sábado, 28 de abril de 2012

CUANDO LOS ESPAÑOLES CAMBIAMOS LAS REGLAS DE LA JABALINA

Hasta hace bien pocas fechas, apenas un par de décadas, no estábamos acostumbrados en España a sonados éxitos deportivos; sin duda, el punto de inflexión estuvo en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992. A partir de ahí podemos hablar ya de madurez en nuestro deporte con la consolidación de infraestructuras y bases de entrenamiento para que, aunque crisis como esta hagan resentir cualquier elemento de nuestra sociedad, sigamos alcanzado hitos en el deporte y disfrutando de los mismos.

Pero, como digo, esa realidad no se daba con tanta frecuencia en el pasado, ahora podemos estar hablando de éxitos en nuestros deportes simplemente echando una mirada al último mes y no acabaríamos. Antes, figuras como Joaquín Blume, Ángel Nieto, Urtáin, Bahamontes o Santana, eran elevados al rango de superhéroes de la nación porque era un oasis en un infinito desierto, y porque el régimen político necesitaba su debida propaganda y el deporte siempre ha dado pie a que dictadores y acólitos hagan propios los esfuerzos de otros.

Creo que he comentado en alguna ocasión que, con diferencia, el deporte que más me fascina es el atletismo, pienso que la primera manifestación de la actividad física, lo que es innato en el ser humano se conjuga en este deporte, o sea, correr, saltar y lanzar. Y no, en España aunque hemos tenido muy buenos atletas no tenemos un mito como puede ser Sergei Bubka, Paavo Nurmi, Zatopek, Carl Lewis o Haile Gebreselasie, así que de vez en vez, surgía hace unas décadas alguna figura que animaba el cotarro y todos los ojos patrios se fijaban en ellos. Así de primeras recuerdo a Pipe Areta (salto de longitud y triple), que luego se haría cura del Opus Dei; Ignacio Sola, que tuvo la fortuna de ser durante unos minutos virtual Campeón Olímpico de salto con pértiga; o Mariano Haro que luego llegaría a ser alcalde en su localidad natal, un pueblito de Palencia.

En las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, la práctica de un deporte y, en este caso, del atletismo era completamente amateur, y sus practicantes debían alternar sus trabajos (físicos) echando muchas horas en pistas improvisadas, con pocos medios, sin demasiada planificación, pero eso sí, derrochando ilusión, esfuerzo, entrega, pundonor...

Una de esas figuras que ha tenido un cierto reconocimiento ha sido Miguel de la Quadra-Salcedo, no ya por sus logros deportivos que tal vez no son tan conocidos por la opinión pública, sino por su vinculación a la televisión y por su imagen de entusiasta aventurero. De hecho, ya le dedique una entrada hace casi un año a este personaje con ocasión del recordatorio de aquel concurso “A la caza del tesoro”, en el que era él la estrella por sus peripecias alrededor del mundo, más que los concursantes en plató.

Lo cierto es que De la Quadra fue cocinero antes que fraile, o lo que es lo mismo que en su juventud fue un atleta con una cierta fama en nuestro país, siendo varias veces Campeón de España de lanzamiento de martillo, peso y disco (esta última fue su principal especialidad) y plusmarquista español de esas disciplinas también en repetidas ocasiones.

No obstante, lo que ha trascendido de su época de lanzador de artefactos, no fueron sus trofeos ni marcas, sino el récord que pudo haber sido y no fue, o lo que es lo mismo, como he venido en llamar en el título en el título de esta entrada, “cuando los españoles cambiamos las reglas de la jabalina”. Sin duda, una historia curiosa que no tuvo en De la Quadra a su único exponente, lo que ocurre es que al ser este una celebridad ha sido el que, de alguna forma, se ha ganado el mérito del hecho que ahora voy a relatar.

