martes, 27 de septiembre de 2011

MEDIO SIGLO DE LA "13, RUE DEL PERCEBE"

Confieso que de niño era muy aficionado a las historietas, a los tebeos, no sólo los clásicos que ya leían mis padres de chicos (Roberto Alcázar y Pedrín, Capitán Trueno, Jabato...), sino otras que estaban en su auge por los años 70, aquellas de Zipi y Zape, Mortadelo y Filemón, Rompetechos, El botones Sacarino, Pepe Gotera y Otilio, y tantos y tantos personajes de ficción que hacían las delicias de los niños de mi época.

Era esa época en la que dichos personajes eran muy populares y no sólo revistas clásicas y tan entrañables como Tío Vivo, Pulgarcito, sino los especiales como Grandes clásicos del humor o el inolvidable TBO, te ofrecían muy buenos ratos de diversión asegurada. Y siempre que vienen a mi mente estas revistas no puedo olvidarme de aquellas Ferias de San Agustín de Linares, donde una de las mayores atracciones para mí era el tenderete que montaban los que vendían libros, pero que tenían siempre un espacio dedicado a esa afición hispana que es lanzar una moneda y que caiga encima de algo, generalmente de una tableta de turrón, pero en este chiringuito (creo que de una familia de Úbeda, muy educada, que según tengo entendido aún se dedican a esto, sus descendientes), los montones eran de revistas infantiles, pasatiempos y algún que otro taco con publicaciones pornográficas que siempre estaba en el punto de mira de los más adelantadillos de mi barrio.

Ese mundo de personajes imaginarios vio la luz gracias a magníficos historietistas que con su pluma y sus pinceles, doble habilidad, fueron capaces de provocar las sonrisas de varias generaciones. Uno de los más representativos de este movimiento era y es, sin duda, el infatigable Francisco Ibáñez que a sus 75 años todavía se deja ver de vez en cuando en la tele, irradiando simpatía y una plácida madurez.

Quizá los personajes más conocidos de este mítico dibujante sean los detectives Mortadelo y Filemón, pero esos han sido una parte de los muchos proyectos que han salido de la imaginación de Ibáñez. Tal vez, el más ambicioso y atípico de esos proyectos fue la “13, Rue del Percebe”, una historieta que fácilmente todo el mundo reconocerá y que provocará una imagen fotográfica en su mente de tan singular bloque de viviendas.

Lo de proyecto atípico es obvio, mientras que en una historieta normal, se va sucediendo una aventura que se va jalonando con determinados gags, pero que tiene su trama y su desenlace, cómico por supuesto; en la “13, Rue del Percebe”, cada habitación es un espacio individual con su propio gag, generalmente independiente del resto de vecinos que cohabitan el bloque.

Esta entradilla nace en parte porque siempre he tenido apego y cariño a los personajes de historieta (espero en el futuro dedicarles un pequeño homenaje a otros en esta humilde bitácora), y en parte por la pasión que siempre ha demostrado mi buen amigo Miguel Ángel Angosto hacia esta peculiar comunidad de vecinos, aprovechando que este año se cumple el medio siglo de su creación (con lo que se deduce que Ibáñez era un joven artista cuando comenzó con esta idea). De hecho, hay por ahí algunos proyectos filatélicos de su siempre inquieta vena artística, muy interesantes, que esperemos que cuajen.

Lo cierto es que ese salirse de los roles habituales suponía una vuelta de tuerca para el ingenio de Ibáñez, varios personajes, diversas habitaciones y espacios, y en cada una de ellas había que hacer gracia, había que generar el chiste, el golpe, la situación absurda y chispeante. Con el tiempo, formato tan cerrado no dudo que le generara al autor algún quebradero de cabeza por la necesidad de crear algo diferente cada semana sin salirse del espacio, los personajes, sus particulares profesiones y sus formas de actuar en la frontera con el surrealismo.

