martes, 28 de diciembre de 2010

AQUEL MÍTICO TORNEO DE NAVIDAD DEL REAL MADRID

En los últimos años, tengo la sensación de que la Navidad se queda algo huérfana en el terreno deportivo. Los deportes más populares o están en el parón invernal o se toman unos días de vacaciones para celebrar estas fechas tan entrañables.

Hace años el calendario baloncestístico se rellenaba con el mítico Torneo de Navidad que organizaba el Real Madrid. La gente de mi época recordará con muchísimo cariño esas tardes navideñas en las que el Real Madrid, estandarte en las décadas de los 70 y 80 del baloncesto español, se las veía con los mejores combinados del mundo, fuera de la NBA. Un torneo en el que participaban cuatro equipos, el Madrid que ejercía de anfitrión y tres más.

Realmente recuerdo este Torneo como el programa más esperado para mí en Navidad, mucho más incluso que los programas especiales de Nochevieja, o las películas especiales que nos ponían y nos ponen para amenizar estas fiestas. Con la voz del malogrado Héctor Quiroga y en el no menos mítico Pabellón de Deportes del Real Madrid, durante tres días disfrutábamos del mejor baloncesto y de este club que, entonces era señorial, y hoy, tengo mis dudas.

Siempre coincidía en aquella época con que iba a la aceituna, y soportaba mejor lo mal que se pasaba en la aceituna en Begíjar, pensando en el partido que me aguardaba por la tarde (las pocas veces que he ido últimamente a la aceituna lo seguía llevando mal, pero es que más joven y con más vitalidad, era igual: terminaba machacado). Y lo mejor es que no había que competir con otras cadenas, ni con los gustos dispersos de la familia. En los 70 existía la Primera Cadena, y no todo el mundo tenía la Segunda, así que baloncesto sí o sí.

Varios recuerdos llenan esos partidos tan trepidantes, y siempre asocio e imagino que mucha gente recordará que, por aquel entonces, en todos los partidos de baloncesto del Real Madrid, había un simpático aficionado que con un altavoz y una voz muy singular repetía hasta la saciedad como si de un mantra se tratara ¡hala Madrid!, ¡hala Madrid!, juntando sus exclamaciones unas con otras y de forma tan rápida, que al final parecía decir otra cosa. O aquella vez que yo asistí por primera vez a la rotura de una canasta, fue un jovencísimo Sabonnis, que por entonces ya comenzaba a despuntar.

Y se me vienen a la cabeza un montonazo de buenos jugadores y de nombres que, seguro que buena parte de ellos no se hicieron ricos con esto del baloncesto, pero que contribuyeron a que muchos niños y niñas de aquella época nos aficionáramos a este bello deportes, así que muchas gracias a los Corbalán, Carmelo Cabrera, Paniagua, Prada, Fernando Marín, Romay, López Iturriaga (que así era conocido y no por su segundo apellido y mucho menos por Itu), Brabender, Walter, Coughran, Randy Meister, Abromaitis, Branson, Wayne Robinson…

Al final todo esto venía porque este prestigioso torneo, que fue considerado el mejor torneo amistoso de baloncesto del mundo, desapareció, fue diluyéndose como un azucarillo en el café. De esas décadas del 70 y 80 de tantísimo esplendor, los 90 nos trajeron un torneo que iba decreciendo, los rivales ya no tenía el caché de antes. En el 2000, se decidió hacer el torneo a partido único, hasta que hace cuatro o cinco años se dejó de celebrar, por el calendario apretado del baloncesto FIBA, según las fuentes oficiales del Real Madrid, y en mi opinión porque el Madrid se ha aburguesado últimamente y va a lo fácil, quizás este torneo le costara dinero, le costara trabajo encontrar buenos rivales y a lo mejor sus jugadores no querían sacrificar sus días de asueto navideño, pero al que algo quiere algo le cuesta.

Hace años se escuchó que el Real Madrid iba a prescindir de su sección de baloncesto y, desde luego, ya no se le presta la atención que antaño, cuando venían a este club los mejores baloncestistas del mundo fuera del universo NBA. Por eso decía antes que en esas décadas doradas en las que yo vivía mi niñez y mi juventud, uno tenía la sensación de que el Real Madrid era “más que un club”, era el mejor club, no sólo ganaba en fútbol; arrasaba en baloncesto, siendo el equipo más laureado del mundo; tenía una sección de voleibol y también se llevaba las ligas de calle; e incluso una sección de atletismo. Soy del Real Madrid, aunque cada vez el fútbol me interesa menos, y siento envidia por la estructura deportiva del F.C. Barcelona, y no por el mal llamado deporte rey, que debería llamarse el deporte dictador, sino porque también tiene baloncesto, hockey sobre hielo, hockey sobre patines, balonmano, fútbol sala, béisbol, atletismo, rugby…

En esta época en la que vivimos, donde todo el deporte se resume en uno, fútbol, reivindico la vuelta del Torneo de Navidad del Real Madrid de baloncesto. Quizás una buena iniciativa sería hacer algo similar a lo que se hace con los torneos de fútbol siete que se celebran en Navidad, en Semana Santa o verano, y es hacer una competición amistosa para jóvenes promesas, con los mejores clubes españoles y las canteras europeas más fructíferas. Y, por supuesto, venderlo a alguna cadena de televisión, de esas que rellenan con retransmisiones en diferido de cualquier deporte a todas horas, porque no saben qué poner.

martes, 21 de diciembre de 2010

YANNI, EL AMO DE LOS SINTETIZADORES

El otro día cuando hablé de Jerry Goodman, de Ramón Trecet y su programa Diálogos 3, olvidé comentar que en aquel ligero repunte de la música New Age, entre finales de los 80 y comienzos de los 90, imagino que Ramón Trecet tendría mano en Televisión Española porque consiguió un espacio en esa cadena donde, de algún modo, ilustraba con imágenes a los artistas y grupos más sonados y prestigiosos. El programa se llamaba Música NA y lo echaban en la primera cadena los sábados de madrugada, a eso de las doce y media o la una.

Este programa nos traía reportajes y entrevistas de producción propia, y el equipo de este programa se desplazaba generalmente a Estados Unidos, cuna de la música New Age. Y es que me acordé de una de estas entrevistas en su estudio de grabación, del compositor que traigo a colación esta semana, se trata del griego Yanni.

Seguramente lo que siempre me llamó la atención de Yanni fue su estética, un tipo con pelo larguísimo y buen mostacho, por cierto que ahora con unos añitos de más se ha quitado el bigote y se recortado la melena. Estos y otros detalles y, por supuesto, su música lo hacían ser un compositor singular.

De algún modo, Yanni tiene el honor de ser de los artistas, que se cuentan con los dedos de una mano, que le dio la vertiente moderna, de vanguardia a la New Age, por ser de los pioneros en utilizar el ordenador. De hecho, cuando hablamos del sintetizador, un aparato electrónico que fabrica música artificialmente a través de un programa de software, este músico fue de los iniciadores de esta corriente.

Alguien podría ser crítico con esta música por los atajos para construirla. Yo siempre he sido de la opinión de que hay que mirar el producto final y si este es bueno o genial, queda sobradamente justificada su concepción. La música de Yanni siempre me ha inspirado mucho, me ha transportado a otro lugar, me ha liberado de tensiones y conseguir esto aunque sólo sea por unos segundos ya es válido para que yo califique el legado de Yanni como excepcional.

Casi en paralelo a la potencia musical de Yanni, aparecen detalles en su vida que, dentro de las limitaciones de este tipo de música, algo a lo que siempre aludo, hacen que este griego sea algo famosillo.

Para empezar diré que como ocurre como muchos otros compositores modernos, tiene una formación de base que no tiene relación exacta con la música. Habiendo sido un joven atlético y excelente nadador en su Grecia natal, Giannis Chrysomallis llegó a batir el récord de 50 metros libres en su país; con 18 años, en 1973, decide irse a estudiar Psicología a Estados Unidos, y termina con éxito sus estudios.

Aunque comienza a alternar su carrera intelectual con la musical, la primera curiosidad de Yanni es que jamás realizó estudios musicales y desde un inicio se creó su propio sistema de notación, es decir, que le dan una partitura y como si le dieran un texto en chino. Pero eso no le impidió el hacerse poco a poco un sitio en el panorama musical de la New Age.

El hecho por el que es más famoso, es por su relación con la actriz Linda Evans una de las protagonistas del culebrón estadounidense Dinastía (foto que acompaña esta entrada). Quiero aventurarme a pensar que con una guapa y millonaria mujer, su cuenta corriente le permitió investigar todo lo que se le ocurría en su estudio de grabación. Y la verdad es que hizo auténticas obras de arte. Quizá trascendiera por encima de cualquier trabajo su “Live at the Acropolis”, grabado en 1993 en directo, en el Teatro Herodes de Atenas, un vestigio de la arquitectura griega clásica, que con no pocos problemas las autoridades griegas accedieron a permitir. Se convirtió en su seña de identidad y todavía hoy se pueden ver en Internet con facilidad imágenes de aquel mítico concierto.

Es posible que las mujeres pudieran encontrar atractivo a Yanni, yo de hombres no entiendo, pero lo cierto es que un aura de seductor y rompecorazones recubre a este artista; pues después de cortar con Linda Evans tras nueve años de relación; probó suerte con otra bella mujer, la modelo boliviana Silvia Barthes. En 2006 ella le acusó de maltrato y rompió esa relación, por cierto, la causa se archivó. Se comenta que esta ruptura le afectó profundamente al griego y que a partir de ahí tenemos un nuevo Yanni, de hecho, su afeitado de bigote y recorte de melena se le atribuye a este incidente.

Sin duda, Yanni es uno de los grandes de la música New Age, millones de personas han escuchado su música alguna vez a través de sintonías, anuncios..., otra cosa distinta es que se la sepa atribuir. Yo me quedo con tres perfectas canciones para acompañar una tarde lluviosa al calor de una lumbre y leyendo un buen libro: “Nostalgia”, “Standing in motion” y Within Atraction”.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

"EL TEMIBLE BURLÓN", DE ROBERT SIODMAK

Bueno, pues ya estamos en la antesala de la Navidad, época en la que podemos estar más con la familia y amigos, y por supuesto, también tendremos algo de asueto para disfrutar del calor del hogar.

Con el recogimiento navideño e invernal da más gusto y morriña el recordar viejas películas que perduran en el tiempo, de esas que te trasladan a tu niñez, cuando toda España veía programas míticos como “Primera sesión” o “Sesión de tarde”.

A buen seguro que el “El temible burlón” fue una de ellas, con todos los ingredientes de un clásico para toda la familia: aventura, acción, golpes cómicos, colorido, idilio, guión impecable..., en unos cien minutos vertiginosos que dura este fabuloso trabajo dirigido en 1952, por otro sonoro nombre de la historia del cine como Robert Siodmak.

