sábado, 30 de junio de 2012

¿QUIÉN DIJO QUE LA MIRINDA NO EXISTÍA?

Sigo destilando sensaciones de mi reciente viaje a Etiopía que, como no podía ser de otro modo, ha dejado una huella imborrable en mí. En una de esas vivencias que han ido jalonando nuestros días en tierras africanas no puedo por menos que fijarme en una bebida refrescante que consumíamos en España hace más de treinta años, y que como por arte de magia desapareció de nuestros habituales “abrevaderos” para nunca más saberse de ella, se trata de la Mirinda.

La Mirinda, en contra de lo que mucha gente pudiera pensar, existe y mucho, estando muy implantada en un montón de países como el refresco que compite de manera abierta y ajustada con la otra gran bebida de frutas como es la Fanta (de Coca Cola). No en vano, la Mirinda es un producto que se comercializa con la marca de Pepsi Cola.

Lo cierto es que no he logrado hallar por qué Mirinda expiró en España, cuando además sin haber conseguido saber qué persona o empresa tenía la patente, se dice que era un producto de origen español. El nombre de Mirinda tiene una cuna un tanto “friki” pues significa en esperanto algo así como admirable o hermosa.

Es imaginable que Pepsi Cola no haya querido reintroducir en España la Mirinda, un nombre que nos trae gratos recuerdos a los que ya vamos pintando algunas canas, porque en nuestro país dispone de otras marcas de refrescos que son de su propiedad y que le quitarían cuota de mercado si la Mirinda volviera a aparecer en las estanterías de los supermercados y en las barras de los bares. De hecho, la marca Kas es propiedad de Pepsi Cola, que es precisamente una bebida que se hace en el País Vasco (Vitoria) y que tiene bastantes adeptos, y es que como suele suceder con las bebidas refrescantes uno es de tal o cual bebida para siempre.

No obstante, y para ser fieles a la realidad no es cierto que la Mirinda no se comercializa en España, por lo que he podido averiguar se puede localizar en algunos comercios y establecimientos de restauración de Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Málaga y Canarias.

En estos días que he podido degustarla en Etiopía, país donde domina el mercado ampliamente sobre la Fanta; la Mirinda es a decir verdad, mucho más frutal y dulce que su competidora y también menos gaseosa. Estamos hablando lógicamente del refresco de naranja, pero hay muchos más sabores abarcadas por Mirinda y muchos países donde pueden disfrutar de esta marca de antaño.

Sin duda, el sabor de naranja es el más popular, pero también existe dependiendo de los países, los sabores de pomelo, mandarina, limón, fresa, manzana, uva, piña…

Hay más de veinte países del mundo donde está fuertemente implantada, es decir, que supera en ventas a la Fanta, en África precisamente Etiopía es casi la excepción (también Sudán y Argelia), pues es en América Latina donde Mirinda se lleva la palma y, del mismo modo, en los países del Oriente Medio. Luego existen algunos países europeos donde se comercializa pero ahí no desplaza a su competidora perteneciente a la rival Coca Cola.

Desde luego, yo abogaría porque volviese la Mirinda, Dios Mediante, o sea, mientras los de Kas lo permitan que lo veo crudo, porque a mí me ha gustado más que la Fanta, incluso para los cubalibres, pero sería bonito poder ver en algún supermercado popular aquella bebida que hacía las delicias de los paladares más exquisitos allá por la década de los 70, que es cuando yo tengo conocimiento, aunque imagino que antes ya existiría. Y con cuyas chapas o platillos jugábamos los niños de entonces a meterlas en un agujero desde diferentes distancias (la chapa que muestro en esta fotografía es mía y es una de las varias que me he traído de Etiopía).