Y es que en apenas unos imaginarios y mínimos metros cuadrados se sucedía una fauna urbana de lo más variado, a saber: En el ático vive un moroso especializado en buscar insólitas triquiñuelas para no pagar nunca; al lado, en la terraza se sitúa un ratón que está constantemente martirizando a un pobre gato con cientos de maneras; más abajo vive un caco profesional, empeñado en llevarle a su mujer los resultados de sus fechorías que no siempre tienen utilidad; a la derecha una mujer se las arregla para barajar a tres demonios que tiene por hijos; bajamos un nivel y nos encontramos con una anciana de la protectora de animales habituada a recoger animales complicados que le hacen la vida de cualquier manera menos fácil; al lado hay un piso que cambió de registro en el tiempo para Ibáñez, inicialmente era un inventor que hacía monstruos tipo Frankenstein y le salían demasiado humanos, el sentido de este personaje que, de algún modo, sustituía al Dios creador, el único capaz de dar vida, puso en alerta a la censura que le conminó para que sustituyera al personaje (¡qué cosas!), así que durante un tiempo la portera intervino vendiendo el piso con escasas comodidades, y finalmente se instaló un sastre chapucero. Continuamos hacia abajo, donde hay un veterinario al que se le presentan casos de lo más exóticos; y como vecina tiene una señora que regenta una pensión donde sus inquilinos se están quejando regularmente de las condiciones tan míseras de la misma. Terminamos abajo donde un tendero bastante fullero y desconfiado trata de engañar por norma a su clientela; en la entrada está la portera que colabora en los chistes de alrededor, propiciados por el habitante de la alcantarilla, Don Hurón, que tiene una morada de lo más concurrida; y casi por último, el ascensor del bloque, que nunca funciona bien creando también sugerentes chanzas. Y digo, por último, porque también había una araña en un rincón que se disfrazaba cada semana.

Hay que decir que aunque Ibáñez asumió la mayor parte de las creaciones de la “13, Rue del Percebe”, también tuvo la participación de otros dibujantes y creadores de la mítica Editorial Bruguera. Esta historieta realmente terminó de generar nuevas creaciones hacia mediados de los 80, aunque la frescura de sus personajes, su humor blanco, sus inteligentes chistes válidos para todos los públicos, han permitido que estos se puedan paladear como si fuera una historieta de nuevo cuño apta para cualquier lector de este siglo XXI sin perder un ápice de actualidad.

Tan extravagante bloque tuvo mucho predicamento en otros países, porque además las historias que se contaban eran atemporales y completamente mundanas, y eran perfectamente válidas aquí y en Pekín.

Ibáñez con el tiempo fue cambiando de empresas, lugares de trabajo y entiendo que por derechos de copia, fue manteniendo la idea, aunque variando el nombre de este modelo, así creo la “7 Rebolling Street”, o lo curiosa que puede resultar para un bailenense de adopción como yo la “84 Rue Bailén”, publicada en el Dominical de “El Periódico de Catalunya”.

Sin duda, el mejor homenaje que pudo recibir Ibáñez y la “13, Rue del Percebe”, fue la serie de anuncios para la televisión que realizó Javier Fésser para gaseosas “La Casera” hace apenas un año, en el que prácticamente todos los personajes de la historieta aparecían para construir alguna ocurrencia relacionada con tan espumosa bebida.

martes, 20 de septiembre de 2011

"LA CLAVE", UN PROGRAMA QUE ABRIÓ LA DEMOCRACIA

Estábamos en plena transición democrática en España, momentos de una incipiente tensión política y social, donde el pueblo llano asistía con expectación a lo que se iba cociendo en los órganos de decisión de nuestro país. Fue a finales de 1976, apenas un año después de la muerte del dictador Franco, cuando veía la luz uno de los programas de debate más importantes y de mayor calidad y calado social que ha dado la televisión en España, se trata de “La Clave”.

Hablar del programa “La Clave” es asociar su nombre con José Luis Balbín, moderador y rector de ese programa; por cierto que pensaba que Balbín era mucho más mayor o me parecía mayor cuando dirigía aquellos debates (seguro que aquella pipa que utilizaba colaboraba en esta sensación mía), pero por aquel entonces tenía mediana edad, 36 años para ser exactos, y hoy tiene 71.

El programa tenía una sistemática muy simple, cada semana se abordaba un tema diferente, de actualidad o de algún aspecto que tuviera interés para nuestra sociedad; antes del debate se emitía una película que tenía que ver con el tema, y a continuación se presentaban a una serie de contertulios que hablaban, referían y discutían durante dos horas o más acerca del tema, incidentalmente se comentaba algo de la película, pero esta era sólo una excusa para pasar a ese debate que era la verdadera estrella del programa.