Varias reflexiones merece esta bonita película de las de toda la vida, empezaré por la primera, ya que el título original poco tiene que ver con lo que la producción de este largometraje habría pensado ni siquiera como traducción factible. “The crimson pirate”, el nombre original, podría traducirse como “El pirata escarlata”. Se seguía la moda en España de cambiar los nombres de las películas, colocando uno más rebuscado para que sonara comercialmente mejor. Desde luego lo entendería si la proyección se hubiera pasado sólo por la televisión, pero el fenómeno del televisor en color apenas lleva consolidado en nuestro país una treintena de años. Así que los que ya somos algo maduritos vivimos nuestra niñez con tele de blanco y negro, y esta película la vimos en ese formato (alguna vez hablaré sobre cómo vi por primera vez la tele en color), por tanto, perdiéndonos la vivacidad cromática del tecnicolor, que ahora con los años puedes visionar tranquilamente en DVD y disfrutar del impresionante vestuario multicolor de todo el cuadro actoral.

La película la llena por sí mismo un Burt Lancaster en plenitud de facultades, y es que tal vez no se conozca demasiado su faceta circense, pues en su juventud estuvo dedicado a esta noble profesión, consagrado a las acrobacias y las piruetas. No fue extraño verlo, por tanto, en sus inicios, afrontando papeles en los que había que enseñar torso, musculatura y una serie de dotes gimnásticas. Es más, su lugarteniente en la película, Nick Cravat, que hace un cómico papel de mudo, era también su inseparable amigo en los espectáculos circenses, donde formaban el grupo “Lang y Cravat”. Ni que decir tiene que con tan cualificados artistas la abundancia de escenas acrobáticas y sin dobles, es una constante en la trepidante hora y media larga que dura esta producción.

Una sospechosa coincidencia se puede descubrir sin ser un gran cineasta al visionar esta película, y es que la escena de la barca a la que el protagonista de “Piratas del Caribe: la maldición de la Perla Negra”, el pirata Jack Sparrow consigue avanzar por el fondo del mar con la misma dada la vuelta y respirando de la bolsa de oxígeno que se forma entre el agua y el fondo del bote; está copiada literalmente de esta película, donde Lancaster y Cravat acompañados del viejo Profesor Prudence que es el que da la idea, consiguen llegar a la orilla, donde hay muchos botes del mismo tipo boca abajo, produciéndose una de las escenas más cómicas de la película.

De todo tiene, como decía, esta película; precisamente ese viejo profesor al que antes citaba es una especie de MacGyver, capaz de inventar toda clase de ingenios tales como cañones, metralletas, un submarino o un globo aerostático, con materiales de andar por casa.

La trama es absolutamente figurada, ya que se supone que los piratas surcaban por el Mediterráneo y atacaban a todo bicho viviente que contara con joyas, dinero o metales preciosos entre sus mercancías. Es más, no puede ser más imaginada la historia por cuanto que el Capitán Vallo (Burt Lancaster), intenta colaborar con los pueblos costeros para liberarlos de la tiranía británica que curiosamente se representa con banderas misteriosamente hispanas, de Castilla, León y Aragón, y las damas inglesas van ataviadas con un singular complemento español como es la peineta.

No me puedo resistir a recomendar esta joyita del séptimo arte para pasar un rato agradable en una de estas tardes de Navidad, en compañía de la familia, disfrutando de los Vallo, Consuelo, Bellows, el Barón Gruda, El Libre, Pablo Murphy... El divertimento y las carcajadas están asegurados.

jueves, 9 de diciembre de 2010

LA SIERRA DE SEGURA, UN LUGAR PARA DESCONECTAR

En el que se ha convertido en un fin de semana algo movido, por no utilizar otros calificativos, por lo de los controladores y una serie de fenómenos climatológicos que cada vez nos sorprenden menos, el tiíllo de la foto con su perra entre la nieve, ha estado en la Sierra de Segura, una costumbre que ya llevo repitiendo con unos buenos amigos de Jaén desde hace ya varios años, en los que vamos ubicándonos en diferentes puntos, sin repetir nunca, analizando y escudriñando los singulares y bellos parajes de estas tierras, mientras disfrutamos del calor de una fogata, buenas viandas y juegos de mesa en familia.

Quizá lo bueno que tiene la Sierra de Segura es que siempre está a la sombra de la más turística y nombrada Sierra de Cazorla. Y digo lo bueno, aunque les pese a los serranos que lógicamente les gustaría mayor desarrollo turístico y mayor divulgación de sus encantos allende sus fronteras. Pero, desde luego, para los que vamos por allí de vez en cuando, y amamos esa zona, porque como buenos jiennenses sentimos que es parte de nosotros, nos place ver que todavía está virgen, que hay lugares recónditos, intrincados, perdidos, donde el progreso todavía no ha llegado y difícilmente llegará alguna vez.

Eso es lo que más me gusta de la Sierra de Segura, que no hay masificación, que te puedes adentrar por un camino de cualquier bosque de pinos y te puedes perder durante varias horas, con la seguridad de que no vas a ver a nadie y de que no vas a escuchar ningún sonido que recuerde a la civilización, todo lo más te puedes sorprender con algún animalillo que no haya captado tu presencia y se te cruce para tu júbilo y regocijo. Desafortunadamente estos días no tuve la suerte de ver prácticamente nada, todo lo más una curiosa ardillita.

Y como decía al principio, en este fin de semana tan movido en lo climatológico, también hemos tenido de todo en la sierra: nieve, lluvia, viento y sol. Una dificultosa carretera nos llevaba el viernes al Cortijo de Lope, un enclave en el término municipal de Segura de la Sierra, y a unos seis kilómetros de dicha localidad. La nieve caída en las últimas horas comenzaba a convertirse en hielo y había que manejar el coche con mucho tacto; superado ese escollo llegó la tranquilidad y los buenos alimentos que los hubo efectivamente.

La mañana del sábado, de donde extraigo la foto que acompaño a esta entradilla, ya forma parte de los recuerdos imborrables de mi vida. El sol acompañaba y la temperatura era suficientemente baja para dar tregua a los cerca de veinte centímetros de nieve virgen que había en algunas zonas, lo que nos permitió disfrutar de todo tipo de juegos inocentes e infantiles sobre ese manto blanco. Sí que había estado en la nieve antes, pero en Sierra Nevada; esta nieve segureña ha sido todo un regalo, un milagro a apenas un par de horas de coche de nuestros domicilios.

Entre idas y venidas, e intentos de dar paseos, limitados por la lluvia pertinaz, lo que sí ha dado tiempo es a respirar aire puro. Recuerdo a un profesor del colegio que decía que un día en el campo equivalía a tres días de vida extra; así que hemos cargado las baterías pulmonares, mientras intentábamos desconectar (suena a tópico pero es la pura verdad) de los problemas más o menos importantes que tiene la rutina vital.

El despoblamiento de la Sierra de Segura es un hecho generalizado, las posibilidades de desarrollo de una comarca con unas ciertas dificultades orográficas, separada de grandes núcleos de población y cercenada por la poca rentabilidad en la explotación de los recursos que otrora la hicieron pujante, me llevan a hacer la reflexión del valor y el cariño que tienen que tener los segureños a su tierra, porque en muchos lugares se hace cada vez más complicado vivir.

La visita en este año y en otros anteriores a aldeas en las que resisten unas pocas familias me lleva a pensar que esas gentes viven con unas prioridades diferentes a las que tenemos en una ciudad, y eso es bueno, porque muchos de los adelantos y avances que tenemos quedan en un segundo plano y resurgen otros valores que tienen mayor coherencia con el espíritu: la subsistencia, el conocimiento del entorno, la vida en familia, el apego hacia las cosas pequeñas del quehacer cotidiano.

Cuando comentaba que en algunos lugares el desarrollo jamás va a llegar, me imagino a un número reducido de familias de nuestro país que han vivido y vivirán sin luz eléctrica, apenas apoyados quizás ahora, con algún grupo electrógeno o con placas solares, como la casa en la que estuve este fin de semana. Para estas gentes los conceptos de planificación, de ahorro, de bienestar, del tiempo en suma, son muy diferentes a lo que entendemos los urbanitas.

Hechos tan cotidianos como salir a comprar el pan, se convierte en un ejercicio complejo en zonas aisladas de la Sierra. El coche, siempre lleno de combustible, ha venido a facilitar el acceso a toda una serie de modernidades, pero las pocas familias que resisten en diversas aldeas de la Sierra de Segura, saben que en una urgencia tienen que contar con que hay unos minutos o unas horas que son insalvables para acceder al primer punto donde está ese recurso.

En todo caso, la extensa sierra segureña es un lugar perfecto para perderse, para disfrutar de estampas bellísimas, tiene tantos y tantos sitios que visitar, que por mucho que hayas ido siempre te falta algo por ver. Esta temporada me quedo con el entorno de Las Acebeas, un enclave del que había oído hablar en alguna ocasión, pero que he podido disfrutar en persona. Un maravilloso paseo en cuesta en el que te adentras en una sucesión de pinos y arbustos de sierra, acompañados por unos impresionantes acebos, más propios del norte de España, así como avellanos en esta época del año sin su hoja característica, y todo salpicado con hiedras, hepáticos y el rosal silvestre (escaramujo). Además, aderezado con un denominador común en este puente, el agua, que ha venido a enseñorear las magníficas instantáneas que nos ofrece un paraje sin igual como es la Sierra de Segura.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

JERRY GOODMAN Y DIÁLOGOS 3

Si, de algún modo, hay alguien al que le tenga que agradecer el que sea un enamorado de la música New Age (me gusta más este término en inglés que el más genérico en español “nuevas músicas”), es a Ramón Trecet, un periodista algo histriónico y polifacético, relativamente conocido por comentar partidos de baloncesto y otros deportes y, sobre todo, por su manera de narrar dichos encuentros, algo socarrona, quizá pedante, pero sin duda, diferente.

Lo que tal vez no conozca tanto la gente es que el bueno de Ramón, también ha pasado a la historia por haber sido uno de los grandes pioneros de la introducción de la música New Age en nuestro país. Ramón Trecet inició en 1986 un programa mítico para los que lo escuchábamos, denominado Diálogos 3, emitido por la selecta Radio 3 de Radio Nacional de España, precisamente emisora que con una línea muy uniforme ha ido apoyando a las músicas poco convencionales y que se salen de los circuitos más comerciales.

Diálogos 3 nos acercó durante más de veinte años de emisión, ya que lo liquidaron en 2008, a la música New Age. En aquella época de su nacimiento el bagaje de esta música era balbuciente y en España, concretamente, su conocimiento era limitadísimo. Coincidió la puesta en marcha de este programa con una época en la que muchos universitarios nos creíamos muy cultos por escuchar músicas a las que no teníamos acostumbrado el oído: melódicas, muy trabajadas, con aparición de apoyos electrónicos y computadoras, agradables en suma.

Y, sobre todo, coincidió con que el programa comenzaba a una hora en la que podías relajarte y dedicarte un tiempo al placer de escuchar buena música; a las tres de la tarde, después de comer. Recuerdo que estudiábamos con Diálogos 3 de fondo, porque era y es un tipo de música no invasiva que te permite realizar otros quehaceres sin alterarte en exceso, y lo que más recuerdo y me sorprendo de ello es que era capaz de sacrificar mi siesta.

Como digo, comenzó a ser un fenómeno un tanto limitado para intelectualillos, o sea, que iba bien según el círculo, decir que escuchabas Diálogos 3. Quizá con el tiempo todo vuelve a su ser y mucha gente que era seguidor del programa, no es que olvidara la música New Age, sino que convino en que estaba bien pero que tampoco era como para perder la cabeza.

