sábado, 25 de febrero de 2017

LA NUEVA BENEFICENCIA DEL SIGLO XXI

El otro día en uno de los grupos de WhatsApp en los que estoy alguien puso un enlace a un vídeo, con el mensaje de que por cada visionado que se hiciera, un cantante famoso donaría no sé qué cantidad de dinero a un hospital de no sé dónde para que investigaran no sé qué enfermedad.

Ya sabemos todos en lo que se ha convertido el buen invento en sus inicios del WhatsApp, tiene cosas muy buenas, pero también los friquis han hecho de él su paraíso (si yo soy friqui, estos que te mandan una foto con una taza de café y te dan los buenos días, me ganan por goleada) que no son visibles en la sociedad y que para colmar su endeble ego saturan la memoria de tu móvil mandándote tontunas y gilipolleces varias. Bueno pues también sirve para esto, para dar publicidad a un sinfín de «iniciativas sociales».

Curiosamente para seguir el rollo de estas cadenas de favores modernas (ya han quedado en desuso esas cartas de antaño que te conminaban a mandar otras tantas, asegurándote todo tipo de éxitos, y con la amenaza de cien mil años de males a tu familia si rompías la cadena), dije que compartiría el susodicho vídeo para quedar bien, y luego no lo hice, ni seguía cadenas antiguas ni voy a seguir las actuales. Y, por supuesto, no dudo de la profundidad social de la iniciativa, pero ya es tanta avalancha de causas sociales que uno no sabe discernir, pero además es que no quiero discernir.

Lo cierto es que la nueva beneficencia del siglo XXI es esta, la de miles de iniciativas sociales que dividen esfuerzos incluso para, a veces, el mismo fin. Y ya no es tanto, el interés que esa iniciativa pueda tener, sino el famoso que la respalda, ya se sabe, si tienes un buen padrino… De hecho, el asunto de la niña Nadia formaba parte de esta atomización de las causas sociales; los padres llamaron a unas cuantas puertas, metieron la cabeza en algún programilla de televisión y convirtieron en una gallina de los huevos de oro a la enfermedad de la cría. Dicho sea de paso, los padres de esta niña son unos chorizos, unos chorizos y unos jetas, pero hasta ahí, porque como venganza, los medios de comunicación que los apoyaron han querido denostarlos sacando trapos sucios de todo tipo; encima estos caraduras no eran muy inteligentes y un poco salidos, pero hasta ahí, no creo que haya que ver mucho más allá de la estafa.

Esta y otras causas sociales mediáticas han puesto de relieve no solo que algo no funciona bien y que se hacen pocos filtros, sino que la tal atomización es pormenorizadísima y a la par inabarcable. Los actos benéficos se suceden en televisiones, radios, en las redes sociales, en foros nacionales, provinciales, locales y hasta barriales, para todo, para cualquier cosa, muy loable pero exasperante a la vez por su número. En mi pueblo de apenas 18.000 habitantes se suceden iniciativas no todos los fines de semana pero casi.

Yo entiendo que la crisis económica que a duras penas hemos superado, requería de resortes para minimizar sus efectos, pulsando la solidaridad entre los que podían desembolsar un poquito de lo que les podía sobrar, pero es que me da la impresión de que con tanta oferta benéfica, realmente no das tu dinero a la causa más importante y de más calado, sino a la que mejor publicidad tiene.

¿Es más importante la investigación del cáncer que las enfermedades raras o que conseguir una silla de ruedas para un niño que la necesita? ¿Es más importante dar dinero a Manos Unidas o Cáritas, a Médicos sin fronteras o a Ayuda en Acción? A los que estamos en esta tesitura, que somos todos los adultos que administramos un sueldo y una casa, nos movemos por sentimientos inmediatos y contribuimos por moda, porque se ha hecho siempre o porque se vende muy bien.