Como curiosidad, hay un divertido cortometraje del director de cine vasco Álex de la Iglesia que se llama “Mirindas asesinas”, y en el que el actor Álex Angulo, inicia una escalada de asesinatos a sangre fría tras pedir una Mirinda en un bar, recomendable por su formato y porque te ríes un rato.

sábado, 23 de junio de 2012

PORQUE ESTO ES ÁFRICA... VERDADERAMENTE

Pues nada, periplo vital el que ha estado haciendo uno por tierras africanas y más concretamente por Etiopía. Los que me conocen saben de qué se trata. No obstante, no quería dejar pasar la oportunidad que mis contactos en Facebook quizá pudieron ver días atrás, pues con ocasión de este viaje coincidía que la selección de fútbol etíope, disputaba en casa un partido de clasificación para el Mundial de 2014 y me apetecía ir a ver ese partido.

De este modo y como una manera de recordar para siempre dicha experiencia, me apresto a relatar lo sucedido, pues no tiene ningún desperdicio. He de decir que tal vivencia no hubiera acaecido de no mediar un bailenense trotamundos como es Jose Galey que lleva unos meses en Addis Abeba (Addis Ababa para los etíopes) y permanecerá en dichos lares durante dos años. Lástima no haberlo conocido antes, pues es todo un descubrimiento, una persona con la que podrías viajar a cualquier parte del orbe porque se maneja como pez en el agua.

Y efectivamente, si no hubiéramos ido juntos, difícilmente yo podría haberme aventurado a ir al estadio para ver a Etiopía contra la República Centroafricana. Esto ocurría el domingo 10 de junio de 2012, y el partido era a las 16.00 h. hora etíope (una menos en España). Sin entradas pero con la inteción de ir a la taquilla a adquirirlas y si era posible comprar una camiseta oficial de la selección etíope, allí que nos presentamos como tres cuartos de hora antes del choque, y nos encontramos unas colas monumentales, a la par que el bullicio en el interior del campo era enorme (como si ya estuviera lleno). Jose intentó ver cómo podíamos eludir las colas, pero fue en vano. Vagando de taquilla en taquilla dimos con un tipo que vendía tabaco y que nos ofrecía entradas (de reventa). A Jose le pregunté previamente si había reventa, pero no lo sabía, así que por primera vez en mi vida experimenté lo que es comprar unas entradas a muchísimo más precio de su valor.

Aclaremos las cosas, la entrada valía oficialmente 7 birr (como unos 33 céntimos de euro), y nosotros pagamos por ella 100 birr (algo así como 5 euros). Es entendible que pagáramos esa cantidad ridícula por muy revendida que estuviera la entrada, más que nada por evitar el sofocón de las colas, para que luego no hubiera entradas a la venta; y de paso le arreglamos la semana o el mes al que nos vendió las entradas. Amén de que la policía no se andaba con chiquitas y utilizaban las porras sin miramientos a aquel que se pasara de la raya.

Jose, no obstante, con criterio de perro viejo, de tener muchos tiros pegados, le dijo al inopinado vendedor que nos acompañara hasta la entrada y no le dio el dinero hasta que no verificó que las entradas eran legales. Y entramos en el campo, podría faltar media hora para el inicio del encuentro y sí, allí no cabía ni un alfiler. Nosotros habíamos conseguido las entradas en una zona popular, nada de tribuna ni asientos individuales, unas gradas corridas hechas de cemento que me recordaban el Estadio Mpal. de Linarejos de mi natal Linares.

Y vino un momento cumbre, hubo más, al poco de entrar vimos como la gente animaba, aplaudía, gritaba..., pero ¿a quién? No me lo quise imaginar pero Jose me lo confirmó, la gente se dirigía a nosotros, cientos, yo diría que miles de enfervorizados aficionados etíopes, reclamaban nuestra atención en señal de reconocimiento porque dos blancos (farenji en amharico, que significa extranjero), fueran a ver el partido en una zona tan calurosa.