Tenía mérito lo de Trecet en sus inicios, cuando no existía Internet y la información sobre estas músicas alternativas era muy reducida; tendría que buscar a través de publicaciones específicas en Estados Unidos, país que siempre ha sido, de algún modo, el abanderado de la New Age, encontrando la mayor parte de los discos en dicho país, pues dudo que en España hubiera alguna tienda especializada que trajera discos de este tipo, a lo sumo en Madrid o Barcelona.

Diálogos 3 daba para mucho en esa hora de radio diaria, de lunes a viernes, y Ramón Trecet traía melodías ensoñadoras, poesía hecha música, y además se documentaba, hacía una breve reseña de los autores, estaba muy puesto y no era el irónico comentarista deportivo, ni mucho menos, era tan pausado y sensible como la misma música que acertaba a presentarnos.

Comenzaron, por tanto, a llegarnos nombres de compositores y músicos que jamás habíamos oído hasta ese momento. Y era una música perfectamente elaborada, era como la música clásica del siglo XX.

Creo que escucharía muchísimas horas del programa y de sus contenidos, y al final, como indicaba antes, con el tiempo, muchos de los que hablaban y se jactaban de ser habituales de Diálogos 3 y de la música New Age tiraron la toalla. Yo continué, no porque me considere más que nadie, simplemente porque me gustó y me gusta esta música, y prefiero poner un disco de Jerry Goodman, a los éxitos comerciales más actuales.

Pues precisamente quería hablar de Jerry Goodman, porque entre esas incontables horas de radio, al final uno va separando el grano de la paja, y se le van quedando en la mente una serie de temas que ya son para toda la vida. Eso es lo que tiene Goodman, un virtuoso del violín eléctrico, que en mitad de una trayectoria artística dedicada al rock progresivo y al jazz fusión, se hizo un sitio en la New Age.

Y es curioso porque en este apartado musical, en el de la composición, ha sido poco prolífico. Sorprendió en 1985 con un pedazo de disco titulado On the Future of Aviation, y el tema que daba título a este trabajo es el que más ha trascendido porque es casi un emblema de la New Age.

Este violinista nacido en 1949 en Chicago ha estado siempre más ligado a otras corrientes musicales, antes y después de su incursión como compositor. En este apartado sólo tiene tres discos, el anteriormente señalado, después hizo en 1986 otro titulado Ariel, y en 1987 concluye esta producción musical especial con It´s Alive, una suerte de trabajo donde interpreta en una sesión en directo, temas de los dos discos anteriores y algún que otro temilla de nuevo cuño.

Y ahí concluye la carrera en solitario de Goodman. Me aventuro a hacer mi hipótesis sobre esta corta andadura. Imagino que, como todo en esta vida, no le vería color a tanto trabajo de composición para luego sacarle poco rendimiento económico, por mucho que Estados Unidos estuviera a la cabeza de esta vanguardista corriente musical. Por otro lado, el tema On the Future of Aviation, de su primer disco fue tan sencillamente genial, tan buenísimo, que cualquier otra composición que llevara a cabo, a duras penas podría acercarse a esa calidad. Así que tuvo una aventura en solitario bastante efímera. Aunque lógicamente después ha seguido tocando en varios grupos con su particular estilo de tocar el violín e introduciéndolo en muchas composiciones modernas de rock progresivo, acústico y sinfónico.

En todo caso, este flirteo de Jerry Goodman ha pasado a la historia de la música New Age. Este como otros, estuvieron durante varios años madurando esta corriente artística, luego Enya, también genial, pero más comercial, recogería los frutos, cuando ya se estaba haciendo música tan particular, tan privada, desde un par de décadas atrás.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CORRER COMO UN NEGRO PARA VIVIR COMO UN BLANCO

Hace unos años, el futbolista camerunés Eto´o pronunció esta frase que, de vez en cuando, recuerdan los medios de comunicación, para reflejar la controvertida personalidad del astro africano.

Me da pie esta sentencia para hacer una reflexión acerca del racismo, la xenofobia o el rechazo social que, en mi opinión, se utilizan como sinónimos cuando en realidad creo que no lo son.

Por las razones históricas que sean, se desprendía de las palabras de Eto´o una realidad, y es que una parte de nuestro planeta, donde precisamente viven personas de raza blanca, está más desarrollada económicamente que el resto del mundo; aunque es evidente que estamos presenciando un febril cambio en estos roles con la entrada brutal en los mercados de los gigantes China, India y Brasil. En cualquier caso, pensar que estas desigualdades históricas son fruto de la mayor o menor capacidad de las razas para explotar sus recursos y generar riqueza es, sin duda, una deducción mezquina y con tintes racistas, y no es infrecuente escuchar afirmaciones de este tipo.

Hace veinte o treinta años, en mi niñez o en mi juventud, no tenía la sensación de que la sociedad se planteara demasiado el papel de su propio color de piel. Es evidente que en este mundo cada vez más global y donde particularmente en España hemos asistido a una masiva inmigración de ciudadanos extranjeros, por cercanía, idioma o afinidades culturales y sociales; hemos ido observando como las diferentes sociedades nacionales se van radicalizando y se detectan no pocos problemas de relaciones entre individuos de diversas etnias.

Lo cierto es que analizando fríamente la raíz del racismo, la reflexión no puede ser más desalentadora. Por un lado, nos creemos superiores por tener tal o cual color de piel, eso es racismo y, a la par, nos repugna, nos asquea, nos provoca odio, aquellas personas que no comparten nuestra piel, eso es xenofobia. Vuelvo al principio, el pensar que una sociedad ha avanzado más que otra, porque los individuos de tal o cual color de piel están más capacitados o son más aptos para levantarla, superando todo tipo de adversidades, es poco menos que tomar un rábano por las hojas.

Como es obligación de los medios de comunicación, cada día nos despachan con noticias impactantes, con catástrofes, problemas, asesinatos, accidentes, generalmente la parte reservada a buenas noticias es muy reducida. Como no puede ser de otro modo, el fenómeno del racismo y la xenofobia están a la orden del día, y cada semana tenemos algo nuevo, la última noticia que recuerdo es la de los insultos a un jugador italiano de raza negra (Balotelli) en un partido internacional en Rumanía; igualmente este verano todos hemos podido ver la campaña promovida por el gobierno de Sarkozy para deportar a familias de gitanos rumanos a su país.

Esta sucesión inacabable de noticias, sólo he puesto un par de ejemplos al azar, me lleva a considerar si realmente nuestra sociedad, particularmente la española, es racista (se siente superior) y/o xenófoba (odia y le repugna lo diferente). Pues sinceramente pienso que quitando esos grupúsculos de tendencias neonazis o fascistas, hay una gran parte de la población que no tiene estos sentimientos.

Lamentablemente en los últimos años se ha tendido a confundir el racismo y la xenofobia con el rechazo social. Y llamo rechazo social a la reacción de la sociedad ante conductas antisociales o modos de vida que se salen de lo socialmente aceptado. No estoy diciendo que el hecho de ser diferente suponga rechazo, sino que determinadas personas, y ahí se incluyen muchas que viven en la marginalidad, no han querido o no han podido integrarse plenamente en la sociedad; el hecho de que no hayan podido me merece una cierta indulgencia, el que no hayan querido justifica, sin duda, ese rechazo social. ¿Qué ocurre? Que la sociedad está rechazando por esa falta deliberada de integración, pese a las posibilidades que se le ofrecen, a personas que pueden ser de otras razas y que no quieren integrarse; para mí eso es rechazo social, para otros puede ser racismo.

Lo que no se nos puede olvidar nunca es que es razonable que familias normales, no estoy diciendo perfectas, no estoy diciendo blancas o negras o verdes, sólo familias que intentan ganarse la vida honradamente, mandan a sus hijos al colegio y pagan sus impuestos religiosamente, tienen derecho a protestar y a quejarse, porque dificultades todos pasamos y más de uno se encoleriza cuando observa como otros viven al margen de cualquier ley y tienen más facilidades que tú y hasta tienen mejor televisión que tú, mejor coche que tú y mejor aire acondicionado que tú.

Mi buen amigo Pedro Pérez de Jaén, buen seguidor de esta bitácora, ha asistido en primera persona como al lado de su bloque normal de familias normales de clase media, se construyó hace unos años un monumental bloque para familias con pocos recursos; la dificultad en la elección de las familias es enorme, es complicado acertar siempre. Las familias trabajadoras del bloque de Pedro se quejaban de antemano porque sabían que podían tener problemas en el futuro. El bloque se construyó y los problemas surgieron, no todas las nuevas familias causaron ni causan problemas, probablemente la mayoría con problemas laborales y económicos tratan de apañarse y avanzar, pero basta con que haya unas pocas manzanas negras para que se genere un mal ambiente. El garaje subterráneo donde podían haber dejado su vehículo todas esas familias necesitadas tuvo que cerrarse por parte del Ayuntamiento de Jaén al poco tiempo porque se utilizaba de cualquier cosa menos de garaje, llámese depósito – taller para destripar coches robados, llámese estercolero, llámese trastero de bártulos inservibles.

No sé si está pareciendo algo radical esta reflexión que hoy hago, pero nunca me he sentido racista ni xenófobo y sí he asumido que tengo un cierto rechazo social a esas personas que viven al margen de nuestra sociedad porque quieren, y lo vuelvo a decir, me da lo mismo que sean blancos, negros, verdes, azules, gitanos, árabes, eslavos o chinos. Siempre he pensado que precisamente entre esas personas inadaptadas por convicción hay más xenófobos que en el resto de la sociedad, ahí existe un claro germen de xenofobia, no porque se sienten superiores, sino porque odian a esa sociedad que le está constantemente tendiendo la mano.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

"LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS", DE ANTONIO ROMÁN

Ya lo comenté hace algunas semanas cuando hablaba de las historias de Roberto Alcázar y Pedrín, que somos un país que, en muchas ocasiones, se avergüenza de su propia historia. Ni la historia de las victorias, esas de hace algunos siglos cuando España tenía un imperio en el que no se ponía el sol y que siempre recuerda en algunas de sus obras y en sus artículos el escritor Arturo Pérez Reverte; pero tampoco la historia de las derrotas, esas que nos hicieron hincar la rodilla en tierra y doblegarnos ante nuestros enemigos.

La película que traigo a colación nos habla de una historia épica en medio de la derrota. Los últimos de Filipinas fueron un grupo de soldados que se mantuvieron atrincherados en la Ermita de San Luis de Tolosa en Baler, un punto de la costa oriental de este país asiático, en la época en que era una colonia hispana, soportando el asedio de las tropas locales, aguantando estoicamente sus ideales y la fidelidad a su patria, hasta el límite de la muerte de algunos miembros de ese destacamento; aun cuando les habían mandado varias comunicaciones acerca de que España, sus políticos, ya habían claudicado ante Estados Unidos. Por el Tratado de París de diciembre de 1898, nuestro país “cedía” oficialmente Filipinas, Guam y Puerto Rico, a cambio de veinte millones de dólares a los norteamericanos.

La historia en sí que relata la película ha quedado prácticamente olvidada en nuestros días. En el momento de su estreno, en 1945, en un contexto de posguerra y de necesidad de aferrarse a valores patrios, la propaganda franquista de la época propugnó la producción de películas en las que se ensalzaba el carácter recio del español. Sin ser una gran película (participan entre los actores más recordados, Fernando Rey, Tony Leblanc y Manolo Morán), sin grandes alardes, con algún que otro detalle cómico, con mucho de fervor patriótico, ni que decir tiene que “Los últimos de Filipinas” fue todo un éxito en los cines de hace más de medio siglo.