Pues corría el año 1956, cuando al deportista vasco, Félix Erausquin (foto de cabecera), también varias veces Campeón de España de peso, disco y jabalina, y también en el lanzamiento de barra vasca (que era una disciplina que formaba parte intrínseca de las competiciones españolas), se le ocurrió lanzar la jabalina del mismo modo que se lanzaba dicha barra. Esta técnica consistía en untarse las manos con aceite, grasa o una solución jabonosa, colocarse la barra en la espalda y girar sobre sí mismo para impulsarse y lanzar la barra con un movimiento de rotación (se puede adivinar la técnica en la sucesión de instantáneas que acompañan este párrafo). Es viable pensar que, al igual que ocurre en el disco, el martillo y en una de las técnicas de peso, la rotación es clave para alcanzar más velocidad en el lanzamiento y, por tanto, mayor alcance; con esta nueva técnica la espalda servía como punto de apoyo de la jabalina y hacía que ésta saliera despedida con más velocidad. Y aunque la información que nos ha llegado hasta la fecha está un tanto desordenada, en su primera aparición con este “invento”, Erausquin batiría el récord de España, en el mítico Estadio de Montjuich en Barcelona, cuando era ya un veteranísimo deportista, nada menos que con 48 años. Y así nació el estilo Erausquin o estilo español en el lanzamiento de jabalina.

Al poco le seguiría otro vasco con la misma técnica, José Antonio Iguarán, y el mismo resultado, récord de España, y este se fue a 77 metros.

Pero es que en octubre de ese año, el domingo día 28 para ser precisos y esta sí es una información fidedigna que he podido encontrar en las hemerotecas en Internet de los periódicos de la época (magníficas por cierto las de ABC y La Vanguardia), el jabalinista aragonés Manuel Clavero Minguillón, ferroviario para más señas, en una reunión atlética de fin de temporada (que ya se había ido en Vich unos días antes con la nueva técnica a los 82'94 m. batiendo el récord de España y acercándose al récord del mundo) pulverizó la plusmarca mundial, en ese momento en poder del polaco Janusz Sidlo con 83'66 m, yéndose a unos estratosféricos 89'66 m. Por cierto que en esa misma prueba De la Quadra-Salcedo también dinamitaba ese récord mundial con 83'80 m.

Para entonces el revuelo que se había montado en el mundo del atletismo era monumental. En Finlandia, gran dominadora hasta ese momento de esta especialidad, los lanzadores probaron extraoficialmente la técnica con resultados asombrosos. El que había sido varias veces plusmarquista mundial en la década de los 30, el finés Matti Järvinen, y como Erausquin ya con más de 40 años, probó la técnica con resultados asombrosos, consiguiendo registros que jamás había logrado alcanzar con el estilo clásico en sus años mozos.

Lo interesante del asunto es que en esas fechas nos encontrábamos en la antesala de los Juegos Olímpicos de Melbourne y España aspiraba a llevar a cuatro lanzadores para echar un órdago en las pistas australianas, porque la Federación española respaldaba estas técnicas y estaba dando validez a las marcas.

No tardó mucho en reaccionar la IAAF (Federación Internacional de Atletismo Amateur), prohibiendo esta técnica, o mejor dicho, acotando la forma de tirar la jabalina, y cito las palabras textuales de dicha Federación: “Después de prepararse para el lanzamiento y hasta que la jabalina haya sido lanzada al aire, el competidor no puede en ningún momento dar una vuelta sobre sí mismo para que su espalda se encuentre en dirección al arco de lanzamiento”. Esta medida entraría en vigor a mediados de noviembre, a una semana escasa del inicio de los Juegos de Melbourne. Ahí se acabó el sueño de los españoles de haber hecho saltar la banca por una vez en la vida en una prueba de atletismo en unos Juegos Olímpicos.

La decisión de la IAAF se nos puede antojar como algo retrógrada, ¿por qué no avanzar si de lo que se trata es de que la jabalina impulsada por un ser humano llegue lo más lejos posible? Entiendo que quisieran preservar el modo clásico, porque el español rompía todo los cánones de esta disciplina, aunque para ello argumentaran otras razones de menos peso, como que el uso de la técnica española podía ser muy peligrosa para los inexpertos, pues podrían no controlarse los giros y que el artefacto fuera a parar a los graderíos; pero se podía haber solucionado de una forma tan simple como la colocación de la jaula que existe en los lanzamientos de martillo y disco. No obstante, creo sinceramente que había una razón mucho más poderosa y es que, esta es mi hipótesis, la IAAF tantearía con sigilo y discreción a los mejores jabalinistas mundiales de la época para que probaran la técnica hispana y vieron que se superaban los 100 metros sin demasiado esfuerzo.

Esto abría, obviamente, una nueva dimensión en el lanzamiento de jabalina, que venía más que por los giros descontrolados, porque la zona de caída se quedara corta. Es decir, hemos de considerar que de los cuatro artefactos que se lanzan en las competiciones oficiales de atletismo, el que mayor distancia coge es la jabalina, por lo que históricamente ha ido que cambiar el centro de gravedad de esta lanza para ofrecer más resistencia a la hora de impulsarla, de hecho, la última modificación se produjo en 1984 cuando el alemán oriental Uwe Hohn se fue a los 104'80 m. muy cerca ya del límite del césped y, por tanto, a escasos metros de la pista de carreras.

