martes, 8 de noviembre de 2011

ALFRED HITCHCOCK, UN GENIO HACIENDO TELEVISIÓN

Soy un enamorado de las películas de Alfred Hitchcock pero confieso que realmente cuando comencé a sentir pasión por este icono fue a partir de conocer algunos de sus trabajos para televisión. En concreto “Alfred Hitchcock presenta” o “La hora de Alfred Hitchcock”, me abrieron al mundo de este sensacional cineasta y, aunque resulte tópico, este genio del suspense.

Fue en el año 1984 cuando TVE emitió a la hora de la cena una serie de capítulos de la producción “Alfred Hitchcock presenta”, en concreto una selección de veinte entregas de los casi tres centenares de capítulos que produjo a partir de 1955. Se trataba de aquellos que dirigió él exclusivamente, el resto eran producidos por él e imagino que aprobados para que tuvieran no sólo un sello de calidad sino el toque idóneo de este mago del entretenimiento.

Si cerramos los ojos e imaginamos lo que nos evoca hablar de Hitchcock seguro que muchos recordaremos la cabecera de este programa en el que se veía al director desplazándose de perfil y se mezclaba con una figura hecha a trazos un tanto abstractos y esquemáticos en los que se adivinaba la oronda personalidad de Alfred; imagen imitada en multitud de ocasiones. Todo ello adornado con una música un tanto grotesca y que curiosamente recibe el título de “Marcha fúnebre de una marioneta”, creada por el compositor francés del siglo XIX Charles Gounod.

El formato era bien sencillo, para comenzar Hitchcock habría el capítulo, que en sus emisiones originales tenía una periodicidad semanal, para dar una pincelada de lo que venía a continuación y siempre enfrascado en alguna circunstancia cómica, disfrazado, rodeado de artilugios, acompañado por personajes irreales...; después venía el cortometraje que era en realidad lo importante, lo que se proyectaba, el cual duraba unos veinticinco minutos, y finalmente cerraba el mismo Alfred comentando algo sobre el episodio recién visto, algunas veces su resolución y el desenlace de su circunstancia particular. Era como su propio show dentro del show, permítaseme decirlo así, y siempre con un semblante serio, jamás se reía, todo lo más una sonrisa, cuando normalmente todo su entorno y él mismo eran de chiste.

Lo sustancial de esta serie, aparte de la siempre singular y desternillante aparición de Alfred Hitchcock, generalmente al más puro estilo “humor inglés”, era el cortometraje en sí. Con una serie de situaciones en las que se ponía de relieve la intriga, el terror psicológico, a veces situaciones cotidianas que se enredaban, otras tomadas con humor pero que tenían algún final insólito... La consecuencia de ello y lo que nos quería hacer transmitir Hitchcock era alguna lección moral, pues ante todo se ponía de relieve en esta histórica y amplísima producción las veleidades, imperfecciones, calamidades e inmundicias de la especie humana.

Con la duración semanal de esta producción, su visionado no podía ser más ágil y el grupo de adeptos que ha cosechado a lo largo de este más de medio siglo desde su emisión por primera vez, no sólo no se ha ampliado sino que se ha convertido en una especie de fanáticos seguidores; no en vano se ha llegado a clasificar como una de las cien mejores series de televisión de todos los tiempos; yo me atrevería a dejarla en un grupo selecto de diez.

Casi una década de producciones televisivas que dejaron una grandísima huella, de todas las que se hicieron he visto seguramente más de la mitad, y tengo recuerdos imborrables de algunas de ellas, toda la esencia de unas historias bien planteadas en veinticinco minutos que te dejan absolutamente maravillado y otras veces fuera de sitio.

Hay una curiosidad que marcaba el cine de Alfred Hitchcock y es la aparición puntualísima de él mismo durante apenas unos segundos, es lo que se denomina en inglés cameo role; una especie de etiqueta que estaba prendida en cada película y que tenía, entre otros fines, poner en juego la atención de los espectadores. Sin embargo, en esta serie Alfred no estilaba eso y sólo en un capítulo tuvo una aparición esporádica.

En 1985 la cadena de televisión CBS/NBC llevó a cabo una reposición de la serie, coloreando las entradas jocosas de Alfred Hitchcock y aprovechándolas para hacer nuevos capítulos con una ambientación moderna y con más despliegue de medios. Resultan interesantes pero les falta el sabor clásico de esta serie inolvidable.

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