martes, 26 de octubre de 2010

DICHOSOS CAMBIOS DE EJECUTIVO

El pasado viernes charlaba con mis compañeras de trabajo en el desayuno, momento de interesantes tertulias, acerca de la remodelación ministerial en el Gobierno de nuestro país. Muchas e interesantes reflexiones se pueden hacer al respecto, las mías creo que se salen de lo habitual, sobre todo porque desde mi parcela profesional percibo un punto de vista diferente al que buscan, en este sentido, los analistas políticos.

Sólo un breve comentario sobre este lavado de cara de Zapatero antes de entrar en materia, y es que después de tantos dimes y diretes que ha habido, a apenas año y medio de las Elecciones Generales, el cambio en el Ejecutivo ha sido fuerte y su sentido deberá tener de cara a esos comicios, está pensado con la mente puesta en el futuro. Por otro lado, da mala sensación el que se creen dos ministerios novísimos el de la Vivienda y el de Igualdad hace tan poco tiempo, y de un plumazo se liquidan por mucho que las competencias vayan a otras carteras; al final termina dándole la razón a esos que decían el Ministerio Igualdad, es el ministerio que “igual da”.

Como decía, mi reflexión va más allá de este simple cambio de Gobierno. No sé si será por mi forma de ser, normalmente tranquilo y apacible, que cuando por ejemplo, en mi casa, mi mujer se empeña en cambiar los muebles de sitio cada cierto tiempo, me descoloca un poco y hasta cierto punto me molesta. Con las reestructuraciones ministeriales o de consejerías, me pasa algo parecido. Estás trabajando con una cierta dinámica, conoces gente en tal o cual delegación y por estos cambios, sinceramente a veces incomprensibles, tienes que enredarte en un laberinto para saber adónde y a quién le tienes que mandar ahora aquel papel que ayer sabías a quién se lo tenías que remitir.

Quizá mis pensamientos sean muy simples, pero siempre he pensado en la cantidad de folios, sobres, sellos, cuartillas, carteles..., que se tienen que tirar a la basura o reciclar, porque la nomenclatura de los ministerios o consejerías ha cambiado. Y eso no es más que la punta del iceberg, habrá que considerar traslados de personal, alguna obrilla eventual para la nueva dotación y necesidades de las oficinas, nuevo diseño de las páginas web, nuevos gastos en publicidad..., en fin, podría llenar muchos renglones. Lo que, en definitiva, me lleva a una conclusión, ¿cuánto dinero cuestan las remodelaciones en un Gobierno?

Soy de la opinión de que los ministerios y las consejerías debieran estar fijados por ley, sino para siempre, para un largo período de tiempo, mínimo de dos legislaturas. Es evidente que no es la panacea la creación de un ministerio para solucionar determinados problemas de nuestro país. Se podrían establecer siete u ocho grandes ministerios (igualmente hablo de consejerías), donde se adscribiría todo el marco competencial que correspondiera, y a partir de ahí crear las secretarías de estado, direcciones generales, subsecretarias... con un criterio más racional y especialmente con mayor economía de medios y de personas. En definitiva, sería una forma de entallar el gran volumen, por no decir obesidad, de altos cargos que sufrimos en el Gobierno de la Nación y en las Comunidades Autónomas y, por ende, de despachos excelsos o lujosos vehículos oficiales con sus correspondientes conductores.

En Andalucía es aún más flagrante porque los cambios son frecuentísimos y los propios funcionarios de las consejerías se vuelven locos con estos movimientos de fichas. La Consejería que se encarga de velar por el trabajo ha cambiado de nombre tantas veces que ni haciendo memoria, conseguiría dar en la tecla de lo acaecido en estos últimos quince años. Pero en líneas generales comenzó siendo trabajo y asuntos sociales, luego el trabajo se quedó solo, después parece que la palabra trabajo era muy llana y se utilizó empleo, palabra de origen francés, sonaba más moderno; y con posterioridad se le añadió lo de “desarrollo tecnológico”, como si por el hecho de titular así la Consejería, en nuestra región se estuviera produciendo una revolución industrial. Es como ponerle al Aeropuerto de Granada, “Granada – Jaén”, por más que podamos sentir que es más nuestro no se va a mover de donde está ni una micra y los más de cien kilómetros desde nuestra capital no nos los quita nadie. Por cierto, ahora es otra vez sólo la Consejería de Empleo, mañana no sé.