Para mayor abundamiento al que fuera Campeón Olímpico en Melbourne 1956, el noruego Egil Danielsen, con un lanzamiento de 85'71 m., estableciendo la nueva plusmarca mundial de la época, se le atribuyen lanzamientos con el estilo español de más de 120 metros.

No terminó la historia para los lanzadores españoles por el hecho de la modificación del reglamento y la prohibición de este estilo propio, sino que ya, a modo de exhibición, se fueron superando hitos. Tengo constancia, según datos fieles de hemerotecas, que el veterano Félix Erausquin en un festival atlético en Burgos, se iría el 7 de mayo de 1957, a los 102'80 m. A propósito, Erausquin fue un consumado atleta toda su vida y siguió compitiendo hasta en veteranos, pues hay referencias suyas de participaciones en la década de los 70.

Y, por supuesto, Miguel de la Quadra-Salcedo (aquí se ve en la foto con el estilo español, es decir, con la jabalina apoyada en la espalda), que por ser el más conocido ha hecho que la historia nunca se olvide, aunque no fue el único actor principal como hemos podido ver, se dice que en una exhibición en París, esto no lo he podido corroborar, se fue por encima de los 120 metros.

La lástima es que no sólo no hay ninguna grabación de la época que yo haya podido encontrar en Internet, pero tampoco ninguna demostración actual en vídeo del propio De la Quadra o de otros, mostrando en su inmensidad, más allá de las fotos mostradas, cómo era la secuencia de la técnica del estilo Erausquin o español.

En fin, es la historia de lo que pudo haber sido y no fue..., que para una cosa buena que inventamos los españoles, gracias a nuestra perspicacia e ingenio, nuestro sueño de tener héroes olímpicos se desvaneció en muy poco tiempo.

Actualización: Aunque inicialmente en el blog lamentaba el que no existieran documentos gráficos de la época para atestiguar como era el estilo español; en octubre de 2013 se puso en contacto conmigo un tal Patxi Mendiburu, navarro para más señas y bloguero también como yo, y me comentó que había conseguido algunas joyas del pasado. Inicialmente introduje sus enlaces en comentarios y él mismo me sugirió en ellos que pusiera el enlace de dichos vídeos en esta entrada. No obstante, he preferido poner el enlace directamente a su blog, no sólo porque merece la pena el artículo, sino porque todo el blog también merece la pena que sea visitado, porque es de los que dejan huella.

El enlace es: http://patximendiburu.blogspot.com.es/2013/10/no-do-jabalina-la-espanola-por-quadra.html

domingo, 22 de abril de 2012

EL EXTRAÑO CASO DE LOS ÚLTIMOS VEINTE DUROS DEL REY

Tal vez el empezar esta entradilla teniendo al lado el anverso de una clásica moneda de veinte duros del Rey podría parecer oportunista, pero es que no voy a hablar del asunto que ha conmovido a nuestro país la pasada semana, y me reservo mi amplia opinión que no es desde luego buena.

Es más, si que aprovecho este artículo que ya tenía ideado “antes de los dolores”, es decir, antes de lo del elefante y la cadera, para quitarle un poco de hierro al asunto, básicamente porque una de las mejores imágenes que tenemos del Rey es la de sus monedas de peseta. La tan añorada y recordada peseta que tanto echamos de menos y que todos pensamos que, cuando desapareció y se introdujo el euro, fue cuando comenzaron a llegar los problemas a nuestro país.

Y voy a contar una historia curiosa de esta moneda que todos hemos tenido en nuestros bolsillos, la de veinte duros, aunque poca gente habrá reparado en el craso error mantenido durante varios años en su diseño y acuñación.

Permítaseme hacer un modesto ejercicio pedagógico, es bien sabido que la base de la organización del mundo a través de sus países, tiene aparte de razones históricas, un elemento muy poderoso para esa ordenación como es el idioma. El idioma es un factor segregador, por un lado, pero también permite aglutinar; de hecho, aunque en muchos casos naciones que tienen la misma lengua se han separado, también ha habido otras que se han unido, el caso más palmario es el de Alemania.

