domingo, 20 de marzo de 2016

PACO COSTAS Y "LA SEGUNDA OPORTUNIDAD", ESA QUE MUCHOS NO TUVIERON

Creo que es la primera vez que en este blog hago referencia a la conducción y a los coches. Antes de nada, como casi todo hijo de vecino, pues tengo mi carnet de conducir y mi coche, y poco más, es decir, que conduzco por obligación y por la necesidad de una sociedad que te lo exige y ya está; no soy un apasionado, no gozo especialmente conduciendo y aparte de todo, soy consciente de que la conducción de un vehículo es una enorme responsabilidad que está sujeta a innumerables riesgos que a veces uno no puede controlar.

Yo siempre intento, y cada día más con la madurez y bagaje que uno tiene, que el acto de la conducción esté plagado de prudencia. Intento no conducir de forma autómata porque la confianza en una vía que conoces, la relajación que puede implicar, no es una buena consejera. Cada día soy más prudente y me monto en mi coche imponiéndome a mí mismo la obligación de estar absolutamente atento a la conducción, con todos los sentidos alerta.

No obstante, y por muy prudente que uno sea, la conducción es en sí misma una actividad de riesgo para el ser humano, mucho más que montar en un avión, medio de transporte al que el personal suele tenerle un cierto canguelo, cuando las cifras, ya no sólo de accidentalidad, sino de incidencias, permiten concluir que es el medio de transporte más seguro que existe, por más que los accidentes que ocurren, rara vez, ocupen portadas y cabeceras de informativos, por la tragedia colectiva que suponen. El ir en coche tiene tanto riesgo que no hay que mirar al último viaje que hiciste, donde probablemente no tuviste incidencia alguna y llegaste a tu destino sin novedad, pero realmente ¿has pensado en los sustos que has tenido a lo largo de tu vida?

El que más o el que menos el susto lo ha tenido alguna vez, y en ocasiones sin comerlo ni beberlo. Si estás en este punto es porque vives para contarlo, aunque sea con mermas físicas, otros no tuvieron la misma suerte. Aparte de esos sustos que cada cual hemos tenido, luego está el reiterado drama de la muerte en las carreteras. Yo perdí a mi hermano hace exactamente treinta años y pocas familias se libran directa o indirectamente de esta tragedia que sigue asolándonos día tras día. Mi hermano estaba en la flor de la vida y la carretera borró su futuro y de paso le extirpó a mi familia una parte importante de nuestras existencias.

Hoy sigue siendo la primera causa de muerte en España en menores de 25 años, no obstante, con las campañas, en ocasiones radicales, de la Dirección General de Tráfico, creo que la Administración no ha hecho lo suficiente para advertir del riesgo a la población; siempre se puede hacer más y siempre se podía haber hecho más.

Curiosamente sorprende que en la televisión pública los espacios dedicados a la conducción y al tráfico han sido muy escasos, casi como elefantes blancos. Tal vez el más famoso y recordado de los pocos programas que se han hecho sobre esta temática haya sido este de «La segunda oportunidad», un programa ideado y dirigido por Paco Costas, divulgador periodístico del mundo del tráfico y la conducción, probablemente pionero de su difusión y trascendencia en los medios de comunicación.

Pensemos por un momento en los coches de hoy en día, vehículos fuertes y robustos, con un mantenimiento adecuado, los cuales deben pasar por Inspección Técnica de Vehículos cada cierto tiempo (esta es obligatoria desde 1987), y cuentan con un buen puñado de dispositivos de seguridad: airbags, direcciones asistidas, sistemas de frenado inteligente..., las carreteras por donde circulan son razonablemente buenas, mantenidas y con asfalto en aceptables condiciones, hay muchos kilómetros de autovías, montones de rotondas (con lo importantes que son ambos elementos para evitar los choques frontales); y por si fuera poco, luego está el carnet por puntos y la rebaja en el índice de alcoholemia que también colaboran lo suyo en la reducción de accidentes. Ahora vamos a remontarnos a finales de la década de los 70, cuando se emitió este programa, entre los años 1978 y 1979; los coches eran auténticas tumbas rodantes y la carretera un cementerio en potencia. Pocas autopistas y autovías, y carreteras de mala muerte, coches con mínimos sistemas de seguridad y un incipiente incremento paulatino del parque automovilístico, con medidas administrativas muy livianas.