Me interesan menos estas disquisiciones y sí el trasfondo épico que tiene la historia en sí. Este destacamento de sesenta unidades estuvo fortificado durante casi un año, del 30 de junio de 1898 al 2 de junio de 1899, con un armamento limitado, con escasos víveres, sufriendo enfermedades y alguna que otra deserción. Lo que le da el carácter extraordinario a esta historia es que tanto las tropas y el gobierno provisional filipino, como autoridades estadounidenses, intentaron a través de misivas hacerles entender que tenían que deponer las armas pues desde diciembre de 1898, Filipinas había dejado de ser una colonia española. Siendo instigados por grupos locales, siguieron resistiendo por lealtad a sus principios y comunicaron que no abandonarían su posición a menos que se lo ordenase su referente, el Gobernador de Filipinas, el General Diego de los Ríos.

De los Ríos fue lógicamente el último Gobernador español de ese país, el cual ya se encontraba en España desde principios de 1899. Él mismo se encargó de mandar a un emisario, el Teniente Coronel Cristóbal Aguilar y Castañeda para llevar de vuelta a Manila y posteriormente a España al destacamento. Tampoco creyeron a este mando que dejó, eso sí, unos cuantos diarios de la época para que verificaran que la información que les había dado era cierta y que debían ya, deponer su actitud. Leyeron los periódicos y se convencieron de que todo estaba manipulado por los filipinos (ahora con los medios que tenemos hubiera sido enormemente fácil). A los pocos días releyendo esos diarios el que era el mando superior en este sitio, el Teniente Martín Cerezo (el Capitán del destacamento había fallecido unos meses antes por enfermedad) descubre una pequeña leyenda en la que se informa del traslado a Málaga de un Teniente amigo suyo, que le había señalado que después de la guerra pediría ese traslado; persuadido ya sí, de que esa noticia no podía haber sido alterada a conciencia, fue entonces cuando firma definitivamente su capitulación.

Bueno, pues una bella historia de carácter, de raza, de tenacidad, del valor de lo español, que no hay que avergonzarse de esto. Permítaseme decir que esto también es memoria histórica, no sólo la que viene referida a la Guerra Civil y a un solo bando, que está bien que se recuerde este momento duro de la historia de nuestro país, pero otros como el de los últimos de Filipinas también. Y con ello tantos y tantos episodios que quedarán en el olvido más absoluto.

Cuando llegó el año 1998 el recuerdo de nuestros medios de comunicación y de nuestros políticos hacia este acontecimiento o hacia el mismo en sí de la derrota en Cuba y las cesiones de Filipinas y Puerto Rico, pasó casi de soslayo. Qué bonito hubiera sido celebrar este centenario, retomando el guión de esta película y haber hecho una superproducción para rememorar una de los pasajes más apasionantes de nuestra historia, porque sinceramente creo que había y hay mimbres para construir un relato cinematográfico excepcional, que bien pudiera haberse titulado “Los héroes de Baler”.

Por cierto que de los sesenta españoles que resistieron en la Ermita de San Luis de Tolosa durante casi un año, quince murieron de disentería o beriberi, dos murieron en los combates con tropas locales, seis desertaron y dos fueron fusilados por intentar desertar. Por tanto, al final volvieron a España, treinta y cinco héroes, de casi todas las regiones, uno de ellos era nuestro comprovinciano, el soldado Felipe Castillo Castillo, natural de Castillo de Locubín, donde tiene una calle con su nombre, y espero y deseo que siempre haya sido ensalzado, honrado y agasajado por sus convecinos por lo que fue, un héroe de nuestro país.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

STRATEGO ES, SIN DUDA, TU JUEGO

Ya lo he comentado en alguna ocasión que tengo una razonable deriva sentimental hacia los juegos de mesa. La época, como también apunté la semana pasada, es propicia para sacar estos juegos de baúles, armarios, estanterías y pasar agradables horas con amigos y familia.

Por otro lado, se acerca la Navidad, momento de celebraciones, dispendios y regalos, ¡ay, cuánto sufro con los regalitos! Sí, porque soy bastante malo para regalar, nunca acierto y no lo paso bien en esos días frenéticos y cruciales en los que tienes que ir a la caza y captura de los múltiples regalos navideños. ¡Cuánto bien hizo por el mundo el “amigo invisible”!

En fin, yo continuaré con mis problemas existenciales hasta que las vacaciones navideñas nos digan adiós y haya fracasado una vez más en mis elecciones de obsequios y agasajos. Por si acaso a alguien esta en mi misma tesitura, me atrevo a sugerir un juego de mesa muy interesante, que hará las delicias de grandes y pequeños, siempre y cuando, eso sí, los destinatarios tengan gusto por este tipo de juegos, es decir, los de toda la vida, nada de tecnología punta.

Es curioso porque hace apenas tres o cuatro años, estaba buscando el juego que hoy traigo a colación, “Stratego”, todo un clásico de mi niñez y adolescencia, cuando mi compañera de trabajo y buena amiga Eva Ruiz, me lo localizó en Linares y a un precio muy asequible. Así que fui raudo a conseguir este añorado juego.

La selección del título de hoy para este articulillo no es gratuita, y es que el anuncio de la tele de hace cerca de tres décadas (que también en aquellos años nos machacaban en televisión con publicidad de juguetes en la previa navideña), tenía el siguiente eslogan: “Stratego es tu juego”.

Nunca tuve este juego de niño, pero sí que recuerdo haber jugado bastantes veces; era relativamente conocido entre niños y adolescentes. Tengo un recuerdo gratísimo de una tarde que estuve jugando en Begíjar con un amigo de la infancia, Víctor, fue el 21 de diciembre de 1983, ¿por qué me acuerdo? Pues porque ese día decidimos velar armas divirtiéndonos con la estrategia militar, hasta el choque decisivo e histórico del España – Malta en Sevilla, sobran los comentarios.

Pero, ¿qué tiene Stratego? Unas características que lo hacen sumamente atractivo: reglas fáciles, partidas rápidas, mucha acción y diversión asegurada. En un tablero se disponen dos ejércitos de cuarenta hombres cada uno. Cada ejército tiene su cuadro de mando perfectamente definido, es decir, quién manda sobre quién, quién es más fuerte y lo que es más importante en el cuerpo a cuerpo a qué rival vence. Pues tan fácil como saberse el escalafón, o más fácil aún, las piezas van numeradas y el 10 (el mariscal) gana a todas las demás, el 9 a todas las inferiores y así sucesivamente. En caso de empate en el grado militar, ambas piezas se eliminan. Por supuesto, cada jugador desconoce la situación de las piezas del rival (sólo se ve la espalda siempre igual de cada uno de los miembros del ejército) y se va teniendo esa información a medida que avanza el juego, pues a cada ataque hay que mostrar, darle la vuelta a la pieza, de quién se trata.

Y poco más, hay un par de reglas especiales, como que hay bombas inamovibles en el terreno que sólo pueden ser desactivadas por los minadores, y que el espía, un individuo de un grado bastante bajo tiene la excepcional facultad de poder matar al mariscal.

Por último, y lo más importante, el objetivo del juego es conquistar la bandera rival, también inamovible. Con estas premisas, los jugadores disponen sus piezas estratégicamente (lo que le da lógica al nombre del juego) de acuerdo con un plan mental, con el fin de preservar la bandera, defenderla, pero tener también piezas bien colocadas para poder atacar al enemigo y lograr la victoria, o sea, su bandera.

Como digo, las reglas son muy sencillas, hay que pensar mínimamente, acordarse de cuáles son las piezas enemigas que ya se han mostrado, para atacarlas con una pieza de escalafón superior; observar qué piezas se han quedado aisladas, inmóviles, ya que pueden ser las bombas, o más importante aún, la bandera.

Puedo asegurar que niños y jóvenes con los que he podido jugar recientemente, es decir, desde que me compré el juego, han disfrutado muchísimo del mismo; por eso esta es mi humilde recomendación para un buen presente navideño.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

DE PUENTE A PUENTE Y...

No habrá deporte más nacional y patrio que el de irse de puente, o meramente disfrutar del mismo, bueno quizá sí lo haya, la siesta. Por más que la crisis no pare de acechar sobre nuestras cabezas, siempre se habla del puente como un oasis en mitad del desierto de la cotidianidad y del bullicio rutinario. Los medios de comunicación se hartan de advertirnos de la mayor afluencia de vehículos en nuestras carreteras y de que tenemos que extremar las precauciones. Ya digo que ni la crisis se carga los puentes, puede que pase menos gente por ellos, pero que siguen siendo un punto de destino y deseo para los españoles, desde luego.

Pues si hay fechas en el año que me gustan sobremanera, sin lugar a dudas, me decanto por el período que va desde el puente de los Santos hasta el otro puente (acueducto) de la Constitución – Inmaculada. A mí siempre me ilusiona cuando empezamos una nueva estación, especialmente esta, cuando dejamos el calor y tenemos que sacar la ropa de invierno. Ese fresquillo te obliga a desempolvar las estufas, a encender chimeneas, calefacciones, es un reclamo para hacer nuestros hogares más acogedores, para permanecer más en casa, leyendo un buen libro, viendo una película, escuchando música, sacando los juegos de mesa del baúl...

Alguien me dijo no hace mucho una sentencia popular que yo no conocía, para referirse a estas fechas, donde no sólo tenemos un fin de semana largo, sino que por lo desapacible del clima, como este pasado, dan lugar a pronunciarla: “Es un fin de semana de las tres B, bota, baraja, borrego”. La he oído después con alguna variación, cambiando borrego por barbacoa o algo similar, pero no se modifica el sentido.

Si hay algo que tiene lugar en este paréntesis de fechas es que toman cuerpo numerosas costumbres ancestrales que hacen de estas semanas de las más entrañables del año, en mi opinión casi más que la Navidad. Empezamos con la excusa de llevarles flores a nuestros difuntos, para rescatar los dulces tradicionales, ya sea huesos de santo, buñuelos, y lo que es más típico de nuestra tierra, las gachas. Yo, precisamente no soy muy aficionado a ellas, por ser demasiado empalagosas o porque el nombre que le pusieron a este dulce me suena mal, pero ahí están, cada primero de noviembre deleitando a tantos apasionados, extrayendo una sonrisa del que se come el tradicional trozo de corcho y fastidiando también a todas esas personas que sufren las ocurrencias del gracioso de turno, que se dedica a depositar el sobrante en las cerraduras de las puertas.

Y eso, como se va acercando el frío y los fuegos hogareños lo permiten, vienen las castañas, la preparación de mantecados para las fiestas que se avecinan y también las matanzas, ¿cómo no? Sí, ya sé que las matanzas han perdido solera, y ahora es sólo es un reducto costumbrista de las zonas rurales, pero incluso así, no es infrecuente que algunas familias, en las ciudades también, elaboren sus propios embutidos, ya que el acceso a los ingredientes y a la maquinaria para una producción familiar y limitada es relativamente sencillo.