Por último, me gustaría añadir que para quien tenga dudas acerca de si Zapatero se presentará a las urnas en marzo de 2012 (está claro que no se van a anticipar de ningún modo), lo va a hacer sí o sí. No estoy descubriendo la penicilina, pero es evidente que tiene todos los visos de perderlas, las encuestas actuales de opinión así lo reflejan, por tanto, sería demasiado villano por su parte, lanzar a los leones a un candidato (o candidata) de nuevo cuño, inmaculado en su perfil y que, de buenas a primeras, se enfrenta a las elecciones de la crisis con la vitola de claro perdedor. Por otro lado, en el hipotético caso de que las ganara, un Zapatero quemado por el poder en 2012, se convertiría en un superhombre que pasaría a la historia de España, por haber sido capaz de vencer unos comicios en los que iba a ser la víctima propiciatoria.

martes, 19 de octubre de 2010

ALMUÑÉCAR, UN PUEBLO ANDALUZ EN LA COSTA

He tenido este pasado fin de semana la oportunidad de pasarlo en Almuñécar, gracias a que un familiar mío tiene un apartamento allí, y eso me ha dado pie para hacer algún comentario y reflexión que quedará anotado en la etiqueta de “Lugares”, a modo de recordatorio de que alguna vez he pisado aquellas subtropicales tierras granadinas y siempre me ofrece algún pensamiento, alguna cavilación.

Esta magnífica sociedad contemporánea que es la española, construida a base del esfuerzo de nuestras generaciones precedentes y que por más crisis que nos echen, jamás volverá a ser ni por asomo la que sufrieron nuestros padres y abuelos, nos ha permitido que esa gran franja social de nuestra población, la clase media, haya podido gozar de infancias y juventudes felices, alegres y con escasas o nulas carencias.

Esa gran clase media ha podido, de vez en cuando, tener sus propias vacaciones, ir a la playa y disfrutar de las bondades de la costa, de su clima, de su oferta de ocio, del bullicio, de sus iguales... Para los provincianos de Jaén (dicho esto de forma elogiosa y no peyorativa, pues los jiennenses nos sentimos muy orgullosos de nuestra tierra, aunque nos atribuyan el ser los más fríos y “castellanos” de toda Andalucía) la costa granadina ha sido siempre ese referente, ese destino habitual; las de Málaga y Almería también, pero la costa de Granada por ser la más cercana ha formado parte de nuestros corazones, para muchos de sus vidas.

Tiene Almuñécar esa perfecta conjunción de antigüedad (he tomado una foto de la factoría de salazón de la época romana) y modernidad, de pueblo y ciudad; no es el típico poblacho costero artificial con enormes construcciones de ladrillo para atraer turistas a manta y con escasez de vecinos autóctonos. Eso siempre me llama la atención en las costas, cuando las visitas fuera de la época estival y muchas son una ciudad fantasma, paseas por delante de grandes bloques, donde pueden vivir cientos de personas y las calles están vacías, lúgubres, casi espectrales.

No le pasa eso a Almuñécar, en esta localidad hay vida después del verano, hay actividad, hay ruido y gente por sus calles. Allí te puedes salir de su paseo marítimo y perderte por sus callejuelas estrechas, que podrás tener la sensación de transportarte a otro sitio, a cualquier pueblo andaluz de interior, con sus mismas casas típicas, sus mismas costumbres, sus mismas gentes saliendo a tomar el fresco en las calles, su mercado de abastos de bote en bote, sus tabernas donde se degusta ese marcada deriva de lo masculino, esos hombres jugando a las cartas o al dominó mientras le pegan sorbos a un buen vaso de vino del país.

Como habitante de interior que soy y de pueblo no muy grande, irremediablemente me trastoca, a veces me agobia, el tener como único y exclusivo paisaje bloques de pisos idénticos, por más que la benignidad del clima y lo atractivo del mar y la playa puedan amortiguar esa sensación; pero tarde o temprano intento buscar cómo perderme por las callejuelas de esas zonas antiguas de los pueblos costeros, ya digo a veces no es fácil y en otras directamente es imposible.

