sábado, 26 de enero de 2013

TRUJALA (SIERRA DE SEGURA), UN LUGAR QUE NO ENCONTRARÁS EN LOS MAPAS

Pues no, por mucho que miraba mapas de carreteras no encontraba el nombre de Trujala por ninguna parte. Ni en papel, ni con el GPS, ni con las herramientas precisas de Internet daba con la situación exacta de esta ¿aldea?, ¿pueblo? Y el caso es que yo había estado allí, hacía unos diez años había visitado ese lugar y tenía que existir por alguna parte.

Por suerte la sierra de Segura tiene esos misterios indescifrables a veces para los urbanitas, y la gente serrana no se complica la vida y va a lo práctico. Después de ahondar en la investigación y hacerme una idea de que el río Trujala debía significar algo, junto con una web de senderismo ya di con la tecla; Trujala es una zona, una pequeña agrupación de núcleos diseminados y cortijadas que se nutre del nombre del río que nos acerca a un vallecillo de gran espectacularidad cromática.

Así que El Batán, El Porche, Los Floros, Don Lope y algunas casillas conforman con no más allá de setenta personas, calculo yo, lo que es Trujala en la jiennense sierra de Segura. Y, además, enclavada esta zona en el municipio de Segura de la Sierra, hace gala de lo que en la información institucional se refleja (la editada por este ayuntamiento), pues por un momento podríamos pensar que estamos en Asturias o Cantabria, dada la profusión de aldeas y casas dispersas, absolutamente impropia de nuestra región.

La verdad es que Trujala ofrece paisajes que nos transportan a otro lugar, aunque los olivares que se entrelazan con el bosque mediterráneo hacen un guiño, dan la pista y nos devuelven a la realidad. En cualquier caso, ahí está este río y este enclave, el río ruidoso pero apacible a la vez, magno aunque asumible. Ese caudal mezclado con el silencio que inunda el valle, te ofrece la armonía que requieres para pasar unos días fuera de esa rutina que puede acongojar, no es una realidad para mí por fortuna, pero es una recomendación para otros. La tradición para mi familia y amigos de viajar a esta sierra en cada puente de la Constitución (esfuerzos económicos hay que hacer quitando de aquí y allá), cobraba en este último un sentido especial e histórico, con mi hijo entre nosotros, por primera vez, pero con la sensación de que parece que él hubiera estado siempre.

Desde Trujala se nos presenta la posibilidad de hacer diversas rutas programadas y otras muchas al azar, basta adentrarse en el bosque cercano para encontrar alguna sorpresa a cada paso, aunque por encima de aquello que no vemos habitualmente el conjunto es el que te llena: la poesía sonora del agua, el aire que se respira, el verdor que te cautiva, la tranquilidad y la casi parada del tiempo que te llega al corazón…, y el imponente castillo de Segura de la Sierra que desde cada recoveco parece que nos vigila.

Si hoy nos parecen recónditos aquellos parajes, puede sorprender aún más que de aquella zona se desprendan destellos históricos; las construcciones actuales son la secuela de asentamientos antiguos. Lo más característico es el Puente Moro, una construcción sobria pero fuerte que lógicamente data de varios siglos atrás y que ahí sigue sirviendo a su causa sin descanso y sin el más mínimo resquicio de deterioro, aunque eso sí, me hubiera gustado alguna plaquita o algún dato informativo, en una tierra como la mía, Jaén, donde se hacen placas y paneles informativos para cualquier chorrada.

Particularmente interesante, por corta y revitalizante, es la subida a Segura de la Sierra, a escasos mil quinientos metros, todos de subida de escasa dificultad para alguien que está mínimamente sano, absténganse los achacosos o vaguetes. El momento de éxtasis llega en lo alto, sin ni siquiera llegar al pueblo, donde se nos ofrece su imagen de postal, de un pueblo, ya muy despoblado, pero que tiene un legado histórico y cultural impresionante, que más lo quisieran grandes ciudades. La bajada, por supuesto, se hace rápida y alegre, casi sin sentir, porque abajo espera el premio de una merienda o un buen trago de agua.

