razonables, se repasan en este libro con un lenguaje muy cercano, con explicaciones muy llanas y convincentes, dando respuesta a múltiples dimensiones de la religión católica en este siglo XXI, donde se da luz a cuestiones que creemos saber desde siempre, pero a la hora de la verdad desconocemos y damos por hechas porque sí, sin disponer del fundamento que la Iglesia tiene para ellas.

El repaso que se hace “Tiempo de preguntar – 150 Cuestiones sobre la fe católica” es bastante sistemático a mi entender y a uno termina por aclararle una multiplicidad de aspectos más que relevantes de nuestra creencia religiosa, en la que nos hemos criado y que abrazamos, cada cual a su manera.

Aspectos del día a día u otros de fe profunda, todos tienen cabida: la creación, la vida de Jesús, la salvación, los sacramentos, las devociones, la Virgen María, el pecado, las oraciones...

Para mí ha supuesto una lectura sumamente amena e interesante, ha sido como responder a mi curiosidad innata y proverbial curiosidad, mitigada por mucho tiempo, espero, gracias a estos cerca de dos centenares de luminosas páginas.

Lo que de verdad me queda por proclamar es que la Iglesia católica y su componente humano son auténticos organismos vivos en constante cambio y evolución, y que aún sigue despertando inquietudes, ganas de conocer y el horizonte de que en el seno de las creencias de uno, se puede intentar, no digo que se logre, ser mejor persona, ser mejor ciudadano.

martes, 27 de septiembre de 2011

MEDIO SIGLO DE LA "13, RUE DEL PERCEBE"

Confieso que de niño era muy aficionado a las historietas, a los tebeos, no sólo los clásicos que ya leían mis padres de chicos (Roberto Alcázar y Pedrín, Capitán Trueno, Jabato...), sino otras que estaban en su auge por los años 70, aquellas de Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, y tantos y tantos personajes de ficción que hacían las delicias de los niños de mi época.

Era esa época en la que dichos personajes eran muy populares y no sólo revistas clásicas y tan entrañables como Tío Vivo, Pulgarcito, sino los especiales como Grandes clásicos del humor o el inolvidable TBO, te ofrecían muy buenos ratos de diversión asegurada. Y siempre que vienen a mi mente estas revistas no puedo olvidarme de aquellas Ferias de San Agustín de Linares, donde una de las mayores atracciones para mí era el tenderete que montaban los que vendían libros, pero que tenían siempre un espacio dedicado a esa afición hispana que es lanzar una moneda y que caiga encima de algo, generalmente de una tableta de turrón, pero en este chiringuito (creo que de una familia de Úbeda, muy educada, que según tengo entendido aún se dedican a esto, sus descendientes), los montones eran de revistas infantiles, pasatiempos y algún que otro taco con publicaciones pornográficas que siempre estaba en el punto de mira de los más adelantadillos de mi barrio.

Ese mundo de personajes imaginarios vio la luz gracias a magníficos historietistas que con su pluma y sus pinceles, doble habilidad, fueron capaces de provocar las sonrisas de varias generaciones. Uno de los más representativos de este movimiento era y es, sin duda, el infatigable Francisco Ibáñez que a sus 75 años todavía se deja ver de vez en cuando en la tele, irradiando simpatía y una plácida madurez.

Quizá los personajes más conocidos de este mítico dibujante sean los detectives Mortadelo y Filemón, pero esos han sido una parte de los muchos proyectos que han salido de la imaginación de Ibáñez. Tal vez, el más ambicioso y atípico de esos proyectos fue la “13, Rue del Percebe”, una historieta que fácilmente todo el mundo reconocerá y que provocará una imagen fotográfica en su mente de tan singular bloque de viviendas.

Lo de proyecto atípico es obvio, mientras que en una historieta normal, se va sucediendo una aventura que se va jalonando con determinados gags, pero que tiene su trama y su desenlace, cómico por supuesto; en la “13, Rue del Percebe”, cada habitación es un espacio individual con su propio gag, generalmente independiente del resto de vecinos que cohabitan el bloque.