El idioma, pues, sigue siendo un factor que nos separa a todos los habitantes de este mundo. Lejos quedan los intentos por construir una lengua universal, el más famoso aunque casi anecdótico es el esperanto. Lo que sí hay que convenir y es muy evidente, es que todo lo que separan las letras, hay algo que todos manejamos diariamente y que nos une, ¿qué es?, los números. De algún modo, los números y las matemáticas unen a este planeta. La misma ecuación que un docente de ESO está poniendo a su alumnado hoy en España, se puede resolver de la misma manera y con el mismo resultado en Bolivia, Nueva Zelanda, Zambia o Singapur, todos la entienden.

Entonces podemos decir que los números son el idioma universal y esos números son, sin temor a equivocarnos, nuestra tabla de salvación cuando vamos a otro país del que no estamos nada avezados o si acaso chapurreamos un poquillo su idioma. Nos puede ayudar bastante para ir a un supermercado, saber lo que valen las cosas, ir a la caja y pagar mirando el visor, sin necesidad de mediar palabra con el dependiente. Te sacas obviamente tus monedas y tus billetes que vienen con el número puesto y que tú ya te has familiarizado con ellas.

Sin embargo, ¡ojo!, me temo haber dicho con demasiada ligereza “tus monedas y tus billetes con el número puesto”. Sí porque no hay mayor error, mayor falta de tacto y un máximo desconocimiento de lo que he comentado antes, de que las letras nos separan y los números nos unen, que hacer un billete o una moneda en donde todo sean letras y no aparezca un número por ninguna parte.

Si alguno ha viajado por algún país es posible que se haya encontrado con monedas y billetes con este problema, y quizá se haya entendido esto como un problema nimio o un mal menor; puede ser así, también eso es porque la mayoría vamos a países occidentales que utilizan el alfabeto latino, y puedes entender lo que se dice en francés, alemán, inglés, italiano... y a medida que vamos señalando idiomas nos daremos cuenta de que hay muchos idiomas que no tienen grafía latina, en Europa el más importante es el ruso con su alfabeto cirílico, pero en Asia no entenderíamos ni papa, y en países musulmanes no digamos.

Pero démosle la vuelta a la tortilla y si un japonés, un chino, un tailandés o un camboyano viene a España y se encuentra con que un billete o una moneda no tiene números, sólo letras, o sabe algo de nuestro alfabeto o tendrá que pegarse un tiro y mandar bien lejos al que se le ocurrió diseñar los dineritos en cuestión.

Y sí, en España hemos metido la pata algunas veces en este sentido, y el caso más flagrante por ser el último y en una moneda de uso muy común fue con los veinte duros del Rey que comenzaron a acuñarse en 1982. En la imagen que acompaña el inicio de esta entrada se puede ver el diseño del “arma del delito”, nuestros tradicionales veinte duros o 100 pesetas, puestos ahí en letra, sin cortarse ni un pelo; como decía aquel para qué queremos aprender un idioma, que los demás aprendan el nuestro, y así nos va. ¿Se puede ser más cafre? Voy a dejarlo claro, que cuando escribo 100, cualquier habitante de este mundo se hace la imagen mental de cien lo que sea, pero si escribo “cien”, muchos terrícolas no sabrán si me estoy acordando de su madre. Del mismo modo, que si en Japón o China, no colocaran números en sus billetes de yenes y yuanes, que los colocan, véanse la foto de los 5.000 yenes más arriba, no sabríamos lo que podría significar esta jerga incomprensible: ランス銀行主催のパネルディスカッションで述べた。欧州債務 y obviamente nos las veríamos y nos las desearíamos para pagar en esos países.

Pero bueno, es que puestos a ser cabezones hasta las últimas consecuencias, tamaño error en nuestra moneda de veinte duros, no quiso ser cambiado ¡durante toda una década!, hasta 1992 no salió el nuevo diseño con el número bien puestecito “100”, de forma inequívoca. Y después vinieron muchas otras monedas de veinte duros que mostraban diversos motivos tales como el Camino de Santiago, el Museo del Prado o la Biblioteca Nacional, pero jamás se abandonaría la indicación de la cifra.

Las acuñaciones modernas de moneda y las ediciones de papel moneda no olvidan esta máxima de la expresión del número, podemos comprobarlo gráficamente en nuestros euros, y así debiera ser siempre, pues para una cosa que nos une a todos los habitantes de este mundo, no parece de recibo que algunos países nos lo pasemos por el forro, y abandonemos esa sensibilidad, sentido común y un poco de idea que aconteció en este extraño caso.

