domingo, 17 de diciembre de 2017

"UN MONSTRUO VIENE A VERME", EL LIBRO Y LA PELÍCULA, UN INICIÁTICO RECORRIDO NATURAL

Casi cada noche desde que mi hijo vino a mi vida de tierras africanas inicio con él un viaje iniciático hacia el mundo de la imaginación a lomos de cuentos y lecturas varias, que nos atrapan en los instantes previos a su caída en un sueño reparador y profundo. Son preciosos momentos en los que nos evadimos y nos relajamos tras un día que puede haber sido agitado o complicado.

A mí me encanta poder leerle y eso que ya tiene una edad para hacerlo él solito y de paso contribuiría a ganarle la batalla a las dichosas faltas de ortografía, pero probablemente yo me resisto a perder ese pequeño placer cada día laborable, porque quiero sentirme padre de un infante el mayor tiempo posible, aunque él ya apunta a la preadolescencia día a día. Y ello a pesar de que mi hijo me confirmó no hace mucho que, en realidad, no le gusta tanto que le lea y que lo hace por mí, pero estoy convencido de que lo dice para hacerme rabiar, y estoy tan convencido de ello porque no es inhabitual que cuando termino algún capítulo de lo que estamos leyendo, en un momento crucial o crítico de la trama, me pide que no me vaya y que no lo tenga en ascuas hasta la noche siguiente.

Lo cierto es que a medida que avanza el tiempo y su madurez, hemos ido cambiando la temática de las lecturas, comencé con cuentecitos breves, después seguimos con relatos recomendados según edad, y ahora que ya empieza a convertirse en un hombrecito, hemos podido acceder a novelas juveniles e historias de más enjundia, de mayor calado y esfuerzo intelectivo.

Tendría múltiples entradas posibles para este blog con las decenas de libros que hemos leído en el término de este último lustro, y nunca me he inclinado a hacer una reseña de ellos, probablemente porque no serían lecturas que yo haría. salvo acompañado por mi hijo.

Pero llegó la historia que provocó el punto de inflexión, la que quizá más ha tocado la fibra sensible de ambos, la que ha señalado un camino natural que combina literatura y cine.

Me gusta el cine y la literatura, el cine es rápido y entretenido, un libro suele ser mucho más amplio que su película pero su lectura puede durar muchas horas. Las experiencias que tengo de haber leído un libro y después la película ofrecen impresiones diferentes, grandes libros sucumbieron en la gran pantalla, y obras maestras del séptimo arte partieron de libros que no pasarían de mediocres. En realidad, ese recorrido natural que por cuestiones de tiempo no puedo realizar, sería leer primero y ver la película después, así tiene uno una mente más crítica, creo.

Con ese oculto propósito iniciamos la lectura de «Un monstruo viene a verme», un libro que no se antojaba largo para una novela pero sí para un cuentecito juvenil, que casi lo es, con lo que daba para un par de semanas de veladas literarias. Y no, si alguien había pensado que era una historia para niños, por aquello de que la protagoniza un niño, no, no la es; o al menos no para un niño que todavía campea por los cuentos de hadas, princesas y superhéroes; esta historia tiene más quilates y nos golpea con una dura realidad, tal vez eso no guste a un niño, pero sí que puede atraer a algún jovencito para que vaya moldeando su mente para un futuro no muy lejano.

Tampoco es una historia de miedo, o para precisar más, el monstruo no es el que provoca el miedo, aquí el miedo lo protagoniza la realidad; la cruda realidad que nos toca con la varita de la mala fortuna en forma no de un monstruo de la imaginación, sino de otro encarnado en una enfermedad incurable.

Conor es un niño de 13 años, casi la edad de mi hijo, y partiendo de la base de que es una edad difícil, encima la vida no se está portando bien con él. Conor vive con su madre en Inglaterra, es época actual, sus padres están divorciados, y su padre ha iniciado una nueva vida con mujer y una hija recién nacida en Estados Unidos; en la escuela lo acosan; y lo peor, su madre tiene cáncer. A todo esto tiene que ir acostumbrándose a vivir con su abuela materna, un tanto huraña y perfeccionista.