Sé que en este mundo globalizado y tal vez más democrático que nunca en cuanto a la expresión de las ideas, quizá sea realmente complicado lo que voy a señalar, pero a mí me gustaría que las causas pudieran estar centralizadas por grandes instituciones, cuánto más grandes y más holísticas mejor, las cuales se encargaran de distribuir el dinero que dona la gente de forma equitativa en función de las necesidades, y todo ello porque no sé si hay un exceso de donaciones en algunos casos (como en el caso de la niña Nadia que le dio a su familia para llevar una vida de lujo), gracias a una potente difusión que a veces devienen en estafas. En definitiva, que todo aquel que se considera solidario y que, más o menos, aporta a causas sociales no tenga que discernir cuál es la más importante.

A todo esto, tengo que manifestar que no soy limosnero, nunca me ha gustado dar dinero a gente que pide por la calle o a la salida de las iglesias. Sé que probablemente no esté haciendo bien, también es verdad que encuentras opiniones encontradas en la calle, yo soy de los que pienso que el sistema tiene recursos, que efectivamente los hay, para que ni nadie tenga que pedir para comer, ni tenga que dormir en la calle, y que con la limosna contribuimos a perpetuar estas situaciones, que aun en el siglo XXI siguen siendo demasiado vergonzosamente habituales, en especial en las grandes ciudades.

Posiblemente me conformo, quizá sea un poco egoísta por mi parte, con que la cruz que señalo en mi declaración del IRPF de cada año, no solo supone una aportación indirecta para esos que piden en la calle, sino también y esto nos debiera reconfortar a todos los contribuyentes, que de algún modo, la distribución de estas importantes sumas de dinero aportadas por todos resulta ser equitativa, o al menos más justa que las causas benéficas de las que yo me pueda hacer eco porque están mejor publicitadas en una red social como WhatsApp.

A propósito de esto, me he preocupado por conocer adónde va a parar este dinero, o la suma que todos los españoles juntamos cuando ponemos la correspondiente cruz en la dichosa Declaración de la Renta, bueno pues este enlace es sumamente significativo. Sorprende conocer que algunas organizaciones sin ánimo de lucro reciben auténticas millonadas y, no contentos con ello, te siguen pidiendo más en otros foros.

La segunda parte de la historia y, eso sería para nota o para tener un dolor de cabeza, consistiría en averiguar qué parte de esas cantidades que donamos en el IRPF, en actos benéficos, en las limosnas que damos en diferentes lugares van realmente al punto concreto donde se necesita el impacto de tu aportación, y cuánto «se pierde» para pagar las estructuras de las organizaciones, a veces especialmente burocratizadas, cuando no los grandes sueldos de algunos de sus directivos que en el enjambre que son sus organigramas, provocan su egoísmo y olvidan el sentido de sus cargos para beneficiarse ilícitamente.

Para ir terminando, tengo que decir que en España somos únicos; en este país tenemos organizaciones que luchan por lo mismo, y en vez de sumar se pisan, en un increíble gesto de insolidaridad. Voy a poner un ejemplo bastante sonrojante, cuando llegan determinadas épocas del año en las que renace la sensibilidad en la ciudadanía, como puede ser la cercanía de la Navidad, grupos de voluntarios se apostan a las salidas de los supermercados para pedirte determinados artículos de una lista que te facilitan. Ocurre que Banco de Alimentos y Cáritas, se hacen la puñeta mutuamente, en vez de sumar dividen, no lo hacen en el mismo fin de semana, sino que lo hacen en dos consecutivos, y me da igual quién sea el primero o quién sea más beligerante.

Lo cierto es que el objetivo que persiguen, como es el de ofrecer alimentos básicos a familias de recursos limitados, se prostituye, porque si no son capaces de ponerse de acuerdo para trabajar juntos más complicado es que se ponga de acuerdo en no repetir las familias a las que les ofrecen sus suministros. Conozco gente de mi trabajo, con sueldos suficientes para vivir sin problemas, que reciben de vecinos en paro y que están recibiendo estas ayudas, bolsas de macarrones o de arroz con el sello de «excedente de la Unión Europea», porque sus alacenas van a reventar, porque esto no está bien controlado.