En fin, más que nunca hay que concluir con el célebre “Spain is different”, ¡vaya que sí!

lunes, 16 de abril de 2012

PRIMERA COMUNIÓN: ÚNICA COMUNIÓN

Creo que a estas alturas de la película los que me conocen o siguen este blog, saben que voy a misa y que tengo ese hábito, creo que bueno, porque me supone un momento de paz y reflexión del que no se aprende nada malo; y pocos escenarios en esta vida pueden aportar estas connotaciones. Por tanto, como usuario de las iglesias o parroquias me siento facultado para opinar sobre la Iglesia Católica con cierto conocimiento de causa.

Me gusta escuchar misa, estar relajado, concentrado en lo que dice el sacerdote, intentando extraer algún detalle para mi vida diaria con el objetivo de crecer como persona, ser cada día mejor, aunque humildemente es obvio que no lo consigo y soy un ser imperfecto y lleno de defectos. Pero ese estado de relajación y paz interior no se consigue cuando hay bodas o comuniones. Lo de las comuniones más o menos lo puedes controlar porque sabes cuando toca (en mayo generalmente), pero han sido varias veces las que me he vuelto al entrar en una iglesia cuando había boda, porque entonces ni hay paz, ni hay recogimiento, ni nada de nada; hay toda una cuadrilla de invitados pulcramente ataviados y no tan pulcramente, que no han ido a misa desde hace varios años, quizá desde la primera comunión, y que están más pendientes de la parafernalia que conlleva el bodorrio que de lo que dice el cura que, además, no tienen ningún interés. Por tanto, hablan, se mueven, molestan y tienen su minuto de gloria cuando han de levantarse para echar la foto de la ceremonia, para colocarle bien la cola a la novia o para recriminar al niño de las arras que se esté quieto.

Esto puede ser controvertido, pero que la Iglesia asuma si quiere que el sistema de ceremonias de boda sea ese y que el espectáculo sea el que es. No obstante, donde sí que puedo controlar mi asistencia a las misas es cuando se celebra el evento anual de las comuniones. Y si más o menos puedo ser crítico con las bodas, porque entiendo que en algunas se cuelan muchas parejas que no tienen ninguna formación religiosa y lo hacen por pura tradición y porque es muy bonito, aunque hay también muchas que de forma coherente acuden a un juzgado o a un ayuntamiento; en las comuniones se cuela la mayoría, es decir, niños que pertenecen a familias que pasan olímpicamente del catolicismo, de la religión, pero que no están dispuestas a renunciar al traje o vestido, a los regalos, a las fotos y al banquete.

Y es que como todavía no se ha institucionalizado la comunión civil o algún engendro que sustituya al ceremonial católico, se da la paradoja de que hay padres ateos o agnósticos, incluso no casados, que para no estar de malas con el niño o niña, o para que no se perturbe ni se sienta marginado, tienen que pasar por el aro de la primera comunión; pues nada que pasen, que ancha es Castilla.

Se da este escenario porque en mi opinión, la Iglesia Católica, la de España, la que yo conozco, colabora en que esto sea así, o para ser más exactos, poco ha cambiado el planteamiento de la Iglesia desde que yo hice la primera comunión hace ya treinta y seis años hasta hoy.

Vayamos por partes, los aspirantes a llegar a la meta (ceremonia, banquetes, regalos), son obligados a pasar una larga catequesis, a asistir a misa en los períodos de preparación catequética, a dar algún dinero para flores o para gastos de la diócesis el día del evento y, por supuesto, estando en la recta final aunque no sea de obligado cumplimiento, la Iglesia no va a poner peros, cuando no alienta, a que niños y niñas se vistan como novios y novias de miniatura, para darle más boato, prestigio y brillantez al día soñado; día que lamentablemente en la mayoría de los casos, se queda en el regalo de la última consola del mercado o el móvil de última generación, en el inefable libro de recuerdos en el que todos hacemos una dedicatoria chorra que luego nadie lee y por el banquete. Banquete en unos salones contratados al efecto que muy profesionalmente ya saben lo que tienen que hacer, que es ganar dinero y lo hacen muy bien y a mí me parece fantástico, por eso la oferta no es otra que montar un entramado similar al de una boda, es decir, que el niño o la niña, corta su tarta con su espadita y así ya lo llevan de experiencia para cuando se casen. Por cierto que para el bolsillo del invitado la exigencia es casi mayor que cuando vas a una boda, porque das el sobre y un regalo aparte, como dice un buen amigo mío “doble bola extra”.