La pregunta vino a continuación, ¿dónde nos sentamos?, ya digo que no cabía ni un alfiler y no se divisaba sitio por ningún lado, las gradas estaban repletas. No obstante, a medida que avanzábamos la gente nos invitaba a que nos colocáramos al lado suyo, y por más que solicitaban nuestra presencia yo no adivinaba dónde estaba el sitio para sentarnos. Así que Jose supongo que escogería a algún aficionado al azar, por vistoso o no sé, y allí que subimos las gradas por medio de la gente para situarnos adonde nos indicaba un tipo bullicioso de mediana edad, con el pelo largo y gorra que lucía una camiseta y una bandera de su país.

Como no podía ser de otro modo, sitio no había, y allí subimos varias gradas, mientras que la gente se iba apartando como podía hasta el lugar indicado, pero que sitio no había. Allí encajamos los culos como pudimos y no fue fácil, pues Jose y yo superamos la media de peso y estatura... y culo, de un etíope medio (en Etiopía hay pocos gordos).

No pasaron ni cinco minutos cuando después de hacernos fuertes en la plaza, la gente comenzó a vitorear la presencia de un personaje que vestía camiseta de su selección y que supusimos que podía ser un antiguo jugador o alguno actual que estaba lesionado. Y el tipo no sé si porque la gente se lo indicó o porque entre una multitud de negros, la parejita de españoles éramos un "blanco perfecto", lo cierto es que se vino directamente para nosotros a saludarnos y nos hicimos la foto de rigor, porque si era alguien importante, merecía la pena inmortalizar ese momento.

A lo largo del partido ya nos dimos cuenta de que el tipo en cuestión era una especie de "Manolo el del bombo" versión etíope, pues cantaba, bailaba, contaba chistes, animaba a la afición y se empleaba a fondo para que no decayera el ánimo.

Bueno pues empezó el partido, a todo esto hay que decir que era el segundo partido de la segunda fase de clasificación para el Mundial y que la semana anterior Etiopía había sacado un magnífico resultado en Sudáfrica ante los "bafana bafana", consiguiendo un empate ante un rival teóricamente superior. Imagino que eso habría animado aún más a la afición a acudir en masa al estadio.

El campo tenía un césped en malas condiciones, un patatal como solemos llamarlo en España, pero más o menos adecuado a las características del juego de ambos equipos, escasamente técnico y más bien físico. Los centroafricanos eran más corpulentos que los etíopes pero torpones, y los locales basaban su juego en la providencial resistencia de sus jugadores, mucho más dinámicos, aparte de aprovechar las ventajas de estar aclimatados a jugar a 2.600 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que afecta sin duda a cualquier deportista no acostumbrado a rendir en altitud. No obstante, el partido a decir verdad fue bastante mediocre, diríamos que un tostón. La mayor parte del encuentro era en el centro del campo y ningún equipo salía con el balón controlado desde la defensa, era un patadón y tentetieso.

En una jugada aislada en la primera parte, el mejor jugador etíope Saladin Said (que juega en Egipto), lograba el primer gol al filo de la media hora. Allí se lió el jolgorio, pues la afición hasta ese momento permanecía bastante fría, ahora se entiende porque requieren la presencia de showman como el que se hizo la foto con nosotros, porque de otro modo la gente está sorprendentemente bastante callada.

Llegó el descanso y, por supuesto, nada de moverse del sitio, al más puro estilo "el que fue a Sevilla perdió su silla". La segunda parte fue más de lo mismo, los etíopes dominaban algo en el patatal, pero sin generar ocasiones de gol; los centroafricanos seguían a lo suyo, achicando espacios y rezando para que sus defensas no cantaran (que lo hacían con bastante regularidad). En otra jugada aislada de nuevo Saladin Said marcaba el segundo tanto, plantándose solo delante del portero y pegándole tan mal a la pelota que media patada se la dio al césped y la otra mitad al balón, este salió mordido y flojo aunque imposible para el portero rival. Saladin no pudo celebrar el gol en condiciones porque la patada en el suelo lo lesionó y tuvo que ser atendido nada más anotar.