También es el tiempo de las nueces, de los níscalos, de la caza para el que le guste (yo disfruto de comer las piezas que me regala algún que otro amigo), de irse el domingo al campo a hacer una lumbre y comerse unas buenas viandas o las primeras aceitunas aliñadas de la temporada, por supuesto, caseras.

En fin, una época entrañable para hablar, para escuchar, para amar, para la nostalgia, pero también para la alegría.

martes, 26 de octubre de 2010

DICHOSOS CAMBIOS DE EJECUTIVO

El pasado viernes charlaba con mis compañeras de trabajo en el desayuno, momento de interesantes tertulias, acerca de la remodelación ministerial en el Gobierno de nuestro país. Muchas e interesantes reflexiones se pueden hacer al respecto, las mías creo que se salen de lo habitual, sobre todo porque desde mi parcela profesional percibo un punto de vista diferente al que buscan, en este sentido, los analistas políticos.

Sólo un breve comentario sobre este lavado de cara de Zapatero antes de entrar en materia, y es que después de tantos dimes y diretes que ha habido, a apenas año y medio de las Elecciones Generales, el cambio en el Ejecutivo ha sido fuerte y su sentido deberá tener de cara a esos comicios, está pensado con la mente puesta en el futuro. Por otro lado, da mala sensación el que se creen dos ministerios novísimos el de la Vivienda y el de Igualdad hace tan poco tiempo, y de un plumazo se liquidan por mucho que las competencias vayan a otras carteras; al final termina dándole la razón a esos que decían el Ministerio Igualdad, es el ministerio que “igual da”.

Como decía, mi reflexión va más allá de este simple cambio de Gobierno. No sé si será por mi forma de ser, normalmente tranquilo y apacible, que cuando por ejemplo, en mi casa, mi mujer se empeña en cambiar los muebles de sitio cada cierto tiempo, me descoloca un poco y hasta cierto punto me molesta. Con las reestructuraciones ministeriales o de consejerías, me pasa algo parecido. Estás trabajando con una cierta dinámica, conoces gente en tal o cual delegación y por estos cambios, sinceramente a veces incomprensibles, tienes que enredarte en un laberinto para saber adónde y a quién le tienes que mandar ahora aquel papel que ayer sabías a quién se lo tenías que remitir.

Quizá mis pensamientos sean muy simples, pero siempre he pensado en la cantidad de folios, sobres, sellos, cuartillas, carteles..., que se tienen que tirar a la basura o reciclar, porque la nomenclatura de los ministerios o consejerías ha cambiado. Y eso no es más que la punta del iceberg, habrá que considerar traslados de personal, alguna obrilla eventual para la nueva dotación y necesidades de las oficinas, nuevo diseño de las páginas web, nuevos gastos en publicidad..., en fin, podría llenar muchos renglones. Lo que, en definitiva, me lleva a una conclusión, ¿cuánto dinero cuestan las remodelaciones en un Gobierno?

Soy de la opinión de que los ministerios y las consejerías debieran estar fijados por ley, sino para siempre, para un largo período de tiempo, mínimo de dos legislaturas. Es evidente que no es la panacea la creación de un ministerio para solucionar determinados problemas de nuestro país. Se podrían establecer siete u ocho grandes ministerios (igualmente hablo de consejerías), donde se adscribiría todo el marco competencial que correspondiera, y a partir de ahí crear las secretarías de estado, direcciones generales, subsecretarias... con un criterio más racional y especialmente con mayor economía de medios y de personas. En definitiva, sería una forma de entallar el gran volumen, por no decir obesidad, de altos cargos que sufrimos en el Gobierno de la Nación y en las Comunidades Autónomas y, por ende, de despachos excelsos o lujosos vehículos oficiales con sus correspondientes conductores.

En Andalucía es aún más flagrante porque los cambios son frecuentísimos y los propios funcionarios de las consejerías se vuelven locos con estos movimientos de fichas. La Consejería que se encarga de velar por el trabajo ha cambiado de nombre tantas veces que ni haciendo memoria, conseguiría dar en la tecla de lo acaecido en estos últimos quince años. Pero en líneas generales comenzó siendo trabajo y asuntos sociales, luego el trabajo se quedó solo, después parece que la palabra trabajo era muy llana y se utilizó empleo, palabra de origen francés, sonaba más moderno; y con posterioridad se le añadió lo de “desarrollo tecnológico”, como si por el hecho de titular así la Consejería, en nuestra región se estuviera produciendo una revolución industrial. Es como ponerle al Aeropuerto de Granada, “Granada – Jaén”, por más que podamos sentir que es más nuestro no se va a mover de donde está ni una micra y los más de cien kilómetros desde nuestra capital no nos los quita nadie. Por cierto, ahora es otra vez sólo la Consejería de Empleo, mañana no sé.

Por último, me gustaría añadir que para quien tenga dudas acerca de si Zapatero se presentará a las urnas en marzo de 2012 (está claro que no se van a anticipar de ningún modo), lo va a hacer sí o sí. No estoy descubriendo la penicilina, pero es evidente que tiene todos los visos de perderlas, las encuestas actuales de opinión así lo reflejan, por tanto, sería demasiado villano por su parte, lanzar a los leones a un candidato (o candidata) de nuevo cuño, inmaculado en su perfil y que, de buenas a primeras, se enfrenta a las elecciones de la crisis con la vitola de claro perdedor. Por otro lado, en el hipotético caso de que las ganara, un Zapatero quemado por el poder en 2012, se convertiría en un superhombre que pasaría a la historia de España, por haber sido capaz de vencer unos comicios en los que iba a ser la víctima propiciatoria.

martes, 19 de octubre de 2010

ALMUÑÉCAR, UN PUEBLO ANDALUZ EN LA COSTA

He tenido este pasado fin de semana la oportunidad de pasarlo en Almuñécar, gracias a que un familiar mío tiene un apartamento allí, y eso me ha dado pie para hacer algún comentario y reflexión que quedará anotado en la etiqueta de “Lugares”, a modo de recordatorio de que alguna vez he pisado aquellas subtropicales tierras granadinas y siempre me ofrece algún pensamiento, alguna cavilación.

Esta magnífica sociedad contemporánea que es la española, construida a base del esfuerzo de nuestras generaciones precedentes y que por más crisis que nos echen, jamás volverá a ser ni por asomo la que sufrieron nuestros padres y abuelos, nos ha permitido que esa gran franja social de nuestra población, la clase media, haya podido gozar de infancias y juventudes felices, alegres y con escasas o nulas carencias.

Esa gran clase media ha podido, de vez en cuando, tener sus propias vacaciones, ir a la playa y disfrutar de las bondades de la costa, de su clima, de su oferta de ocio, del bullicio, de sus iguales... Para los provincianos de Jaén (dicho esto de forma elogiosa y no peyorativa, pues los jiennenses nos sentimos muy orgullosos de nuestra tierra, aunque nos atribuyan el ser los más fríos y “castellanos” de toda Andalucía) la costa granadina ha sido siempre ese referente, ese destino habitual; las de Málaga y Almería también, pero la costa de Granada por ser la más cercana ha formado parte de nuestros corazones, para muchos de sus vidas.

Tiene Almuñécar esa perfecta conjunción de antigüedad (he tomado una foto de la factoría de salazón de la época romana) y modernidad, de pueblo y ciudad; no es el típico poblacho costero artificial con enormes construcciones de ladrillo para atraer turistas a manta y con escasez de vecinos autóctonos. Eso siempre me llama la atención en las costas, cuando las visitas fuera de la época estival y muchas son una ciudad fantasma, paseas por delante de grandes bloques, donde pueden vivir cientos de personas y las calles están vacías, lúgubres, casi espectrales.

No le pasa eso a Almuñécar, en esta localidad hay vida después del verano, hay actividad, hay ruido y gente por sus calles. Allí te puedes salir de su paseo marítimo y perderte por sus callejuelas estrechas, que podrás tener la sensación de transportarte a otro sitio, a cualquier pueblo andaluz de interior, con sus mismas casas típicas, sus mismas costumbres, sus mismas gentes saliendo a tomar el fresco en las calles, su mercado de abastos de bote en bote, sus tabernas donde se degusta ese marcada deriva de lo masculino, esos hombres jugando a las cartas o al dominó mientras le pegan sorbos a un buen vaso de vino del país.

Como habitante de interior que soy y de pueblo no muy grande, irremediablemente me trastoca, a veces me agobia, el tener como único y exclusivo paisaje bloques de pisos idénticos, por más que la benignidad del clima y lo atractivo del mar y la playa puedan amortiguar esa sensación; pero tarde o temprano intento buscar cómo perderme por las callejuelas de esas zonas antiguas de los pueblos costeros, ya digo a veces no es fácil y en otras directamente es imposible.

Por otro lado, Almuñécar que puede pasar de los 150.000 habitantes en verano (algo más de 27.000 censados), vuelve a su ser pasada la campaña veraniega y esa normalidad te hace apreciar más aún sus bondades. La mayor parte de la oferta continúa, no hay agobios, no hay colas, o sea, hay paz, hay tranquilidad, hay mucho de ese estilo de vida lento del que muchos añoran (movimiento o filosofía slow) en su devenir diario y que, francamente los que vivimos en un pueblo, conocemos bien. Con lo cual aprovechas la costa en toda su inmensidad, la playa, el sol, el clima, todo es más brillante, más natural, energético, es decir, la recarga de pilas que siempre añoramos cuando nos salimos de nuestro quehacer cotidiano, se procesa con claridad en nuestros cuerpos y nuestras mentes.

En definitiva, mi recuerdo para Almuñécar, ese lugar que de vez en vez se cruza en mi vida, que me inspira sentimientos agradables y que espero que en el futuro mantenga su identidad y no se desborde por el afán especulativo que a veces pierde a los políticos.

martes, 12 de octubre de 2010

"EL LADRÓN DE BICICLETAS", DE VITTORIO DE SICA

Hay películas que no pasan de moda por más que hayan pasado más de sesenta años. Esta es una de ellas, más si cabe porque con esto de la crisis actual, te das cuenta que todas las crisis tienen unas características similares sea cual sea la época en que tuvieran lugar.

El ladrón de bicicletas toma cuerpo en la Italia de posguerra, en 1948, a semejanza de lo que estaría pasando en España, aunque en nuestro país iniciada con anterioridad por aquello de que la Guerra Civil fue anterior a la II Guerra Mundial. En una sociedad donde el empleo escasea, el protagonista consigue un trabajo en el que es necesario disponer de una bicicleta para desplazarse por Roma, en este caso para colocar carteles publicitarios.

La mala fortuna se cruza en su camino y en su primera jornada laboral, un grupo de ladrones de poca monta pero bien coordinados le roban su medio de locomoción, y a partir de ahí comienza una odisea, una carrera frenética en la que nuestra desdichada víctima, acompañado por su hijo Bruno trata de buscar afanosamente su bicicleta por una caótica capital italiana, tanto como buscar una aguja en un pajar.

Es un drama social y humano que encarna la desesperanza de la clase trabajadora, y en la que confluye una profunda crítica al sistema. En aquella época darle un corte de mangas al sistema no fue fácil, en España tampoco. Una manera de eludir la censura (España) o un sistema férreo (Italia) era, sin duda, plasmar escenas costumbristas y contar la realidad de forma cotidiana sin necesidad de decir frases palmarias ni circunloquios.