Siempre me planteo la dificultad de los vecinos que viven en la sierra para tener cubiertas las necesidades básicas, en primer lugar lo primordial, el abastecimiento doméstico, la comida, las viandas, el pan… No es precisamente Trujala una zona donde sus habitantes se encuentren aislados; tranquilos y serenos sí, pero no perdidos. Entre que es costumbre de estas sierras y de otras que lleguen repartidores habituales con sus furgonetas, de pan, embutidos y productos de primera necesidad, a siete u ocho kilómetros se encuentran Orcera y Cortijos Nuevos, y por este orden se puede encontrar de casi todo; para alguna urgencia está Segura de la Sierra y El Ojuelo, que ambos cuentan con algún pequeño supermercado.

Por tanto, podemos decir que Trujala está en una ubicación privilegiada dentro de lo que es la sierra de Segura; y sus habitantes pueden contar con atención médica, no sé si diaria, y hasta un centro de adultos, donde mal que les pese a algunos, debe llegar la educación y la cultura aunque eso sea per se deficitario.

Además uno se siente un tanto fantasma paseando por esas aldeas de montaña, ya sea por las frescas mañanas de diciembre, donde los escasos habitantes parecen estar vigilándote detrás del visillo, o por la noche, donde el tenue alumbrado público y la aparente ausencia de vida convierten El Batán en un escenario fantasmal. Por si fuera poco, y tal y como se estila en algunas poblaciones de la sierra, también hay en esta aldea un lavadero que te transporta a una realidad pretérita, aquella en la que no existían electrodomésticos y todo se lavaba, incluidos trapos sucios, en uno de los puntos gravitatorios de las sociedades rurales.

Por cierto que Trujala goza también de una piscina comunitaria, o por lo menos es lo que parece por sus dimensiones y configuración, imagino que funcionará adecuadamente en verano, toda vez que aumentará la población merced a la vuelta de los hijos de los moradores actuales que buscaron otro futuro y algunos, presupongo que la mayoría, consiguieron el éxito espoleados por la ausencia de alternativas en su cuna, centrados en poco más que la agricultura, la ganadería e incluso la apicultura. Ahora vuelven y como me decía mi amigo Pedro Pérez, son apodados con algo de sorna “los vaciadespensas”; quiero pensar en que la vuelta a sus orígenes no sea sólo eso, una ocasión para cargar el coche de los productos de la sierra y sea el merecido homenaje y atención a sus padres que fueron capaces de agarrarse más aún al terruño para ofrecer a sus vástagos una vida distinta y más placentera.

También tras varios años contemplando El Yelmo, majestuoso más que por su altura porque no hay un pico cercano más alto y eso le hace ser más imponente, pues acudimos hasta arriba. Se sube bien en coche y me imaginé que podía ser un escenario bellísimo para una etapa de la Vuelta Ciclista a España. Su cima con suaves pendientes y terreno calizo permite la práctica de deportes de vuelo, una vez allí entiendes mejor que su fisonomía facilite los despegues. Allí también vio mi hijo por primera vez la nieve, poca y casi hielo pero suficiente para dar testimonio de ello.

Para concluir este puente fabuloso, y como he dicho, dada la excelente ubicación de Trujala, acudimos al castillo de Hornos donde hace poco que funciona un Centro de interpretación astronómica, llamado “Cosmolarium”, fue una visita divertida y llena de entrañable atención por parte de las personas que gestionan este proyecto (la empresa Eurocosmos), en una perfecta simbiosis pudimos ver el castillo por dentro echando un vistazo a las galaxias y todo lo que el cielo encierra. El sitio es ideal, es evidente que no es un proyecto para generar beneficios, pero lo vuelvo a decir, la cultura no hay que medirla en una caja registradora, es mucho más.