Esta entradilla nace en parte porque siempre he tenido apego y cariño a los personajes de historieta (espero en el futuro dedicarles un pequeño homenaje a otros en esta humilde bitácora), y en parte por la pasión que siempre ha demostrado mi buen amigo Miguel Ángel Angosto hacia esta peculiar comunidad de vecinos, aprovechando que este año se cumple el medio siglo de su creación (con lo que se deduce que Ibáñez era un joven artista cuando comenzó con esta idea). De hecho, hay por ahí algunos proyectos filatélicos de su siempre inquieta vena artística, muy interesantes, que esperemos que cuajen.

Lo cierto es que ese salirse de los roles habituales suponía una vuelta de tuerca para el ingenio de Ibáñez, varios personajes, diversas habitaciones y espacios, y en cada una de ellas había que hacer gracia, había que generar el chiste, el golpe, la situación absurda y chispeante. Con el tiempo, formato tan cerrado no dudo que le generara al autor algún quebradero de cabeza por la necesidad de crear algo diferente cada semana sin salirse del espacio, los personajes, sus particulares profesiones y sus formas de actuar en la frontera con el surrealismo.

Y es que en apenas unos imaginarios y mínimos metros cuadrados se sucedía una fauna urbana de lo más variado, a saber: En el ático vive un moroso especializado en buscar insólitas triquiñuelas para no pagar nunca; al lado, en la terraza se sitúa un ratón que está constantemente martirizando a un pobre gato con cientos de maneras; más abajo vive un caco profesional, empeñado en llevarle a su mujer los resultados de sus fechorías que no siempre tienen utilidad; a la derecha una mujer se las arregla para barajar a tres demonios que tiene por hijos; bajamos un nivel y nos encontramos con una anciana de la protectora de animales habituada a recoger animales complicados que le hacen la vida de cualquier manera menos fácil; al lado hay un piso que cambió de registro en el tiempo para Ibáñez, inicialmente era un inventor que hacía monstruos tipo Frankenstein y le salían demasiado humanos, el sentido de este personaje que, de algún modo, sustituía al Dios creador, el único capaz de dar vida, puso en alerta a la censura que le conminó para que sustituyera al personaje (¡qué cosas!), así que durante un tiempo la portera intervino vendiendo el piso con escasas comodidades, y finalmente se instaló un sastre chapucero. Continuamos hacia abajo, donde hay un veterinario al que se le presentan casos de lo más exóticos; y como vecina tiene una señora que regenta una pensión donde sus inquilinos se están quejando regularmente de las condiciones tan míseras de la misma. Terminamos abajo donde un tendero bastante fullero y desconfiado trata de engañar por norma a su clientela; en la entrada está la portera que colabora en los chistes de alrededor, propiciados por el habitante de la alcantarilla, Don Hurón, que tiene una morada de lo más concurrida; y casi por último, el ascensor del bloque, que nunca funciona bien creando también sugerentes chanzas. Y digo, por último, porque también había una araña en un rincón que se disfrazaba cada semana.

Hay que decir que aunque Ibáñez asumió la mayor parte de las creaciones de la “13, Rue del Percebe”, también tuvo la participación de otros dibujantes y creadores de la mítica Editorial Bruguera. Esta historieta realmente terminó de generar nuevas creaciones hacia mediados de los 80, aunque la frescura de sus personajes, su humor blanco, sus inteligentes chistes válidos para todos los públicos, han permitido que estos se puedan paladear como si fuera una historieta de nuevo cuño apta para cualquier lector de este siglo XXI sin perder un ápice de actualidad.

Tan extravagante bloque tuvo mucho predicamento en otros países, porque además las historias que se contaban eran atemporales y completamente mundanas, y eran perfectamente válidas aquí y en Pekín.

Ibáñez con el tiempo fue cambiando de empresas, lugares de trabajo y entiendo que por derechos de copia, fue manteniendo la idea, aunque variando el nombre de este modelo, así creo la “7 Rebolling Street”, o lo curiosa que puede resultar para un bailenense de adopción como yo la “84 Rue Bailén”, publicada en el Dominical de “El Periódico de Catalunya”.

Sin duda, el mejor homenaje que pudo recibir Ibáñez y la “13, Rue del Percebe”, fue la serie de anuncios para la televisión que realizó Javier Fésser para gaseosas “La Casera” hace apenas un año, en el que prácticamente todos los personajes de la historieta aparecían para construir alguna ocurrencia relacionada con tan espumosa bebida.