La bicicleta se convierte en un símbolo, el tener y el no tener, el futuro o la depresión, la vida y la muerte; por entonces los coches escaseaban, eran un lujo. Nuestro protagonista Antonio, magistralmente llevado por el actor Lamberto Maggiorani se aboca a formar parte del círculo vicioso de la sociedad, donde él se plantea, en una dolorosa encrucijada moral, convertirse en ladrón para pasar el testigo a otro infortunado.

Siempre llamará la atención del espectador español que de los italianos apenas nos separa el idioma, fijémonos en la forma de ser y actuar, las costumbres, los rasgos, las indumentarias…, no creo que haya país que se parezca más al nuestro, y eso que no tenemos frontera con él. La película nos muestra ese sentir, el bullicio de las calles, la alegría de sus gentes pese a su situación social, la pillería, las acusadas creencias espirituales de la población, a medio camino entre la Iglesia Católica y la videncia, etc. Nada, en definitiva, de lo que nos hayamos olvidado ni en España, aunque estemos en el siglo XXI.

Deja muchos mensajes esta producción, pero aparte del que más claramente quiere dejarnos su director De Sica, que es ni más ni menos que la desesperanza del ser humano ante su destino en su sociedad opresiva; hay uno muy interesante que da para reflexionar en estos momentos de fuerte depresión económica. En un momento de la acción, cuando Antonio trata de buscar ayuda de un amigo basurero que también se dedica a la farándula, aparece una escena en la que una persona que parece ser sindicalista afirma con rotundidad lo inadecuado de los subsidios de desempleo y la necesidad de obra pública. Yo sé que en estos tiempos que corren cada maestrillo tiene su librillo, y que como pasa con el fútbol, cada uno es en su casa seleccionador nacional. Sin ánimo de ser presuntuoso, hubiera sido interesante que los subsidios actuales se hubieran conjugado con más obra pública, estaríamos pagando a desempleados por trabajar, por ser productivos.

En definitiva, una obra cumbre del neorrealismo italiano, un clásico de los que se enseñan en todos los cursos de cine, la muestra más evidente de cómo una historia simple se puede convertir en una joya del séptimo arte.

lunes, 4 de octubre de 2010

EL AJEDREZ, ¿UN DEPORTE EXTRATERRESTRE?

¿Qué decir del ajedrez? Sin duda, el juego de mesa por excelencia, que ha sido elevado a la categoría de deporte ciencia y, desde luego, sus practicantes están considerados a todos los efectos como deportistas.

No obstante, aunque estamos ante el juego más conocido del mundo y que un porcentaje muy alto de la humanidad juega o ha jugado alguna vez, o al menos sabe cómo se mueven las piezas, los que se dedican a la alta competición son una especie poco común.

Puedo referir esta última frase tan tajante porque como persona nacida y criada en Linares, una de las capitales mundiales del ajedrez, y buen aficionado a este deporte he tenido oportunidad de ver a un amplio elenco de jugadores, desde las grandes figuras hasta los que malviven acudiendo a torneos menores para financiarse el ir a otro torneo, y así sucesivamente. Sí porque aparte del famoso Torneo de Linares y el haber podido contemplar cómo paseaban por sus calles las estrellas de este deporte, también se celebraba antes un torneo tipo “open”, y hace unos años también tuvo lugar allí el Campeonato de España que igualmente tuve el gusto de presenciar.

Sí, siempre me ha parecido que los jugadores profesionales de ajedrez eran un poco raros; la verdad es que en un deporte de tantísima concentración y gasto de neuronas (por cierto, para quien piense que no es un deporte, la mayoría de los jugadores de élite están delgados, porque se consume mucha energía en una partida que puede durar varias horas), algunos pueden terminar tocados, con tics algo extraños, con conductas infrecuentes y con formas de vestir algo extravagantes, e incluso desaliñados. No obstante, en los grandes torneos, aquellos a los que acceden sólo los mejores, los que viven bien de esto, se les aprecia una cierta distinción, cuidado en el vestir, cordiales relaciones con la prensa y, de algún modo, equilibran la balanza de la normalidad.

Bueno, hecho este preámbulo, me ha apetecido esta semana hablar de ajedrez por dos hechos significativos que han sido actualidad estos días. El primero han sido las recientes declaraciones del Presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), Kirsan Ilyumzhinov, que había calificado a este juego como una creación extraterrestre; y el segundo por la celebración en Rusia, más en concreto en Janti-Mansisk de la Olimpiada de Ajedrez 2010, la mayor competición mundial por equipos de este deporte ciencia que se celebra cada dos años.

Bastantes medios de comunicación se han hecho eco de las palabras de Ilyumzhinov, para mofarse o hacer sorna de esas confesiones tan fuera de tiesto. Pero creo sinceramente que una cosa llevaba a otra. Este señor, multimillonario él y Presidente de una pequeña república rusa (como una provincia en España), la de Kalmukia, no tiene ni un pelo de tonto; y estoy convencido de que quería llamar la atención acerca de la celebración de la Olimpiada y, en consecuencia, de que se hablara de ajedrez en estos días, un deporte que no atrae masas. Por otro lado, tenía prácticamente asegurada su reelección como, como así ha sido, en el Congreso que paralelamente se ha celebrado durante esta Olimpiada, así que de paso se hacía una publicidad gratuita.

A mí particularmente no me gusta cuando alguien se apoltrona en el poder, porque termina creyéndose que el cortijo es suyo, y a este hombre le ha pasado, ya que es Presidente desde 1995 y lo que quede. Y es que el ajedrez como cualquier manifestación humana, no está exenta de polémica y de luchas intestinas. Y sinceramente creo que Kirsan ha contribuido a que haya más disensiones y enfrentamientos.

Particularmente algo que le achaco es que el ajedrez ha perdido el brillo, el espectáculo y el interés que despertaba hace apenas veinte años. Todo el mundo recordará los enfrentamientos por el cetro mundial de los prohombres contemporáneos de este deporte, Karpov y Kasparov. Sus partidas llegaban a echarse en directo en la televisión, o se hablaba de ellas en los telediarios, y hasta algunos medios de comunicación buscaban una infundada mala relación entre ambos, más allá de la fuerte rivalidad competitiva que es innegable que siempre tuvieron. También fueron célebres las sesiones de partidas entre Kasparov y el ordenador Deep Blue, ganó este último aunque siempre se sospechó que la máquina podía haber tenido unos ayudantes muy humanos.

Kasparov anunció su retirada hace unos años, entre otros detalles por desavenencias con la FIDE; Karpov fue perdiendo fuelle, pues era bastante más mayor que su adversario. Con ellos dos se fueron los dorados años del ajedrez que a todos, en algún momento, llamó nuestra atención.

También aquella fue la época en la que el periodista de ajedrez más conocido de la historia de nuestro país, un tal Leontxo García, muy característico por ser alopécico, se encargaba de hacer las crónicas de esas míticas batallas y presentarlo además con un toque muy personal y atractivo que provocaba el interés de la gente aunque la mayoría no supiera qué era la defensa siciliana o el gambito de dama. Tuvo el honor de haber dirigido una serie que emitió TVE sobre ajedrez, la única que yo recuerdo sobre este deporte, y que se titulaba “La pasión del ajedrez”, muy didáctica y que hoy es referencia en todas las escuelas de ajedrez de habla hispana.

El ajedrez tiene algo que sobrepasa la dimensión de cualquier otro deporte, y es que muchas veces las partidas se extienden más allá del tablero, no sólo porque se analizan después de celebradas; sino porque antes de cualquier cita tienes que estudiar más o menos al adversario. Y, sobre todo, lo más duro de todo es que tienes que estar toda la vida estudiando: las aperturas, el medio juego, los finales..., estar a la última con nuevas estrategias en definitiva; y los que dedican más tiempo, disponen de más talento y tienen la cabeza mejor amueblada pueden dedicarse a esto, porque lamentablemente muchos han perecido en el intento o han quedado tocados para toda la vida. Es decir, que Kirsan tiene razón a veces hay que ser un poco extraterrestre para dar tu existencia por esto y no perecer en el intento. Otro de los claros ejemplos fue el caso del campeón estadounidense Bobby Fischer, cuya vida ha estado plagada de un oscuro halo, susceptible de poder llevarse a una película de intriga.

Por esa dimensión que casi se mezcla el deporte con la propia vida de los ajedrecistas hay un catálogo de anécdotas casi infinito; especialmente simpática es aquella en la que un maestro fue a jugar a una prisión contra varios presos y uno de ellos consiguió coronar un peón (promocionar hasta la última casilla), el sujeto en cuestión le preguntó al maestro qué se hacía en este caso, a lo que este señaló que podía pedir (la pieza) que quisiera, entonces el preso apresuradamente instó a que le trajesen un filete.

Por cierto, que el balance de España en esta Olimpiada recién concluida ha sido muy positivo en categoría masculina, acabando en 8º lugar, que es un gran triunfo considerando que en el ranking de partida era la 16ª selección y cuatro de los cinco seleccionados españoles han conseguido subir en su puntuación Elo (sistema que otorga o quita puntos en función de las partidas jugadas y de la fuerza del oponente); y regular para nuestras féminas que han ido de más a menos en el torneo, y han acabado en la trigésimonovena posición, catorce puestos por debajo de su ranking inicial.

lunes, 27 de septiembre de 2010

LAS HERIDAS DEL IDIOMA ESPAÑOL

Estaba la pasada semana desayunando en mi establecimiento habitual, cuando en una de las miradas que de forma inconsciente echas a la tele, estaban haciendo una conexión en el programa “La mañana” de la 1 en TVE, y en la parte inferior de la pantalla aparecía un titular parecido a este (textualmente no lo recuerdo): “Un hombre consigue auyentar a un rottweiler que estaba atacando a un niño”. Vi algo raro en el titular, tengo esa deformación profesional y comencé a pensar, se trata de “auyentar”, y pensé que debía escribirse con “h”, es decir “ahuyentar”, por aquello de que me daba la impresión de que debía tener su raíz en “huir” o “hacer huir a algo o alguien”.

A los pocos minutos regresé a mi trabajo y comprobé en el diccionario de la R.A.E. (magnífica herramienta e imprescindible web en Internet) que efectivamente era con “h”, o sea, “ahuyentar”. Recordé que hace dos semanas en este blog había hecho alusión a una queja que le había hecho a la Defensora del espectador de TVE acerca de las transmisiones deportivas en los pasados Juegos Olímpicos de Pekín. Así que ni corto ni perezoso le escribí un raudo correo para comentarle esa errata que había detectado. En mi queja le explicaba que deberían cuidar esos detalles, con algún corrector en plantilla, por ejemplo, y que el programa lo veían muchas personas, yo diría que millones y que le hacíamos un flaco favor a nuestra lengua española.

La buena señora me respondió en apenas dos horas, y es de valorar porque al menos demuestra interés y atención, algo que seguro que no hacen las cadenas privadas; y me pidió disculpas, agradeciéndome este correo y que pasaría la errata a la dirección del programa. A los pocos días también me escribieron del programa lamentando la errata, achacando la misma a la premura de la elaboración de un espacio en directo, aunque asumían con justicia y honradez que eso no era una excusa. Lamentablemente, este pasado fin de semana me he fijado y he visto erratas de bulto en dos programas, y lo de los teletextos es una batalla perdida.

