martes, 3 de enero de 2012

"FOREVER THE MOMENT", DE SOONRYE YIM

Ya el año pasado traje por estas fechas una película relacionada con el balonmano (de las poquísimas que hay), a modo de regalillo de Navidad y Reyes para mis amigos y seguidores del blog, que muchos de ellos aman este deporte como yo.

Y me reitero, no hay mucho donde buscar y lo que se encuentra es ciertamente exótico. La peli del año pasado era de Sri Lanka y la de este de Corea del Sur, es decir, dos producciones asiáticas para un deporte que por aquellas latitudes no está tan extendido como en Europa.

“Forever the moment” del director surcoreano Soonrye Yim, está basada parcialmente en hechos reales. Narra las peripecias de la selección femenina de balonmano de Corea del Sur en su preparación para los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004.

Antes de ello habría que hacer algo de historia pues el fenómeno surcoreano en este deporte del balonmano como en otros muchos, al igual que la explosión competitiva y de logros deportivos de China más recientemente, tienen como punto de inflexión la organización de unos Juegos Olímpicos, en el caso de Corea del Sur con los de Seúl 1988. Antes de ese evento las autoridades de aquel país, una nación muy avanzada (ni punto de comparación con sus hermanos de Corea del Norte), se proponen crear unas infraestructuras deportivas modélicas y la búsqueda casi científica de talentos para las disciplinas olímpicas.

En este sentido, si la historia del balonmano jamás había oído hablar del balonmano surcoreano antes de la década de los 80, a partir de ahí comienza a experimentarse una nueva dimensión de este deporte por parte de los y las balonmanistas de este país, que conciben el juego y la estrategia de forma diferente a la que teníamos asumida en Europa, y comienzan a llegar los éxitos, mucho más brillantes en el caso de las féminas; pues las surcoreanas no se bajan del podio durante cuatro Juegos consecutivos: plata en Los Ángeles 84, oro en Seúl 88 y Barcelona 92, y plata nuevamente en Atlanta 96. En el histórico de la competición femenina en los Juegos son las segundas en el escalafón detrás de Dinamarca que ha cosechado tres oros.

En los siguientes Juegos (Sydney 2000) no consiguen llevarse metal y deben afrontar la cita en Atenas con el horizonte de un nuevo fracaso, pero lo que es más importante con la complicación de llevar a cabo un relevo generacional que a pocos meses de la cita ateniense no está consumado.

Con estos ingredientes Soonrye Yim junto con Hyeon Na construyen un guión muy maduro, serio y creíble, que nos meterá de lleno en una faceta del deporte de alta competición en la que quizá nunca reparamos, y es la de los problemas personales y familiares de todo deportista (en este caso de mujeres) que deben conciliar, aun con enormes dificultades, su dedicación casi exclusiva al deporte, sacrificando a veces una vida normal por completo.

Ese el reto al que se enfrentan cuatro jugadoras de la vieja guardia, olímpicas en Barcelona y Atlanta y que ocho años más tarde, en el ocaso de su carrera, desahuciadas por sus clubes al terminar la temporada, han de hacer un último esfuerzo para defender los colores de su país.

Una de ellas acuciada por las deudas de juego de su marido y con un hijo a su cargo; otra no ha podido casarse porque su entrega al balonmano le ha impedido buscar pareja... y el arroz se le pasa; una tercera ha quedado estéril por las fortísimas sesiones de entrenamiento a que ha sido sometida a lo largo de su carrera deportiva; y la última aunque con la vida resuelta pues es entrenadora de prestigio en Japón y con una cuenta corriente sobrada, tampoco ha podido hallar el amor de su vida.

Precisamente esta última es la entrenadora interina de la selección surcoreana pero desavenencias con la Federación de su país, la obligan a abandonar su cargo para pasar a ser jugadora; un antiguo jugador de balonmano, un icono en su país, es nombrado con celeridad, y decide apostar por el cuarteto de veteranas, pese a las dificultades que implica para la disciplina y la planificación de los entrenamientos contar con un grupo tan viciado.