sábado, 19 de enero de 2013

LA HISTORIA DE LOS SELLOS DE LA VISITA DE FRANCO A CANARIAS EN 1950: LOS SELLOS MÁS FEOS DE ESPAÑA, O CASI

En el mundo de la filatelia los sellos más bonitos no tienen que ser necesariamente los más cotizados, a contrario sensu, un sello muy feo puede valer una pasta si la tirada fue muy corta o si el mismo tiene alguna propiedad especial que lo hace diferente (mal centrado, con tara de color, dentado desigual, con defecto de impresión…), es decir, como pasa en tantos escenarios de nuestra vida, singularmente en el coleccionismo, todo se cotiza en función de la rareza, del número de ejemplares y, en teoría, de la demanda existente.

Ocurre en muchas ocasiones, en la historia de la filatelia, que se da la circunstancia de que coinciden tiradas cortas de sellos nítidamente feos y realmente malos. Esto es más frecuente cuanto más atrás vamos en el tiempo; los primeros sellos históricos de cualquier país suelen ser muy cotizados. Si nos remontamos a mitad del siglo XIX donde empiezan a comercializarse los sellos clásicos como hoy los conocemos en muchos países del mundo, nos encontraremos con sellos de papel frágil, tintas de poca calidad y diseños muy básicos. Tal es así que mantener un sello de aquella época en buenas condiciones supone haberlo preservado siempre de las condiciones ambientales y sin prácticamente haberse manipulado, casi un milagro.

Pero bueno, esta es la filatelia, ya digo, si el sello es feo pero hay pocos, pues ese vale mucho; y si el sello es muy bonito, es una joya pero hay un montón, su cotización valdrá un pimiento.

En España, como no podría ser de otro modo ocurre esto, tenemos sellos muy bellos, incluso algunos ya bastante veteranos, donde la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre y los tradicionales grabadores, impresores y calcógrafos se inspiraron; que al tener una tirada muy voluminosa, hoy tenemos el placer de tener en nuestras colecciones a un módico precio. Tal es el caso, por ejemplo, de la preciosa emisión de 1960 dedicada a la “Fiesta Nacional: Tauromaquia”, todo un clásico que, en mi opinión, es un claro demostrativo de que había un trabajo profesional proveniente de la pluma de prominentes artistas, donde resalta el grabador madrileño Sánchez-Toda.

Para no ser menos que nadie y por esas suertes del destino, también tenemos sellos, no feos, sino muy feos que encabezan las listas de sellos más cotizados, este es el caso de la serie a la que voy a hacer mención, como es la de los sellos con sobretasa que se emitieron en España en 1950 y 1951 con ocasión del viaje que Franco cursó a Canarias en octubre de 1950.

Empecemos por el mero análisis visual de los sellos, se trata de sellos tomados de tiradas de años anteriores con una sobreimpresión (sobretasa) que ocupa la mayor parte del sello, cubriendo las figuras que hay debajo de forma ciertamente burda.

En concreto se trata de tres sellos, uno el que más valor tiene es la de la efigie de Manuel de Falla, emisión destinada al correo aéreo cuyo valor era 25 pesetas y que comenzó a circular en nuestro país en 1947. Los otros dos son de 1948 con la figura de Franco vestido de General y con valor de 50 céntimos y 1 peseta respectivamente. La sobretasa tenía como fin marcar la penalización que sufrían los ciudadanos canarios que querían mandar algo fuera de las islas por avión y que costaba aparte de la tarifa habitual en la Península, 10 céntimos más en aquella época, es decir, en 1950.

Sorprende, y aquí viene la primera parte del misterio de estos sellos, que el magno acontecimiento que se supone que se conmemoraba no estaba planificado por Correos para una emisión convencional, o sea, el primer viaje triunfal a Canarias de Franco como Jefe del Estado, volviendo a la tierra donde estaba destinado cuando sucedió el golpe de Estado que dio lugar a la Guerra Civil.

