sábado, 2 de diciembre de 2017

"EL LIBRO DE LOS ESPEJOS", DE E. O. CHIROVICI

Convivimos alrededor de personas que a veces falsean la realidad inconscientemente, la mente nos juega malas pasadas, olvidamos lo ocurrido y creamos recuerdos falsos. La mente es capaz de transformar la realidad objetiva en realidad separada, a la medida de cada uno. Y cuando pensamos que alguien puede ser un mentiroso, en algunas ocasiones puede que no lo sea, porque su cabeza genera una realidad que no fue tal y como la vivió. Estamos constantemente modelando recuerdos. ¿Cuántas personas afirmaron hace años que habían visto en la tele a un perro llamado Ricky (en honor a Ricky Martin) haciendo «guarreridas sesuales», o sea, cosas raras con su dueña en el programa Sorpresa, Sorpresa? Y todo fue un proyecto de un grupo de estudiantes de Psicología, que triunfaron, y eso que no existían las redes sociales.

Pues un poco de eso va este interesante libro del rumano E. O. Chirovici, porque no todo es lo que parece en un principio de la trama y el enredo inicial se va deshaciendo con inesperados giros, gracias a que se parte de la premisa de que un personaje principal ha alterado la realidad con el paso del tiempo, y eso permitirá que lo que nos parecía claro de entrada, no lo sea al final, y viceversa.

La novela se sitúa en el estado de Nueva Jersey en Estados Unidos. Hace veinticinco años tuvo lugar el asesinato en extrañas circunstancias de un prestigioso profesor de Psicología de la Universidad de Princeton, Joseph Wieder. El caso se cerró con la condena de un delincuente que parecía tener poco que ver con el asunto, pero lo mediático del caso provocó que las autoridades policiales y judiciales buscaran esa solución de compromiso para acallar la presión social.

Pero nos situamos en la actualidad, un editor, Peter Katz, recibe un manuscrito de un tal Richard Flynn en el que narra su relación con el profesor Wieder y con una brillante y misteriosa compañera de piso llamada Laura Baines, en 1987, en su época estudiantil. El manuscrito revela el trío profesional, amistoso y ¿sentimental?, que se formó entre ellos. Laura trabajaba con Wieder en la universidad en relevantes proyectos propios de sus estudios; Richard y Laura se enrollaron; y Wieder dio trabajo a Richard organizando una magna colección de libros en su casa y pasando los mismos a una base de datos en un ordenador.

Lo último que refleja el manuscrito es lo sucedido en las últimas horas de vida del profesor Wieder, Richard Flynn estuvo trabajando en su casa y luego cenaría con él, se marcharía, y a la mañana siguiente se descubrió el cuerpo sin vida del profesor en medio de un gran charco de sangre.

Aquí termina la primera parte de esta novela, Richard Flynn ha enviado al editor el que parece ser un relato objetivo de los tres protagonistas iniciales de la novela y aparentemente imprescindibles en ella. Flynn asegura que acaba de hallar la verdad tras muchos años y lógicamente cuenta con el resto del manuscrito en el que revela la autoría del asesinato. Lamentablemente cuando el editor acude a casa de Flynn en busca del resto del manuscrito y una suculenta cantidad de dinero en su zurrón, este se encuentra hospitalizado con una enfermedad terminal y su pareja ni sabe nada de manuscrito ni logra localizarlo en casa. Flynn fallecerá y todo quedará en el aire.

Aquí se inicia la segunda parte que cuenta con un segundo narrador, el periodista John Keller, que contratado por el editor que recibió la primera parte del manuscrito, y a falta del mismo, trata de ir encajando las piezas del rompecabezas. Básicamente su labor consistirá en obtener la máxima información existente en fecha actual de los acontecimientos acaecidos hace casi un cuarto de siglo. Documentos de la época, fichas policiales, bibliografía, búsquedas en Internet, y entrevistas con los personajes que giraron alrededor del caso en su momento, Laura Baines (ahora Laura Westlake), el mantenedor de la casa de Wieder, Derek Simmons, policías y otros personajes que tuvieron más o menos relación con los hechos, porque fueron testigos indirectos o porque suponían una coartada.

Keller irá, de algún modo, marcando una hipótesis de los hechos en un complicado puzle, que revela como dato primordial que no todo lo que Flynn indicaba en su manuscrito era verdaderamente tal como lo vivió; particularmente Laura reconoce que no había relación amorosa con él y que eso solo estaba en su imaginación.

Finalmente el periodista llega a muchas conclusiones, une ciertos cabos sueltos, pero su labor termina ahí, pasa al editor que lo contrató sus pesquisas con el objeto de una futura publicación; pero todo se sustenta en juicios de valor, , en indicios y en declaraciones de personas que no se reafirmarían ante los tribunales, lo que lleva a dicho editor a decantarse por no publicar ante los problemas legales que le ocasionaría.

Esta novela tiene tres partes y lo novedoso de la misma es que cuenta con tres narradores diferentes en cada una ellas. En la primera Richard Flynn, en la segunda John Keller, y la tercera le corresponde a un policía jubilado, Roy Freeman, que estuvo implicado en su momento en la resolución del caso, y que acuciado por lo mediático del mismo y que en aquella época le daba bastante al alcohol, se siente obligado a coger las riendas del asunto, conocedor del manuscrito de Flynn y de las averiguaciones de Keller con el que mantuvo el contacto un tiempo antes.

Por otro lado, a Freeman le han diagnosticado principio de Alzheimer y decide, como última contribución a la sociedad, antes de su desconexión, el tratar de desenredar la madeja, en un caso donde efectivamente comienzan a aparecer más y más variables y los que parecían sospechosos ahora no lo son, revelándose nuevos personajes que terminarán por dilucidar lo ocurrido en aquella noche fatídica en la casa de Wieder.

Finalmente y sin entrar en detalles decisivos que le amargarían al ávido lector que desee leer esta interesante novela, Freeman no solo conseguirá desvelar el caso sino mandar entre rejas a la persona que asesinó a Wieder. En todo caso, Wieder se revela como una persona que, desde el punto de vista profesional, no era tan trigo limpio como se suponía en un principio.

Gracias a la chispa provocada por Flynn y el empeño de Keller y Freeman se llega a la solución y estos coinciden en que los recuerdos del pasado no son necesariamente los recuerdos reales. Nuestro pasado comienza a distorsionarse en cuanto se instala en nuestra mente, que actúa como un espejo, no nos vemos en un espejo tal y como somos, la imagen especular es parecida pero nunca la misma. Y la necesidad de reconstruir un espejo roto y finalmente ver lo que hay enfrente de él es un viaje apasionante que reconforta al lector.

Y ello porque es un libro fácil de leer y de entender, nada de complejas tramas y sucesión de decenas de personajes que te hacen perder el guion, lo que nos permite concluir que estamos ante una novela de mucho calibre, y auguro que Chirovici seguirá deleitándonos en el futuro con novelas del mismo corte que ofrecen una bocanada de aire fresco a la narrativa del siglo XXI.

La novela está escrita en inglés (he detectado algunos fallillos de traducción) y es la primera que Chirovici hace en este idioma, antes eran en su idioma nativo. Era economista y periodista en Rumanía, pero sus éxitos literarios le han llevado a dedicarse profesionalmente a escribir novelas y desde 2013 vive en Bruselas.

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