Cada noche, a las 00:07 un monstruo arbóreo se le aparece a nuestro protagonista. Un tejo se humaniza de algún modo para hablarle a su corazón, de sus problemas, de la vida; el monstruo es en verdad una prolongación de la realidad que Conor no quiere ver, o la quiere ver a través de un monstruo que le protegerá y ayudará, con sus consejos a través de historias que parecen querer moldear la mente del niño hacia su adultez y hacia el enfrentamiento de un futuro incierto.

Es una historia triste y asfixiante por momentos, y la paradoja es que el monstruo ayuda a sobrellevar la pesadilla a Conor, enfrentado a un mundo adverso que le está poniendo en el disparadero y no tiene la suficiente madurez para ello, por eso el monstruo es el apoyo; el apoyo para enfrentarse a su padre, a su abuela, a los compañeros de clase, y a las sucesivas derrotas que su madre sufre en su lucha con un monstruoso mal.

Y básicamente, sin destripar en exceso la trama, el libro es fácil de leer, escrito por Patrick Ness en 2011, autor especializado en literatura infantil y juvenil, basado en una idea de otra escritora, Siobhán Dowd, la cual fallecería de cáncer de mama en 2007.

Este cuento serio, a nosotros nos inspiró mucho la imaginación, tal que decidimos ver la película para comprobar cuánto se había respetado el relato, cómo eran los personajes y especialmente cómo se había interpretado al monstruo arbóreo.

El nuevo gurú del cine español, Juan Antonio Bayona, fue el artífice de llevar este cuento a la gran pantalla. Bayona se ha hecho tal nombre en el cine mundial que las productoras le abren las puertas, y cuenta con sustanciosos presupuestos que le permiten disponer de actores de talla mundial, en esta película con Sigourney Weaber y Liam Neeson entre otros personajes destacados.

La película sorprende por su fidelidad con el libro, lo sigue prácticamente al dedillo y en muy pocas ocasiones elude pasajes o personajes que aparecen en el relato, con lo que resulta fácil y gratificante a la vez comparar en cada punto lo que tu mente imaginó, al leer con la interpretación que ha hecho Bayona, la cual está muy bien.

Por otro lado, el cuento daba mucho juego a los efectos especiales, y ese es uno de los grandes activos de la película, ahí Bayona se ha explayado. Probablemente el personaje del monstruo, el tejo antropomórfico, es lo que a mí más me sorprendió, no me lo imaginaba tan humano, de hecho, ese personaje es el que encarna Neeson, aunque se le reconoce poco o nada. Los efectos son fastuosos y demuestran lo que ha avanzado la técnica a estas alturas del siglo XXI y se me hace la boca agua de pensar lo que nos puede deparar el futuro si ya el nivel de perfección que permiten los ordenadores y programas de grafismo es más que sobresaliente.

No obstante, siendo unos efectos tan buenos, más me gustaron incluso las historietas gráficas insertadas en la película. Y ello porque en el libro y, en consecuencia, en la película, el monstruo cuenta tres historias a Conor, y en la gran pantalla se han hecho cómics, que son muy chulos, de una gran plasticidad.

No podría olvidarme de Conor, interpretado por el joven Lewis MacDougall; lo interesante de la elección de este actor, es que no es guapo, no es una cara atractiva, y eso es lo bueno, su fisonomía es la de un niño corriente, en el que se puede identificar cualquier niño normal del mundo. La interpretación es muy buena porque su gesto serio, incluso inconformista, llena toda la película, le da la pátina adecuada que la historia que se cuenta merece.

Un buen libro y una película que lo hace aun mejor suponen un recorrido de natural aprendizaje que mi hijo y yo hemos emprendido y terminado con éxito; recorrido que sugiero como absolutamente recomendable para quienes se encuentren en nuestra misma tesitura.

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