Como es imaginable cuando hay una comunión hasta el cura se extasia y olvida que puede haber gente que sólo va a escuchar misa, su misa de los domingos. Si en las bodas hay jolgorio, en las primera comuniones el jolgorio está multiplicado por los familiares de cada niño/a, es decir, jaleo mayúsculo, o lo que es lo mismo, el pobre feligrés que ha asistido con devoción, difícilmente se habrá podido concentrar en la homilía del sacerdote, pues los focos de atención son muchos y es sencillo desviarse del motivo para el cual uno acude a misa.

Ni que decir tiene que sólo asisto a la misa de una primera comunión cuando estoy invitado. Aun así se repite como un mal endémico el mismo esquema: niños, familiares y amigos, el de las fotos (que si pudiera se sentaba al lado del cura) y mucho follón. En no pocas ocasiones, por no decir siempre, el cura llama la atención a los asistentes que abarrotan como nunca una iglesia que se queda pequeña por una vez al año, y yo me pregunto cuánto de culpa tiene la Iglesia de que esto ocurra.

Esto es pura matemática cuántos acuden el día de una primera comunión y cuántos van un domingo normal. Por tanto, es evidente que algo está fallando, las comuniones no están sirviendo para garantizar que un niño se vincule a su parroquia o más trascendente aún, que viva conforme a los preceptos de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Si esto se sabe, si a misa acudimos pocos y cada vez menos, ¿por qué no rompemos el planteamiento?

En un gran porcentaje de casos la primera comunión se convierte en la única comunión y para otros la última, quizá la siguiente vez en que ese/a niño/a vuelva a un altar es en su boda, si antes no ha asumido con honestidad y coherencia que no tiene sentido casarse canónicamente cuando jamás se ha pisado una iglesia.

Yo he ido mucho a misa de niño y joven, luego tuve una época gris y perdida, pero en mi niñez recuerdo un domingo en el que vi la primera comunión más bonita que un niño puede imaginar, no era un domingo de mayo, era un domingo ordinario, y apareció un niño con su familia, vestido normalmente como se viste un niño un día de fiesta, es decir, guapo y elegante, iba rodeado de sus familiares, pocos pero bien avenidos; no nos habríamos dado cuenta de que era una primera comunión, si mi fiel párroco durante muchos años, Don Luis, en la parroquia del Buen Pastor de Linares, no lo hubiera indicado, el niño hizo su primera comunión, es muy probable que después se fueran a tomar unas cañas por ahí, y aquel comulgante neófito pudo utilizar la ropa de aquel día otros domingos, y seguro que aquella primera comunión no fue ni la única ni la última, y aquel niñito la habrá recordado siempre.

Para más inri, las comuniones y sus preparativos generan no pocos conflictos entre párrocos y familias, porque el cura o el arciprestazgo o quien sea, reservan un par de domingos para el gran acontecimiento, y puede que a algunas familias, por las circunstancias que sean no les viene bien. O por qué no, yo soy un padre con raíces religiosas y he decidido darle la catequesis en mi casa, pues si el cura se entera tu hijo no va a hacer la comunión en esa parroquia. He de decir que la comunión no es un acto inscribible, es decir, es un sacramento que no se registra, por tanto, yo puedo perfectísimamente catequizar a mi hijo en casa y el día que crea que esté suficientemente preparado lo llevo sin alardes y con discreción a que tome la comunión por primera vez, con la trascendencia que ello conlleva, no tiene que esperar al día D en la hora H.

No sé lo que la Iglesia Católica saca en claro con esto, las parroquias no se benefician, tiene tintes algo hipócritas y reafirma más si cabe la separación que hay entre la religión y la sociedad. Es evidente que de esta separación no tiene culpa la Iglesia, son muchos factores, el principal es la crisis de valores que hace tiempo que sufrimos, pero también es verdad que la Iglesia no reacciona proporcionadamente.

Pues eso que ahora que se acerca el mes de mayo, he querido lanzar este grito callado, por si alguien lo lee y reflexiona conmigo. Aunque en verdad esto no servirá para nada y las comuniones seguirán siendo un circo y yo no concurriré al mismo.

lunes, 9 de abril de 2012

ROMPETECHOS, EL MIOPE QUE SALIÓ DE UNA PLUMA GENIAL

El genial historietista Francisco Ibáñez tiene en Rompetechos a su ojito derecho, personaje entrañable donde los haya, también es para mí uno de los personajes más simpáticos y delirantes de los salidos de la pluma de este monstruo del humor que nunca ha sido suficientemente homenajeado.

