martes, 28 de diciembre de 2010

AQUEL MÍTICO TORNEO DE NAVIDAD DEL REAL MADRID

En los últimos años, tengo la sensación de que la Navidad se queda algo huérfana en el terreno deportivo. Los deportes más populares o están en el parón invernal o se toman unos días de vacaciones para celebrar estas fechas tan entrañables.

Hace años el calendario baloncestístico se rellenaba con el mítico Torneo de Navidad que organizaba el Real Madrid. La gente de mi época recordará con muchísimo cariño esas tardes navideñas en las que el Real Madrid, estandarte en las décadas de los 70 y 80 del baloncesto español, se las veía con los mejores combinados del mundo, fuera de la NBA. Un torneo en el que participaban cuatro equipos, el Madrid que ejercía de anfitrión y tres más.

Realmente recuerdo este Torneo como el programa más esperado para mí en Navidad, mucho más incluso que los programas especiales de Nochevieja, o las películas especiales que nos ponían y nos ponen para amenizar estas fiestas. Con la voz del malogrado Héctor Quiroga y en el no menos mítico Pabellón de Deportes del Real Madrid, durante tres días disfrutábamos del mejor baloncesto y de este club que, entonces era señorial, y hoy, tengo mis dudas.

Siempre coincidía en aquella época con que iba a la aceituna, y soportaba mejor lo mal que se pasaba en la aceituna en Begíjar, pensando en el partido que me aguardaba por la tarde (las pocas veces que he ido últimamente a la aceituna lo seguía llevando mal, pero es que más joven y con más vitalidad, era igual: terminaba machacado). Y lo mejor es que no había que competir con otras cadenas, ni con los gustos dispersos de la familia. En los 70 existía la Primera Cadena, y no todo el mundo tenía la Segunda, así que baloncesto sí o sí.

Varios recuerdos llenan esos partidos tan trepidantes, y siempre asocio e imagino que mucha gente recordará que, por aquel entonces, en todos los partidos de baloncesto del Real Madrid, había un simpático aficionado que con un altavoz y una voz muy singular repetía hasta la saciedad como si de un mantra se tratara ¡hala Madrid!, ¡hala Madrid!, juntando sus exclamaciones unas con otras y de forma tan rápida, que al final parecía decir otra cosa. O aquella vez que yo asistí por primera vez a la rotura de una canasta, fue un jovencísimo Sabonnis, que por entonces ya comenzaba a despuntar.

Y se me vienen a la cabeza un montonazo de buenos jugadores y de nombres que, seguro que buena parte de ellos no se hicieron ricos con esto del baloncesto, pero que contribuyeron a que muchos niños y niñas de aquella época nos aficionáramos a este bello deportes, así que muchas gracias a los Corbalán, Carmelo Cabrera, Paniagua, Prada, Fernando Marín, Romay, López Iturriaga (que así era conocido y no por su segundo apellido y mucho menos por Itu), Brabender, Walter, Coughran, Randy Meister, Abromaitis, Branson, Wayne Robinson…

Al final todo esto venía porque este prestigioso torneo, que fue considerado el mejor torneo amistoso de baloncesto del mundo, desapareció, fue diluyéndose como un azucarillo en el café. De esas décadas del 70 y 80 de tantísimo esplendor, los 90 nos trajeron un torneo que iba decreciendo, los rivales ya no tenía el caché de antes. En el 2000, se decidió hacer el torneo a partido único, hasta que hace cuatro o cinco años se dejó de celebrar, por el calendario apretado del baloncesto FIBA, según las fuentes oficiales del Real Madrid, y en mi opinión porque el Madrid se ha aburguesado últimamente y va a lo fácil, quizás este torneo le costara dinero, le costara trabajo encontrar buenos rivales y a lo mejor sus jugadores no querían sacrificar sus días de asueto navideño, pero al que algo quiere algo le cuesta.

Hace años se escuchó que el Real Madrid iba a prescindir de su sección de baloncesto y, desde luego, ya no se le presta la atención que antaño, cuando venían a este club los mejores baloncestistas del mundo fuera del universo NBA. Por eso decía antes que en esas décadas doradas en las que yo vivía mi niñez y mi juventud, uno tenía la sensación de que el Real Madrid era “más que un club”, era el mejor club, no sólo ganaba en fútbol; arrasaba en baloncesto, siendo el equipo más laureado del mundo; tenía una sección de voleibol y también se llevaba las ligas de calle; e incluso una sección de atletismo. Soy del Real Madrid, aunque cada vez el fútbol me interesa menos, y siento envidia por la estructura deportiva del F.C. Barcelona, y no por el mal llamado deporte rey, que debería llamarse el deporte dictador, sino porque también tiene baloncesto, hockey sobre hielo, hockey sobre patines, balonmano, fútbol sala, béisbol, atletismo, rugby…

En esta época en la que vivimos, donde todo el deporte se resume en uno, fútbol, reivindico la vuelta del Torneo de Navidad del Real Madrid de baloncesto. Quizás una buena iniciativa sería hacer algo similar a lo que se hace con los torneos de fútbol siete que se celebran en Navidad, en Semana Santa o verano, y es hacer una competición amistosa para jóvenes promesas, con los mejores clubes españoles y las canteras europeas más fructíferas. Y, por supuesto, venderlo a alguna cadena de televisión, de esas que rellenan con retransmisiones en diferido de cualquier deporte a todas horas, porque no saben qué poner.

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