“La Clave” comenzó a emitirse en la segunda cadena los domingos por la noche, pero después pasó a los sábados, un día mucho más atractivo y con mayor audiencia, comenzando la película en torno a las 10 de la noche. Ese día permitía que mucha más gente pudiera quedarse más tarde sabiendo que a la mañana siguiente no se trabajaba, y es que aunque he comentado que ese debate podía durar algo más de dos horas, realmente había veces que si la conversación estaba caliente y había polémica de por medio, se dejaba que todos opinaran y la duración de tan acalorada tertulia podía alargarse notablemente.

Ni que decir tiene que un programa con un talante bastante abierto para la época, enterrada la censura, suponía una bocanada de aire fresco para la opinión pública española. Gentes de toda clase y extracción social recibieron con buenos ojos el programa, porque daba la impresión de que era la primera vez que en España se podía hablar con una cierta libertad en televisión, o se podía discutir y no pasaba nada. Y no lo olvidemos, por allí pasaron los personajes más relevantes de la historia reciente de nuestro país. También fue la primera vez que veíamos tertulianos extranjeros y comenzamos a hacernos al oído de las señoritas traductoras que tenían un soniquete muy curioso.

Está claro que yo era un niño cuando el programa estaba en todo su apogeo y mucho de lo que se hablaba no lo podía entender, pero aquel formato provocaba la atracción de mucha gente; yo mismo soñaba con poder hablar con la prestancia y el don de palabra con el que se enfrentaban a las cámaras los miembros de tan singular velada. “La Clave” tenía un efecto multiplicador al día siguiente, los domingos al mediodía si salías de misa, si ibas a un bar, si tu padre hablaba con un vecino, y si el tema de la noche anterior había sido candente, entonces se convertía en una secuela de aquel debate, aunque lógicamente en menor escala.

He dicho que, en algunos momentos, el debate podía ser acalorado, y eso todavía llamaba más la atención a la audiencia, aunque quiero recordar que había subidas de tono, y que alguna vez alguien amenazaba con levantarse del asiento; pese a la situación de crispación social que se vivía, y que no lo olvidemos, en los primeros años de emisión no existía democracia como tal (las primeras elecciones democráticas serían en junio de 1977 y la reafirmación democrática fue con la aprobación de la Constitución en diciembre de 1978), el programa que solía traer a tertulianos con posturas contrapuestas y claramente radicales, mantenía muy bien las formas. Balbín era muy habilidoso para ello, y en general los participantes se comportaban con bastante educación. Nada comparable a las tertulias de hoy, donde el personal es mucho más vociferante y no hablemos de las tertulias del corazón, donde directamente no hay ni educación, ni formas, ni tan siquiera corazón.

“La Clave” se mantuvo en cartel en Televisión Española aunque con algún paréntesis, de 1976 a 1985, y parece ser que desavenencias con la Dirección de TVE y también con el gobierno socialista de Felipe González, propiciaron su retirada definitiva. Posteriormente Balbín iniciaría un nuevo proyecto en Antena 3 de 1990 a 1993, pero poco a poco la situación política y social se había estabilizado en España, y ese papel de espuela y agitador de conciencias que llegó a tener el programa en el pasado, fue diluyéndose.

Lo que quizá el gran público no sepa es que, en realidad, esta fórmula de película más debate, estaba heredada de un programa francés que se llamaba "Les dossiers de l'écran".

No podría olvidarme de otro aspecto que hacía original este programa y que la mayoría de la gente que vivió recordará, se trataba de su sintonía, muy particular, entre vanguardista y siniestra, del compositor vizcaíno, ya fallecido, Carmelo Bernaola, el mismo que compuso la música de Verano Azul.

Otro distintivo de “La Clave” era que a su conclusión se le regalaba a los contertulios un reloj de pulsera como detalle de la producción del programa, pues entiendo que no cobraban por ir, aunque lógicamente se les pagara los desplazamientos y la estancia en Madrid.