Desde 1964 lleva Ibáñez sacando aventuras del infortunado Rompetechos, cuyo nombre no deja de ser una ironía de su ser. Rompetechos, es un hombre de mediana edad, bajito, cabezón, calvo y con bigote, y lo más importante de todo, es cortísimo de vista, que no ve tres montados en un burro, vamos. No se le conoce oficio habitual y en sus peripecias suele pasar por multitud de ocupaciones eventuales.

El esquema de las historias suele tener una serie de esquemas singulares. El más común es el de salir en busca de algo que le falta y dados sus inveterados problemas de visión suele confundir de forma extraordinariamente insólita a personas, animales, objetos y carteles con lo que no son, lo cual conlleva una correlación de situaciones disparatadas en las que suele salir normalmente malparado. Ya que querrá, por ejemplo, operarse las amígdalas y confundirá “Ópera Turín”, con “se opera con bisturí”. Esta confusión llevará a entablar diálogos absurdos y surrealistas con muchas personas que bien terminan calentando a un Rompetechos que cree estar por regla general en la razón más absoluta y no comprende, ni está dispuesto a tolerar las insolencias de su interlocutor; o bien, cuando no termina perjudicado, lo toman por loco y lo mandan al manicomio, o ha provocado un estropicio importante y acaba entre rejas.

En otras ocasiones las confusiones le ocurren en su propia casa, encendiendo un tostador en vez de un ventilador, o creyendo que el armario es el frigorífico y dándose situaciones similares tan caóticas que también terminará o cayéndose por la ventana, pensando que es un ascensor, o volviendo loco al pacífico vendedor de libros a domicilio al que confunde con un peligroso caco.

U otras veces acude al campo a ayudar a un tío suyo y las tareas simples que le encomienda le llevan a una turbamulta de accidentes y encontronazos con los habitantes, fauna y vegetación que pululan por el terruño.

Y amén de ello, se las da de ser un hombre inteligente y comedido, capaz de solucionar cualquier entuerto, así que tan poco providenciales son sus encuentros con algunos amigos a los que trata de ayudar a arreglar un coche, a poner una bombilla en su domicilio..., concluirá volviendo tarumba al amigo u ocasionando un terrible accidente que le puede llevar a ser, perfectamente, un nuevo satélite en el espacio.

Pienso que el nudo gordiano de la trama de Rompetechos es que pasa de ser un hombre afable y optimista a enfadarse en apenas una viñeta con todo Cristo por mor de sus problemas de miopía aguda, aun a riesgo de que le sacudan o de que le zurren la badana.

Al parecer Francisco Ibáñez aún sigue sacando historias de este Rompetechos, por el que no pasan los años, y es que es un humor atemporal, y nos puede resultar tan vívida una historia de hace cuarenta años como otra escrita hace tres días.

El uso del miope y la burla ingeniosa ha tenido críticos, “hay gente pa tó”, aludiendo a que la burla hacía los miopes no es de recibo, y eso es tanto como no conocer nada de la carrera de Francisco Ibáñéz, mente lúcida y fantástica de la que se destila un humor ingenioso, socarrón e inocente de todo punto.

Tampoco el miope es patrimonio exclusivo de este historietista, compitiendo en el imaginario colectivo con otro famoso personaje como es Mr. Magoo, en este caso una creación para dibujos animados anterior en el tiempo a Rompetechos, y que, muchos sabrán que dio su salto al cine.

A diferencia de ese personaje estadounidense, nuestro Rompetechos ha tenido dificultad en traspasar las fronteras hispanas, y es que la traducción a otros idiomas ofrece una gran complejidad, pues una gran parte de los gags o giros cómicos viene dada por la confusión de palabras en letreros y eso no es fácil de adaptar a otro idioma por no decir imposible.

