lunes, 12 de diciembre de 2011

"PURA ANARQUÍA", DE WOODY ALLEN

Woody Allen genera opiniones encontradas. Su cine despierta pasiones y críticas a partes iguales, tiene seguidores tan acérrimos como detractores en grado mayúsculo. Lo que tal vez algunas personas desconocen es que en su extravagante personalidad, considerando la archiconocida de ser un fantástico clarinetista e intérprete de jazz, también escribe libros y estos no pueden ser otra cosa que una prolongación de su talentoso, absurdo y delirante ser. Un Woody Allen del que tenemos el gusto en España de haberlo galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002 (que creo que van ganando prestigio con respecto a los Nobel).

Pese a que no me considero un apasionado del cine de Allen, reconozco que su humor es único y en algunas de sus películas me he reído bastante; particularmente Zelig me parece una estupenda película que resume la singularidad de su vis cómica. El libro que hoy traigo a colación ya lo tuve en mis manos hace más de tres años, comencé a leerlo en un importante momento para mi vida que terminó no de buena manera, y le tomé manía al libro, sé que él no tenía la culpa, pero a veces me ocurren estas rarezas, y ahora he hecho un sprint para liquidarlo.

El título de este libro, que es una especie de ensayo, es muy revelador, “Pura anarquía”, casi una tarjeta de visita de lo que representa Woody Allen. Se trata de una colección de relatos cortos absolutamente disparatados que llevan en sí, como toda la obra artística de este genio una crítica simpática pero directa a la sociedad actual, mucho más extravagante y absurda que él mismo; sus historias reflejan con sus giros disparatados una realidad que no es tan lejana como nos pensamos.

La existencia de sectas agresivas y el empecinamiento del ser humano por seguir cayendo, los chapuzas que empiezan por arreglarte la casa y terminan por arruinar tu vida, los inventores de dietas que se proyectan al infinito, la existencia de guarderías infantiles para estimular a niños bien desde bien chicos, los tejidos capaces de repeler manchas, los campamentos especiales para hacer cine (imagino que esto sólo se da en Estados Unidos), etc. Estas y otras muchas realidades dan pie a Woody Allen para sacar punta y cebarse en todas estas iniquidades de la especie humana.

Y es que este es un excepcional caldo de cultivo para construir estos relatos donde la absurdidad es la moneda de cambio. Pequeñas invenciones de Allen que no tienen principio claro y desde luego el final no se atisba, lo consistente es lo que lleva dentro en forma de giros ilógicos e incoherentes. Podía señalar muchos pero me quedo con un par de ellas a modo de aperitivo para abrir boca a los que se quieran adentrar en esta lectura: “Mike Sweeney es grande como un oso y fácilmente podría pasar por un oso, y de hecho varios zoos se han puesto en contacto con él para proponerle que sustituya al oso auténtico cuando se pone enfermo”, o esta, “Stubbs dejó inconsciente a Wilbur de un puñetazo y se fugó con mujer de este, no sin antes dejar en su lugar una muñeca hinchable. Una noche, después de los tres años más felices de su vida, Wilbur empezó a sospechar cuando le pidió a su mujer más pollo y ella de pronto reventó y empezó a volar por la habitación en círculos cada vez menores hasta posarse en la alfombra”. En fin, absolutamente absurdo a la par que genial.

Sea por lo que sea porque Woody Allen es quien es, porque exaspera a unos y maravilla a otros, recomiendo este librillo para que cada cual salga de dudas sobre su opinión acerca de este cineasta – escritor, desde luego no deja indiferente.

También podrá pensar alguien que cuando uno tiene tal estrella y dinero puede ocurrírsele escribir lo que le dé la gana que siempre habrá quien lo compre, aunque la calidad no esté contrastada. Yo lo dejo al criterio de cada cual.

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