Quizás esta fórmula no tendría éxito en la España de hoy pero fue un programa que colaboró en abrir la mentalidad de nuestro país y en crear una auténtica opinión pública crítica.

martes, 13 de septiembre de 2011

"SOLARIS", DE ANDREI TARKOVSKY

Hace unos años vi otra película de este director soviético, en concreto “Andrei Rublev”, la sensacional epopeya de un pintor en la Rusia del siglo XV, que es quizás el trabajo más reconocido y aplaudido de Andrei Tarkovsky, pero esta película de la que hoy trato, “Solaris”, es completamente diferente en su perfil, su temática es la ciencia ficción, o lo que algunos cinéfilos llaman con menor fortuna, ficción científica. En cualquier caso, el cambio de rol en Tarkovsky a lo largo de su obra cinematográfica ha provocado la aclamación de la crítica que lo considera uno de los mejores directores de la historia del cine.

“Solaris”, realizada en 1972, es aparentemente una película sobre el espacio interestelar, pero es sólo una excusa para hacer una introspección en el ser humano. Es una película, en este sentido, sensacional, y no me refiero en este adjetivo a sinónimo de fabulosa, sino en la acepción de digna de numerosas atenciones y sensaciones.

Dicen que esta película era la respuesta del mundo soviético a la venerada “2001: Una odisea del espacio”, de Kubrick producida cuatro años antes que esta, pero parece ser que Tarkovsky ni siquiera llego a verla. Por otro lado, la de Kubrick tenía un formato comercial, fue polémica, pero tenía una interpretación bastante concreta. “Solaris” es literalmente otro mundo, no es nada concreta, es abierta a múltiples interpretaciones, es compleja y, por supuesto, nada comercial; por tanto, entiendo que no son comparables ambas producciones, porque “Solaris” es la antítesis de cualquier película de ciencia ficción hecha hasta ese momento.

“Solaris” es una película rara, no rara de encontrar y sí rara de seguir y entender, no es una película al uso ya que puede resultar agobiante e ininteligible. Pero creo que tiene una explicación más o menos fundamentada, con la controvertida producción de “Andrei Rublev” anterior a ésta, Tarkovsky se generó muchos enemigos en la censura soviética de la época, que ponían la lupa a cualquier movimiento que hiciera el cineasta. Por eso, la mejor manera de hacer saltar los resortes de la censura es no crear una interpretación exacta para evitar una reacción evidente, sino dotar al argumento de tal trama tan incompresible que pudiera generar múltiples interpretaciones, veladamente también aquellas que atacaban directamente al régimen comunista, y una de ellas es la libertad individual que rezuma en cada uno de los personajes.

Esta película es la adaptación, con guión del propio Tarkovsky y de Friedrich Gorenstein, de la novela homónima del escritor polaco Stanislaw Lem, que declaró que no le gustó como había quedado el resultado final, por ser demasiado mística, pero suele ser normal cuando una obra literaria se lleva al cine, y pocos son los escritores que ven con buenos ojos su traslación. Se comenta que la novela de Lem es de las mejores que se han escrito sobre ciencia ficción, pero creo que hasta hace bien poco no se han podido encontrar buenas traducciones de la misma.

Este aspecto y el hecho de que no soy muy amante de la ciencia ficción me condujeron a esta película que aunque dura 166 minutos, podía ser una notable sorpresa. Desde luego que lo fue, porque no me esperaba una película soviética en 1972, casi desconocida para el gran público y en los albores de la guerra fría. Y es que no todo el cine que se hacía en el mundo en aquella década procedía de Estados Unidos, otra cosa distinta es que las salas de cine y las televisiones nos hayan privado de ver obras como ésta perfectamente diseñadas para abrirnos la mente.

“Solaris” ya he dicho que no es fácil de ver, pero tiene una disposición argumental que te permite ir entendiéndola cada vez más a medida que avanza la misma, hasta que sabes de lo que va y entras en el juego del director que te permite que interpretes a tu manera lo que él plasma en ella. Ni que decir tiene que tiene muchos momentos surrealistas y eso hace todavía más intrigante y enigmática la película.