Y llegó el final del partido, Jose tenía algo de incertidumbre pues la salida podía ser caótica, yo le dije que esperáramos pero él me señaló que era poco menos que una locura, que había que dejarse llevar por la marea humana. Así lo hicimos, nuevamente entre el júbilo y entiendo que agradecimiento de la afición etíope de que dos blancos se hubieran sumado a la fiesta. Hasta llegar al vomitorio todo eran saludos, algunas fotos, y a Jose alguien le dio un gorro rastafari y una bandera. La salida fue precisamente haciendo honor al lugar por el que salimos, fuimos literalmente vomitados entre empujones y pequeños golpes, me sentí como un mozo en los sanfermines cuando entra en la plaza de toros.

Pero estábamos fuera, era lo importante, y la experiencia como yo la califiqué en el transcurso del encuentro a Jose, había sido una de las más alucinantes de mi vida. A todo esto es justo reconocer que Jose y yo llevábamos cada uno, una cierta cantidad de dinero en el bolsillo, el equivalente a 30 euros en moneda etiope (por si podíamos comprar las camisetas), toda una fortuna, y aunque lo tuvimos a buen recaudo y vigilado, nadie, absolutamente nadie nos intentó meter la mano, y mira que estuvimos cerca de gente, pero lo cierto es que en Etiopía el personal es muy humilde pero también bastante honrado.

A los pocos minutos nos recogió el taxista que acompaña a Jose diariamente y le contamos la experiencia, y sobre todo le preguntamos quién era el tipo ese que nos había saludado y se había hecho la foto con nosotros. Cuando la vio se sorprendió y dijo que ese tipo era Adane, un personaje muy famoso en Etiopía que sale muchas veces en la tele y que es el animador oficial del Bunna Sport Club, uno de los clubes de fútbol más señeros de este país. Además le pidió a Jose que le imprimiera la foto pues quería tenerla de recuerdo.

Y yo efectivamente comprobé que este Adane es una celebridad en Etiopía, en un buscador es fácilmente localizable poniendo su nombre y el del equipo. Para muestra un botón, aquí señalo un enlace de "youtube", es una especie de documental de la televisión etíope en el que se le ve charlando con un tal Acheno, el curioso animador del equipo rival, que es otro carismático personaje que tiene la tara de que es manco, pero eso no le impide tener una personalidad arrolladora capaz de mover a las masas. El vídeo es larguillo, yo no lo he visto entero, pero aproximadamente en el minuto 28 se puede ver a mi amigo Adane montando el show, poco más o menos al estilo del que montó el día del partido. El enlace es: http://www.youtube.com/watch?v=PyDL_9I3_5Q

Jose me indicó al día siguiente que habíamos salido en la tele, en un programa de deportes de la televisión etíope, yo no lo pude ver. Quedó encargado de ir a ETV, la televisión etíope, para que le dieran una copia. Si alguna vez la tengo yo, pondré un enlace para que se vea a estos famosos por un día.

Y, en fin, ahí terminó esta experiencia irrepetible que la llevaré conmigo toda mi vida y que recomendaría a todo amante del deporte y que encargaría muy encarecidamente a esos xenófobos que existen en ciertas partes del mundo, pues se podrían dar una vuelta por África para comprobar que el color de la piel es simplemente un detalle estético que no influye en la personalidad de la gente.

jueves, 14 de junio de 2012

SÉTIMA LEGIÃO, BUEN GUSTO Y CALIDAD EN EL PANORAMA MUSICAL LUSO

Entono el mea culpa y confieso que soy uno de los muchos españoles que conoce poco de Portugal, aunque sean nuestros vecinos y teóricamente debiéramos tener muchas cosas que nos unen; yo de hecho, ni siquiera he visitado este país y mira que tengo ganas.

En música nos pasa tres cuartos de lo mismo, si nos ponemos a pensar qué grupos o cantantes portugueses conocemos, comienza a cerrarse nuestra mente y conseguiremos con dificultad decir tres o cuatro nombres, y alguno de ellos seguro que es brasileño.