Echo de menos en España que nos hayamos centrado en lo fácil en abastecer de alimentos o productos de limpieza, porque esto no cuesta tanto, más que en ayudar a familias desahuciadas. En este mediocre país, a una familia la echa un banco de su casa porque no puede pagar la hipoteca, al día siguiente otra familia (sí, esa que se pasea por el supermercado en pijama, bata y zapatillas de paño) le pega la patada se mete dentro y Cáritas, el Banco de Alimentos o el sursuncorda la premia llenándole la despensa.

domingo, 19 de febrero de 2017

SUMO, UN DEPORTE DE DIOSES (VIII)

KISENOSATO, EL 72º YOKOZUNA
Si alguien nos hubiera dicho a los aficionados del sumo que el pasado 2016 y este primer torneo de Año Nuevo de 2017 (en mi blog tomo como referencia el primer torneo del año y los cinco anteriores para completar un año entero de análisis, así lo empecé y así voy a seguir con esta costumbre) que íbamos a asistir a uno de las más apasionantes temporadas de este deporte, con numerosos hitos y muchas y muy suculentas noticias, tal vez no nos lo habríamos creído. Y es que los cambios en el sumo son paulatinos, no son radicales, pero ocurre que logros puntuales provocan una cascada de consecuencias, como si del efecto mariposa se tratara.

Acostumbrados durante los últimos años a que las grandes noticias escasearan y que, sobre todo, fueran para airear los trapos sucios del sumo, apuestas ilegales, combates amañados, severidad con los jóvenes en las escuelas oficiales de sumo...; lo cierto es que Japón necesitaba una regeneración para su deporte rey por excelencia, que también ha sucumbido mediáticamente a otros deportes como el fútbol, el béisbol e incluso el rugby, y que hubiera una vuelta de tuerca positiva para volver a generar afición y pasión al sumo en el país del sol naciente.

La gran noticia de este año es aún mejor que la del año pasado. Cabe recordar que el año pasado Kotoshogiku acababa con una racha negativa de diez años sin que un nacido en Japón venciese en un torneo oficial; ahora, en el pasado torneo de enero, el Hatsu Basho 2017, Kisenosato, el gran Kisenosato, el japonés de Ibaraki, obtenía la primera Copa del Emperador de su carrera y a los pocos días se anunciaba su promoción a yokozuna, el grado máximo en este deporte.

Es curioso, porque en el pasado 2016 vimos no solo la victoria del referido Kotoshogiku, sino que otro japonés, Goeido, vencía en el torneo de septiembre y además obtenía el zensho yusho, o sea, conseguía el logro sin mácula, quince victorias y ninguna derrota, y es que algo está cambiando en el sumo, los japoneses despiertan.

De algún modo, la presión se cernía sobre Kisenosato, de largo el mejor luchador japonés del último lustro y paradójicamente el único luchador de los de arriba, el único ozeki en activo, que no había conseguido ningún yusho. Kisenosato se me ha antojado, hasta el último torneo, que era el pupas, una especie de Atlético de Madrid (antes de la llegada de Simeone), capaz de lo mejor y de lo peor, pero que el momento decisivo siempre la cagaba. De hecho, sus números son impresionantes, pero como segundón, habiendo obtenido nada menos que doce subcampeonatos, o fallaba el día importante o se dejaba combates ante rivales asequibles, el caso es que no conseguía rematar.

En este torneo de Año Nuevo dio un puñetazo en la mesa, no solo ya era vencedor el penúltimo día, sino que en el último combate superaba al gran yokozuna Hakuho, una victoria moral para apuntalar su más que probable promoción a yokozuna.

Kisenosato, de nombre real Yutaka Hagiwara, debutará en el torneo de marzo como 72º yokozuna y primer luchador japonés en ser promocionado desde hacía la friolera de diecinueve años; de ahí la importancia del logro, si importante para Japón era que un luchador venciera en un torneo después de diez años, casi dos décadas han tenido que esperar a que un nacional alcanzara el máximo rango en el sumo, posición para la que son muchos los llamados y pocos los elegidos, pues el ordinal hace referencia al número de yokozunas que han existido en el sumo moderno, desde el siglo XVIII hasta la actualidad.