Por otro lado, Almuñécar que puede pasar de los 150.000 habitantes en verano (algo más de 27.000 censados), vuelve a su ser pasada la campaña veraniega y esa normalidad te hace apreciar más aún sus bondades. La mayor parte de la oferta continúa, no hay agobios, no hay colas, o sea, hay paz, hay tranquilidad, hay mucho de ese estilo de vida lento del que muchos añoran (movimiento o filosofía slow) en su devenir diario y que, francamente los que vivimos en un pueblo, conocemos bien. Con lo cual aprovechas la costa en toda su inmensidad, la playa, el sol, el clima, todo es más brillante, más natural, energético, es decir, la recarga de pilas que siempre añoramos cuando nos salimos de nuestro quehacer cotidiano, se procesa con claridad en nuestros cuerpos y nuestras mentes.

En definitiva, mi recuerdo para Almuñécar, ese lugar que de vez en vez se cruza en mi vida, que me inspira sentimientos agradables y que espero que en el futuro mantenga su identidad y no se desborde por el afán especulativo que a veces pierde a los políticos.

martes, 12 de octubre de 2010

"EL LADRÓN DE BICICLETAS", DE VITTORIO DE SICA

Hay películas que no pasan de moda por más que hayan pasado más de sesenta años. Esta es una de ellas, más si cabe porque con esto de la crisis actual, te das cuenta que todas las crisis tienen unas características similares sea cual sea la época en que tuvieran lugar.

El ladrón de bicicletas toma cuerpo en la Italia de posguerra, en 1948, a semejanza de lo que estaría pasando en España, aunque en nuestro país iniciada con anterioridad por aquello de que la Guerra Civil fue anterior a la II Guerra Mundial. En una sociedad donde el empleo escasea, el protagonista consigue un trabajo en el que es necesario disponer de una bicicleta para desplazarse por Roma, en este caso para colocar carteles publicitarios.

La mala fortuna se cruza en su camino y en su primera jornada laboral, un grupo de ladrones de poca monta pero bien coordinados le roban su medio de locomoción, y a partir de ahí comienza una odisea, una carrera frenética en la que nuestra desdichada víctima, acompañado por su hijo Bruno trata de buscar afanosamente su bicicleta por una caótica capital italiana, tanto como buscar una aguja en un pajar.

Es un drama social y humano que encarna la desesperanza de la clase trabajadora, y en la que confluye una profunda crítica al sistema. En aquella época darle un corte de mangas al sistema no fue fácil, en España tampoco. Una manera de eludir la censura (España) o un sistema férreo (Italia) era, sin duda, plasmar escenas costumbristas y contar la realidad de forma cotidiana sin necesidad de decir frases palmarias ni circunloquios.

La bicicleta se convierte en un símbolo, el tener y el no tener, el futuro o la depresión, la vida y la muerte; por entonces los coches escaseaban, eran un lujo. Nuestro protagonista Antonio, magistralmente llevado por el actor Lamberto Maggiorani se aboca a formar parte del círculo vicioso de la sociedad, donde él se plantea, en una dolorosa encrucijada moral, convertirse en ladrón para pasar el testigo a otro infortunado.

Siempre llamará la atención del espectador español que de los italianos apenas nos separa el idioma, fijémonos en la forma de ser y actuar, las costumbres, los rasgos, las indumentarias…, no creo que haya país que se parezca más al nuestro, y eso que no tenemos frontera con él. La película nos muestra ese sentir, el bullicio de las calles, la alegría de sus gentes pese a su situación social, la pillería, las acusadas creencias espirituales de la población, a medio camino entre la Iglesia Católica y la videncia, etc. Nada, en definitiva, de lo que nos hayamos olvidado ni en España, aunque estemos en el siglo XXI.