Y es que se ve que los rectores de la F.N.M.T. no fueron hábiles en ese momento y como las noticias no fluían con la inmediatez que ahora lo hacen, los del Grupo Filatélico de Tenerife unas semanas antes del viaje de Franco propusieron a las autoridades militares que elevaran su propuesta a Madrid. La lentitud con que se sucederían los trámites (burocracia, cartas manuscritas, formularios y los nada raudos desplazamientos del entramado postal), harían que el tiempo se echara encima y que no fuera posible diseñar una emisión nueva y especial para el histórico evento.

Así que ni cortos ni perezosos, pero con la rapidez y entiendo que la falta de criterio, se eligieron los tres sellos que he comentado antes al azar, porque sí o porque fueron las primeras planchas que tenían a mano, para sobrecargarlos a lo bestia y poner la siguiente leyenda: “VISITA DEL CAUDILLO A CANARIAS OCTUBRE 1950 SOBRETASA: DIEZ CTS”, en el caso del sello de 25 pesetas se añadía “Correspondencia por avión” al inicio. Y digo a lo bestia porque ni siquiera se preocuparon de ponerle algún signo de puntuación para darle algún sentido, que parecía más del estilo de un “sms” de los de ahora.

Es evidente la premura de esta chapuza, tanto es así que me imagino un frenético trabajo en poquísimos días, incluso en horas, para que los sellos pudieran estar en Canarias, por lo menos el primer día de la visita de Franco y su comitiva, que no era otro que el domingo 22 de octubre de 1950, por cierto, llegaba de un periplo por las colonias que teníamos en el África Occidental. Los sellos llegaron el día 21 por la noche y entiendo que el reparto y las expendedurías no trabajaban el domingo, así que hubo que esperar al 23, el segundo día del viaje.

Tan afanosa y precipitada aventura se ve reflejada en la necesaria publicación de los correspondientes nuevos efectos postales en el Boletín Oficial del Estado, y tuvo que hacerse a las prisas, cuando es evidente que ya habían salido de imprenta con la correspondiente sobretasa y ya estaban siendo enviados por avión a nuestras Afortunadas Islas. La disposición vio la luz en el Boletín del sábado 21 de octubre de 1950 y decía lo siguiente: «Decreto por el que se aprueba la sobretasa de los sellos que se señalan en conmemoración de la visita a Canarias del Jefe del Estado. Por la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre se procederá con la máxima urgencia a sobrecargar en diez céntimos 21.000 sellos de cincuenta céntimos de peseta, con la leyenda: “Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. De igual modo se procederá a sobrecargar 20.000 ejemplares de una peseta con sobretasa de igual cuantía de diez céntimos y leyenda: “Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. Y sobrecargándose, además, 3.000 ejemplares de Correo aéreo de 25 pesetas, con sobretasa igual de diez céntimos y leyenda: Correspondencia por avión. Visita del Caudillo a Canarias. Octubre 1950”. Sobretasa: 10 céntimos. Dicha sobretasa será obligatoria y los valores afectados por ella servirán para franquear la correspondencia que, teniendo su raíz, en las Islas Canarias, circulen entre éstas y la Península o el extranjero.»

Algunas detalles podemos analizar de la disposición anterior, primero, es obvio que en la leyenda ideada al efecto sí aparecían signos de puntuación que luego no se reflejaron en los sellos, lo cual me hace pensar que primero se hicieron los sellos y después el Decreto; en segundo lugar, la falta de previsión no indica ni tan siquiera qué sellos iban a ser sobrecargados, en el de 25 pesetas tendría un pase porque el de Manuel de Falla era el único existente en la época y de reciente emisión, por lo que era fácil de localizar las planchas, pero en los otros dos no, había muchos sellos con ese valor y aquí no se indican; por último, y ya para salir de dudas en la propia disposición se desvela lo que es más que una sospecha que “se procederá con máxima urgencia”, pues claro que se procedió con urgencia, precisamente con aquella que permite que los sellos estuvieran hechos y viajando a Canarias cuando el BOE saliera a la calle.