Flagrante es, ya lo creo, tal desconocimiento, por eso hace unos meses cuando descubrí al grupo que hoy traigo a colación, me da más pena y apuro no saber prácticamente nada de la música lusa, y espero con esta entradilla contribuir de forma humilde a mitigar el generalizado e injusto ostracismo que vive esta música en España.

Y voy a empezar por algo que no tiene que ver con este grupo, Portugal jamás ha ganado el Festival de Eurovisión, y España lo ganó hace tantísimos años (yo no había ni nacido, creo) que es como si tampoco hubiera ganado; y tiene fácil explicación en que nuestros idiomas y el “círculo de amistades” es muy limitado, y básicamente porque no sucumbimos a la tendencia eurovisiva de que la mayoría de los países reniegan de sus lenguas y cantan en inglés. Por eso es normal que España vote a Portugal y Portugal a España, porque nos une una cierta afección.

Y descubrí casi por casualidad a Sétima Legião, pero después de haber escuchado casi toda su discografía, aún me siento más avergonzado de no haberlos conocido antes. Sétima Legião que, por cierto, es el nombre de la legión romana que llegó a la Lusitania, es un grupo de muchos quilates en nuestra vecina nación, lo fue en realidad hasta la publicación de su último disco recopilatorio en 2003; oficialmente no se han disuelto aunque sus componentes tienen carreras profesionales muy distintas, lo cual no impide, sospecho, que en el futuro pudieran reunirse para reverdecer viejos laureles.

Tal vez, esté ante la primera ocasión en este blog que no hablo propiamente de un grupo o autor de música New Age, pues en puridad Sétima Legião comenzaron haciendo música pop-rock, pero se fueron animando, madurando, sofisticando y su espíritu fue moviéndose hacia creaciones folk y también hacia la música de vanguardia. De hecho, uno de los fundadores, Rodrigo Leao fue de los primeros en abandonar este proyecto para iniciar una de las aventuras musicales más conocidas y cualitativas de Portugal, Madredeus.

Sétima Legião se atreve con todo, su música impacta, está llena de fuerza, sus voces masculinas en la mayoría de las ocasiones, cantan con fluidez a veces desgarradora, sentimientos y vivencias. Letras muy bien traídas, que podemos entender con cierta facilidad, son perfectamente entramadas en una música muy elaborada y que firmaría cualquier grupo español importante de la actualidad.

Confiesan haber recibido influencias de Echo & The Bunnymen y Joy Division, ahí es nada, por ahí se entiende ese estilo rompedor, casi falto de técnica en ocasiones, pero que encierra una depurada planificación.

Gaitas, violonchelos, acordeón, flauta, guitarra, bajo…, una combinación magistral para hacer de este grupo una parada obligada para conocer algo más del tan cercano y a la vez inexplorado panorama musical portugués.

Podríamos decir que es un grupo de culto, pero yo me asocio a que ya es en Portugal un grupo de culto donde gozó y goza de gran predicamento, lamentablemente no más allá, lástima que a esa música le cueste atravesar la frontera y nos llegue aquí con cuentagotas, pero de verdad, escuchar alguno de sus discos recopilatorios es una pasada, no deja indiferente.

jueves, 7 de junio de 2012

“OCHO SENTENCIAS DE MUERTE”, DE ROBERT HAMER

A veces buscando películas por un lado y por otro, y entre tanta vorágine vital, uno no repara en que tiene entre sus manos una joyita cinematográfica, a la que de primeras el título podía espantar un poco, a mí me lo pareció, pensé que “Ocho sentencias de muerte”, podría ser un drama, y no me imaginé que ese título escondía una entretenida comedia poco conocida.