Esa victoria ante Hakuho en el último día del Hatsu Basho 2017 seguramente debió influir mucho desde el punto de vista moral en el Comité de Deliberación de Yokozunas para que tomaran su decisión. No hay reglas escritas acerca de cómo se adquiere dicho rango máximo, en el pasado se deducía que la victoria en dos torneos consecutivos (hay seis oficiales al año) otorgaba ese privilegio; últimamente, en las últimas tres décadas, la serie de un subcampeonato y un campeonato consecutivos también está valiendo (al polémico luchador de la década de los 80 Futahaguro le valieron dos subcampeonatos y jamás logró vencer en un torneo, el único yokozuna de la historia con ese dudoso honor, con lo que devino que fue enormemente controvertida su promoción a yokozuna).

Hay que decir, es una opinión, que Kisenosato ha sido proclamado yokozuna con mucha justicia, tantos años de pupas, de ser un segundón porque no estaba en el momento en el que tenía que estar, no desmerecen una trayectoria más que meritoria, probablemente detrás de Hakuho el luchador más regular del sumo actual, es más, estamos ante un sumotori al que las lesiones le han respetado, y muchas veces no es tanto la suerte sino el sacrificio físico para evitarlas; no ha faltado a un torneo ni a un combate en la máxima categoría (Makuuchi) desde noviembre de 2004. Este hecho seguro que ha sido tenido en mucha consideración por el referido Comité, aparte de que, esto sí ha trascendido, han subrayado que aunque no ha obtenido dos campeonatos seguidos, ha tenido mejores números en el último año que sus dos antecesores Harumafuji y Kakuryu.

Pues nada, Kisenosato con su promoción a yokozuna, y los Kotoshogiku y Goeido con sus brillantes triunfos en las últimas fechas están intentando romper el dominio foráneo del sumo en esta última década, fundamentalmente de luchadores de Mongolia. Yo soy muy de Kisenosato, tal vez por aquello de que fracasaba constantemente y era incapaz de dar la puntilla (como el Atlético de Madrid), y estoy convencido de que va a ser un magnífico yokozuna, va a seguir teniendo muy buenos números y cabe esperar que la dosis de moral que proporciona este rango le permita alcanzar más yushos. De hecho, en un ranking que, como tal, no existe, Kisenosato es el segundo mejor luchador de sumo en la actualidad, por encima de Harumafuji y Kakuryu.

Y es que algo se mueve en el sumo, es posible que estos triunfos, que no por más o menos esperados no dejan de ser sorpresivos, pueden responder al hecho de que el gran Hakuho, el mejor luchador de la historia, y esto hay que resaltarlo, ha flaqueado un poco; el 2016 ha sido el año más pobre en resultados desde que es yokozuna, no ha obtenido campeonato o subcampeonato en los últimos cuatro torneos, y cabe pensar por lógica y porque es humano, que ha entrado en un ligero declive. Es cierto que le quedan unos pocos años, no más de un lustro, para seguir deleitándonos con su lucha poderosa y dominante, pero no es menos real que con la cuerda menos tensa va a permitir que otros encuentren tesoro donde antes parecía imposible.

Por si fuera poco, los otros dos yokozunas mongoles, Harumafuji y Kakuryu, los yokozunillas como yo les llamo, pues son mucho menos consistentes que Hakuho, son, y en 2016 lo han corroborado, bastante irregulares. Y ya se sabe, a río revuelto...

EL IRREGULAR KOTOSHOGIKU
Si mi entrada de 2016 reseñaba el magnífico triunfo de Kotoshogiku, que sí fue sorpresa porque todo el mundo pensaba que si alguien podría romper una década de sequía era Kisenosato, el veterano luchador de Fukuoka, bastante irregular, como todos los ozekis, desde que adquirió ese rango, ha sido degradado tras dos torneos con números negativos. Si hace un año suponía un rayo de esperanza para los aficionados japoneses, su situación actual es crítica porque aún podría recuperar el rango si obtiene dobles dígitos, más de diez victorias, en el próximo torneo de marzo a disputarse en Osaka, prueba que se me antoja harto compleja para Kotoshogiku, toda vez que es un luchador muy inconsistente y al que se le ha atragantado bastante el rango de ozeki (tenía mejores números antes de serlo).