No contentos los mandamases, el colmo del despropósito se ampliaría unos meses después, ya que parece que la escueta tirada se agotó y decidieron ampliarla, imprimiéndose 80.000 sellos más de 50 céntimos y 1 peseta, así como 38.000 sellos nuevos de 25 pesetas (estos con número de control al dorso). Ello ocurrió el 22 de febrero de 1951, cuando hasta hubiera sido estratégicamente interesante para la propaganda de la época hacer una emisión del acontecimiento con alguna foto de la época (donde podía estar la mujer de Franco también, como decían los medios del régimen su “egregia esposa”) trabajada en cartulina por algún buen grabador y sacarla convenientemente. Pero se ve que ni ahora hay atención a la filatelia ni antes tampoco.

Todo lo más, tal vez se explique el desaguisado, precisamente para colaborar en la especulación de algunos, porque si la tirada especial con la sobretasa era una emisión local, nada extraño en el tráfico postal, como de la primera tirada había pocos ejemplares (3.000 en el caso del sello de 25 pesetas), tal vez se hizo para que los coleccionistas que se habían quedado sin los anteriores se vieran obligados a comprar ahora estos por el módico precio de 25 pesetas con 10 céntimos. Y ello porque las crónicas de la época nos hablan de que la mitad de la nueva emisión se había vendido en Madrid y la otra mitad en Canarias. La venta en Canarias tiene su lógica, pero la venta en Madrid no tiene más sentido que el de hacer caja por parte de las arcas estatales y colaborar en la especulación de los coleccionistas de sellos de la época. La diferencia entre ambas tiradas está en el número de control al dorso y porque hay ligeros cambios de tonalidad.

Por otro lado, hay que plantearse si una emisión oficial con sobretasa debe aparecer en un catálogo como emisión convencional y no como una rareza o una variedad filatélica, entre otras razones, porque la sobretasa es algo común en cualquier institución postal; se ha hecho recientemente en muchos países con ocasión del cambio de monedas nacionales al euro, y en España hay varios ejemplos de sobretasa en la Guerra Civil, cuando el bando llamado nacional realizó la correspondiente sobrecarga en los sellos oficiales de la República. Fueron los catálogos unificados de sellos los que en los años 60 del pasado siglo confirmaron su oficialidad.

Pues bien, si esa oficialidad significa pasar por el aro, yo no trago con ello. Es decir, que estamos ante tres sellos multiplicados por dos con la nueva tirada de febrero de 1951, que pasan por ser los sellos más feos de España, o casi, con una calidad ínfima, que valen una mina de oro y que no están en poder de cualquier mortal, sino en manos de grandes coleccionistas y de tiendas de filatelia, las cuales están en su legítimo derecho, y hacen muy bien, de ofertarlos y si pueden de venderlos. Obviamente, si hablamos de sellos matasellados, que no habrá demasiados de estos, la sensación de que es tinta sobre tinta será aún mayor, pero habrá menos que nuevos, lo cual es un contrasentido que nunca he terminado de comprender en toda su dimensión; pues si en filatelia cuantos menos ejemplares haya de alguna emisión más cara será, pero si hay menos matasellados que nuevos, ¿no deberían valer más los primeros? En fin, es posible que algún día haga una reflexión sobre esto y la inserte en este blog.

Y a todo esto valen un pastón, hablemos pues de la cotización de estos sellos. Para empezar hay que decir que el mercado filatélico ya estaba mal antes de la crisis, las autoridades no prestigian esta manifestación cultural, encima llegó lo de Fórum Filatélico y Afinsa para confundir más a la gente y dar mala prensa a la filatelia; con todo lo cual estos sellos están a la venta, la oferta existe pero dudo mucho que haya demanda, o lo que es lo mismo, habrá poca o muy poca.

