sábado, 5 de marzo de 2016

DEEP FOREST, IMPRESCINDIBLE BANDA PARA ENTENDER LAS VANGUARDIAS MUSICALES DE HOY

Dos músicos visionarios, principios de los 90 en pleno éxtasis de la música New Age y un proyecto de fusión de sonidos étnicos, tendencias pop y de vanguardia; estos ingredientes dieron lugar a Deep Forest, un dúo musical que nos ha dejado composiciones para el recuerdo, auténticas sinfonías para nuestros oídos que perdurarán más allá de su propia existencia como propuesta musical.

Y es que si algo tiene Deep Forest en la siempre complicada amalgama de la músicas de vanguardia, es que han sabido traspasar con acierto y no sin dificultad la abrupta línea del éxito y la popularidad. Popularidad que no les viene directamente por ser un grupo que atraiga masas (son muy conocidos pero para público selecto), sino que su música se ha escuchado en infinidad de contextos: emisoras de radio, cine, televisión y proyectos multimedia de muy diverso tipo.

El pelotazo lo dieron en su primer disco de 1992 que tomaba su propio nombre, a modo de inauguración de una nueva era con vocación de persistencia, con algunos temas de impresionante factura donde destacaba Sweet lullaby, un canto de sirena en la composición musical, poco o nada parecido a lo que se había hecho hasta ese momento; en todo caso, por buscar alguna similitud en cuanto a la visión divulgativa lo más cercano era el mítico grupo Enigma.

Sweet lullaby tenía ritmo, sonidos étnicos, enganchaba y encima hasta se podía bailar en una discoteca, y si la pedías incluso te las podías dar de interesante, una especie de postureo como hoy se suele llamar. Lo que llamaba la atención sobremanera era que se elevaba a la excelencia a voces teóricamente no profesionales, intérpretes procedentes de diversas zonas del mundo, aunque en su primer disco todos eran originarios del continente africano, con sus propias lenguas y entonaciones, ambientados con sonidos de la naturaleza y aderezados con una música que encajaba perfectamente; era una especie de sinfonía étnico-ambiental.

Y es que la curiosa sincronía de los padres de este proyecto no tiene margen para la apatía, los franceses Michel Sánchez (de origen español obviamente) y Eric Mouquet pusieron en común lo que les hacía originales para provocar un fruto aún más original. Al parecer Sánchez, un músico de formación clásica, adquirió a la Unesco una colección de grabaciones de diversas comunidades en África, se las mostró a Mouquet, experto en sintetizadores; y ambos conjugaron sus esencias para incrustar los sonidos étnicos, y el resultado como digo, en su primer disco fue grandioso, una música que los jóvenes escuchábamos en las salas de baile. De hecho, tal fue el éxito de este álbum que la remezcla no se hizo esperar y su segundo disco sería World Mix, una vuelta de tuerca a su disco anterior pero con más marcha.

Montados en el éxito y con el brío de su juventud mental y musical, en el tercer disco, Boheme (1995), quisieron explorar otras voces étnicas, otras fronteras y acudieron a latitudes asiáticas y de Europa Oriental. En mi opinión se trata del mejor disco que jamás hicieron, de hecho, se incluye el que probablemente es el tema más conocido, Marta's song, y cuando digo conocido es que es conocido por prácticamente todo el mundo, una melodía envolvente. Abandonaron bien es cierto su inclinación discotequera con objeto de seguir haciendo un producto para el gran público, pero más suave, más chill out, como si quisieran vender su música no a los habitantes de las discos, sino a los habitantes de los pubs, quizás un público más amplio, con más poder adquisitivo y más amplitud de miras. Excepcionales en este disco son también los temas Anasthasia, Bohemian ballet y Twosome.

Por si no estaban suficientemente consagrados, en 1998 lograrían nada menos que un Grammy con su disco Comparsa en la categoría de World music. Un disco más alegre que los anteriores y en el que se seguían ampliando las fronteras vocales, con bastante influjo africano y algunas aportaciones americanas. En mi opinión no supera a los dos anteriores, aunque es sumamente correcto, lo que hizo calar en los responsables (norteamericanos) de los Grammy. Como dato curioso cabe destacar que incluye un tema, Media luna, en el que colabora Ana Torroja junto con el cantante y compositor de origen sirio Abed Azrié; interpretada en español, que es un tema, por cierto, prácticamente desconocido para el mundo hispano. No obstante, a mí la canción que más me gusta es Ekue Ekue, una marchosa especie de danza que nos traslada al corazón de África.

Su siguiente trabajo, en 1998 (aunque el disco fue publicado en 1999) fue su reafirmación como grupo de referencia y se fueron a Japón, en concreto a Tokio, para grabar su Live in Japan; un gesto mesiánico un poco al estilo del que hizo en la anterior década su compatriota Jean-Michel Jarre con The concerts in China, en un multitudinario y mítico concierto. Deep Forest tuvo también en la capital japonesa una calurosa acogida y con un montaje espectacular llevaron en su directo una recopilación de sus temas más conocidos.

De algún modo, Michel y Eric han sido como grupo un proyecto relativamente efímero, después de Japón donde tienen un inmenso predicamento, grabaron cuatro o cinco discos más, bandas sonoras para películas incluidas, alguno recopilatorio, con las correspondientes remezclas, hasta su último trabajo en 2004, Kusa no ran, que era la banda sonora de una película japonesa del mismo nombre.

Por cierto para ese mercado asiático tan agradecido para el dúo fueron haciendo algunos guiños más que interesantes, de entre los que yo destacó el bellísimo tema Yuki song, un placer para los oídos.

No obstante, hay que decir que si bien es cierto que aun no estando formalmente disueltos ya no graban juntos, ninguno de sus dos actores se ha separado de la música y de la esencia que los hizo famosos, y cada cual mantiene esos rasgos en sus proyectos individuales, siendo además bastante activos. Hasta tal punto el proyecto pervive por separado que Mouquet (sigue firmando como Deep Forest) ha llevado a cabo en esta última década trabajos con el influjo musical y espiritual de Deep Forest, que casualmente se llaman Deep Brasil, Deep India y Deep Africa.

Lo cierto es que ha sido y es un grupo mítico que ha sabido conjugar con milimétrica sincronía las voces étnicas con los sonidos de vanguardia, una fusión quirúrgica que algunos han venido en llamar la World music etno-introspectiva ambiental. Sin duda, un grupo imprescindible para conocer la evolución de la música de vanguardia a finales del siglo XX e inicios del XXI. Su contribución a la música ambiental ha sido fabulosa, y para los que no saben nada de Deep Forest a buen seguro que reconocerán sus temas, basta con algunos de los que he mencionado a golpe de clic.

Por cierto, no quiero acabar sin hacer mención al logotipo del grupo, que se forma con kanjis (ideogramas chinos o japoneses) y que tiene cierta similitud con el símbolo de la paz.

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