Ni que decir tiene que este año de cierta gloria para el sumo japonés ha desembocado en esa ansiada dosis de apasionamiento que estaban deseando tener los nipones y, por ende, también todos los que amamos este deporte, esto ha desembocado en mayor asistencia de público en los torneos oficiales (para el próximo torneo se han agotado las entradas en tiempo récord), más interés de los medios de comunicación, incrementando de portadas de periódicos y espacios importantes en los titulares de las principales radios y televisiones. Por cierto que también se han hecho eco del logro de Kisenosato los más relevantes diarios de nuestro país.

Por si fuera poco, yo que suelo ser muy crítico con los jóvenes luchadores japoneses que presagian mucho y luego se quedan en nada, probablemente a causa de ese destensar de la soga de Hakuho y de los hombres más importantes del escalafón, ha permitido que los nuevos valores actuales parezcan ser capaces de darle un aire nuevo al sumo, parecen ser más descarados, con menos reparos y más chulería (algo necesario en el sumo) para enfrentarse y doblegar a los de arriba; y en consonancia, se les ve autorizados para que sean dotados de la responsabilidad para afrontar las exigencias de los grados altos del sumo, donde la regularidad y el sacrificio a lo largo de muchos años son la moneda de cambio. Los Shodai, Mitakeumi o Hokutofuji pueden ser en los próximos meses los grandes animadores del cotarro, todo se andará.

Por el momento, el gran núcleo gravitatorio para los próximos torneos seguirá siendo el nuevo yokozuna Kisenosato, sobre él estarán puestas todas las miradas y la atención del público japonés; pero como siempre, otras cuestiones quedarán en el aire, ¿cuánta gasolina le queda a Hakuho y cuántos torneos cederá?, ¿los otros dos yokozunas mongoles seguirán en una indigna mediocridad para su rango?, y genéricamente, esta nueva explosión del sumo, ¿animará a los más jóvenes a la práctica del sumo, con objeto de integrar los rangos no profesionales del sumo, últimamente algo depauperados?

sábado, 11 de febrero de 2017

WENDY CARLOS, CON ELLA CAMBIÓ TODO EN EL MUNDO DE LA MÚSICA

Nada sería igual en el mundo de la música electrónica o la New Age si Wendy Carlos no hubiera estado entre nosotros. Wendy es hoy una venerable anciana de 77 años que en su retiro de Nueva York no cesa de asistir con interés a la evolución actual de la música.

Wendy en realidad nació como Walter (comenzó su reasignación de sexo cuando tenía poco más de 30 años), pero ese es el cambio menos relevante que debemos subrayar en una decisión absolutamente respetable y que pertenece a su ámbito privado, puesto que su contribución al desarrollo de la música con sintetizadores fue tal, que aun siendo bastante conocida en el mundo de la música, el desconocimiento por el gran público hace que no sea suficientemente visible y a esta compositora hay que rendirle más homenajes y tributos que los que tiene. Y, puede que no se conozca, pero bandas sonoras de películas míticas salieron de su infinito talento.

Allá por 1953, cuando en España nuestros abuelos intentaban, como mayor avance tecnológico, sintonizar una arcaica radio para escuchar medianamente en condiciones la escasa oferta existente de emisoras, Carlos, que cursaba educación secundaria, gracias a una beca ya trabajaba con computadoras caseras. Ese antecedente y la dedicación musical de sus padres propiciaría que el, en ese momento, joven Walter cursara en su época universitaria paralelamente física y música.

No obstante, tras su graduación, su perfil se decantó por la música sin desaprovechar sus indudables conocimientos científicos y comenzó a interesarse y relacionarse por una balbuciente música electrónica. Corría la década de los 60 del pasado siglo y Vladimir Ussachevsky y Otto Luening, dos de los pioneros de la música de vanguardia fueron sus primeros inspiradores; más tarde, el punto de inflexión llegaría cuando entabló contacto con Richard Moog, uno de los padres del sintetizador y gran valedor del Columbia-Princeton Electronic Music Center, que avalado por dichas universidades neoyorquinas tan prestigiosas suponía el proyecto más ambicioso que había ese momento en todo el mundo en cuanto a investigación en aparatos productores de músicas de vanguardia.