Deja muchos mensajes esta producción, pero aparte del que más claramente quiere dejarnos su director De Sica, que es ni más ni menos que la desesperanza del ser humano ante su destino en su sociedad opresiva; hay uno muy interesante que da para reflexionar en estos momentos de fuerte depresión económica. En un momento de la acción, cuando Antonio trata de buscar ayuda de un amigo basurero que también se dedica a la farándula, aparece una escena en la que una persona que parece ser sindicalista afirma con rotundidad lo inadecuado de los subsidios de desempleo y la necesidad de obra pública. Yo sé que en estos tiempos que corren cada maestrillo tiene su librillo, y que como pasa con el fútbol, cada uno es en su casa seleccionador nacional. Sin ánimo de ser presuntuoso, hubiera sido interesante que los subsidios actuales se hubieran conjugado con más obra pública, estaríamos pagando a desempleados por trabajar, por ser productivos.

En definitiva, una obra cumbre del neorrealismo italiano, un clásico de los que se enseñan en todos los cursos de cine, la muestra más evidente de cómo una historia simple se puede convertir en una joya del séptimo arte.

lunes, 4 de octubre de 2010

EL AJEDREZ, ¿UN DEPORTE EXTRATERRESTRE?

¿Qué decir del ajedrez? Sin duda, el juego de mesa por excelencia, que ha sido elevado a la categoría de deporte ciencia y, desde luego, sus practicantes están considerados a todos los efectos como deportistas.

No obstante, aunque estamos ante el juego más conocido del mundo y que un porcentaje muy alto de la humanidad juega o ha jugado alguna vez, o al menos sabe cómo se mueven las piezas, los que se dedican a la alta competición son una especie poco común.

Puedo referir esta última frase tan tajante porque como persona nacida y criada en Linares, una de las capitales mundiales del ajedrez, y buen aficionado a este deporte he tenido oportunidad de ver a un amplio elenco de jugadores, desde las grandes figuras hasta los que malviven acudiendo a torneos menores para financiarse el ir a otro torneo, y así sucesivamente. Sí porque aparte del famoso Torneo de Linares y el haber podido contemplar cómo paseaban por sus calles las estrellas de este deporte, también se celebraba antes un torneo tipo “open”, y hace unos años también tuvo lugar allí el Campeonato de España que igualmente tuve el gusto de presenciar.

Sí, siempre me ha parecido que los jugadores profesionales de ajedrez eran un poco raros; la verdad es que en un deporte de tantísima concentración y gasto de neuronas (por cierto, para quien piense que no es un deporte, la mayoría de los jugadores de élite están delgados, porque se consume mucha energía en una partida que puede durar varias horas), algunos pueden terminar tocados, con tics algo extraños, con conductas infrecuentes y con formas de vestir algo extravagantes, e incluso desaliñados. No obstante, en los grandes torneos, aquellos a los que acceden sólo los mejores, los que viven bien de esto, se les aprecia una cierta distinción, cuidado en el vestir, cordiales relaciones con la prensa y, de algún modo, equilibran la balanza de la normalidad.

Bueno, hecho este preámbulo, me ha apetecido esta semana hablar de ajedrez por dos hechos significativos que han sido actualidad estos días. El primero han sido las recientes declaraciones del Presidente de la Federación Internacional de Ajedrez (FIDE), Kirsan Ilyumzhinov, que había calificado a este juego como una creación extraterrestre; y el segundo por la celebración en Rusia, más en concreto en Janti-Mansisk de la Olimpiada de Ajedrez 2010, la mayor competición mundial por equipos de este deporte ciencia que se celebra cada dos años.

Bastantes medios de comunicación se han hecho eco de las palabras de Ilyumzhinov, para mofarse o hacer sorna de esas confesiones tan fuera de tiesto. Pero creo sinceramente que una cosa llevaba a otra. Este señor, multimillonario él y Presidente de una pequeña república rusa (como una provincia en España), la de Kalmukia, no tiene ni un pelo de tonto; y estoy convencido de que quería llamar la atención acerca de la celebración de la Olimpiada y, en consecuencia, de que se hablara de ajedrez en estos días, un deporte que no atrae masas. Por otro lado, tenía prácticamente asegurada su reelección como, como así ha sido, en el Congreso que paralelamente se ha celebrado durante esta Olimpiada, así que de paso se hacía una publicidad gratuita.