Por dar sólo un esbozo del argumento principal, comentaré que Solaris es un planeta sometido a estudio por parte de la Tierra, hasta el punto de que orbita sobre él una estación espacial con científicos de todo tipo. Solaris es un planeta extraño, casi humanamente consciente, en el que ocurren cosas extrañas y la misión de la estación espacial es establecer contacto con él y con los seres que supuestamente lo habitan. Con el tiempo la estación espacial que albergaba casi cien personas, ahora cuenta con tres, el psicólogo Kris Kelvin es mandado a ella para ver qué ocurre, cuando llega unos de los científicos está muerto y los otros dos parecen estar en un estado a medio camino entre la locura, la catatonia y la indolencia. Kelvin se verá atrapado por sus propios sentimientos y aparecerá en la estación su esposa Hari, suicidada hacía unos años, y se establecerá una lucha entre la realidad, el amor y la imaginación.

Es ahí, en el seno de la estación espacial donde desaparece el perfil de película sobre el espacio, para convertirse en un drama psicológico que trata clarísimamente sobre la condición humana. La vida, la muerte y el amor, también la búsqueda de la trascendencia del ser humano (la religiosidad) se entrecruzan y provocan un escenario progresivamente asfixiante.

Tiene múltiples detalles para el análisis y en cada imagen, cada fotografía, cada cambio de plano, la mezcla del color y el blanco y negro en determinadas escenas, nos ofrece un campo inimaginable digno de un buen cine fórum donde se podría sacar muchísimo jugo a esta cinta. Y, sobre todo, muchos diálogos de un enorme calado, me quedo con uno, en el que uno de los personajes señala algo así como que, en realidad, los seres humanos somos inmortales, porque no conocemos cuando vamos a morir.

Y reitero, una película que no es fácil de ver, por su complejidad, máxime cuando la versión que yo he visionado es original en ruso, con subtítulos en español y con la profundidad de los diálogos, me temo que algún aspecto sustancial se pierde con la brecha del idioma, pero en cualquier caso, una obra maestra del cine, para tirarse pensando mucho rato.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

EL AGUA, MEJOR DEL GRIFO

Partiendo de la base de que no soy un experto en química, puede que lo que cuente hoy en esta bitácora suscite opiniones encontradas, pero lo que voy a decir está más o menos contrastado por lo que he visto, leído y, por supuesto, por mi experiencia personal.

Desde hace años tenía la clarísima convicción de que cuando compras una botella de agua, lo que más vale de la misma es el envase, indudablemente con más razón si el recipiente es de cristal. Hace no mucho vi un reportaje en televisión que echaba abajo esa reciente moda de vender en tiendas de gastronomía selecta y servir en restaurantes de postín, aguas de diferentes lugares del mundo en botellas de diseño, y es que en dicho documental se señalaban los inconvenientes de este consumo elitista, pues la proporción entre el valor del envase era, en muchos caso, de 1000 a 1; a ello había que añadir los gastos medioambientales de elaboración de la botella, la contaminación generada en su proceso de producción, y en el consabido transporte y gases emitidos a la atmósfera de, por ejemplo, un agua de Fiji hasta una afamada taberna de vanguardia de la Costa Brava. Y, en muchos casos, para beber un agua que directamente está tomada de la red pública (esto parece que ocurre más comúnmente de lo que nos imaginamos) y que no ofrece mejores garantías que la que podemos tomar directamente del grifo en nuestras casas.

Sí, esa es otra, porque salvando estas botellas de diseño y ese hábito de dudoso gusto de tomar un agua de un recóndito lugar del mundo, lo cierto es que ya he escuchado en muchos medios que el agua mineral en botella de plástico que te encuentras por doquier también tiene sus pegas por muy barata que nos cueste; a saber, el continente vale más que el contenido (es decir, en realidad pagamos por un envase que lleva de regalo el agua), y también contribuimos a que se genere ese coste medioambiental en la producción de la botella y un problema futuro, si no reciclamos bien, que a veces es el caso, pues ya se sabe que tardan en degradarse casi una eternidad, en realidad, entre 100 y 1.000 años según el tipo de plástico, o sea, que si hoy tiramos una botella en el campo y nadie la mueve de sitio, la verás prácticamente en las mismas condiciones el resto de tu vida. Amén de ello, ya sabemos y todos podemos recordar algún caso de sabotaje en botellas de plástico, ya sea porque se ha detectado algún componente perjudicial para la salud o porque han aparecido embotellados algunos bichos indeseables tales como ratones o cucarachas.