Esto me trajo a la memoria una breve conversación que había mantenido con mi hermana el fin de semana anterior, y comentábamos cómo había bajado el nivel educativo en nuestro país, y cómo nuestros jóvenes cada vez escribían peor y con más faltas ortográficas. Y, es más, me comentaba que tenía una buena amiga, Licenciada en Filología Hispánica y profesora de Instituto a la postre, que a costa de ver tanta falta de ortografía en los trabajos y exámenes de sus alumnos, ya tenía dudas de cómo se escribían determinadas palabras y tenía que estar siempre con el diccionario al lado. Es decir, se había acostumbrado a ver siempre determinadas palabras mal escritas que le había provocado la duda.

Lo peor de todo es que estos no son hechos aislados, es una generalidad, en el ámbito privado da muy mala imagen y en el público no es justificable en ningún modo. Los medios de comunicación están constantemente errando, o como se dice popularmente, pegándole patadas al diccionario. Puedo ser más o menos indulgente con aquellas personas que hablan o comentan en radio y televisión porque cualquiera puede tener un lapsus al improvisar, pero no es admisible que cuando se trata de textos cocinados, en televisión, radio, periódicos, revistas..., se comentan faltas ortográficas o errores sintácticos de semejante calibre.

Siempre había oído que al menos los periódicos tenían en plantilla un corrector, generalmente filólogo que se encargaba de repasar las tiradas antes de que estas se hicieran públicas. Entiendo que con esto de las nuevas tecnologías se le ha facilitado la labor al periodista, ya que en los más populares procesadores de texto existe en el menú la revisión de ortografía y gramática, que detecta la mayor parte de los errores, sobre todos los ortográficos, en los sintácticos esta herramienta suele ser menos precisa. En cualquier caso, los buenos periódicos, las revistas más populares o las televisiones generalistas debieran contar en su redacción con expertos correctores, dedicados en exclusiva a que el producto final sea acorde con nuestro idioma, donde tanto se gasta...

Es facilísimo buscar en Internet carteles como el que he puesto para encabezar este articulillo, este me parecía patéticamente gracioso, y ello porque estuve a punto de conseguir uno de mi propia cosecha, porque estas semanas atrás alguien puso en algunas calles céntricas de Bailén, un inquietante y preocupante anuncio: “Se ofrece jovén estudiante de Magisterio para dar clases particulares”. Y, en esto tampoco soy nada condescendiente, porque da que pensar que la universidad actual, nuestros dirigentes del mañana, tengan este bajísimo conocimiento de su propio idioma. En fin, que salí el otro día con mi cámara de fotos pero ya no estaban los carteles, a lo mejor se dio cuenta la persona en cuestión de ese fallo garrafal; y es que yo, nada más que por eso, no mandaría a mis hijos a esas clases particulares.

Podría parecer que yo mismo puedo resultar excesivamente presuntuoso o incluso carente de modestia, cuando no estoy libre de cometer un error, cuando me ha ocurrido y me ocurrirá, y es más alguna persona que lee este blog me ha indicado alguna corrección, pero entiendo que mi pretensión es limitada y restringida, y no aspiro a que esta humilde paginilla de Internet sea visitada por millones de personas. Si así fuera, estaría en otra dimensión, y supongo que alguien me pagaría por la publicidad insertada en la página y, en definitiva, me permitiría el lujo de contratar a un corrector.

Y para ponerle broche final a esta perorata, ni que decir tiene que los mensajes a través de móvil y esa jerga abreviada que se han inventado los jóvenes, le está haciendo muchísimo daño al idioma. No estoy en contra de que se utilice, el problema viene, como decía al principio, cuando los jóvenes se envician y habitúan de tal manera, y ello porque cada vez se lee menos literatura y se redactan más mensajillos de estos, que me temo que muchos se pondrán a hacer un examen y les costará discernir cuál es su verdadero idioma, si el del diccionario o el de este lenguaje abreviado tan pobre e inexpresivo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

THE BIG BANG THEORY, UNA SERIE QUE ROMPE MOLDES

Que la mayoría de los mortales vemos la tele es palmario, aunque a muchos les guste decir “en mi casa no vemos la tele”, y se les llena la boca con esto y parecen más finos y hasta más cultos. Pues sí, yo veo la caja tonta y no pasa nada, bien es cierto que como he comentado en alguna ocasión, de joven la veía mucho más, y sobre todo devoraba cualquier transmisión deportiva, y eso que la opción de canales era limitadísima. Para mí es un lujo dormir la siesta con el ruidillo de fondo, como placer es echarte en el sillón a eso de las diez de la noche, después de una jornada ajetreada y ver un buen programa, alguna serie o una película lo suficientemente entretenida para que no te anestesie.

Durante este ya mortecino verano tuve la oportunidad de simultanear tanto en Internet como en televisión, en concreto en Antena Neox, la serie estadounidense “The Big Bang Theory”, en español “La Teoría del Big Bang” o comercialmente sólo “Big Bang”. Una sorprendente producción de sus creadores Chuck Lorre y Bill Prady, que no sólo está siendo un éxito en EE.UU., cerca de 15 millones ven sus episodios cada semana; sino que de algún modo, su propia concepción ha supuesto una revolución en las comedias de situación de ese gran país. Esta próxima semana inicia su cuarta temporada después de las tres anteriores más que brillantes y cada vez con mayor audiencia.

El cóctel no puede ser más explosivo: cuatro genios algo locos, con un coeficiente intelectual superior a la media y con costumbres poco comunes, es decir, unos friquis en su más amplia expresión, son capaces de resolver, por ejemplo, ecuaciones complicadísimas, pero están muy limitados en sus relaciones sociales, y entablar una conversación con una chica les resulta algo tortuoso. Dos de ellos viven juntos, Leonard y Sheldon. Leonard parece el más normal pero parece sentirse frustrado por su escasa vida sentimental; Sheldon es un superdotado, maniático y metódico, incapaz de encontrarle el segundo sentido a los chistes. Por otro lado, tenemos a Raj un indio de Nueva Delhi que no puede hablar con una chica salvo cuando está bebido o medicado; y finalmente Howard, un judío que vive con su madre, vestido permanentemente con indumentaria psicodélica, como de los años 60, se las da de seductor, aunque en realidad no tiene más éxito con las chicas que sus amigos.

Sus vidas comienzan a alterarse cuando en el piso de enfrente en el que viven Sheldon y Leonard, se instala Penny, la típica chica buenorra y simpática que no ha ido más allá de sus estudios básicos y que a diferencia de sus vecinos es sumamente hábil en las relaciones sociales, sobre todo con el otro sexo. Viaja a la gran ciudad para ser actriz aunque, por el momento, debe conformarse con ser camarera de un restaurante de comida rápida.

El sentido del título de la serie cobra acción cuando ambos mundos se unen, los cuatro científicos chocan con Penny y se desencadena toda una serie de cómicas y desternillantes situaciones que hacen de esta producción para televisión una de las más graciosas, sorprendentes y adictivas de los últimos años.

Es lógico entender que como toda serie, sus personajes tienden a estereotiparse, o lo que es lo mismo, tienen una personalidad muy marcada, pero en este caso, ello no le resta mérito, sino que aumenta la expectación y la risa está asegurada. En este sentido, la más hilarante de las personalidades es la de Sheldon, un tipo rutinario y metódico hasta los límites de lo humano y racional; comportamiento este que por más que sus amigos estén acostumbrados a vivir y a soportar, no los libra de momentos de exasperación; con lo que Leonard, Howard y Raj están en permanente pique con Sheldon.

A todo esto, a lo largo de las tres temporadas se va sucediendo una tensión sexual entre Leonard, el normal en teoría, y Penny, que va teniendo sus más y sus menos; porque al final de todo, pese a lo normal que pueda ser Leonard, aún está separado varios años luz de su maciza vecina.

Otro de los logros de la serie ha sido tratar de llevar algo de ciencia a los hogares, de hecho, la producción mantiene en plantilla a un físico que es el que se entretiene en dotar a los habituales diálogos de estos locos chiflados de una base científica real, con un tratamiento que sea lo más accesible para el común de los mortales y encima con un toque humorístico o simpático.

Finalmente, también hay que destacar el metraje de la serie, pues cada episodio apenas llega a los veinte minutos. Eso la faculta para que sea todo esencia, está perfectamente dimensionada, pocas veces hay diálogos o situaciones inútiles. Suele tener un ritmo vivísimo y no te da tiempo a relajarte, ni da pie al aburrimiento. Sus tramas están muy trabajadas y el entretenimiento está asegurado.

Ni que decir tiene que semejante plato tan bien cocinado ha tenido y tiene una crítica muy buena y la lista de premios ya es holgada y es previsible que no cese en el futuro. De hecho, en la última entrega de los Premios Emmy celebrada hace apenas un mes el artista encargado de dar vida a Sheldon, Jim Parsons, recogía el Premio al mejor actor de una serie de comedia.

Por cierto, y para terminar, es una serie estadounidense y tiene gracia con situaciones, escenarios y gags de allí. Viene esto a colación porque la pasada semana Televisión Española estrenaba a bombo y platillo “Las chicas de oro”, una versión de la célebre serie estadounidense “The golden girls” de finales de los ochenta y principios de los noventa. Lamentablemente, pese a lo poco que se ha podido ver, no llega a versión y es más una burda copia, porque pude ver los primeros dos capítulos originales en Internet y apenas ha cambiado nada. Las chicas de oro eran graciosas porque vivían en Miami, porque tenían sus costumbres, su forma de ser y una sociedad, la de los Estados Unidos, que por mucha globalización, todavía dista mucho de parecerse a la sociedad española y viceversa. Las chicas de oro españolas me parecieron unas señoras americanas que vivían en un escenario americano, con chistes que no encajaban y que, eso sí, hablaban castellano. Esto es como si quisieran versionar a Torrente o a Paco Martínez Soria en Estados Unidos, no tendría mucha gracia.

Luego, recomiendo encarecidamente la visión de “The Big Bang Theory”, porque después de todo podrá gustarnos más o menos la política de los mandamases de Estados Unidos, pero cuando hacen series, cine, documentales..., son geniales en muchas ocasiones.

lunes, 13 de septiembre de 2010

EL ESPECTÁCULO DEL PIRAGÜISMO EN AGUAS BRAVAS

Habrá pocos deportes más bellos y estéticos que el piragüismo en aguas bravas, en su modalidad de eslalon, que es la olímpica. Será porque tenemos oportunidad de verlo pocas veces en la tele, o su escasa difusión; el caso es que cuando rara vez echan alguna retransmisión, difícilmente me puedo levantar del asiento por esa espectacularidad y atractivo que despierta en mí este deporte.

Viene al hilo de este articulillo, el hecho de que esta semana que ha acabado se ha estado celebrando en Tacen (Eslovenia), a las afueras de su capital Ljubliana, los Campeonatos del Mundo de esta especialidad y Teledeporte se ha portado echando algunas horillas en directo, aunque el resto de medios de comunicación hayan obviado este evento o lo hayan referido de pasada.