A mí particularmente no me gusta cuando alguien se apoltrona en el poder, porque termina creyéndose que el cortijo es suyo, y a este hombre le ha pasado, ya que es Presidente desde 1995 y lo que quede. Y es que el ajedrez como cualquier manifestación humana, no está exenta de polémica y de luchas intestinas. Y sinceramente creo que Kirsan ha contribuido a que haya más disensiones y enfrentamientos.

Particularmente algo que le achaco es que el ajedrez ha perdido el brillo, el espectáculo y el interés que despertaba hace apenas veinte años. Todo el mundo recordará los enfrentamientos por el cetro mundial de los prohombres contemporáneos de este deporte, Karpov y Kasparov. Sus partidas llegaban a echarse en directo en la televisión, o se hablaba de ellas en los telediarios, y hasta algunos medios de comunicación buscaban una infundada mala relación entre ambos, más allá de la fuerte rivalidad competitiva que es innegable que siempre tuvieron. También fueron célebres las sesiones de partidas entre Kasparov y el ordenador Deep Blue, ganó este último aunque siempre se sospechó que la máquina podía haber tenido unos ayudantes muy humanos.

Kasparov anunció su retirada hace unos años, entre otros detalles por desavenencias con la FIDE; Karpov fue perdiendo fuelle, pues era bastante más mayor que su adversario. Con ellos dos se fueron los dorados años del ajedrez que a todos, en algún momento, llamó nuestra atención.

También aquella fue la época en la que el periodista de ajedrez más conocido de la historia de nuestro país, un tal Leontxo García, muy característico por ser alopécico, se encargaba de hacer las crónicas de esas míticas batallas y presentarlo además con un toque muy personal y atractivo que provocaba el interés de la gente aunque la mayoría no supiera qué era la defensa siciliana o el gambito de dama. Tuvo el honor de haber dirigido una serie que emitió TVE sobre ajedrez, la única que yo recuerdo sobre este deporte, y que se titulaba “La pasión del ajedrez”, muy didáctica y que hoy es referencia en todas las escuelas de ajedrez de habla hispana.

El ajedrez tiene algo que sobrepasa la dimensión de cualquier otro deporte, y es que muchas veces las partidas se extienden más allá del tablero, no sólo porque se analizan después de celebradas; sino porque antes de cualquier cita tienes que estudiar más o menos al adversario. Y, sobre todo, lo más duro de todo es que tienes que estar toda la vida estudiando: las aperturas, el medio juego, los finales..., estar a la última con nuevas estrategias en definitiva; y los que dedican más tiempo, disponen de más talento y tienen la cabeza mejor amueblada pueden dedicarse a esto, porque lamentablemente muchos han perecido en el intento o han quedado tocados para toda la vida. Es decir, que Kirsan tiene razón a veces hay que ser un poco extraterrestre para dar tu existencia por esto y no perecer en el intento. Otro de los claros ejemplos fue el caso del campeón estadounidense Bobby Fischer, cuya vida ha estado plagada de un oscuro halo, susceptible de poder llevarse a una película de intriga.

Por esa dimensión que casi se mezcla el deporte con la propia vida de los ajedrecistas hay un catálogo de anécdotas casi infinito; especialmente simpática es aquella en la que un maestro fue a jugar a una prisión contra varios presos y uno de ellos consiguió coronar un peón (promocionar hasta la última casilla), el sujeto en cuestión le preguntó al maestro qué se hacía en este caso, a lo que este señaló que podía pedir (la pieza) que quisiera, entonces el preso apresuradamente instó a que le trajesen un filete.

Por cierto, que el balance de España en esta Olimpiada recién concluida ha sido muy positivo en categoría masculina, acabando en 8º lugar, que es un gran triunfo considerando que en el ranking de partida era la 16ª selección y cuatro de los cinco seleccionados españoles han conseguido subir en su puntuación Elo (sistema que otorga o quita puntos en función de las partidas jugadas y de la fuerza del oponente); y regular para nuestras féminas que han ido de más a menos en el torneo, y han acabado en la trigésimonovena posición, catorce puestos por debajo de su ranking inicial.