Moog había creado un sintetizador que llevaba su nombre y Carlos se puso a trabajar no solo en perfeccionar su programación sino en implementar un teclado sobre ese ordenador que a la postre construyera música. Ese fue el segundo logro, sacarle el máximo partido al Moog, y con la ayuda de su inventor consiguieron que viera la luz Switched on Bach en 1968, había nacido, por su impacto popular, el primer disco de música realizada con sintetizador de la historia.

La cualidad de ese disco es que sonaba música de Johann Sebastian Bach, varias composiciones entre las que se encontraba el Concierto de Brandenburgo nº 5 en Re mayor, pero con la peculiaridad de que no se había utilizado ni un solo instrumento musical, aunque su sonoridad era tal que así lo parecía. La onda expansiva provocada de este proyecto fue tal que, cuando este humilde escribiente comenzaba dar por saco en este mundo, Switched on Bach vendía en el mundo, fundamentalmente en Estados Unidos, medio millón de copias.

Su segundo disco, en la misma línea, la de reproducir a compositores clásicos, sería The Well-Tempered Synthesizer (1969). Fruto de ese inusitado éxito, el reconocimiento de la crítica y la obtención de prestigiosos premios (Grammy entre otros), continuó unos años con la adaptación de la música clásica a los sintetizadores. No obstante, para que ese reconocimiento se amplificara, llegaría en 1971 su primer trabajo cinematográfico en una película mítica e irrepetible como «La naranja mecánica», una banda sonora que su director Stanley Kubrick quiso que se basara en música clásica, pero con el contrapunto de los sintetizadores. Era una especie de paradoja entre la realidad y la ficción, entre lo clásico y lo moderno; así pues, para los que pueden rememorar esta producción, resulta intrigante ver a los drugos (la pandilla de gamberros ultraviolentos) haciendo de las suyas mientras suena una música clásica de fondo con una sonoridad levemente transformada.

En su tercer trabajo, Sonic Seasonings, comenzó a experimentar en proyectos más propios y originales y se aprecia ya un acercamiento a la música ambiental. De hecho, en la década de los 70 se debate entre seguir versionando a los clásicos, Switched on Bach II llegaría en 1972, o tratar de avanzar en la música New Age, tal y como le reclamaban muchos de sus seguidores.

Desde luego, para entonces las revolución musical que había emprendido ya era todo un éxito y muchos de los músicos que han aparecido en este blog, y otros que hoy día hacen nuevas músicas basadas en la electrónica, bebieron de la fuente de Wendy Carlos.

Sin ser un momento decisivo de su carrera en solitario, Wendy ganaría más adeptos si cabe cuando volvió a colaborar con Kubrick en otra película inolvidable como fue «El resplandor», aunque parece que, en esta ocasión, el director estuvo muy activo en cómo debía ser la música, ante una película con un ambiente tan irrespirable, por lo que el margen de maniobra de esta autora pudo estar bastante mediatizado, amén de que no fue de Carlos la exclusividad de dicha banda sonora.

No menos importante fue la banda sonora de la película de la factoría de Disney «Tron», una composición que sí que fue verdaderamente novedosa, como el desarrollo de tal producción exigía. A mí la película no me gustó en su momento, y confieso que después de muchas veces que la han echado en televisión no he terminado de verla nunca, pero si he de resaltar que si había algo que llamaba la atención sobremanera en la cinta era su música.

El perfeccionamiento de los sintetizadores y la llegada de los sonidos digitales mucho más nítidos y perfectos que lo anterior, supuso una progresión en su carrera en la década de los 80, de hecho, se le aprecia un cierto interés por descubrir la música cósmica, incluso música étnica. Digital moonscapes, Beauty in the beast y Secrets of synthesis fueron sus tres álbumes en esa década.