Una película bien antigua, cierto es, de hace más de sesenta años (1949), y dirigida por Robert Hamer, un cineasta no demasiado efímero ni tampoco con excesivo éxito, pero que en esta comedia trazó con guión propio y de John Dighton, un divertido entretenimiento que mantiene su frescura hoy, y que si se repusiera en la actualidad con más medios, a buen seguro que se convertiría en una apuesta segura para las carteleras.

El argumento simple en su planteamiento no puede ser más original en su trama y desenlace. Un niñito nace en el seno de una familia en la que la madre es una aristocrática, una D’Ascoyne que reniega de su alta cuna, y su padre un plebeyo dedicado a la ópera, arte que genera pocos beneficios. El padre muere prematuramente y la madre sin el apoyo de su noble familia, debe rebajarse para sacar a su hijo adelante, llevando una vida de lo más modesta y humilde.

Tal situación no impedirá al joven Louis Mazzini recibir no sólo una buena educación sino el indicativo y enseñanza de su madre, de la posición que legítimamente le corresponde, y que es negada de forma sistemática por esa familia que no perdona a esta mujer la afrenta de haberse casado con un cualquiera.

De hecho, Louis se convierte en un auténtico lord británico en el porte, y desde su baja posición social comienza a urdir un plan para deshacerse de todos sus familiares que están por encima de él en rango y que le niegan la más mínima parte de su riqueza y posesiones.

El plan se activa cuando la madre de Louis muere relativamente joven y lo hace, como cabría esperar, con el rechazo familiar y con el menor atisbo de ayuda o reconciliación en momento tan crítico y especial para un ser humano.

Tal afrenta no podrá ser soslayada por nuestro protagonista, el actor Denis Price, que comienza a acercarse a su odiosa familia para ir cargándose uno tras otro a los que en vida de su madre, le negaron sus derechos. A todo esto el joven Louis, apuesto y educadísimo, se mueve bien por los terrenos del sexo opuesto, pero siempre estará limitado por la realidad de su humilde posición.

La parte más divertida de la película y es mucha parte, se inicia con la presentación de los familiares de Louis, que representan a la rancia aristocracia británica, con los tremendos defectos de la misma, y es que una vida de alta alcurnia los ha convertido en vulgares fantoches, sus excesos y manías serán aprovechados por nuestro personaje para idear diferentes y originales formas de deshacerse de ellos.

Lo más histriónico de la película lo representa el actor Alec Guinnes, por aquel entonces gozaba de unos espléndidos treinta años, que encarna todos y cada uno de los personajes de la familia D’Ascoyne, viejos, jóvenes, hombres y mujeres; en un ejercicio interpretativo soberbio.

Como no puede ser de otro modo el plan se cumple y el plebeyo de nacimiento Louis Mazzini se convertirá en Duque de D´Ascoyne, haciendo honor a su nueva posición y siendo muy querido por sus súbditos. No obstante, un hecho luctuoso del que es inocente y que nada tiene que ver con las ocho muertes familiares, hacen que Louis en una delirante ironía, tenga que dar con sus huesos en la cárcel.

Al final, son sus líos de faldas y no sus maquiavélicas argucias para ser Duque, los que le traerán a mal traer, pero la conclusión nos dejará un final feliz, ¿o no?

En fin, una película más que recomendable para pasar una tarde de sábado con la familia, pues son noventa minutos de puro entretenimiento, y los que la vean, a buen seguro que coincidirán conmigo en que han tardado mucho en descubrir esta perla que andaba por ahí escondida.

viernes, 1 de junio de 2012

"VIAJE AL OPTIMISMO", DE EDUARDO PUNSET

Se habla de Eduardo Punset como un gurú de la ciencia y la tecnología; llevando bastantes años abanderando esta etiqueta desde su espacio de divulgación “Redes” en La 2 de Televisión Española. Se le achaca, bien es cierto, por parte de algunos sectores que su formación académica jurídica, le hacen tener una visión sesgada o limitadamente científica de los asuntos que aborda.