Se trata de un deporte en el que tiene que haber un justo equilibrio entre fuerza y técnica, no puede imponerse ninguna de estas dos habilidades, porque se corre el riesgo de no poder alcanzar el éxito. Las pruebas son contra el reloj, en un recorrido en el que se establecen unas puertas colgantes, lo más parecido que conocemos son las de esquí, y los piragüistas deben pasarlas siguiendo el curso del río o remontando el mismo (para ello están señaladas de verde o rojo, indicando la dirección para atacarlas), con lo cual de ahí que se necesite fuerza, pero también la suficiente pericia técnica para avanzar y retroceder superando todas las puertas sin saltarse ninguna, luchando contra la corriente y, por supuesto, evitando tocar cualquiera de las dos barras que delimitan la puerta. Si se toca alguna se añaden dos segundos al tiempo final, y si se comete el fiasco de saltarse alguna, nada menos que cincuenta segundos de penalización.

Al igual que ocurre en el piragüismo de aguas tranquilas, existen dos tipos de canoa: 1. La canoa kayak, en la que los deportistas van sentados y tienen una pala de dos hojas, identificándose sus modalidades con la letra K, en este caso, K-1, K-2... 2. La canoa canadiense, en la cual los piragüistas van arrodillados en la embarcación y se impulsan con una pala de una hoja en uno solo de sus extremos, identificándose esta disciplina con la letra C, C-1, C-2.

La singularidad de este deporte, cuya práctica podemos entender por lógica que es tan antigua como el ser humano, es que en la época contemporánea, cuando comenzó a practicarse como deporte y a organizarse competiciones al efecto, se llevaba a cabo en cauces de ríos con determinadas características de cauce, dimensiones, accesibilidad... En la actualidad, hay un factor que predomina sobre el resto y es la seguridad, por eso desde hace unos veinte años a esta parte se ha generalizado la construcción de canales artificiales, aprovechando en muchos casos cauces de ríos, donde se reduce la peligrosidad de las aristas de las rocas o la baja profundidad de las aguas (no es raro ver cómo algunas piraguas se dan la vuelta), lo que permite que la competición sea segura, que el cauce sea constante y, por supuesto, que haya buenos servicios y comodidades alrededor.

Ni que decir tiene que estas infraestructuras son ciertamente costosas y eso ha hecho que hasta hace bien poco no se haya consolidado como un deporte oficial en los Juegos Olímpicos. En 1972, los alemanes construyeron en Munich el Eiskanal con ocasión de estos Juegos, y después hubo que esperar veinte años hasta que en los inolvidables Juegos de Barcelona se obró en la localidad de Seo de Urgel el Parque Olímpico del Segre, con su canal de aguas bravas. Desde ese momento las siguientes sedes han ido ideando sus correspondientes infraestructuras y, afortunadamente, va a ser una modalidad con la que podremos seguir disfrutando en las sucesivas citas cuatrienales.

En la historia reciente de los Juegos Olímpicos existe una de esas pequeñas leyendas que acompañan al mayor acontecimiento deportivo del orbe. En los últimos Juegos, los de Pekín 2008, en la disciplina de K-1 competía un exótico deportista de color, representando a Togo y de nombre Benjamin Boukpeti. Sorprendentemente en apariencia, hizo el mejor tiempo en las semifinales y se colgó la medalla de bronce en la final. La primera medalla en la historia de los Juegos Olímpicos para ese país africano. No obstante, tenía truco, el tal Benjamin, era y es hijo de togolés y de madre francesa; nacido y criado en Francia, sólo había estado una vez en Togo, con tan sólo dos años; y siendo un piragüista de cierto renombre en nuestra vecina nación, tuvo que optar por competir por su país de nacimiento o por el de su otra nacionalidad, y decidió hacerlo por Togo para tener más facilidades de acceso a torneos, campeonatos y Juegos Olímpicos, de hecho su hermano mayor competía por Francia. Y no, la medalla no fue realmente una sorpresa porque en la Copa del Mundo celebrada un mes antes de los Juegos, ya había sido medalla de plata. Por cierto, según he leído por ahí, en Togo sigue siendo un completo desconocido.

Si bien en los Campeonatos del Mundo hay diversas modalidades tanto en K como en C, en los Juegos Olímpicos sólo hay cuatro, C-1, C-2 y K-1 en hombres, y K-1 en mujeres; de todas estas la que más expectación despierta desde que se incorporó al programa olímpico es el C-1, quizá porque es la más espectacular y brillante de todas. Siendo un deporte de gran tradición en Europa Central, sobresalen como estrellas rutilantes, dos deportistas que llevan casi dos décadas (empezaron muy jóvenes) pugnando por ser el mejor piragüista en aguas bravas de la historia, se trata del francés Tony Estanguet y del eslovaco Michal Martikán, y lo cierto es que es una gozada ver cómo se impulsan en el agua y superan cada puerta.

Por cierto que por fortuna para nuestro país y no por el escaso seguimiento que se le hace a este deporte, los éxitos van llegando. Ánder Elósegui a punto estuvo de tocar pelo en Pekín y quedó cuarto en C-1. El año pasado se celebraron los Campeonatos del Mundo en Seo de Urgel y se lograron cuatro medallas: plata en K-1 femenino (Maialen Chourráut), bronce en K-1 masculino (Carles Juanmartí), y dos bronces en K-1 y C-1 masculino en patrullas por equipos. En los Campeonatos del Mundo celebrados esta pasada semana en Eslovenia, hemos podido asistir en las aguas del río Sava a la medalla de bronce de Jordi Domenjó en C-1, nada menos que detrás de los indiscutibles dominadores de la especialidad Martikán y Estanguet, y en K-1, Joan Crespo se quedó a las puertas de los puestos de honor, quedando en 4º lugar. Todas las medallas individuales fueron en modalidades olímpicas, o sea que buenas noticias de cara a Londres 2016.

Y por último, y para demostrar el caso que se le hace a este deporte en España. En los Juegos de Pekín, estuve siguiendo casi más las transmisiones deportivas por Internet que por televisión, sobre todo porque me interesaba más lo que estaba haciendo nuestro país en deportes minoritarios: lucha, judo, pentatlón moderno, boxeo, tenis de mesa, que lo que estaba pasando en deportes de masas. Y Televisión Española se entretuvo en utilizar los horarios donde se concentraba la mayor participación hispana, para asaetearnos con partidos de fútbol intrascendentes de selecciones que a mí me importaban un pimiento (ni siquiera España se clasificó para este deporte), o con la gimnasia o la natación; mientras que en ese momento un español se estaba jugando claramente una medalla, y podían haber conectado un momento, o haber simultaneado dos deportes, colocando uno de ellos como principal y otro en un ángulo de la pantalla. De hecho, la clara opción de medalla de Ánder Elósegui, se quedó a un segundo y medio del bronce, la echaron en diferido y me quejé amargamente a la Defensora del espectador de TVE, por la mala planificación de las transmisiones y la buena señora, tan pancha ella, me respondió por correo electrónico textualmente:

“En cuanto a la cobertura a los deportistas españoles por desgracia, no podemos dar a todos los deportistas españoles que participan en los Juegos Olímpicos en directo. Eso sí, intentamos en todo momento dar sus actuaciones aunque sean en diferido por el hecho de que los deportistas españoles son prioritarios para TVE.

TVE, a través de sus más de mil horas de emisión, intentará estar, siempre que se pueda, con los deportistas españoles en directo, pero sin obviar que los Juegos tienen una dimensión internacional y que es obligación informar de todos los grandes deportistas, españoles o no, que participan en ellos.”


Pues menuda defensora del espectador, es decir, argumenta un total contrasentido, el deportista español es prioritario, eso quiere decir que una opción de medalla te la echan en diferido, y en ese mismo momento te estaban largando un “interesantísimo”, por ejemplo, Bélgica – Iraq del torneo de fútbol. Y sinceramente para mí era tan importante la medalla que podía haber logrado Ánder Elósegui como la de Rafa Nadal, que dicho sea de paso me cae muy bien.

lunes, 6 de septiembre de 2010

GORAN BREGOVIC, SONIDOS DE LOS BALCANES

Si ves a alguien por la calle y le preguntas por Goran Bregovic, probablemente te dirá que no tiene idea o te responderá que si se trata del último fichaje del Real Madrid o del Barcelona de baloncesto, ahora que andamos por el Mundial de este deporte y abundan los apellidos balcánicos (nada menos que tres selecciones de la ex Yugoslavia entre las mejores dieciséis de este planeta, y dos en cuartos). Pero no, este Goran ignoro si le gusta el baloncesto, pero desde luego es un fuera de serie en la música.

Sí porque si te acercas por Croacia o Serbia, y preguntas por este hombre es muy seguro que la mayoría lo conozca. Es un compositor tremendamente popular en los Balcanes y, de hecho, en muchos países de la Europa del Este tan desconocidos como cercanos, es muy famoso.

Goran podemos definirlo como un compositor total, su variedad de registros nos ofrece un impresionante repertorio que abarca la New Age, World Music, el folk de varios países, las bandas sonoras... De hecho, la cotización de este músico subió cuando se hizo habitual componiendo las bandas sonoras para un monstruo del séptimo arte, como es el cineasta bosnio Emir Kusturica.

Quizá la gama musical de este personaje supone en sí una proyección de su propia existencia. Goran Bregovic nace en Sarajevo (Bosnia-Herzegovina, antigua Yugoslavia), de padre croata y madre serbia, y para colmo contrajo matrimonio con una bosnia musulmana. De algún modo, es el prototipo de muchas familias que quedaron cercenadas por una de las guerras más absurdas de los últimos años. Al fin y al cabo nunca terminé de entender que el crisol de razas y nacionalidades de la extinta Yugoslavia deviniera en luchas intestinas y de clanes familiares, cuando a lo largo de muchísimos años gentes de distintas etnias, religiones, idiomas y costumbres, convivieron sin mayores problemas, hasta que se produjo la desmembración y germinaron las ambiciones territoriales, el poder, el deseo de riqueza, surgiendo hace apenas veinte años, casi ayer, un conflicto feroz donde surgieron caudillos, ejecutores, genocidas y toda una panoplia de personajes que aún hoy son buscados por la justicia para que rindan cuentas.

Un paseo por la música de Goran Bregovic es ante todo un paseo por el folclore de la Europa más ignota, es una mezcla de música moderna, alegre, a veces con un punto de discoteca, en la que se van incorporando sonidos, voces e instrumentos ancestrales de los Balcanes, Bulgaria, Grecia…

Da idea del prestigio de este compositor que sus colaboraciones con grupos, músicos, orquestas de toda clase y especie, superan los dos centenares. Tampoco es ajeno en su producción a la colaboración de artistas de lo más variopinto como el mítico a la par que histriónico Iggy Pop, o la caboverdiana Cesaria Évora.

Pese a lo poco conocido que pueda resultar el bueno de Bregovic, de vez en cuando se deja caer por España y nos deleita con su música plena de matices. El que se acerca porque lo conoce, lógicamente un público restringido, acierta; el que va por casualidad, a buen seguro que se queda prendado y habrá asistido a un espectáculo inolvidable. Estuvo el pasado año por nuestro país, y este año no tiene anunciado nada por estas tierras.

No me quedaría con un solo trabajo de Goran Bregovic, en realidad me quedo con toda su obra, una excursión por diferentes músicas de nuestra vieja Europa; un acto de conjunción de identidades, razas e idiomas que nos permite descubrir sonidos de latitudes que están a unos pocos miles de kilómetros de distancia de aquí, aunque en el espíritu parece que estén mucho más lejos.