lunes, 27 de septiembre de 2010

LAS HERIDAS DEL IDIOMA ESPAÑOL

Estaba la pasada semana desayunando en mi establecimiento habitual, cuando en una de las miradas que de forma inconsciente echas a la tele, estaban haciendo una conexión en el programa “La mañana” de la 1 en TVE, y en la parte inferior de la pantalla aparecía un titular parecido a este (textualmente no lo recuerdo): “Un hombre consigue auyentar a un rottweiler que estaba atacando a un niño”. Vi algo raro en el titular, tengo esa deformación profesional y comencé a pensar, se trata de “auyentar”, y pensé que debía escribirse con “h”, es decir “ahuyentar”, por aquello de que me daba la impresión de que debía tener su raíz en “huir” o “hacer huir a algo o alguien”.

A los pocos minutos regresé a mi trabajo y comprobé en el diccionario de la R.A.E. (magnífica herramienta e imprescindible web en Internet) que efectivamente era con “h”, o sea, “ahuyentar”. Recordé que hace dos semanas en este blog había hecho alusión a una queja que le había hecho a la Defensora del espectador de TVE acerca de las transmisiones deportivas en los pasados Juegos Olímpicos de Pekín. Así que ni corto ni perezoso le escribí un raudo correo para comentarle esa errata que había detectado. En mi queja le explicaba que deberían cuidar esos detalles, con algún corrector en plantilla, por ejemplo, y que el programa lo veían muchas personas, yo diría que millones y que le hacíamos un flaco favor a nuestra lengua española.

La buena señora me respondió en apenas dos horas, y es de valorar porque al menos demuestra interés y atención, algo que seguro que no hacen las cadenas privadas; y me pidió disculpas, agradeciéndome este correo y que pasaría la errata a la dirección del programa. A los pocos días también me escribieron del programa lamentando la errata, achacando la misma a la premura de la elaboración de un espacio en directo, aunque asumían con justicia y honradez que eso no era una excusa. Lamentablemente, este pasado fin de semana me he fijado y he visto erratas de bulto en dos programas, y lo de los teletextos es una batalla perdida.

Esto me trajo a la memoria una breve conversación que había mantenido con mi hermana el fin de semana anterior, y comentábamos cómo había bajado el nivel educativo en nuestro país, y cómo nuestros jóvenes cada vez escribían peor y con más faltas ortográficas. Y, es más, me comentaba que tenía una buena amiga, Licenciada en Filología Hispánica y profesora de Instituto a la postre, que a costa de ver tanta falta de ortografía en los trabajos y exámenes de sus alumnos, ya tenía dudas de cómo se escribían determinadas palabras y tenía que estar siempre con el diccionario al lado. Es decir, se había acostumbrado a ver siempre determinadas palabras mal escritas que le había provocado la duda.

Lo peor de todo es que estos no son hechos aislados, es una generalidad, en el ámbito privado da muy mala imagen y en el público no es justificable en ningún modo. Los medios de comunicación están constantemente errando, o como se dice popularmente, pegándole patadas al diccionario. Puedo ser más o menos indulgente con aquellas personas que hablan o comentan en radio y televisión porque cualquiera puede tener un lapsus al improvisar, pero no es admisible que cuando se trata de textos cocinados, en televisión, radio, periódicos, revistas..., se comentan faltas ortográficas o errores sintácticos de semejante calibre.

Siempre había oído que al menos los periódicos tenían en plantilla un corrector, generalmente filólogo que se encargaba de repasar las tiradas antes de que estas se hicieran públicas. Entiendo que con esto de las nuevas tecnologías se le ha facilitado la labor al periodista, ya que en los más populares procesadores de texto existe en el menú la revisión de ortografía y gramática, que detecta la mayor parte de los errores, sobre todos los ortográficos, en los sintácticos esta herramienta suele ser menos precisa. En cualquier caso, los buenos periódicos, las revistas más populares o las televisiones generalistas debieran contar en su redacción con expertos correctores, dedicados en exclusiva a que el producto final sea acorde con nuestro idioma, donde tanto se gasta...

Es facilísimo buscar en Internet carteles como el que he puesto para encabezar este articulillo, este me parecía patéticamente gracioso, y ello porque estuve a punto de conseguir uno de mi propia cosecha, porque estas semanas atrás alguien puso en algunas calles céntricas de Bailén, un inquietante y preocupante anuncio: “Se ofrece jovén estudiante de Magisterio para dar clases particulares”. Y, en esto tampoco soy nada condescendiente, porque da que pensar que la universidad actual, nuestros dirigentes del mañana, tengan este bajísimo conocimiento de su propio idioma. En fin, que salí el otro día con mi cámara de fotos pero ya no estaban los carteles, a lo mejor se dio cuenta la persona en cuestión de ese fallo garrafal; y es que yo, nada más que por eso, no mandaría a mis hijos a esas clases particulares.

Podría parecer que yo mismo puedo resultar excesivamente presuntuoso o incluso carente de modestia, cuando no estoy libre de cometer un error, cuando me ha ocurrido y me ocurrirá, y es más alguna persona que lee este blog me ha indicado alguna corrección, pero entiendo que mi pretensión es limitada y restringida, y no aspiro a que esta humilde paginilla de Internet sea visitada por millones de personas. Si así fuera, estaría en otra dimensión, y supongo que alguien me pagaría por la publicidad insertada en la página y, en definitiva, me permitiría el lujo de contratar a un corrector.

Y para ponerle broche final a esta perorata, ni que decir tiene que los mensajes a través de móvil y esa jerga abreviada que se han inventado los jóvenes, le está haciendo muchísimo daño al idioma. No estoy en contra de que se utilice, el problema viene, como decía al principio, cuando los jóvenes se envician y habitúan de tal manera, y ello porque cada vez se lee menos literatura y se redactan más mensajillos de estos, que me temo que muchos se pondrán a hacer un examen y les costará discernir cuál es su verdadero idioma, si el del diccionario o el de este lenguaje abreviado tan pobre e inexpresivo.

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