domingo, 23 de octubre de 2016

MARTÍNEZ EL FACHA, DEFENSOR DE LA PATRIA HASTA MÁS ALLÁ DEL INFINITO

Demasiada poca atención se le ha prestado en España en el pasado y menos ahora a la historieta, el cómic o el humor gráfico. Los historietistas y dibujantes de periódico están en un segundo plano de la cultura, y a veces traspasan levemente el horizonte del estrellato y se cuelan un poco los Ibáñez, Forges o Gallego & Rey para contar con algún interés por parte de los medios de comunicación de masas.

Con la muerte de la historieta clásica (a la gente de mi generación todavía le llegaron sus últimos o penúltimos estertores afortunadamente), otros horizontes del cómic se abrieron con un éxito muy matizado, el de los lectores de culto, a través del manga, superhéroes, la novela gráfica o las revistas satíricas.

Ciertamente que el género satírico en nuestro país tampoco ha gozado de un público de masas, pero con La Codorniz durante el franquismo y la transición con El Jueves ahora, como revistas más significadas, sigue resistiendo este modo de hacer sonreír con lo que sucede a nuestro alrededor, una especie de cómic para mayores, aunque percibido con el trazo siempre desenfadado de los dibujos que nos muestran a toda un bestiario de personajes tremendamente peculiares.

Cobra mayor valor si cabe lo que hace El Jueves en nuestro país, cuando conocimos que a finales de 2015 la revista francesa hermana Charlie Hebdo fue un objeto de un ataque yihadista que precisamente atentaba contra de la libertad de expresión como corolario de toda una serie de avances personales y colectivos que todos los ciudadanos occidentales nos hemos dado para formar una sociedad moderna, que con todos sus defectos, es la que queremos.

Fui un muy ferviente comprador de El Jueves en mi época universitaria y, de vez en cuando, adquiero todavía algún ejemplar de este semanario, muy de vez en cuando. Es de valorar que allá por 1977 los editores de El Jueves se embarcaran en este proyecto de hablar de España y del mundo con inteligente ironía, a la par que se ponía en valor el talento de un montón de buenos dibujantes y modernos juglares que, de no ser por este medio, habrían quedado sumidos en el ostracismo más absoluto.

Podría mencionar varias de las historietas que El Jueves ha albergado en estos cerca de cuarenta años, probablemente Makinavaja fuera mi favorito, pero hoy he querido rescatar y recordar a este «Martínez el Facha» que siempre me ha parecido un historieta mordaz como pocas y muy vigente aun en este siglo XXI.

He estado buena parte de este año leyendo tomos recopilatorios de este cómic y justo cuando iba a repasar la biografía de su autor (Kim, pseudónimo de Joaquim Aubert Puigarnau) me enteré de que el mismo había dejado de publicar en 2015 a su personaje estrella, porque según él ya era una figura agotada, después de que prácticamente de manera ininterrumpida fuera fiel a su cita semanal desde 1977, o sea, desde el alumbramiento de El Jueves. Una cancelación que no ha querido anunciarse como definitiva, sino más bien como un hasta luego, habrá que estar a la expectativa.

Martínez es un facha, obviamente, pero es ese facha paradigmático de la España contemporánea, para el que todo tiempo pasado fue siempre mejor, un personaje rancio y preñado de defectos y tópicos del que Kim se mofa hasta la saciedad. Pero para Florencio Martínez, un empresario jubilado, solo hay un problema, y no pequeño, y es que Franco ha muerto y ya quedan pocos para velar por los valores patrióticos amenazados por el comunismo y por el contubernio judeo-masónico, que día a día socavan a una España grande y libre, según él, en permanente estado de decadencia.

Tan en decadencia está esta España que Martínez no solo es incapaz de controlar los devenires de su país, sino que la familia y sus adyacentes se le han subido a las barbas y todos torpedean lo que él mismo propugna.

Y es que Martínez milita en un partido facha, sin mayor concreción, aunque básicamente de recalcitrante ultraderecha, y desde ahí intenta que todo vuelva a su ser, que se renueve el ideal de restaurar el Antiguo Régimen encarnado por Franco, y se da de bruces con una realidad, y es que ya quedan pocos, pero no desiste, ahí está cada día luchando por frenar toda una oleada de modernidad, desenfreno, concupiscencia, globalización... Martínez anhela la vuelta de las banderas victoriosas pero cada día el milagro se aleja más y más, y sin remisión.

El pobre Martínez no deja de ser un bobo que es diana de mofas, burlas y engaños de todo el mundo, y lo que es peor también de los que están en su entorno. Porque Martínez tiene unos principios y los mantiene hasta sus últimas consecuencias, pero los personajes satélite son sumamente ruines y se bajan del carro a las primeras de cambio, son una especie de Groucho Marx que tienen unos principios, pero que en cuanto se pone turbia la cosa, también tienen otros.

Probablemente el personaje más abyecto sea el señor Morales, el presidente del partido al que pertenece Martínez, que estruja al máximo a sus acólitos y que al final busca su interés personal, aunque eso pase por encima de sus principios e ideales.