Desde los 90 a la actualidad siguió haciendo discos experimentales, remasterizaciones de otros antiguos, grabaciones inéditas y nuevas colaboraciones en proyectos cinematográficos, donde se sintió siempre muy cómoda.

Wendy Carlos prácticamente no ha parado nunca de experimentar, su vida ha estado dedicada en cuerpo y alma a traspasar los muros de la música convencional, no solo desde su aspecto artístico sino también científico, contribuyendo a la investigación y el perfeccionamiento de las máquinas que le servían de soporte. En 2005 la Sociedad para la Electroacústica de los Estados Unidos le otorgó su mayor reconocimiento (Lifetime Achievement), por su contribución al arte y la música electroacústica.

Por siempre, Wendy Carlos, gran mujer, para que tu música que ya es todo un legado siga acariciando nuestros sentimientos.

sábado, 4 de febrero de 2017

"CICATRIZ", DE JUAN GÓMEZ-JURADO

El otro día me dijo mi hijo algo así como que «No debes confiar en cómo será el contenido de un libro con solo mirar la portada», sonó bastante sentencioso y más cuando me informó de que esa frase se la había dicho yo; yo acostumbro a sentenciar de vez en cuando pero, que yo sepa, esa no es de mi cosecha. Desde luego no aludía mi hijo a nada relacionado con la literatura sino para hacer mención a un compañero de clase que parecía tener una especie de doble cara.

Esa afortunada y brillante sentencia de mi hijo, al que se la voy a atribuir, me hizo pensar en que pese a que las portadas tienen su importancia en los libros, como la tienen por ejemplo, mucho más, las portadas de los discos de música; no es menos cierto que cifrar las esperanzas de que estás ante una buena o mala obra con solo esa primera imagen es bastante arriesgado, y verdaderamente hay muchos autores que cuidan hasta el extremo su portada para invitar a su lectura.

No sé si de forma deliberada el título de esta novela de Juan Gómez-Jurado y su portada son verdaderamente minimalistas: el título «Cicatriz», y bajo el mismo una cicatriz blanca rematada por la señal de seis puntos o grapas que atraviesa de arriba a abajo la portada bajo un fondo negro. No obstante, a mí me atraen otros parámetros, tales como que antes de adquirir un libro vea de qué va, así últimamente me llaman la atención aquellos que tratan temática de cierta actualidad (creo que se está abusando en este país de la novela histórica y a mí me cansa, por no decir que me exaspera); y que su autor no sea muy conocido, o sea, no plegado a compromisos editoriales recalcitrantes, aunque lo de no muy conocido habría que dejarlo in albis, pues he visto en Internet que previa a esta novela, este escritor ya ha tenido otras de bastante éxito y que ya cuenta con una nutrida legión de seguidores.

El críptico mensaje del título y el de esa imagen de la cicatriz que plasma la portada del libro esconden una narración hábil y entretenida en la que Gómez-Jurado nos transporta al Chicago de hoy mismo y con unos pocos personajes muy bien definidos (también se explota en la literatura actual el enmarañamiento de las historias con un sinfín de personajes, tal que tienes que ir haciéndote tú mismo un esquema paralelo para no perderte) construye una historia trepidante que te invita a devorar páginas para saber cómo acaba todo.

Simon Sax es el típico informático superdotado para su oficio pero bastante torpe en las relaciones sociales, con ese aspecto de ser introvertido, grande, desgarbado y desaliñado. Su vida se resume en su hermano Arthur que tiene síndrome de Down y su amigo Tom, todo extroversión, que es el que le complementa en sus negocios y en su vida personal para llenar sus carencias sociales. Negocios que marchan bastante mal, dado que sus genialidades cibernéticas no le llegan ni para pagar los suministros básicos de su hogar o para rellenar mínima y decentemente la nevera.