No obstante, sin ninguna atadura me dispuse a leer este libro que mi hermana tuvo a bien regalarme para Navidad, y con una cierta dosis de ansia por ver qué escondía un título que llama abiertamente a un futuro mejor.

Quizá tenía una expectativa de que el libro abordaría las soluciones de esta crisis, en especial porque tal y como está la situación, los españolitos de a pie, buscamos agarrarnos a un clavo ardiendo para ver si alguien nos ofrece indicios de la salida a este período convulso, como si los ciudadanos tuviéramos culpa de algo.

Bien es cierto que se aborda de pasada este asunto, y yo creo que el espíritu que nos quiere transmitir Punset, es que amén de la crisis (de la que hemos de salir tarde o temprano, con sacrificios, aunque podamos llegar a la bancarrota técnica, pero que saldremos), el mundo no se para y que los avances en muchos escenarios científicos nos presumen un futuro mejor en diversas vertientes.

No se puede eludir que para los que ya pintamos unas poca canas, de cuarenta años a esta parte, nuestro bienestar (más allá de la crisis) se ha incrementado, nuestros coches son mejores, más rápidos y eficientes; cada día asistimos a una mayor esperanza de vida, sobre todo con el descubrimiento de nuevos fármacos y tratamientos para enfermedades incurables; que el mundo de hoy día no se puede concebir sin Internet, los móviles y las redes sociales, y que esto nos hace mejores; y que todo esto y mucho más va in crescendo.

Por tanto, pese a los recortes en I + D en España, nada nuevo por otra parte, pues antes era “que inventen ellos”, y últimamente es “que inventen los españoles pero fuera de España”, la sempiterna fuga de cerebros; el futuro que se nos avecina tiene enormes posibilidades, veremos avances en poco tiempo inimaginables en 2012 y que cambiarán nuestra forma de concebir la sociedad, si acaso podríamos plantearnos si hace apenas un par de décadas alguien podría haber augurado cómo ha irrumpido Internet en nuestras vidas y ha cambiado las estructuras de nuestra sociedad y, en realidad, la vida cotidiana de la mayor parte de los ciudadanos de este mundo.

Este es el panorama que estaremos dispuestos a presenciar desde una posición privilegiada, pero tiene muchas más lecturas, curiosamente una de las que más me ha llamado la atención es que, pese a lo que podamos pensar o a la imagen que nos quieran transmitir los medios de comunicación, los índices de violencia en el planeta están disminuyendo, y que las guerras aunque cruentas, no llegan a los niveles de exterminio de las de hace cuatro o cinco siglos, o la 2ª Guerra Mundial. Es decir, partiendo de que la vida no es de color de rosa, nos acercamos a una paz mundial, todo es más seguro, y es cierto, yo tengo la sensación de que ahora uno va más tranquilo por cualquier calle de cualquier ciudad; tal vez yo tenga una visión parcial porque he tenido la fortuna de que jamás me han atracado.

En el debe de Eduardo Punset está, y creo que muchos coincidirán conmigo (mi hermana también, que le regalaron igualmente un ejemplar a la par mía), en que o somos muy cortos, no me tengo por esto, o nuestro amigo utiliza a veces un discurso que no es fácil de seguir, es decir, que yo le recomendaría a Punset que se bajara un poco más a la arena, porque algunos episodios no son suficientemente claros, cuando el mensaje que quiere transmitir es el correcto, es decir, no utiliza las mejores herramientas para el objetivo final.

Por último, y retomando lo que comentaba en el párrafo inicial, estoy convencido de que Punset sabe de lo que habla y de que esos que lo critican porque pudiera ahondar en aspectos que conoce de pasada, están equivocados. No sólo demuestra ser un hombre de mundo, absolutamente versado en conocimientos científicos, sino que por si hubiera alguna duda, hay un equipo de personas detrás que supervisan todos y cada uno de los comentarios vertidos en este libro, que nos llama hacia un fundado optimismo en el futuro que tenemos a la vuelta de la esquina.