Si arrastrado es este Morales apenas aguantan el tipo el resto de personajes, por ejemplo, Adolfito, otro facha rajado que está más salido que el palo de una churrera, con lo que no concuerda mucho con los principios cristianos y tradicionalistas que, por otro lado, trata de defender.

Y a todo esto, a Martínez le ha salido la familia rana, la mujer es su antítesis, aparte de que se ríe de su marido todo el tiempo, en las últimas temporadas Kim la sacó a que hiciera la calle dado el poco éxito de los negocios del padre de familia.

La hija es moderna moderna, y libre y abierta también, pero tómese el adjetivo «abierta» en el sentido más obsceno de la palabra. Tuvo una primera pareja y de esta relación tuvo un hijo. Ese primer marido, Martín, izquierdoso, anarquista y antitodo, parasita en la casa de Martínez y no se dedica a nada, bueno sí, su principal cometido en la vida es putear a su suegro y vivir a su costa. El nieto, Francisquito, vive también en la casa y por más que Martínez intenta guiarlo por el buen camino el entorno no le apoya. Por cierto, que la hija se volvió a casar, y con un negro, tamaña ofensa no se podía imaginar nuestro personaje que tira de la xenofobia más arraigada del fascismo puro, pero tendrá que aguantar carros y carretas, porque la hija también aparece por la vida de Martínez a tiempo parcial para sacar de quicio a su progenitor.

Kim destila hasta límites insospechados con Martínez todos los tópicos del fascismo patrio, con todas las singularidades que lo hicieron tan propio en España, sin copia parecida en todo el mundo. Pues eso, aparte de la xenofobia, del odio de los no iguales en ideas, también exprime la común unión que el régimen franquista mantuvo con la religión católica en una relación de mutuo favor que aun hoy nos parece una barbaridad. Así que Martínez es un facha como Dios manda, católico practicante que tiene a la Iglesia tradicional en un altar, lástima para él que el nuevo catolicismo haya gestado modernos sacerdotes con ideas demasiado avanzadas. Hasta tal punto Martínez se apropia de ser el garante de la cruzada tradicionalista cristiana que también vive en su casa el padre Bocquerini un cura argentino, tripero de aúpa y ultraderechista consumado que sostiene con apuros los ideales de un Martínez que es un verdadero fundamentalista del franquismo.

Por cierto que los límites tan insospechados de la casi inacabable imaginación de Kim, se resumen en una anécdota que cuenta el propio autor y es que estando en una feria de libros se le acercó un señor y le dijo al oído que era falangista y le preguntó que quién le chivaba los guiones, a lo que el autor repuso que nadie que era fruto de su creatividad, ante la insistencia del falangista por la cantidad de mensajes puros que ofrecía la historieta, Kim tuvo que fingir y decir que tenía un contacto en la ultraderecha con lo que su inopinado interlocutor quedó conforme.

La sátira de Kim es a veces agresiva porque no hay negocio que le salga bien a Martínez y lo masacra a gusto; en este sentido, a veces el dibujante es notoriamente obsceno para separarse de manera radical de esos valores que el personaje defiende tan conspicuamente. Y es que fachas siguen existiendo con muchos o algunos de los rasgos de Martínez, pero hoy ya en este siglo XXI los vemos con más gracia que otra cosa, con cierta simpatía; tan sorprendentes como este personaje, capaces de entronizar los valores franquistas sin entender que una democracia muy mala aun sigue siendo infinitamente mejor que la más perfecta y justa de las dictaduras.

Curiosamente para Kim este personaje no ha sido un plato del todo apetecible, de hecho, cuando entró a trabajar en El Jueves en 1977 la dirección propuso unos personajes que tenían que formar parte de la revista, y uno de ellos era el de un facha; como nuestro dibujante era de los más jóvenes del equipo fue el último en elegir, y le endiñaron este, a la postre con gran éxito para él.

Kim ha sabido en estas cuatro décadas adaptar al coriáceo Martínez a cada una de las fases de nuestra democracia, conviviendo con cada presidente del gobierno y con todos los avatares que se han sucedido en nuestro país. Ha sacado partido de cada situación y lo ha hecho con muchísima comicidad.

Además para los amantes del dibujo, en cada viñeta este barcelonés se esmera en hacer un dibujo concienzudo, no se limita a un trazo infantil, sabe que es un producto de adultos y para adultos, y se esmera con detalles. A todo esto hay que decir que para recalcar más aun el perfil de sus personajes, de esta fauna de figurillas ancladas en el pasado, la mayoría parece tener un rostro alargado, una especie de cara antigua, y es que, entre otros, según dicen, el personaje de Martínez se inspiró en el actor, también barcelonés, José Sazatornil «Saza» y que curiosamente también nos dejó el pasado 2015.

Pues eso, no sabemos si Martínez volverá, por cierto, se ha ido con su séquito de arrastradillos a servir de asesor en la Venezuela de Maduro, corren nuevos tiempos, y lo que vale para la ultraderecha es tal vez lo mismo que vale para la ultraizquierda; la realidad es que Martínez el Facha será el facha más divertido y entrañable que hayamos conocido.

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