Así las cosas las cifras hace cuarenta años no hacían más que reflejar toda esta realidad, no menos de cinco mil muertos cada año en nuestras carreteras, multipliquen por tanto las familias afectadas y el dolor acumulado y perenne para tanta gente, y todas esas vidas sesgadas. Era difícil estar ajeno a todo esto y Paco Costas, que ya había hecho sus pinitos radiofónicos, tuvo la idea junto con otros profesionales del mundo de la televisión, de crear en TVE un programa impactante, de corta duración (apenas diez o doce minutos), transmitido en un lenguaje simple y con un mensaje didáctico más que evidente.

El título de «La segunda oportunidad» hacía alusión al formato en el que se desarrollaba el espacio. Se mostraba en primer lugar el tema que se iba a tocar en el programa, se documentaba con imágenes y vídeos, y finalmente el momento crucial llegaba cuando se producía un accidente, se explicaba el porqué de su ocurrencia, y finalmente se generaba la llamada «segunda oportunidad», pues la tan cacareada moviola (del fútbol) por aquel entonces, deshacía el accidente, se daba una segunda oportunidad al «conductor» del vehículo y se le permitía hacer bien las cosas y salvar su pellejo.

Paco Costas ilustraba de forma muy inteligente cada espacio y la temática que lo contemplaba, en una especie de curso de especialización de conductores que aun hoy yo diría que se echa de menos; y digo esto básicamente porque dejar a la exclusiva responsabilidad de una autoescuela y al pertinente examen, la enseñanza y formación de la educación vial de un conductor para el resto de su vida, se me antoja una mochila con escasos pertrechos.

Las autoescuelas creo que en líneas generales hacen un muy buen papel, son engranajes necesarios para que los que aspiran a ser conductores cumplan los objetivos y se conviertan en usuarios de la carretera responsables y prudentes. Pero el sistema no lo han creado ellos, uno aprueba el teórico y el práctico y si te he visto no me acuerdo. Uno se especializa en la carretera, pero algunos no se especializan jamás, saben cuatro conceptos de señales de tráfico y desconocen estrategias para conducir adecuadamente y evitar accidentes; que no exista una formación de reciclaje cada cierto tiempo para todos los conductores creo que no es de recibo.

No obstante, y si ya era de por sí atractiva la propuesta de Paco Costas, los accidentes que se documentaban en cada espacio eran reales, tan reales que escogieron al mejor especialista del momento, un experto y hábil francés, Alain Petit, que se dedicaba a ir de feria en feria destrozando vehículos con mil locuras y saliendo prácticamente indemne de los mismos. Un personaje enormemente singular este Alain Petit, ningún superhombre, yo diría que además entrado en kilos, que presentaba un currículum de antiguo mercenario en diversas guerras del continente africano, y que supo ganarse la vida merced a su pericia para afrontar trompazos en aquellos vehículos tan mínimamente equipados de medidas de seguridad. Era curioso ver el final de cada programa cuando todos los que participaban en el equipo de producción del programa, no menos de veinticinco personas, corrían al vehículo para interesarse por el especialista-cascadeur (así se indicaba en los títulos de crédito, la palabra francesa cascadeur significa precisamente eso, especialista).

Accidentes de tráfico en España, últimas décadas
Y es que había un dispositivo más complejo que el que uno se imaginaba, había varias cámaras, tomas desde diversos puntos de vista, y luego dejarlo todo a las manos del habilidoso y algo loco Alain, el cual debía hacer muchas probaturas antes de provocar el definitivo siniestro. Por cierto que hay un vídeo por ahí, en el que se veía cómo se hacía el programa y como por entonces no había ordenadores ni programas de manipulación de imágenes y todo se hacía «a sangre», pues en alguna ocasión y dado que el manejo de un vehículo no es una ciencia exacta y menos aún forzarlo hasta el porrazo, a Alain Petit le fallaban los cálculos mentales y se cargaba alguna cámara o atropellaba a algún camarógrafo.

Gracias a Dios, todas las medidas que se han comentado han ido reduciendo progresivamente el número de accidentes y fallecidos en nuestras carreteras, aun así, mientras siga habiendo muertos no hay que cejar en el empeño, que es cosa de todos, desde las autoridades hasta los que nos ponemos al volante de vez en cuando.

A pesar de todo y erigiéndome en inopinado consejero espiritual, que la prudencia sea cada día la norma básica a la hora de conducir, porque pese a todo y como se decía en el proverbio que acompañaba la cabecera del programa cuando un coche se estampaba contra un pedrusco impresionante en mitad de una carretera, «El hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra». Muchas gracias Paco Costas. Siempre en mi vida Luis.

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