Y es que ya me dirán como traducir al alemán o al inglés “NO TOCAR ALTA TENSIÓN”, y que nuestro amigo entienda “AUTOCAR AL MONTE SION”…, sencillamente genial. En fin, detalles de las inagotables ocurrencias de Ibáñez a través de un Rompetechos, del que no lo dudemos, todos tenemos una parte de él dentro de nosotros, ¿o es que no hemos tenido a veces confusiones por haber visto algo que en realidad no era?

lunes, 2 de abril de 2012

LIQUID MIND, EL MILAGRO DE LA MUSICOTERAPIA

¿Puede la música curar? Literalmente no creo que ni yo ni nadie estemos en disposición de contestar con acierto a esta pregunta. Soy de los que entienden que un buen porcentaje de nuestras dolencias tienen mucho que ver con nuestro estado de ánimo, con nuestra psique. El “coco” trabaja mucho en las enfermedades y cuando superamos la enfermedad en la cabeza, por regla general todo es más fácil para la solución de los problemas físicos. Sin ir más lejos soy de la opinión de que en un buen porcentaje de ocasiones el hecho de extender por el médico una receta ya tiene efectos curativos.

Dicho esto también hay que ser razonables y, hoy por hoy, por desgracia hay enfermedades invasivas, letales en las que poco podemos hacer por mucho que nos convenzamos psíquicamente, no obstante, hay muchos vericuetos y recursos que nos permiten trabajar nuestra mente, sentirnos mejor y estar en mejores condiciones que el resto para abordar una enfermedad presente o futura.

Uno de esos recursos es la musicoterapia, la sanación a través de la música o para ser más precisos, la búsqueda de un estado de paz, relajación y equilibrio en nuestro cuerpo que atempere los problemas físicos y mentales a los que se ha de enfrentar el ser humano en su vida.

Uno de los nombres de referencia en la musicoterapia es Liquid Mind (Mente líquida, toda una declaración de intenciones), tras el cual está el compositor y productor estadounidense Chuck Wild que con mucha experiencia a sus espaldas, estando detrás de la producción de Michael Jackson, Frank Zappa o Paula Abdul, a mediados de los 90 comenzó una carrera musical que tenía como objetivo desconectar de una vida frenética. Sí, Chuck reconoce que tuvo períodos en los que trabajaba dieciocho horas al día los siete días de la semana, y pensó en generar un tipo de música lenta y pausada que le ayudara a liberar el estrés a él mismo y al gran público que poco a poco fue conociendo su oferta musical.

La música de Wild tiene una cadencia, un ritmo y un tempo lentos, es una música que casi no se siente pero que llega a tus oídos y te transmite paz, dicen que se inspira en autores clásicos, Beethoven, Bach, Rachmaninov, Brahms, pero es mucho más que eso. El trabajo de ordenador y sintetizadores es muy elaborado y también bebe de otros autores de la New Age, especialmente de aquellos que hacen música minimalista y cósmica.

Lleva, por tanto, más de dos décadas siendo un icono de la musicoterapia y ello le ha permitido a Chuck Wild haber participado en numerosas conferencias sobre esta materia, subrayando los beneficios de la música sedante para el tratamiento de la ansiedad. Ha recibido varios premios de la American Music Therapy Association, tanto por sus discos como por sus ponencias en pro de los efectos sanadores de su música.

No obstante, Chuck Wild está una dimensión por encima de la música relajante, aparte de ser un personaje influyente para muchos artistas estadounidenses, tiene más de un centenar de sintonías para programas de televisión, anuncios publicitarios, documentales..., e incluso ha hecho incursiones en bandas sonoras de películas.

Lo curioso de su carrera musical es que empezó como una terapia para sí mismo y para una serie de amigos, como un instrumento para liberarse del estrés y para ayudar a superar la llevanza de enfermedades tan duras como el cáncer o el SIDA. Además, la idea del tono de su música nos la da el hecho de que sea una especie de trampolín hacia la relajación y el sueño; el propio Chuck afirma textualmente: “El mayor cumplido para mí es que la gente se duerma con mi música”.

Absolutamente elocuente esta afirmación, siendo un alegato hacia un ritmo de vida lento y pausado, después de haber pasado por una desenfrenada vida, en la que él no tenía el control y nos continúa diciendo: “Yo soy responsable del ritmo de mi propia vida, que me ayuda a unificar cuerpo, mente y espíritu”.

En definitiva, Liquid Mind es una experiencia inenarrable, una música cadenciosa, suave, aterciopelada, que te envuelve y te llena de paz. Con ciertos destellos cósmicos, tonos de sintetizador un tanto eclesial, el proyecto que hoy traigo a colación es toda una gozada para el oído, una música ambiental de esa que te puede acompañar de fondo para la lectura de un buen libro, para una conversación relajada con amigos o para echar una cabezadita. Una experiencia relajante de considerables proporciones.