Dicho esto, he de señalar por experiencia propia que las cotizaciones que ofrecen los catálogos especializados distan mucho de ser las reales. No entiendo qué sentido tiene poner unas cotizaciones que sirven de poco a los profesionales, más allá de tomar el precio de referencia para realizar descuentos que razonablemente pueden ir del 40% al 70%, dependiendo de las series y los años. En el caso que nos ocupa, siempre hablo en nuevo sin señal de fijasellos o charnela, en cuanto al sello de Manuel de Falla de 25 pesetas con sobretasa emitido en octubre de 1950, el 1083, el precio de catálogo (miro varios) está en torno a los 7.000 €, y yo creo que en un honesto regateo con un profesional podría quedarse en la mitad, y si se me apura pienso que se podría conseguir por 3.000 €, pese a la rebaja estamos ante el sello más cotizado de nuestro país de los emitidos desde 1950 hasta la actualidad. En cuanto a los dos sellos de 50 céntimos y 1 peseta con sobretasa, el 1083A y 1083B (Franco vestido de militar), el precio de la serie estaría sobre los 550 € y fácilmente se sacaría por 250 €.

Los emitidos en febrero 1951, al realizarse una tirada mayor, tienen una cotización más reducida; el de Manuel de Falla no creo que pudiera venderse por más allá de los 400 o 450 € y los de Franco por algo menos de 90 € alguien se podría dar un capricho.

En fin, esas son las cotizaciones y cada uno hace con su dinero lo que quiere, yo lo que digo es que la historia ha elevado a rareza estos sellos, se ha catalogado cuando tal vez no debiera hacerse, fueron fruto de un conjunto de meteduras de pata y todo esto no quita que sean los sellos más feos de España, o casi.

viernes, 11 de enero de 2013

"LA VIDA IMAGINARIA", DE MARA TORRES

El Premio Planeta y el Premio Nadal son los premios literarios más prestigiosos de nuestro país, aunque el primero de ellos tiene la característica de ser el mejor dotado económicamente, y suele ser más comercial en el sentido de que a él acceden por regla general, autores con una cierta fama, ya sea en el mundo de las letras o en su faceta mediática, por cuanto hemos visto a mucho personaje televisivo hacer su incursión en este galardón.

Para Mara Torres, joven aunque experimentada periodista madrileña de radio y televisión, el ser finalista en el Premio Planeta con esta novela, ha supuesto su ópera prima literaria y nos ha permitido experimentar un modo fresco y moderno de hacer literatura. Una historia muy realista y unos personajes de la calle permiten al lector zambullirse en sus páginas de forma atractiva y ágil, para desentrañar una trama que en este siglo XXI le podría estar sucediendo a cualquiera.

No por ser Mara Torres una novel en las letras deja de gozar su primera obra de enjundia y trabazón, como digo, la historia es de las que enganchan y el libro se lee fácil, tiene la medida justa, y no deja cabos sueltos, acogemos todas las inquietudes que la autora ha querido dejar impresas en sus páginas y nos transmite la emoción y a veces la angustia de la protagonista de la novela, Nata (de Fortunata).

Esta es una historia de desamor, pero no la de cualquier desamor, de cualquier ruptura, no; es esa ruptura que tiene que ver con la trascendencia de cada persona; es ese momento crítico en el que cada cual se plantea si la aventura iniciada hace tiempo con la persona que tienes al lado derivara en rutina, y la chispa de la pasión y el enamoramiento desaparecerán. En esa encrucijada se encuentra Nata, que se ha separado recientemente de su pareja Beto, y debe afrontar una nueva vida, nuevas experiencias sentimentales, pero con la rémora de saber que vivió aquel amor, y que ese poso siempre queda ahí, porque basta que cortes con alguien a quien puedes odiar y que incluso te ha hecho daño para que al poco tiempo pienses en él o en ella y se te olvide lo malo para que comience a aflorar lo bueno. De hecho a Nata empieza a aparecérsele en la mente el espíritu de Beto que no le deja romper con su pasado y que le impide afrontar sin ataduras su nuevo destino.