Los problemas entre el entrenador y el grupo de veteranas se suceden hasta el punto de que se llegan a apostar en una carrera el continuar en la concentración y, de hecho, el entrenador sale victorioso, pero en última instancia decide reincorporarlas.

No acabarán ahí las vicisitudes del grupo de veteranas, pero poco a poco la simbiosis entre estas y las jóvenes comienza a dar sus frutos. El nuevo entrenador llegará también a dar un giro a sus entrenamientos, pues deben competir ante jugadoras europeas que superan en físico a las asiáticas.

Resulta, en este sentido, muy ilustrativo que el balonmano surcoreano haya estado en la élite, luchando contra los embates de las fuertes ligas europeas. En este país absolutamente aislado en este deporte, con casi nula oposición en su continente, se enorgullece de tener un sistema propio, capaz de cortocircuitar a cualquier rival que se ponga por delante, tanto en hombres como en mujeres. La clave es simple, y más de un equipo de balonmano debería imponerse esta máxima, y es no hacer lo que hagan los demás cuando las características de mi equipo no me lo permiten. Si mis jugadoras no son altas, no puedo lanzar a distancia ni bloquear en defensa, si por el contrario estas son bajitas y corredoras tendré que utilizar una estrategia diferente: defensas abiertas y con tremenda movilidad y un ataque con circulaciones rapidísimas y uso de muchas jugadas prefabricadas. Se trata de neutralizar el físico de los/as jugadores/as europeos/as con la condición física. También, eso sí, con un cierto toque marcial propio de aquella cultura que tal vez por aquí no se entendería pero que es evidente que dar resultados muy buenos.

Con enorme esfuerzo consiguen superar a sus rivales en la cita olímpica de Atenas, con una semifinal de infarto ante Francia, y posteriormente, en la final ante Dinamarca, y con nuevos obstáculos por lesiones de jugadoras e inesperadas ausencias, llegan hasta el límite en uno de los partidos de deportes colectivos más apasionantes de la historia olímpica (lástima que sea un deporte minoritario y encima en la competición femenina), pero el choque concluye el empate, y la dos sucesivas prórrogas del mismo modo. Todo se decide en los lanzamientos de siete metros, donde finalmente sucumben las surcoreanas.

En definitiva, algo más de hora y media de un apasionante recorrido por un balonmano al que sólo vemos de vez en cuando en las grandes citas, y un homenaje también a las mujeres deportistas que tienen doble mérito cuando están insertas en la alta competición.

Es obvio que las actrices no son jugadoras de balonmano lo que, a los pocos que estamos acostumbrados a ver jugar mujeres nos choca un poco, pero no lo hacen nada mal y no se pierde perspectiva de la verdadera trama. En este punto he decir que el trabajo de fotografía es muy notorio.

Por cierto, la película se puede ver hablada en coreano y con los subtítulos en inglés, pero no es nada complicado seguirla con un diccionario al lado y el mando del vídeo en la mano para parar de vez en cuando.

1 comentario:

Martín Criado Ramos dijo...

Grandísima entrada Pedro, con tu permiso me he apoderado (de buena manera, ya sabes tú) de éste enlace para darle difusión por las redes sociales y de paso dar a conocer un poco más tu blog.

Lo he difundido especialmente en twitter dónde gestiono varias cuentas, entre ellas la de nuestro club, en la cual espero y deseo que la gente pueda valorar el tesoro que le has hecho llegar en forma de sinopsis sobre un tema que nos apasiona a todos los balonmaneros.

La película yo ya la había visto y me resulto más que interesante, pero al acabar de leer la entrada me han vuelto a entrar unas enormes ganas de volver a verla, así pues espero que a todo el mundo le produzca el mismo sentimiento.

Pd. ¡Feliz Año Perete!