No voy a decir que no haya comprado alguna vez agua embotellada, pero lo que sí es cierto es que cada vez lo hago menos, en realidad, cuando no tengo más remedio, porque esté en la calle y no encuentre una fuente pública como mejor opción, que en algunas ciudades brillan por su ausencia, o cuando estoy en un supermercado y me asalta la sed. En cualquier caso, lo que sí tengo muy claro es que tengo casi una obligación moral de reutilizar varias veces la botella, sabedor no sólo del valor que tiene, de lo que lleva detrás y lo que es más importante que se trata de una bomba de relojería que, tirada en cualquier sitio, no se destruirá por los siglos de los siglos.

Hace no mucho coincidía corriendo una tarde de verano con una persona que trabajaba y trabaja en la Estación Depuradora de Aguas del Rumblar, cercana a Zocueca, y entre zancada y zancada me comentó que las aguas que hoy bebemos en Bailén y en más de diez municipios de esta zona norte de la provincia de Jaén, son de una gran calidad; y me comentó que habían llevado el agua a un concurso oficioso de catadores y la nuestra había quedado en segundo lugar por encima de muchas aguas embotelladas. Realmente no sé si esto es cierto porque estuve mirando en Internet a ver si encontraba alguna reseña, pero no hallé nada, en todo caso, seguro que lo que me refirió mi amigo tenía algún fundamento.

Yo, precisamente, he tenido oportunidad de visitar en varias ocasiones dicha planta Depuradora, la que me lleva el agua hasta mi casa, y lo cierto es que siempre me inspira tranquilidad ver el montaje que existe y saber que detrás de cada vaso que me bebo hay mucha gente detrás, para que al abrir el grifo el líquido elemento que sale sea de la máxima calidad. Y lo es, porque aparte de contar con un agua bastante pura en origen, ya que proviene del pantano de Baños en una zona serrana con muchas vetas de pizarra por las que se filtra el agua y que está en la cabecera del río Rumblar, se utilizan esmerados y concienzudos procesos para que el agua que bebemos en casa sea “químicamente pura”. Esto no quiere decir que el agua de hoy en día sea pura química, todo lo contrario, contiene todo lo necesario para que sea apta para el consumo humano, con los elementos imprescindibles y mínimos para eliminar sustancias nocivas para nuestra salud.

Y a fe que en esta Depuradora, como imagino que ocurre en cualquiera en España, existe un celo especial para con esa calidad. Según recuerdo de mis visitas a la planta, cada dos horas se hace un análisis químico del agua que consumimos con objeto de verificar que se encuentra en los parámetros de potabilidad establecidos, y este procedimiento se realiza constantemente, de madrugada, los días de fiesta también, en definitiva, los 365 días del año. Por tanto, me da muchísimas garantías el beber agua del grifo en Bailén, o en cualquier sitio, porque sé que si se ha permitido que llegue hasta un domicilio es porque se puede beber con absoluta placidez.

A contrario sensu, cuando se detecta que algo no funciona bien, ponen en marcha un dispositivo de alarma realmente efectivo para prohibir el consumo. De hecho, ya ocurrió en Bailén y su comarca hace unos años, aproximadamente una década, cuando se descubrieron trazas de pesticidas muy contaminantes en las zonas aledañas al pantano de Baños. Ese dispositivo funcionó a la perfección y sin dramas y en apenas unas horas todos los ciudadanos afectados estábamos más que enterados de esta inconveniencia. Por cierto, que en apenas una semana se resolvió el problema.

A base de escuchar repetidamente lo mismo, es decir, de los beneficios del agua de grifo, soy un aficionado a beber del grifo en todas partes (que se puede), incluso en zonas de costa, donde el agua puede resultar de gusto diferente a las aguas de interior. El agua tiene el objetivo fundamental de saciar la sed e hidratar el organismo, está bien que sepa bien, pero para saborear líquido están el vino y la cerveza, por eso no me importa abrir el grifo en cualquier pueblo costero para saciar mi sed, y es que sé que lo que tomo es un producto fiable al 100%.