Mauro aparecerá en la vida de Nata y esta tratará de resistirse, es la lucha no contra el hombre, es la lucha contra los prejuicios de pensar que al final todo se normalizará y la emoción del primer encuentro irá decayendo. A Nata le cuesta pensar que todo ser es imperfecto, y que cada cual tiene sus defectos, sus manías y que nadie puede vivir en un idilio permanente con la otra persona. Después de los primeros contactos donde cada uno trata de ofrecer lo mejor de sí al otro, es inevitable que todo vuelva a su ser. Nata pretende que eso no ocurra y no es capaz de arrostrar una nueva relación sin reservas porque tiene miedo al mañana, tiene miedo al aburrimiento, al día a día, al cepillo de dientes del otro, a una camiseta de la selección española de Mauro en su cesto de la ropa sucia…

La vida imaginaria de Nata no es sólo la presencia constante en su vida de su ex, Beto, es el pequeño infierno mental por el que pasa, el del reconocimiento de una realidad que le incomoda, el de atisbar que en la rutina y en lo cotidiano también hay amor, pasión, alicientes. Para colmo, amigos y compañeros de trabajo viven similares experiencias, les ha podido la normalidad y han buscado una huida hacia adelante con otras personas, pero cuando quieren echar atrás y se dan cuenta que lo bueno está en la tranquilidad de que un día es igual a otro día, en el quehacer sin sobresaltos, ya es demasiado tarde.

Es una novela, por tanto, en la que también hay espacio para un entramado de relaciones amistosas, sentimentales y laborales que permiten desgajar una sociedad actual en la que cada vez menos la gente se conforma con ser feliz haciendo lo que hace cada día y se soporta menos a la otra persona.

Es la historia del sino de este siglo XXI, la de las relaciones cada vez más superficiales, la de los divorcios y las rupturas, la de cada hijo de vecino que se cree que es mejor de lo que es y que se merece más de lo que tiene. Es por tanto, la historia del egoísmo que vivimos, es la triste realidad de las relaciones de pareja en las que el horizonte es el de una noche de placer sin mayor trascendencia que la de la pura satisfacción personal, casi animal.

Creo que al final de la novela hay un hilo de esperanza para la protagonista, no para esta sociedad, y es que después de muchos sobresaltos y comeduras de olla, a la mayoría de la gente le aflora el instinto de supervivencia y la del ser social, y uno no es nadie en este mundo sin estar acompañado, en lo bueno y en lo malo; y pese a las adversidades y a las crisis, sabes que hay alguien a tu lado que debe ser tu mejor amigo o tu mejor amiga, con quien puedes compartir un lecho, un plato de comida, una mesa para hablar y un hombro para llorar.

Bueno, pues al final me ha salido la vena sentimental y uno casi habla de sus propios sentimientos; pero es que yo creo y me aventuro a afirmar que en esta novela hay mucho de Mara Torres, a lo mejor no experimentado por ella, pero a buen seguro que se ha inspirado en las historias que surgen a su alrededor.

En fin, una novela cálida, ágil y profunda que no nos dejará indiferentes. Buena nota para esta periodista, que nadie se engañe, detrás de ese rostro atractivo hay una pluma bien estructurada, la de la actual presentadora del exitoso y dinámico programa de TVE “La 2 Noticias”. Sin duda, una lectura recomendada para pasar un rato agradable y para analizar nuestro mundo desde las relaciones sentimentales, sin duda, ambas experiencias reportarán al lector agradables sensaciones.

sábado, 5 de enero de 2013

KARUNESH, LA MÚSICA QUE PUEDE DESPERTAR A LA JUVENTUD

No hace mucho tenía puesto en mi oficina un disco de música New Age, primero porque había cierto sosiego, y porque tenía que elaborar ciertos trabajos en los que convenía algo de inspiración. Entonces el chaval que tenía de prácticas, Ramón (han pasado varios ya por mi vida profesional y este ha sido de los buenos, de los que curraban, otros jugaban solitarios en el ordenador). Me sorprendió que se interesara por lo que se adivinaba en el ambiente (estaba muy bajito) y que me confesara que él también escuchaba música de este tipo, y viniendo de un joven al que no le echo más veintidós o veintitrés años es un ¿signo de esperanza? Pues estaba sonando Karunesh y creo que la circunstancia merece que haga una breve semblanza del personaje que hay detrás de este nombre comercial.