No obstante todo puede cambiar, Simon trabaja junto con un escueto (y mal pagado) equipo en un innovador proyecto de reconocimiento de imágenes para móviles, denominado LISA; tal artificio supone que con el programa instalado en un móvil, acercando la cámara a cualquier objeto y desde cualquier posición, el algoritmo devolvería con un importante porcentaje de acierto las características del objeto y, lo más interesante para el negocio mercantil, en qué web se podría adquirir algo igual. Dicha tecnología llama la atención de la empresa Infinity a través de su magnate Zachary Myers, empresa inventada pero que podríamos entender como uno de los actuales grandes monstruos de las ventas online, tal como Amazon o Alibaba, que espera coger tajada y lógicamente tener la posición dominante o monopolizadora de tan revolucionario algoritmo de búsqueda.

La prueba realizada y superada ante dicho magnate permite que Simon y Tom tengan un respiro, el de un contrato puente limitado en el tiempo, durante el cual deberán perfeccionar el algoritmo hasta llegar a un índice de fiabilidad en el reconocimiento del 74 %, resumidamente del éxito se desprendería adquirir la condición de potentados para ambos socios, así como el fracaso devendría en la pobreza más absoluta. El contrato puente, que está bien remunerado, les permitirá contratar a más personal, adquirir equipos, disponer de mejores instalaciones...

En ese momento de inflexión y de tensión que supone para Simon la exigua victoria de este primer asalto, reflexiona sobre esa parte de su vida que no funciona mucho más que sus, hasta hace poco, precarios logros informáticos. Y tiene la errática idea de entrar en una página de contactos para entablar una amistad con una joven ucraniana. «Hola. ¿De dónde eres?», con semejante frase tan simple pero tan inquietante a la vez, una tal Irina se mete en la vida de Simon de una forma brutal y tal vez para él haya sido la peor decisión de su vida, o no.

Desde luego, al poco de la llegada de Irina comenzarán los problemas para Simon. Su amigo Tom aparecerá muerto en una calle lúgubre y la policía no tardará en asediarlo para buscar información que ofrezca luz en este despiadado asesinato. La lógica invita a pensar que con Tom fuera de órbita, el reparto de ganancias en un prometedor contrato con Infinity, se duplicaría, demasiado obvio. ¿Y qué tiene que ver Irina en todo esto?

Mientras esto ocurre, Gómez-Jurado engarza una historia apasionante en la que nos remonta a la Unión Soviética de la invasión de Afganistán, también al oscuro pasado de Irina, y poco a poco, y de forma paralela al presente, también desvelará el porqué de la presencia de la joven en Chicago.

Dado que la novela está escrita en primera persona, Simon va analizando en el curso de su relato los errores que va cometiendo a medida que Irina va aterrizando en su vida. Las emociones, si es lo que esperaba Simon que es muy dudoso, no han hecho más que comenzar.

La historia se va desgranando con un ritmo trepidante y arrollador, ¿quién es Irina?, ¿a qué ha venido a Chicago?, ¿podrá superar Simon la presión de sus empleados, de los padres de Tom, de la policía?, ¿ama a una mujer que es una asesina?, y a todo esto y con la mente de Simon al límite, ¿llegará a tiempo para superar la gran prueba de fiabilidad de LISA ante el gigante de las ventas online?

Esa tensión se va sucediendo a medida que pasamos cada hoja, y tenemos necesidad de más, de desvelar qué va a ocurrir, de convencernos de que no todo es como parece, donde hay buenos y malos pero no estamos seguros de quiénes desempeñan ese papel, todo se vuelve un tanto contradictorio.

Una novela que engancha a medida que avanzas y que paralelamente al frenético rumbo que acomete más allá de la mitad de la misma, tú tienes la necesidad de apurar cada página para descubrir el desenlace, en un final que es digno de esta potente novela.

A modo de epílogo el autor nos revela que si bien se trata de un relato inventado, existen determinadas fuentes reales que le han inspirado, o sea, que sin ser cierta algunos de sus episodios podrían tener visos de credibilidad real.

Gómez-Jurado ha obrado un producto muy fácil de leer, que se devora por su magnetismo, y además, él utiliza un lenguaje sumamente rico, pero también con giros actuales, lo que nos permite inmiscuirnos más si cabe en la historia.