Lo primero que nos evoca Karunesh es música relajante, de esas que acostumbran a ponerte en los spa, para que cuando termines te vayas suavísimo adonde sea. Además tiene esencias hindúes; pero es que el nombre de Karunesh es toda una carta de presentación, puesto que es una palabra que proviene del sánscrito y que podría traducirse como “Compasión”.

Pero no, el compositor que maneja esta marca no es asiático, es alemán, de Colonia para ser exactos y se trata, en realidad, del sobrenombre que utiliza el compositor Bruno Reuter. Nacido en 1956, enfocó su formación en el diseño gráfico, y sus derroteros debían haber ido por ahí, pero cuando estaba orientando su vida, sufrió un grave accidente de motocicleta que le tuvo entre la vida y la muerte. Después de salir del túnel se embarcó en una aventura distinta a la planificada, viajó a la India donde estuvo en contacto con el místico indio Osho, el fundador de Bhagwan Rajneesh, para unos una secta, para otros un grupo espiritual. A la vuelta de su viaje, con veintitrés años, viviría en una comuna de este grupo cerca de Hamburgo durante cinco años, donde llegó a conocer a músicos de distintas partes del mundo. Cuando salió de la misma había nacido Karunesh para el mundo de la música.

En 1984 publicaría “Sounds of the Heart” que se convirtió rápidamente en un éxito en el sector de la música New Age, especialmente en la propia Alemania y en Estados Unidos.

A ese disco le seguirían otros muchos proyectos igualmente exitosos, llegando hasta nuestros días, de hecho, el último disco, “Color of the East”, fue editado este pasado 2012. Cabe destacar, en honor de su primitivo baluarte espiritual, Osho, que le dedicó en 1997 su trabajo “Osho Chakra Sounds Meditation”. Podemos decir que la primera etapa de Karunesh es la de la New Age pura, dedicada a la meditación y donde el uso del tradicional sitar, instrumento musical de cuerda de origen hindú, estaba muy presente, y luego tiene otra etapa más reciente en la que se separa un tanto de las reminiscencias orientales, girando hacia la World Music, fusionando diferentes sabores sonoros de lugares variados de nuestro planeta.

Karunesh se instaló hace ya varios años en Hawai, alentado por el influjo del potente y selecto mercado estadounidense, y desde allí explota su filosofía que, según él, es la de elaborar una música para el cuerpo, el corazón y la mente.

Su música nos quiere transmitir un acercamiento entre culturas, y es que como él bien dice, la música es el único idioma que entiende todo el mundo, con independencia de nuestra extracción social, etnia o procedencia. Además, se da la circunstancia y los expertos musicales coinciden en esto, en que es a la par una música espiritual, pero con posibilidades de ser bailada, incluso algún tema que eventualmente se pudiera versionar para discoteca, aventuro que sería todo un éxito.

Esta especie de prisma cultural, simbiosis melódica o eclecticismo cultural se refleja no sólo en el uso del sitar indio en su primera época, sino en la incorporación de otros muchos instrumentos rescatados de varias partes del mundo y poco conocidos en la sociedad occidental.

Con este deseo de sentir la palpitación del universo de Karunesh en nuestro interior, he querido trasladar la esencia de una música que es poderosa y atrayente. Sus piezas son ideales para relajar nuestra mente, para reflexionar sobre la trascendencia de la vida, para ralentizar nuestro frenético ritmo cotidiano. En definitiva, una música que, en palabras de este creador, quiere ser “una hermosa, sagrada y curativa resonancia para aquellos que la escuchen”. Si puede inspirar a la juventud anónima es porque esta existencia aún sigue teniendo futuro, y si alguna vez tengo el privilegio de que mi becario Ramón Charriel lea esto, mi agradecimiento y mi reconocimiento van también para él.